Vaya por delante que yo he sido un gran admirador de la abogada vallisoletana, a la que no tengo el gusto de conocer, gracias a la lectura de su libro <<Devuélveme el poder>>, que he leído y regalado a algún que otro amigo/a, en el que describe y defiende un ideal de democracia muy de mi gusto: la del Reino Unido.
Lectura con la que me sentí muy identificado, porque el modelo descrito, que conozco muy bien, tiene como principio básico, por simplificarlo, que los congresistas son representantes de los ciudadanos, los de su distrito, le hayan votado o no, porque, para evitar un exceso de dispersión de partidos en el parlamento, es el más votado en cada uno de ellos el que se lleva el total de los escaños.
Y son ellos, los congresistas, los que tienen la obligación de atender periódica y personalmente a sus representados en las <<surgeries >>, lugar de escucha y explicaciones, que puede montarse en locales fijos, o en cualquier otro lugar de su circunscripción, como centros comunitarios, bibliotecas, etc.
Exactamente lo contrario de los elegidos españoles en listas cerradas, a los que ni conocíamos ni conoceremos personalmente, o los dirigentes de los partidos, porque España es una <<partitocracia>>, que se pasan el tiempo diciendo lo que nosotros debemos hacer, en lugar de escuchar lo que nosotros queremos que hagan.
Y esa es, precisamente, la razón de ser del título del libro de Miriam, <<Devuélveme el poder>>, porque soy yo el que lo tengo y no tú, congresista español, según reza el artículo 1 de la Constitución: <<La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado>>.
Soberanía delegada, como dice más adelante, en nuestros elegidos, anónimos, insisto, como corresponde a nuestra forma de Estado, Democracia Representativa, que localiza en el Parlamento español, ese que nuestro presidente se atreve a decir que no se parece a la calle.
Repito un comentario publicado hace tres días:
<< “Es hora de que el Parlamento se parezca a la calle”, ha dicho el presidente elegido por el Parlamento, el único que acredita la legitimidad de su nombramiento, que ahora quiere desacreditarlo y erigirse en la voz del pueblo, lo que es anticonstitucional y un verdadero peligro para la democracia.
Son frases de un caudillo, con ecos caribeños>>
Lo sorprendente es que Miriam, que ha defendido todo lo que digo, se ha lanzado a fundar otro partido de centro, que si es como, dice solo podrá <<robar>> votos del PP o del ala más moderada del PSOE tradicional, los que ahora están en la abstención, granero que ya intentaron partidos fracasados como el Ciudadanos de Albert Rivera o la UPyD de Rosa Díez y que, de triunfar, rompería el bipartidismo que tanto éxito tiene en el Reino Unido porque asegura estabilidad y una alternancia cómoda para los votantes.
La de votar a unos, si lo hacen bien como gestores y a los otros si no lo hacen. Decisión con cierta carga política, sí, pero tomada desde el pragmatismo de los propios ciudadanos que lo que buscan son gobiernos transparentes, que les asegure la mejor forma de vida, dedicando los impuestos a lo que se debe dedicar.
Explicación que, a estas alturas, me obliga a aclarar porqué no me he afiliado a ningún partido. Mi mentalidad es liberal, no el concepto español que se lo asigna a Federico Gimenez Losantos, por ejemplo, y, más bien, siendo liberal, a su ala más del socioliberalismo que cree que el Estado debe intervenir de forma reguladora para corregir los fallos del mercado, evitar monopolios y asegurar un nivel básico de bienestar, pero sin sustituir al individuo en sus decisiones, que defiende la propiedad privada y el libre mercado, combinados con políticas sociales, fiscalidad progresiva y servicios públicos, como salud y educación, para reducir las desigualdades, que apoya de manera firme la democracia, los derechos humanos y el pluralismo, un Estado laico y las libertades individuales o sociales que rechaza que la libertad sea solo la ausencia de coacción, y sostiene que las personas necesitan condiciones materiales y sociales mínimas para poder ser verdaderamente libres.
Ideas y planteamientos que, curiosamente, me supone el dudoso honor de ser <<un facha>> para los ultra izquierdistas y/o seguidores incondicionales del líder actual, bajo el paraguas de ese extraño concepto-coartada, sin contenido, llamado progresía.
Partido de románticos, el mío, que nunca alcanzará el poder ni la influencia en el Reino Unido, porque prima el bipartidismo, ni en España, porque los partidos se cuidarán muy mucho de mantener esta desgraciada ley electoral de listas cerradas y tratos antinatura, fruto de la partitocracia reinante, que tanto nos está perjudicando últimamente.
Valencia, 12 de octubre, nuestra Fiesta Nacional, de 2026
José Luis Martínez Ángel.