El discurso del Rey. Del Rey de todos los españoles.

No se trata tanto de comentar el discurso del Rey, que me pareció muy correcto y adecuado al momento político, como  de analizar las reacciones de los partidos políticos.

Sobre la opinión del los independentistas catalanes no vale la pena perder tiempo. Han dicho lo esperado dado sus intereses y el nivel intelectual de los opinantes.

Lo indignante para mí fue el comentario de Aitor Esteban Bravo, portavoz del PNV, respaldado por sus siete apellidos vascos y con esa cara de mala leche que reserva para ocasiones especiales. Se quejó de que no mencionara al País Vasco. ¿Acaso hablo de Valencia, de Aragón o de Galicia? Habló de todos los españoles citando expresamente a los solidarios, a los ciudadanos y sus aspiraciones, y a la necesaria convivencia. Pero claro, se trata de seguir insistiendo en esa especie de superioridad de raza, tan inventada como absurda, para ver si cuela. En ese eterno ponerse de puntillas para simular que se es más alto que nadie.

Y se atrevió a decir, tan puesto en razón él, que “el mensaje fue un mero enunciado, un baño de autoestima que exhibe un estado inseguro, en crisis”. Dicho por personas, como él, que ni necesita abuela para resaltar sus valores, ni tienen ningún empacho en inventar la historia menos creíble de toda España en cuanto a reinos históricos  o nacionalidades se refiere. Inventos que ofenden la inteligencia de los españoles, menos la de los poco documentados que se creen todo lo que dicen personajes interesados en cambiar la historia, como el que nos ocupa.

Porque lo que ahora es País Vasco empezó a conocerse como tal en el siglo XIX. Hasta entonces, la zona confusa de los montes y las tierras altas de lo que ahora es país vasco y parte de Navarra, estaban pobladas por aldeas o parroquias, y caseríos aislados, sin ninguna sensación de ser “un pueblo”, como ocurrió anteriormente con la cultura celta.

(Algunos párrafos de mi artículo “La historia que no estudió el lendakari Ibarretxe”, publicado el pasado mes de junio. https://jlmartinezangel.com/2019/06/11/la-historia-que-no-estudio-el-lendakari-ibarretxe/

“Y, en cuanto a la escritura en euskera, el  Instituto Vasco Etxepare, dice que: “El euskera es una lengua genéticamente aislada: es decir, no pertenece a ninguna familia lingüística conocida. Tampoco el origen de esta lengua está muy claro. Los primeros textos escritos en euskera datan del siglo XVI, aunque ya en el siglo X se conocen cantares, expresiones o vocablos escritos que aparecen insertados en otras lenguas. Aun así, el primer libro escrito en euskera es Linguae Vasconum Primitiae, escrito por Bernard Dechepare en 1545.”

¡En 1545! Unos cincuenta años antes de que Miguel de Cervantes escribiera el Quijote.  En pleno Siglo XVI, el del Renacimiento español.

En el que se dan más detalles de lo insostenible de sus teorías de raza superior y territorio histórico. Fue una cultura singular y respetable, muy respetable, de agricultores y ganaderos)

Que este señor, representante de una autonomía que no retrasmite el discurso del Rey de España en “su” televisión pública y que dedica horas a potenciar los comentarios de todos los disidentes,  reclame para sí y para los suyos un trato preferencial, es sencillamente indignante.

Porque, como ocurre con todos los nacionalistas radicales, no representa a todos “los vascos”, sino a los pertenecientes a ese grupo de visionarios sin base y parásitos insolidarios que es el PNV, encubridor de ETA en otros tiempos y chantajistas profesionales en la actualidad. Envolviéndose, eso sí, en la bandera de su autonomía, lo mismo que hacen los independentistas catalanes. Como si ellos fueran los únicos vascos con autoridad, los ciudadanos, los “aristos” de las tierras vascas.

Vengo diciendo mucho tiempo que el gran peligro no es el independentismo catalán, que dará mucha guerra y nos causará mucho dolor durante bastante tiempo, pero que está políticamente muerto aunque parezca renacer de sus cenizas por la necesidad de apoyos de nuestro ilustre aspirante a la jefatura de gobierno.

El peligro es el PNV. Partido hegemónico en su comunidad, beneficiada en nuestra Constitución con ese cupo que pagan tarde y mal, si lo pagan, y la aceptación tácita de permitir que Navarra se integre en ella si así lo deciden los navarros. Ambos puntos asumidos por razones políticas del momento y no por supuestos derechos históricos que no existen y que, en todo caso, serían comunes a otras autonomías.

Y consiguiendo más transferencias cada vez que se les requiere para ayudar al “gobierno de la nación”. Y así nos tienen, incumpliendo pagos y  trabajando en la integración de Navarra con la ayuda de Bildu y la inanición política del PSOE de Sánchez. El Partido Sanchista Obrero Español.

Y lo digo desde una cierta autoridad, pequeña, que me otorga el que mis abuelos maternos fueran de Irún y Rentería y de que mi madre naciera en Arrigorriaga. Ningún apellido vasco, como el propio señor Esteban, pero un gran apego y un razonable conocimiento de la situación política del País Vasco.

¡Pobre nación la nuestra que cediendo terreno a los políticos ha llegado a semejante nivel de confusión y mediocridad!

Añadido el 31 de diciembre: Este artículo lo escribí hace dos días y ayer tuve ocasión de conocer parte de lo que el PNV ha “cobrado” por apoyar a la eminencia que aspira a ser presidente nos cueste lo que nos cueste.

Que se sepa, porque habrá mucho oculto,  la autorización a tener selecciones deportivas autonómicas vascas, que no deja de ser una forma de ir creando la imagen de “nación”, impulsar las transferencias, entre ellas parece que han hablado de las de prisiones, “dar cauce al reconocimiento de las identidades territoriales del País Vasco y Cataluña”, y ¡asombroso!, que la guardia civil de tráfico deje de operar en Navarra. Es decir, que un partido de una autonomía, País Vasco, negocie la organización y las competencias de otra, Navarra.

Francamente no entiendo como los sensatos de este país, incluida una gran parte del casi difunto PSOE “de toda la vida”, consienten que este hombre se salte a la torera normas y costumbres pactando con los enemigos de  la Constitución y de la propia España, con el único objeto de seguir habitando en la Moncloa.

En cuanto al PNV, eso es precisamente lo que esperaba de semejantes chantajistas. Y, lamentablemente, no me equivocaba

La grave amenaza de los dos nacionalismos.

En esta España de nuestros amores, amores de casi todos, siempre ha existido el sentimiento regionalista, el de la “patria chica”, que nos hacía diferentes dentro de la unidad, y orgullosos de serlo. Supongo que todos los mayores recuerdan los tiempos en los que cuando coincidíamos en un viaje con gentes de otras regiones, acabábamos las cenas contando nuestros chistes y cantando nuestras canciones. O las de los otros, porque yo he coreado muchas veces “Asturias patria querida” en honor de los asturianos presentes, o “baixant de la font del gat” si habían catalanes.

Tiempos en los que los catalanes de Valencia se reunían los domingos por la mañana en la plaza de Alfonso el Magnánimo para bailar sardanas alrededor de la estatua de Jaime I, en las que participaban cuantos valencianos querían hacerlo.

Pero mientras, solapadamente, incluso en los tiempos de Franco y desde mucho antes, había un movimiento subterráneo en Cataluña que preparaba la venida de nos nuevos tiempos, los organizadores “del prosses”, que iban ocupando poder e instituciones sin prisa, pero sin pausa, en espera de que llegara su hora.

Su hora que, creo, todavía no había llegado cuando decidieron dar el paso, pero la caída del clan Pujol precipitó los acontecimientos buscando un blindaje político para los últimos cabecillas de  la trama que, ¡cómo no! habían aprovechado la ocasión para enriquecerse personalmente.

Y a partir de ese momento, todo ha sido “llanto y crujir de dientes” de los gobiernos de turno que no han sabido poner los pies en pared y detener lo que, de corriente subterránea, pasó a ser un auténtico sunami consecuencia de los muchos años de adoctrinamiento y tergiversación de la historia.

El caso es que todos lo verían venir, pero nunca pensaron que se llegaría hasta donde se ha llegado, ignorando que no se ha hecho más que repetir otros episodios históricos.

Y, para más “inri”, hemos dejado en sus manos la iniciativa internacional de la información de los hechos, en un intento casi conseguido de hacer que se vea a nuestro gobierno como represor, y a nuestra justicia como manipulada por el poder.

Todo ello con nuestro dinero. Unos genios. Nos hemos dejado y encima hemos puesto la cama.

Ahora se están cambiando las tornas. Hay un juicio en curso contra los golpistas y las cortes internacionales están echando por tierra sus argumentos.

Pero ha costado, cuesta, y costará un prolongado periodo de sangre, sudor y lágrimas normalizar la situación, especialmente para los catalanes. Los independentistas porque aun sabiendo que han perdido la guerra, se resistirán mientras puedan. Y los nacionalistas no separatistas, con sentimientos de singularidad y orgullosos de sus orígenes, porque están totalmente sojuzgados por las autoridades de la otrora locomotora de España, y seguirán temiendo y/o soportando la presión de “los otros”.

Aunque llegados a este punto no basta la comprensión del resto de los españoles. Cataluña no volverá a la normalidad si los no nacionalistas no toman la iniciativa, dan la vuelta a la tortilla, se sacuden los temores, algunos fundados, y  salen a la calle para ser ellos los que denuncien a los que les extorsionan y amenazan. Para señalar a los malos. No “malos” por tener determinada ideología, sino porque muchos de ellos se han convertido en auténticos delincuentes sociales y hasta penales.

Todo ello sin ningún tipo de violencia ni de represalias. Simplemente hay que retomar la normalidad.

Porque desde el resto de España no podemos presentar candidaturas de partidos constitucionalistas para que no se pierda su presencia en la comunidad., como ha ocurrido en Gerona por ejemplo, ni pueden los empresarios no censados en esa autonomía votar en la Cámara de Comercio de Catalunya, donde la “no sé qué” (¿cobardía? ¿apatía? ¿inconsciencia?),  de la gran mayoría de los que podían hacerlo, han permitido una presidencia ultra independentista con ¡un 4,1 % de participación! sobre el censo de empresarios, sabiendo que los radicales, que han sido los que han obtenido los buenos resultados, sí que acuden en tropel.

Tendrán el respaldo del gobierno y de la ciudadanía de toda España, pero solo ellos pueden cambiar las cosas tomando la iniciativa.

Cataluña ya tiene transferida la seguridad ciudadana y los servicios penitenciarios (¡que error!) y ahora buscaban, entre otras cosas, las competencias de hacienda como fórmula constitucional de emular el estatuto vasco. Y también han intentado romper la caja única de la Seguridad Social, y  han peleado por el poder judicial, transferencia que les hubiera permitido hacer y deshacer a su antojo, sin más control que el Constitucional al que hacen muy poco caso.

Pero creo que el proyecto de la supuesta república de Cataluña está políticamente muerto, como también lo están todos los responsables aunque ellos no lo sepan.

Siempre, claro está, que al gobierno actual no se le ocurra darle oxígeno con alguna decisión fuera de lugar. Y no digo que no se negocie con el gobierno catalán. Todo lo relacionado con el bienestar de la comunidad. Nada, absolutamente nada, que pueda reforzar los recursos económicos o la ideología del separatismo.

Hemos pasado unas elecciones y el presidente Sánchez, que ha tenido posiciones ambiguas y alguna que otra salida de pata de banco tratando de convencer a los que no quieren ser convencidos, habrá podido comprobar, porque tonto no es, que los barones del PSOE más enemigos del independentismo y contrarios a la política de su secretario regional, son los que han obtenido mayorías absolutas. Ojo al dato.

Sin embargo en este momento se está gestando un conflicto tan importante como el catalán, y es el del país vasco. Y estos son más peligrosos porque son más listos.

Tienen un estatuto que se aprobó como fórmula de compensación para que aceptaran la constitución, y consiguieron la transaccional que permite anexionar Navarra al país vasco si se aprueba en un referéndum.

También tienen transferida la seguridad ciudadana, y, como proyecto urgente, necesitan que les transfieran justicia. Su reclamación sobre la dispersión de presos no ha tenido éxito porque se ha encontrado con el rechazo de los gobiernos españoles, apoyados según las últimas resoluciones,  por los tribunales internacionales.

Y si el gobierno actual y los futuros inmediatos ceden en una sola de sus pretensiones por un puñado de votos, serán responsables de otra catástrofe institucional, esta vez con premeditación y alevosía.

Lo primero que deben acordar los constitucionalistas, y no incluyo a  Podemos porque no estaría en este pacto, es cambiar la ley electoral para limitar las ventajas de los que solo se presentan en una autonomía. Y lo segundo es llegar a un acuerdo por el que todos ellos se comprometan a apoyar investiduras o leyes, si son de interés nacional,  si la aprobación depende de los votos de extremistas o independentistas.

Nunca más, nunca máis, mai mes.

Y no nos confundamos. El problema no es Bildu por mucho que actúe como partido antiespañol y “apoya terroristas”. Hablo del PNV que es el que realmente maneja desde hace muchos años, muchas décadas, lo que ocurre en el País Vasco. Y que es responsable de muchas cosas vergonzosas, entre ellas  que el terror de  ETA durara tantos años.

No digo que les instaran a matar, pero tengo claro que si se lo hubieran propuesto y hubieran colaborado con el gobierno de la nación, ETA habría desaparecido mucho antes de lo que lo hizo. Sabían quiénes eran y podían a averiguar dónde estaban. Incluso contaminaron con su ideología al clero vasco que protegió a muchos etarras.

Insisto: no se trata de señalar a los catalanes o a los vascos como gente peligrosa. Ni mucho menos. Pero sí a sus líderes políticos actuales, desleales con el Estado español y con nosotros, los ciudadanos de otras comunidades, que están creando conflicto en sus regiones y perjudicando el bienestar y la paz social de sus ciudadanos

Han “olvidado” que tienen un poder delegado del gobierno central, que podrían perder si llegara el caso con una aplicación adecuada del famoso artículo 155.

Que no lo olvide también el gobierno. No soy partidario de aplicarlo con premura, pero si de que se lo recuerden en cada reunión. Y, de aplicarlo, no sería una “pax romana”, sino normalidad democrática.

Pax romana, la que impone el opresor al sojuzgado, es la que pretenden conseguir ellos en sus territorios.

Mi querido País Vasco y el cada vez más cuestionado PNV.

Siempre he distinguido, por razones evidentes, los orígenes y las estrategias de los separatistas radicales de Cataluña y los nacionalistas del País Vasco.

Los primeros siguen una ruta perfectamente calculada desde hace mucho tiempo, más de un siglo, con un destino muy claro, la independencia de su república, hasta que algunos recientes acontecimientos, en mi opinión personal la amenaza sobre la familia Pujol coincidente con una debilidad evidente del gobierno de la nación, ha hecho que algunos menos iniciados hayan pretendido acortar tiempos y buscar atajos por donde, por lo que se ha visto, solo existían terrenos inseguros y peligrosos para ellos. Habían acaparado mucho poder en Cataluña conseguido durante mucho tiempo, pero no el suficiente para desafiar al Estado español. Era demasiado pronto.

Resultado: dicen que tenemos un gran problema en Cataluña y que es muy difícil de solventar, y es cierto, pero opino que el problema ya existía, aunque solo ahora ha salido a la luz en toda su magnitud, lo que, evidentemente nos ha ocasionado una gran convulsión que, efectivamente, será difícil de solucionar.

Pero que, aunque parezca contradictorio, es lo mejor que podía pasarnos. Entiendo, como siempre he entendido, que para cambiar o mejorar una situación, el primer paso, el imprescindible, es identificar claramente el problema, dimensionarlo, y averiguar su causa raíz.

Y todos estos hechos han provocado que aflore lo que estaba oculto, para mal de los independentistas conjurados y para bien de los catalanes no independentistas y para el resto de la nación.

Y que todavía no hemos llegado al punto más bajo, el que generará la catarsis, pero que estamos muy próximos a ello.

Pero el nacionalismo vasco siempre ha sido otra cosa. Es más reciente y se radicalizó por la locura de un paranoico, tomado a modo de adjetivo y no como sustantivo, Sabino Arana, que en lugar de desconfiar de todos los demás, como describe la patología del paranoico, promulgaba que su colectivo, el de los auténticos vascos, desconfiaran del resto de colectivos,  y muy especialmente de “los españoles”.

Un Sabino Arana, que entusiasmado con los planteamientos del nacionalismo catalán, del que se inspiró, animó frases como estas, dichas por él mismo o por sus más cercanos colaboradores:

Antiliberal y antiespañol es lo que todo vizcaíno debe ser”, o “El aseo del vizcaíno es proverbial […]; el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año […]. Oíd hablar a un vizcaíno, y escucharéis la más eufórica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias.

Un Arana que, no lo puedo entender, convenció a muchos ilustrados e incluso a parte de la iglesia vasca de que su verdad, la de Arana, era la verdad esperada.

Pero el actual Partido Nacionalista Vasco ha actuado con más sutileza aunque, en mi opinión, igual de desleales y de carroñeros con la nación española, su nación por mucho que no lo acepten,  a la que ha explotado siempre que ha tenido ocasión.

Y lo han hecho con el chantaje de sus votos, tantas veces necesarios para los sucesivos gobiernos nacionales, siempre insensatos y faltos de visión de futuro, que mantuvieron una ley electoral que beneficiaba a las minorías radicales de cada región, y que siempre accedieron a sus exigencias.

Y se veía venir porque ellos, los nacionalistas vascos, ni siquiera tuvieron un personaje generoso en la transición, como fue Tarradellas en Cataluña, que tuvo la visión de que podía existir un futuro con una Cataluña diferenciada, pero unida a España.

Visión que se encargó de destruir el muy ladino Jordi Pujol, su gran enemigo interior, que siempre ha presumido de “apoyar” a España cuando, como lo vascos, pasaba la bandeja a cambio de las ayudas puntuales en forma de más dinero, más transferencias, o más mirar para otro lado, dígase en el caso Banca Catalana por ejemplo.

Pasito a pasito. Pavimentando, losa a losa, la ruta trazada del “prosess”.

Me gusta formarme imágenes de personas y colectivos asociadas a mis lecturas o mis vivencias, y en el caso del PNV lo tengo muy claro:

Me recuerda a aquellos pueblos costeros enclavados en zonas de gran riesgo para los navegantes, que en los últimos siglos salían a la costa cuando habían grandes tormentas confiando en que se produjera algún naufragio.

Y no lo hacían para ayudar a los náufragos, no. Lo hacían para apoderarse la carga que las olas empujaban a las playas o a los arrecifes.

Incluso hay leyendas sobre que en algunos de estos lugares se apagaban los faros o se encendían grandes luces en sitios estratégicos para confundir  a los marinos y provocar las desgracias.

Pues bien. Así ha sido desde la transición, y bien que les ha ido amagando con el independentismo sin llegar a cruzar líneas rojas, no porque fueran peligrosas para el Estado, sino para sus intereses.

Pues bien: hoy, día de sorpresas, me entero de que en el próximo Aberri Eguna, su día de  la patrias vasca, van a exigir al gobierno que les autorice un referéndum de autodeterminación, como el de los catalanes.

Y no me lo puedo creer. ¿El PNV?

Porque se habrán dado cuenta, digo yo, que para ello se necesita reformar la Constitución, y que si se abre esa posibilidad, también será posible anular ese anacronismo insensato del cupo vasco, reconocido como parte de las cesiones necesarias para conseguir el consenso en la firma de la Constitución, y que sobrevive con las dudas del resto de los españoles y de las suspicacias de la Unión Europea, que ya se ha interesado varias veces por esa anomalía.

Y que el título X de la Constitución, cuarta “disposición transitoria”,  dice que, en el caso de Navarra, y a “ efectos de su incorporación al Conse­jo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen (sic).  (sigue)

Otro de los objetivos indudables del PNV y de los independentistas vascos más radicales. Anexionar Navarra al País Vasco. Posibilidad real, según la Constitución, si se cumplen ciertas condiciones.

Y la Constitución, que yo sepa, no dice nada de deshacer lo hecho en caso de que se produzca.

¿Qué el PNV quiere provocar una reforma de la Constitución pensado que solo se van a tocar los puntos que les molesta?

Se nota que ya no está con ellos Javier Arzallus, una mente sibilina y peligrosa, desde el punto de vista de la política por supuesto, porque no creo que lo hubiera permitido.

Preferiría, y así actuó el PNV en sus tiempos, el juego de tensar la cuerda y, si me apuras, de encender alguna hoguera en la costa, la dudosa actuación del PNV en el caso ETA pongo por ejemplo,  para confundir a los navegantes.

Me parece bien que “exijan” el referéndum. Quizás así, y tengo mis dudas, se consiga una reacción esperada de los partidos “nacionales”, incluido el cambio en la ley electoral, para lo que creo no es necesaria la reforma de la constitución.

Y pongo tres ejemplos que lo ilustran. En las elecciones de 2016:

  • Ciudadanos obtuvo 3.123.769 votos y consiguió 32 escaños.  Necesitó 97.618 votos por escaño.
  • El PNV consiguió 286.215 y consiguió 5 escaños. 57.243 votos por escaño.
  • El Partido animalista, PACMA, con 284.848 votos, no obtuvo ninguno.

¿Alguien entiende este disparate? La ley d’Hont, que se consideró conveniente en la transición por la enorme atomización de partidos que se suponía, y que se produjo, no tiene ningún sentido en el día de hoy. Es absurda, injusta y solo favorece de forma descarada a los que se presentan en una comunidad.

Ha llegado la hora de poner a cada uno en el sitio que le corresponde.

Y es en estas cosas en las que los tres partidos mayoritarios, PP, PSOE y Ciudadanos, deben ponerse de acuerdo sin excusa ni pretexto. Y digo los tres porque haciendo un frente común no hay ninguna posibilidad de que los disidentes se alíen con uno de ellos contra los otros dos, o tomen represalias políticas con alguno de ellos.

Y digo los tres porque el cuarto, Unidos o Unidas Podemos, no creo que esté por la labor.

No he leído los programas electorales, pero me figuro que ninguno de ellos plantea esta posibilidad. Pero para eso estamos los ciudadanos. Para empujarles.

Y para los vascos o catalanes no implicados en esta insensatez, llegado el caso no se confundan de enemigo. Son sus dirigentes egoístas y manipuladores los que les han colocado en esta situación. Y, lamentablemente, son ellos o sus antepasados, y no nosotros, los que les votamos.