Manifiesto por el liberalismo. Ese liberalismo, el auténtico.

De vez en cuando y en función de algún comentario puntual, suele ocurrir que los que lo leen o escuchen te catalogan de “de derechas” o te colocan alguna de las etiquetas al uso. No es algo que me importe en lo personal, pero para entender algunos conceptos políticos que en nuestra nación parecen olvidados, es bueno que se recuerde que, además de las agrupaciones convencionales, derecha, ultraderecha, izquierda, ultraizquierda, hay otras ideologías con marchamo internacional, como es el liberalismo.

Concepto, como tantos otros, tergiversado por los interesados en hacerlo, que lo adjudican a la izquierda o la derecha, según convenga al interpretador.

Liberalismo, según la RAE es;

-Doctrina política, económica y social, nacida a finales del siglo XVIII, que defiende la libertad del individuo y una intervención mínima del estado en la vida social y económica.

-Cualidad y actitud de la persona que es tolerante y abierta.

Pues bien, durante la transición se fundó este partido, que inicialmente se denominó “Agrupación Liberal”, pero posteriormente formó parte de UCD como una de las “familias” de la coalición. Porque UCD, Unión de Centro Democrático,  nunca fue un partido, sino una agrupación de tendencias ideológicas de centro derecha, desde Alianza Popular (AP), el Partido Demócrata Cristiano (PDC), la Federación de Partidos Demócratas y Liberales (FPDL), el Partido Socialdemócrata (PSD), el Partido Demócrata Popular (PDP), el Partido Social Liberal Andaluz (PSLA), el Partido Gallego Independiente (PGI), la Federación Social Democráta (FSD), Unión Canaria (UC), la Unión Democrática de Murcia (UDM) y el Partido Liberal (PL), aunque en este caso no se incorporó el partido, pero sí algunos de sus miembros más destacados.

Pero el auge de la Social Democracia, partido enredador que ha reventado sistemáticamente las coaliciones de centro derecha en España por su afán de protagonismo, como lo hizo en Italia y en otros lugares, hizo que los liberales se sintieran incómodos y abandonaran UCD.

Y cito nombres tan reconocidos como Joaquín Garrigues Walker, Justino de Azcárrate o Soledad Becerril, tan discreta pese a haber desempeñado tantos cargos políticos en España. Fue la primera mujer que ocupó una cartera ministerial y también el cargo de Defensor del Pueblo desde la democracia y nunca se la habrá oído faltar al respeto a nadie ni criticar otras iniciativas políticas. Sí algunas decisiones gubernamentales que, en su opinión, afectaban de alguna manera a la libertad de los españoles. Y, por supuesto, contra los asesinos de ETA

Ya hace muchos años que, como decía, el concepto “liberal” se ha interpretado según los intereses de cada cual y así ha sido de derechas para la izquierda o de izquierda para la derecha.

Y también es cierto que algunas y algunos cargos de la derecha, absolutamente autoritarios, se han autodefinido como liberales. Y quizás “de raza le viene al galgo”, porque “España es diferente” y el periódico “El Liberal” de hace tantos años no era precisamente un dechado de tolerancia y comprensión. Más bien era el periódico de la derecha más radical de entonces.

Los partidos liberales no son importantes en casi ningún lugar porque su propia naturaleza les hace ser poco competitivos. Anteponen las libertades y la verdadera representación de los ciudadanos a cualquier interés político del partido o de sus dirigentes y no hacen falsas promesas en las elecciones, por lo que, con esos condicionantes, es casi imposible que puedan ganar unas elecciones o conseguir muchos escaños   compitiendo con el poder económico y el control de los medios de “los partidos poderosos”.

Sin embargo, hay muchos liberales dispersos por el mundo a los que nos gusta pensar que la sociedad será algún día mucho más honesta y democrática de lo que es ahora, solo que estamos convencidos de que ahí quedará la cosa y nunca lo veremos.

Y si alguien quiere saber cómo es el verdadero liberalismo, le recomiendo que lea el libro “Devuélveme el Poder”, de Miriam González Durántez, que refiere con hechos y datos lo mucho que los gobiernos españoles, todos, han interferido indebidamente en la vida de los españoles y cuantas libertades públicas y privadas han vulnerado.

En fin, yo me siento tan romántico e inútil expresando mis ideas como se sentían las personas mayores de mi juventud, en la dictadura, y muy especialmente los republicanos de pro, cuando me decían “ya vendrán los míos”.

Aunque en muchos de sus casos, como me ocurre a mí, “los suyos” nunca llegaron, o si lo hicieron duraron poco, muy poco. Y en este momento me siento tan inmerso en un mundo de intereses partidistas o personales, prepotencias, falsedades, egoísmos y tan falto de sensibilidad real que tengo que asumir que “los míos” nunca llegarán. Dejaron “de llegar” con las primeras corruptelas políticas de los gobernantes a partir de la segunda legislatura y me temo que nunca les volveré a ver en España.

Dicho lo cual, y siendo como soy, tampoco sufro por esta realidad. Yo a lo mío y que cada cual piense lo que quiera y diga lo que crea oportuno. Siempre, claro está, que se respeten las normas y no se diga en plan ofensivo.

El evangelio de San Juan dice “veritas liberabit vobis” refiriéndose a todos los demás. Yo, menos optimista que el Evangelista, me identifico con algo más personal, “veritas liberat nobis”.

Entendiendo que la verdad hará que nos sintamos libres a los que, con razón o sin ella, pero con honestidad, manifestemos con respeto lo que pensamos, con la tolerancia y apertura de miras que recomienda la RAE.

Por supuesto.

Administración Pública, desastre absoluto en la atención personal al ciudadano.

No hace mucho que un médico jubilado, Carlos San Juan, comenzó la campaña “somos mayores, pero no idiotas” quejándose del mal trato personal que las entidades bancarias daban a las personas mayores, campaña que tuvo mucho impacto y obligó a reaccionar a una buena parte de ellas.

Pero se trataba de entidades privadas y siempre teníamos el recurso de cambiar de banco, aunque tampoco servía de mucho porque, más o menos, todos ellos habían sustituido a personas por cajeros o por gestiones por internet y, en casi todas las ocasiones, los cambios suponían “salir de Matamala para meterte en Matapeor”

Otro problema actual, gravísimo problema, es que la Administración Pública, recalco lo de pública, la que tiene como única misión servir al ciudadano en sus relaciones con el gobierno y con el Estado, ha seguido el mismo camino que los bancos y ha rodeado a sus empleados de una barrera infranqueable para personas mayores o con poca o nula facilidad de manejarse por internet

Pues bien, desde la pandemia y viendo las ventajas personales que el teletrabajo tenía para muchos de los funcionarios, este colectivo, sin dueño ni jefe, parece que ha decidido continuar con la misma situación, manteniendo cerradas todas las ventanillas de atención directa al ciudadano, a las que solo se puede acceder por la famosa “cita previa”, en demasiados casos con plazos inexplicables en el tiempo, o solo explicables porque ha disminuido notablemente el número de funcionarios presentes en las oficinas.

Situación imperdonable e incongruente por la inversión de términos entre el objeto de la administración, que solo tiene como justificación ayudar al ciudadano y el hecho de ponerles barreras para acceder al servicio que necesitan.

España necesita con urgencia de que se ponga orden en muchas cosas, como la educación, la política fiscal, la reafirmación de la separación entre poderes, la reforma de la ley del menor o del código penal en el tema de la ocupación de viviendas, por poner algunos de los muchos asuntos pendientes, pero una de ellas, muy importante, es entrar a fondo en la organización de la Administración Pública, tomando como modelos de gestión y atención personal patrones conocidos en la empresa privada, deshaciendo esa sinrazón a la que ha derivado y que ha convertido a los funcionarios en un colectivo mimado, super protegido por los gobiernos de turno y con la complicidad insensata de unas centrales sindicales que, prácticamente, solo justifican su existencia apoyando sus reivindicaciones año tras año.

Que constancia de que no me quejo en absoluto de los funcionarios como personas, porque la mayoría de ellos son buenos profesionales que brindan un trato muy correcto a los afortunados que acceden a sus puestos de trabajo, sino a ese monstruo en el que se ha convertido la Administración Pública, tan necesitada de orden y reformas.

Porque cada vez son más los que no se sienten especialmente orgullosos de la situación actual y de la imagen, muchas veces injusta, que están transmitiendo a la sociedad: un colectivo que solo se preocupa de sus propios intereses y que no ha ganado unas oposiciones para servir al ciudadano, sino para conseguir sueldos estables y de un nivel muy aceptable, y las mejores condiciones laborales posibles.

José Luis Martínez Ángel

22 de noviembre de 2022

La subida del 8 por ciento de las pensiones. Cobarde e insolidaria.

Parece ser que el gobierno, en plena campaña electoral, tiene la intención de subir las pensiones en un 8 %. Soy jubilado y, aunque la medida me beneficia en lo personal, me sigue pareciendo un auténtico disparate por las razones que comento a continuación. Aclaro que en este comentario tengo que utilizar los presupuestos de 2022 porque no tengo los previstos para 2023 que, por otra parte, todavía no se han aprobado en las Cortes Españolas.

Estos presupuestos suponían un total de 519.668.460 euros, de los cuales 183.878.878 eran los gastos de la seguridad social y 171.139.653 el capítulo de pensiones.

Es decir, las pensiones suponían el 32 % del total. Y el 8 % de ese total son 13.691.172 euros.

La primera consideración es que esta partida, como todas las que suponen aumento de salario y a diferencia de todas las demás, es irreversible. Futuros gobiernos pueden subir o bajar los gastos de defensa, o de obra públicas, o el de educación, por ejemplo, pero no podrán bajar los salarios de los pensionistas ni el de los funcionarios, que también es una partida muy importante.

La segunda es que se trata de una subida universal que lo mismo afecta a los que tienen pensiones de 3.000 euros que a las de 600, sin considerar si tienen importantes ingresos por rentas o disponen de un sólido patrimonio. Es un café para todos que aumenta de forma inmisericorde las diferencias entre los pensionistas, porque aplicando el tanto por ciento previsto, las pensiones del primer supuesto pasan a ser de 3.240 y las del segundo de 648.

192 euros más al mes y 2.688 al año en nuestras 14 pagas.

Y es que ni este gobierno ni ningún otro se atreve a perder votos de un colectivo que empieza a tener unos ingresos medios mensuales muy próximos al salario medio de los trabajadores activos, pero que es numeroso en votos y afectados. Gobiernos cobardes que comprometen el futuro de la nación porque, siendo imposible recaudar más de lo que se recauda por impuestos y con la deuda pública tan disparatada como la que tenemos, pronto, demasiado pronto, habrá que recortar gastos de las otras grandes partidas, como la de sanidad o la del resto de gastos sociales.

Y entonces, el partido que esté en la oposición y que, seguro, ha sido cómplice de la situación porque en algún momento habrá estado en el gobierno, acusará al gobierno de turno de poner en peligro la salud de los españoles o de haber recortado y reducido el estado del bienestar.

Y los sindicatos sanitarios saldrán a la calle para reclamar aumento de plantillas y mejoras en los servicios y los pensionistas para continuar reclamando subidas en sus pensiones.

Gobiernos cobardes, como el que tenemos y otros que hemos tenido, con mentalidad cortoplacista y un egoísmo personal sin límites.

Porque aquí estamos invirtiendo los términos: los pensionistas, muchos de ellos, necesitan más ingresos porque tienen que ayudar a sus hijos en paro o con ingresos insuficientes, cuando lo lógico, lo valiente, es que los gobiernos fomentaran la creación de empleo con políticas inteligentes de apoyo a los empresarios, únicos capaces de conseguirlo, en lugar de demonizarlos y exprimirles al límite como están haciendo.

Esos empresarios que “se están forrando” como clamaba uno de los líderes sindicales chusqueros y acartonados, de cuyo nombre no quiero acordarme. Aunque muchísimos de ellos, especialmente pequeños y emprendedores, están bajando unas persianas que nunca más levantarán.

Y mientras la ciudadanía a lo suyo, que en España equivale al habitual “que es de lo mío”. Y el gobierno con muchas palabras huecas y muchas mentiras, “el relato”, mientras aumenta el número de ministerios y multiplica el número de asesores.

Que mientras dure hay que disfrutarlo. Y el que venga detrás, que arree.

Y mientas, nosotros los pensionistas, comamos y bebamos, que mañana moriremos. Por la edad, por el coronavirus, o por un ictus inoportuno o un infarto que nos sobrevenga mientras llevamos a los nietos al colegio o a la guardería.

2Alf Garay y Isabel Doñate

El funeral de la Reina Isabel II, y Juan Carlos I

Ha fallecido Isabel II de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda y el mundo se ha conmocionado porque se ha dado cuenta de que nada es inmortal, de que, por muchos ordenadores, “tablets”, móviles de última generación, televisores de super alta definición y super panorámicos, y toda la tecnología de que podamos disponer, cada uno de nosotros somos polvo y en polvo nos convertiremos.

Pues bien, estamos en España y cada día se evidencia más que “Spain is diferent” según decretó, más que anunció, Fraga Iribarne en el año 1960. Y como Fraga era el que era y tenía la cabeza que tenía, ese ser diferentes, destinado a los turistas potenciales, se ha quedado entre nosotros y ha imprimido carácter a individuos e instituciones de nuestra querida España.

Y todo ello viene a cuento del funeral de la Reina muerta y de las invitaciones cursadas por la Casa Real británica a todo el mundo mundial: al resto de las otras casas reales, a los familiares y a los altos dignatarios de otras naciones del universo mundo.

Y, entre ellos, a Juan Carlos I, el que fue excelente Jefe del Estado en lo principal y bastante disoluto en lo personal, para desengaño de los que hemos admirado su labor pública, nacional e internacional, en momento tan complicados como los que le tocó vivir.

Y “Oh fortuna – como la luna cambiable – siempre creciente o disminuyendo – la vida de odio”, de Carmina Burana, los nuevos inquisidores de la izquierda, los puros en sus actos y limpios de corazón en sus intenciones, se han apresurado a clamar que no, que eso no puede ser, que el emérito no puede representar a España ni nada de nada, por lo que la Zarzuela, la Moncloa o el Papa si fuera menester, deben impedirlo.

Y es que en España y desde el principio de los escándalos del ciudadano Juanito, se ha magnificado, exagerado y super utilizado todo este desagradable asunto para atacar y desprestigiar a la monarquía. Como si Juan Carlos hubiera sido el primero y único que ha cometido graves errores personales entre las familias reales o entre los presidentes de repúblicas y sus familiares, cuando son legión los infractores conocidos.

La imagen de Juan Carlos fuera de España es la de un gran jefe de Estado que cometió errores personales. Y punto, sin más más ni más menos.

Pero es que, además, nadie en este mundo puede evitar que la familia de un difunto invite al funeral a quién le venga en gana, mucho más cuando se trata de un familiar, en lo formal, y muy querido en lo personal.

Perdón, cuando digo nadie en este mundo me refiero al mundo más allá de los Pirineos, porque en España si que se ha dado en el País vasco. Que lo recuerdo muy bien y recuerdo quienes fueron los protagonistas.

Así que, queridos amigos, vuelvan a lo suyo y no insistan en confundir la velocidad con el tocino. Malo era que quieran borrar la trayectoria oficial del antiguo Rey, pero el condenar que su familia de otras naciones le invite a lo que quiera invitarle es pasarse muchos pueblos.

Espero que asista nuestro muy prudente Rey Felipe, que lo está haciendo magníficamente bien, y también Juan Carlos, este último por vínculos familiares y méritos históricos propios. Y no estaría de más que padre e hijo se tomaran un té en alguno de los salones victorianos de Londres, tan propicios para el sosiego, y decidieran recomponer sus relaciones familiares y las institucionales, al margen de los deseos de los “podemitas”, “bildus”, “peeneuves”, independentistas catalanes, y “sanchistas” que acampan en nuestro país como si fuera suyo desde siempre y para siempre.

Que un funeral siempre es campo abonado para la reflexión y para reconsiderar hechos y situaciones.  

Ha muerto Mijaíl Gorbachov. Honor a Mijaíl Gorbachov

Ha muerto Mijaíl Gorbachov, padre de la “perestroika” y último presidente de la Unión Soviética, hombre honesto, de ideas progresistas en el buen sentido de la palabra, no la falsa progresía del relato actual, destinado a ser providencial para la Unión Soviética que, paradójicamente, fue malinterpretado y odiado por parte de los rusos de su época.

Y no fue su culpa, porque teniendo una estrategia bien definida para que Rusia hiciera una transición mirando a Europa, la “perestroika”, el proceso de apertura se abortó faltando unos años para que su nación implantara los cambios políticos económicos y sociales necesarios, cuando un día y por sorpresa, jóvenes y no tan jóvenes de las dos partes, decidieron derribar el muro de Berlín.

Y, como consecuencia, toda la nación se quedó como en una foto fija y muchos ciudadanos que siempre habían vivido en regímenes comunistas recuperaron la libertad, pero no sabían que hacer con ella.

Rusia, cabeza de la Unión y también otras naciones, tenía fábricas prósperas que fabricaban buenos productos que, en su gran mayoría, se exportaban a Europa o a Estados Unidos. Pues bien, los “directores-funcionarios del estado”, que sabían cómo dirigirlas y tenían contactos en el exterior, las compraron y se hicieron libres y ricos a toda velocidad. Y lo mismo ocurrió con muchos otros sectores, agricultura incluida, en los que los comerciales o los intermediarios, siguieron vendiendo a sus compradores del mundo libre y prosperaron rápidamente.

Yo he estado en Rusia dos veces, la primera de ellas organizando un viaje para un grupo de amigos y me encontré con que el control del turismo de Moscú, creo qué de toda Rusia, era un monopolio propiedad del anterior responsable, que creó la única empresa autorizada a proporcionar guías locales y que controlaba, por su enorme influencia en el mercado, la mayoría de los establecimientos hosteleros de la ciudad y de San Petersburgo, que son los lugares que visitamos.

Es conocido que la antigua URSS y sus repúblicas planificaban la producción agrícola e industrial por zonas geográficas y por planes quinquenales, por los que se determinaba en qué lugar se cultivaba según qué cosas y en que otro se instalaba según que empresas. Pues bien, en un crucero por el Volga entre Moscú y San Petersburgo que tuve la suerte de disfrutar, un gran amigo vasco, Dámaso, se extrañaba de que navegando por zonas de tanto verde no viéramos ni una sola vaca.  La razón, naturalmente, era que, no existiendo la iniciativa privada, el estado no lo había previsto.

Así que, existiendo una parte de la población sin experiencia en ganarse la vida, unos prosperaron y otros, los de menos nivel, se quedaron sin saber que hacer porque hasta entonces era el estado el que les controlaba la vida, pero también el que le cubría las necesidades básicas. Una gran bolsa de ciudadanos que, como consecuencia de la nueva situación, se sintieron desamparados y empobrecidos, porque en un mercado libre subieron los precios y no sabían cómo conseguir ingresos.

Desamparo que amplificaron los comunistas más ortodoxos para justificar que con el comunismo se vivía mejor. Argumento indeseable que ha servido de fondo para todas las acciones de Putin, empeñado en recuperar la antigua Unión Soviética en la que, como entonces, el gran dictador, se llamara Stalin o cómo se llamara, era señor de vidas y haciendas.

Y eso, no tanto como reimplantar el comunismo que sabe que sería misión imposible, es lo que le mueve a dirigir la nación como un autócrata dictador que controla todos los poderes del estado.

Así que todo mi respeto al fallecido y bienintencionado Mijaíl Gorbachov, premio Nobel de la Paz, odiado por parte de los rusos de su época, y admirado por el mundo libre. El que “liberó” a las antiguas repúblicas, que en su tiempo fueron naciones independientes, del yugo de la URSS, como ocurrió con las de la antigua Yugoslavia de Tito, parte de ellas integradas en este momento en la Comunidad Europea.

Como pretendía hacer Ucrania para desesperación de Putin al que, de haberlo permitido, se le habría derrumbado como un castillo de naipes construido por él y por oligarcas interesados, parte de ellos “suicidados” porque, posiblemente, entendieron que se estaba llegando demasiado lejos.

Siento que no le hayan enterrado junto a su esposa, en ese rincón romántico del jardín de un monasterio de Moscú que tuve la suerte de visitar, porque su mujer, que falleció joven, le acompañó en todo su recorrido, en las buenas, las menos, y en las malas, las más.

Un ruso visionario que se atrevió con la “perestroika” y que también estableció la «glasnost«, “transparencia”, en sus funciones de gobierno. Algo impensable ni en las peores pesadillas de los gobiernos de la antigua Unión de República Socialistas Soviéticas.

Espero que Putin no sea capaz de demoler lo que queda de lo que empezó Mijaíl Gorbachov,  un hombre providencial que no pudo ver acabada su obra. Su particular “transición”.

Valencia, 5 de septiembre de 2022

La verdadera historia de España y los “españoles de ultramar”.

El Rey no se levanta al paso de la espada del “libertador”, que más que un símbolo de Colombia es un fetiche del nacionalismo irracional que está hundiendo a los países “liberados” y ya no hay nada más importante que semejante afrenta que incluso, según algún cargo público del más alto nivel del que no quiero citar su nombre, se hubiera evitado si hubiéramos tenido guillotina en lugar de Constitución.

Lo de “en vez de” es un añadido mío, naturalmente, pero es lo que sobrevuela en el comentario.

Y es que en España somos especialistas en flagelarnos con las manipulaciones históricas y alguien nos convenció en su día que un “libertador”, aunque fuera un sanguinario, es un ejemplo social, alguien a quién respetar y ensalzar. Y prueba de ello fue la moda de hace años de portar camisetas con la imagen del “Che” Guevara, del que sabían lo que les habían contado, e ignoraban parte de la cruda realidad de un personaje del que se libró el propio Fidel Castro y que tenía muy poco de ejemplar.

Y ahora toca subir a los altares a Simón Bolívar, “político criollo venezolano” con ascendencia vasca según Oteguí, al que, probablemente, el desaparecido Arzallus le descubriría ese RH especial que distingue a sus paisanos.

Es un hecho que la vida de Simón Bolívar fue especialmente agitada y hasta puede, no lo tengo tan claro, que sus motivaciones fueran luchar por su pueblo y no por determinados intereses, pero también lo es que él no era precisamente un Mahatma Gandhi en versión hispanoamericana, que consiguió revolucionar a una buena parte de su zona de influencia con sentadas y resistencia pacífica. Ni mucho menos, porque hubo mucho derramamiento de sangre de unos, otros y de los mismos contra los mismos.

Pero no es esa faceta, la del Simón Bolívar y Palacios, político, militar y guerrero, la que más me interesa.

Quiero resaltar aquí, como he hecho en el tercer párrafo, que Bolívar era un venezolano criollo, mezcla de sangre de españoles y nativos. Y que España fue la única potencia colonizadora que reconoció los mismos derechos a los españoles europeos que a los “españoles de ultramar”, los nativos de todos los territorios descubiertos por Cristóbal Colón, por real decreto de la Corona de Castilla, decreto que firmó la Reina Isabel tras recriminar muy airadamente al descubridor que le presentara a indígenas americanos como esclavos. Como un trofeo más de los que trajo a la Reina.

Y que España otorgó a los habitantes de aquellas tierras, criollos o nativos, total potestad de crecer socialmente y de ocupar puestos relevantes en sus respectivas naciones, hasta el punto de que estaba en sus manos la inmensa mayoría de los cargos públicos y la propiedad de las grandes empresas de Hispanoamérica.

Repito, la única.

Incluso en la redacción de la Constitución Española de 1812, su artículo 18, “De los ciudadanos españoles”, se recuerda que “son ciudadanos aquellos españoles que por ambas líneas traen su origen de los dominios españoles de ambos hemisferios, y están avecinados en cualquier pueblo de los mismos dominios

Como se ve, no menciona raíces, ni linajes, ni purezas de sangre, ni siquiera el haber nacido en alguno de los “dominios”. Todos iguales con la única condición de “estar avecinados”.

Y por eso aseguro que ninguna nación del mundo, colonial o no, ha tenido ese talante liberal de España. Es cierto que antes y después tuvimos monarquía absoluta, pero las reglas del juego de las relaciones con las actuales naciones americanas estaban escritas desde mucho tiempo antes, desde los Reyes Católicos y se mantuvieron después del absolutismo de Fernando VII.

Y otra consideración, la más importante, es que Simón Bolívar murió en 1830 y que las naciones fueron liberadas años antes. Es decir, que las naciones “liberadas” son autónomas hace casi dos siglos.

Pues bien, esta es la pregunta para Maduro, Daniel Ortega, Rafel Correa y a todos los grandes falsarios filocomunistas, sino comunistas declarados y a todos sus antecesores, presidentes de las antiguas españas: ¿Qué han hecho con sus libertades? ¿En que han beneficiado a los ciudadanos liberados?

Porque mucho bla, bla, bla, mucho pasear sables o escuchar pajaritos, pero es un hecho incuestionable que la gran mayoría de las naciones que formaron parte de la España de ultramar, son más pobres y menos prósperas, muchísimo más pobres en niveles comparativos a cada época de lo que lo son en la actualidad. Se independizaron como naciones potentes y ahora están empobrecidas y perdiendo población porque sus condiciones sociales son lamentables, eso sí, con presidentes enriquecidos. Con la excepción de José Mujica, que no pudo sacar a su país de la pobreza, pero vivió pobre como ellos.

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que fue malo que se independizaran. Lo que digo es que han tenido muy mala suerte al elegir a sus líderes, si es que los han podido elegir sin trampas ni pucherazos . En la actualidad, una buena parte son auténticos cantamañanas y tergiversadores de la historia, que no hacen más que exigir que España pida perdón por agravios que, considerando los tiempos en que se produjeron los hechos y en una comparativa con otras potencias colonizadoras, nunca existieron.

Y que, en lugar de lanzar proclamas y relatos tan falsos como interesados, podrían perder algo de su tiempo en mejorar la vida de sus ciudadanos, esos mismos que Simón Bolívar liberó en su momento y que ahora se ven obligados a venir a España o a cualquier otro lugar fuera de sus naciones, para liberarse, esta vez sí, de la miseria que sufren en sus países.

Y mi repulsa más enérgica a sus grandes y muy interesados defensores de este lado del Atlántico. Los que viven de forma muy confortable en un país libre y democrático como España, que no necesita “libertadores” de su estilo. Porque la historia, no yo, ha demostrado que comunismo y libertad son términos antagónicos. Nunca han coincidido. ¿Quieren una España modelo venezolano, o colombiano, o ecuatoriano, o peruano, o de cualquier otro modelo de los que allí abundan, en la que los españoles tengamos que abandonar nuestra nación para buscarnos la vida en otros lugares?

Yo tengo trato frecuente con los inmigrantes de estos países con los que, por supuesto, nunca hablo de política. Pero los escucho con tristeza cuando me explican las razones por las que tuvieron que dejar sus pueblos, sus raíces y a sus familias para mejorar su precaria calidad de vida en naciones lejanas donde creen tener alguna oportunidad.

Yo, como no podría ser de otra manera, les doy la bienvenida y les tranquilizo, aunque soy consciente del largo camino que les espera para poder levantar cabeza en España. Y lamento profundamente lo que está sucediendo en esa antigua parte de España dirigida por auténticos mangantes populistas de mucha lengua y pocos hechos. Los que siempre encuentra un enemigo externo al que responsabilizar de sus errores, de sus excesos y de sus tropelías.

Y entres esos enemigos externos, los más pardillo somos España y los españoles, que nos lo tragamos todo y nos indignamos porque el Rey no se levante al paso de un sable que es un signo de odio a nuestra nación. Es nuestro sino y nuestra maldición.

Espadas, pajaritos, susurros en la noche. Nuestro Rey hizo muy bien en no levantarse ante un objeto que quiere simbolizar algo que realmente no existía en tiempos del “libertador”: la opresión de España en las naciones liberadas por Simón Bolívar.

Para los interesados en leer y no en escuchar lo que dicen otros, recomiendo la biografía de Simón Bolívar publicada en la Real Academia de Historia, único lugar fiable de los que conozco. Reproduzco el último párrafo en el que se puede comprobar que, lejos de lo que parece que ocurrió, el libertador no murió en olor de multitudes y aclamado por los suyos.

Y, por supuesto, nadie paseo su espada por los lugares que había liberado. Todo es un falso “relato”, una posverdad, que, según la RAE es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencia y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”

El edificio pensado por Bolívar concluyó cuando acabó la guerra. Ruptura con Páez, con Santander, con la aristocracia limeña que consiguió la anulación de la Constitución bolivariana. El edificio republicano construido por el Libertador se resquebrajaba. Los intentos por mantenerlo fracasaron en la Convención de Ocaña, donde la oposición que, sin serlo, se llamaba democrática, caracterizaba el otro polo, representado por Bolívar, la dictadura. El pronunciamiento de Bogotá hizo que Bolívar asumiese plenos poderes, prácticamente dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. A ello se añadió la invasión del ejército peruano del general-presidente La Mar; la rebelión del general de su máxima confianza, José María Córdoba, como consecuencia del rencor. Bolívar, ya gravemente enfermo, presentó su dimisión ante el Congreso colombiano e inició su retirada con la idea de hacer un último viaje a Europa, cosa que tampoco pudo cumplir. Acompañado de un reducido número de amigos y ayudantes inició el lento descenso del río Magdalena recibiendo constantemente noticias de la fragmentación de la América española, la muerte de su más directo colaborador en la guerra, el general Sucre, y la disidencia de Venezuela, minaron más, si cabe, su delicada salud. A las doce de la mañana del día 17 de diciembre de 1830 murió en la finca de recreo del hidalgo español Joaquín de Mier en San Pedro Alejandrino, cura de Santa Marta

Biografía completa en

https://dbe.rah.es/biografias/13189/simon-bolivar-y-palacios

Pedro Sánchez, el presidente “yo no he sido” y los incendios forestales.

Pedro Sánchez dixit: “La causa de los terribles incendios que estamos sufriendo es el cambio climático” y con eso, como acostumbra, eludió cualquier cuota de responsabilidad sobre lo que está sucediendo. Simplificaciones tan falsas y groseras, como el decir que Putin es el responsable del aumento del IPC. Sí, pero no.

No hay ninguna duda de que el aumento de las temperaturas facilita mucho la enorme voracidad de los últimos incendios y también es cierto que nuestro presidente no es el responsable de lo que está sucediendo, pero de ahí a asegurar ese “yo no he sido” tan habitual en él, hay todo un trecho de circunstancias, precauciones y obligaciones que es conveniente analizar. Y en este punto me otorgo una cierta autoridad, basada en el hecho de haber pasado muchos años de mi vida en un pueblo de la montaña valenciana, Bocairent, y haber disfrutado mucho, muchísimo de sus llanuras y de sus rincones, de sus zonas de bancales, de sus sendas y caminos, de sus bosques y de su maravilloso monte bajo, de las umbrías y de las rocas.

Autoridad muchísimo menor de la que tienen los que siguen viviendo en ambientes rurales, en este caso los bocairentinos, pero sigo manteniendo ese buen ojo para disfrutar de lo que veo y de reconocer, al mismo tiempo, bellezas y peligros.

Hay una frase, bastante afortunada, que dice que los incendios se apagan en invierno, pero, en mi opinión, muy incompleta, porque los incendios se deben “apagar”, en sus medidas preventivas, todo el año: manteniendo los bosques lo más limpios posibles de maleza, creando cortafuegos reales o teniendo previsto los que convendría establecer sobre la marcha según la zona en que se declaren los incendios y las condiciones medioambientales de viento, humedad y temperatura, controlando las tierras en barbecho porque, si no se limpian de hierbas secas, en lugar de cortafuegos actúan como auténticos regueros de pólvora extendiendo las llamas con suma rapidez de extremo a extremo de los campos, el tener previstos puntos de toma de agua para vehículos aéreos contraincendios, etc.

Y luego, claro está, hay una serie de normas a cumplir o a hacer cumplir, como la prohibición de encender hogueras en el monte, regular el uso de maquinaria agrícola en según que circunstancias, el actuar con severidad sobre los “héroes” de los bosques que los recorren en motos de trial o vehículos todoterreno, sobre los campistas insensatos que dejan basura en el monte, sobre la quema de rastrojos sin autorización ni tomar las debidas precauciones y tantas otras que pueden facilitar el inicio o potenciar  la voracidad de los incendios.

Sin olvidar que, de una vez por todas, se limite esa desproporcionada autoridad otorgada a los ecologistas y su consigna de “dejar en libertad a la naturaleza” que impiden legalmente que se saneen las zonas más peligrosas de los montes, pero que nunca aparecen a la hora de atacar los incendios. La necesidad de organizar los mandos únicos contraincendios o las ayudas entre comunidades, la utilización de drones “oficiales”, pero también de los que son propiedad de particulares autorizados para localizar las zonas “calientes”  o para vigilar a los merodeadores de los montes cuando no hay incendios y, en general, todo lo relacionado con la protección de los montes y la rápida extinción de los incendios que se vayan produciendo.

Y una medida muy urgente es la necesidad de endurecer de forma significativa las penas a los pirómanos, responsables de gran parte de los incendios, para hacerlas proporcionales a los daños causados en lugar de tratarlos como delincuentes sociales o simples gamberros, a los que se les aplican condenas poco ejemplares.

Podría estar escribiendo mucho tiempo sobre posibles medidas preventivas o las encaminadas a la rápida extinción de los incendios, algunas ya en vigor, pero creo que con este botón de muestra ya es suficiente.

Dicho lo cual, es evidente que las elevadísimas temperaturas de estos días son un gran factor de riesgo y un acelerante para potenciar la gravedad de los incendios, pero de eso a simplificar lo que está sucediendo con un absurdo “la culpa es del cambio climático”, hay mucho, muchísimo que Usted, querido presidente y todas las autoridades de la nación pueden y deben hacer.

Unos lo hacen mejor y otros peor, pero todo lo que se hace o lo que no se hace, como el poner coto a los ecologistas radicales, por ejemplo, es manifiestamente mejorable.

Así que, amigo mío, continúe si quiere visitando zonas quemadas para hacerse fotos abrazando a bomberos, si son bomberas mejor porque proporcionan un plus de ternura a la escena, pero que estas visitas no le distraigan de lo que es su verdadera obligación: hacer cumplir las normas existentes y crear nuevas leyes que mejoren la prevención y la lucha contra los incendios y contra lo o los que los propician o los provocan.

Siempre puede caer un rayo sobre un árbol, por supuesto, pero si no se puede evitar el incendio, necesitamos disponer de mejores armas para acotarlo y extinguirlo con mayor fortuna que en la actualidad.

Y deje en paz al cambio climático, a Putin y a todos esos “yo no he sido” con los que acostumbra a lanzar auténticas cortinas de humo, mucho más en un caso cono el que estoy tratando. Cortinas de humos, de fotos y de vídeos con cara compungida.

Y si quiere mejorar su imagen, que buena falta le hace a juzgar por los resultados de las últimas elecciones, ocupe su tiempo en mejorar el bienestar de los españoles y no lo pierda con estas sandeces. Porque ya nos conocemos y estas maniobras de propaganda barata cuelan cada vez menos entre la ciudadanía.

Por supuesto es bueno que los afectados reciban muestras de afecto del gobierno, pero no en este plan de protector magnánimo que promete ayudas con tanta “letra pequeña” que casi nunca se cumplen o con condiciones tan estrictas que cuesta mucho conseguirlas.

Así que, presidente, menos palabras y más medidas para evitar que suceda lo que está sucediendo.

¿El estado de la nación, o la consumación de una traición a Yolanda Díaz?

No es que sea un gran politólogo ni un adivino de los que estaban de moda hace unos años, pero, conociendo al personaje, es evidente que Pedro Sánchez no dejaría volar demasiado a Yolanda Díaz. Porque su situación es realmente desesperada.

Estoy seguro de que por mucho teatro que hagan en el parlamento, balas incluidas, sus apoyadores oficiales seguirán respaldando las iniciativas del gobierno, aunque en alguna ocasión hagan juegos malabares con los votos necesarios y se turnen en el papel de apoyador bueno, el del “sí” y apoyador malo, el del “no” o la abstención.

Y lo harán porque todos ellos están subidos en lo alto de la misma escalera y agarrados a la misma brocha, en la seguridad de qué si cae Pedro Sánchez, caen todos Y ya me contarán que sería de ellos.

Todos menos el partido-araña, el PNV, el más falaz de todos, porque los demás, aunque los rechacemos,  no nos engañan. Ni lo hacen los independentistas ni tampoco lo hace Bildu que siempre han dicho y siguen declarando los mismos objetivos: conseguir sendas repúblicas independientes. Mientras que estos convenencieros, recogedores de las nueces que otros hacen caer del árbol, son los que derrocaron a Rajoy por un plato de lentejas y están a punto de derrocar a Pedro Sánchez si Feijóo, Dios no lo quiera, les mejora la ración en forma de prebendas y transferencias.

Pero otra cosa es si podría ganar unas elecciones y parece evidente que no. No tendría el voto de ninguno de los partidos que le apoyan ni tampoco el mayoritario de los votantes tradicionales del PSOE, porque muchos de ellos no reconocen la ideología de su partido en las políticas disparatadas de este gobierno.  Ni siquiera creo que pudiera revalidar el título de secretario general, por mucho que mantenga el invento populista de las primarias, porque la “masa” es mucho más manipulable desde los medios que los antiguos compromisarios de las federaciones.

Y se irán a la abstención o a esa nebulosa del “país de nunca jamás” que es la “suma” de Yolanda Díaz. Pero esta, que no representa precisamente el Podemos duro de Pablo Iglesias, sí que podría restar votos del “Sanchismo” de los desengañados de “las mareas” y de los restos de los “hubiéramos podido”. Y llevarse los de los comunistas, o bien directamente o “sumando”, porque ya hace muchos años que a los representantes del antiguo PC lo mismo les da carne que pescado si pueden seguir en el machito manteniendo un mínimo de dignidad en su imagen pública.

Así que ha sucedido lo inevitable que ya comentaba como posibilidad el pasado día seis de este mes. La razón del famoso y muy anunciado estado de la nación ha servido, esencialmente, para restar todo lo que había sumado Yolanda Días y presentar a Pedro Sánchez como el nuevo líder de la izquierda, izquierda, no la socialdemocracia anterior, sino de la izquierda más próxima a los postulados del neo comunismo.

Y la prueba del nueve es que todos los “podemitas” de la bancada, más IU, más los otros desgajados de Podemos, casi se han roto las palmas de tanto aplaudir, también la bancada socialista, ya me contarán porqué, mientras la pobre Yolanda “mudaba el semblante” pensado que su gran amigo, su aliado, le estaba robando la merienda y el futuro.

Por cierto. La bancada socialista lo mismo aplaude en pie cuando su presidente se declara líder de la socialdemocracia que cuando, como ahora, se cae de la caballería, ve la luz y amenaza con sacar los hígados a los ricos, a la banca y a las empresas de la energía.

¡Maldita ley electoral que fomenta semejante aborregamiento! En este caso y cuando han sido otros los que gobernaban. Vean la televisión, por favor, y entérense de lo que está ocurriendo en Gran Bretaña.

Valencia, 14 de julio de 2022

La caída de Boris Johnson y la excelente referencia del parlamento británico.

A poco que me conozcan saben que yo soy de la opinión de que el sistema electoral del Reino Unido es el más democrático de los que conozco y en este momento se está demostrando con la dimisión de Boris Johnson de la presidencia de su partido y también la del gobierno, aunque será necesario cumplir el proceso de sustitución que lo retrasará algún tiempo.

Allí como aquí, al presidente lo elige el parlamento, pero hay una pequeña diferencia: cada uno de los parlamentarios británicos ha sido elegido de forma individual en su distrito electoral, haciendo su propia campaña y con el único bagaje de su propio prestigio y de lo que ofrezca a sus electores.

Y es difícil “colar” a gente extraña porque son conocidos por sus votantes y porque saben que va a defender los intereses de su circunscripción. Entre otras cosas porque, si no hacen,  le corren a gorrazos en esas audiencias abiertas obligatorias que tienen en su circunscripción, creo que cada mes e incluso puede que menos tiempo. Naturalmente en la campaña manifiestan si se van a unir a alguno de los partidos representados en la cámara, aunque también pueden hacerlo como libres.

Por lo que ni hay listas cerradas ni tienen ninguna disciplina de voto y cada parlamentario vota libremente según lo que crea más conveniente en cada votación y sin ninguna limitación. Y es por eso por lo que, cuando hay algún presidente que defrauda a una mayoría de los que le eligieron, los de su propio partido, tienen mecanismos para forzarle a rectificar su conducta e incluso para obligarle a dimitir.

Es algo que ya ha ocurrido en otras tres ocasiones anteriores, según creo recordar.

¿Cuál es el resultado de este sistema? Que el mentiroso o traidor a las obligaciones contraídas se va a la calle, pero el partido mantiene el gobierno hasta que se elija a un nuevo líder que, a su vez, será el presidente del gobierno. Y lo será porque será votado como tal por la casi la totalidad de los congresistas de su partido, partido que, en todos estos casos, tiene la mayoría en el parlamento británico.

Y, de esta forma, no hay traumas a nivel nacional, ni nada de nada, porque cambia el presidente, pero no lo comprometido en la campaña electoral que les dio la mayoría. Más bien la política y el partido salen reforzados, porque ha sabido rectificar su propio error al confiar en alguien que no debían.

Y mi envidia es porque si tuviéramos este mismo sistema, y de haber obtenido mayoría en las urnas, que no ha sido el caso, es muy probable que el Partido Socialista hace tiempo que habría defenestrado a Pedro Sánchez por sus mentiras de cada día o por no haber cumplido sus compromisos electorales.

¿Alguna semejanza con lo que tenemos en España? Ninguna. Aquí tenemos una bancada de congresistas aborregados que votan lo que les dice su coordinador levantando los dedos en cada votación, aunque perjudique a la comunidad en la que fueron elegidos.

Sabiendo que si no lo hacen serán sancionados o retirados de sus cargos parlamentarios sin opciones de recurso. Porque, moralmente, el escaño no es suyo ya que han sido elegidos por estar incluidos en la famosa lista y sin ningún mérito propio de cara a la ciudadanía, con el resultado de que la mayoría son auténticos desconocidos para los que los votaron

Legalmente si que es de su propiedad, pero ya sabemos que plantar cara al líder obliga a salir del partido y dejar el escaño o pasar al grupo mixto. Cosa que no ocurre en Gran Bretaña porque, repito, cada uno de ellos es el dueño y señor de su escaño y nadie puede arrebatárselo, salvo escándalo manifiesto o delito previsto en sus leyes.

Es decir, allí son los congresistas los que controlan a su líder y aquí es líder el que actúa como señor de horca y cuchillo, políticamente hablando y decide lo que deben hacer los congresistas y que hacer con ellos si no le obedecen.

Razón por la que, desde siempre, he pedido una reforma de nuestra ley electoral. Cosa que no veré porque el tinglado actual interesa a todos, desde VOX hasta el partido más extremo y minoritario de la extrema izquierda.

¡Ojalá lo vean mis nietas!

El presidente que nunca deja de sorprendernos. Los hombres del puro

Franco, que no tenía más ideología que la que consiguió en opa hostil a la Falange Española, a la Comunión Tradicionalista y a las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, porque necesitaba “algo” para tener una cierta imagen de gobierno normal, no podía discutir con sus adversarios porque estaban escondidos y porque, ellos sí, tenían ideología y un concepto “normal” de lo social, de lo colectivo.

Y por eso tuvo que englobar a todos sus enemigos en un supuesto contubernio “judeomasónico” que no define nada en concreto, pero que simbolizaba las fuerzas ocultas que se oponían a su gobierno.

En resumen: “judeomasónico” y “contubernista” era todo aquel que no estaba con él.

Pues bien, una vez enterrado Franco en el Pardo, habiéndose amortiguado el tema del Rey emérito que descansa tranquilo en su exilio de oro, el presidente, que ha visto pelar las barbas de su vecino, necesitaba un enemigo al que vencer o que le amenace, y no ha tenido más opción que, rememorando a Franco, inventarse uno imposible de derrotar porque no se trata de un personaje real, visible y reconocible: los “hombres del puro”

Esos que, supuestamente, están detrás de todas las tropelías y negativas de colaboración del Partido Popular, porque comparten con ellos el objetivo de hundir a la nación por la via de desobedecer al presidente.

Es evidente que Pedro Sánchez no es un dictador porque nuestra forma de Estado sigue siendo Monarquía Parlamentaria por mucho que en ocasiones trate de disimularlo, pero no es menos cierto que cada día que pasa, se acrecienta su perfil autocrático. Y, como consecuencia ineludible al resurgimiento del PP, que le ataca con propuestas para consensuar lo que, según ellos, quiere “la gente”,  ha tenido que echar mano de un recurso tan antiguo como el hilo negro para justificar algo tan inocente desde el punto de vista político como el “no te ajunto” de los niños cuando se cabrean entre sí: dividir a los españoles, utilizando a los partidos políticos, en dos bandos irreconciliables: los que están con él  y “arriman el hombro” haga lo que haga y diga lo que diga, y el resto, más de la mitad de los españoles según las últimas encuestas, que se pasan el día conspirando contra él, azuzados por los hombres del puro.

En lo que ha fallado es en no explicarnos quienes son los poderosos, porque poderoso, supongo yo, es el grupo Atresmedia, propietaria de la Sexta, entre otras muchas cadenas y plataformas, o el Grupo Prisa, propietario de la Cadena SER y del diario El País, sin contar con parte del empresariado catalán y o de algunos miembros del INDEX 35, que, por lo que se ve, no son sus enemigos.

Aunque, hablando de poderosos, nadie como él, que es dueño temporal de la nación y dispone de herramientas de propaganda tan potentes como la TVE y todas sus cadenas de radio y televisión, de las encuestas del CIS de Tezanos, del “sí señor” de la presidenta del Congreso, cuando le ordena que haga cosas como cambiar el reglamento de las cortes a su conveniencia, de la fiscalía general del Estado y, en ello estamos, tratando de controlar INTRA y el Instituto Nacional de Estadística para que los datos oficiales de paro, de desempleo, o de inflación, sean como conviene que sean y no cómo son en la realidad.

Sin contar con que, con los apoyos actuales y entre otras cosas, puede promulgar leyes o tomar decisiones de más o menos calidad democrática que nos facilite o nos complique la vida, que puede subir impuestos hasta el punto de asfixiar a la ciudadanía o de comprometer la continuidad de las empresas.

En fin, eso sí que es verdadero poder.

Aunque, y eso no le dejará dormir por su obsesión mini imperialista, todavía no son suyos el Poder Judicial ni el Tribunal Constitucional.

¿Puede haber algún otro más poderoso en España? ¿Cuáles son esos famosos hilos que estarían moviendo?

No sé qué tiene entre manos para su futuro. Unos dicen que un alto cargo en la Comunidad Europea, otros que seguir en la política nacional no se sabe con quién ni para qué, pero, haga lo que haga, ya tiene asignado un título que nadie le quitará: ser el presidente más mentiroso y torticero desde la transición e incluso puede que desde que se conoce el parlamentarismo. Y buenos ejemplares, a fe que los hemos tenido a lo largo de la historia.

En política activa no creo que pueda seguir, porque la gente demanda lo que necesita cada vez más y porque los rescoldos del PSOE moribundo pueden reaccionar en algún momento. Y porque sus fantasías cómico-trágicas son tan infantiles que no le servirán de nada, como no le han servido en Madrid, en Castilla-León ni en Andalucía. Es cierto que falta mucho para las elecciones y que puede ocurrir un “no se qué cosa” que cambie las tendencias y las intenciones de voto, pero, si ocurre, no será nada bueno para el país y casi dará lo mismo quién lo gobierne.

Pero si todo transcurre como parece, ni siquiera le queda el recurso de Zapatero: ser la salsa en todos los platos del neo comunismo mundial, porque su predecesor es un iluminado, un radical convencido, mientras que este presidente que los votos nos han dado, solo es un convenenciero sin moral ni ideología. Un arribista que cuando termine su mandato solo dejará tras de él un desastre económico, una fractura social mucho mayor de la que ya existía y un intento de reescribir la historia desde el sectarismo y la falsedad, que tampoco se mantendrá.

Quizás la sucesora de Zapatero en el otro mundo, el de ultramar, sea Susana Díaz, la que ahora está sumando. Porque ella sí que puede acreditar un comunismo real, aunque con buena imagen física y su punto de glamur. Una neo peronista con pedigree.