Ha muerto Javier Arzalluz

Ayer falleció Javier Arzalluz y, como es natural, se han disparado los comentarios sobre su vida y su obra, la mayoría muy negativos, aunque también he escuchado alguna que otra alabanza a su aportación a la política o a la causa del nacionalismo.

Quiero aclarar que cuando hablo de Javier Arzalluz me refiero únicamente a su faceta de hombre público. De político. Ni le traté ni conozco a quien le tratara “en la intimidad”, por lo que no se lo que hacía su mano izquierda. Sin embargo sí que recuerdo, recuerdo muy bien, lo que hizo su mano derecha. Porque fue un personaje que despertó mi curiosidad desde el principio, y al que seguí con atención desde sus primeras actuaciones políticas.

Y pronto me di cuenta de que detrás de esa fachada elegante, de buen porte, con aire de profesor exigente y de buen negociador, había mucho más de lo que parecía.

Que era alguien muy poco de fiar.

Hoy he escuchado que era un personaje contradictorio, que “ponía una vela a Dios y otra al diablo”, que “nunca se sabía por dónde iba a salir”, y cosas semejantes. Pero no creo que nada de eso sea cierto. Javier Arzalluz sabía perfectamente a donde quería ir y tenía trazada una ruta hacia un destino final, al que nunca llegó. La independencia del País Vasco.

Javier Arzalluz era una persona de una gran cultura. Fue ordenado sacerdote en la Compañía de Jesús, aunque años más tarde abandonó la carrera eclesiástica para dedicarse a la política. Nacionalista de convicción, supo aprovechar los pactos con el PP y con el PSOE, ¡hay nuestros inteligentes partidos mayoritarios! para ir empedrando de concesiones y transferencias su ruta hacia la gran Euskal Herria.

Para entender al personaje hay que tener en cuenta que su etapa política coincidió con lo más duro de ETA, banda terrorista nacida en el seno de un grupo de disidentes del colectivo EKIN, que a su vez era una especie de rama joven del Partido Nacionalista Vasco, al que echaban en cara su lentitud en conseguir el objetivo final de sacar al País Vasco del Estado español.

No creo que Arzallus se alegrara de las muertes a manos de ETA, pero es cierto que hubiera podido acabar con ellos en una semana si hubiera querido. Porque en aquellos tiempos disponía de todo el poder y sabía perfectamente quienes eran, donde se escondían, y quién les protegía. Quizás sea muy aventurado por mi parte esta afirmación, pero no creo estar muy lejos de la realidad.

Una información de El Mundo publicada hoy mismo, el primero de marzo de 2019, dice textualmente:

Quizás un episodio antiguo contribuya a explicar la controvertida relación de Xavier Arzalluz con ETA. La historia la contó en varias ocasiones José María Bandrés, el abogado que fuera considerado el rostro de ETA polimili, disuelta en 1982. «Se estaba negociando el Estatuto con Madrid», relató también en su día a esta redactora, «un día quedé con dos personas importantes del PNV. Se comió, se bebió, y a los postres se dijo claramente que estábamos tocando la flauta, que a quién se le ocurría decirles a los polimilis que dejasen de dar golpes cuando estamos en un momento importantísimo en la profundización del autogobierno. Luego los propios polimilis me lo contaron: ‘Oye, que ha estado aquí Arzalluz para decirnos que no hagamos tonterías, que no nos disolvamos’». El presidente del Eukadi Buru Batzar (EBB) se reunió en aquella época dos veces con los peemes y una con los milis y la acusación era tan grave que valía la pena comprobarla.

Es decir. El Mundo confirma lo que opinábamos muchos de los que vivimos en aquella época: que el PNV, o al menos así lo creía Arzalluz, necesitaba la violencia de ETA para presionar al Estado. Su famosa frase de que “unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces”, que se cita más adelante, es un resumen perfecto de su pensamiento sobre la violencia etarra.

Y no me extrañaría que se apoyara en su prestigio y su pasado de religioso jesuita para influir en el incomprensible apoyo que la iglesia vasca proporcionó a los etarras. Esos a los que él llamaba “los chicos” sin llegar más lejos que adjetivarlos como “descarriados”.

Y los que me conocen saben que tengo dos temas tabú en mis tertulias de amigos, y que uno de ellos es ETA. Porque me altera en lo personal que una banda que asesinó impunemente a 850 españoles de toda edad y condición, tenga el más mínimo apoyo para blanquear su historia como se está haciendo.

Y ninguna de sus víctimas, ni siquiera las que fueron especialmente duras con los terroristas, se merecían lo que les pasó. Y lo digo desde la tranquilidad de no haber dormido la noche anterior a que fusilaran a los condenados en el juicio de Burgos. Porque ninguna persona, ni siquiera los asesinos, se merecen la muerte.
Pero ¡blanqueos no, por favor! ETA dejó de matar cuando no pudo seguir haciéndolo porque estaban acorralados por las Fuerza de Seguridad del Estado, y porque se dieron cuenta de que su objetivo era inalcanzable. Pero, sin ninguna duda, todos ellos, ejecutores o colaboradores necesarios, fueron asesinos. Nunca patriotas, ni gudaris, ni nada que suene a civilizado. Asesinos cobardes que ni siquiera se jugaban la vida cuando asesinaban.

En cuanto a Arzalluz y por todo lo anterior, espero no encontrarme con ninguna placa en su honor ni escuchar que alguien le tilda de persona a imitar. Pudo evitar muchas muertes y no lo hizo y, que yo sepa, nunca asistió a funerales de los asesinados por la banda.

Y, como buen cínico, jugaba con las palabras y las situaciones tratando de tergiversar sus andanzas cuando ya se hizo mayor. Pero de nada le servirá.

No lo digo yo. Al pie de una entrevista que le hizo el diario El Mundo el 16 de abril de 1917, reproducían algunas de sus “perlas”:

Sobre el Rey: “Es tonto, porque aunque le escriban los discursos, que los lea antes para no decir tonterías” (2001).

“En Europa, étnicamente hablando, si hay una nación, ésa es Euskal Herria” (1993).

“La sangre de los primeros europeos corre hoy solamente por las venas de los vascos”, afirmó citando a un antropólogo alemán. “La sangre con el RH negativo confirma que este pueblo antiguo tiene raíces propias, identificables desde la prehistoria, como sostienen investigaciones de célebres genetistas” (2000).

“Nosotros no somos los violentos, ni siquiera ETA; la violencia viene de la derecha” (1987).

“No creemos que sea bueno para Euskal Herria que ETA sea derrotada” (1992).

“En una Euskadi independiente, los españoles serían tratados “como se trata hoy a los alemanes en Mallorca” (2000).

Y la más célebre, que confesó haber pronunciado en una reunión:

No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas“. (Más tarde matizó, echando mano de una distinción que de poco servía: “Me refería a HB, no a ETA…“).

Puro pensamiento de Sabino Arana.

En mi opinión, y en su faceta política, Javier Arzalluz fue un personaje maquiavélico que hizo mucho daño a España y a los españoles. Descanse en paz, lo digo sinceramente porque todo puede perdonarse, pero nunca olvidaré que, se arrepintiera o no, creo que es uno de los personajes más siniestros de la política española desde la transición.

Y tampoco tenía necesidad de publicar este comentario, pero lo he considerado conveniente porque, tal y como nos están cambiando la historia reciente, me puedo encontrar con que a Javier Arzalluz le pongan como referente de tolerancia y “buen hacer”. O de hombre de paz.

Como ocurre con Otegui.

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