A Rafael Duyos Giorgeta – El médico, poeta y sacerdote que me honró con su amistad

Hace unos día pase a Facebook la imagen de una mesa de Santa Catalina que en su día ocupó la Infanta Isabel, “la Chata”, glosada por Rafael Duyos Giorgeta en su poema “La Chata en los toros”,


¡Deprisa, que no llegamos!,
¡quiero la mantilla blanca!
¡Que run-run por los pasillos
del Palacio de Quintana!

y al hacerlo recordé una deuda histórica que tengo con el médico-poeta, con el que coincidí en el Madrid de los años 60, cuando trabajaba en Iberia Líneas Aéreas y encauzaba mis inquietudes entre los cursillos de cristiandad y las Hermandades de Trabajo, obra poco conocida que nos comprometió en una época complicada social y políticamente, que acababa de estrenar sede en la Glorieta de San Bernardo.

Antes, yo no lo viví, se reunían en la calle porque no estaban bien vistos por el régimen ni suficientemente apoyadas por la jerarquía eclesiástica.

Rafael Duyos, valenciano que siempre ejerció de valenciano, amante de las fallas y de la pólvora, fue médico, director de la revista poética valenciana “Murta” durante la república, poeta y sacerdote. En un fragmento de sus poemas dice:


Más que el ruido, el perfume
que popular y señorial, ayer,
removió las palabras de Luis Vives
y el grito nacional del Palleter…

Estrépito y aroma
que de Valencia, el júbilo resume…
Pero del estallido cegador,
más que el ruido… ¡el perfume!

Naturalmente, se refiere a las tracas y al humo de la pólvora.

Siendo como era un hombre de grandes convicciones religiosas, y pudiendo hacerlo porque había enviudado años antes, decidió ingresar en el seminario Marianista, pero le resultó demasiado duro por su edad y sus condiciones físicas, por lo que, aconsejado por su familia y sus profesores, decidió completar los cursos de teología, siendo ordenado como sacerdote secular por el Cardenal Tarancón en una ceremonia entrañable en la que Antonio Bienvenida, uno de sus grandes amigos del mundo de la tauromaquia, actuó como “mozo de espadas” ayudándole a revestirse para su primera misa. Fue en 1973 y tenía 67 años.

Rafael Duyos se especializó en cardiología en Madrid y también en Viena y Heidelberg, aunque sus amigos poetas decían de él que: “Es un médico poeta, rapsoda más que galeno, recita más que receta”. Ejerció su profesión en Valencia, en Tánger (Marruecos), y en Madrid desde 1940 hasta 1972.

De carácter apasionado, fue embajador de la poesía española en Hispanoamérica. Sus poemas abarcaban muchos temas, desde el amor y la mística, hasta la taurina (era un gran aficionado y amigo de las primeras figuras de la época), pasando por la más canalla y costumbrista. Su sensibilidad por los hechos y los acontecimientos terribles de la época se demuestra con dos de sus poemas: Hiroshima, y el homenaje a García Lorca titulado, Llanto por lo irremediable.

Amigo de Gil Albert, Agustín de Foxá, Rafael de León, Luis Felipe Vivanco y otros, nunca ha sido reconocido como se merece porque, como ocurrió con José María Pemán y otros ilustres que vivieron y desarrollaron su actividad en la época de Franco, se les consideró intelectuales “de derechas” en una época en la que era muy importante marcar diferencias en España, obviando su obra y sus aportes a la cultura española.

Gran parte de los políticos de la derecha española de aquella época y de los años posteriores practicaron una especie de conversión a los nuevos tiempos, ejemplarizada en gestos como el trato dado a los intelectuales: Si habían sido alabados y reconocidos durante el régimen estaban contaminados y venían con el letrero de “no tocar, peligro de muerte”, muerte política, por supuesto. Una muestra más de la pobreza intelectual de muchos españoles, especialmente los políticos, que, todavía hoy, antes de juzgar una obra se ven en la obligación de conocer a su autor, por si acaso glosan a quién “no deben”.

Porque llegó la transición y, afortunadamente, continuaron ejerciendo sin problemas, abogados, jueces, militares, artista de cine o de teatro, cantantes, humoristas, profesores universitarios, maestros etc., algunos de ellos jurando en falso que nunca habían “actuado” en el Pardo o para el general, pero ¡cuidado con los intelectuales que publicaron en la época de Franco!.

Este rechazo a la obra en función del autor es como si despreciáramos la de Miguel Angel porque trabajó para papas, o la de pintores o artistas por ser homosexuales, blancos, negros o de cualquier color. Estamos en un país que decapitó estatuas de reyes porque “fueron fascistas”, o destrozaron obras de arte porque las crearon gente de tal o cual signo, según época y quien mandara.

Exactamente igual y con el mismo rigor intelectual que los talibanes o los fundamentalistas musulmanes que destruyeron Budas milenarios, o las ruinas de Palmira, porque son “paganas”. ¡Quememos las pinturas religiosas de Boccaccio! ¡O el Cristo de Velazquez!.

Todo el que ha viajado a Grecia, yo entre ellos, se ha maravillado del pórtico de las Cariátides en el templo de Erecteión, junto al Partenón. Sin embargo esta joya del arte universal es la máxima expresión del machismo y la represión, puesto que estas mujeres, las Caríatides, fueron tomadas como esclavas y condenadas a soportar cargas desorbitadas después de que su país, Laconia, fuera derrotado por los otros griegos en las Guerras Médicas. Y el máximo castigo fue el simbolismo de sustituir columnas por cuerpos de mujeres para que estuvieran soportando el peso de las edificaciones por toda la eternidad. ¡Destruyamos semejante símbolo de la barbaridad sexista y opresora!

Yo he sido testigo de la emoción de un japonés de cierta edad que tuvo que sentarse en una piedra llorando desconsoladamente cuando remontó las escaleras del Partenón y se encontró frente a ese símbolo de la antigüedad. Seguro que no se planteaba quien lo construyó y que intenciones tuvo al hacerlo. Es más probable que él, como yo, se considerara muy afortunado al contemplar la obra emblemática de toda una cultura, que nadie se atrevió a destruir.

Volviendo al tema que me ocupa, Rafael me honró con su amistad cuando viví en Madrid en los años 1963, 1964 y 1965 porque coincidimos en la Parroquia de San Bernardo y estábamos en un mismo grupo de actividades parroquiales junto a otros tres o cuatro de la comunidad, uno de ellos un ciego inteligente y encantador de trato que vendía los antiguos “cupones” de la ONCE en la Glorieta de San Bernardo.

Por cierto, y como anécdota entrañable, unos años después fui a su mini puesto de cupones y le pedí uno de ellos sin identificarme. No le engañé y me dio un abrazo gritando: “¿un cupón?, valenciano, ¿serás cabrón? (perdón por la expresión)¡Un palo es lo que te voy a dar!”.

Retomo la narración repitiendo la enorme valencianía y gran sensibilidad de Rafael Duyos.

Por su intermediación también conocí al Maestro Rodrigo, otro valenciano ilustre, aunque solo estuve una vez en su casa. Y me maravillo ahora, como me maravillaba entonces, de que hombres de tanta talla intelectual y tanta diferencia de edad, me trataran como un igual y respetaran mis opiniones como si tuvieran algún valor.

Todavía no había entrado en el seminario aunque ya nos anunció su intención de hacerlo. Nos separamos cuando yo volví a Valencia, pero mantuvimos alguna correspondencia durante los años siguientes. Su letra, pulcra y apretada, me hablaba de proyectos e ilusiones que, seguro, mantuvo hasta el día de su muerte.

Le nombraron hijo adoptivo de Utiel, ciudad en la que está enterrado, y Requena le organizó un homenaje en el centenario de su nacimiento. Tiene calles en Dos hermanas (Sevilla), Utiel, Requena y Petrer, pero no recuerdo que Valencia, su ciudad natal, organizara ningún acto en su honor. Ni rotulara con su nombre ninguna calle.

Una vez estuve en su finca, con casa señorial antigua, en San Antonio de Requena, a la que se accedía por un paseo enmarcado por columnas, y techado de flores y enramados. En cada una de ellas había un letrero con el nombre de un poeta y, de hecho, es así es como la llamaba: “el paseo de los poetas”.

Era de justicia escribir lo que he escrito, que no es más que el reconocimiento a una persona notable en lo intelectual y afable, muy afable, en lo personal. Lo que resumimos como “buena gente”. Muy buena gente.

Sindicalismo tradicional en la era de los robots

Esta madrugada he escuchado en una emisora de radio que UGT ha pedido que se grave con un impuesto a las empresas que usen robots en sus cadenas productivas. Supongo que esta petición, de ser cierta y perdonen la ironía, habrá ido acompañada por otra exigiendo que las mismas empresas dediquen más recursos para I+D.

España sigue siendo diferente y los sindicatos “históricos”, los de los dirigentes “históricos”, tienen tanta idea de mercado laboral como yo de física cuántica. Estos señores, que han vivido en su juventud eso de entrar en una empresa “para toda la vida”, defienden únicamente a los trabajadores “empleados” para que sigan siéndolo hasta su jubilación, hasta su muerte, o hasta la muerte de las empresas. Y a los que no tengan trabajo que los mantenga el estado.

Son ensoñaciones sobre tiempos pasados que no volverán, y que condiciona sus políticas y sus estrategias, porque también condiciona sus “saberes”.

Parece una barbaridad, pero creo que sería mucho mejor para los trabajadores, empleados o en paro, que a los sindicatos los dirigieran economistas y gente con verdadero conocimiento de lo que son los mercados y las empresas del futuro. Y digo empresas porque son estas, incluido el estado como gran empleador, las que justifican su existencia. Los sindicatos no son generadores de empleo.

Seguro que conseguirían mejores resultados, negociarían de tú a tú con patronales y gobiernos, y llegarían a verdaderos “gana gana” de ambas partes, en lugar de defender posiciones tan unilaterales y fuera de lugar.

Un ejemplo: No conozco el perfil de los sindicalistas de la Ford de Almusafes, pero han sido un magnífico ejemplo de acuerdos laborales con la patronal, que han permitido que esta empresa haya mantenido su calidad y sus mínimos de rentabilidad en lo peor de la crisis, sin daños irreparables en la plantilla.

Y ¿Cómo lo ha hecho? Negociando ajustes de turnos y horarios para adaptarlos a las circunstancias de cada momento, según los altibajos en los flujos del mercado y la demanda.

Espero que los Reyes Magos, que están en todo, regalen a los arcaicos dirigentes sindicales de los “dos grandes” un manual de economía modelo Epi y Blás que, recordando que los costes de empleo son un capítulo importante en el del producto final, les aclare algunos conceptos elementales:

-Producción manual=más costes de empleo.
-Más costes de empleo= pérdida de competitividad.
-Pérdida de competitividad=pérdida de mercado.
-Pérdida de mercado=pérdida de empleos.

Y su inversa:

-Más ayuda tecnológica=mayor capacidad de producción/empleado/hora.
-Mayor capacidad de producción/empleado/hora=menor coste del producto final.
-Menor coste del producto final= más facilidad para ocupar mercados.
-Más facilidad de ocupar mercados=mayores oportunidades de crear empleos.

Con el factor añadido de que cuando nos referimos a empresas avanzadas tecnológicamente estamos hablando de empleos fijos y mejor remunerados.

Naturalmente el porcentaje de “cantidad de producto final/hora por empleado”, la producción final, habrá aumentado, que es de lo que se trata, pero no a costa de un mayor esfuerzo físico y, posiblemente, con una mejora en su protección de riesgos laborales.

Nos guste o no la globalización exige, cada vez más, una tecnificación avanzada de las empresas porque, respetando los mínimos de calidad, estamos y estaremos en una lucha abierta de precios y servicios. No olvidemos que un mismo producto fabricado en Turín, por ejemplo, puede estar en un almacén de Valencia en el mismo tiempo, o antes, que otro fabricado en Catarroja, con la misma calidad y con el mismo precio. Incluso más barato.

Sinceramente no se si lo entenderán mis queridos “históricos”. O lo que es peor: puede que lo entiendan y no les interese asimilarlo. A corto plazo parece más cómodo continuar con la demagogia y los populismos, y seguir remando contra corriente. Suena “más del pueblo”, en expresión de los sindicatos del campo, y las víctimas del camino son daños colaterales sacrificadas en aras de un fin sagrado, superior, que nunca llega. Ni llegará.

Seguro que hay otras formas más modernas y eficaces de proteger a los empleados de los abusos salariales y de empleadores desaprensivos, sin poner en peligro el ritmo del crecimiento de empleo. Seguro que sí.

Los misterios del “nou Canal Nou”

Estoy siguiendo con interés los regates político-legales de la Generalitat para conseguir la reapertura del fallecido Canal 9 y no acabo de entender ni el proyecto, ni las formas, ni las intenciones. Y me figuro que no soy el único.

Vaya por delante que lamenté la muerte de la emisora, fallecida de gigantismo gracias a la lamentable actuación de “propietarios” y empleados, encabezados por los sindicatos, y rematada por las últimas decisiones de la ínclita Rosa Vidal, la supuesta “salvadora” nombrada casi directamente por el Molt Honorable Senyor, el antiguo, que no arregló nada y comprometió gravemente el ERE de Canal 9 por alterar sus condiciones de forma temeraria.

Pasó lo que pasó y sigo manteniendo lo que decía en antiguas Cartas al Director del diario Las Provincias: La Comunidad puede soportar, porque la necesita, una emisora de 500 a 700 empleados, apolítica, cultural, que difunda el valenciano, que informe de hechos y eventos de pueblos y ciudades, y que no castigue a los televidentes con las imágenes de “los que mandan”, haciéndonos ver lo buenos que son, en contrapartida de los “malos” de antes, sean los que fueren, besando niños, exagerando inauguraciones, primeras piedras, y acontecimientos similares.

Pero las últimas noticias son realmente alarmantes. ¿Qué se está cociendo? No soy un experto en temas laborales, pero si Canal 9 contrata personal, ¿en qué ley se amparan para dar prioridad a los antiguos empleados? ¿Cómo justifican una discriminación previa al resto de parados o mal empleados del sector audiovisual? ¿Mayor experiencia? No se cómo podrán justificar que un cámara, un técnico, o un administrativo de la antigua empresa tiene mayores conocimientos que el resto de los titulados del sector audiovisual o que un administrativo de una empresa multinacional o de una fábricas de muebles, por ejemplo. No den puntos añadidos a estas candidaturas, por favor. No prevariquen.

Mi otra duda: Si Canal 9 es una empresa y sus antiguos empleados fueron despedidos legalmente y con una indemnización adecuada, en caso de readmisión en la misma empresa y con el mismo NIF ¿Renunciarán a parte de la indemnización percibida? Y si la abren con otro NIF ¿no es un fraude de ley?

Pero lo que realmente me alarma es lo que ya se está haciendo. Parece que el “futuro” Canal 9 ya ha firmado algún contrato con una empresa formada por ex empleados del “antiguo” Canal 9. Como no he visto los documentos no lo puedo afirmar pero, de ser así, ¿que baremos se han aplicado para adjudicar la contratación? ¿Es la mejor empresa del mercado? Visto desde fuera y sin más información, parece un intento de favorecer a amigos y ganar voluntades.

¿Estamos locos? Todavía no hemos depositando las últimas paletadas de tierra sobre la tumba de los “malditos corruptos” de antaño, cuando nos están apareciendo nuevas Imelsas, o un nuevo Canal 9, tramposo e ilegal.

Está claro que, como me temía cuando la cerraron, los nuevos mandatarios no quieren una televisión pública. Quieren “su” máquina de adoctrinamiento y promoción de ideas. Y no como el antiguo Canal 9, que ya hacía lo suyo, sino según el modelo de la TV3. Nada de concesiones al pluralismo.

¿Es esta es la nueva política, la que ha venido a limpiar los vicios y corrupciones de “la casta”?

Me temo que la izquierda vuelve a equivocarse. Puede que con todas estas cacicadas fidelicen a sus incondicionales, pero la ciudadanía es cada vez es más exigente e informada, y acabará rechazando trampas y manipulaciones. Y su gran masa de votantes no son los incondicionales; son los simpatizantes.

¿Volvemos a la política constructiva? – La era de los grandes pactos

En uno de mis comentarios anteriores decía que si Ciudadanos tenía asesores debía despedirles y que si lo los tenía debía buscarlos. Hoy, pasado el tiempo y puestas las cosas en su sitio, mantengo la misma opinión. Y si yo, simple observador de “lo que pasa”, preveía lo que podía ocurrir, ¿Cómo no lo vieron los dirigentes del partido?

Ciudadanos podía jugar a ser uno de “los esperados” mientras nos manteníamos en un permanente estado de elecciones y nos desangrábamos en disputas estériles que tanto daño nos han hecho en lo general y en lo particular.

Pero se consiguió formar gobierno y, como me temía, Rivera decidió que su partido continuara en su papel de depositarios de la verdad revelada, manteniéndolo en lo alto de altar dando consejos sin involucrarse en las consecuencias de lo aconsejado. ¡Craso error!

Si Ciudadanos pensó que podía ser oposición real y presentarse como conseguidores de todo lo bueno que hiciera el gobierno de Rajoy demostraba que ni conocían al personajes, ni la fuerza real de Ciudadanos.

Estaba claro que la batalla de la oposición se libraría entre Podemos y el PSOE y que era muy probable que siendo el PSOE un partido de gobierno y con sentido de estado, acabaría llevándose el gato al agua, porque Ciudadanos todavía se debate entre el parlamentarismo y la reivindicación callejera y populista, sin darse cuenta de que ambas posturas son absolutamente incompatibles. Está sucediendo lo que suponía, o quizás lo que deseaba.

Y si en la situación actual el gobierno necesita estar abierto a pactos para seguir gobernando, ¡Que gran ocasión para que el PSOE presente iniciativas de amplio espectro para conseguir logros necesarios para el país! De esta forma mata dos pájaros de un tiro: ganar tiempo para rehacerse de las últimas cornadas, y meter por la puerta de atrás parte de sus reivindicaciones históricas. Y que el tercer pájaro abatido, o al menos con algunos plomos en el cuerpo, pájaro de gran envergadura dicho sea de paso, es su verdadero enemigo, el que le disputa el terreno, Podemos.

Ayer mismo comprobamos que cuestiones de gran calado, como lo son la ley de educación, el techo de gastos, los presupuestos de 2017 y no sabemos cuantas más, se están negociando entre bastidores, con bastantes probabilidades de llegar a buen puerto ¡Dios lo quiera!.

Y que Ciudadanos está jugando a ser mini oposición, la califico de mini porque no tiene la menor credibilidad. Y que los dirigentes de Podemos, totalmente descolocados, reclaman que el PSOE les está robando ideas, porque son los únicos del mundo mundial que jugaban la baza de la subida del salario mínimo y cosas similares. Ambas posiciones denuncia lo que todos sabemos: su falta de experiencia política.

Y que, en el caso de Ciudadanos, tampoco leen la Biblia, porque no han reparado en el pasaje del Apocalipsis que dice “Más porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

Porque Ciudadanos, inocentes ellos, creyeron que podrían condicionar a un partido como el PP y a un bajo reactivo, paciente y tenaz, como Mariano Rajoy. Y en Podemos suponían que podría comerse al PSOE como se ha merendado a IU, simplemente porque pasa un momento de debilidad provocado por la falta de iniciaticas y la dejadez en el liderazgo de sus últimos responsables políticos.

Ciudadanos perdió su gran oportunidad cuando decidió seguir jugando a Pepito Grillo y renunció a entrar en el gobierno. ¿Cómo no lo vieron?

Sí el PSOE llega a acuerdos con el PP en los temas fundamentales, como parece que puede ocurrir, manteniendo su papel de líderes de la oposición, y Podemos se comporta como hasta ahora, ¿qué papel le corresponde a Ciudadanos?.

El de “ni chicha ni limoná”, que dicen los castizos. Porque, digan lo que digan, no tienen más remedio que apoyar al gobierno. La alternativa es dejarles sin los apoyos necesarios (lo lógico es que el PSOE negocie abstenciones), y si llegara el caso, recuerdo lo que dije en otro de mis antiguos comentarios: esta es la única montería en la que la pieza, Mariano Rajoy, tiene la facultad de detener la cacería convocando elecciones generales.

Y esta situación, terrible para España, solo beneficiaría a Mariano Rajoy que, sin ser tan astuto como el “astuto Más”, ha sabido llevar la batalla a los terrenos que más le convenía.

Espero que para bien.

Las alternativas del PSOE: Del “de susto o muerte” al “la voladura del socialismo español. El final de un proyecto centenario”

Un tema de candente y preocupante actualidad es la crisis del PSOE y el análisis de las razones que han concurrido para llegar a la situación actual. Ni soy politólogo ni tengo más base para mis opiniones que lo leído, oído y vivido a lo largo de mi existencia que, por otra parte, ha sido especialmente interesante. Nací en la post-guerra, crecí y me eduqué en el régimen de Franco, viví las emociones de la transición y los conflictos que provocaron los Pactos de la Moncloa, y asistí al nacimiento de la primera constitución del post franquismo, la última de las varias aprobadas desde la tan mencionada “Pepa”, de breve vida, pero que cambió los conceptos de la soberanía, de los derechos, y de las obligaciones, adjudicándoselas a “La Nación” que, según su Artículo I, la define como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”.

Pero volvamos al tema origen de estas reflexiones: ¿Cuál es la causa real de la crisis del PSOE?

Si leemos su texto fundacional, de 1879, los fundadores justifican la necesidad de este partido porque “la sociedad es injusta, puesto que la burguesía obtiene todas las ventajas, mientras la clase trabajadora no tiene apenas derechos, sobre todo porque no existe ningún poder político que se ocupe de sus necesidades”. Y añaden que “Reformar o destrozar el estado social es por tanto uno de sus principales objetivos”.

Ante aquella situación, el nuevo partido decide erigirse como representante de los obreros, y se marca como objetivos “transformar la propiedad individual y conseguir la completa emancipación de la clase obrera”. Todas estas iniciativas se habían definido en la I Internacional, ya disuelta en esas fechas y, sobre todo, se apoyaban en las ideas de Marx, fallecido posteriormente, en 1883.

Para ello necesitaban movilizar a la clase obrera y diseñaron herramientas y plataformas de difusión y trabajo, como el periódico “El Socialista” o el sindicato UGT, vinculado al partido, fundado en 1888.

Situándonos en aquella época, se trataba de objetivos muy difíciles de conseguir y bastante “moderados” para las turbulencias del momento. Hay que tener en cuenta que una parte de la lucha obrera la encabezaban grupos poco organizados, pero muy combativos, que acabaron, años más tarde, formando partidos como la CNT, de signo “anarcosindicalista”, mucho más extremistas en sus planteamientos.

En los años 20, muerto Lenin y gobernando Stalin en la Unión Soviética, se creó el concepto del “marxismo-leninismo” que defendía el enlace ideológico entre Marx y Lenin, y que marcaba como objetivo “la creación de un Estado unipartidista con el control total sobre la economía

La sociedad avanzaba, se corrigieron parte de las injusticias sociales, y la clase obrera fue conquistando posiciones, razón por la que el Partido Socialista, el de Felipe González, de Alfonso Guerra, de Gómez Llorente, de Pablo Castellano, de Rodolfo Llopis, el de Ramón Rubial, el de Nicolás Redondo y de tantos otros (¡Qué nivel!), decidió convocar un Congrego Extraordinario en 1979, con el lema “Forjando el Socialismo”, que tenía como fundamento actualizar los objetivos del partido, ajustándolos a la realidad social del momento.

Fue un congreso muy importante en el que se decidió, entre otras cosas, el abandono del Marxismo y se asumió la posibilidad de aceptar otro orden social y político, en el que el estado renunciaría a parte de su misión de controlar la economía y organizar la vida de los ciudadanos.

En resumen: especificaron que el marxismo seguía siendo un referente para el Partido Socialista, pero no un principio inviolable, lo que les permitió practicar la lucha política con más libertad en un terreno fronterizo, que no antagónico, con los partidos más conservadores del momento.

La militancia mostró bastantes reticencias y hubo que convencer a los más veteranos, más próximos a las tesis comunistas y partidarios de la lucha obrera, de que esta medida era lo mejor para conducir al partido a la modernidad, cosa que consiguió Felipe González con el apoyo de la gran mayoría de los dirigentes del PSOE del momento.

¿Y que ha ocurrido en los últimos años? Para mí, el gran problema es que desde ese momento hasta nuestros días las injusticias sociales se han reducido notablemente, los partidos conservadores han asumido en sus programas contribuir a continuar reduciéndolas y que, no habiendo hecho ningún otro ajuste de calado, ni en la ideología ni en los objetivos políticos, el socialismo español se ha ido quedando sin argumentos porque, de hecho, se ha cumplido casi todo lo que había justificado su fundación en 1879.

Estos hechos y el que no han sabido aprender de las socialdemocracias Europeas, que sí que han evolucionado hasta el punto que no tienen reparos en negociar y compartir objetivos comunes con cualquier otra fuerza política cuando se trata de mejorar o mantener el estado de bienestar.

Para entender los principios dl socialismo español, es muy ilustrativo escuchar el himno de los primeros luchadores por el progreso y las libertades para darse cuenta de que, sin haber alcanzado un estado ideal y faltando mucho por reparar, resulta sumamente arcaico cuando convoca a al proletariado de la época al grito de:

¡Arriba parias de la Tierra! ¡En pie famélica legión!
Atruena la razón en marcha: es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos. ¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base. Los nada de hoy todo han de ser.

Y ha ocurrido que, mientras la sociedad evolucionaba mucho más rápido que las ideas del socialismo español, sucesivas ejecutivas han manifestado cierto desconcierto político, permitiendo iniciativas regionales disparatadas que trataban de buscar votos que no eran suyos. Mientras, se ha perdido la única voz, el único mensaje para toda España (en contraste con la actitud del PP, su mayor rival político), se ha radicalizado a su militancia con mensajes exagerados sobre las maldades y los peligros de “la derecha”, y se ha jugado, se está jugando, con fuego, cuando se debilitan algunos de los principios fundamentales, como la unidad de la nación: ¿Socialismo y nacionalismo? ¿Quién puede entenderlo cuando lee otro de los versos de “La Internacional”?

Agrupémonos todos en la lucha final – El género humano es la internacional.

La realidad actual es que el partido se ha convertido en un conjunto de federaciones autonómicas, y que cada una de ellas ha actuado por libre defendiendo, con una visión egoísta del cortoplacismo y el “sálvese quien pueda”, sus interese locales en detrimento de los nacionales. Es decir: de hecho y visto desde fuera, el PSOE parece estar mucho más interesado en conquista feudos regionales que el gobierno de la nación. Porque, en la mayoría de los casos, ambos objetivos son incompatibles.

Y han renacido los personalismos. Siempre los ha habido, pero una vez elegidos los Secretarios Generales, todo el partido actuó como una piña, sin renuncia a mantener las sensibilidades de parte de su colectivo. Un ejemplo ilustrativo es “Izquierda Socialista”, una corriente más radical dentro del PSOE, que siempre ha tratado de empujar al partido hacia posturas más radicales, pero que ha respetado, y sigue respetando, las decisiones de las ejecutivas.

El problema es que en este momento se han mezclado con tanta visceralidad las tendencias con los personalismos, que se ha llegado al “yo o el caos”. ¿Cuáles son las prioridades de algunos de sus cabezas más representativas? ¿Siguen siendo: primero España, luego el partido y luego mis intereses personales?

Aprendan de lo ocurrido con el otro socialismo, el “socialismo real”, el comunismo, mucho más radical e inmovilista en sus postulados, hasta el punto que solo publicitó un lavado de cara cuando proclamó el “eurocomunismo”, que tuvo mucho más de maquillaje que de cambio real, y se fue diluyendo hasta acabar asociándose con otros minoritarios para no desaparecer. ¿Dónde están hoy las siglas del PC? ¿Quién “compraría” hoy sus programas?

Pues sí. Los ofrecen a bombo y tertulia los nuevos salvadores. Es cierto que los nuevos tiempos están enterrando conceptos como “lucha de clases”, e incluso, aunque en menor medida “izquierdas y derechas”, pero es más cierto que la sociedad ha provocado la aparición de los nuevos parias de la sociedad. Son los perjudicados por las crisis, y los vaivenes de mercados excesivamente liberales, desbocados y con escasos controles. No son de izquierdas ni de derechas. No suelen ser obreros, más bien de clases medias, especialmente sufridores de la pérdida de seguridad y de la merma de sus recursos económicos.

Son los que entendieron y sufrieron la crisis con pocas protestas, pero que no pueden asumir que habiendo recuperación, las mejoras no crucen los umbrales de sus casas ni beneficie a sus familias. Y es en ese punto de inflexión cuando se sienten estafados y humillados. Y son o se sienten especialmente pobres y maltratados.

Es un hecho que no han sido los gobiernos, sino los mercados los que han provocado las crisis, aunque los gobiernos tienen la responsabilidad de no haberlas previsto o de no haberlas gestionado adecuadamente, pero lo cierto es que en estos momentos hay una masa desilusionada y cabreada. Y que sus miradas y sus iras se dirigen a sus respectivos gobiernos.

Y entonces llegan los otros, los de las soluciones fáciles para problemas complejos, los que lo arreglarían todo en un abrir y cerrar de ojos. Esos son los que han capitalizado el dolor de esta parte de la sociedad y les han adormilado, o arrastrado con cantos de sirena. Los que dicen que la solución es la democracia, sí, pero la asamblearia porque “la decisión es nuestra” y no de “los causantes de nuestros males”, adjudicando la titularidad de “causantes” a los políticos en ejercicio desde la transición, su verdadero caballo de batalla. La transición, según ellos, supuso el nacimiento de un régimen nefasto que hay que desmontar.

Y lo dicen dirigentes que nunca conocieron el “antes de”, y que han vivido y prosperado al amparo de las ventajas sociales que les proporcionó la tan maldecida transición.

Quizás otros no, pero yo he escuchado esas mismas músicas. Escarben un poco en lo que hay detrás de sus planteamientos y verán aparecer, otra vez, el “¡Arriba parias de la Tierra! – ¡En pie famélica legión!”. Y detrás de esta retahíla de eslóganes ilusionantes, como en el cuento de los siete cabritillos, cuando los acosados por el lobo piden que la supuesta mama cabra asome la patita por debajo de la puerta, lo que vemos es el mismo comunismo de siempre, maquillado con capas de democracia, socialdemocracia, y lo que queramos escuchar.

Que su repertorio de principios es tan extenso (como decía el otro Marx, Groucho, “si lo le gustan estos tengo otros”) como el de sus ardorosas frases de laboratorio de marketing. Que para eso son grandes expertos en comunicación y manejan de forma muy destacada las redes sociales.

Y que quede claro que no rechazo el comunismo por las checas, ni por las supuestas o reconocidas crueldades ni por las quemas de conventos, atrocidades que cometieron particulares y no todos los miembros de ese partido, y por qué no fueron los únicos. Lo rechazo porque a lo largo de su historia se han demostrado absolutamente incapacitados de gestionar, porque siempre han montado sus propias “castas” dirigentes, y porque la misma historia ha demostrado que una vez que alcanza el poder no hay forma democrática y pacífica de arrebatárselo. Son genios en invadir y controlar todos los organismos de decisión.

Como ocurre con los fascismos, sus teóricos máximos oponentes.

Pero, señores del PSOE, Uds. no están en esa situación. Reflexionen, salgan al mundo exterior para aprender de los que lo han hecho mejor, establezcan plazos y prioridades, rechacen personalismos y recuperen la ilusión de un proyecto común que mejore, o al menos garantice, el bienestar de los españoles. Ofrézcanse como alternativa frente al PP pero, sobre todo, ni tengan prisa, ni pierdan el tiempo en “otras cosas”.

Y tengan una cosa clara: Si en la fragmentación actual prosperara la opción “sanchista”, la de los mensajes erráticos o crípticos, las de los “sí y los no”, la que permite toda clase de iniciativas a las federaciones, la que imita a Podemos en formas y lenguaje populista, tendría que cambiar el título de este comentario, resumiéndolo en “la voladura del socialismo español. El final de un proyecto centenario”

Una sola voz, un solo proyecto, ideas claras y mensajes concretos.

Espero que lo consigan. Créanme, les necesitamos.

Acaban de publicar la composición del nuevo gobierno. ¿Alguien entiende a Ciudadanos?

Ayer escuché a Begoña Villacis, de Ciudadanos, insistiendo en que no entrarán en el gobierno, al que van a “fiscalizar” desde fuera.

El mismo Rivera dice que este no es su gobierno, lo que es cierto, y que solo entraría si no estuviera Rajoy. Y yo me pregunto ¿cree sinceramente que llegar a las próximas elecciones sin haberse “mojado” les va a subir el techo electoral? Rajoy no será de su agrado, pero es su presidente de gobierno, tiene a su favor los acuerdos del consejo de Ministros y el BOE, y ha sido mucho más votado que Ud.
Y si lo hace bien será bueno para España y, me consta, que España sí que es su nación.

Lo cierto es que el parlamento me recuerda cada vez a las obras en mi infancia, donde habían cinco albañiles trabajando y cuarenta jubilados aposentados en los alrededores criticando a los sufridos peones, que de vez en cuando, les invitaban a “marcharse con viento freso” o a que les dejaran tranquilos.

Está claro que el PP gobernará en solitario y que PSOE, todos los Podemos más IU, ERC, ECP, CDC, EAJ-PNV y ASG les “fiscalizarán” desde los escaños por razones obvias.

Pero mi gran decepción, esperada, es que también Ciudadanos se apunta al club de los fiscalizadores intentando mantenerse a salvo de los arañazos que provoca formar parte de un gobierno, jugando a aconsejadores, sacudiéndose cada día el polvo de los errores o las medidas impopulares del nuevo gobierno, y anotándose, eso sí, todos los éxitos, porque si el gobierno lo hace bien será, sin duda, por “la presión que ejerce” el partido de los impolutos.

Únanse pues al club de los fiscalizadores, y si cree que van a poder levantar la cabeza por encima de las del resto de la oposición es que les falta experiencia política. El congreso se puede convertir en un auténtico mercado callejero en el que cada portavoz voceará su propia mercancía, y pierdan toda esperanza de que les concedan el menor espacio de protagonismo, porque son más expertos, y porque son “los otros” de verdad.

A Uds., dígan lo que digan, les etiquetarán como marca blanca del PP, y si pretenden anotarse los éxitos del gobierno por “su presión”, imagínense los que se anotarán todos los machos alfa con los que van a compartir bancadas.

Es que, además, no han medido bien sus fuerzas. No solo competirán con el resto de partidos, sino que el supuesto “presionado” es Mariano Rajoy, al que yo daría el título de “señor de los tiempos y de los espacios”, que no jugará a hundirlos, por supuesto que no, pero que tampoco soportará muchas salidas de pata de banco. No lo olviden; el presidente de gobierno actual es la única presa del mundo de las monterías virtuales que si se siente acorralada puede suspender la cacería convocando nuevas elecciones.

No creo que ocurra porque el PP parece que quiere aprovechar esta coyuntura tan especial para conseguir acuerdos sobre grandes temas, y para ello necesitan y les bastaría con el PSOE, y porque el PSOE tiene que ganar tiempo para recuperar su espacio. Pero si se diera el caso, y consigue que los españoles “visualicen” la imposibilidad de seguir adelante por el acoso y derribo de “las oposiciones”, no sé cómo les afectaría a los demás, pero me temo que Uds. pasarían a ser un partido testimonial.

Y, les aseguro, que lo lamentaría mucho, pero se lo están buscando desesperadamente.

Las malditas reválidas.

Ayer escuché a una joven manifestante afirmar en la tele que había que quitar las reválidas porque era una medida franquista y “porque nos llevaba a muchos años atrás cuando los únicos que podían estudiar eran los ricos”.

Opiniones como esta son paradigmas de la mala información que tienen los jóvenes de hoy. Posiblemente el sistema educativo tenga algunas decisiones políticas que favorecen los estudios a “los hijos de los ricos”, muy pocas en la enseñanza primaria y la ESO, pero la reválida, precisamente, no fue una medida especialmente grata para este colectivo más favorecido.

En “aquellos tiempos” la gente se matriculaba en los institutos o, en el caso de los que vivíamos en Bocairent o en zonas rurales, si estudiábamos bachillerato recibíamos clases de los maestros nacionales u otros profesores (a mí me enseñó latín Juan Luna) fuera de horas, y nos cobraban algo por este servicio.

Cuando llegaba la fatídica fecha nos subían al taxi de Tonet o de Fonda y nos llevaban a Alcoi a examinarnos como “libres”.

Mientras, los hijos de familias con más “posibles” estudiaban en colegios particulares, y solían tener mejores notas académicas que nosotros, unos decían que por cierta condescendencia de los profesores y otros porque recibían una enseñanza más completa. Pese a las malas lenguas yo siempre he pensado que la enseñanza de “La Pureza” de Ontinyent, por ejemplo, debía ser muy buena, pero lo cierto es que cuando llegaba la reválida tenían que examinarse en institutos, como nosotros, y siempre habían sorpresas.

Por eso afirmo que las reválidas no favorecían a “los hijos de los ricos”, más bien les obligaba a pasar por el mismo aro que los demás, y ahí no valían coplas.

Así pues, querida estudiante, es cierto que los hijos de los ricos podían estudiar y los de los obreros no, pero la reválida, precisamente, no les daba ninguna ventaja.

El problema no eran las reválidas: Lo injusto es que muchos jóvenes no pudieron estudiar en colegios privados, ni en institutos, ni “por libre”, porque sus familias no tenían ningún poder adquisitivo y necesitaban sus jornales.

Yo creo que es bueno que se mantengan las reválidas siempre que sean adecuadas al fin propuesto, (repasar lo que aprendiste en los años anteriores), que no sean demasiado exigentes y, sobre todo, que no pregunten “chorradas”.

Me alegré cuando supe que el presidente de gobierno ofreció ayer aplazar la obligatoriedad de las reválidas hasta consensuar la educación con los otros partidos, pero no creo que la laxitud en las evaluaciones beneficie a los alumnos.

Si tengo que decidir entre dos posiciones extremas, valoro mucho más el “saber” sin títulos, que tener un título si no se tiene “el conocimiento”.

Y los padres deben pensar muy seriamente cual es la preparación adecuada para que sus hijos puedan abrirse camino en la vida. No les eduquen para el éxito: edúquenles para el fracaso porque todos ellos, incluso los más inteligentes, sufrirán muchas cornadas y tendrán que saber que eso “es lo normal” y que hay que seguir peleando.

Nadie, y cada vez menos, tiene “lo que se merece”.

Premios Princesa de Asturias 2016 – “Esa vida que nos es dada nos es dada vacía”

Otra entrega de premios a los galardonados con los “Princesa de Asturias”, y otra ocasión de recordar que no todo está perdido, que junto a la mediocridad y el ruido atronador de unos pocos, pero muy ruidosos, que están pudriendo a la sociedad con pequeñeces, egoísmos y mezquindades, sigue existiendo otro mundo que vale la pena.

Lo puebla, mayoritariamente, la gente que trabaja cada día o que sufre la frustración de no tener un puesto de trabajo, que se afana, que sufre sus contrariedades y sus carencias, pero que tiene ideales, que lucha por ellos mismos o por los suyos, que no pierden la esperanza.

Y también el mundo de la cultura, de la solidaridad y del esfuerzo, con mayúsculas, que deberíamos reconocer, y que yo reconozco en los galardonados de ayer, muestra de muchos otros más anónimos pero igual de importantes, que dan sentido a la vida y a las emociones, que nos permiten liberar los sentimientos, que dan esperanza.

Richard Ford defendía en su discurso que la literatura, que escribir, no tiene ninguna razón de ser si no era para unir a las personas, para describirnos lo que tenemos en común, para señalarnos los puntos de encuentro, para “expandir lo que nos une”.

Y lo ilustró con muchas citas, entre las que me quedo especialmente con dos: la de Ortega y Gasset y su afirmación de que “esa vida que nos es dada nos es dada vacía y el hombre tiene que írsela llenando, ocupándola”, y el “hoy es siempre todavía” de Antonio Machado, que forma parte de su reflexión “hoy es siempre todavía , toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde

Ambas referencias nos animan a movernos, a tomar decisiones, a llenar nuestra propia vida y a no vivir la de otros, a no practicar la pereza de “lo haré mañana”, o la cobardía de “no correr riesgos”, que equivale a vivir en una continua frustración de no haber hecho o dicho lo que debimos hacer o decir.

Mary Beard, premio de Ciencias Sociales, vitalista hasta el extremo, nos invitó, a conocer la historia, a disfrutarla, y a evitar los errores que ya se cometieron. A no repetirlos. Y lo hizo con ese gesto espontáneo que la que caracteriza, como si fuera una más de la pandilla, como si todo su saber fuera fruto de la casualidad, de ciencia infusa o de una revelación divina.

Gran conocedora y enamorada del Imperio Romano, primer ejemplo de globalización real, y firme defensora de la igualdad de oportunidades y de los derechos de la mujer, comentaba que a ninguna le gustaría trasladarse a los tiempos de Roma, a no ser que tuviera billete de ida y vuelta.

Cuando la escuchaba no podía por menos que pensar en la enorme suerte que tenían sus alumnos de la Universidad de Cambridge.

Y luego lo de Nuria Espert. En su disertación habló del sufrimiento de vivir la vida de otros cuando actúa, porque no son sus personajes. Los considera y trata como personas reales aunque nunca hayan existido.

Declaró su enamoramiento con el teatro, la mayor de sus pasiones, y el profundo dolor que le causa en muchas ocasiones, afirmando que “mi dueño es muy duro; me ha lastimado muchas veces”.

Y de momento el milagro: Nuria Espert desapareció de escena y Lolita la Soltera ocupó el atril para desgarrarse ante nosotros, para morir en vida contándonos las penas, las mentiras y los desengaños que la hizo sufrir un Federico García Lorca implacable y cruel con el personaje.

Y como muestra de su perfecta simbiosis entre lo español, su profunda catalanidad, y la universalidad de su cultura, nos recitó unas frases del Rey Lear, de Shakespeare, que definió como “las últimas palabras cuerdas antes de elegir la locura como única posibilidad de soportar el dolor”. Y lo hizo, emocionada, en catalán. Su lengua madre

También recuerdo a todos los demás, que todos son ejemplares y ejemplo de solidaridad, de esfuerzo, de tesón, de pasión por la ciencia.

Pero hoy no quiero distraerme con sus grandes logros. Son una evidencia de lo que “es”. De lo que muchas personas han conseguido viviendo sus propias vidas y corriendo sus propios riesgos.

Tampoco quiero comentar las palabras de nuestro Rey, sensatas y sentidas como siempre, porque quiero evitar cualquier interpretación política a estas reflexiones, aunque es justo decir que la unión y la solidaridad que reclamó en su discurso no admiten ningún tipo de matiz ni de manipulación.

Prefiero quedarme en mi butaca arrebujado por las palabras escuchadas, las que dan calor al alma y hacen aflorar los sentimientos, pensando en lo “puede ser”. En lo que “debería ser”. En que hay un mundo mejor que apenas hemos descubierto ni hemos explorado como se merece. No tenemos tiempo para ello.

Convencido, una vez más, de que solo la cultura real, que no el adoctrinamiento, puede ser el sustrato que nos permitiría sacar los pies de los lodos que amenazan nuestro “cada día”.

Y decido escribir estos pensamientos antes de que se enfríen las sensaciones y el próximo telediario me devuelva a la realidad, o antes de que me de pereza hacerlo.

La derecha, la izquierda, y la “izquierda progresista”

El otro día, en una tertulia de amigos, apareció una de la frases de moda, “la izquierda progresista”, que manejan habitualmente los líderes del PSOE, de Izquierda Unida, de Podemos, y de agrupaciones tan singulares como la CUP, BNG, En Marea, y otros.

Discutía, solo ante el peligro, que al día de hoy el término “izquierda” no tiene connotaciones claras ni puede agrupar a los partidos actuales, porque perdió parte de su razón de ser cuando desaparecieron las luchas de clases y las reivindicaciones obreras.

En la actualidad, en una sociedad regida por los mercados y por poderes supranacionales, las deficiencias sociales o la macroeconomía solo se pueden defender desde estrategias y alianzas mucho más poderosas que las tradicionales. Y en nuestro caso, la única posibilidad de sobrevivir, como país pequeño que somos, es formar parte de la Unión Europea.

No quiere esto decir que “las izquierdas” hayan perdido toda su vigencia, porque siguen habiendo temas “menores”, domésticos, dicho sea con todo respeto, en los que pueden y deben intervenir. Pero estamos hablando de pequeñas agrupaciones contra fuerzas muy poderosas, que solo pueden actuar influyendo en los gobiernos de cada país que, a su vez, tratarán de influir entre sus aliados. En estos tiempos David no hubiera tenido ninguna posibilidad de vencer a Goliat, porque los “Goliat” actuales son tan altos, que su frente está muy fuera del alcance de la honda del pastor.

Sin embargo el término se mantiene artificialmente para aparentar que existe algo en común entre partidos como los que he mencionado, cuando la propia Comunidad Europea está marcando la ruta a seguir y los políticos representantes de los países han acabado configurando dos grandes bloques: el compuesto por conservadores y socialdemócratas, que actúan conjuntamente en casi todas las ocasiones, y “el resto”, partidos revolucionarios, populistas, nacionalistas y, en ocasiones, antieuropeistas.

Por lo que sé, el origen de los términos “izquierda” y “derecha” fue puramente casual y se remonta al Siglo XVIII, durante los tiempos de Asamblea Constituyente en la Francia revolucionaria, en la que habían dos bandos significativos, ambos compuestos mayoritariamente por militares y funcionarios, que eran los que tenían influencia en la política.

Los Girondinos, que querían restaurar la monarquía y los valores tradicionales, y sus oponentes, los Jacobinos, revolucionarios republicanos, que tenían como lema “libertad, igualdad y fraternidad”.

Y, como suele ocurrir, había un tercer grupo moderado, menos numeroso y más imparcial, que se denominó “les Monarchiens”, que defendía la continuidad de la monarquía, pero modernizándola según el modelo inglés, en con un sistema bicameral.
En aquella ocasión, los Girondinos estaban sentados a la derecha de la presidencia, los Jacobinos a la izquierda, y los monárquicos en el centro.

A partir de entonces se aceptó que la izquierda es “ una de las dos tendencias ideológicas (la otra es su oponente la derecha) más populares del mundo. La izquierda propone entre sus máximas fundamentales el cambio en materia de estructura social y económica, para así lograr la igualdad social, y oponiéndose como consecuencia a la propuesta conservadora, bastante alejada del cambio, sostenida por la derecha política (sic)”.

Pero, como decía, los tiempos avanzaron y la evolución de la sociedad forzó a que los grandes partidos, sustentados por ideologías muy firmes fuente de inspiración de sus programas electorales, variaran sus posicionamientos.

Y, muy recientemente, este hecho ha coincidido en España con la aparición de nuevos partidos de cualquier tendencia, que han justificado su presencia diciendo que los “tradicionales” habían dejado huecos en la ideología y en la gestión pública que había que rellenar.

Con todos estos antecedentes ¿Qué son y que posicionamiento tienen en la actualidad la derecha y la izquierda españolas?.

La derecha, representada por el PP es, fundamentalmente, la heredera de dos grandes partidos: Alianza Popular, que agrupaba a un gran abanico de tendencias de lo que se podía llamar la derecha más montaraz, desde antiguos franquistas convertidos a la democracia, falangistas, nacionalsindicalistas y otros, y de UCD, que aglutinaba familias liberales, democratacristianas y socialdemócratas moderados.

El tiempo, y la evidencia de que el PP no seguía las pautas del antiguo régimen, hizo que una parte de sus militantes y/o votantes de lo que se podía considerar “extrema derecha” dejara el partido, y que otro grupo, menos extremista pero especialmente irritado por la actitud del PP al final del terrorismo de ETA, abandonaran el PP y fundaran VOX, partido no ha conseguido abrirse camino en elecciones generales.

Por todas estas razones, los afiliados y simpatizantes del actual Partido Popular integran un abanico de sensibilidades que engloba lo que se puede considerar derecha democrática y socialdemocracia del sector más moderado, o “de derechas”.

Sus mayores virtudes: haber conseguido formar un bloque cerrado, compacto, que defiende los valores tradicionales del estado español, con una sola voz y un mensaje claro en todo el territorio nacional.

Su gran defecto: La corrupción y la malversación de fondos de parte de su cúpula, fruto del exceso de tiempo de permanencia en los cargos, y de la falta de controles y de vigilancia del propio partido sobre sus dirigentes.

¿Y la izquierda?:

Continuando con su eficaz manejo de los conceptos y la semántica, y viendo que el término “izquierda” no podía agrupar a partidos tan diferentes en sus planteamientos y sus políticas como el PSOE o Izquierda Unida, por ejemplo, se inventaron la “izquierda progresista”, puro eslogan sin contenido, porque solo se soporta en dos “sub eslóganes”: “El cambio”, y el “no” a la política del PP, especialmente representada por la persona de Mariano Rajoy.

¿Cuál es el cambio que proponen? Escuchando a los protagonistas de estas iniciativas, solo aprecio dos propuestas:

1.- La referida a la forma de gobernar y a las personas que han compuesto los gobiernos, a los que algún emergente, como Podemos, han llamado “la casta”, concepto que no puede ser compartido por el PSOE porque es un partido tradicional, de gobierno.

Si que lo pueden esgrimir los partidos que nunca han gobernado, Podemos, IU, Esquerra Republicana y todos los demás, pero no lo han hecho, excepto Podemos que acaba de nacer, porque nunca les han votado de forma significativa. Porque estos partidos nunca han conseguido merecer la confianza mayoritaria de los españoles. Más bien han ido menguado o aliándose con terceros para no desaparecer, como es el caso de la misma Izquierda Unida, última mutación del Partido Comunista que, desaparecida la figura de Santiago Carrillo, su gran líder, no ha encontrado un nuevo rumbo y ha estado brujuleando durante bastantes años, hasta su práctica desaparición absorbido por Podemos.

Algunos de los “pequeños”, como Esquerra Republicana, por ejemplo, han tenido un importante rebrote como consecuencia de la marejada política de Cataluña, provocada por Convergencia y los Pujol para distraer sus vergüenzas bajo el manto de la independencia, pero nunca alcanzaron, ni alcanzarán, una posición relevante en el estado español.

Si al hablar “del cambio” se refieren a la visión y modelo de estado y tenemos en cuenta que España es una nación moderna, integrada en la Comunidad Europea, ¿Qué tienen en común los programas del PSOE y los de Podemos, EU, o los independentistas? Puede haber una mínima coincidencia en temas sociales, pero difieren radicalmente en todo lo demás. Si comparamos programas y líneas maestras de todos ellos, nos encontraremos con que, al día de hoy, son mucho más parecidos los objetivos del PP y del PSOE que los de la mayoría de partidos “de izquierdas” con los del PSOE, o entre cada uno de ellos.

2.- El “no” a Rajoy y al PP no es más que un banderín de enganche, un mínimo común denominador para llenar calles, manifestaciones y pancartas en un mensaje populista, y para calentar a los frentes “ultra” de cada partido, pero sin ningún fundamento político.

Nadie en su sano juicio puede pensar que el PP es un partido equivocado al 100%, ni que todos sus dirigentes, respaldados por muchos millones de votantes, sean unos corruptos incorregibles. Con el añadido de que tanto el presidente del gobierno como sus ministros tienen mucho predicamento y son escuchados en la Comunidad Europea.

En cuanto a sus políticas en la última legislatura, algunas muy duras, los dirigentes de otros partidos, digan lo que digan, saben que se han debido, sobre todo, a las exigencias de la situación provocada por la crisis y los “deberes” impuestos por la Unión Europea. De hecho fue Zapatero el primero que tuvo que mover ficha por estas mismas razones.

Se trata, pues, de un argumento puramente temporal porque, en mi opinión, Rajoy se retirará de la política activa en cuando dejen de pedírselo y/o cuando considere que su papel de “encauzador” de las desviaciones actuales ya no es necesario. Llegado ese momento cederá el liderazgo del partido a alguno de los “capaces” que han ido creciendo políticamente en el PP, relativamente jóvenes, con buena imagen interior y exterior, y con capacidad para dialogar con otros partidos.

En este comentario no puedo opinar sobre las razones por las que el PSOE interrumpió hace años esa evolución tranquila, después de otra refundación, que permitió refrescar ideas y poner en valor a personas. Simplemente ni lo sé ni lo entiendo.

Decía que el “no” a Rajoy tiene fecha de caducidad y, cuando suceda, muchos de los partidos de la “izquierda progresista” actual, se quedarán sin escalera y agarrados a la brocha. Cuanto más tarden en comprender que las reglas del juego ya no son lo que eran y que los problemas de la sociedad actual no son los que justificaron el nacimiento de los sindicatos y de los partidos obreristas, más fácil es que desaparezcan. Y alguno de ellos son muy necesarios.

El único que nació fruto de la actualidad es Podemos, pero opino que también tendrá una corta vida si disminuyen las desigualdades y mejora el estado de bienestar, tan maltratado actualmente, porque el crecimiento de este partido, en mi opinión, es más fruto del malestar generalizado que de la confianza de los votantes en sus soluciones, poco claras y “antiguas”.

Creo que Podemos acertó en el diagnóstico y en la forma de canalizar el malestar existente, pero, como digo, sus soluciones, basadas en el aumento del gasto público no parecen las más adecuadas en este momento. Esas eran las propuestas de IU, y nadie las compró.

¿Y Ciudadanos? Una incógnita. Si siguen en la línea de predicar desde el púlpito y aconsejar desde la orilla no le auguro mucho porvenir. A la gente le gusta que los partidos “se mojen” tomando decisiones, aunque cometan algún que otro error. Y el papel de “bisagra” también tiene fecha de caducidad. No está muy bien visto en España, denota una cierta cobardía política, y puede pasarles factura. Sería una lástima.

Militantes versus votantes, la democracia asamblearia como alternativa a la representativa, y los populismos

Es un hecho incuestionable que  el éxito electoral de los partidos no depende de sus afiliados, sino de sus votantes. Los afiliados, eso sí, sirven para animar, apoyar y realzar las virtudes de su partido, y para arropara a sus líderes cuando tratan de captar el mayor número de simpatizantes para que les den su apoyo en las elecciones.

Sin embargo, por un error de estrategias, se cambiaron los roles y alguien decidió que los afiliados debían de tener más protagonismo en los partidos, hasta el punto de que debían elegir a sus líderes. Era más democrático.

Y como hay que ser “más que el que más” y ponerse al frente de la manifestación, algunos partidos tradicionales, el PSOE uno de ellos, decidió implantar “las primarias”, modalidad de votación por la que los afiliados eligen directamente a su Secretario General.

Es decir, han cambiado el sistema representativo, en el que los delegados tomaban las decisiones, por otro asambleario, alegando que esta medida mejora la democracia interna.

Y, tomada la medida, insisten en que esta fórmula pase a ser obligatoria, por ley,  para todos los partidos.

En primer lugar, no juguemos con las palabras. El sistema representativo es tan democrático como cualquier otro. Cuando un grupo de personas eligen a alguien para que los represente ante terceros lo hacen en pleno ejercicio de su libertad y no están condicionados por nada ni por nadie, o al menos no están más condicionados que cuando ejercen el voto en unas primarias.

¿Cuál es la ventaja? En pura lógica, se supone que los votantes delegados, los representantes, están más “enterados” de los temas puestos en cuestión, están al tanto de los estatutos y los reglamentos del partido, y conocen más  a las personas a los que elegir que cada uno de los casos. En definitiva: Conocen mejor el alcance de las decisiones y los pros y los contras de cada alternativa.

La democracia asamblearia, por definición, es mucho más emocional, en ocasiones visceral, con el peligro de que a la hora de emitir votos y opiniones lo hagan más condicionados por las circunstancias del momento, por el carisma de los líderes, o por los “consejos” de terceras personas que en círculos cerrados puede actuar como animadores de la opinión.

Tendremos que reconocer que las bases, la masa social, es mucho más influenciable que los representantes y corre el riego de que reaccione por estímulos en lugar de hacerlo por razones.

Los políticos se cansan de decir que no hay que dictar leyes como respuesta a hechos concretos (asesinatos, violaciones, raptos de niños, etc.). “No hay que legislar en caliente”, dicen, y tienen razón, pero, curiosamente, cada vez quieren mantener más calientes, casi en ebullición, a sus bases para moverlas según convenga.

Y ahí aparece la contradicción: un afiliado tipo “culligan” seguirá mejor a su líder, hará más ruido, pero asustará a los simpatizantes, menos mediatizados, poniendo en peligro los graneros de votos.

Los partidos de amplio espectro tienen muchos más votantes que militantes. Los más ideologizados tienen pocos votantes fuera de sus militantes, y a otros, los más radicales, solo les votan sus militantes.

En términos matemáticos podríamos establecer que el número de votante de un partido es inversamente proporcional a la radicalidad de sus afiliados. Casi un axioma.

Pero nos hemos establecido en el terreno del “cortoplacismo” y me temo que no van a rectificar. Seguramente pensarán que si alcanzan el poder tendrán tiempo de “arreglar las cosas” poniéndolas en su sitio, olvidando que es mucho más fácil provocar la exaltación que conseguir la vuelta a la sensatez.

Este es uno de los males de occidente: como tenemos bienestar, con muchas limitaciones, por supuesto, hay que ofrecer lo imposible para ser “diferente”. Pero una cosa es perseguir la utopía y otra muy distinta es engañar deliberadamente con promesas que saben que no pueden cumplir.

A eso se le llama populismo, y no es más que una consecuencia lógica de la falta de rigor de los que gobiernan, por no ser capaces de combatirla. Más bien se asustan y trata de imitar algunos de sus planteamientos, olvidando algo que es esencial: claridad en los planteamientos  y, sobre todo, pedagogía política de los gobiernos y las oposiciones de los países ricos cuando tienen que afrontar malas situaciones.

Una crisis, por ejemplo.

Y a los ciudadanos, cada vez más, nos están llevando a un camino de difícil retorno cuando hacemos caso de las promesas sin preguntar cómo van a cumplirlas, o el entorno en el que nos movemos: La Comunidad Europea, a la que hemos delegado una buena parte de nuestra soberanía.

Naturalmente estas reflexiones no tienen más peso ni más valiez que la de ser titular de un D.N.I. español, como lo son los militantes o simpatizantes de todos los partidos a los que siempre respeto y respetaré el sentido de su voto. En mi caso soy un “no afiliado”, nunca lo he sido, aunque, como es natural, tengo mis ideas políticas o, por decirlo mejor, un ideal de modelo de estado y de convivencia participativa que se aproximaría mucho más al nuestro si cambiaral la ley electoral, para mi fuente de todos los males, y se reorganizaran la educación y la justicia.