Los misterios del “nou Canal Nou”

Estoy siguiendo con interés los regates político-legales de la Generalitat para conseguir la reapertura del fallecido Canal 9 y no acabo de entender ni el proyecto, ni las formas, ni las intenciones. Y me figuro que no soy el único.

Vaya por delante que lamenté la muerte de la emisora, fallecida de gigantismo gracias a la lamentable actuación de “propietarios” y empleados, encabezados por los sindicatos, y rematada por las últimas decisiones de la ínclita Rosa Vidal, la supuesta “salvadora” nombrada casi directamente por el Molt Honorable Senyor, el antiguo, que no arregló nada y comprometió gravemente el ERE de Canal 9 por alterar sus condiciones de forma temeraria.

Pasó lo que pasó y sigo manteniendo lo que decía en antiguas Cartas al Director del diario Las Provincias: La Comunidad puede soportar, porque la necesita, una emisora de 500 a 700 empleados, apolítica, cultural, que difunda el valenciano, que informe de hechos y eventos de pueblos y ciudades, y que no castigue a los televidentes con las imágenes de “los que mandan”, haciéndonos ver lo buenos que son, en contrapartida de los “malos” de antes, sean los que fueren, besando niños, exagerando inauguraciones, primeras piedras, y acontecimientos similares.

Pero las últimas noticias son realmente alarmantes. ¿Qué se está cociendo? No soy un experto en temas laborales, pero si Canal 9 contrata personal, ¿en qué ley se amparan para dar prioridad a los antiguos empleados? ¿Cómo justifican una discriminación previa al resto de parados o mal empleados del sector audiovisual? ¿Mayor experiencia? No se cómo podrán justificar que un cámara, un técnico, o un administrativo de la antigua empresa tiene mayores conocimientos que el resto de los titulados del sector audiovisual o que un administrativo de una empresa multinacional o de una fábricas de muebles, por ejemplo. No den puntos añadidos a estas candidaturas, por favor. No prevariquen.

Mi otra duda: Si Canal 9 es una empresa y sus antiguos empleados fueron despedidos legalmente y con una indemnización adecuada, en caso de readmisión en la misma empresa y con el mismo NIF ¿Renunciarán a parte de la indemnización percibida? Y si la abren con otro NIF ¿no es un fraude de ley?

Pero lo que realmente me alarma es lo que ya se está haciendo. Parece que el “futuro” Canal 9 ya ha firmado algún contrato con una empresa formada por ex empleados del “antiguo” Canal 9. Como no he visto los documentos no lo puedo afirmar pero, de ser así, ¿que baremos se han aplicado para adjudicar la contratación? ¿Es la mejor empresa del mercado? Visto desde fuera y sin más información, parece un intento de favorecer a amigos y ganar voluntades.

¿Estamos locos? Todavía no hemos depositando las últimas paletadas de tierra sobre la tumba de los “malditos corruptos” de antaño, cuando nos están apareciendo nuevas Imelsas, o un nuevo Canal 9, tramposo e ilegal.

Está claro que, como me temía cuando la cerraron, los nuevos mandatarios no quieren una televisión pública. Quieren “su” máquina de adoctrinamiento y promoción de ideas. Y no como el antiguo Canal 9, que ya hacía lo suyo, sino según el modelo de la TV3. Nada de concesiones al pluralismo.

¿Es esta es la nueva política, la que ha venido a limpiar los vicios y corrupciones de “la casta”?

Me temo que la izquierda vuelve a equivocarse. Puede que con todas estas cacicadas fidelicen a sus incondicionales, pero la ciudadanía es cada vez es más exigente e informada, y acabará rechazando trampas y manipulaciones. Y su gran masa de votantes no son los incondicionales; son los simpatizantes.

¿Volvemos a la política constructiva? – La era de los grandes pactos

En uno de mis comentarios anteriores decía que si Ciudadanos tenía asesores debía despedirles y que si lo los tenía debía buscarlos. Hoy, pasado el tiempo y puestas las cosas en su sitio, mantengo la misma opinión. Y si yo, simple observador de “lo que pasa”, preveía lo que podía ocurrir, ¿Cómo no lo vieron los dirigentes del partido?

Ciudadanos podía jugar a ser uno de “los esperados” mientras nos manteníamos en un permanente estado de elecciones y nos desangrábamos en disputas estériles que tanto daño nos han hecho en lo general y en lo particular.

Pero se consiguió formar gobierno y, como me temía, Rivera decidió que su partido continuara en su papel de depositarios de la verdad revelada, manteniéndolo en lo alto de altar dando consejos sin involucrarse en las consecuencias de lo aconsejado. ¡Craso error!

Si Ciudadanos pensó que podía ser oposición real y presentarse como conseguidores de todo lo bueno que hiciera el gobierno de Rajoy demostraba que ni conocían al personajes, ni la fuerza real de Ciudadanos.

Estaba claro que la batalla de la oposición se libraría entre Podemos y el PSOE y que era muy probable que siendo el PSOE un partido de gobierno y con sentido de estado, acabaría llevándose el gato al agua, porque Ciudadanos todavía se debate entre el parlamentarismo y la reivindicación callejera y populista, sin darse cuenta de que ambas posturas son absolutamente incompatibles. Está sucediendo lo que suponía, o quizás lo que deseaba.

Y si en la situación actual el gobierno necesita estar abierto a pactos para seguir gobernando, ¡Que gran ocasión para que el PSOE presente iniciativas de amplio espectro para conseguir logros necesarios para el país! De esta forma mata dos pájaros de un tiro: ganar tiempo para rehacerse de las últimas cornadas, y meter por la puerta de atrás parte de sus reivindicaciones históricas. Y que el tercer pájaro abatido, o al menos con algunos plomos en el cuerpo, pájaro de gran envergadura dicho sea de paso, es su verdadero enemigo, el que le disputa el terreno, Podemos.

Ayer mismo comprobamos que cuestiones de gran calado, como lo son la ley de educación, el techo de gastos, los presupuestos de 2017 y no sabemos cuantas más, se están negociando entre bastidores, con bastantes probabilidades de llegar a buen puerto ¡Dios lo quiera!.

Y que Ciudadanos está jugando a ser mini oposición, la califico de mini porque no tiene la menor credibilidad. Y que los dirigentes de Podemos, totalmente descolocados, reclaman que el PSOE les está robando ideas, porque son los únicos del mundo mundial que jugaban la baza de la subida del salario mínimo y cosas similares. Ambas posiciones denuncia lo que todos sabemos: su falta de experiencia política.

Y que, en el caso de Ciudadanos, tampoco leen la Biblia, porque no han reparado en el pasaje del Apocalipsis que dice “Más porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.

Porque Ciudadanos, inocentes ellos, creyeron que podrían condicionar a un partido como el PP y a un bajo reactivo, paciente y tenaz, como Mariano Rajoy. Y en Podemos suponían que podría comerse al PSOE como se ha merendado a IU, simplemente porque pasa un momento de debilidad provocado por la falta de iniciaticas y la dejadez en el liderazgo de sus últimos responsables políticos.

Ciudadanos perdió su gran oportunidad cuando decidió seguir jugando a Pepito Grillo y renunció a entrar en el gobierno. ¿Cómo no lo vieron?

Sí el PSOE llega a acuerdos con el PP en los temas fundamentales, como parece que puede ocurrir, manteniendo su papel de líderes de la oposición, y Podemos se comporta como hasta ahora, ¿qué papel le corresponde a Ciudadanos?.

El de «ni chicha ni limoná», que dicen los castizos. Porque, digan lo que digan, no tienen más remedio que apoyar al gobierno. La alternativa es dejarles sin los apoyos necesarios (lo lógico es que el PSOE negocie abstenciones), y si llegara el caso, recuerdo lo que dije en otro de mis antiguos comentarios: esta es la única montería en la que la pieza, Mariano Rajoy, tiene la facultad de detener la cacería convocando elecciones generales.

Y esta situación, terrible para España, solo beneficiaría a Mariano Rajoy que, sin ser tan astuto como el “astuto Más”, ha sabido llevar la batalla a los terrenos que más le convenía.

Espero que para bien.

Las alternativas del PSOE: Del “de susto o muerte” al “la voladura del socialismo español. El final de un proyecto centenario”

Un tema de candente y preocupante actualidad es la crisis del PSOE y el análisis de las razones que han concurrido para llegar a la situación actual. Ni soy politólogo ni tengo más base para mis opiniones que lo leído, oído y vivido a lo largo de mi existencia que, por otra parte, ha sido especialmente interesante. Nací en la post-guerra, crecí y me eduqué en el régimen de Franco, viví las emociones de la transición y los conflictos que provocaron los Pactos de la Moncloa, y asistí al nacimiento de la primera constitución del post franquismo, la última de las varias aprobadas desde la tan mencionada “Pepa”, de breve vida, pero que cambió los conceptos de la soberanía, de los derechos, y de las obligaciones, adjudicándoselas a “La Nación” que, según su Artículo I, la define como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”.

Pero volvamos al tema origen de estas reflexiones: ¿Cuál es la causa real de la crisis del PSOE?

Si leemos su texto fundacional, de 1879, los fundadores justifican la necesidad de este partido porque “la sociedad es injusta, puesto que la burguesía obtiene todas las ventajas, mientras la clase trabajadora no tiene apenas derechos, sobre todo porque no existe ningún poder político que se ocupe de sus necesidades”. Y añaden que “Reformar o destrozar el estado social es por tanto uno de sus principales objetivos”.

Ante aquella situación, el nuevo partido decide erigirse como representante de los obreros, y se marca como objetivos “transformar la propiedad individual y conseguir la completa emancipación de la clase obrera”. Todas estas iniciativas se habían definido en la I Internacional, ya disuelta en esas fechas y, sobre todo, se apoyaban en las ideas de Marx, fallecido posteriormente, en 1883.

Para ello necesitaban movilizar a la clase obrera y diseñaron herramientas y plataformas de difusión y trabajo, como el periódico “El Socialista” o el sindicato UGT, vinculado al partido, fundado en 1888.

Situándonos en aquella época, se trataba de objetivos muy difíciles de conseguir y bastante “moderados” para las turbulencias del momento. Hay que tener en cuenta que una parte de la lucha obrera la encabezaban grupos poco organizados, pero muy combativos, que acabaron, años más tarde, formando partidos como la CNT, de signo “anarcosindicalista”, mucho más extremistas en sus planteamientos.

En los años 20, muerto Lenin y gobernando Stalin en la Unión Soviética, se creó el concepto del “marxismo-leninismo” que defendía el enlace ideológico entre Marx y Lenin, y que marcaba como objetivo “la creación de un Estado unipartidista con el control total sobre la economía

La sociedad avanzaba, se corrigieron parte de las injusticias sociales, y la clase obrera fue conquistando posiciones, razón por la que el Partido Socialista, el de Felipe González, de Alfonso Guerra, de Gómez Llorente, de Pablo Castellano, de Rodolfo Llopis, el de Ramón Rubial, el de Nicolás Redondo y de tantos otros (¡Qué nivel!), decidió convocar un Congrego Extraordinario en 1979, con el lema “Forjando el Socialismo”, que tenía como fundamento actualizar los objetivos del partido, ajustándolos a la realidad social del momento.

Fue un congreso muy importante en el que se decidió, entre otras cosas, el abandono del Marxismo y se asumió la posibilidad de aceptar otro orden social y político, en el que el estado renunciaría a parte de su misión de controlar la economía y organizar la vida de los ciudadanos.

En resumen: especificaron que el marxismo seguía siendo un referente para el Partido Socialista, pero no un principio inviolable, lo que les permitió practicar la lucha política con más libertad en un terreno fronterizo, que no antagónico, con los partidos más conservadores del momento.

La militancia mostró bastantes reticencias y hubo que convencer a los más veteranos, más próximos a las tesis comunistas y partidarios de la lucha obrera, de que esta medida era lo mejor para conducir al partido a la modernidad, cosa que consiguió Felipe González con el apoyo de la gran mayoría de los dirigentes del PSOE del momento.

¿Y que ha ocurrido en los últimos años? Para mí, el gran problema es que desde ese momento hasta nuestros días las injusticias sociales se han reducido notablemente, los partidos conservadores han asumido en sus programas contribuir a continuar reduciéndolas y que, no habiendo hecho ningún otro ajuste de calado, ni en la ideología ni en los objetivos políticos, el socialismo español se ha ido quedando sin argumentos porque, de hecho, se ha cumplido casi todo lo que había justificado su fundación en 1879.

Estos hechos y el que no han sabido aprender de las socialdemocracias Europeas, que sí que han evolucionado hasta el punto que no tienen reparos en negociar y compartir objetivos comunes con cualquier otra fuerza política cuando se trata de mejorar o mantener el estado de bienestar.

Para entender los principios dl socialismo español, es muy ilustrativo escuchar el himno de los primeros luchadores por el progreso y las libertades para darse cuenta de que, sin haber alcanzado un estado ideal y faltando mucho por reparar, resulta sumamente arcaico cuando convoca a al proletariado de la época al grito de:

¡Arriba parias de la Tierra! ¡En pie famélica legión!
Atruena la razón en marcha: es el fin de la opresión.
Del pasado hay que hacer añicos. ¡Legión esclava en pie a vencer!
El mundo va a cambiar de base. Los nada de hoy todo han de ser.

Y ha ocurrido que, mientras la sociedad evolucionaba mucho más rápido que las ideas del socialismo español, sucesivas ejecutivas han manifestado cierto desconcierto político, permitiendo iniciativas regionales disparatadas que trataban de buscar votos que no eran suyos. Mientras, se ha perdido la única voz, el único mensaje para toda España (en contraste con la actitud del PP, su mayor rival político), se ha radicalizado a su militancia con mensajes exagerados sobre las maldades y los peligros de “la derecha”, y se ha jugado, se está jugando, con fuego, cuando se debilitan algunos de los principios fundamentales, como la unidad de la nación: ¿Socialismo y nacionalismo? ¿Quién puede entenderlo cuando lee otro de los versos de “La Internacional”?

Agrupémonos todos en la lucha final – El género humano es la internacional.

La realidad actual es que el partido se ha convertido en un conjunto de federaciones autonómicas, y que cada una de ellas ha actuado por libre defendiendo, con una visión egoísta del cortoplacismo y el “sálvese quien pueda”, sus interese locales en detrimento de los nacionales. Es decir: de hecho y visto desde fuera, el PSOE parece estar mucho más interesado en conquista feudos regionales que el gobierno de la nación. Porque, en la mayoría de los casos, ambos objetivos son incompatibles.

Y han renacido los personalismos. Siempre los ha habido, pero una vez elegidos los Secretarios Generales, todo el partido actuó como una piña, sin renuncia a mantener las sensibilidades de parte de su colectivo. Un ejemplo ilustrativo es “Izquierda Socialista”, una corriente más radical dentro del PSOE, que siempre ha tratado de empujar al partido hacia posturas más radicales, pero que ha respetado, y sigue respetando, las decisiones de las ejecutivas.

El problema es que en este momento se han mezclado con tanta visceralidad las tendencias con los personalismos, que se ha llegado al “yo o el caos”. ¿Cuáles son las prioridades de algunos de sus cabezas más representativas? ¿Siguen siendo: primero España, luego el partido y luego mis intereses personales?

Aprendan de lo ocurrido con el otro socialismo, el “socialismo real”, el comunismo, mucho más radical e inmovilista en sus postulados, hasta el punto que solo publicitó un lavado de cara cuando proclamó el “eurocomunismo”, que tuvo mucho más de maquillaje que de cambio real, y se fue diluyendo hasta acabar asociándose con otros minoritarios para no desaparecer. ¿Dónde están hoy las siglas del PC? ¿Quién “compraría” hoy sus programas?

Pues sí. Los ofrecen a bombo y tertulia los nuevos salvadores. Es cierto que los nuevos tiempos están enterrando conceptos como “lucha de clases”, e incluso, aunque en menor medida “izquierdas y derechas”, pero es más cierto que la sociedad ha provocado la aparición de los nuevos parias de la sociedad. Son los perjudicados por las crisis, y los vaivenes de mercados excesivamente liberales, desbocados y con escasos controles. No son de izquierdas ni de derechas. No suelen ser obreros, más bien de clases medias, especialmente sufridores de la pérdida de seguridad y de la merma de sus recursos económicos.

Son los que entendieron y sufrieron la crisis con pocas protestas, pero que no pueden asumir que habiendo recuperación, las mejoras no crucen los umbrales de sus casas ni beneficie a sus familias. Y es en ese punto de inflexión cuando se sienten estafados y humillados. Y son o se sienten especialmente pobres y maltratados.

Es un hecho que no han sido los gobiernos, sino los mercados los que han provocado las crisis, aunque los gobiernos tienen la responsabilidad de no haberlas previsto o de no haberlas gestionado adecuadamente, pero lo cierto es que en estos momentos hay una masa desilusionada y cabreada. Y que sus miradas y sus iras se dirigen a sus respectivos gobiernos.

Y entonces llegan los otros, los de las soluciones fáciles para problemas complejos, los que lo arreglarían todo en un abrir y cerrar de ojos. Esos son los que han capitalizado el dolor de esta parte de la sociedad y les han adormilado, o arrastrado con cantos de sirena. Los que dicen que la solución es la democracia, sí, pero la asamblearia porque “la decisión es nuestra” y no de “los causantes de nuestros males”, adjudicando la titularidad de “causantes” a los políticos en ejercicio desde la transición, su verdadero caballo de batalla. La transición, según ellos, supuso el nacimiento de un régimen nefasto que hay que desmontar.

Y lo dicen dirigentes que nunca conocieron el “antes de”, y que han vivido y prosperado al amparo de las ventajas sociales que les proporcionó la tan maldecida transición.

Quizás otros no, pero yo he escuchado esas mismas músicas. Escarben un poco en lo que hay detrás de sus planteamientos y verán aparecer, otra vez, el “¡Arriba parias de la Tierra! – ¡En pie famélica legión!”. Y detrás de esta retahíla de eslóganes ilusionantes, como en el cuento de los siete cabritillos, cuando los acosados por el lobo piden que la supuesta mama cabra asome la patita por debajo de la puerta, lo que vemos es el mismo comunismo de siempre, maquillado con capas de democracia, socialdemocracia, y lo que queramos escuchar.

Que su repertorio de principios es tan extenso (como decía el otro Marx, Groucho, “si lo le gustan estos tengo otros”) como el de sus ardorosas frases de laboratorio de marketing. Que para eso son grandes expertos en comunicación y manejan de forma muy destacada las redes sociales.

Y que quede claro que no rechazo el comunismo por las checas, ni por las supuestas o reconocidas crueldades ni por las quemas de conventos, atrocidades que cometieron particulares y no todos los miembros de ese partido, y por qué no fueron los únicos. Lo rechazo porque a lo largo de su historia se han demostrado absolutamente incapacitados de gestionar, porque siempre han montado sus propias “castas” dirigentes, y porque la misma historia ha demostrado que una vez que alcanza el poder no hay forma democrática y pacífica de arrebatárselo. Son genios en invadir y controlar todos los organismos de decisión.

Como ocurre con los fascismos, sus teóricos máximos oponentes.

Pero, señores del PSOE, Uds. no están en esa situación. Reflexionen, salgan al mundo exterior para aprender de los que lo han hecho mejor, establezcan plazos y prioridades, rechacen personalismos y recuperen la ilusión de un proyecto común que mejore, o al menos garantice, el bienestar de los españoles. Ofrézcanse como alternativa frente al PP pero, sobre todo, ni tengan prisa, ni pierdan el tiempo en “otras cosas”.

Y tengan una cosa clara: Si en la fragmentación actual prosperara la opción “sanchista”, la de los mensajes erráticos o crípticos, las de los “sí y los no”, la que permite toda clase de iniciativas a las federaciones, la que imita a Podemos en formas y lenguaje populista, tendría que cambiar el título de este comentario, resumiéndolo en “la voladura del socialismo español. El final de un proyecto centenario”

Una sola voz, un solo proyecto, ideas claras y mensajes concretos.

Espero que lo consigan. Créanme, les necesitamos.

Acaban de publicar la composición del nuevo gobierno. ¿Alguien entiende a Ciudadanos?

Ayer escuché a Begoña Villacis, de Ciudadanos, insistiendo en que no entrarán en el gobierno, al que van a “fiscalizar” desde fuera.

El mismo Rivera dice que este no es su gobierno, lo que es cierto, y que solo entraría si no estuviera Rajoy. Y yo me pregunto ¿cree sinceramente que llegar a las próximas elecciones sin haberse “mojado” les va a subir el techo electoral? Rajoy no será de su agrado, pero es su presidente de gobierno, tiene a su favor los acuerdos del consejo de Ministros y el BOE, y ha sido mucho más votado que Ud.
Y si lo hace bien será bueno para España y, me consta, que España sí que es su nación.

Lo cierto es que el parlamento me recuerda cada vez a las obras en mi infancia, donde habían cinco albañiles trabajando y cuarenta jubilados aposentados en los alrededores criticando a los sufridos peones, que de vez en cuando, les invitaban a “marcharse con viento freso” o a que les dejaran tranquilos.

Está claro que el PP gobernará en solitario y que PSOE, todos los Podemos más IU, ERC, ECP, CDC, EAJ-PNV y ASG les “fiscalizarán” desde los escaños por razones obvias.

Pero mi gran decepción, esperada, es que también Ciudadanos se apunta al club de los fiscalizadores intentando mantenerse a salvo de los arañazos que provoca formar parte de un gobierno, jugando a aconsejadores, sacudiéndose cada día el polvo de los errores o las medidas impopulares del nuevo gobierno, y anotándose, eso sí, todos los éxitos, porque si el gobierno lo hace bien será, sin duda, por “la presión que ejerce” el partido de los impolutos.

Únanse pues al club de los fiscalizadores, y si cree que van a poder levantar la cabeza por encima de las del resto de la oposición es que les falta experiencia política. El congreso se puede convertir en un auténtico mercado callejero en el que cada portavoz voceará su propia mercancía, y pierdan toda esperanza de que les concedan el menor espacio de protagonismo, porque son más expertos, y porque son “los otros” de verdad.

A Uds., dígan lo que digan, les etiquetarán como marca blanca del PP, y si pretenden anotarse los éxitos del gobierno por “su presión”, imagínense los que se anotarán todos los machos alfa con los que van a compartir bancadas.

Es que, además, no han medido bien sus fuerzas. No solo competirán con el resto de partidos, sino que el supuesto “presionado” es Mariano Rajoy, al que yo daría el título de “señor de los tiempos y de los espacios”, que no jugará a hundirlos, por supuesto que no, pero que tampoco soportará muchas salidas de pata de banco. No lo olviden; el presidente de gobierno actual es la única presa del mundo de las monterías virtuales que si se siente acorralada puede suspender la cacería convocando nuevas elecciones.

No creo que ocurra porque el PP parece que quiere aprovechar esta coyuntura tan especial para conseguir acuerdos sobre grandes temas, y para ello necesitan y les bastaría con el PSOE, y porque el PSOE tiene que ganar tiempo para recuperar su espacio. Pero si se diera el caso, y consigue que los españoles “visualicen” la imposibilidad de seguir adelante por el acoso y derribo de “las oposiciones”, no sé cómo les afectaría a los demás, pero me temo que Uds. pasarían a ser un partido testimonial.

Y, les aseguro, que lo lamentaría mucho, pero se lo están buscando desesperadamente.

Las malditas reválidas.

Ayer escuché a una joven manifestante afirmar en la tele que había que quitar las reválidas porque era una medida franquista y “porque nos llevaba a muchos años atrás cuando los únicos que podían estudiar eran los ricos”.

Opiniones como esta son paradigmas de la mala información que tienen los jóvenes de hoy. Posiblemente el sistema educativo tenga algunas decisiones políticas que favorecen los estudios a “los hijos de los ricos”, muy pocas en la enseñanza primaria y la ESO, pero la reválida, precisamente, no fue una medida especialmente grata para este colectivo más favorecido.

En “aquellos tiempos” la gente se matriculaba en los institutos o, en el caso de los que vivíamos en Bocairent o en zonas rurales, si estudiábamos bachillerato recibíamos clases de los maestros nacionales u otros profesores (a mí me enseñó latín Juan Luna) fuera de horas, y nos cobraban algo por este servicio.

Cuando llegaba la fatídica fecha nos subían al taxi de Tonet o de Fonda y nos llevaban a Alcoi a examinarnos como “libres”.

Mientras, los hijos de familias con más “posibles” estudiaban en colegios particulares, y solían tener mejores notas académicas que nosotros, unos decían que por cierta condescendencia de los profesores y otros porque recibían una enseñanza más completa. Pese a las malas lenguas yo siempre he pensado que la enseñanza de “La Pureza” de Ontinyent, por ejemplo, debía ser muy buena, pero lo cierto es que cuando llegaba la reválida tenían que examinarse en institutos, como nosotros, y siempre habían sorpresas.

Por eso afirmo que las reválidas no favorecían a “los hijos de los ricos”, más bien les obligaba a pasar por el mismo aro que los demás, y ahí no valían coplas.

Así pues, querida estudiante, es cierto que los hijos de los ricos podían estudiar y los de los obreros no, pero la reválida, precisamente, no les daba ninguna ventaja.

El problema no eran las reválidas: Lo injusto es que muchos jóvenes no pudieron estudiar en colegios privados, ni en institutos, ni “por libre”, porque sus familias no tenían ningún poder adquisitivo y necesitaban sus jornales.

Yo creo que es bueno que se mantengan las reválidas siempre que sean adecuadas al fin propuesto, (repasar lo que aprendiste en los años anteriores), que no sean demasiado exigentes y, sobre todo, que no pregunten “chorradas”.

Me alegré cuando supe que el presidente de gobierno ofreció ayer aplazar la obligatoriedad de las reválidas hasta consensuar la educación con los otros partidos, pero no creo que la laxitud en las evaluaciones beneficie a los alumnos.

Si tengo que decidir entre dos posiciones extremas, valoro mucho más el “saber” sin títulos, que tener un título si no se tiene “el conocimiento”.

Y los padres deben pensar muy seriamente cual es la preparación adecuada para que sus hijos puedan abrirse camino en la vida. No les eduquen para el éxito: edúquenles para el fracaso porque todos ellos, incluso los más inteligentes, sufrirán muchas cornadas y tendrán que saber que eso “es lo normal” y que hay que seguir peleando.

Nadie, y cada vez menos, tiene “lo que se merece”.

Premios Princesa de Asturias 2016 – “Esa vida que nos es dada nos es dada vacía”

Otra entrega de premios a los galardonados con los “Princesa de Asturias”, y otra ocasión de recordar que no todo está perdido, que junto a la mediocridad y el ruido atronador de unos pocos, pero muy ruidosos, que están pudriendo a la sociedad con pequeñeces, egoísmos y mezquindades, sigue existiendo otro mundo que vale la pena.

Lo puebla, mayoritariamente, la gente que trabaja cada día o que sufre la frustración de no tener un puesto de trabajo, que se afana, que sufre sus contrariedades y sus carencias, pero que tiene ideales, que lucha por ellos mismos o por los suyos, que no pierden la esperanza.

Y también el mundo de la cultura, de la solidaridad y del esfuerzo, con mayúsculas, que deberíamos reconocer, y que yo reconozco en los galardonados de ayer, muestra de muchos otros más anónimos pero igual de importantes, que dan sentido a la vida y a las emociones, que nos permiten liberar los sentimientos, que dan esperanza.

Richard Ford defendía en su discurso que la literatura, que escribir, no tiene ninguna razón de ser si no era para unir a las personas, para describirnos lo que tenemos en común, para señalarnos los puntos de encuentro, para “expandir lo que nos une”.

Y lo ilustró con muchas citas, entre las que me quedo especialmente con dos: la de Ortega y Gasset y su afirmación de que “esa vida que nos es dada nos es dada vacía y el hombre tiene que írsela llenando, ocupándola”, y el “hoy es siempre todavía” de Antonio Machado, que forma parte de su reflexión “hoy es siempre todavía , toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde

Ambas referencias nos animan a movernos, a tomar decisiones, a llenar nuestra propia vida y a no vivir la de otros, a no practicar la pereza de “lo haré mañana”, o la cobardía de “no correr riesgos”, que equivale a vivir en una continua frustración de no haber hecho o dicho lo que debimos hacer o decir.

Mary Beard, premio de Ciencias Sociales, vitalista hasta el extremo, nos invitó, a conocer la historia, a disfrutarla, y a evitar los errores que ya se cometieron. A no repetirlos. Y lo hizo con ese gesto espontáneo que la que caracteriza, como si fuera una más de la pandilla, como si todo su saber fuera fruto de la casualidad, de ciencia infusa o de una revelación divina.

Gran conocedora y enamorada del Imperio Romano, primer ejemplo de globalización real, y firme defensora de la igualdad de oportunidades y de los derechos de la mujer, comentaba que a ninguna le gustaría trasladarse a los tiempos de Roma, a no ser que tuviera billete de ida y vuelta.

Cuando la escuchaba no podía por menos que pensar en la enorme suerte que tenían sus alumnos de la Universidad de Cambridge.

Y luego lo de Nuria Espert. En su disertación habló del sufrimiento de vivir la vida de otros cuando actúa, porque no son sus personajes. Los considera y trata como personas reales aunque nunca hayan existido.

Declaró su enamoramiento con el teatro, la mayor de sus pasiones, y el profundo dolor que le causa en muchas ocasiones, afirmando que “mi dueño es muy duro; me ha lastimado muchas veces”.

Y de momento el milagro: Nuria Espert desapareció de escena y Lolita la Soltera ocupó el atril para desgarrarse ante nosotros, para morir en vida contándonos las penas, las mentiras y los desengaños que la hizo sufrir un Federico García Lorca implacable y cruel con el personaje.

Y como muestra de su perfecta simbiosis entre lo español, su profunda catalanidad, y la universalidad de su cultura, nos recitó unas frases del Rey Lear, de Shakespeare, que definió como “las últimas palabras cuerdas antes de elegir la locura como única posibilidad de soportar el dolor”. Y lo hizo, emocionada, en catalán. Su lengua madre

También recuerdo a todos los demás, que todos son ejemplares y ejemplo de solidaridad, de esfuerzo, de tesón, de pasión por la ciencia.

Pero hoy no quiero distraerme con sus grandes logros. Son una evidencia de lo que “es”. De lo que muchas personas han conseguido viviendo sus propias vidas y corriendo sus propios riesgos.

Tampoco quiero comentar las palabras de nuestro Rey, sensatas y sentidas como siempre, porque quiero evitar cualquier interpretación política a estas reflexiones, aunque es justo decir que la unión y la solidaridad que reclamó en su discurso no admiten ningún tipo de matiz ni de manipulación.

Prefiero quedarme en mi butaca arrebujado por las palabras escuchadas, las que dan calor al alma y hacen aflorar los sentimientos, pensando en lo “puede ser”. En lo que “debería ser”. En que hay un mundo mejor que apenas hemos descubierto ni hemos explorado como se merece. No tenemos tiempo para ello.

Convencido, una vez más, de que solo la cultura real, que no el adoctrinamiento, puede ser el sustrato que nos permitiría sacar los pies de los lodos que amenazan nuestro “cada día”.

Y decido escribir estos pensamientos antes de que se enfríen las sensaciones y el próximo telediario me devuelva a la realidad, o antes de que me de pereza hacerlo.

La derecha, la izquierda, y la “izquierda progresista”

El otro día, en una tertulia de amigos, apareció una de la frases de moda, “la izquierda progresista”, que manejan habitualmente los líderes del PSOE, de Izquierda Unida, de Podemos, y de agrupaciones tan singulares como la CUP, BNG, En Marea, y otros.

Discutía, solo ante el peligro, que al día de hoy el término “izquierda” no tiene connotaciones claras ni puede agrupar a los partidos actuales, porque perdió parte de su razón de ser cuando desaparecieron las luchas de clases y las reivindicaciones obreras.

En la actualidad, en una sociedad regida por los mercados y por poderes supranacionales, las deficiencias sociales o la macroeconomía solo se pueden defender desde estrategias y alianzas mucho más poderosas que las tradicionales. Y en nuestro caso, la única posibilidad de sobrevivir, como país pequeño que somos, es formar parte de la Unión Europea.

No quiere esto decir que “las izquierdas” hayan perdido toda su vigencia, porque siguen habiendo temas “menores”, domésticos, dicho sea con todo respeto, en los que pueden y deben intervenir. Pero estamos hablando de pequeñas agrupaciones contra fuerzas muy poderosas, que solo pueden actuar influyendo en los gobiernos de cada país que, a su vez, tratarán de influir entre sus aliados. En estos tiempos David no hubiera tenido ninguna posibilidad de vencer a Goliat, porque los “Goliat” actuales son tan altos, que su frente está muy fuera del alcance de la honda del pastor.

Sin embargo el término se mantiene artificialmente para aparentar que existe algo en común entre partidos como los que he mencionado, cuando la propia Comunidad Europea está marcando la ruta a seguir y los políticos representantes de los países han acabado configurando dos grandes bloques: el compuesto por conservadores y socialdemócratas, que actúan conjuntamente en casi todas las ocasiones, y “el resto”, partidos revolucionarios, populistas, nacionalistas y, en ocasiones, antieuropeistas.

Por lo que sé, el origen de los términos “izquierda” y “derecha” fue puramente casual y se remonta al Siglo XVIII, durante los tiempos de Asamblea Constituyente en la Francia revolucionaria, en la que habían dos bandos significativos, ambos compuestos mayoritariamente por militares y funcionarios, que eran los que tenían influencia en la política.

Los Girondinos, que querían restaurar la monarquía y los valores tradicionales, y sus oponentes, los Jacobinos, revolucionarios republicanos, que tenían como lema “libertad, igualdad y fraternidad”.

Y, como suele ocurrir, había un tercer grupo moderado, menos numeroso y más imparcial, que se denominó “les Monarchiens”, que defendía la continuidad de la monarquía, pero modernizándola según el modelo inglés, en con un sistema bicameral.
En aquella ocasión, los Girondinos estaban sentados a la derecha de la presidencia, los Jacobinos a la izquierda, y los monárquicos en el centro.

A partir de entonces se aceptó que la izquierda es “ una de las dos tendencias ideológicas (la otra es su oponente la derecha) más populares del mundo. La izquierda propone entre sus máximas fundamentales el cambio en materia de estructura social y económica, para así lograr la igualdad social, y oponiéndose como consecuencia a la propuesta conservadora, bastante alejada del cambio, sostenida por la derecha política (sic)”.

Pero, como decía, los tiempos avanzaron y la evolución de la sociedad forzó a que los grandes partidos, sustentados por ideologías muy firmes fuente de inspiración de sus programas electorales, variaran sus posicionamientos.

Y, muy recientemente, este hecho ha coincidido en España con la aparición de nuevos partidos de cualquier tendencia, que han justificado su presencia diciendo que los “tradicionales” habían dejado huecos en la ideología y en la gestión pública que había que rellenar.

Con todos estos antecedentes ¿Qué son y que posicionamiento tienen en la actualidad la derecha y la izquierda españolas?.

La derecha, representada por el PP es, fundamentalmente, la heredera de dos grandes partidos: Alianza Popular, que agrupaba a un gran abanico de tendencias de lo que se podía llamar la derecha más montaraz, desde antiguos franquistas convertidos a la democracia, falangistas, nacionalsindicalistas y otros, y de UCD, que aglutinaba familias liberales, democratacristianas y socialdemócratas moderados.

El tiempo, y la evidencia de que el PP no seguía las pautas del antiguo régimen, hizo que una parte de sus militantes y/o votantes de lo que se podía considerar “extrema derecha” dejara el partido, y que otro grupo, menos extremista pero especialmente irritado por la actitud del PP al final del terrorismo de ETA, abandonaran el PP y fundaran VOX, partido no ha conseguido abrirse camino en elecciones generales.

Por todas estas razones, los afiliados y simpatizantes del actual Partido Popular integran un abanico de sensibilidades que engloba lo que se puede considerar derecha democrática y socialdemocracia del sector más moderado, o “de derechas”.

Sus mayores virtudes: haber conseguido formar un bloque cerrado, compacto, que defiende los valores tradicionales del estado español, con una sola voz y un mensaje claro en todo el territorio nacional.

Su gran defecto: La corrupción y la malversación de fondos de parte de su cúpula, fruto del exceso de tiempo de permanencia en los cargos, y de la falta de controles y de vigilancia del propio partido sobre sus dirigentes.

¿Y la izquierda?:

Continuando con su eficaz manejo de los conceptos y la semántica, y viendo que el término “izquierda” no podía agrupar a partidos tan diferentes en sus planteamientos y sus políticas como el PSOE o Izquierda Unida, por ejemplo, se inventaron la “izquierda progresista”, puro eslogan sin contenido, porque solo se soporta en dos “sub eslóganes”: “El cambio”, y el “no” a la política del PP, especialmente representada por la persona de Mariano Rajoy.

¿Cuál es el cambio que proponen? Escuchando a los protagonistas de estas iniciativas, solo aprecio dos propuestas:

1.- La referida a la forma de gobernar y a las personas que han compuesto los gobiernos, a los que algún emergente, como Podemos, han llamado “la casta”, concepto que no puede ser compartido por el PSOE porque es un partido tradicional, de gobierno.

Si que lo pueden esgrimir los partidos que nunca han gobernado, Podemos, IU, Esquerra Republicana y todos los demás, pero no lo han hecho, excepto Podemos que acaba de nacer, porque nunca les han votado de forma significativa. Porque estos partidos nunca han conseguido merecer la confianza mayoritaria de los españoles. Más bien han ido menguado o aliándose con terceros para no desaparecer, como es el caso de la misma Izquierda Unida, última mutación del Partido Comunista que, desaparecida la figura de Santiago Carrillo, su gran líder, no ha encontrado un nuevo rumbo y ha estado brujuleando durante bastantes años, hasta su práctica desaparición absorbido por Podemos.

Algunos de los “pequeños”, como Esquerra Republicana, por ejemplo, han tenido un importante rebrote como consecuencia de la marejada política de Cataluña, provocada por Convergencia y los Pujol para distraer sus vergüenzas bajo el manto de la independencia, pero nunca alcanzaron, ni alcanzarán, una posición relevante en el estado español.

Si al hablar “del cambio” se refieren a la visión y modelo de estado y tenemos en cuenta que España es una nación moderna, integrada en la Comunidad Europea, ¿Qué tienen en común los programas del PSOE y los de Podemos, EU, o los independentistas? Puede haber una mínima coincidencia en temas sociales, pero difieren radicalmente en todo lo demás. Si comparamos programas y líneas maestras de todos ellos, nos encontraremos con que, al día de hoy, son mucho más parecidos los objetivos del PP y del PSOE que los de la mayoría de partidos “de izquierdas” con los del PSOE, o entre cada uno de ellos.

2.- El “no” a Rajoy y al PP no es más que un banderín de enganche, un mínimo común denominador para llenar calles, manifestaciones y pancartas en un mensaje populista, y para calentar a los frentes “ultra” de cada partido, pero sin ningún fundamento político.

Nadie en su sano juicio puede pensar que el PP es un partido equivocado al 100%, ni que todos sus dirigentes, respaldados por muchos millones de votantes, sean unos corruptos incorregibles. Con el añadido de que tanto el presidente del gobierno como sus ministros tienen mucho predicamento y son escuchados en la Comunidad Europea.

En cuanto a sus políticas en la última legislatura, algunas muy duras, los dirigentes de otros partidos, digan lo que digan, saben que se han debido, sobre todo, a las exigencias de la situación provocada por la crisis y los “deberes” impuestos por la Unión Europea. De hecho fue Zapatero el primero que tuvo que mover ficha por estas mismas razones.

Se trata, pues, de un argumento puramente temporal porque, en mi opinión, Rajoy se retirará de la política activa en cuando dejen de pedírselo y/o cuando considere que su papel de “encauzador” de las desviaciones actuales ya no es necesario. Llegado ese momento cederá el liderazgo del partido a alguno de los “capaces” que han ido creciendo políticamente en el PP, relativamente jóvenes, con buena imagen interior y exterior, y con capacidad para dialogar con otros partidos.

En este comentario no puedo opinar sobre las razones por las que el PSOE interrumpió hace años esa evolución tranquila, después de otra refundación, que permitió refrescar ideas y poner en valor a personas. Simplemente ni lo sé ni lo entiendo.

Decía que el “no” a Rajoy tiene fecha de caducidad y, cuando suceda, muchos de los partidos de la “izquierda progresista” actual, se quedarán sin escalera y agarrados a la brocha. Cuanto más tarden en comprender que las reglas del juego ya no son lo que eran y que los problemas de la sociedad actual no son los que justificaron el nacimiento de los sindicatos y de los partidos obreristas, más fácil es que desaparezcan. Y alguno de ellos son muy necesarios.

El único que nació fruto de la actualidad es Podemos, pero opino que también tendrá una corta vida si disminuyen las desigualdades y mejora el estado de bienestar, tan maltratado actualmente, porque el crecimiento de este partido, en mi opinión, es más fruto del malestar generalizado que de la confianza de los votantes en sus soluciones, poco claras y “antiguas”.

Creo que Podemos acertó en el diagnóstico y en la forma de canalizar el malestar existente, pero, como digo, sus soluciones, basadas en el aumento del gasto público no parecen las más adecuadas en este momento. Esas eran las propuestas de IU, y nadie las compró.

¿Y Ciudadanos? Una incógnita. Si siguen en la línea de predicar desde el púlpito y aconsejar desde la orilla no le auguro mucho porvenir. A la gente le gusta que los partidos “se mojen” tomando decisiones, aunque cometan algún que otro error. Y el papel de “bisagra” también tiene fecha de caducidad. No está muy bien visto en España, denota una cierta cobardía política, y puede pasarles factura. Sería una lástima.

Militantes versus votantes, la democracia asamblearia como alternativa a la representativa, y los populismos

Es un hecho incuestionable que  el éxito electoral de los partidos no depende de sus afiliados, sino de sus votantes. Los afiliados, eso sí, sirven para animar, apoyar y realzar las virtudes de su partido, y para arropara a sus líderes cuando tratan de captar el mayor número de simpatizantes para que les den su apoyo en las elecciones.

Sin embargo, por un error de estrategias, se cambiaron los roles y alguien decidió que los afiliados debían de tener más protagonismo en los partidos, hasta el punto de que debían elegir a sus líderes. Era más democrático.

Y como hay que ser “más que el que más” y ponerse al frente de la manifestación, algunos partidos tradicionales, el PSOE uno de ellos, decidió implantar “las primarias”, modalidad de votación por la que los afiliados eligen directamente a su Secretario General.

Es decir, han cambiado el sistema representativo, en el que los delegados tomaban las decisiones, por otro asambleario, alegando que esta medida mejora la democracia interna.

Y, tomada la medida, insisten en que esta fórmula pase a ser obligatoria, por ley,  para todos los partidos.

En primer lugar, no juguemos con las palabras. El sistema representativo es tan democrático como cualquier otro. Cuando un grupo de personas eligen a alguien para que los represente ante terceros lo hacen en pleno ejercicio de su libertad y no están condicionados por nada ni por nadie, o al menos no están más condicionados que cuando ejercen el voto en unas primarias.

¿Cuál es la ventaja? En pura lógica, se supone que los votantes delegados, los representantes, están más “enterados” de los temas puestos en cuestión, están al tanto de los estatutos y los reglamentos del partido, y conocen más  a las personas a los que elegir que cada uno de los casos. En definitiva: Conocen mejor el alcance de las decisiones y los pros y los contras de cada alternativa.

La democracia asamblearia, por definición, es mucho más emocional, en ocasiones visceral, con el peligro de que a la hora de emitir votos y opiniones lo hagan más condicionados por las circunstancias del momento, por el carisma de los líderes, o por los “consejos” de terceras personas que en círculos cerrados puede actuar como animadores de la opinión.

Tendremos que reconocer que las bases, la masa social, es mucho más influenciable que los representantes y corre el riego de que reaccione por estímulos en lugar de hacerlo por razones.

Los políticos se cansan de decir que no hay que dictar leyes como respuesta a hechos concretos (asesinatos, violaciones, raptos de niños, etc.). “No hay que legislar en caliente”, dicen, y tienen razón, pero, curiosamente, cada vez quieren mantener más calientes, casi en ebullición, a sus bases para moverlas según convenga.

Y ahí aparece la contradicción: un afiliado tipo “culligan” seguirá mejor a su líder, hará más ruido, pero asustará a los simpatizantes, menos mediatizados, poniendo en peligro los graneros de votos.

Los partidos de amplio espectro tienen muchos más votantes que militantes. Los más ideologizados tienen pocos votantes fuera de sus militantes, y a otros, los más radicales, solo les votan sus militantes.

En términos matemáticos podríamos establecer que el número de votante de un partido es inversamente proporcional a la radicalidad de sus afiliados. Casi un axioma.

Pero nos hemos establecido en el terreno del “cortoplacismo” y me temo que no van a rectificar. Seguramente pensarán que si alcanzan el poder tendrán tiempo de “arreglar las cosas” poniéndolas en su sitio, olvidando que es mucho más fácil provocar la exaltación que conseguir la vuelta a la sensatez.

Este es uno de los males de occidente: como tenemos bienestar, con muchas limitaciones, por supuesto, hay que ofrecer lo imposible para ser “diferente”. Pero una cosa es perseguir la utopía y otra muy distinta es engañar deliberadamente con promesas que saben que no pueden cumplir.

A eso se le llama populismo, y no es más que una consecuencia lógica de la falta de rigor de los que gobiernan, por no ser capaces de combatirla. Más bien se asustan y trata de imitar algunos de sus planteamientos, olvidando algo que es esencial: claridad en los planteamientos  y, sobre todo, pedagogía política de los gobiernos y las oposiciones de los países ricos cuando tienen que afrontar malas situaciones.

Una crisis, por ejemplo.

Y a los ciudadanos, cada vez más, nos están llevando a un camino de difícil retorno cuando hacemos caso de las promesas sin preguntar cómo van a cumplirlas, o el entorno en el que nos movemos: La Comunidad Europea, a la que hemos delegado una buena parte de nuestra soberanía.

Naturalmente estas reflexiones no tienen más peso ni más valiez que la de ser titular de un D.N.I. español, como lo son los militantes o simpatizantes de todos los partidos a los que siempre respeto y respetaré el sentido de su voto. En mi caso soy un «no afiliado», nunca lo he sido, aunque, como es natural, tengo mis ideas políticas o, por decirlo mejor, un ideal de modelo de estado y de convivencia participativa que se aproximaría mucho más al nuestro si cambiaral la ley electoral, para mi fuente de todos los males, y se reorganizaran la educación y la justicia.

Las cosas de Ciudadanos

Siento ser pesado y severo juzgando “las cosas” de Ciudadanos, pero sigo pensando que es un partido válido y me duele que toreen de salón, con muy buenas formas y excelentes palabras, pero sin riesgos ni compromisos. Esta actitud de “nosotros somos los puros”, entre otras cosas, acabó con UPyD y puede acabar con ellos.

¿Modificamos la ley electoral?

La misma noche de las últimas elecciones Albert Rivera cometió el desliz de declarar que había que cambiar la ley electoral e ir a “un hombre un voto”, teniendo a España como “distrito único”, porque entendió que el sistema actual les había perjudicado.

Perfecto. ¿Qué modelo elegimos?.

elecciones

En el ejemplo de esta tabla, votos y escaños de las últimas elecciones generales, no aplico ningún tipo de filtro ni de proporcionalidad por población de provincias o comunidades, y considero “distrito único” a todo el territorio español.

Es cierto que Ciudadanos hubieran conseguido 45 diputados, 13 más que con el sistema actual, pero a cambio de una mayor fragmentación del Congreso, ya de por sí bastante disperso. Se puede apreciar que en este supuesto hubieran entrado cinco partidos que se han quedado fuera, uno de ellos, el Partido Animalista – PACMA, con 4 escaños.

¿Es eso lo más conveniente?.

Creo que no. Si queremos aproximarnos a los modelos democráticos más avanzados, en todo ellos se establece algún factor de corrección para facilitar las mayorías y evitar un exceso de partidos en las cámaras. Algunos muy directos, como el anglosajón, donde el partido más votado en cada distrito electoral de Gran Bretaña, o en un estado de los EEUU, se lleva la totalidad de los escaños correspondientes a cada distrito o a cada estado.

O el francés, con una segunda vuelta que permite evitar situaciones de desgobierno.

Pero no necesitamos irnos tan lejos. En una comunidad española, el país vasco, tenemos un ejemplo intermedio que es muy práctico y de total actualidad. En las últimas votaciones, las del 25 de este mismo mes, el PNV ha obtenido 29 de los 75 escaños disputados. A 9 de la mayoría absoluta establecida en 38.

Según su estatuto, si en la primera votación no se consigue esta mayoría, se procederá a una segunda, en la que solo se puede votar “sí” o “abstención”. Quiere ello decir que, al no existir la votación en contra, el “no”, el PNV ya tiene asegurada la mayoría suficiente para formar gobierno.

Otra cosa es que necesite pactar programas o acuerdos puntuales con terceros, porque para sacar adelante los presupuestos o las leyes le seguirán faltando 9 votos, pero el sistema garantiza la fluidez del proceso e imposibilita bloqueos al ganador de las elecciones por pactos entre partidos con menor representación.

Sr. Rivera: Cambiar la ley electoral sí, imprescindible y urgente, pero para acercarnos a los modelos más consolidados, en los que no se puede dar una situación de bloqueo tan absurda como la que sufrimos en la actualidad. Exactamente lo contrario de su propuesta.

También han pedido al PP que Rita Barberá abandone su escaño del Senado, y que se retire el aforamiento para congresistas y senadores. ¿Es pertinente?

En España, y en el resto de los países democráticos, el escaño es propiedad del elegido y no del partido, pero hay una gran diferencia.

En el sistema británico, por ejemplo, los elegidos lo han sido en sus distritos electorales, dando la cara ante sus electores y con obligación de rendirles cuentas de forma individual periódicamente. Son perfectamente conocidos por los que le han elegido y tienen la obligación inexcusable de representar a sus electores, de ser sus “representantes” en el estricto sentido de la palabra.

Esta es la razón por la que, en algunas ocasiones, algunos congresistas votan en contra de una propuesta de su propio partido: todos ellos son un bloque en temas de interés nacional y general, pero en propuesta de menor rango, lo que beneficia a los londinenses puede perjudicar a los de Oxford, por ejemplo. Si se da el caso, los parlamentarios de esta última ciudad se ven en la obligación de dar la cara por su distrito para evitar que les corran a gorrazos.

Aquí, que somos tas listos, lo interpretamos como “rebeliones en las filas de..”, incluso en crónicas de renombrados periodistas.

En España ocurre todo lo contrario. Los congresistas han formado parte de una lista cerrada y confeccionada por cada partido, la mayoría son unos perfectos desconocidos para sus votantes, y no tienen ninguna obligación de atender a sus electores, entre otras cosas porque no se ha elegido a “cada uno”, sino a todos, en bloque.

Esta circunstancia hace que la propiedad del escaño en el modelo anglosajón sea mucho más “legítima” que en España, porque cada congresista ha conseguido un escaño para el partido, en lugar de ser el partido el que ha conseguido el escaño para el congresista.

En cuanto a los aforamientos, me basta con un párrafo corto:

Elimínense, porque no tienen ninguna razón de ser y no existen en los países más avanzados. Y, aunque sea una faceta desconocida para el gran público, esta medida no perjudicaría a los propios aforados porque, si bien es cierto que el aforamiento dificulta y ralentiza los trámites judiciales, no es menos cierto que a la hora de presentarse ante un juez no hay diferencias legales porque la ley es la misma para todos, y que en las sentencias del Supremo no cabe apelación, como sí ocurre en los tribunales ordinarios.

Volviendo a tema de Ciudadanos:

Insisto en que si se empeñan en dictar doctrina desde el púlpito sin bajar a la arena del gobierno, seguirán apareciendo como una opción sin fundamento, aleccionadores sin compromiso, que aconsejan generalidades o concreciones muy obvias sin arriesgarse a las consecuencias de los errores, las circunstancias, o los condicionantes de las tomas de decisiones cuando se tiene la responsabilidad de gobernar.

No dejarán de aparecer como un partido “Pepito Grillo” o “mossen feu”, apodo que le dábamos cuando yo era niño a un señor muy beato (de ahí el “mossen”, sacerdote o eclesiástico en castellano) que se pasaba el día diciendo lo que debían hacer los demás, pero al que no le conocíamos ni esfuerzo físico ni riesgo moral. “Teniu que fer… (teneís que hacer)”

Es como si los vigilantes de la playa se dedicaran a dar consejos a distancia a los que se están ahogando, o a dar instrucciones al resto de bañistas para que vayan a salvarles y como hacerlo correctamente, sin bajarse de la plataforma.

La solución es exigir que funcionen las leyes y los controles oficiales establecidos, no crear partidos para controlar (eso se hace desde la oposición, y solo tiene valor real si los partidos oponentes tienen opciones de gobierno), ni más controles, ni comisiones u otras formas de sacar redito político “gratuito” de los errores o los desmanes de los controlados.

Una nota al pie fuera de contexto:

El PSOE está pasando una crisis muy importante que no se debe a los hechos ocurridos en los últimos años. Hace muchas temporadas que está a punto de “bajar a segunda”, si aplico un símil futbolístico, y siempre se ha librado por los pelos, en una deriva continuada de pérdida de votos y simpatías. Tengo la absoluta seguridad de que esta situación les obligará a una reflexión seria sobre los “porqués”, (las causas-raíz), los “cómo”, (que hacer) y los “cuando”, (en que plazos y con que estrategias), y que el partido saldrá fortalecido, como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

Mis mejores deseos, porque es un partido fundamental, imprescindible para España, unas veces desde el gobierno y otras desde la oposición.

Suerte y buen juicio.

El personal sanitario de los boxes del hospital Doctor Peset

Comentario mandado como «carta al director» al diario Las Provincias, que no se ha publicado:

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Las oía hablar de las anécdotas de las vacaciones, de asuntos familiares, de planes inmediatos, de política y hasta de ¡la emoción de haber saltado en paracaídas!
Eran conversaciones cortas, momentos hurtados a la frenética actividad que les obligaba a atender continuamente a “los suyos” (el que reclama “una botella”, el semi inconsciente que se quita continuamente la mascarilla de oxígeno, el que quiere levantarse a toda costa aunque esté monitorizado y con goteros, el que necesita un cambio de pañal) y francamente, me sorprendía descubrir tanta vida y tanto optimismo en personas que trabaja en un entorno tan poco propicio a ilusiones y esperanzas.

Afortunadamente he tenido pocas ocasiones de ingresar en UCIS, UVIS, Boxes y similares, pero esta misma semana pude recordar y comprobar “in situ” la labor tan encomiable del personal de boxes, casi todo mujeres, del hospital Peset de Valencia.

Rodeadas de enfermos en absoluta dependencia, algunos muy degradados por la edad o las circunstancias de su enfermedad, se mueven con diligencia atendiendo, controlando, o riñendo con todo cariño a los más indisciplinados, llamándoles por sus nombres y dedicándoles frases amables, cercanas.

No digo que lo hicieran con alegría, no creo que lleguen a tanto, pero sí que lo hacían con naturalidad, con cariño y con proximidad al paciente. Se notaba claramente que no se limitaban a cumplir una obligación. No controlaban al ocupante de una determinada cama. Llegaban bastante más allá y atendían a personas enfermas, con nombres y apellidos, necesitados de cuidados médicos, afecto y esperanza.

Se que ocurre lo mismo en las plantas de los hospitales y en otros servicios hospitalarios, pero el caso de las urgencias y los boxes es muy especial porque atienden a una comunidad de enfermos en evaluación de “no se sabe que”, porque acaban de llegar, o a los que están prestando un primer tratamiento de urgencia. Allí no se puede parar y es tan importante la programación médica como la atención personal al paciente.

Sirvan estas reflexiones como agradecimiento a las enfermeras, auxiliares y celadoras que me atendieron o que empujaron mi cama en esas largas excursiones a radiología, unidad de marcapasos o a cualquier otro punto del hospital.

Mi agradecimiento y, ¡que descortesía!, mi deseo de no volverlas a ver en los próximo tiempos, a no ser que coincidamos en algún lugar de vacaciones, o en algún proyecto, aunque se trate de un salto en paracaídas.

En la seguridad de que si vuelvo a necesitarlas, me atenderán con la misma profesionalidad y afecto que lo han hecho en esta ocasión.

José Luis Martínez Ángel – Valencia