La España descoyuntada. No es otro 15 M, el de los indignados que querían eliminar <a la casta>. Es el renacer del Frente Popular.

En España, desde la transición y hasta hace ocho años, han convivido con cierta normalidad los que creemos en la democracia representativa, nuestra forma de Estado y los que piensan que la democracia asamblearia, la de la calle, es lo que debe controlar la nación.

Un nuevo Frente Popular.

Los primeros votamos y, más o menos, discrepamos sobre la forma de hacer política de cada gobierno, pero respetamos la legalidad de cada resultado. Los segundos también votan, al menos en su gran mayoría, porque necesitan ocupar escaños para conseguir fondos del Estado para sus partidos y para ellos mismos, pero no renuncian a romper las reglas del juego ni una Constitución que no encaja en sus ideologías libertarias.

Son comunistas o <<cuministoides>> enmascarados en otras siglas,  que añoran tiempos pasados que nunca volverán, afortunadamente, porque, parafraseando lo que dijo Winston Churchil en una ocasión y refiriéndose a otro tema, solo pueden traer sangre, sudor y lágrimas. Sangre en el sentido figurado, claro está.

Y luego están los grandes distorsionadores, como son los independentistas catalanes, los proetarras vascos y el muy confuso, muy chantajista, muy convenenciero y muy traidor PNV, un partido que, ellos sí, han vendido su alma como forma de gobierno a cambio de palacetes que no les pertenecían y cosas semejantes.

Porque los demás, por mucho que nos parezcan indeseables para la nación, han mantenido siempre sus líneas programáticas, pero el PNV no. Ni siquiera ha defendido a su electorado natural, la burguesía vasca, como han demostrado diciendo <<sí>> a un Decreto Ley que les perjudicaba claramente.

Y, para nuestro mal, la presencia de Pedro Sánchez, el autarca, el que ha destrozado al PSOE para convertirlo en un partido con eslogan, pero sin ideología, a su imagen y semejanza.

Y, claro, con estos mimbres es imposible que se fabriquen buenos cestos. Y ahí están los resultados: grupos antisistema envalentonados aprovechándose de un hecho dramático, por supuesto, pero en el que nadie es inocente, porque estuvo amparado por las leyes de la nación.

Un caso entre los 272.000 desde que Pedro Sánchez es presidente, elegido por el momento, que, siendo trágico, no es ni mucho menos el más dramático de los acontecidos, algunos de ellos seguidos de suicidios de los afectados. Pero, repito, era un buen caso para los interesados en manipular lo que es en realidad un gravísimo problema, aportando soluciones impracticables y claramente anticonstitucionales.

¿Qué decidirá Pedro Sánchez después de su fin de semana de retiro espiritual? En mi opinión, y en contra de lo que se dice, creo que no convocará elecciones, porque, como siempre ha sucedido, esperará un milagro o un error garrafal de la oposición para convocarlas.

Según el resultado de 2023, la extrema izquierda, los partidos comunistas registrados con diversos nombres, consiguió el 14,55 % de los votos. Porcentaje que, según los últimos sondeos, será bastante menor por la gran caída de Sumar, gracias a la extraordinaria gestión de Yolanda Díaz, que ya descalabró a Podemos, pero eso no es obstáculo para ahuecar sus plumas, tomar las calles y hacer mucho ruido para aparentar que ellos son <<el pueblo>> y los que deben decidir los destinos de la nación.

Como hizo en su día el Frente Popular, aunque sin quemar iglesias ni practicar la violencia física contra las personas, aunque si la intimidación y la violencia verbal, muy al borde de los delitos de odio.

Y, aunque el problema de la vivienda no sea exclusivo del gobierno actual, han tenido ocho años para hacer algo, lo que sea, aparte de prometer la construcción de cientos de miles de viviendas, Pedro Sánchez se las arreglará para intentar dar la vuelta a la tortilla, utilizando a los sindicatos oficiales, encabezados por sus dos grandes asistentes,  el dúo dinámico de tantos años, para conseguir que una supuesta huelga general lo sea ¡¡contra Ayuso y la oposición!

Que cosas más gordas se han visto.

Y mientras la nación sigue desgarrándose por sus costuras y Ceuta lleva camino de convertir en crónico lo que fue un gravísimo problema de invasión territorial,  el presidente nominal de España, nominal porque no gobierna, seguirá durmiendo en ese maravilloso colchón que hizo comprar cuando ocupó la Moncloa.

Valencia, 3 de octubre de 2026

José Luis Martínez Ángel