<Como se las maravillaría él>. Pedro Sanchez homenajea a Lola Flores.

Ayer, antes de entrar en el hemiciclo para defender su posición sobre el dinero dedicado al rearme y para hablar del apagón, seguro que pensaba, como la gran Lola Flores cuando cantaba <<como me las maravillaría yo>> para salir de este apuro.

Y se las maravilló, claro que sí. Se las maravilló. Hasta el punto de que parecía que fue él quien inspiró a Lola Flores para componer aquella rumbita tan simpática y pegadiza y no a la inversa.

Es posible porque Lola decía que tenía algo de bruja, bruja buena y puede que hiciera viajes en el tiempo y, moviéndose hacia su futuro, conociera a este personaje y a otros que han nacido a su sombra, como el ministro Oscar Puente o las vicepresidentas María Jesús Montero y Yolanda Díaz.

Que derrochan tal entusiasmo en gestos y manifestaciones de admiración a su presidente, que no sería de extrañar que algún día se levanten de sus asientos y rompan en palmas y olés en favor del orador de mandíbula cambiante. Ya lo hacen, pero solo con las palmas y el gesto, sin música.

Y lo hizo hablando de los riquísimos propietarios de las centrales nucleares y de los que se dejan comprar por el oro de los poderosos, del Prestige, del 11M y de todo lo malo que hace y ha hecho la oposición desde los tiempos de Don Pelayo. Ninguna novedad.

O quizás que no sacara el comodín de Franco, seguramente porque lo tenía todo tan estructurado que supuso que no le hacía falta.

Porque ellos, el presidente y su coro de palmeros, sí que nos maravillan con <<sus cosas> y sus inventos.

Maravilla es que el presidente afirme con rotundidad que no se sabe qué o quién es el responsable del apagón, pero sabe con certeza que Red Eléctrica no ha sido.

Y también sabe, <<de seguro>> que el exceso de presencia de las energías renovables en el momento en que <<saltaron los plomos>> de la red tampoco tuvo la culpa.

No se atrevió a afirmar que había sido un atentado, como sugirió en un principio, siempre sin saber, que es lo que más le hubiera convenido, pero <<ni afirma ni descarta>>, como tampoco descarta que la culpa la haya tenido las empresas eléctricas, que se limitaron a demandar la energía que necesitábamos nosotros, los mortales que activamos el alumbrado doméstico o pusimos la lavadora.

Y también sabe, no sabiendo la razón de lo sucedido, que tener activas las centrales nucleares no hubiera evitado el desastre.

O el misterio de que un tren sin electricidad, porque se rompió la catenaria, pudiera seguir avanzado y enredándola en el pantógrafo de la locomotora. Incluso si la hubiera roto el mismo pantógrafo, muy fuerte seguro que no estaría.

Por lo que me malicio que todo lo que dijo sobre el apagón, fue mucho asegurar para no saber nada.

El otro tema misterioso, siguiendo con el <<como me las maravillaría yo>>, quizás sorprendente, es el de que los gastos para el rearme se financiarán con partidas misteriosas que, o no existen, o, de existir, provocan la pregunta necesaria del porqué no se utilizaron para cubrir los gastos previstos en los últimos presupuestos. Esos que ya huelen a naftalina, pero que sigue vigentes.

Y, al margen de que pueda convencer a la Comunidad Europea y a la OTAN de que una tirita en el dedo de un soldado que se ha pinchado cogiendo moras son gastos de defensa, la otra gran incógnita es saber como se sostendrán estos gastos, que se prolongarán, incluso se aumentarán en el tiempo año tras año, sin incluirlos en los presupuestos generales del Estado, incluso perjudicando algunas partidas destinadas al bienestar.

O ¿es que todos los años van a aparecer partidas fantasmas, como ocurre en esta ocasión?

Es realmente difícil porque a las doce de la noche mágica, los pajes vuelven a ser ratones y la carroza calabaza, incluso al mismísimo Pedro Sánchez que, dádivas al margen a tiros y troyanos, es cierto que tiene <<baraka>>, como le dirán sus amigos marroquíes.

Son las cosas de Pedro Sánchez, el único capaz de estar hablando más de hora y media sin decir absolutamente nada medianamente creíble o sostenible, aparentando que lo que dice es verdad revelada.

Y nada, es nada de nada.

MI resumen es el de siempre, que nuestro presidente ejerce una formidable oposición a la oposición, porque lo borda y en lugar de gobernar se dedica a eso, a imitar con los hechos a la gran faraona, con el aplauso rítmico de los acartonados socialistas de la bancada, y el acompañamiento de las dos vicepresidentas, otras dos brujitas caídas en la política nacional, para que no pierda el ritmo ni esa cualidad excepcional que le adorna: Emplear mucho más tiempo que nadie para no decir nada.

Samaniego nos sorprendió un día descubriendo que conocía el lenguaje de los animales y así escuchó que:

Dijo la Zorra al Busto,
Después de olerlo:
Tu cabeza es hermosa,
Pero sin seso.

Como éste hay muchos,
Que, aunque parecen hombres,
Sólo son bustos.

O, lo que es peor en el caso de nuestro presidente, creo que sí que tiene seso y mucho, pero lo emplea solo para sobrevivir en ese palacio con fantasmas que es La Moncloa.

Muchos fantasmas y no todos buenos.

Valencia, 9 de mayo de 2025

José Luis Martínez[1] Ángel


[1] Desde ayer, apellido de Papa

Cuando Abascal se bajó del caballo y se dedicó a robar lo que tenían de valor los muertos en la batalla.

El comentario de Abascal después de la entrevista de Trump con Zelenski casi resulta vomitivo de puro entreguismo a las teorías imperialistas de Trump y de su gran amigo Putin.

Él, siempre tan nacionalista que incluso alienta que España deje la Unión Europea, critica a los líderes que han mostrado su respaldo al presidente ucraniano, al que preparaban una gran encerrona en la casa Blanca, con enorme difusión mediática, acusándolos de que están celebrando la <<continuidad de la guerra>> cuando esta frase es una gran mentira que solo sirve como coartada del que se cree nuevo gran Kan del mundo occidental.

Porque Zelenski sabe, como sabemos todos, que Ucrania está perdida sin la ayuda del los Estados Unidos, por lo que ha aceptado, casi de forma incondicional, las enormes exigencias de Trump, verdadero botín de guerra, con la única condición de que Estados Unidos garantice la seguridad de Ucrania. Que esta paz no sea una tregua para que Rusia se rearme y siga con su expansión en unos años como lo ha hecho en los anteriores.

A lo que Trump, <<el tramposo>>, se negó en redondo alegando que el presidente ucraniano no estaba en condiciones de negociar nada.

Exigiendo una rendición incondicional e inmediata, necesaria para que el villano de esta farsa pueda presumir ante el mundo que <<él sí que acaba con las guerras>> y lanzarse al día siguiente a por esas tierras raras que ya considera suyas.

Pero, claro, Zelenski no podía aceptar esos términos porque, al margen del orgullo patrio, que debería ser respetado y comprendido por Abascal, dejaba a su nación esquilmada en sus recursos y a los pies de los caballos de Putin.

Y, el otrora caudillo ecuestre de grandes valores, convertido ahora en felpudo del presidente Trump, no ha dudado en invertir los términos, como hace su nuevo señor, acusando a Zelenski de ser el posible causante de provocar una tercera guerra mundial, siendo como es el invadido que pelea por defender su tierra y no el invasor que quiere anexionarla a Rusia.

Y también de consentir que sigan muriendo ucranianos <<para desgastar a Trump>> ¿Habrase visto tanta vileza?

Es Putin y no Zelenski quien los está matando. Y también Trump, de forma indirecta, que colaborará con la masacre si niega su ayuda al pueblo ucraniano. Insisto: el que los ucranianos dejen de morir solo depende de que Rusia deje de matarlos. Eso es algo que, aunque ahora parezca padecer de amnesia ética y moral, Abascal sabe perfectamente.

Las víctimas de ETA, algo de lo que él siempre ha presumido saber tanto, no eran las que golpeaban con sus nucas las balas de los etarras. Eran las balas de los etarras las que destrozaban las nucas de sus víctimas. No hay ninguna posibilidad de invertir los términos y tampoco con lo sucedido en Ucrania desde 2054.

Esa es la verdad por mucho que algunos quieran blanquear lo imposible de ser blanqueado.

¿Alguien con honor y dignidad puede defender las nuevas ideas de Abascal? ¿Alguien con honor y dignidad puede seguir apoyando a un partido que antes defendía posiciones muy conservadoras alegando valores tradicionales y ahora repite lo que dice el presidente de una nación que se está manifestando como enemigo de la cultura occidental y defensor del gran imperialista-comunista ruso?

Espero que sus seguidores actuales recapaciten sobre el nuevo rumbo de su gran líder y no se dejen arrastrar por los relatos, los cambios de opinión y las posverdades de la cúpula de su partido, que, en este momento, está actuando exactamente igual que el gobierno socialista al que tanto critican.

Valencia, 2 de febrero de 2025

José Luis Martínez Angel

P.D.

Son tiempos muy acelerados en los que ni siquiera puedo digerir adecuadamente lo que sucede dentro de España, tampoco tengo ninguna urgencia porque todo está en manos de jueces y yo confío en la justicia, pero considero que la nueva amenaza internacional es sumamente grave y conviene que <<hagamos pared>> defendiendo nuestra cultura y nuestros valores.

El feminismo y los feministas de salón

He puesto este recorte, no para poner en valor la actuación de los populares de la época, sino como ejemplo de los bandazos que se han dado desde que los políticos decidieron abanderar el movimiento para sacar rédito electoral.

Claro que los políticos deben de intervenir en el desarrollo del feminismo, porque son ellos los que dictan leyes, pero no capitalizarlo utilizando argumentos para conseguir votos, porque es un tema de la sociedad en general y no propiedad de nadie.

Mi opinión es que, desde todos los puntos de vista, la mujer no es igual al hombre de la misma forma que un niño no es igual que un adulto. Y aclaro que es una simple comparación para reforzar el argumento, sin juicios de valor sobre la capacidad cognitiva de hombres y mujeres o cualquier otra circunstancia que suponga supremacía masculina. En absoluto.

Y si no se reconoce esa diferencia, como ocurrió en el momento que se reseña en el artículo, se perjudica a la parte más débil y con más condicionantes en lo físico, que no en el intelectual que es igual o superior, yo lo creo así, que el de los hombres.

Por supuesto que a la mujer hay que reconocerle los mismos derechos que al hombre, derechos que en España están plenamente reconocidos por la ley, pero también lo es que no goza de la necesaria igualdad de oportunidades. Y ese es el que debería ser el verdadero argumento del feminismo.

Y cuando hablo de derechos y oportunidades excluyo sandeces como el famoso eslogan que proclamaba que la mujer debe poder ir de noche, sola y borracha por la calle sin que nadie la agreda, derecho que también tiene los hombres, por supuesto, pero mejor no intentarlo.

Me refiero a que, reconociendo sus condicionantes, se la facilite el de ser madres si quieren serlo, con guarderías subvencionadas hasta que los niños puedan entrar en preescolar, incluso más tiempo en determinadas circunstancias, jornadas con horarios flexibles para conciliar la vida familiar con la laboral, protección real a madres solteras, como también a las que tienen embarazos indeseados y no quieren abortar, y otras de este tipo.

¿Quieren reducir el número de abortos, por ejemplo? En lugar de hacerlas escuchar latidos de corazón, tranquilícenlas, proporciónenlas ayudas económicas y sociales como si ya fueran madres solteras durante todo el embarazo y, a partir del parto, como cualquier otra madre. Seguro que así se evitarían muchos.

Es decir, sustituir los eslóganes y los titulares de prensa por ayudas efectivas para las mujeres que lo necesiten por cualquier circunstancia relacionada con su sexo y su situación. Lo demás son milongas.

Y no se asusten porque, aunque parezca que estas medidas comportarían mucho gasto público, pueden estar seguros de que todo lo que he comentado hasta ahora supondría una mínima partida en los Presupuestos Generales del Estado, mucho más baja que las que se están aplicando para gastos suntuarios o movidas políticas de muy poco valor para la ciudadanía, incluidas muchas de las que ahora maneja el ministerio de igualdad.

Con la ventaja de que fomentar la natalidad y favorecer a las mujeres, supone obtener beneficios sociales de mucho calado.

Y olvidar tonterías innecesarias como los ridículos eslóganes de bajas laborales por menstruaciones, como ejemplo de la insensatez y de la demagogia, porque una mujer que tiene menstruaciones dolorosas puede pedir la baja médica sin ningún problema y porque en las empresas, y yo he tenido muchas mujeres en la mía, “se sabe” cuando las empleadas más afectadas están en esa situación y se les tiene una consideración especial.

El contenido de este artículo viene a cuento porque en aquellos tiempos, primer error, se defendió desde un determinado feminismo que la mujer es “igual al hombre” y por eso el socialismo de entonces retiró todos los agravantes cuando la víctima de una agresión era una mujer, uno de los cuales era el “desprecio de sexo”. Agravantes que en este momento se están llevando a la exageración por el llamado feminismo extremo, que no ha dejado de dar volantazos desde que se descubrió el filón propagandista que suponía para determinados partidos el afirmar que solo ellos defendían a la mujer y que “estaba todo por hacer”.

Que la mujer ha sido en el pasado una auténtica mula de carga, en el sentido metafórico de la palabra, responsable del hogar y de los hijos es una realidad indiscutible. Como también lo es que durante la dictadura, la Sección Femenina educaba las jóvenes a ser buenas esposas, buenas madres y excelentes amas de casa.  Pero desde entonces hasta ahora ha corrido mucha agua por los ríos y es hora de avanzar desde la realidad actual y no inventando otra inexistente, ya superada.

Insisto en que la lucha ha de centrarse en facilitarles que puedan participar en la sociedad en la medida que quieran hacerlo y con las ayudas necesarias para conseguirlo.

Sin trampas ni demagogias.

Se dice, por ejemplo, que los salarios promedio de las mujeres es inferior al de los hombres, pero, siendo verdad, es una visión distorsionada de los hechos. Según la ley y los convenios sindicales, los salarios se fijan en función de la categoría laboral del empleado, sin distinción de sexo, pero es un hecho que muchas mujeres están obligadas por sus responsabilidades familiares a tener jornadas reducidas, por lo que sus ingresos reales son inferiores. Pero la causa raíz, lo que hay que denunciar, no es que esté asumido ni aceptado que la mujer cobre menos que el varón, sino la falta de apoyos del Estado para poder trabajar más horas si quieren hacerlo.

También se puede dar el caso de que, trabajando las mismas horas, algunas empresas tengan registradas a las mujeres en una categoría laboral inferior a la de un hombre que hace exactamente su mismo trabajo. Pero ese es un problema de inmoralidad del contratante y de falta de inspección de trabajo, porque hay pocos inspectores y porque, habiendo tanta información en la redes, no se están desarrollando mecanismos que crucen datos de contratación en las empresas con los puestos de trabajo, el sexo de los contratados y cuantos datos sean necesarios para disparar alarmas de fraude.

Aunque esta misma situación también se da en el mundo de le empresa, especialmente en el de la pequeña empresa y en el de los autónomos con empleados, en el que hombres y mujeres están contratados por un determinado número de horas y “obligados” a trabajar más de las contratadas por el mismo salario o cobrando una parte “en negro”.

En resumen: No hay ninguna duda de que la sociedad actual tiene muchos problemas y que las mujeres están especialmente perjudicadas en temas como las agresiones sexuales, un desamparo evidente en muchas facetas de sus vidas, o la dificultad para poder desempeñar algunos de los roles que les corresponde por su sexo, pero también lo es que todos ellos y muy especialmente los de la mujer, solo son objeto de titulares interesados sin que nadie entre a fondo en sus causa-raíz ni en proporcionarlas las ayudas necesarias.

En parte porque la maldita política interesada y populista está desviando el foco del problema hacia una dirección equivocada.

José Luis Martínez Ángel

Valencia 15 de febrero de 2023

Administración Pública, desastre absoluto en la atención personal al ciudadano.

No hace mucho que un médico jubilado, Carlos San Juan, comenzó la campaña “somos mayores, pero no idiotas” quejándose del mal trato personal que las entidades bancarias daban a las personas mayores, campaña que tuvo mucho impacto y obligó a reaccionar a una buena parte de ellas.

Pero se trataba de entidades privadas y siempre teníamos el recurso de cambiar de banco, aunque tampoco servía de mucho porque, más o menos, todos ellos habían sustituido a personas por cajeros o por gestiones por internet y, en casi todas las ocasiones, los cambios suponían “salir de Matamala para meterte en Matapeor”

Otro problema actual, gravísimo problema, es que la Administración Pública, recalco lo de pública, la que tiene como única misión servir al ciudadano en sus relaciones con el gobierno y con el Estado, ha seguido el mismo camino que los bancos y ha rodeado a sus empleados de una barrera infranqueable para personas mayores o con poca o nula facilidad de manejarse por internet

Pues bien, desde la pandemia y viendo las ventajas personales que el teletrabajo tenía para muchos de los funcionarios, este colectivo, sin dueño ni jefe, parece que ha decidido continuar con la misma situación, manteniendo cerradas todas las ventanillas de atención directa al ciudadano, a las que solo se puede acceder por la famosa “cita previa”, en demasiados casos con plazos inexplicables en el tiempo, o solo explicables porque ha disminuido notablemente el número de funcionarios presentes en las oficinas.

Situación imperdonable e incongruente por la inversión de términos entre el objeto de la administración, que solo tiene como justificación ayudar al ciudadano y el hecho de ponerles barreras para acceder al servicio que necesitan.

España necesita con urgencia de que se ponga orden en muchas cosas, como la educación, la política fiscal, la reafirmación de la separación entre poderes, la reforma de la ley del menor o del código penal en el tema de la ocupación de viviendas, por poner algunos de los muchos asuntos pendientes, pero una de ellas, muy importante, es entrar a fondo en la organización de la Administración Pública, tomando como modelos de gestión y atención personal patrones conocidos en la empresa privada, deshaciendo esa sinrazón a la que ha derivado y que ha convertido a los funcionarios en un colectivo mimado, super protegido por los gobiernos de turno y con la complicidad insensata de unas centrales sindicales que, prácticamente, solo justifican su existencia apoyando sus reivindicaciones año tras año.

Que constancia de que no me quejo en absoluto de los funcionarios como personas, porque la mayoría de ellos son buenos profesionales que brindan un trato muy correcto a los afortunados que acceden a sus puestos de trabajo, sino a ese monstruo en el que se ha convertido la Administración Pública, tan necesitada de orden y reformas.

Porque cada vez son más los que no se sienten especialmente orgullosos de la situación actual y de la imagen, muchas veces injusta, que están transmitiendo a la sociedad: un colectivo que solo se preocupa de sus propios intereses y que no ha ganado unas oposiciones para servir al ciudadano, sino para conseguir sueldos estables y de un nivel muy aceptable, y las mejores condiciones laborales posibles.

José Luis Martínez Ángel

22 de noviembre de 2022

Democracia versus dictaduras.

El caso Ucrania pone en evidencia otra de las debilidades de la democracia, debilidad afortunada, por supuesto, pero evidente. Las democracias creemos en los derechos humanos, respetamos la vida humana y establecemos controles para que los gobernantes necesiten recabar autorizaciones para hacer según que cosas. Invadir países, por ejemplo.

Putin ha podido mover tropas como ha querido y ordenar lo que ha ordenado por su cuenta y riesgo, aunque haya disfrazado algunas de sus decisiones como consentidas por su parlamento de cartón. Parlamento que puede convocar en media hora con el orden del día que él indique y que aprobarán por unanimidad lo que él proponga.

A diferencia de las naciones democráticas en donde los gobernantes necesitan pasar filtros y respetar normas antes de aprobar medidas drásticas como la que nos ocupa. De hecho, la facultad de declarar una guerra, que es lo que ha hecho Putin, en España está reservada al Rey, único que puede hacerlo a propuesta del gobierno.

Y esta diferencia de condicionantes crea una brecha temporal inevitable en la toma de decisiones, por lo que un loco como Putin podría invadir Europa mientas cada una de sus naciones y la propia comunidad se toman su tiempo discutiendo si son galgos o podencos.

Repito que afortunadamente.

¿Cuál es la solución? Muy complicada, pero seguramente lo más eficaz y casi lo único que se puede hacer es lo que se está haciendo con Rusia: estrangularla económicamente, cerrando sus canales de acceso a los mercados exteriores, de forma que se resienta la economía del país y provoque una reacción de la ciudadanía. Y, por supuesto, bloquear o embargar todos los bienes de los dictadores y de los componentes de sus núcleos duros, siempre cuantiosos y “colocados” en países terceros.

Pero eso no es eficaz para evitar disparates como el de Ucrania si se aplican sobre hechos consumados. Hay que ponerlos em marcha cuando se ven síntomas evidentes de sus intenciones. En el caso de Rusia hace más de siete años, cuando empezó la operación de acoso a las regiones del este de Ucrania.

Caso Marlaska. Comentario final sobre la justicia y sus condicionantes.

Utilizando el famoso “decíamos ayer”, conviene dar un repaso a todo lo que hay delante y detrás del famoso “caso Marlaska”, el del cese del coronel Pérez de los Cobos.

Y utilizo este caso, no para darle más vueltas a las razones morales, ética, políticas, mediáticas, ideológicas, o de cualquier otro tipo que rodean el caso, sino para analizar lo bueno que es para la ciudadanía la separación de poderes, para tratar de aclarar “quien es quien” en la organización del Estado y para conocer cuáles son las funciones de cada cual.

Empiezo por presuponer que una buena parte de los jueces del Tribunal Supremo que decidieron dar la razón al ministro por unanimidad, estarán bastante molestos con el gobierno por sus constantes intentos de invadir competencias del poder judicial. Pero, como siempre he defendido, las togas con las que se revisten los jueces en actos judiciales actúan como una barrera que, en la gran mayoría de los casos, les aísla del mundo exterior, el de las opiniones, las presiones y los juicios paralelos, e incluso de sus propios sentimientos e ideologías.

Confirmado por el hecho de que los jueces son los únicos “trabajadores” públicos de los que se conoce lo que hacen y porqué lo hacen, sin trucos ni secretos de Estado, porque todas sus actuaciones, detalladas en las actas, están a disposición de la ciudadanía.

En segundo lugar y refiriéndonos a los casos que tienen que instruir, que juzgar o que revisar, los jueces solo pueden dictar sentencias basándose en pruebas irrefutables. Pueden estar convencidos de que el acusado es el mayor asesino del mundo, pero ese convencimiento íntimo no tiene ningún valor si no hay testigos o pruebas que lo demuestren. Porque a la hora de sentenciar no caben impresiones ni sentimientos.

Y es de analizar como han cambiado las cosas en los últimos tiempos cuando juzgamos a los “juzgadores”.  El derecho romano, base de la legislación española, afirmaba que “dura lex, sed lex”, (la ley es dura, pero es ley), frase que parece hecha para justificar la severidad de algunas sentencias, pero curiosamente, en este momento de confusión, nadie cuestiona la dureza  de los jueces, que son criticados mucho más severamente por la supuesta debilidad de algunas resoluciones, que, según la opinión de ese gran tribunal popular en el que se ha convertido la opinión pública,  parecen fruto de la cobardía o de componendas de los jueces o tribunales que las emiten.

Y nada más lejos de la realidad, porque lo que ha cambiado no es la judicatura, sino la mentalidad de los españoles y no siempre para bien, actualmente muy influenciada por el continuo bombardeo de redes sociales y medios de comunicación con intereses políticos o buscando aumentar las audiencias.

Y eso es lo que ha ocurrido, según el Tribunal Superior, en este caso. En una redacción muy hábil de la motivación del cese, no se dice que el ministro preguntara al coronel por los detalles de la investigación, más bien da la impresión de que se limitó a un genérico “como lo lleváis”, casi en plan colega.

Porque preguntarle por los detalles sería un delito, pero formular una pregunta que merezca una contestación del tipo “están progresando y han encontrado algunas pistas”, sin más, sería una conversación absolutamente normal con la cadena de mando. Nada punible ni criticable.

Y esa es la única información disponible. El coronel afirma que recibió llamadas presionándole para que desvelara el curso de la investigación, pero no están grabadas, lo que posiblemente hubiera sido un delito y, por tanto, nunca han existido para la justicia.

Quizás el coronel pecó de inocente y nunca creyó que las cosas llegarían donde llegaron. Yo, en su caso y como hice siempre cuando trabajaba en una multinacional y recibía alguna instrucción telefónica comprometida, nada más colgar mandaba un correo, postal al principio, digital después, pidiendo una confirmación o una aclaración de lo escuchado.

Y así se aclararon muchas dudas y puede que se pararan algunas iniciativas poco aconsejables.  Normalmente estas consultas, muy poco frecuentes, eran bastante mal recibidas por los destinatarios, pero eso era parte de mis gajes de oficio. Y mis razones íntimas eran las que debería tener el coronel: los directores de empresa y los ministros del gobierno, cambian, pero los clientes en mi caso y la defensa del orden público en el suyo no. Continuaban allí y esos eran a los que debíamos absoluta fidelidad, porque esa era nuestra verdadera responsabilidad.

Y lo era respondiendo a un marco superior, las normas la empresa en mí caso y la Constitución en el suyo, que en algunas ocasiones pretendían violentar o mal interpretar algunos de los jefes circunstanciales.

En fin: el cese del titular de un puesto de confianza necesita pocas motivaciones, pero no estamos hablando de eso, tema importantísimo sobre el que haré un comentario próximamente, sino de la justicia.

Y en el marco de nuestra forma de Estado, yo tengo muy claro donde están mis fidelidades. Fidelidades motivadas por la lectura de nuestra Carta Magna: Zapatero a tus zapatos. El gobierno para administrar el bienestar de la ciudadanía y para dejar la nación mejor que se la encontraron sin salirse del marco de actuación previsto en la Constitución y el Poder Judicial para administrar justicia y proteger a los españoles de los que cometen delitos, sea el que fuere quien infringió las leyes, incluidos otros estamentos del Estado.

P.D. Esta mañana he escuchado duras críticas al juzgado vasco que “no ha prohibido” la manifestación convocada, según vox populi, para homenajear al criminal Parot y para humillar a las víctimas del terrorismo de ETA. Pero, claro, el juez habrá leído las razones de la convocatoria y no habrá encontrado nada de esto. Lo desconozco, pero seguramente dirá que es para pedir la libertad de Parot o algo similar.

Lo que, en el mundo de la justicia, no supone ningún delito y entra en el campo de la libertad de expresión, por lo que no ven razones para suspenderla.

Pero lo que un juez no puede hacer, presuponer, si que lo pueden hacer otros estamentos, como el delegado del gobierno o el propio gobierno vasco que, a la luz de la experiencia de otras manifestaciones, puede impedirla la alegando razones de orden público o de cualquiera otra índole. O estar vigilando la manifestación para suspenderla cuando escuchen la primera frase que suponga “homenaje a” o justificación de la violencia.

Pero no lo harán alegando razones de evitar males mayores o similares. Autoridades que muy posiblemente dan instrucciones de mano blanda con los manifestantes urbanos del “anti lo que sea” que queman contenedores, destrozan escaparates, asaltan tiendas y agreden a las fuerzas de orden, cada vez más desamparadas, con el terrible resultado de “uno o ningún” detenidos.

Pero muchos siguen creyendo que todo esto pasará por generación espontánea, mientras seguimos dando por bueno o por inevitable lo que no es bueno y sí que es evitable. Porque cada vez estamos más anestesiados y tenemos menos ganas de “complicarnos la vida”.

Valencia, 17 de septiembre de 2021

Las verdades y las mentiras de los delitos de odio

En este país de nuestras desdichas en el que las liebres corren por el mar y las sardinas van por el monte, no podía faltar el que los máximos responsables de fomentar nuestro bienestar y nuestra convivencia tengan como estrategia electoral, porque hace muchos años que estamos en continuo período electoral, buscar y fomentar cualquier cosa que nos separe, tarea a la que tienen dedicados potentísimos equipos de marketing, fabricantes de frases rotundas con toda la apariencia de ser verdades evangélica cuando, lo normal, es que sean tan falsas como malintencionadas.

Y siendo cierto que los ataques personales son una desgraciada constante en la política parlamentaria, nunca se ha llegado al nivel actual, en el que se han saltado varias barreras, siendo la más importante que los líderes y portavoces de los partidos se están atreviendo a juzgar, a atacar y a cuestionar el buen juicio de los votantes de los otros partidos.

Y en eso tengo que hacer algunos distingos. Todos se pasan de la raya atacando a los líderes rivales, pero no todos bajan a la arena de agredir verbalmente a los que soportan a los “contrarios”. No lo hace el PP ni ciudadanos, ni tampoco, curiosamente, lo hace VOX, partido que no se caracteriza precisamente por su moderación verbal y sus buenos modos parlamentarios. Lo han hecho, y muy especialmente durante la famosa “campaña de Madrid”, que casi suena a episodio de la guerra civil, el PSOE, Podemos, IU y MásMadrid, entre otros.

Y esto viene a cuento de la mala, malísima, praxis que supone utilizar políticamente las desgracias ajenas y muy especialmente los llamados “delitos de odio”, en lo que son especialmente expertos los partidos de izquierda incluido, muy lamentablemente, el actual sanchismo.

Pero conviene empezar por el principio y es que la inmensa mayoría de los españoles somos defensores de la mujer y enemigos de cualquier tipo de violencia, sea del tipo que sea. Y ni el feminismo, ni la defensa de las igualdades son patrimonio de nadie. Ni de lejos, por mucho que se pongan bandas y medallas por ser “los primeros”, “los únicos” o “los pioneros”.

Escribo esta nota al hilo del desafortunado incidente del homosexual madrileño que presentó una falsa denuncia por agresión por un grupo de encapuchados. Noticia que disparó, como es habitual en estos casos, los mecanismos de los supuestos “salvapatrias”, “salvahumanidades”, “salvalibertades”, “salvahomosexuales” y salva todo, que se apresuraron a decir que “los otros”, refiriéndose especialmente a VOX, pero también al PP, son los responsables de estos sucesos por sus mensajes de odio. Por cierto, desconozco si es el caso de VOX, pero el PP tiene entre sus filas a algunos homosexuales muy cualificados, que nunca ocultaron su identidad sexual.

Y hasta el ministro del interior, el que estaría informado desde el primer momento de que existían serias dudas sobre la denuncia por la ausencia total de testigos en un barrio tan poblado y a una hora tan indiscreta y que debería ser especialmente prudente en las declaraciones por ser el responsable de las fuerzas de seguridad que lo estaban investigando, se apresuró a decir lo que no debía, incluso dando el nombre de VOX como uno de los responsables “de que ocurran estas cosas”.

Noticia que, ¡como no! trató de utilizar de inmediato el caza medallas que gobierna la nación anunciando que iba a presidir personalmente el comité de delitos de odio que, por cierto, parece que está haciendo un buen trabajo. Foto asegurada y méritos a añadir a los muchos ajenos que ha cosechado en los últimos tiempos.

Equipos de marketing y propaganda que, según los acontecimientos, hacen muy especial hincapié en la xenofobia, el maltrato a la mujer, los ataques homófobos o lo que haga falta, proyectando una imagen nacional e internacional de que somos un país plagado de agresores sexuales, maltratadores de mujeres o de gais y lesbianas y de todos los diferentes, cuando nuestros índices comparativos con otros países europeos son sensiblemente mejores. Incluso se dice, no puedo constatarlo, que España es el país más seguro del mundo ellos.

Un país donde el feminismo radical, insensato, inmoral y excluyente, está transmitiendo en los últimos tiempos la sensación de que España es una nación en la que los padres matan a sus hijos por odio a sus mujeres. Aprovechando, maldita sea, los muy desgraciados y escasísimos casos que se han producido en los últimos años

Información que, además de ser falsa, no beneficia en absoluto a la “marca España”

Pues bien, siguiendo mi costumbre he acudido a fuentes de información fiables, en este caso el Ministerio de Asuntos Interiores y he encontrado los siguientes datos oficiales sobre los delitos de odio.

Los realmente contrastados al margen de las informaciones interesadas, tendenciosas y claramente exageradas:

En el año 2020, el mayor número de delitos cometidos lo han sido por “racismo/xenofóbia”, con un total de 485 casos y una disminución de 30 sobre 2019. Este es un delito con causas/raíz sumamente variadas y confusas porque son muchos los factores que pueden favorecer el rechazo o el odio al inmigrante. Y siendo cierto que algunos mensajes procedentes del mundo de la política pueden favorecer el rechazo, dudo mucho que animen el delito.

En segundo lugar aparece, ¡oh sorpresa! los de “ideología”, delito del que no hablan nuestros líderes de izquierda porque, en su inmensa mayoría, son los partidos extremos y los malditos nacionalismos “practicantes” los que la alimentan. Es el odio al fascista, al españolista, al facha y también, en mucho menor número, al comunista. En 2020 fueron 326 y en el año 2019 nada menos que 596.  Es posible que la pandemia, los confinamientos y la prohibición de mítines y actos políticos haya influido en la disminución de estos delitos, pero, tal como están las cosas, me temo que esta cifra subirá notablemente en 2021.

El tercer lugar lo ocupa los delitos por “orientación sexual e identidad de género”, con 227 casos, uno menos que en 2019. Desconozco porque se producen o quién pueda alimentarlos porque, en este caso, todos los partidos tienen homosexuales en sus filas. Y aquí sí que descarto rotundamente a la extrema izquierda porque no solo no son enemigos, sino que parecen fomentadores de la multisexualidad o de la ambigüedad de género. Parece ser que son más propios de grupos tipo “ultras de futbol” o de bandas que salen a “cazar” homosexuales, como ha ocurrido en los últimos casos conocidos, pero ignoro las circunstancias o las motivaciones reales.

La “discriminación por sexo/género” ocupa el cuarto lugar con 99 casos, 33 más que en 2019. Tampoco puedo saber las causas/raíz de este delito, pero es evidente que ha sufrido un importante incremento desde al año anterior.

Y luego están todos los demás: “creencias o prácticas religiosas”, “persona con discapacidad”, “antigitanismo”, “discriminación por razón enfermedades”, “discriminación generacional”,aporofobia” o “antisemitismo”. Son cantidades mucho menores y con pocas variaciones sobre el año anterior.

Por lo visto hasta ahora, entiendo que:

  • En el año 2021 se registraron un total de 1.401 delitos de odio. Uno solo sería injustificable y, de ninguna manera quiero quitar importancia a los ocurridos. Solo trato de exponer los datos objetivos, sin los amplificadores o los amortiguadores, según convenga, de los interesados en utilizarlos políticamente.
  • Es decir, que menos de un 0,003 de los españoles han cometido algún delito de odio, suponiendo que entre los denunciados no haya casos de reincidencia.
  • Es de una claridad meridiana que los delitos de “ideología” no interesan a los grupos de marketing que trabajan para los partidos políticos, o bien porque son ellos mismos los incitadores, los partidos, o porque los cometen algunos de sus socios necesarios.
  • Y si observamos la distribución geográfica de los delitos de odio por cantidades totales, no es de extrañar que las zonas con más incidencia son las que tienen una carga mayor de ideología, especialmente provocada por los nacionalismos y los independentismos.

He intentado localizar datos de otros países europeos para compararlos, pero no he encontrado ninguna fuente fiable que me sirva para la comparación. Pero tengo la absoluta seguridad de que nuestros datos no son peores que el resto de las naciones. Ni mucho menos

Por todo lo anterior no hay ninguna duda de que, como en toda la información que circula por España en los últimos años, hay un altísimo componente de mentiras, falsas interpretaciones o verdades a medias al servicio de la política del peor nivel. La que juega con los sentimientos y las debilidades de los más desfavorecidos.

Tantas mentiras y de tanto calibre que harían avergonzarse al mismísimo NO-DO.

Acompaño algunas de las tablas que reflejan los datos que he comentado.

P.D.

He visto en el telediario que el presidente ha decidido que se creen unidades especiales contra los delitos de odio en la Policía Armada y en la Guardia Civil. No critico la medida, pero sería mejor si se hiciera extensiva a las policías autonómicas que, con esta especialización, podrían atender y entender mejor a los “odiados” en sus territorios por ser de partidos de la derecha o por no ser independentistas. Incluidos muchos policías y guardias civiles odiados por el simple hecho de estar destinados en algunas comunidades.

Ya se que no es justo ni apropiado frivolizar con estos asuntos, pero no soy yo el que lo hace. Son los cínicos que nos gobiernan.

Cuando España era España y Madrid «lo que tié que ser»

Cuando España era España, en toda su geografía reconocíamos muchos puntos de especial interés, referentes de nuestro arte, nuestra cultura o nuestra historia. No pretendo relacionar aquí estos lugares que empiezan en Cádiz, la brillante Tacita de Plata de mi ingreso en la Marina, o en esa Granada “fatimita” que he visitado en invierno, en verano, de día y de noche, maravillándome cada vez de lo que veía y sentía y que acaban en el Santiago de Compostela universal, con el verdín de sus paredes, el peso de las torres de su catedral y de sus tradiciones y el calor de esos buenos bares en los que disfrutar de su gastronomía, íntima y casi milagrosa.

Pero sí quiero destacar dos puntos de especial relevancia:

Barcelona, que entre otras cosas notables era el centro de la moda, el diseño y la modernidad y Madrid, la París española, en donde confluían artistas de toda clase, escritores y poetas, literatos, pintores, músicos y cualquiera que tuviera interés por conocer por  boca de otros lo último en el mundo de la cultura. O que sintiera inquietud por descubrir lo diferente.

Y como es natural, a la sombra de la cultura siempre aparece la bohemia, el humo de tabaco, esas tertulias tan “de Madrid”, la buena cerveza de barril o los licores que acompañan a las conversaciones.

El excelente ambiente de Los Mesones y de los alrededores de la Plaza Mayor, ese tomarse un vino en cualquier rincón de cualquier barrio discutiendo de fútbol, de toros, de política o de lo que hiciera falta con quien hiciera falta, posiblemente desconocido, pero siempre cordial y abierto a la conversación. Porque enseguida descubrí que si hay algo que  a un madrileño “fetén” le chifla de verdad es una buena discusión. Siempre incruenta, siempre apasionada,

Y luego, en los 80, vino la explosión de todo lo que se tenía guardado hasta que llegó la transición. Y con ello lo que se llamó “la movida madrileña”, la de pasar el péndulo al otro lado de la oscilación y donde se rompieron muchas barreras, demasiadas, todas.

Y de ese desmadre nacieron cantantes, conjuntos, bandas, humoristas  y todo tipo de auténticos seres de discoteca, de café teatro, de sala de fiestas y de revista.

Yo me hice de la “clac” para poder ver teatro barato y cuando mejoré mis ingresos y subí un escalón adquisitivo, disfrutaba yendo a La Latina de Lina Morgan o a alguna que otra zarzuela.

Era una época en la que solía ver a Luis Sánchez Polack, “Tip”, rondando las cervecerías de la Glorieta de San Bernardo y hasta, según él mismo confesó más adelante, “distrayendo” alguna propina ajena porque andaba muy escaso de recursos.

Eso y mucho más era el Madrid que me acogió desde el primer día en que llegué a mi pensión  de la Corredera Baja de San Pablo recomendado por mí desaparecido amigo Miguel Redón-Sema. El Madrid que me maravilló por acogedor y diferente.

El madrileño de aquellos tiempos, alguno de los cuales había nacido en el mismo Madrid, lo que era poco frecuente, eran gente bullanguera, divertida y sin malicia. Un poco pasotas y chulitos en lo superficial, pero generosos y comprometidos cuando era menester.

Y mira por donde los protagonistas, ya mayores, o sus hijos, o los hijos de los hijos de la movida de Madrid, muchos de ellos en cargos políticos del gobierno, en la cúpula de algunos partidos de izquierdas (también de la derecha) o conductores de programas de televisión de mucha audiencia desde posturas claramente contrarias a la política cavernaria y fascista del PP, acusan a los madrileños de ser tabernarios y muy de berberechos y de terraza de bar.

Supongo que aunque no hayan dicho nada en defensa de los ofendidos, a Pedro Almodóvar, Alaska, el Gran Wyoming y toda esa pléyade de militantes intelectuales de la izquierda española les habrá dado la risa aunque no lo hayan manifestado.

Hasta Sabina, el que decía que “los pájaros visitan al psiquiatra y las estrellas se olvidan de salir” en su “pongamos que hablo de Madrid” habrá tenido que sujetarse la barriga por las carcajadas y estoy seguro de que habrá hecho alguna llamada para preguntar a alguno de sus conocidos del gobierno y a su coro mediático, “de que van” acusando a sus conciudadanos de disfrutar en demasía en las terrazas de los bares.

Porque ellos, la gente del espectáculo  de “los 80”que fueron madrileños nacidos donde fuere y en aquellos ambientes  de espectáculo y diversión, consiguieron unas marcas de desmadre a la que no llega, ni de lejos, ni haciendo un master, el más “tasquero” de los tasqueros de Madrid.

Y, naturalmente, no quiero decir que todos estos famosos deberían de defender  Ayuso y su política. Aún me quedan luces. Pero podrían defender, políticas aparte, el modo de ser y de vivir de los madrileños que es el suyo propio.

Defenderlo a muerte. Incluso solicitar que se declare patrimonio inmaterial de la humanidad. Y si quieren mi firma la tienen disponible.

Y visto lo visto es evidente que los madrileños de ahora, que se estaban comportando como monjas ursulinas,  salieron de su recogimiento, azuzados por la frívola y casquivana presidenta Ayuso que no quiere vecinos en sus casas ni rincones sin botellón.

En fin. Lo dejaré aquí porque el idioma español, tan rico en voces, no tiene las suficientes para calificar la desfachatez de un presidente de gobierno que dice vivir en un futuro de leche y miel, preparando su corona de vencedor  gracias a unas vacunas que ni ha contratado, porque lo han hecho otras instancias de la Comunidad Europea,  ni está inyectando porque lo hacen las autonomías.

Pero ¿eso que importa? No permitamos que una simple realidad estropee la gloria de una ficción bien elaborada.

Eso es lo que tenemos. Aparece Pedro Sánchez y su gobierno en lontananza y la factoría Redondo hace una seña al mejor de los rapsodas para que lance a los cuatro vientos los vibrantes versos que compuso para él Rubén Darío en una clara premonición de que vendría el que tenía que venir:

“¡Ya viene el cortejo!

¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.

La espada se anuncia con vivo reflejo;

ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines…”

Gloria al héroe vacunador. ¡Nadie como él!

Pero, francamente, no creo que les dure demasiado tiempo el invento anti Ayuso. Incluso es muy previsible que semejante disparate se vuelva contra los que lo parieron. Promover anti madrileñismo fuera de Madrid les quitará los pocos votos que les quedan en “el foro” en favor de Más Madrid y no van a conseguir votos socialistas de otras comunidades, las perjudicadas por Ayuso “la inconsciente”. Y ojo con Andalucía y la díscola Susana Díaz.

Y aparte de absurdo, desleal y antidemocrático, el que la ministra de asuntos exteriores demonice a una comunidad de su país y a su presidenta, o que la muy ilustrada Calvo, que lo es, la que estaba en Andalucía “cuando los ERES” y ni se enteró ni denunció, hable de enlaces de la política del PP madrileño con campos de concentración nazis, no indica más que la realidad: Que tenemos un gobierno que, en el mejor de los casos, es una banda de incompetentes que solo tienen habilidad para perpetuarse en los cargos.

Y un presidente que hace tiempo que ha renunciado a gobernar y a dar la cara si no es para darse besos en la mejilla.  

P.D. Últimamente está de moda que los políticos descalifiquen a los votantes que no han apostado por sus candidaturas. ¡Lo que faltaba! Estamos en una democracia y si todo el censo electoral votara a VOX o a Podemos, pongo por caso, nadie de la política tendría derecho a decir que los votantes “se han equivocado”. Podrían  lamentar que no les hayan votado a ellos, eso sí, pero nada más. Porque, afortunadamente, somos los electores los que podemos y debemos criticar a los políticos si nos defraudan, pero los políticos no tienen ningún derecho a criticar a los electores.

Somos soberanos.