El Sr. Iglesias y sus primeras manifestaciones sobre temas de Estado o de gobierno.

Estamos en un proceso de negociación de un gobierno que no se podrá calificar de izquierdas. No es un nuevo “frente popular” porque se formará con el visto bueno de todos los “istas” o “ex istas” de España. Hace poco, y ante una oportunidad similar, se le calificó como Frankenstein, y creo que fue un título muy acertado por lo confusa que resultaba la estructura de la criatura.

Y ya tenemos los primeros apuntes. El que será vicepresidente del gobierno, si llegan buen puerto las negociaciones, hace lo que siempre ha hecho. Tratar de ponerse a la cabeza de la manifestación y, en este caso, buscar la apariencia de que va a ser él quién marque la política del futuro gobierno. La de un gobierno “progresista”, por emplear una palabra original que se me acaba de ocurrir.

Y, sintiéndose parte del futuro gobierno, ha manifestado que en Cataluña hace falta sentarse a hablar, sinónimo político de negociar, como ya se hizo en Pedralbes, sin excluir nada. Es decir, que hay que reconocer a priori la igualdad de nivel y de autoridad entre el estado español y la Comunidad de Cataluña, con un “relator” neutral, preferentemente extranjero, que de fe de lo que allí se trate.

Sabiendo, como se sabe, que el único objetivo de los independentistas es salirse de la nación española. Romperla.

Naturalmente esto supone saltarse a la torera el marco de la Constitución, como sabe muy bien un señor que últimamente se pasea por los platós con un ejemplar bajo el brazo, citando parte de sus artículos. A no ser que los haya leído todos, menos el número 2, que dice:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.”

¿Alguien tiene dudas sobre el significado de “Indisoluble unidad”, o “patria común e indivisible de todos los españoles”?

Establecida la premisa, se afirma que “garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

No soy ni letrado ni jurista, pero se leer y escribir, y creo estar dotado de un cierto nivel de comprensión en la lectura. Y basado en este supuesto, la segunda parte, la subordinada a que España es la Patria Común, lo que dice es que el Estado “garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran” y, muy importante, diría que fundamental,la solidaridad entre todas ellas”.

Posiblemente porque hace años que leen poco castellano,  los interesados en desestabilizar dicen que el término “nacionalidades” está sujeto a interpretaciones y que permite otras opciones. De ninguna manera. Se cita bajo el paraguas de “la nación”, y se aceptó porque en aquel momento no suponía ningún problema ni se preveía que los planteara en el futuro, y porque en algunas comunidades coincidía la extensión geográfica con algún antiguo territorio con historia propia, como es el caso de Cataluña,  de Galicia o, en parte,  de Aragón. La letra está clara, y la intención era proteger las culturas y tradiciones de lo que entonces llamábamos “patria chica.

No es el caso de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa que tuvieron historias separadas, y solo a principios del Siglo XX se empezó a utilizar los términos País Vasco o Euskal Erria.

Pero sucedió que desde el primer momento algunas de estas autonomías, muy especialmente la catalana, que además alegó tener un idioma diferenciado como si eso supusiera tener derecho a otro nivel de ciudadanía, trataron de obtener ventajas fiscales o políticas amparándose en pérdidas de fueros o supuestas injusticias históricas.

Como si en el resto de los antiguos reinos o en la propia España construida en tiempos de los Reyes Católicos con la unión monárquica de Castilla y Aragón, no se hubieran perdido derechos, que eran más de los poderosos que de los ciudadanos, ejecutado a disidentes, o represaliado a los enemigos de los que mandaban en cada momento. Esos duelos de los que hace alarde la autonomía catalana, han sido muchos y los han sufrido los ciudadanos, y también los señores, de cada rincón de la península

El caso es que en aquel momento casi consiguen que se formaran autonomías de “primera y de segunda”, con diferente nivel de transferencias y asignaciones presupuestarias. Afortunadamente, se pudo abortar esa majadería, se eliminaron las diferencias que marcaban los artículos 143 y 151 y, al final y según la ley, todos los españoles, vivamos donde vivamos y hablemos cualquiera de las lenguas oficiales de España, somos iguales y con los mismos derechos.

Excepto en País Vasco y Navarra, a los que se concedieron privilegios fiscales por razones políticas. Era un momento muy difícil, ¡que poco saben los “jóvenes” lo difícil que era!, y los constituyentes incluyeron esta salvedad, como la posible inclusión de Navarra en el País vasco, para facilitar la transición. Y lo hicieron porque el lendakari vasco fue el único que no quiso aceptar que su comunidad participara en la construcción de la nueva España. Concesión que se puede entender en su contexto, pero que no deja de ser un trato injusto para el resto de las comunidades.

Pues bien, sabiendo lo que debe saber nuestro futuro vicepresidente.

¿Qué autoridad constitucional tiene el Presidente de un gobierno para tomar iniciativas fuera de este marco de actuación? En mi opinión, ninguna

El aceptar reuniones bilaterales al mismo nivel entre Estado y autonomías vulnera la Constitución, y provocaría, sin ninguna duda, que otras comunidades, como la Valenciana, tan maltratada en su financiación, pidiera de inmediato el mismo trato.

La segunda parte de su “enseñar la patita por debajo de la puerta”, y quizás más peligrosa por lo que tiene de interés en desestabilizar, el “divide y vencerás” tradicional de las revoluciones comunistas antes, y tercermundistas ahora, son las últimas manifestaciones del Sr. Iglesias poniendo a la monarquía como ejemplo de corrupción.

El Sr. Iglesias tiene derecho a ser republicano, cómo no (algún día habrá que hablar desapasionadamente de la tan idealizada república), pero no tiene derecho a cuestionar su legitimidad moral, porque nuestra Monarquía Parlamentaria es la forma actual de nuestro Estado. Estado que, por lo que parece, cogobernará.

Y está fórmula la aceptamos democráticamente los españoles porque forma parte de la Constitución, que fue “aprobada por Las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado celebradas el 31 de octubre de 1978, y ratificada por el pueblo español en referéndum de 6 de diciembre de 1978”.

Y digo que tiene el derecho a opinar que España estaría mejor con una República, pero el hecho de formar parte del gobierno de la nación le obliga a respetar y hacer respetar la Constitución, por lo que, mientras ostente el cargo, no cabe este tipo de manifestaciones.

Por cierto: espero del gobierno y del Ministro de Justicia nombrado en su día, actuando como Notario Mayor del Reino, que no permita fórmulas de promesa o juramento que no se ajusten a los términos exigidos para estas circunstancias.

Que este señor es muy capaz de humillarnos con salidas de tono como las que nos tienen acostumbrados otros representantes públicos, porque se lo han permitido, o prometer acceder al cargo “para conseguir que España sea republicana”.

Todo esto se regula en otro artículo que quizás tampoco ha leído el Sr, Iglesias, el 1.1., que dice:

  1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
  • La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
  • La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria

Me temo, Sr. Iglesias, que las monarquías, como cualquier otro sistema de gobierno, ha cometido muchos errores históricos, pero Ud. es comunista, y en el mundo moderno, el de hace relativamente poco tiempo, el comunismo ha causado más muertes y dolor que el resto de todas las ideologías políticas juntas. Más que el paradigma de la maldad, Adolf Hitler.

Y si quiere hacemos números. En un comentario que pasé a mi blog en mayo de 2018, hablando de crímenes contra la humanidad, que son crímenes contra personas con nombres y apellidos, y citando solo las muertes provocadas por las revoluciones comunistas decía:

Ni los muertos en China a causa de las directrices de  Mao Zedong primero, y de las purgas de  la Revolución Cultural. Los que fueron ejecutados por los Guardias Rojos que seguían las directrices de su famoso “libro rojo”, dirigidos por  Jiang King, esposa de Mao. Y estas muertes se estimaron en muchos millones de personas. ¡Muchos millones de personas!

Tampoco se hizo nada para evitar los dos millones de muertos causados por  Pol Pot y sus Jemeres Rojos en Camboya. Muertes, una economía desaparecida, y un patrimonio cultural totalmente destruido.

Ni por los más de 21 millones de ciudadanos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas muertos bajo el mandato de Stalin. Y estos muertos, como todos, tampoco eran héroes. Fueron víctimas.”

Aclaro que cuando digo “tampoco eran héroes” que puede sonar mal fuera del contexto, me refiero a que ninguno de los fallecidos quiso morir. Murieron porque alguien los mató.

Lo siento, Sr. Iglesias, pero veo que el tiempo está demostrando que cada vez tiene menos nivel político y una mayor facilidad de transformismo y acomodo. Me temo que de sus orígenes populares solo le queda el aspecto físico y ese estilo de comunicar tan de asesor de imagen, con un hombro ligeramente avanzado, cejas entre levantadas e inclinadas, y su cara de estar riñendo a los españoles que no pensamos como Ud. Pura casta.

Así que, futuro vicepresidente, mejor no mirar hacia atrás, no sea que nos convirtamos, como la mujer de Lot, en estatuas de sal.  

Y tampoco tengo muy claro cómo funciona su “memoria histórica”, su valoración de hechos que yo he conocido. A Franco y el fascismo hay que mantenerlos vivos. Es más, muy vivos. Pero sobre la historia de ETA y de sus asesinos “hay que pasar página por el bien de la concordia de los españoles”. Yo no les deseo ningún otro mal porque, en su mayoría, han cumplido con una justicia muy garantista y benevolente, pero no quiero mantener ningún tipo de concordia, que según la definición de la RAE significa “conformidad, unión”, con ninguno de ellos, ni con los que les apoyaron, ni siquiera con que miraron para otro lado.

De Rita Barberá dijo en su día que “nos humilla como país”. Sin embargo opina que su futuro presidente, Sr. Sánchez, no ha tenido nada que ver con los ERES, cuando ambos personajes tienen mucho en común con los sucesos que les envolvieron. Seguro que ninguno de los dos se enriqueció, pero ambos se beneficiaron de la corrupción. Rita porque fue la más votada en Valencia, y Sánchez porque es lo que es por los votos andaluces, los votos clientelares.

La diferencia es que Rita, errores políticos al margen, que los tuvo, hizo un gran trabajo como alcaldesa de mi ciudad durante muchos años y murió sola en un hotel de Madrid, y el Sr. Sánchez todavía tiene la cuartilla de sus éxitos políticos en blanco, si no con algún borrón, y ya se pasea muy ufano con su Falcon y sus gafas de sol.

Naturalmente desconozco si los disparates verbales del Sr. Iglesias  tienen la anuencia de su futuro presidente o, como acostumbra, está marcando territorio como lo hacen sus perritos cuando los saca a la calle.