La historia, el referéndum nunca convocado sobre ETA y los relatos de Pedro Sánchez.

En mi anterior comentario hablaba del descaro de Bildu y sus voceros, Otegui concretamente, y del cinismo del presidente del gobierno cuando, en un esfuerzo desesperado por blanquear la historia para que el susodicho partido siga apoyándole, afirma que ETA es “cosa del pasado” porque su último asesinato data de 2010 y se disolvió el dieciséis de marzo de 2011

Mientras no deja de hablar del fascismo, la dictadura y el franquismo, cuando Franco murió el 20 de noviembre de 1975, ¡hará 48 años!

Y que no deja de señalar a VOX, y también al PP, como si fueran los mismísimos Girón de Velasco, cuando ninguno de ellos, y me refiero más concretamente a VOX, ni existía en la dictadura, ni ha matado a nadie, ni ha empleado más violencia que algunas de sus frecuentes salidas de tono anunciando “lo que les gustaría hacer” si llegaran al gobierno.

Y que, en un esfuerzo desesperado por justificar sus disparatadas decisiones, afirma que la transición está deslegitimada porque son ellos, y no nosotros ni nuestros padres, los que saben de verdad lo que pasó y los “chantajes” que se hicieron para conseguirla.

Que se tuvieron que hacer muchas concesiones, claro que sí. Que afloraron chantajes también, especialmente por parte de los nacionalistas catalanes de Tarradellas, algunos, y muy especialmente del PNV, el gran recogedor de nueces de los árboles que otros agitan, que arrancaron, y subrayo lo de arrancaron, al resto de la ciudadanía española el cupo vasco y la situación especial de Navarra para firmar la Constitución alegando unos supuestos derechos históricos que no tenían más solidez que los de otras regiones de España.

Que muchos se sintieron defraudados, también. La derecha, aquella sí que era ultraderecha, porque tenía el poder y se veía obligada a cederlo, y parte de la extrema izquierda porque negociar con los restos del régimen no iba con su naturaleza.

Pero lo hicieron. Y se consiguió el milagro del “placet” de Carrillo, el que años después presentaría un libro sobre ¡Fraga Iribarne!, y de que Dolores Ibarruri, la famosísima Isadora, “la Pasionaria”, fuera la primera vicepresidenta de la mesa de edad de las recién constituidas Cortes Españolas.

De la biografía de Dolores Ibárruri Gómez en la RAH:

“Finalmente, con la democratización de España, consiguió volver a Madrid en mayo de 1977, a la edad de ochenta y un años, después de treinta y ocho de exilio. Entre los comunistas españoles fue recibida como una leyenda viva, y resultó elegida diputada por Asturias en las primeras elecciones democráticas y fue vicepresidenta de la mesa de edad del Congreso, aunque después algunos comunistas alegaran su falta del vigor físico para cumplir con todas sus responsabilidades”. 

Una mujer con un currículum plagado de sombras que nunca aceptó el eurocomunismo, pero que supongo que sabría muchísimo más de lucha obrera, de lucha de clases, e incluso de lucha armada, que las ministras/os comunistas/os desnatadas/os, de vida fácil y coche oficial, que se pasan el día diciendo como debemos vivir, que debemos comer, donde debemos comprar, o que tipo de relaciones sexuales debemos mantener.

Así que, amigos del “relato” y de la falsedad que nos gobiernan, especialmente Pedro Sánchez, tenemos el modelo de Estado y la Constitución que elegimos libremente, mientras, que yo sepa, nadie ha convocado un referéndum para decidir si olvidamos o no los crímenes de ETA.

Y si, por ende, maltratamos a las víctimas de los años de plomo.

Esta es una de las fotografías, quizás la más representativa, de las que avalan lo que digo.

Acoso y derribo – el cinismo de un terrorista

Cuarenta y cuatro de los candidatos presentados por Bildu en las listas de corporaciones locales del País Vasco son miembros de ETA condenados por terrorismo, aunque hayan cumplido sus condenas, siete de ellos definidos como culpables de “delitos de sangre”.

Iniciativa que, gracias a la presión popular, se ha detenido en parte porque se ha publicado que, si alguno de “los siete de la sangre” resulta elegido, no recogerá el acta. Compromiso creíble porque si algo ha caracterizado a los asesinos de ETA es no mentir.

Pero este hecho plantea varias preguntas que ahora sí, gracias a esta iniciativa. se pueden contestar

La primera es que Bildu es Herri Batasuna, es decir ETA. Porque de no ser así no hubieran aceptado incluirlos en sus listas. Una cosa es sus esfuerzos de reinsertarlos en la sociedad como si no hubiera pasado nada, algo que no acaban de merecerse porque, aunque hayan cumplido sus condenas, nunca han perdido perdón por sus asesinatos, y otra muy diferente es intentar darles cargos políticos, incluso en los pueblos que han sido escenario de sus crímenes.

No hay arrepentimiento, no. Hay una ruta perfectamente trazada por ETA que hizo lo que hizo, matar, mientras pudo hacerlo, pero que nunca han renunciado a ser los matones de ese gran barrio que es el País Vasco. Y a los hechos me remito.

La segunda es que, en mi opinión y respetando como respeto el ordenamiento jurídico, no entiendo que se considere más asesino al matón que aprieta el gatillo o pone la bomba, que al que has señalado a las víctimas, o ha proporcionado los datos para que pudieran matar a inocentes corriendo el menor riesgo posible. Incluso en presencia de sus hijos

Asesinos todos, los siete y los treinta y siete que siguen en las listas y que no han renunciado a sus actas, si las consiguen. Y sí me apuran, más rastrero el maldito informador que el pistolero, porque corría menos riesgos personales.

La tercera reflexión es que todavía hay más de trescientos casos sin resolver y no me cabe la menor duda de que en las listas habrá muchos asesinos no identificados. Y es una afirmación que no deja de ser un axioma, porque si se han atrevido con los “conocidos”, no hay ninguna razón para no incluir a los no identificados.

Y la tercera, la más dolorosa si cabe, es tener que soportar que un terrorista condenado, Otegui, se haya atrevido a decir que lo que les está ocurriendo es una operación de “acoso y derribo”.

Acosados y derribados, unos con un tiro en la nuca y otros por bombas que mataba indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños, son los 850 ciudadanos a los que asesinaron sus conmilitones, los “valientes” gudaris de las sombras y las emboscadas. ¡Esos sí que fueron acosados y derribados!

Y detrás de ellos, aunque fuera en lo anímico, sus familiares y amigos y, de alguna forma, todos los que tenemos un mínimo de sensibilidad y respeto a la vida.

Y luego la vergüenza de cada día. El comprobar que el gobierno de mi nación, la de las víctimas, sigue intentando blanquear a ese partido, del que decían que ni siquiera era pro etarra y que ha demostrado ser lo que es. Los continuadores de la mismísima ETA.

En este enlace se puede ver los “acosados y derribado por ETA”. Clicando en cada cara aparecen sus datos personales y la fechas y circunstancias de sus asesinatos por los predecesores de Bildu.

Las más de 850 víctimas mortales de ETA | EL CORREO

Quien ataca al gobierno ataca a la democracia

Nadie como la ministra portavoz resumió el otro día y con tanto acierto el verdadero pensamiento del gobierno de la nación, que es lo mismo que decir de nuestro presidente Pedro Sánchez, el gran cerebro que controla al resto de ministros-marioneta de su camarilla y les dice “lo que deben decir” en cada momento y en cada circunstancia.

Instrucciones modelo Epi y Blas que repiten textualmente cuando se les ordena. Hasta la última coma.

Y la frase lapidaria pronunciada por Isabel Rodríguez fue, “quien ataca al gobierno ataca a la democracia”

Un “el Estado soy yo”, “L’État, c’est moi”, frase atribuida a Luis XIV en versión Siglo XXI, corregida y aumentada, porque en aquellos tiempos sí que existía el Estado francés, pero no la democracia.

Porque semejante disparate, teniendo como tenemos una forma de Estado estructurado como monarquía parlamentaria inspirada en la Constitución y siendo como somos una nación de democracia plena en la que la oposición tiene la obligación de controlar al gobierno, y el Poder Judicial vigilar que no cometa ilegalidades, no hace más que aclarar lo que piensa el presidente y explicar lo que lleva haciendo desde que accedió al cargo gracias a aquella moción de censura apoyada por el bien definido “gobierno Frankestein”.

Que no es más que la continuación de lo que empezó cuando declaró de facto “el socialismo soy yo”, costara lo que costara, protagonizando aquel bochornoso episodio de la urna colocada tras una cortina en la sede del partido cuando se votaba su continuación como secretario del partido. Evidenciando que, para colmar sus ambiciones, cualquier medio sería bueno para conseguir el fin propuesto.

Desde entonces comenzó su carrera desenfrenada por recuperar la perdida secretaría general del partido, laminar a todos los que pudieran hacerle sombra por muy cualificados que estuvieran, intrigar, mentir y conspirar hasta conseguir rodearse de una auténtica guardia pretoriana fiel hasta un extremo casi incomprensible y, como remate, conseguir la presidencia del gobierno, que ha sobrevivido practicando una estrategia de tierra quemada, de cuestionar la transición, y de enfrentar a los españoles resucitando rencores del pasado.

Todo muy legal, por supuesto, pero muy maloliente.

Todos los gobiernos de la historia han “colocado” a amigos en empresas públicas, pero lo han hecho, sobre todo, para favorecerles en lo personal. Pero Pedro Sánchez no. Para él ha sido una auténtica partida de ajedrez en la que ha colocado a sus peones en puestos clave de las entidades más importantes de la nación, hasta donde las leyes y la opinión pública le ha permitido: en TVE para controlar la información, aunque haya sido a costa de destrozar su audiencia y su buena imagen pública, en el CIS para que actúe como generador de opiniones, “influenciador”, en lugar de ser el termómetro de la opinión pública que siempre ha sido.

Colocó a una ministra, Dolores Delgado, como Fiscal General del Estado para intentar amordazar a la fiscalía, cosa que no ha conseguido, y a otro, Juan Carlos Campo, en el Tribunal Constitucional en una jugada con dos movimientos, para que se votara como presidente, con voto de calidad, al mismísimo Cándido Conde-Pumpido, su servidor más fiel en la judicatura, el juez que fue Fiscal General del Estado con Zapatero y el redactor de una frase en una des su sentencias que luego tuvo que retirar por fuera de lugar y no justificada, pero que sirvió de palanca en la famosa moción de censura.

Tribunal Constitucional que, dicho sea de paso, tiene como única misión comprobar si las decisiones del gobierno se ajustan a la Constitución, pero que, a partir de su última sentencia y dando un salto cualitativo que no le corresponde, ha dictaminado que el aborto es “un derecho de la mujer”, como si fuera constituyente en lugar de defensor de la constitución.

Insisto: La misión del Constitucional es determinar si una ley se ajustó o no a la Constitución, guste o no guste como en este caso, pero nunca declarar “derechos”, porque es la propia Constitución la única que puede hacerlo. Y para que la Constitución cambie algo de su texto es necesario un determinado procedimiento, según los casos, indicado en la propia Constitución

Lo que hizo ayer el Tribunal Constitucional, el “fabricado” a medida de Pedro Sánchez, el que a partir de ahora será una continuación “seis a favor, cuatro en contra”, o viceversa si el caso lo merece para “la causa”. A esta situación tan lamentable hemos llegado gracias al incremento de la politización en las elecciones de jueces desde hace tantos años.

Porque estamos hablando del que debería ser la máxima garantía de que los españoles estamos protegidos de errores o abusos de la clase política o de la judicatura, el “juzgador de jueces”. Y no el que el otro día, en una actuación antinatura, invadió competencias que no son suyas y se atribuyó una autoridad que no tiene. Como tampoco la tiene el Tribunal Supremo, por ejemplo.

Y eso es muy grave y claramente anticonstitucional.

Tenemos un presidente que ha tratado de minar, que está minando continuamente, la figura del Rey, o interfiriendo en temas que son competencia del Estado y no del gobierno de turno, incluso saltándose protocolos para demostrar que es “más que el que más”. Que ha bloqueado las competencias reglamentarias del Consejo del Poder Judicial como represalia a su “no obediencia”, como si este órgano fuera de su propiedad y no otro poder del Estado. Y que ha manifestado a bombo y platillo, cínicamente, que la no renovación de sus vocales y las consecuencias que ello ha provocado, son responsabilidad del PP, incluso acusándoles de incumplidores de la Constitución, cuando se trata de una negociación a dos bandas y, por tanto, los dos son responsables por la defensa numantina de sus listas de candidatos o de sus modelos de elección.

Un presidente que, a petición de los nacionalistas catalanes, ha reventado las funciones del CNI, básicamente trabajar en la clandestinidad investigando, con la autorización de un juez, los temas que puedan afectar a la seguridad nacional.

Que tiene a su entera disposición y acatando sus órdenes sin ningún tipo de recato, a Meritxel Batet, la presidenta del Parlamento, ¡la responsable de garantizar la imparcialidad del Poder Legislativo!

Y que, sabedor de que nunca podrá modificar la Constitución para hacerla “suya”, más peronista, ha dejado sin contenido alguno de sus puntos fundamentales, como el hecho de eliminar el delito de sedición, o de rebajar las penas por otros delitos graves, como la malversación. Y no me extrañaría que cualquier día de estos, su gobierno y los antiespañoles que lo apoyan, decretaran que abofetear al Rey se castigue con una semana de trabajos comunales.

Podría dedicar páginas y páginas a relatar sus promesas incumplidas, sus mentiras flagrantes, o sus traiciones a unos y otros, pero no puedo terminar mi opinión sobre su personalidad política y su forma de gobernar, sin resaltar su perfil autoritario, evidenciado porque, cuando ha tomado decisiones de calado, ni ha atendido las recomendaciones del Consejo de Estado, ni las del Tribunal Supremo, ni las de otros organismos oficiales o de los profesionales de los sectores afectados por muchas de sus decisiones.

Y que ha abusado, mucho más que ningún otro gobierno, de los decretos ley para evitar el paso previo por el Parlamento.

El único presidente de gobierno que ha sido sancionado por la Junta Electoral Central, y lo fue por usar la Moncloa con fines electoralistas en aquella entrevista de la Sexta y el muy imparcial Ferreras en 2019. Y que, en este momento, tiene a una ministra portavoz advertida y sancionada varias veces por utilizar la rueda de prensa posterior a los consejos de ministros con fines electorales y para atacar a la oposición. Todo muy limpio y democrático.

Incluso sus ínfulas de “caudillo de España” cuando decidió por su cuenta y riesgo, sin consultar al parlamento, ni siquiera a su propio gobierno, dar un vuelco a la política exterior de España en el tema del Sahara.

En fin: un hombre paradigma del oscurantismo, que ha declarado “secreto de estado” sus idas y venidas por España o por otros países del mundo alegando problemas de seguridad, cuando hasta el pocero de Agamenón sabe que podría ser un riesgo anunciar previamente algunos desplazamientos del presidente, curiosamente no lo son los del Rey que tiene agenda pública, pero nunca los viajes ya realizados. ¿Dónde está, en este caso, el riesgo a la seguridad?

Que no ha respondido en el parlamento a una sola pregunta, bien manteniendo silencio o contra preguntando con el consabido “¿Cómo se atreven ustedes a preguntarme esto cuando…? O que se declara paladín del movimiento contra el cambio climático y utiliza el helicóptero y el Falcon hasta para ir a merendar al Pardo.

Incluso su extraño comportamiento como defensor de la mujer, cuando tiene el dudoso mérito de haber firmado y obligado a firmar a su bancada la famosa ley del “sí es sí”. La que, según sus propias palabras, “iba a ser la que imitarían todos los gobiernos” y luego tuvo que rectificar con el apoyo de la oposición.

Eso es lo que hay y lo que tenemos: un personaje verdadera aberración democrática, que llegó al poder de forma totalmente legal, aunque mantenga un modo de gobernar profundamente inmoral, y que está donde está por las debilidades y las fisuras de los sistemas democráticos, muy poco protegidos de personajes siniestros como Hitler, por poner un ejemplo extremo, o, a otro nivel, muy, muy inferior, sin comparación en cuanto a la maldad, de trileros como el expresidente Trump o el propio Pedro Sánchez.

E insisto que no quiero establecer paralelismos entre el primero y los segundos porque sería absolutamente injusto. El primero fue un asesino psicópata, los segundos simples medradores ególatras y amorales que han encontrado en la democracia un caldo de cultivo para conseguir objetivos personales, como lo hicieron en su día Hugo Chávez o Daniel Ortega.

Ignoro que clase de poder mental, que influencia tiene sobre los que le rodean, para destrozar carreras políticas o los brillantes currículum de personas que en otro momento fueron limpias, de gran nivel y ejemplo para la ciudadanía, convertidos en marionetas de usar y tirar después de aceptar el caramelo envenenado de ser ministros de su gobierno.

Pedro Sánchez ha manifestado varias veces su preocupación de “como” pasará a la historia, e incluso ha llegado a afirmar la posibilidad de hacerlo por haber desenterrado a Franco, acontecimiento sideral para su máquina de propaganda y acto ridículo, posiblemente justificado desde el punto de vista de la lógica, por el desproporcionadísimo seguimiento que se hizo del momento. Momento para gloria de nuestro gran líder que ha evitado con elegancia los familiares de José Antonio Primo de Rivera.

Y esto es lo que hay porque nosotros lo hemos votado los españoles, aunque no consiguiera una mayoría suficiente que completó con su famoso pacto electoral con Podemos y los apoyos de “los otros”. Los que le dijeron sí por su profunda convicción socialista y se creyeron sus promesas electorales y los mucho que se quedaron en su casa y no dijeron “no”.

Y observarán que no he criticado en ningún momento al socialismo que el dice representar. Porque el socialismo es algo mucho más noble que ha hecho grandes cosas para favorecer la transición y modernizar España.

Sánchez, el que está preparando el gran video reportaje de sus logros y sus hazañas siendo presidente, no es más que el clásico trepa que te puedes encontrar en cualquier gran empresa. Un trepa con mucho poder, por supuesto, pero un trepa sin talla política. Un político de bajo nivel parlamentario, de discursos plagados de muletillas y frases hechas, que evita comparecer en Las Cortes tanto como puede.

Y así pasará a la historia por muchos viajes que haga y mucho marketing que se dedique a resaltar su figura. Medrará en su post poder moviéndose en el mundo de segundo nivel, como lo hace Zapatero, pero nada más. Seguro que no le recordarán como recordamos a los grandes políticos que han construido Europa desde Alemania, Francia, Italia y el resto de las grandes naciones, entre las que está España.

Ni siquiera como Felipe Gonzalez que, sombras aparte, si que figura en los anales de la historia reciente de España y de Europa.

Porque Pedro Sánchez es un presidente muy poco de fiar, e igual lo sería si se hubiera presentado con las siglas del PP, de Podemos o de VOX. Porque en el fondo, y los hechos lo demuestran, no tienen más ideología que sus intereses personales.

Habrá muchos que difieren de mi opinión, incluso que me acusarán de lo que quieran acusarme, pero desafió a quien quiera hacerlo que, además de descalificarme, diga en que parte de lo escrito digo mentira. Que disientan con el cerebro y no con las vísceras. Con datos, por favor.

Yolanda Díaz. La que “no es de nadie”.

En alguna ocasión he opinado sobre la vicepresidenta y, visto lo visto, mantengo los temores anteriores, quizás reforzados por alguna evidencia reciente.

Lo primero es que juega haciendo trampas, con cartas marcadas. Trampas personales y políticas, algunas de ellas con la colaboración de amigos externos, como el CIS de Tezanos, por ejemplo.

Lo primero a considerar es que para no ser de nadie ha pasado por varios patronazgos políticos. Empezó en el Partido Comunista, el que está en su ADN y en el de su familia, luego paso a IU, después al Bloque Nacionalista Galego y, no sé si transitando por algún otro sitio, acabó en una de las mareas que terminaron configurando el actual Podemos.

No puedo constatar que en los casos anteriores haya ocupado puestos bajo el amparo de algún valedor, como se dice, pero en este último cargo, el de miembro del gobierno y vicepresidenta, no hay ninguna duda de que está ahí gracias al dedo de Pablo Iglesias. Cargos que aceptó sin ninguna reserva y con un aparente entendimiento total con su anterior líder.

Líder al que ha dejado en la cuneta, no tengo claro si por iniciativa propia o seducida por los encantos políticos de Pedro Sánchez, el gran embaucador, posiblemente en una maniobra de medio recorrido que, si favorece a alguien, será a nuestro presidente. Sin duda.

Ya veremos en que queda todo esto, pero es evidente que Yolanda Díaz será la gran protegida del presidente mientras le convenga. Porque en esta ocasión, la que aspira a ser la primera mujer presidenta del gobierno, puede haber encontrado la horma de su zapato, igual de convenenciero, pero con mucha más experiencia en amaños y maniobras torticeras, y con el poder que le otorga ser el dueño y señor de lo que queda del PSOE, del gobierno y del BOE.

La segunda es lo sucio que está jugando con Podemos, partido por el que, como es evidente, no siento ninguna simpatía porque es comunista según propia declaración y el comunismo ha sido uno de los grandes males de la historia reciente de la civilización oriental y occidental

Y digo que juega sucio porque está esperando a conocer los resultados de las elecciones autonómicas y municipales para saber cuan debilitados saldrán del compromiso para tenerles más pillados por salva sea la parte y ofrecerlos asilo a cambio de sumisión. Sin primarias, ni secundarias, ni nada de nada.

Ella no será de nadie, pero, vistos los hechos, los quiere a todos para ella.

Y la segunda parte de esta segunda parte es que no corre ningún riesgo en estas elecciones porque no se va a presentar. Entre otras cosas porque Sumar no es un partido político y no puede hacerlo. Sigue siendo algo etéreo, un “movimiento ciudadano”, que tampoco podría ser partido en el momento actual porque no tiene estructura ni recursos financieros para constituirse como tal. Y es por eso por lo que necesita imperiosamente a Podemos, pero un Podemos sumiso a ella y, como consecuencia, al presidente.

Pero incluso suponiendo que todo esto le salga bien, su futuro es una especie de burbuja de jabón que puede explotar con tanta facilidad como se está formando. Porque hay cosas que no acabaría de entender. Por ejemplo:

¿Aceptará el líder de Compromís, Baldoví, presentarse por Valencia a las elecciones generales sin su propia marca y como “corriente” interna de Sumar, con el riesgo de perder identidad y diluirse en el agua de las antiguas mareas? Y si consigue buenos resultados ¿actuará bajo los dictados de la líder de las sumas?

¿Renunciará Ada Colau a la marca “Comuns” en Barcelona?

Puede que lo haga Más Madrid porque tiene muchos infiltrados, o quizás Teresa Rodríguez en Andalucía, pero, no lo veo factible porque, por mucho que haya apoyado a Yolanda Díaz, es gato escaldado por haber padecido ese mismo intento de fagocitación por parte del actual Podemos.

Todo ello demasiado complejo incluso para los comunistas, tan acostumbrados a las guerras internas.

Y porque Podemos no se entregará sin condiciones y, de morir, morirá matando.

En fin. Siempre he opinado que Yolanda Díaz ha buscado una imagen de hada madrina, de hada madrina buena y aconsejadora, aunque algunas veces hasta las hadas buenas se enfadan un poco.

Pero a esta supuesta hada madrina nunca se la ha visto en público con una varita mágica, lo que da mucho que pensar,

Y ahora que se la ve mas veces y más de cerca, como en la reciente entrevista con Jordi Évole, que aconsejo visionar, se pueden apreciar algunos destellos de dureza en la mirada, algún que otro apretar de mandíbulas tipo presidente, y no pocos lapsus y contradicciones.

En definitiva, mucha fachada y bastante menos consistencia de la que quiere aparentar.

Y también que, ya puestos, puede ser una mala enemiga.

Pero esto no es “Cuéntame” y no tardaremos mucho en conocer el desenlace de la trama. El futuro nos lo aclarará todo. Un futuro, afortunadamente para todos, muy cercano.

Valencia, 21 de abril de 2023

De como una escapada a Madrid dispara la fantasía de un fantasioso impenitente.

Largo, largo, largo y quizás pesado, pesado, pesado. Pero quizás pueda interesar a algunos, especialmente si son madrileños. Y si no es así, siempre queda el recurso de no leerlo.

Le decía a una amiga, ampliando un comentario que acababa con un “amo Madrid”, que, efectivamente soy un enamorado de esta ciudad. Y lo soy porque Madrid es una de las grandes ciudades del mundo capaces de sorprender a propios y visitantes por su gran oferta cultural, espectáculos incluidos, y ser sede de los mejores museos de España. Algunos de ellos, como la pinacoteca del Prado, referente mundial.

Pero lo afirmo muy especialmente porque he vivido en Madrid y, para más abundamiento, residiendo en una pensión, que es lo más de lo más de la convivencia.

Madrid, como ocurre en todos los sitios “viejos”, tiene infinidad de dichos y leyendas, unas basadas en hechos reales que la imaginación popular ha elevado a los altares de la fantasía transformando en “lo que fue” lo que “dicen que ha sido”, y, otras, pura invención repetida portal a portal, mentidero a mentidero de lo que ellos llaman “el foro”.

Y así dispone de palacios con fantasmas, casas con misterios, otras en las que han sucedido hechos escalofriantes y hasta un buen surtido de atentados reales, dos contra Alfonso XII, de los que siempre salió ileso y otro contra Alfonso XIII cuando, el día de su boda, un anarquista lanzó una bomba dentro de un ramo de flores desde el balcón de una pensión de la calle Mayor, sin que ni él, ni Victoria Eugenia sufrieran ningún daño.

Así que, repito, Madrid ha sido un perfecto caldo de cultivo para la enorme cantidad de curiosidades y chascarrillos alimentados por su contrastada familiaridad social de los dos últimos siglos. Y digo madrileños por decir algo, porque Madrid fue ciudad de aluvión que recibió inmigrante de todas las regiones, porque gatos, lo que se dice gatos, pocos y acogedores.

Familiaridad contrastada en las conversaciones de calle, las tertulias de bares y la de esas mini sociedades tan especiales de las corralas o lo más recóndito de sus barrios tradicionales. Lugares en los que se comentaba, se corregía y se aumentaba lo sucedido y publicado en periódicos y gacetillas, o divulgado de boca a boca en tiendas de barrio.

Insisto en que eso mismo sucede en otras ciudades antiguas de nuestra España, como Granada o Toledo, por ejemplo, pero en Madrid mucho más por sus circunstancias especiales. Y porque todos amamos a nuestras ciudades o pueblos natales, pero pude apreciar que los madrileños sienten un cariño filial muy especial por la suya. Francamente especial.

Así que ayer, recordando mis dotes de gran callejeador, cogí caminito y recorrí con calma algunos de mis lugares conocidos completando una ruta que no está nada mal para mi edad:

No sin constatar que cuando salí del hotel el termómetro señalaba dos grados bajo cero, pero el frio de Madrid, mucho más seco que el valenciano, especialmente en un día sin viento, se soporta mejor que el nuestro con un buen abrigo corporal. Así que cogí el metro y bajé en la plaza Mayor, la antigua plaza moderna de la ciudad, desde donde me desplacé hasta el Palacio Real, o Palacio de Oriente, subiendo esa cuesta llevadera que transcurre paralela a los hermosos jardines de Sabatini.

Llevaba intención de acceder a su interior, pero me fue imposible porque había no sé qué acontecimiento.

Mi primera sorpresa fue encontrarme con los miles de personas, no exagero, que estaban esperando el relevo de la guardia, parada artístico-militar que ha alcanzado un gran nivel de popularidad por su calidad plástica, muy parecida a la del famoso relevo de Buckingham, en Londres. Puede parecer una tontería, pero a mi me gusta que se fomente este tipo de actividades inofensivas, agradables a la vista y que da nombre a las ciudades.

No me quedé porque faltaba algún tiempo y porque la conozco por haberla visto en YouTube. Como también he visto “in person” la de Londres, la de Atenas, la de Praga y la del Kremlin, aunque sí que entré en La Almudena abriéndome paso entre los que esperaban en las escalinatas de la catedral y cruzando la enorme cola que pretendían entrar en la plaza de armas del palacio.

De allí me dirigí a la calle de Vergara para acceder a la del Arenal, pasando por ese curioso cruce de calles de nombres singulares, no sin antes acercarme al viaducto para recordar a los muchos madrileños que decidieron suicidarse en este lugar. ¿Qué pasaría por sus cabezas? ¿Qué tristeza provocaría semejante decisión?

Pensamiento que me afectó muy especialmente teniendo como tenemos una verdadera lacra de suicidios, especialmente entre gente joven. Por lo que no pude por menos que pensar en ellos, aunque no los haya conocido.

Lugar, el viaducto de Madrid, que ha merecido escritos entre tétricos y poéticos, como el que publicó el “La Libertad” hace muchos años, con el título “El Madrid que desaparece. Elegía por el Viaducto”, y que decía: “El viaducto se desvencija. (…) Los suicidas ya no le dan importancia. Lo han substituido por los túneles del “Metro“, donde hallan un final obscuro de topos. Ha dejado de ser el gran balcón sobre la Eternidad

Sigamos. Una vez en Vergara me fijé, como siempre hago cuando callejeo, en lo especial de los rótulos de varias de sus calles adyacentes. Porque una de las peculiaridades que distingue a Madrid de otras ciudades es que no ha sido muy de cambiar los nombres de sus calles, manteniendo los “de siempre” con pocas concesiones a las modas y los modos, especialmente sus calles principales.

Y así mantiene los nombres tradicionales, los que decidió el pueblo llano, como la calle Mayor, la Gran Vía, Carretas, llamada así porque en tiempo de los Comuneros de Castilla los madrileños levantaron barricadas con carretas para impedir la entrada de los soldados del Rey, el paseo de la Castellana, Delicias y tantas otras, como la Del Arenal, la calle en la que me encuentro, que tiene este título porque en una de sus prolongaciones históricas desde su arranque en la Puerta del Sol, se encontró con un suburbio arenoso.

Como Madrid es grande, también hay calles rotuladas a conveniencia con nombres de políticos y de hombres y mujeres ilustres, pero ninguna de las “importantes”.

Y es por eso por lo que en Madrid es divertido y curioso, repito, prestar atención a los nombres de sus calles, por su significado y por los chascarrillos que se contaban a propósito de su nomenclatura o las proximidades de unas con otras.

Ya he dicho, y sí no lo digo ahora, que yo vivía en una pensión en la Corredera Baja, muy próxima a una calle larga a la que una curva permite darle dos nombres. Pues bien, a estos tramos les llamaban “los del matrimonio”, porque empieza en Luna y termina en Desengaño, que son los nombres de las dos calles, también próximas a otra muy popular, la del Pez, nombre basado en un hecho real relacionado con una niña a la que en el Siglo XVIII se le murió un pececillo y su padre, hombre de “posibles”, al verla tan afligida, mandó labrar en la fachada de su casa la figura de un pez.

Casa que posteriormente dio nombre a la calle, la del pez, hasta entonces llamada “de la Fuente del Cura”. No hay duda de que fueron los madrileños de aquellos tiempos, el vulgo, los que dieron los dos nombres a la calle.

Decía que en este cruce en el que me hallo, confluyen las calles de Carlos III, el gran “Rey Alcalde” que, sin embargo, tiene una de cortísimo recorrido en este final del Madrid de los Austrias, desde donde arrancan otras con nombres singulares cómo la de la Unión, que se cruza con la de la Amnistía, ilustrada la primera con la imagen de un yugo. No he sido capaz de desentrañar la verdadera razón de esta nomenclatura, porque una unión tan sumamente “unida” no parece muy propia ni para un sindicato ni para un partido político. No suelo rendirme y trataré de averígualo.

La de la Amnistía conmemora la que se concedió al final de la vida del Rey Fernando VII, en las postrimerías del absolutismo, siendo regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

También están las calles Del Espejo, nombre que, según la leyenda, hace referencia a las atalayas de vigilancia árabes que se erigían en la zona hace muchos siglos, y que transmitían los mensajes usando precisamente espejos. Y, algo más adelante, la de La Escalinata, actualmente sin escalones, sustituidos por una rampa que permite la circulación de vehículos.

Y, como cada portal tiene su leyenda y cada bocacalle una historia, solo me detendré en la Parroquia de San Ginés, en la que se bautizaron o se casaron hombres ilustres, como reza en  la leyenda de su fachada, junto a la cual hay una librería, también llamada San Ginés, cerrada cuando pasé, que tiene o tenía por costumbre exponer libros de lance en una mesa de madera pintada de verde, situada en el callejoncito de la puerta del local, y en la que en su momento pasé mucho tiempo rebuscando entre lo expuesto, porque realmente valía la pena.

Y, para los de Bocairent: según me contó, también era muy frecuentada por Pepe Llorca cuando viajaba a Madrid.

No tenía demasiado tiempo porque el paseo era largo y tenía como objeto llegar al Museo de Prado, por lo que apenas me entretuve en la Puerta del Sol, rota en obras, aunque sí que hice una escapadita para volver a contemplar la fachada de Casa Labra, sin detenerme a tomar alguna de sus exquisiteces de bacalao.

Diré que este establecimiento, situado en la calle Tetuán número 12, cerca de la Puerta del Sol y en una calle lateral del Corte Inglés de Preciados, es uno de los de culto de Madrid para mí, entre otras cosas porque fue allí donde se fundó el Partido Socialista Obrero Español.

Bajado de internet “El Partido Socialista Obrero Español se fundó clandestinamente en la madrileña taberna Casa Labra de Madrid, el 2 de mayo de 1879 en torno a 25 personas: 16 tipógrafos, cuatro médicos, un doctor en ciencias, dos joyeros, un marmolista y un zapatero

Así pues, continué mi paseo por la carrera de San Jerónimo para saludar de nuevo a los leones de las Cortes, de los que quiero aclarar dos de sus leyendas:

No es cierto que, como nos decían cuando éramos niños, que estuvieran forjados con los cañones del parque de artillería en los que estaban destinados Daoiz y Velarde el dos de mayo de 1808. La verdad verdadera es la que reza en el frontis de su base, donde se puede leer “Fundido con cañones tomados al enemigo en la guerra de África de 1880”.

Y la otra curiosidad es que uno de sus leones, el que está a la derecha mirando al frente de Congreso, no tiene testículos. ¿La razón? Puede haber muchas, pero desde luego no fue por ahorrarse el bronce necesario para sus atributos masculinos porque realmente sería muy poco comparado con el empleado en toda la figura. Francamente, no creo que se acabara el bronce de los cañones precisamente cuando llegaron a ese punto.

Para obtener constancia fotográfica, que la tengo, tuve que hacer juegos malabares desde la acera, porque el trasero de buen león sin atributos está muy por encima del nivel de la calle, muy inclinada hacia la plaza de Neptuno.

Yo para mí que fue una broma del escultor, porque no creo que fuera un adelantado a lo que está ocurriendo ahora con los cambios de sexo, las ambigüedades y cosas similares.

Y desde allí, enfocando el móvil por debajo del cuerpo del león castrado después de pedir permiso para subir unos escalones al policía de guardia en la puerta del Congreso, saqué una foto al hotel Palace, protagonista importante el 23F porque allí es donde se situaron los miembros del Ejecutivo que no estaban secuestrados. Recordemos que en aquellas horas hubo una reacción ejemplar y se formó un gobierno provisional con subsecretarios.

También estaba la cúpula de los mandos militares y hasta algún periodista avispado.

Repito, como he hecho otras veces, que el 23F fue la verdadera prueba del algodón de la democracia, porque fue el día en el que fue vencida y desarbolada la última extrema derecha española. La de verdad, por mucho que Podemos y el gobierno se empeñen en darle ese título a VOX para resucitar lo que está muerto y bien muerto.

VOX es el más a la derecha de los legales en la actualidad, sí, pero de extrema derecha modelo franquista, si los comparamos con los Girón de Velasco y compañía, son unos auténticos entreguistas.

Y por fin, rodeando la plaza de Neptuno, en la que no vi a Simeone poniendo flores al dios del mar por los buenos resultados de los últimos tiempos, accedí, una vez más, a la pinacoteca más importante de las que conozco, aunque no tenga nada del Siglo XX. Y conozco El Louvre, la National Gallery o el Hermitage, que, seguramente serán los siguientes en tamaño de colecciones pictóricas.

Claro que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, tengo que decir que ningún me ha impresionado más, pese a lo pequeño de su obra, que el Orsay de París. Porque tiene mucho impresionismo, pintura fácil de entender y muy de mi gusto.

Así que subí la escalinata dedicando un saludo afectuoso a mi querida RAE, en lo alto, enfrascada estos días en una discusión a propósito de si se debe tildar el “sólo” de las ambigüedades y de las soledades.

Y, una vez en el Prado, el protocolo. Sentarme en el primer banco del pasillo central del primer piso para saludar a Carlos V, esta vez completamente desnudo, sin su armadura, teniendo a sus pies, encadenado, al Furor, símbolo abstracto de lo malo, del enemigo a vencer, inspirado en la Eneida de Virgilio.

Es algo que leí hace años, cuando intenté descifrar la simbología del conjunto, y que he recuperado ayer mismo buscando comentarios de la Eneida.

Entonces se harán más llevaderos los ásperos siglos, dejadas las guerras;
la cana Fidelidad y Vesta y Quirino con su hermano Remo
darán las leyes; con hierro y con ensambladuras compactas
las funestas puertas de la Guerra se cerrarán; el Furor impío dentro,
sentándose sobre las crueles armas y atado a la espalda con cien
nudos de bronce, gemirá espantoso con su boca ensangrentada.»


Yo soy muy disciplinado y solo recorro unas pocas salas cada vez que visito un museo, única forma de “ver” y disfrutar los cuadros, aunque, como es natural y tratándose del Prado, las salas de Velázquez son visita obligada. Muy de pasada la de “las Meninas”, mayor sosiego frente a su famoso Cristo, esa figura extraña y hermosa de un crucificado que no refleja dolor, solo paz y serenidad. Dice el cartel que, con esta obra, Velázquez intentó entrar en las discrepancias entre la pintura y la escultura, y de hecho consiguió una obra con muchos visos de escultura pintada. Porque imágenes dolientes del crucificado, de este mismo autor, se pueden ver en la misma sala, justo enfrente, en menor tamaño.

Por cierto, en la sala de Las Meninas no estaba la figura en bronce del hermafrodito. No sé si lo han cambiado de lugar provisionalmente o de forma permanente, pero no dejaba de ser algo “diferente”, un contrapunto al arte clásico del pintor de la corte, y su desaparición me provocó de inmediato un “aquí falta algo”.

Recuerdo que la primera vez que lo vi, hace muchos años, me sorprendió encontrarlo en esta sala, porque era como un verso suelto, hasta que me enteré de que esta escultura, “copia de la original del escultor italiano Matteo Bonarelli de Lucca (1599- 1654), restaurador y marchante de arte italiano, fue mandada fundir en Roma por encargo directo de Diego Velázquez durante su segundo viaje a Italia por expreso mandato del rey Felipe IV, que quería adquirir las más bellas obras de arte para su reciente Palacio del Buen Retiro

El original, procedente de una colección particular italiana, se conserva en el Louvre, que, en eso, en artes decorativas, gana al Prado, como también lo hace el Hermitage, porque el nuestro apenas tiene algunas piezas importantes.

Y de esta copia se dice que “su calidad técnica la convierte en una obra maestra que supera al original«.

Así que opté pasar a las salas contiguas, las de Murillo, y realmente me emocioné con sus famosísimas Inmaculadas y con los cuadros de un Jesucristo con San Juan, ambos niños, que ilustraban algunos libros de texto de religión en mi bachillerato.

Ya conocía de otras visitas la magnífica y nada sofisticada Sagrada Familia “del Pajarito”, antes ubicada en el pasillo central del primer piso, pero, pese a las veces que he visitado este museo, siempre “a cachitos”,  nunca había dedicado tiempo a las salas de este pintor sevillano aunque, naturalmente, conocía parte de su obra porque es uno de los referentes de la pintura religiosa española.

Ni tampoco las de Tiziano, pintor que siempre me ha impresionado por su enorme variedad de temas, aunque mi preferido sea el de Danae en el momento de ser fecundada por Júpiter con una lluvia de oro, que repitió varias veces. En esta ocasión me sorprendió con sus cuadros sobre la fundación de la iglesia de Santa María la Mayor, primitiva iglesia de la Virgen de las Nieves, pinturas que, cronológicamente, con un magnífico juego de luces y sombras y en un formato inusual, de abanico, describen el sueño en el que la Virgen le pide a un noble romano que se levante esa iglesia en un punto en el que verá la silueta de la planta de la iglesia dibujada con nieve en un lugar de Roma.

Y en el siguiente se ve al mencionado noble exponiéndole la petición al Papa, que monta una procesión para comprobar que, efectivamente, la nieve que traza la silueta de la iglesia, está donde se dice que estaría.

Y después de esta pequeña excursión por el museo, más corta en espacio que en tiempo, y de realizar una breve visita a la sala en la que están las estatuas de las ninfas, que no conocía, di por finalizada la visita y me dirigí al restaurante para recuperar fuerzas y seguir con mis elucubraciones, en este caso centradas en recorrer con la vista las mesas cercanas para tratar de adivinar los perfiles humanos de los que las ocupaban y, sobre todo, a localizar a las familias que estaban acompañadas por sus hijos, todas extranjeras porque los niños españoles tenían clase.

Y estuve tentado, solo tentado, de dirigirme a un grupito de abuelos, padres e hijos, para decirles el acierto que habían tenido en venir al Prado, a los mayores, y, a los niños, la suerte que tenían por tener a unos padres que les habían traído aquí siendo tan jóvenes, porque era algo que, espero, recordarán toda su vida.

¡Claro que amo a Madrid! Una ciudad que también enamoró en su tiempo a nuestro Joaquín Sorolla, hasta el punto de que decidió que le construyeran una casa típica de la Valencia de extramuros de su época, con sus techos altos, su jardín, su fuente, su mini estanque y sus bancos y jardineras de azulejos de Manises. Situada fuera de la ciudad, muy cerca de lo que entonces era “el quinto pino” que marcaba el final de la zona urbana de Recoletos, y ahora fagocitada por la urbe y convertida en el tan especial Museo Sorolla, que recomiendo visitar.

Una aclaración: estos enamoramientos míos son casi patológicos, porque también he amado y amo a nuestras viejas ciudades españolas y, como no y muy especialmente, a mi querida Valencia, la de los rincones mágicos y las calles estrechas, también repletas de historias y leyendas, y a esa Valencia señorial de las calles nobles y edificios elegantes.

Ciudades que gusto de pasear mirando suelos, fachadas, rótulos y partes altas de los edificios, porque es así como se disfrutan plenamente y se descubre lo que hay detrás de lo que tantas veces se ha visto sin reparar en ello.

En los cursos y talleres de relaciones interpersonales que suelo impartir, o cuando hablamos de empatía bien aplicada, se insiste en la necesidad de la llamada “escucha activa”, herramienta que garantiza que entiendes el mensaje que te quieren transmitir, para que “lo que te dicen” no enmascare “lo que te quieren decir”.

Pues bien, en los paseos por las ciudades o por los pueblos de España, tan rica en cultura y tradiciones, hay que practicar “la vista activa” para no perdernos nada, ni siquiera los olores.

Y estas son, para vuestro mal, las elucubraciones de un soñador romántico que trata de disfrutar de lo que se nos ha dado y que está a nuestra disposición, quizás minusvalorado porque nos resulta gratis.

Lo que me faltó, como suele ocurrir, es alguien con quien compartir en vivo y en directo estas vivencias, aunque ¡quizás no me hubiera soportado!

Terminado en Valencia, el 8 de marzo de 2023

José Luis Martínez Ángel

El feminismo y los feministas de salón

He puesto este recorte, no para poner en valor la actuación de los populares de la época, sino como ejemplo de los bandazos que se han dado desde que los políticos decidieron abanderar el movimiento para sacar rédito electoral.

Claro que los políticos deben de intervenir en el desarrollo del feminismo, porque son ellos los que dictan leyes, pero no capitalizarlo utilizando argumentos para conseguir votos, porque es un tema de la sociedad en general y no propiedad de nadie.

Mi opinión es que, desde todos los puntos de vista, la mujer no es igual al hombre de la misma forma que un niño no es igual que un adulto. Y aclaro que es una simple comparación para reforzar el argumento, sin juicios de valor sobre la capacidad cognitiva de hombres y mujeres o cualquier otra circunstancia que suponga supremacía masculina. En absoluto.

Y si no se reconoce esa diferencia, como ocurrió en el momento que se reseña en el artículo, se perjudica a la parte más débil y con más condicionantes en lo físico, que no en el intelectual que es igual o superior, yo lo creo así, que el de los hombres.

Por supuesto que a la mujer hay que reconocerle los mismos derechos que al hombre, derechos que en España están plenamente reconocidos por la ley, pero también lo es que no goza de la necesaria igualdad de oportunidades. Y ese es el que debería ser el verdadero argumento del feminismo.

Y cuando hablo de derechos y oportunidades excluyo sandeces como el famoso eslogan que proclamaba que la mujer debe poder ir de noche, sola y borracha por la calle sin que nadie la agreda, derecho que también tiene los hombres, por supuesto, pero mejor no intentarlo.

Me refiero a que, reconociendo sus condicionantes, se la facilite el de ser madres si quieren serlo, con guarderías subvencionadas hasta que los niños puedan entrar en preescolar, incluso más tiempo en determinadas circunstancias, jornadas con horarios flexibles para conciliar la vida familiar con la laboral, protección real a madres solteras, como también a las que tienen embarazos indeseados y no quieren abortar, y otras de este tipo.

¿Quieren reducir el número de abortos, por ejemplo? En lugar de hacerlas escuchar latidos de corazón, tranquilícenlas, proporciónenlas ayudas económicas y sociales como si ya fueran madres solteras durante todo el embarazo y, a partir del parto, como cualquier otra madre. Seguro que así se evitarían muchos.

Es decir, sustituir los eslóganes y los titulares de prensa por ayudas efectivas para las mujeres que lo necesiten por cualquier circunstancia relacionada con su sexo y su situación. Lo demás son milongas.

Y no se asusten porque, aunque parezca que estas medidas comportarían mucho gasto público, pueden estar seguros de que todo lo que he comentado hasta ahora supondría una mínima partida en los Presupuestos Generales del Estado, mucho más baja que las que se están aplicando para gastos suntuarios o movidas políticas de muy poco valor para la ciudadanía, incluidas muchas de las que ahora maneja el ministerio de igualdad.

Con la ventaja de que fomentar la natalidad y favorecer a las mujeres, supone obtener beneficios sociales de mucho calado.

Y olvidar tonterías innecesarias como los ridículos eslóganes de bajas laborales por menstruaciones, como ejemplo de la insensatez y de la demagogia, porque una mujer que tiene menstruaciones dolorosas puede pedir la baja médica sin ningún problema y porque en las empresas, y yo he tenido muchas mujeres en la mía, “se sabe” cuando las empleadas más afectadas están en esa situación y se les tiene una consideración especial.

El contenido de este artículo viene a cuento porque en aquellos tiempos, primer error, se defendió desde un determinado feminismo que la mujer es “igual al hombre” y por eso el socialismo de entonces retiró todos los agravantes cuando la víctima de una agresión era una mujer, uno de los cuales era el “desprecio de sexo”. Agravantes que en este momento se están llevando a la exageración por el llamado feminismo extremo, que no ha dejado de dar volantazos desde que se descubrió el filón propagandista que suponía para determinados partidos el afirmar que solo ellos defendían a la mujer y que “estaba todo por hacer”.

Que la mujer ha sido en el pasado una auténtica mula de carga, en el sentido metafórico de la palabra, responsable del hogar y de los hijos es una realidad indiscutible. Como también lo es que durante la dictadura, la Sección Femenina educaba las jóvenes a ser buenas esposas, buenas madres y excelentes amas de casa.  Pero desde entonces hasta ahora ha corrido mucha agua por los ríos y es hora de avanzar desde la realidad actual y no inventando otra inexistente, ya superada.

Insisto en que la lucha ha de centrarse en facilitarles que puedan participar en la sociedad en la medida que quieran hacerlo y con las ayudas necesarias para conseguirlo.

Sin trampas ni demagogias.

Se dice, por ejemplo, que los salarios promedio de las mujeres es inferior al de los hombres, pero, siendo verdad, es una visión distorsionada de los hechos. Según la ley y los convenios sindicales, los salarios se fijan en función de la categoría laboral del empleado, sin distinción de sexo, pero es un hecho que muchas mujeres están obligadas por sus responsabilidades familiares a tener jornadas reducidas, por lo que sus ingresos reales son inferiores. Pero la causa raíz, lo que hay que denunciar, no es que esté asumido ni aceptado que la mujer cobre menos que el varón, sino la falta de apoyos del Estado para poder trabajar más horas si quieren hacerlo.

También se puede dar el caso de que, trabajando las mismas horas, algunas empresas tengan registradas a las mujeres en una categoría laboral inferior a la de un hombre que hace exactamente su mismo trabajo. Pero ese es un problema de inmoralidad del contratante y de falta de inspección de trabajo, porque hay pocos inspectores y porque, habiendo tanta información en la redes, no se están desarrollando mecanismos que crucen datos de contratación en las empresas con los puestos de trabajo, el sexo de los contratados y cuantos datos sean necesarios para disparar alarmas de fraude.

Aunque esta misma situación también se da en el mundo de le empresa, especialmente en el de la pequeña empresa y en el de los autónomos con empleados, en el que hombres y mujeres están contratados por un determinado número de horas y “obligados” a trabajar más de las contratadas por el mismo salario o cobrando una parte “en negro”.

En resumen: No hay ninguna duda de que la sociedad actual tiene muchos problemas y que las mujeres están especialmente perjudicadas en temas como las agresiones sexuales, un desamparo evidente en muchas facetas de sus vidas, o la dificultad para poder desempeñar algunos de los roles que les corresponde por su sexo, pero también lo es que todos ellos y muy especialmente los de la mujer, solo son objeto de titulares interesados sin que nadie entre a fondo en sus causa-raíz ni en proporcionarlas las ayudas necesarias.

En parte porque la maldita política interesada y populista está desviando el foco del problema hacia una dirección equivocada.

José Luis Martínez Ángel

Valencia 15 de febrero de 2023

En recuerdo de Nicolás Redondo de alguien que siempre le respetó.

Acabo de enterarme del fallecimiento de Nicolás Redondo Urbieta y cada vez que recibo noticias como esta me resulta más reprobable el comportamiento de los políticos actuales españoles, especialmente los de la extrema izquierda y últimamente del mismísimo Pedro Sánchez, que, habiéndose encontrado una España de democracia y bienestar en la que todo está hecho aunque hayan cosas que mejorar, se pasan el día proclamando que han sido ellos, solo ellos, los que hay traído la verdadera libertad y los que liberarán a los españoles de las cargas del pasado y de las amenazas de los políticos de su oposición.

¡Váyanse a paseo, por favor! ¡Repasen biografías como la de este hombre y aprendan lo que es luchar de verdad, corriendo muchos riesgos y sufriendo muchos quebrantos, por la democracia, la libertad, y los derechos de los españoles!

Porque Nicolás Redondo Urbieta, hijo de trabajador sindicalista condenado a muerte, conmutada a última hora, es todo un ejemplo de honestidad y coherencia entre su vida y sus convicciones.

Nicolás Redondo, obrero especialista en La Sestao, encarcelado hasta seis veces por la dictadura por liderar movimientos sindicales o promover huelgas, fue siempre un hombre sencillo que jamás presumió de su biografía ni de sus muchos encontronazos con la policía de Franco.

Y fue su vocación sindicalista la que, pese a su gran historial, le impidió optar a la secretaría del PSOE en Suresnes, cuando salió elegido Felipe González, un abogado laboralista con muchos menos méritos que Nicolás Redondo.

Y cuando llegó la transición, la que ahora pretenden reeditar los que jamás hicieron nada que les costara más allá de algunas horas de sueño por ir a una manifestación, y que siempre han vivido de la política, se puso a la tarea de recuperar la tradición democrática-sindicalista que era una enorme tarea viniendo del sindicato vertical.

Nicolás fue un gran socialista y, esencialmente, un gran sindicalista.  Hasta el punto de que, siendo como era UGT correa de transmisión del partido, tuvo muchos enfrentamientos con el gobierno de Felipe González por algunas de sus medidas sociales y laborales.

Nicolás Redondo optó por mantener una línea sindicalista dura sin hacer concesiones al Gobierno y sin dejarse coaccionar por la disciplina del Partido Socialista. Así lo manifestó claramente en la carta enviada a Felipe González”, dice este texto sacado de una de sus biografías.

Y es rigurosamente cierto.

Es más, a diferencia del dúo Pili y Mili formado por los siameses secretarios de UGT y CCOO de cuyo nombre no quiero acordarme, también tuvo serios enfrentamientos con Antonio Gutiérrez, el entonces secretario de Comisiones Obreras, por entender que era demasiado sumiso al gobierno

«La unidad de acción con Comisiones Obreras no está rota, pero si resquebrajada» y en diciembre decía: «nunca más me fiaré de Antonio Gutiérrez«

Este es un brevísimo resumen de mi opinión sobre un hombre que casi me motivó a afiliarme a UGT.

Lástima que, en sus últimos tiempos en el cargo, algunos listos del sindicato quisieron montar un programa de viviendas sociales que acabó como el rosario de la aurora, con muchos líos y un agujero económico muy importante. Nicolás no tuvo nada que ver en lo personal, pero era el secretario y, de alguna forma, este hecho salpicó lo que hasta entonces había sido una trayectoria ejemplar.

Al estilo de otros hombres honrados de izquierda que dedicaron sus vidas al servicio y que nunca se aprovecharon de su currículum, como fue el caso del comunista Marcelino Camacho, otro de mis hombres respetables de la época.

Nicolás Redondo Urbieta dejó tras de sí un trabajo ímprobo en el mundo sindical y puso muy alto el pabellón de la UGT, empañado en los últimos tiempos por unos líderes inmorales que han vivido en diversos lugares de España mamando de las ubres del poder en un rosario de escándalos y hechos delictivos.

No digo que todos los dirigentes del sindicato sean unos impresentables, pero es cierto que los militantes, pocos y casi todos porque mantienen ese espíritu romántico de lo que “debe ser”, como le ocurre a una de mis amigas muy queridas, no se merecen lo ocurrido en la UGT de los últimos tiempos.

Y una prueba de su ejemplo lo tenemos en su hijo, Nicolás Redondo Terreros, socialista convencido y hombre honesto y moderado, que seguro que es así por el ejemplo de su padre. Al que solo le echo en cara que no optara a la secretaría general del PSOE cuando lo hizo Pedro Sánchez, petición que le hice en una nota que le mandé, como harían miles de españoles, y a la que no hizo caso.

Que, de haberlo hecho, otro gallo nos cantaría.

Descanse en Paz un hombre que se esforzó por mejorar el bienestar de los obreros españoles. Esfuerzos que en algunos momentos le resultaron especialmente duros y complicados.

Valencia, 4 de enero de 2023

José Luis Martínez Ángel