Acaban de publicar la composición del nuevo gobierno. ¿Alguien entiende a Ciudadanos?

Ayer escuché a Begoña Villacis, de Ciudadanos, insistiendo en que no entrarán en el gobierno, al que van a “fiscalizar” desde fuera.

El mismo Rivera dice que este no es su gobierno, lo que es cierto, y que solo entraría si no estuviera Rajoy. Y yo me pregunto ¿cree sinceramente que llegar a las próximas elecciones sin haberse “mojado” les va a subir el techo electoral? Rajoy no será de su agrado, pero es su presidente de gobierno, tiene a su favor los acuerdos del consejo de Ministros y el BOE, y ha sido mucho más votado que Ud.
Y si lo hace bien será bueno para España y, me consta, que España sí que es su nación.

Lo cierto es que el parlamento me recuerda cada vez a las obras en mi infancia, donde habían cinco albañiles trabajando y cuarenta jubilados aposentados en los alrededores criticando a los sufridos peones, que de vez en cuando, les invitaban a “marcharse con viento freso” o a que les dejaran tranquilos.

Está claro que el PP gobernará en solitario y que PSOE, todos los Podemos más IU, ERC, ECP, CDC, EAJ-PNV y ASG les “fiscalizarán” desde los escaños por razones obvias.

Pero mi gran decepción, esperada, es que también Ciudadanos se apunta al club de los fiscalizadores intentando mantenerse a salvo de los arañazos que provoca formar parte de un gobierno, jugando a aconsejadores, sacudiéndose cada día el polvo de los errores o las medidas impopulares del nuevo gobierno, y anotándose, eso sí, todos los éxitos, porque si el gobierno lo hace bien será, sin duda, por “la presión que ejerce” el partido de los impolutos.

Únanse pues al club de los fiscalizadores, y si cree que van a poder levantar la cabeza por encima de las del resto de la oposición es que les falta experiencia política. El congreso se puede convertir en un auténtico mercado callejero en el que cada portavoz voceará su propia mercancía, y pierdan toda esperanza de que les concedan el menor espacio de protagonismo, porque son más expertos, y porque son “los otros” de verdad.

A Uds., dígan lo que digan, les etiquetarán como marca blanca del PP, y si pretenden anotarse los éxitos del gobierno por “su presión”, imagínense los que se anotarán todos los machos alfa con los que van a compartir bancadas.

Es que, además, no han medido bien sus fuerzas. No solo competirán con el resto de partidos, sino que el supuesto “presionado” es Mariano Rajoy, al que yo daría el título de “señor de los tiempos y de los espacios”, que no jugará a hundirlos, por supuesto que no, pero que tampoco soportará muchas salidas de pata de banco. No lo olviden; el presidente de gobierno actual es la única presa del mundo de las monterías virtuales que si se siente acorralada puede suspender la cacería convocando nuevas elecciones.

No creo que ocurra porque el PP parece que quiere aprovechar esta coyuntura tan especial para conseguir acuerdos sobre grandes temas, y para ello necesitan y les bastaría con el PSOE, y porque el PSOE tiene que ganar tiempo para recuperar su espacio. Pero si se diera el caso, y consigue que los españoles “visualicen” la imposibilidad de seguir adelante por el acoso y derribo de “las oposiciones”, no sé cómo les afectaría a los demás, pero me temo que Uds. pasarían a ser un partido testimonial.

Y, les aseguro, que lo lamentaría mucho, pero se lo están buscando desesperadamente.

Las malditas reválidas.

Ayer escuché a una joven manifestante afirmar en la tele que había que quitar las reválidas porque era una medida franquista y “porque nos llevaba a muchos años atrás cuando los únicos que podían estudiar eran los ricos”.

Opiniones como esta son paradigmas de la mala información que tienen los jóvenes de hoy. Posiblemente el sistema educativo tenga algunas decisiones políticas que favorecen los estudios a “los hijos de los ricos”, muy pocas en la enseñanza primaria y la ESO, pero la reválida, precisamente, no fue una medida especialmente grata para este colectivo más favorecido.

En “aquellos tiempos” la gente se matriculaba en los institutos o, en el caso de los que vivíamos en Bocairent o en zonas rurales, si estudiábamos bachillerato recibíamos clases de los maestros nacionales u otros profesores (a mí me enseñó latín Juan Luna) fuera de horas, y nos cobraban algo por este servicio.

Cuando llegaba la fatídica fecha nos subían al taxi de Tonet o de Fonda y nos llevaban a Alcoi a examinarnos como “libres”.

Mientras, los hijos de familias con más “posibles” estudiaban en colegios particulares, y solían tener mejores notas académicas que nosotros, unos decían que por cierta condescendencia de los profesores y otros porque recibían una enseñanza más completa. Pese a las malas lenguas yo siempre he pensado que la enseñanza de “La Pureza” de Ontinyent, por ejemplo, debía ser muy buena, pero lo cierto es que cuando llegaba la reválida tenían que examinarse en institutos, como nosotros, y siempre habían sorpresas.

Por eso afirmo que las reválidas no favorecían a “los hijos de los ricos”, más bien les obligaba a pasar por el mismo aro que los demás, y ahí no valían coplas.

Así pues, querida estudiante, es cierto que los hijos de los ricos podían estudiar y los de los obreros no, pero la reválida, precisamente, no les daba ninguna ventaja.

El problema no eran las reválidas: Lo injusto es que muchos jóvenes no pudieron estudiar en colegios privados, ni en institutos, ni “por libre”, porque sus familias no tenían ningún poder adquisitivo y necesitaban sus jornales.

Yo creo que es bueno que se mantengan las reválidas siempre que sean adecuadas al fin propuesto, (repasar lo que aprendiste en los años anteriores), que no sean demasiado exigentes y, sobre todo, que no pregunten “chorradas”.

Me alegré cuando supe que el presidente de gobierno ofreció ayer aplazar la obligatoriedad de las reválidas hasta consensuar la educación con los otros partidos, pero no creo que la laxitud en las evaluaciones beneficie a los alumnos.

Si tengo que decidir entre dos posiciones extremas, valoro mucho más el “saber” sin títulos, que tener un título si no se tiene “el conocimiento”.

Y los padres deben pensar muy seriamente cual es la preparación adecuada para que sus hijos puedan abrirse camino en la vida. No les eduquen para el éxito: edúquenles para el fracaso porque todos ellos, incluso los más inteligentes, sufrirán muchas cornadas y tendrán que saber que eso “es lo normal” y que hay que seguir peleando.

Nadie, y cada vez menos, tiene “lo que se merece”.

Premios Princesa de Asturias 2016 – “Esa vida que nos es dada nos es dada vacía”

Otra entrega de premios a los galardonados con los “Princesa de Asturias”, y otra ocasión de recordar que no todo está perdido, que junto a la mediocridad y el ruido atronador de unos pocos, pero muy ruidosos, que están pudriendo a la sociedad con pequeñeces, egoísmos y mezquindades, sigue existiendo otro mundo que vale la pena.

Lo puebla, mayoritariamente, la gente que trabaja cada día o que sufre la frustración de no tener un puesto de trabajo, que se afana, que sufre sus contrariedades y sus carencias, pero que tiene ideales, que lucha por ellos mismos o por los suyos, que no pierden la esperanza.

Y también el mundo de la cultura, de la solidaridad y del esfuerzo, con mayúsculas, que deberíamos reconocer, y que yo reconozco en los galardonados de ayer, muestra de muchos otros más anónimos pero igual de importantes, que dan sentido a la vida y a las emociones, que nos permiten liberar los sentimientos, que dan esperanza.

Richard Ford defendía en su discurso que la literatura, que escribir, no tiene ninguna razón de ser si no era para unir a las personas, para describirnos lo que tenemos en común, para señalarnos los puntos de encuentro, para “expandir lo que nos une”.

Y lo ilustró con muchas citas, entre las que me quedo especialmente con dos: la de Ortega y Gasset y su afirmación de que “esa vida que nos es dada nos es dada vacía y el hombre tiene que írsela llenando, ocupándola”, y el “hoy es siempre todavía” de Antonio Machado, que forma parte de su reflexión “hoy es siempre todavía , toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde

Ambas referencias nos animan a movernos, a tomar decisiones, a llenar nuestra propia vida y a no vivir la de otros, a no practicar la pereza de “lo haré mañana”, o la cobardía de “no correr riesgos”, que equivale a vivir en una continua frustración de no haber hecho o dicho lo que debimos hacer o decir.

Mary Beard, premio de Ciencias Sociales, vitalista hasta el extremo, nos invitó, a conocer la historia, a disfrutarla, y a evitar los errores que ya se cometieron. A no repetirlos. Y lo hizo con ese gesto espontáneo que la que caracteriza, como si fuera una más de la pandilla, como si todo su saber fuera fruto de la casualidad, de ciencia infusa o de una revelación divina.

Gran conocedora y enamorada del Imperio Romano, primer ejemplo de globalización real, y firme defensora de la igualdad de oportunidades y de los derechos de la mujer, comentaba que a ninguna le gustaría trasladarse a los tiempos de Roma, a no ser que tuviera billete de ida y vuelta.

Cuando la escuchaba no podía por menos que pensar en la enorme suerte que tenían sus alumnos de la Universidad de Cambridge.

Y luego lo de Nuria Espert. En su disertación habló del sufrimiento de vivir la vida de otros cuando actúa, porque no son sus personajes. Los considera y trata como personas reales aunque nunca hayan existido.

Declaró su enamoramiento con el teatro, la mayor de sus pasiones, y el profundo dolor que le causa en muchas ocasiones, afirmando que “mi dueño es muy duro; me ha lastimado muchas veces”.

Y de momento el milagro: Nuria Espert desapareció de escena y Lolita la Soltera ocupó el atril para desgarrarse ante nosotros, para morir en vida contándonos las penas, las mentiras y los desengaños que la hizo sufrir un Federico García Lorca implacable y cruel con el personaje.

Y como muestra de su perfecta simbiosis entre lo español, su profunda catalanidad, y la universalidad de su cultura, nos recitó unas frases del Rey Lear, de Shakespeare, que definió como “las últimas palabras cuerdas antes de elegir la locura como única posibilidad de soportar el dolor”. Y lo hizo, emocionada, en catalán. Su lengua madre

También recuerdo a todos los demás, que todos son ejemplares y ejemplo de solidaridad, de esfuerzo, de tesón, de pasión por la ciencia.

Pero hoy no quiero distraerme con sus grandes logros. Son una evidencia de lo que “es”. De lo que muchas personas han conseguido viviendo sus propias vidas y corriendo sus propios riesgos.

Tampoco quiero comentar las palabras de nuestro Rey, sensatas y sentidas como siempre, porque quiero evitar cualquier interpretación política a estas reflexiones, aunque es justo decir que la unión y la solidaridad que reclamó en su discurso no admiten ningún tipo de matiz ni de manipulación.

Prefiero quedarme en mi butaca arrebujado por las palabras escuchadas, las que dan calor al alma y hacen aflorar los sentimientos, pensando en lo “puede ser”. En lo que “debería ser”. En que hay un mundo mejor que apenas hemos descubierto ni hemos explorado como se merece. No tenemos tiempo para ello.

Convencido, una vez más, de que solo la cultura real, que no el adoctrinamiento, puede ser el sustrato que nos permitiría sacar los pies de los lodos que amenazan nuestro “cada día”.

Y decido escribir estos pensamientos antes de que se enfríen las sensaciones y el próximo telediario me devuelva a la realidad, o antes de que me de pereza hacerlo.

La derecha, la izquierda, y la “izquierda progresista”

El otro día, en una tertulia de amigos, apareció una de la frases de moda, “la izquierda progresista”, que manejan habitualmente los líderes del PSOE, de Izquierda Unida, de Podemos, y de agrupaciones tan singulares como la CUP, BNG, En Marea, y otros.

Discutía, solo ante el peligro, que al día de hoy el término “izquierda” no tiene connotaciones claras ni puede agrupar a los partidos actuales, porque perdió parte de su razón de ser cuando desaparecieron las luchas de clases y las reivindicaciones obreras.

En la actualidad, en una sociedad regida por los mercados y por poderes supranacionales, las deficiencias sociales o la macroeconomía solo se pueden defender desde estrategias y alianzas mucho más poderosas que las tradicionales. Y en nuestro caso, la única posibilidad de sobrevivir, como país pequeño que somos, es formar parte de la Unión Europea.

No quiere esto decir que “las izquierdas” hayan perdido toda su vigencia, porque siguen habiendo temas “menores”, domésticos, dicho sea con todo respeto, en los que pueden y deben intervenir. Pero estamos hablando de pequeñas agrupaciones contra fuerzas muy poderosas, que solo pueden actuar influyendo en los gobiernos de cada país que, a su vez, tratarán de influir entre sus aliados. En estos tiempos David no hubiera tenido ninguna posibilidad de vencer a Goliat, porque los “Goliat” actuales son tan altos, que su frente está muy fuera del alcance de la honda del pastor.

Sin embargo el término se mantiene artificialmente para aparentar que existe algo en común entre partidos como los que he mencionado, cuando la propia Comunidad Europea está marcando la ruta a seguir y los políticos representantes de los países han acabado configurando dos grandes bloques: el compuesto por conservadores y socialdemócratas, que actúan conjuntamente en casi todas las ocasiones, y “el resto”, partidos revolucionarios, populistas, nacionalistas y, en ocasiones, antieuropeistas.

Por lo que sé, el origen de los términos “izquierda” y “derecha” fue puramente casual y se remonta al Siglo XVIII, durante los tiempos de Asamblea Constituyente en la Francia revolucionaria, en la que habían dos bandos significativos, ambos compuestos mayoritariamente por militares y funcionarios, que eran los que tenían influencia en la política.

Los Girondinos, que querían restaurar la monarquía y los valores tradicionales, y sus oponentes, los Jacobinos, revolucionarios republicanos, que tenían como lema “libertad, igualdad y fraternidad”.

Y, como suele ocurrir, había un tercer grupo moderado, menos numeroso y más imparcial, que se denominó “les Monarchiens”, que defendía la continuidad de la monarquía, pero modernizándola según el modelo inglés, en con un sistema bicameral.
En aquella ocasión, los Girondinos estaban sentados a la derecha de la presidencia, los Jacobinos a la izquierda, y los monárquicos en el centro.

A partir de entonces se aceptó que la izquierda es “ una de las dos tendencias ideológicas (la otra es su oponente la derecha) más populares del mundo. La izquierda propone entre sus máximas fundamentales el cambio en materia de estructura social y económica, para así lograr la igualdad social, y oponiéndose como consecuencia a la propuesta conservadora, bastante alejada del cambio, sostenida por la derecha política (sic)”.

Pero, como decía, los tiempos avanzaron y la evolución de la sociedad forzó a que los grandes partidos, sustentados por ideologías muy firmes fuente de inspiración de sus programas electorales, variaran sus posicionamientos.

Y, muy recientemente, este hecho ha coincidido en España con la aparición de nuevos partidos de cualquier tendencia, que han justificado su presencia diciendo que los “tradicionales” habían dejado huecos en la ideología y en la gestión pública que había que rellenar.

Con todos estos antecedentes ¿Qué son y que posicionamiento tienen en la actualidad la derecha y la izquierda españolas?.

La derecha, representada por el PP es, fundamentalmente, la heredera de dos grandes partidos: Alianza Popular, que agrupaba a un gran abanico de tendencias de lo que se podía llamar la derecha más montaraz, desde antiguos franquistas convertidos a la democracia, falangistas, nacionalsindicalistas y otros, y de UCD, que aglutinaba familias liberales, democratacristianas y socialdemócratas moderados.

El tiempo, y la evidencia de que el PP no seguía las pautas del antiguo régimen, hizo que una parte de sus militantes y/o votantes de lo que se podía considerar “extrema derecha” dejara el partido, y que otro grupo, menos extremista pero especialmente irritado por la actitud del PP al final del terrorismo de ETA, abandonaran el PP y fundaran VOX, partido no ha conseguido abrirse camino en elecciones generales.

Por todas estas razones, los afiliados y simpatizantes del actual Partido Popular integran un abanico de sensibilidades que engloba lo que se puede considerar derecha democrática y socialdemocracia del sector más moderado, o “de derechas”.

Sus mayores virtudes: haber conseguido formar un bloque cerrado, compacto, que defiende los valores tradicionales del estado español, con una sola voz y un mensaje claro en todo el territorio nacional.

Su gran defecto: La corrupción y la malversación de fondos de parte de su cúpula, fruto del exceso de tiempo de permanencia en los cargos, y de la falta de controles y de vigilancia del propio partido sobre sus dirigentes.

¿Y la izquierda?:

Continuando con su eficaz manejo de los conceptos y la semántica, y viendo que el término “izquierda” no podía agrupar a partidos tan diferentes en sus planteamientos y sus políticas como el PSOE o Izquierda Unida, por ejemplo, se inventaron la “izquierda progresista”, puro eslogan sin contenido, porque solo se soporta en dos “sub eslóganes”: “El cambio”, y el “no” a la política del PP, especialmente representada por la persona de Mariano Rajoy.

¿Cuál es el cambio que proponen? Escuchando a los protagonistas de estas iniciativas, solo aprecio dos propuestas:

1.- La referida a la forma de gobernar y a las personas que han compuesto los gobiernos, a los que algún emergente, como Podemos, han llamado “la casta”, concepto que no puede ser compartido por el PSOE porque es un partido tradicional, de gobierno.

Si que lo pueden esgrimir los partidos que nunca han gobernado, Podemos, IU, Esquerra Republicana y todos los demás, pero no lo han hecho, excepto Podemos que acaba de nacer, porque nunca les han votado de forma significativa. Porque estos partidos nunca han conseguido merecer la confianza mayoritaria de los españoles. Más bien han ido menguado o aliándose con terceros para no desaparecer, como es el caso de la misma Izquierda Unida, última mutación del Partido Comunista que, desaparecida la figura de Santiago Carrillo, su gran líder, no ha encontrado un nuevo rumbo y ha estado brujuleando durante bastantes años, hasta su práctica desaparición absorbido por Podemos.

Algunos de los “pequeños”, como Esquerra Republicana, por ejemplo, han tenido un importante rebrote como consecuencia de la marejada política de Cataluña, provocada por Convergencia y los Pujol para distraer sus vergüenzas bajo el manto de la independencia, pero nunca alcanzaron, ni alcanzarán, una posición relevante en el estado español.

Si al hablar “del cambio” se refieren a la visión y modelo de estado y tenemos en cuenta que España es una nación moderna, integrada en la Comunidad Europea, ¿Qué tienen en común los programas del PSOE y los de Podemos, EU, o los independentistas? Puede haber una mínima coincidencia en temas sociales, pero difieren radicalmente en todo lo demás. Si comparamos programas y líneas maestras de todos ellos, nos encontraremos con que, al día de hoy, son mucho más parecidos los objetivos del PP y del PSOE que los de la mayoría de partidos “de izquierdas” con los del PSOE, o entre cada uno de ellos.

2.- El “no” a Rajoy y al PP no es más que un banderín de enganche, un mínimo común denominador para llenar calles, manifestaciones y pancartas en un mensaje populista, y para calentar a los frentes “ultra” de cada partido, pero sin ningún fundamento político.

Nadie en su sano juicio puede pensar que el PP es un partido equivocado al 100%, ni que todos sus dirigentes, respaldados por muchos millones de votantes, sean unos corruptos incorregibles. Con el añadido de que tanto el presidente del gobierno como sus ministros tienen mucho predicamento y son escuchados en la Comunidad Europea.

En cuanto a sus políticas en la última legislatura, algunas muy duras, los dirigentes de otros partidos, digan lo que digan, saben que se han debido, sobre todo, a las exigencias de la situación provocada por la crisis y los “deberes” impuestos por la Unión Europea. De hecho fue Zapatero el primero que tuvo que mover ficha por estas mismas razones.

Se trata, pues, de un argumento puramente temporal porque, en mi opinión, Rajoy se retirará de la política activa en cuando dejen de pedírselo y/o cuando considere que su papel de “encauzador” de las desviaciones actuales ya no es necesario. Llegado ese momento cederá el liderazgo del partido a alguno de los “capaces” que han ido creciendo políticamente en el PP, relativamente jóvenes, con buena imagen interior y exterior, y con capacidad para dialogar con otros partidos.

En este comentario no puedo opinar sobre las razones por las que el PSOE interrumpió hace años esa evolución tranquila, después de otra refundación, que permitió refrescar ideas y poner en valor a personas. Simplemente ni lo sé ni lo entiendo.

Decía que el “no” a Rajoy tiene fecha de caducidad y, cuando suceda, muchos de los partidos de la “izquierda progresista” actual, se quedarán sin escalera y agarrados a la brocha. Cuanto más tarden en comprender que las reglas del juego ya no son lo que eran y que los problemas de la sociedad actual no son los que justificaron el nacimiento de los sindicatos y de los partidos obreristas, más fácil es que desaparezcan. Y alguno de ellos son muy necesarios.

El único que nació fruto de la actualidad es Podemos, pero opino que también tendrá una corta vida si disminuyen las desigualdades y mejora el estado de bienestar, tan maltratado actualmente, porque el crecimiento de este partido, en mi opinión, es más fruto del malestar generalizado que de la confianza de los votantes en sus soluciones, poco claras y “antiguas”.

Creo que Podemos acertó en el diagnóstico y en la forma de canalizar el malestar existente, pero, como digo, sus soluciones, basadas en el aumento del gasto público no parecen las más adecuadas en este momento. Esas eran las propuestas de IU, y nadie las compró.

¿Y Ciudadanos? Una incógnita. Si siguen en la línea de predicar desde el púlpito y aconsejar desde la orilla no le auguro mucho porvenir. A la gente le gusta que los partidos “se mojen” tomando decisiones, aunque cometan algún que otro error. Y el papel de “bisagra” también tiene fecha de caducidad. No está muy bien visto en España, denota una cierta cobardía política, y puede pasarles factura. Sería una lástima.

Militantes versus votantes, la democracia asamblearia como alternativa a la representativa, y los populismos

Es un hecho incuestionable que  el éxito electoral de los partidos no depende de sus afiliados, sino de sus votantes. Los afiliados, eso sí, sirven para animar, apoyar y realzar las virtudes de su partido, y para arropara a sus líderes cuando tratan de captar el mayor número de simpatizantes para que les den su apoyo en las elecciones.

Sin embargo, por un error de estrategias, se cambiaron los roles y alguien decidió que los afiliados debían de tener más protagonismo en los partidos, hasta el punto de que debían elegir a sus líderes. Era más democrático.

Y como hay que ser “más que el que más” y ponerse al frente de la manifestación, algunos partidos tradicionales, el PSOE uno de ellos, decidió implantar “las primarias”, modalidad de votación por la que los afiliados eligen directamente a su Secretario General.

Es decir, han cambiado el sistema representativo, en el que los delegados tomaban las decisiones, por otro asambleario, alegando que esta medida mejora la democracia interna.

Y, tomada la medida, insisten en que esta fórmula pase a ser obligatoria, por ley,  para todos los partidos.

En primer lugar, no juguemos con las palabras. El sistema representativo es tan democrático como cualquier otro. Cuando un grupo de personas eligen a alguien para que los represente ante terceros lo hacen en pleno ejercicio de su libertad y no están condicionados por nada ni por nadie, o al menos no están más condicionados que cuando ejercen el voto en unas primarias.

¿Cuál es la ventaja? En pura lógica, se supone que los votantes delegados, los representantes, están más “enterados” de los temas puestos en cuestión, están al tanto de los estatutos y los reglamentos del partido, y conocen más  a las personas a los que elegir que cada uno de los casos. En definitiva: Conocen mejor el alcance de las decisiones y los pros y los contras de cada alternativa.

La democracia asamblearia, por definición, es mucho más emocional, en ocasiones visceral, con el peligro de que a la hora de emitir votos y opiniones lo hagan más condicionados por las circunstancias del momento, por el carisma de los líderes, o por los “consejos” de terceras personas que en círculos cerrados puede actuar como animadores de la opinión.

Tendremos que reconocer que las bases, la masa social, es mucho más influenciable que los representantes y corre el riego de que reaccione por estímulos en lugar de hacerlo por razones.

Los políticos se cansan de decir que no hay que dictar leyes como respuesta a hechos concretos (asesinatos, violaciones, raptos de niños, etc.). “No hay que legislar en caliente”, dicen, y tienen razón, pero, curiosamente, cada vez quieren mantener más calientes, casi en ebullición, a sus bases para moverlas según convenga.

Y ahí aparece la contradicción: un afiliado tipo “culligan” seguirá mejor a su líder, hará más ruido, pero asustará a los simpatizantes, menos mediatizados, poniendo en peligro los graneros de votos.

Los partidos de amplio espectro tienen muchos más votantes que militantes. Los más ideologizados tienen pocos votantes fuera de sus militantes, y a otros, los más radicales, solo les votan sus militantes.

En términos matemáticos podríamos establecer que el número de votante de un partido es inversamente proporcional a la radicalidad de sus afiliados. Casi un axioma.

Pero nos hemos establecido en el terreno del “cortoplacismo” y me temo que no van a rectificar. Seguramente pensarán que si alcanzan el poder tendrán tiempo de “arreglar las cosas” poniéndolas en su sitio, olvidando que es mucho más fácil provocar la exaltación que conseguir la vuelta a la sensatez.

Este es uno de los males de occidente: como tenemos bienestar, con muchas limitaciones, por supuesto, hay que ofrecer lo imposible para ser “diferente”. Pero una cosa es perseguir la utopía y otra muy distinta es engañar deliberadamente con promesas que saben que no pueden cumplir.

A eso se le llama populismo, y no es más que una consecuencia lógica de la falta de rigor de los que gobiernan, por no ser capaces de combatirla. Más bien se asustan y trata de imitar algunos de sus planteamientos, olvidando algo que es esencial: claridad en los planteamientos  y, sobre todo, pedagogía política de los gobiernos y las oposiciones de los países ricos cuando tienen que afrontar malas situaciones.

Una crisis, por ejemplo.

Y a los ciudadanos, cada vez más, nos están llevando a un camino de difícil retorno cuando hacemos caso de las promesas sin preguntar cómo van a cumplirlas, o el entorno en el que nos movemos: La Comunidad Europea, a la que hemos delegado una buena parte de nuestra soberanía.

Naturalmente estas reflexiones no tienen más peso ni más valiez que la de ser titular de un D.N.I. español, como lo son los militantes o simpatizantes de todos los partidos a los que siempre respeto y respetaré el sentido de su voto. En mi caso soy un «no afiliado», nunca lo he sido, aunque, como es natural, tengo mis ideas políticas o, por decirlo mejor, un ideal de modelo de estado y de convivencia participativa que se aproximaría mucho más al nuestro si cambiaral la ley electoral, para mi fuente de todos los males, y se reorganizaran la educación y la justicia.

Las cosas de Ciudadanos

Siento ser pesado y severo juzgando “las cosas” de Ciudadanos, pero sigo pensando que es un partido válido y me duele que toreen de salón, con muy buenas formas y excelentes palabras, pero sin riesgos ni compromisos. Esta actitud de “nosotros somos los puros”, entre otras cosas, acabó con UPyD y puede acabar con ellos.

¿Modificamos la ley electoral?

La misma noche de las últimas elecciones Albert Rivera cometió el desliz de declarar que había que cambiar la ley electoral e ir a “un hombre un voto”, teniendo a España como “distrito único”, porque entendió que el sistema actual les había perjudicado.

Perfecto. ¿Qué modelo elegimos?.

elecciones

En el ejemplo de esta tabla, votos y escaños de las últimas elecciones generales, no aplico ningún tipo de filtro ni de proporcionalidad por población de provincias o comunidades, y considero “distrito único” a todo el territorio español.

Es cierto que Ciudadanos hubieran conseguido 45 diputados, 13 más que con el sistema actual, pero a cambio de una mayor fragmentación del Congreso, ya de por sí bastante disperso. Se puede apreciar que en este supuesto hubieran entrado cinco partidos que se han quedado fuera, uno de ellos, el Partido Animalista – PACMA, con 4 escaños.

¿Es eso lo más conveniente?.

Creo que no. Si queremos aproximarnos a los modelos democráticos más avanzados, en todo ellos se establece algún factor de corrección para facilitar las mayorías y evitar un exceso de partidos en las cámaras. Algunos muy directos, como el anglosajón, donde el partido más votado en cada distrito electoral de Gran Bretaña, o en un estado de los EEUU, se lleva la totalidad de los escaños correspondientes a cada distrito o a cada estado.

O el francés, con una segunda vuelta que permite evitar situaciones de desgobierno.

Pero no necesitamos irnos tan lejos. En una comunidad española, el país vasco, tenemos un ejemplo intermedio que es muy práctico y de total actualidad. En las últimas votaciones, las del 25 de este mismo mes, el PNV ha obtenido 29 de los 75 escaños disputados. A 9 de la mayoría absoluta establecida en 38.

Según su estatuto, si en la primera votación no se consigue esta mayoría, se procederá a una segunda, en la que solo se puede votar “sí” o “abstención”. Quiere ello decir que, al no existir la votación en contra, el “no”, el PNV ya tiene asegurada la mayoría suficiente para formar gobierno.

Otra cosa es que necesite pactar programas o acuerdos puntuales con terceros, porque para sacar adelante los presupuestos o las leyes le seguirán faltando 9 votos, pero el sistema garantiza la fluidez del proceso e imposibilita bloqueos al ganador de las elecciones por pactos entre partidos con menor representación.

Sr. Rivera: Cambiar la ley electoral sí, imprescindible y urgente, pero para acercarnos a los modelos más consolidados, en los que no se puede dar una situación de bloqueo tan absurda como la que sufrimos en la actualidad. Exactamente lo contrario de su propuesta.

También han pedido al PP que Rita Barberá abandone su escaño del Senado, y que se retire el aforamiento para congresistas y senadores. ¿Es pertinente?

En España, y en el resto de los países democráticos, el escaño es propiedad del elegido y no del partido, pero hay una gran diferencia.

En el sistema británico, por ejemplo, los elegidos lo han sido en sus distritos electorales, dando la cara ante sus electores y con obligación de rendirles cuentas de forma individual periódicamente. Son perfectamente conocidos por los que le han elegido y tienen la obligación inexcusable de representar a sus electores, de ser sus “representantes” en el estricto sentido de la palabra.

Esta es la razón por la que, en algunas ocasiones, algunos congresistas votan en contra de una propuesta de su propio partido: todos ellos son un bloque en temas de interés nacional y general, pero en propuesta de menor rango, lo que beneficia a los londinenses puede perjudicar a los de Oxford, por ejemplo. Si se da el caso, los parlamentarios de esta última ciudad se ven en la obligación de dar la cara por su distrito para evitar que les corran a gorrazos.

Aquí, que somos tas listos, lo interpretamos como “rebeliones en las filas de..”, incluso en crónicas de renombrados periodistas.

En España ocurre todo lo contrario. Los congresistas han formado parte de una lista cerrada y confeccionada por cada partido, la mayoría son unos perfectos desconocidos para sus votantes, y no tienen ninguna obligación de atender a sus electores, entre otras cosas porque no se ha elegido a “cada uno”, sino a todos, en bloque.

Esta circunstancia hace que la propiedad del escaño en el modelo anglosajón sea mucho más “legítima” que en España, porque cada congresista ha conseguido un escaño para el partido, en lugar de ser el partido el que ha conseguido el escaño para el congresista.

En cuanto a los aforamientos, me basta con un párrafo corto:

Elimínense, porque no tienen ninguna razón de ser y no existen en los países más avanzados. Y, aunque sea una faceta desconocida para el gran público, esta medida no perjudicaría a los propios aforados porque, si bien es cierto que el aforamiento dificulta y ralentiza los trámites judiciales, no es menos cierto que a la hora de presentarse ante un juez no hay diferencias legales porque la ley es la misma para todos, y que en las sentencias del Supremo no cabe apelación, como sí ocurre en los tribunales ordinarios.

Volviendo a tema de Ciudadanos:

Insisto en que si se empeñan en dictar doctrina desde el púlpito sin bajar a la arena del gobierno, seguirán apareciendo como una opción sin fundamento, aleccionadores sin compromiso, que aconsejan generalidades o concreciones muy obvias sin arriesgarse a las consecuencias de los errores, las circunstancias, o los condicionantes de las tomas de decisiones cuando se tiene la responsabilidad de gobernar.

No dejarán de aparecer como un partido “Pepito Grillo” o “mossen feu”, apodo que le dábamos cuando yo era niño a un señor muy beato (de ahí el “mossen”, sacerdote o eclesiástico en castellano) que se pasaba el día diciendo lo que debían hacer los demás, pero al que no le conocíamos ni esfuerzo físico ni riesgo moral. “Teniu que fer… (teneís que hacer)”

Es como si los vigilantes de la playa se dedicaran a dar consejos a distancia a los que se están ahogando, o a dar instrucciones al resto de bañistas para que vayan a salvarles y como hacerlo correctamente, sin bajarse de la plataforma.

La solución es exigir que funcionen las leyes y los controles oficiales establecidos, no crear partidos para controlar (eso se hace desde la oposición, y solo tiene valor real si los partidos oponentes tienen opciones de gobierno), ni más controles, ni comisiones u otras formas de sacar redito político “gratuito” de los errores o los desmanes de los controlados.

Una nota al pie fuera de contexto:

El PSOE está pasando una crisis muy importante que no se debe a los hechos ocurridos en los últimos años. Hace muchas temporadas que está a punto de “bajar a segunda”, si aplico un símil futbolístico, y siempre se ha librado por los pelos, en una deriva continuada de pérdida de votos y simpatías. Tengo la absoluta seguridad de que esta situación les obligará a una reflexión seria sobre los “porqués”, (las causas-raíz), los “cómo”, (que hacer) y los “cuando”, (en que plazos y con que estrategias), y que el partido saldrá fortalecido, como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

Mis mejores deseos, porque es un partido fundamental, imprescindible para España, unas veces desde el gobierno y otras desde la oposición.

Suerte y buen juicio.

Ciudadanos – Negociación o chantaje

Leo en Las provincias del domingo 31 de julio una frase de Alberto Asensi en la que sostiene que el PP tiene la obligación de conseguir la abstención del PSOE, y que exigir a Ciudadanos que les apoye es una forma de eludir “esa obligación”.

Tengo que manifestar mi extrañeza por esta opinión y desconozco que hay detrás del comentario. Todo mi respeto para Aberto Asensí, pero suele lanzar frases más dignas de un filósofo que de un periodista que, en ocasiones, resultan difíciles de entender. No es este el caso porque, por lo que dice, el PSOE debe abstenerse y Ciudadanos hacer lo que quiera. ¿No es eso?

Si es una opinión política y la interpreto adecuadamente, no la comparto: Ciudadanos debe apoyar al gobierno y PSOE, en beneficio del país, haría bien en abstenerse. Ambos con condiciones pactadas, por supuesto.

Y es que Ciudadanos está haciendo un papelón realmente incomprensible y alguien debería hacer ver a su líder, su ejecutiva y/o sus famosos y misteriosos patrocinadores, que a estas alturas de la película y tal como está España, Europa y el mundo en general, es hora de que abandonen la pubertad y hagan lo que tienen que hacer: Entrar en el gobierno y ayudar a rectificar errores “desde dentro” y mojándose. ¿O pretende seguir como hasta ahora “influyendo” desde fuera, sin comprometerse y manteniendo su ropa limpia, a salvo de los barros del día a día? ¿De qué extraña legitimidad se ha imbuido para decir las cosas que dicen teniendo en cuenta su representación parlamentaria?

Si no quieren apoyar al PP están en su derecho, pero no tienen ninguna legitimidad para decir que para hacerlo tiene que irse Rajoy. Ciudadanos está llegando demasiado lejos y, en mi opinión, están pasando de la negociación, que sería sobre políticas o puntos programáticos, a la del puro chantaje cuando exigen a otro partido que, como premisa, cambie a su líder.

Me temo que si siguen así tienen un provenir menguante y un final anunciado, como le ocurrió a UPyD aunque fuera por otros motivos. Solo tienen en común la prepotencia del líder.

En cuanto a Alberto Asensi, le recomiendo que lea las “salas de máquinas” de su director, Julián Quirós, o le escuche cuando participe en alguna tertulia, porque es un ejemplo a seguir en cuanto a estilo y pragmatismo en las exposiciones.
Estarás de acuerdo o no con lo que dice, yo lo estoy en gran medida, pero habla y escribe en un castellano directo y sin concesiones a la grandilocuencia. Si quiere decir “blanco” no dice “ese color acromático, de claridad máxima y de oscuridad nula”. Dice blanco.

Dicho sea con todo cariño y con gran desilusión, porque Ciudadanos es un partido que me había interesado muy especialmente.

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Este comentario se ha mandado como «carta al director» al diario Las Provincias. Dado que me «meto» con Alberto Asensi, me temo que no se publicará.

Misiones y funciones de los 350 diputados

Año 1977. Se ha terminado la transición y se convocan las primeras elecciones generales para elegir a nuestros representantes en cortes. También a los senadores, pero como han cambiado las reglas porque una parte de los nominados lo eran era por designación directa y no tengo muy claro cuales eran sus funciones entonces, como tampoco estoy totalmente seguro de las que tienen ahora, me ceñiré a las elecciones para diputados en cortes: los congresistas.

Era una época de semi desarrollo, con desplazamientos por carretera que sonarían a ficción en la actualidad. Disponíamos de teléfonos fijos y disfrutábamos de tiempos de espera en las conferencias interprovinciales en parte del territorio nacional. La base de las comunicaciones documentales eran correos y telégrafos, se usaban los teletipos, y no habían aparecido los primeros PC’s.

Todo se tramitaba sobre papel, con escritura manuscrita o usando máquinas de escribir mecánicas con papel carbón para conseguir copias.

Estaba todo por hacer, y todo se hizo. Y se hacía desde el estado, porque no existía la gestión de las autonomías. Es cierto que ahora hay una tarea más, Europa, pero de eso se encargan los 54 electos en 2014.

Se eligieron 350 congresistas

Hemos superado con mucho el siglo de las luces y estamos muy avanzados en el mundo de las tecnologías, de lo digital, de las super comunicaciones, de acceder a las bases de datos de la información, toda la información necesaria, en segundos, de escribir en PC’s o teléfonos móviles utilizado teclados o la voz. La gran cantidad de aeropuertos, ¡cuantos aeropuertos!, los “AVES”, las autopistas y las autovías han acortado las distancias que, por otra parte, no haría falta recorrer en la mayoría de las ocasiones porque existen las videoconferencias, bidireccionales o múltiples, desde cualquier terminal y hacia cualquier terminal.

Se supone que parte de la gestión está transferida, por lo que una parte de la tramitación de leyes no se gestiona desde el parlamento español.

Estamos en julio de 2016 y llevamos dos elecciones eligiendo a 350 congresistas.

¿Uds. lo entienden? Yo, desde luego, no. ¿Dónde está la mejora de productividad basada en los nuevos recursos que ha conseguido la empresa privada? ¿A que dedican el tiempo libre, tanto tiempo libre, nuestras muy respetables señorías?

Yo se lo diré: A mirarse el ombligo, a discutir si son galgos o podencos, a diseñar estrategias super elaboradas destinadas a afianzar los puestos de sus promotores, en primer lugar, de sus partidos, en segundo, y de España si sobra alguna migaja.

¿Por qué no les mandan un mensaje cada mañana a sus muy sofisticados terminales con las palabras “Europa”, “brexit”, “oriente medio”, “Turquía”, “unidad nacional”, “amenaza terrorista”, “desempleo”, “diferencias sociales”, “marginalidad”..? Podíamos añadir alguna más, pero si ponemos muchas es posible que les duela la cabeza. ¡Demasiado en que pensar!.

Ellos no están “para esto”. Están para ver quien es más guapo y más listo, y como hacer que todos nosotros reparemos en ello. ¿Han visto la cara de aburridos que ponen en el parlamento? ¡El país, los ciudadanos, “¡Ah!. Te refieres a “esos” que vemos deambular por las calles cuando circulo en mi coche oficial o en el taxi! ¡Esos a los que damos la mano y entregamos folletos en época electoral! ¡Claro que los tenemos en cuenta! Necesitan orientación, y nosotros se la damos. ¿Cómo sabrían que hacer si no fueran por nosotros?

Reconozco que me estoy pasando tres pueblos, pero ¡denles tiempo!

100 parlamentarios, como máximo, y a resolver problemas en lugar de crearlos para luego presumir de que los “han solucionado”.

Mi abuela María solía decir que el diablo, cuando no tiene que hacer, mata moscas con el rabo. ¡Estos acabarán con todas las moscas de España! Posiblemente sea su única utilidad.

Un valenciano castizo les mandaría a “fer la mà”, pero yo soy más fino y no les mando tan lejos. Solo les pido que recapaciten y trabajen por el bien común, si les queda algo de luz sobre la razón de ser de sus cargos.

Aunque, por otro lado, he estado revisando el título III de la Constitución Española y no veo ningún detalle sobre lo que deben hacer los diputados. Sí que habla de la misión de las cortes generales, pero cuando individualiza en la figura de los congresistas solo cita emolumentos, derechos y garantías. Es posible que en algún párrafo diga que “los congresistas pondrán todo su empeño en fomentar leyes justas, en defender los derechos de los españoles , en garantizar su bienestar y en mejorar ..”, o cosas similares, pero yo no lo he encontrado.

¡A ver si va a resultar que no tienen ninguna obligación con nosotros, sus electores y nos quejamos de vicio!

Las ocurrencias, las irregularidades, y los filos de las navajas

Leo en Las Provincias que “Los funcionarios de la Generalitat podrán trabajar desde casa en un mes“, y añade “..En el norte de Europa es una práctica absolutamente normalizada y los expertos dicen que genera mayor felicidad en los trabajadores que ya se benefician de este método”. No quiero entrar en disquisiciones sobre los hábitos y los compromisos de los nórdicos comparados con los españoles, pero no puedo por menos que plantearme algunas preguntas:

Relacionadas con el coste/beneficio de la operación: ¿Se van a retirar y vender las mesas y los equipamientos de los funcionarios beneficiarios de la medida? ¿Se van a cerrar oficinas por desuso de las instalaciones? Uno de los equipos fundamentales son los ordenadores: ¿se van a llevar a su casa los PCS de “sobremesa” propiedad de la administración, o se van a adquirir portátiles para la ocasión? ¿Qué programas se van a “carga” en cada ordenador, quien lo hará y quien los mantendrá?

Como lo lógico es que trabajen conectados a sus centros de trabajo por internet, y muchos de ellos actuarán como terminales remotos (“escritorio remoto” o similares): ¿qué tipo de conexión tendrán? ¿No resultará mucho más caro contratar “ADSL’s” separados que el uso de la red actual de la Generalitat? ¿No serán más lentas las comunicaciones, y por tanto más improductivas las horas del funcionario?

¿Quién controlará la productividad del funcionario? Porque si es por “horas de conexión” estamos listos. En las oficinas hay un control presencial que obliga a que cada uno esté en su puesto de trabajo y unos jefes que, se supone, comprueban que no están leyendo el periódico o conectados a Internet realizando búsquedas innecesarias.

En cuando a la seguridad en la información: estos funcionarios ¿van a tener acceso a datos confidenciales de la administración o de los administrados desde sus domicilios? Todos sabemos lo que es un PC doméstico: ¿Cómo van a evitar que familiares o amigos de los funcionarios accedan al ordenado cuando está conectado? Se usarán contraseñas, por supuesto, pero ¿se apagarán y desconectarán continuamente, cuando el funcionario vaya al servicio, por ejemplo? En un país de filtraciones es una medida sumamente peligrosa.

Relacionados con la atención y dedicación necesarias: no digo que el funcionario infiel acabe “teletrabajando” desde el Corte Ingles, o un supermercado, por ejemplo, pero un funcionario padre o madre con hijos en casa, ¿podrá evitar vigilar al hijo mientras trabaja? ¿Dejará de recibir o realizar llamadas desde su teléfono privado? ¿No tendrá visitas? Todos los que hemos tenido que ver con el mundo de la empresa sabemos que el trabajo tiene inercias al empezar la jornada, (se es productivo al 100% después de los saludos, de los comentarios de rigor y del acomodo en tu puesto de trabajo), y al terminarlas (relajación inevitable conforme se acerca la hora de salida). ¿Cómo se podrá evitar que el funcionario tenga una televisión junto a su PC y “comparta” el trabajo con el ocio?

Si construimos un gráfico de “espina de pez” para relacionar los inconvenientes por área de dificultad, serían muchas más las cuestiones a discutir, y ¡ya me gustaría estar presente en una reunión en lEspina de pez copiaa que se discutan las soluciones y se minimicen los riesgos de la medida! Sería muy interesante y enriquecedor para cualquier amante de la mejora en los procesos de trabajo.

Mi siguiente pregunta está relacionada con quienes serán los “beneficiados” del plan: se dice que los que no tengan atención directa al público, pero ¿quién decide “que puesto ocupa cada cual”? Porque me figuro que habrán tortas y codazos para beneficiarse de esta oportunidad. ¿Se establecerán prioridades en función de situaciones familiares, antigüedad u otras similares? Por supuesto parto de la bondad y claridad de las decisiones, y descarto cualquier intención de clientelismo. ¡Como voy a suponerlo!.

Y me preocupa, como no, que “La Conselleria de Justicia, de la que depende función pública, y los principales sindicatos, ya han cerrado un acuerdo para que el personal administrativo pueda desempeñar sus labores desde un ordenador de casa”. ¿Cómo puedo acceder a ese convenio, por favor? Espero que no se trate de otro deslizarse por el filo de la navaja, como cuando descubrí, con motivo de una huelga y según las declaraciones del Rector Morcillo, que la Universidad y los Sindicatos tenían un acuerdo por el que el Rectorado no controlaba la asistencia de los docentes. (Carta al director publicada el 29 de mayo de 2013).

No vale la pena subrayar el hecho de que trabajar en centros oficiales de la comunidad no supone desplazamientos excesivos, ni solemos sufrir grandes nevadas ni otros accidentes meteorológicos que dificulten el tráfico, como sí ocurre en los países nórdicos.

Toda esta preocupación la transmito pese a la experiencia de haber trabajado en una empresa en la que hace más de 40 años ya había empleados que lo hacían desde sus casas. Pero eran pocos y todos los que conocía eran dirigentes creativos de los EEUU que planificaban estrategias, programaban cursos o seminarios, y que se veían tos los días por videoconferencia a miles de km para compartir ideas o cambiar impresiones.

La otra gran pregunta, la que engloba todo lo anterior y presupone un condicionante indispensable para que la administración tome decisiones de este tipo, es:

¿Qué puntos concretos de esta medida beneficia a los ciudadanos administrados?. Y no nos vengan con la muletilla de que la motivación personal hará que los funcionarios sean más eficaces. Y los que continúen en las oficinas mientras sus compañeros no tienen que madrugar, ¿también ganarán en motivación? De verdad tengo la impresión de que están convencidos de lo afortunados que somos de tenerlos para que nos organicen la vida y nos aporten soluciones que nunca se nos hubieran ocurrido.

Ni tampoco lo anoten como un logro de los derechos individuales y sociales de los españoles. Que todos, funcionarios y contribuyentes de a pie, lo somos.

Les aseguro que si aprueban esta medida, solicitaré a la oficina de protección de datos que los míos no salgan nunca de las redes internas y de los edificios de la administración.

La deriva de Albert Rivera: La prisa, la peor consejera

En un comentario reciente, “negociación o chantaje”, criticaba la actitud incomprensible de Ciudadanos, y más concretamente de su líder, Albert Rivera.

Y lo escribí, como lo hago ahora, porque Ciudadanos es un partido que me interesa, que me resultó atractivo, que sigue pareciéndome muy válido, y porque no me gustaría que desapareciera a medio plazo por no encontrar su sitio en la política, no tener claras sus prioridades, no medir bien sus tiempos y, sobre todo, por el rechazo que provocan esos tics de soberbia, prepotencia y mal encaje de las críticas, cada vez más evidentes entre sus dirigentes.

Decía entonces y mantengo ahora que, en mi opinión, el vértigo de los éxitos recientes le ha tentado a acelerar su ritmo personal de crecimiento en la ilusión de que “lo suyo” tiene un horizonte de posibilidades mucho mayor de lo que esperaba.

Y es así, pero no de esa forma. Me explico:

Una actitud más negociadora con el PP, y muy especialmente con el Sr. Rajoy, podrían haberle proporcionado una vicepresidencia de gobierno con un presidente del que hubiera aprendido mucho, que le habría introducido en Europa, que podría poner su nombre entre los “a tener en cuenta” en las listas de los políticos europeos.

Sin embargo, me temo que las prisas le han alterado el juicio político hasta el punto que, en su imaginación, Mariano Rajoy se ha convertido en una amenaza personal, un freno para sus aspiraciones. Preferiría pactar con un presidente de gobierno de menor prestigio que no le eclipse como político.

¿Dos aprendices en el gobierno español y en Europa?. ¿Conoce a algún político de talla internacional que no haya tenido un maestro?. Todos han crecido a la sombra de alguien que era mayor cuando él fue joven, y que fue sabio cuando él era aprendiz.

Y todo ello, por supuesto, sin servilismos. Sin renunciar a influir en las decisiones de gobierno ni en las políticas del pacto, dentro de la cuota parte de su electorado. O un poquito más, si puede conseguirlo.

Este escrito viene a cuento de lo mal que sonaron sus primeras declaraciones en la noche del 26. Su ego le traicionó cuando manifestó que su prioridad será cambiar la ley electoral porque perjudica a su partido. En una España comprometida y con riesgos evidentes, y una Europa convulsa, ¿es esa su prioridad?. ¿También le parece normal decir que “si quieren nuestros votos tendrán que aceptar nuestras condiciones”?. ¿No le suenan a frases pronunciadas por otras organizaciones de menor nivel o con intereses más espurios, en otros tiempos y otras circunstancias?.

Recuerde que el gobierno Balear aceptó las “condiciones” de María Antonia Munar.

Creo que se equivocó y que alguien debió advertirle de que su discurso debía de ser otro: reconocer el retroceso y anunciar que analizarían las razones de la pérdida de confianza de parte de sus votantes para reconducir políticas y/o actitudes.

Porque deben darse prisa en recuperar el tiempo perdido en temas de menor calado, no sea que la sociedad les etiquete como algo que no pretenden ser.

En lugar de eso se comportó como casi todos, cargando la culpa en los demás y refugiándose en las circunstancias. Y me dio la impresión de que estaba a punto de entrar en ese círculo de políticos mediocres que consideran que todo lo hacen bien, pero que no les comprenden o, lo que es peor, que reciben un trato injusto.

Si no tiene asesores de imagen y de estrategia política contrátelos, y si los tiene despídalos de inmediato. Y lo digo porque Ud. transmite, cada vez más, la imagen del “soy importante”, “soy el que esperabais”, “soy el único que tiene la razón”, con el agravante de que gran parte de sus inmediatos colaboradores, Ignacio Aguado, Begoña Villacís y otros notables de su partido, se están contagiando. Cada vez aguantan peor las críticas y no pueden evitar gestos corporales, como fruncir las cejas, los ojos o la boca, exactamente iguales que los suyos. ¡Paciencia, Sr. Rivera, paciencia!.

Francamente creo que han llevado una carrera fulgurante y que tienen mucho camino por delante. Y les necesitamos. Pero conviene que reúna a su cúpula en algún lugar de cualquiera de las hermosas sierras españolas, lejos del mundanal ruido y las frases elogiosas, para meditar quienes son, porque están en política, cuales son sus fines y, en consecuencia, cuales deben ser sus actitudes y sus estrategias más inmediatas.

No me refiero a un congreso de partido. Mejor una reunión de trabajo al uso en la empresa privada, con su “brainstorming” y sus procesos de mejora de resultados y de resolución de problemas. Les vendría bien.

Lo sugiero porque creo que son una fuerza interesante que puede aportar ideas, equilibrar tendencias, y moderar tentaciones de los más poderosos. Tienen buena base, pero les queda mucho que aprender. Llevaban muy buen camino, pero están muy lejos de la llegada.

Saque del armario el cartel electoral del «hombre desnudo», el que viene limpio a la política para servir a la sociedad, y piense donde estaba, donde está, cuales eran sus aspiraciones, cual es su meta y, sobre todo, cual debe ser su ruta.

Lo digo sinceramente.