El <sanchismo> español, el PSOE, y la monarquía.

La última metedura de pata del emérito, afirmando en París que su hijo, el Rey, tiene problemas con el gobierno de Pedro Sánchez, me ha hecho reflexionar sobre el porqué de estas malas relaciones entre el Gobierno, con mayúscula, y la Corona, también con mayúscula, cuando, algunos desencuentros puntuales aparte y salvando el triste final de una época de confianza entre Juan Carlos I y el presidente Suarez, los gobiernos de todos los signos han respetado normas y protocolos sin grandes roces ni malos entendidos.

Haciendo historia, que el socialismo nació como contrapunto a los poderes de los estados, es un hecho. Y también lo es que era una época en la que la miseria y la falta de leyes que protegieran a los trabajadores, una gran parte de ellos campesinos, permitía que los patronos abusaran de su poder para explotarlos a su antojo.

Y esa es la causa de qué, en Gran Bretaña, a la sombra de Carlos Max, naciera un movimiento de rebelión contra esa situación, que aquí se materializó con la fundación del Partido Socialista, clandestino y perseguido, en Casa Labra, de Madrid, el 2 de mayo de 1879.

Y, sabiendo que las naciones de Europa estaban gobernadas por emperadores, zares o monarcas absolutos, la consecuencia lógica era que su forma de gobierno ideal fuera la república para que, en teoría, los gobernantes fueran elegidos por el pueblo.

Digo en teoría, porque lo que realmente sucedió en muchas naciones, es que los primigenios gobiernos dictatoriales se sustituyeron por clases igualmente dictatoriales y dominantes, como en Rusia y, posteriormente en la URSS, donde se estableció el llamado <<socialismo real>>, el comunismo, y fue la cúpula militar y política la que tomaba las decisiones.

Pero la democracia avanzó como un virus bueno y, con el tiempo, las monarquías absolutas pasaron a ser Monarquías Parlamentarias, como la de España, en la que los Reyes no gobernaban y eran las Cortes las que tomaban las decisiones de Estado a propuesta de los gobiernos de turno o de iniciativas populares.

Por lo que, llegados a ese punto, la República no pasaba de ser una forma de Estado y, por supuesto, dejó de tener ese sello de ser <<de izquierdas>> porque naciones absolutamente democráticas son repúblicas o monarquías, teniendo gobiernos de todos los signos.

Haciendo desaparecer esa figura romántica de que la República era el único vehículo para avanzar en progreso y bienestar. Que se lo digan, por ejemplo, a Suecia, Dinamarca, Noruega, Países Bajos o Dinamarca, por poner ejemplos evidentes de la falsedad del razonamiento.

O, poniendo ejemplos contrarios de España, el desastre que supuso la primera República, de la que nadie quiere hablar, los problemas del segundo bienio de la segunda, o el tercero, que se interrumpió dramáticamente por un golpe de Estado y una guerra civil, cuando el Frente Popular, que se adueñó de las calles de Madrid y de otros lugares de España, cometía desmanes sin fin y nunca acató las normas y leyes del gobierno republicano.

No quiero decir que una cosa justificara la otra, pero eso es historia y no solo mi opinión.

Siendo así, la gran pregunta es: ¿Qué razón tiene Pedro Sánchez para estar puteando, con perdón por la expresión, al Rey, sabiendo que si fuéramos República no cambiaría nada?

Incluso podríamos ir mucho peor, porque no me imagino el desastre que supondría tener como Presidente de la República a personajes como Aznar, Zapatero o el mismo Pedro Sánchez si llegara el caso. Porque, por mucho papel de moderador que les otorgara la Constitución, estarían zascandileando y dividiendo a los españoles más de lo que estamos ahora mismo si no coincidieran ideológicamente con el gobierno, o lo nada que <<arbitrarían>> si coincidiesen. Para ejemplo, el actual Tribunal Constitucional.

Luego, lo único que me viene a la cabeza y sabiendo que el objetivo fundamental de Pedro Sánchez, aparte de perpetuarse en el poder, es desmontar la transición, o dejarla sin contenido real, es que la monarquía es una forma de Estado que no se votó por separado, aunque es absolutamente legítima porque forma parte de la Constitución, qué sí que se aprobó, y sus estrategas políticos pueden suponer que, poniendo en cuestión a la monarquía, está debilitando la propia Constitución.

Son cuñas que va clavando en nuestra forma de Estado, que no producen frutos definitivos, pero desgastan lo conseguido, como ha sido perpetuar la memoria de Franco, del que casi nadie se acordaba, o sus ataques continuados a jueces, incluso antes de que las causas le afectaran personalmente, porque es una forma indirecta y ladina de tratar de intervenir directamente en las decisiones del Poder Judicial, fagocitarlo, siendo, como debe ser, garante de su independencia.

Puede que me pase de conspiranoico, pero son muchos cientos de asesores socialistas, miles seguramente, que están pensando en cómo destruir lo que conseguimos hace muchos años. Ideas, las suyas, que coinciden con muchos de los dirigentes <<progresistas>> que ha reunido en Barcelona: llegar al poder absoluto utilizando la democracia, rebajándola o destruyéndola a golpe de decisiones gubernamentales.

Valencia, 19 de abril de 2026

José Luis Martínez Ángel

La figura de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Ha muerto un personaje que, sin duda, ha sido pieza importante en la historia de nuestra democracia. Y con su desaparición, otra vez se desata todo un abanico de actitudes, entre las que están, y no en último lugar, el cinismo y la utilización política del hecho.

El mismo Rubalcaba, dotado de un gran sentido del humor, había dicho que “en España enterramos muy bien”, aunque se refería a su entierro político cuando la actual cúpula del Partido Sanchista Obrero Español, le apartó del primer plano y le ninguneó descaradamente.

Rubalcaba, como todos los que han tenido responsabilidades de gobierno, ha tenido sus luces y sus sombras, aunque han destacado, sin duda, las luces. Incluso algunas de lo que yo consideraba “sombras” creo haberlas entendido años después siguiendo algunas de sus entrevistas.

El tema que más me sorprendió, porque no cuadraba con su perfil, fue la utilización política del 11M con la famosa frase “España no se merece un gobierno que miente”, que en aquel momento tan trágico me pareció inadecuada. Casi obscena.

Aprovechando la actitud insensata de un ministro del interior lenguaraz e imprudente, Ángel Acebes que, nervioso y cediendo a las presiones de la prensa, dijo varias veces una cosa y la contraria en un corto periodo de tiempo, porque también las informaciones cambiaban por minutos.

En una actitud absolutamente contraria a la que adoptan los gobiernos “serios” en circunstancias similares, y hablo de Gran Bretaña, Alemania o Francia, que no  proporcionan ninguna información hasta tener un conocimiento sólido de los hechos o un mínimo de información fiable. Y como ejemplo recordemos lo que tardaron las autoridades británicas en confirmar la identidad de Ignacio Echevarría, nuestro “héroe del monopatín”, asesinado por un terrorista cuando trató de ayudar a algunas de las víctimas.

Triste día aquel, el día de la confusión, en el que todos los que eran algo en política lo hicieron mal, como contraste a la actitud del pueblo de Madrid y los servicios sanitarios y de seguridad ciudadana de la zona, que se destacaron por su solidaridad y su eficacia. Mañana en la que, en un primer momento, todos, incluido el Gobierno Vasco, creíamos que había sido ETA, aunque luego aparecieron nuevas pistas que lo desmentían.

Pues bien, parece ser que alguien en la oposición decidió que la actitud del ministro, y también la del presidente Aznar que no salió a dar la cara personalmente como hubiera debido, les proporcionó una oportunidad de desacreditar al gobierno, y que en aquel momento, según comentó Rubalcaba en otra entrevista, era él quién tenía los índices más altos de credibilidad y de confianza, por lo que, no lo dijo pero lo insinuó, le toco hacer ese sucio papel.

El otro tema confuso fue el “caso faisán”, pero tratándose de un asunto relacionado con ETA y siendo una lucha que requería secretos, sobornos para delaciones, o personas infiltradas, no tengo información suficiente para emitir una opinión y, por tanto, me abstengo de hacerlo.

Por lo demás, Alfredo Rubalcaba tuvo claras discrepancias con las decisiones de nuestro actual presidente en funciones, especialmente por sus relaciones con los independentistas, los separatistas, y el resto de partidos de dudosa consistencia anticonstitucional o moral.

Suya fue la calificación de  “gobierno Frankenstein” al referirse a las  extrañas alianzas del ahora presidente en funciones, y manifestó tantas diferencias de criterio político, que fue uno de los marcados por la ejecutiva como persona “non grata”. Incluso, en una entrevista con Susanna Griso, contestando a una pregunta de la entrevistadora sobre sus relaciones con Pedro Sánchez, le contestó que “no le hablaba”. Se refería, naturalmente, a que Sánchez no hablaba a Rubalcaba.

Pero llega la noticia de su ingreso en el hospital y el señor Sánchez, enterado desde el primer momento de la gravedad del caso, deja una reunión internacional para volver a España y pasar ¡horas! en el hospital “acompañando a la familia”. Como paso horas en la capilla ardiente y horas en la sede del otrora Partido Socialista, ahora Partido Sanchista, en un intento evidente de ser el centro de la atención del dolor por la pérdida.

Como he oído decir a un comentarista de la radio, solo le faltó ponerse el “velo de viuda”.

Cuando sus amigos de verdad, sus antiguos compañeros de partido, que sí sintieron el mazazo de la pérdida del amigo y del compañero, han dado la imagen de un dolor sincero, profundo, con declaraciones breves y sin concesiones a la galería.

Y la misma actitud mantuvieron personas muy significadas de la oposición, con los que tuvo importantes enfrentamientos políticos, pero que siempre respetaron su honradez, su inteligencia y, sobre todo y ahí coinciden todos los que de verdad le conocieron o trabajaron con él, su faceta de «hombre de estado”

Él fue el que propició una abdicación pacífica y controlada del Rey Juan Carlos, y no fue tarea menor. Siempre defendió la Constitución, sin fisuras, y siempre fue leal a la monarquía como forma de Estado, porque así se lo mandaba la propia constitución.

En resumen: Todos los que de verdad lo conocieron y le trataron le rindieron un sentido homenaje. Lejos de sobreactuaciones como las del presidente, el que abandonó  tanto tiempo sus obligaciones en un comportamiento sin precedentes, tratando de robar protagonismo al difunto. Porque la familia, los únicos que necesitaban ayuda, estaban perfectamente arropados por miles de amigos y por las instituciones del Estado que le rindieron el merecido reconocimiento oficial en la casa de todos: el Parlamento.

Y no hablemos de Iceta y sus gritos plañideros clamando en catalán “no queremos olvidar al amigo, no queremos olvidar al compañero, no queremos olvidar a Alfredo”.

Y me pregunto ¿cuántas veces “le olvidaron” en vida? ¿Pidieron alguna vez consejo al “amigo del alma” en los últimos tiempos? ¿Atendieron sus recomendaciones?

Claro que todo esto tiene una explicación cuando al final, desde la sede del partido, Pedro Sancho dijo de Rubalcaba que “le debían mucho”, que “se lo debían todo”, y que se lo recompensarían con “una victoria en las elecciones”.

¿Cabe en cabeza humana semejante utilización política de un personaje histórico como Alfredo Rubalcaba, que ni siquiera era santo de su devoción?

Naturalmente, Sánchez “el arrepentido”, ni atendió ni atenderá la petición de Felipe Rodriguez de que recuperara para el partido a los “rubalcabas” marginados, que son muchos y algunos de mucho nivel, por justicia histórica y porque darían fuerza y coherencia al partido socialista.

Ya lo decía mi abuela parafraseando el sabio refranero español: “mucho te quiero perrito, pero pan poquito

Por cierto y como ejemplo de la falta de memoria histórica, he escuchado en algún medio de comunicación audiovisual que el funeral de Rubalcaba “no tenía precedentes históricos”.

Puede que por la edad no recuerden que el de Enrique Tierno Galván concentró a millones de personas por las calles de Madrid al paso de las dos carrozas fúnebres del siglo XIX, una con sus resto y otra con coronas de flores, tiradas por caballos negros ricamente enjaezados en el mismo color.

Para relatar como era el cortejo fúnebre, transcribo una crónica de  la época sacada de “Historia Urbana de Madrid”:

Delante de este grupo, a pie, la mujer, hijo y nuera de Tierno Galván, acompañados por el alcalde en funciones, Sr. Juan Barranco. Con ellos los maceros, custodiando las insignias de alcalde, portadas sobre un cojín por un empleado del Ayuntamiento.

Tras ese grupo iban el presidente del Gobierno, Felipe González, el vicepresidente Alfonso Guerra, los presidentes del Senado, del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, y de la Comunidad Autónoma, Sr. Joaquín Leguina”.

Seguían a estos los representantes de la iglesia, encabezadas por el cardenal Suquía, el Ayuntamiento en pleno, miembros del Gobierno, cuerpo diplomático, autoridades militares y otras personalidades del momento”

¡Eso sí que fue un entierro de época!

Por cierto: También había mucho fariseo entre los asistentes por mucho que gritaran “Tierno, amigo, el pueblo está contigo”

Y que conste que cuando critico a Pedro Sánchez no hago extensiva mi crítica al partido Socialista Obrero Español, el de los miles de alcaldes y concejales que trabajan por sus conciudadanos, como lo hacen los de los otros partidos, ni al de Suresnes, al que perteneció Rubalcaba y muchos cientos de grandes políticos de la talla de Felipe Gonzales, Alfonso Guerra, aquel Chaves, Nicolás Redondo, Gómez Llorente, Fernández Ordoñez, Xiqui Bengas, Joaquín Almunia, Pablo Castellanos, José Borrell, y tantos otros socialistas de nivel a los que en este momento ni escucharía nuestro futuro presidente del gobierno

Tan en manos de asesores que le garantizan éxitos personales y a corto plazo.

Carpe díem