Ha sido en Fuenlabrada cuando Pedro Sánches, listo, listo, listo, resiliente, resiliente, resiliente, ha dado un brillante pase de pecho final a una buena faena en la que ha hablado de Maricarmen, poco, de las pensiones, mucho, de Ceuta y de la corrupción, nada, con ese <<te quiero>>, seguramente sincero, que ha levantado de sus asientos al público de esa plaza con un solo tendido.
Un aparatoso golpe de efecto de los que levantan el ánimo de la afición, un auténtico desplante torero, que ha conmovido a los propios y hecho creer a las buenas madres españolas que nuestro presidente es un romántico patológico, el novio guapo y formal que quisieran para sus hijas.
Esperando que esa condición, junto a su famosa cantinela de logros, algunos reales, pocos, la mayoría exagerados o simplemente inventados, le perdona los muchos despropósitos que ha escalonado durante sus legislaturas.
Porque él, dejado llevar por su amor a <<la gente>>, de la que es el único defensor, según dice, puede haber cometido aciertos puntuales, pero de un calado mucho menor que sus errores.
El problema es que yo, romántico empedernido como él, tengo ese otro lado de pragmatismo que me ha desarrollado la edad y que me hace creer que lo cortés no quita lo valiente y que, pese a amar a su Begoña como nadie puede amar, la Dulcinea tangible de su historia vital, ha sido el peor presidente de la democracia, a mucha altura, en la bajura, comparado con los demás.
Porque ha sido mentiroso pertinaz, enmascarando mentiras como <cambios de opinión>>, opaco para la ciudadanía, funesto administrador de los bienes que le han sido confiados, marrullero y trilero a nivel de auténtico pícaro de los tiempos modernos, según la segunda acepción de la RAE, que lo define como <<Tramposo y desvergonzado>>
Porque, querido presidente, supongo que Suarez, Calvo Sotelo, Felipe Gonzalez, José María Aznar, Zapatero y Rubalcaba, han amado a sus compañeras de vida y cama tanto como usted. Quizás con un menor punto de ternura porque ninguna de ellas ha sido imputada por juez alguno, pero seguro que las han amado.
Y hasta los han acompañado en algún mitin electoral cuando las circunstancias lo han requerido, como hace con usted su Begoña, pero el nivel de enamoramiento de cada presidente con su pareja puede interesar a las revistas de corazón, pero no son, ni mucho menos, piedra angular de los éxitos o los fracasos de sus gestiones.
Y, estoy seguro, de que, por mucho que usted ame a Begoña, ese amor no va a sacar de una chistera el millón de viviendas que necesita la ciudadanía española, ni justifica el enorme desnivel, la enorme franja entre los beneficios del IBEX 35 y los salarios de los españoles que no llegan a fin de més, que le permite un promedio espectacular de crecimiento para lucirlo en la solapa.
Ni justifica el enorme fracaso de la política de educación. Ni tampoco su ignorancia sobre la honradez de los que ha sido su círculo más próximo, ni, lo que menos le perdono, el haber troceado al Estado y a la propia Constitución, para vender sus pedazos a los antiespañoles que le han mantenido en la Moncloa todos estos años.
Podría haber reservado un poco de su amor desbordante, el que no le cabe en el pecho, a esa mitad de españoles, quizás más, que no le han votado y a los que ha marcado con el signo de los indignos y a los que ha levantado un muro casi tan sólido como el ignominioso que separó durante tantos años a la ciudad de Belin.
Porque, en realidad, ha demostrado con hechos y palabras que usted odia a muchos, muchísimos españoles, tanto como ama a Begoña.
Y en cuanto a resultados de su gestión, que es lo que importa, necesitaría mucho espacio para relatar lo que usted a ha deteriorado la democracia y la convivencia en su trayecto hacia ese perfil de autócrata, cada vez más evidente, tratando de controlar al resto de los Poderes de Estado.
Una cosa positiva ha tenido su intervención cuando declaraba su amor por Begoña: creo que es la primear vez en sus legislaturas que no le he escuchado apostillar el consabido <<tú más>>
Valencia, 19 de octubre de 2026
José Luis Martínez Ángel