La indefinición de Podemos en los temas de Estado.

No suelo criticar nada de Podemos, primero porque no es un partido al que pueda entender y, en cualquier caso, porque están fuera del grupo de lo que considero “partidos constitucionalistas” o, quizás más concretamente “partidos de estado”. Capaces de gobernar.

Pero estamos en un momento muy delicado para el futuro del país, y todos tenemos, tienen, que mojarse.

Podemos, al que he respetado y mucho más a sus electores, es comunista, pero raro, está dentro del sistema, pero quiere hacer política en las calles, está en el pacto contraterrorista, pero de “observador”, dicen que son españoles pero les da repelús la bandera de España o el himno nacional, a los que, en una demostración de desconocimiento histórico, definen como “franquistas”.

Se declaran republicanos cuando en ninguna de las dos repúblicas, especialmente la segunda porque la primera fue un desastre lamentable, los hubiera aceptado como son, como tampoco aceptaron a los dirigentes catalanes de la época, y como tampoco aceptarían a los actuales.

Los Presidentes de entonces eran mucho más serios de lo que los “historiadores de mitin” quieren hacernos creer, y la Republica no era un “todo vale” por mucho que grupos desmadrados hicieran salvajadas y que la cosa acabara en una guerra civil. Y así muchas otras cosas. Pero eso, como he dicho antes, es asunto suyo y de los que les votan.

Lo que no puedo perdonarles, y por eso hablo de ellos como partido, es su posición ante el desafío de los independentistas catalanes. Porque ha llegado el momento, ahora sí, de definir muy claramente quienes son los de “aquí” y los de “allí”, y escuchando lo que escucho, y según donde se diga, no se trata de que les entienda yo, sino que me parece imposible que les entienda nadie, incluidos sus electores.

Ayer escuché a Irene Montero (¡que buen verbo para decir cosas tan disparatadas!) diciendo que sí y que no, como “la Parrala” y, no sabiendo por donde salir, acabó comparando el intento de secesión de Cataluña con los desahucios. Como podría haber dicho con la igualdad de la mujer, la asistencia sanitaria, o cualquier otra cosa que viniera o no vinera a cuento. Incluida la tan socorrida guerra de Irak.

Señores de Podemos: El intento de secesión no prosperará, Uds. lo saben, y tratar de arrimar el ascua a su sardina con esos apoyos difusos de “si pero no”, solo ayuda a alimentar diferencias y confusiones.

Y, tengo la absoluta seguridad, de que ese intento de captar votos fáciles y tramposos en Cataluña entrando en el juego de los engaños, les va a costar muy caro.

Porque una parte de su electorado será de izquierdas, serán asamblearios, serán revolucionarios, pero no son tontos. Y Ud. les trata, como intenta hacerlo con todos nosotros, con ese aire trasnochado y tan visto de profesor de universidad que alecciona a sus alumnos, incluyendo el lenguaje corporal reservado para los momentos trascendentes de adelantar un hombro y la cabeza.

Alumnos que, por supuesto, son más más incultos y más desconocedores que Ud. Y no es así.

Discuta Ud. su nuevo modelos de estado, sus pretendidos cambios sociales o dispute su liderazgo de izquierdas al PSOE, que yo lo respetaré.

Pero no intente conculcar la ley o animar a que se conculque porque siempre me tendrá en contra. Y soy uno, pero somos muchos.

Y, como he dicho, seguro que lo pagará.

Comentarios que no pierdo el tiempo en hacer al BLOC de Morera o Marzà porque sus votantes lo tienen muy claro. Ellos están para esto y los que les votan lo hacen sabiendo lo que quieren hacer y exigiendo que lo hagan.

La leyenda del reloj de pared de un monasterio rezaba “omnes vulnerant ultima necat”. Se refería a las horas, naturalmente, pero también es aplicable a las necedades políticas. “Todas hieren, la última mata”.

Como les ha sucedido en otros tiempos a otros que lo fueron, pensado que a ellos no les ocurriría. Son legión.

Falseando la realidad – Las financiaciones autonómicas:

Vaya por delante que estoy totalmente convencido de que la Comunidad Valenciana está muy mal financiada, tanto como que la solución definitiva debe de pasar por un pacto de las Autonomías, ya que ir de una en una a negociar con el gobierno por separado, cada uno con su cartera de agravios, solo puede generar más conflictos que soluciones. El dinero es el que es y su distribución debe ser equilibrada y atendiendo a razones objetivas.

Y pongo un ejemplo: es cierto que la Comunidad Catalana es contribuyente neto, pero me temo que no tanto como ellos mismos dicen porque se han convertido en grandes expertos en manejar realidades virtuales.

Cataluña fue próspera, entre otras cosas, porque contó con muchas ayudas del estado, incluida la época de Franco, que permitió, por ejemplo, mantener unos aranceles de importación de productos sumamente elevados y durante más tiempo del necesario, lo que favoreció la venta de los productos catalanes al mercado interior. No tenían competencia.

Y ahora mismo continúan siendo falaces en la información. Aportan mucho al Estado, sí, pero están recibiendo muchos beneficios que no se contabilizan. Las comunidades menos desarrolladas los son, digan lo que digan los “enterados”, porque no hubo voluntad política de apoyarlas. Su situación geográfica, sus comunicaciones, o su propia orografía no permitieron desarrollos industriales que hubieran sido menos rentables.

Y no se trata, como dice la leyenda negra inventada por algunos impresentables, de pobladores “vagos”. Es evidente que una buena parte de su mano de obra está trabajando muy eficazmente en las comunidades más prósperas y han contribuido a su desarrollo.

Es cierto que reciben ayudas, pero siguen siendo los “compradores” mayoritarios de los productos catalanes. Productos catalanes suministrados por empresas catalanas que pagan sus impuestos en Cataluña.

Porque una gran parte de la España menos desarrollada compran los libros de texto a editoriales de Cataluña. O tienen sus cuentas bancarias en entidades centralizadas fiscalmente en Cataluña, comunidad en la que pagan sus impuestos.

Y Cataluña es la Comunidad que más préstamos está recibieron del Estado, a interés cero y con grave riesgo de acabar con quitas a su deuda. No porque vayan a independizarse, que no lo harán, sino porque al final, y como siempre, se aplicarán criterios políticos de apaciguamiento y “buen rollo”. No hay como llorar y crear falsas realidades.

También recibieron ayudas otras comunidades, como País Vasco y Andalucía en su industria naval, o Valencia en la siderometalúrgica, pero su mercado objeto mayoritario no era el español, y no pudieron competir con los astilleros internacionales, entre otras cosas por las normas de la Comunidad Europea que prohíbe ayudas estatales, cuando los astilleros de muchos países del mundo hacen de su capa un sayo y aplican políticas fiscales y laborales según su libre criterio.

Y podría seguir con muchos ejemplos, pero no hace falta.

Revisar la financiación autonómica sí, pero. Insisto, teniendo en cuenta todos los factores: población, dispersión demográfica, red de comunicaciones, recursos hidráulicos, etc.

Pero claro, los que más se quejan son los que no quieren asistir a estas reuniones para poder seguir llorando por lo que es verdad y lo que es imaginario.

Espero que después de la movida del independentismo el Gobierno recupere la autoridad y obligue a los que están por encima del bien y del mal a entrar en el redil de la racionalidad.

Que los que emigraron a Cataluña, Valencia o el País Vasco no lo hicieron porque no es gustara su tierra. Lo hicieron con gran dolor de su corazón porque no tuvieron más remedio. Allí no tenían oportunidades.

Los polvos, los lodos, los antecedentes, y como llegar al primero de octubre.

El nacionalismo catalán, en su interés por capitalizar en exclusiva méritos que no son suyos y crear una falsa historia más acomodada a sus planes y estrategias, comenzó, hace décadas, impartiendo una educación en la que obvió o redujo a la mínima expresión la historia de España, y potenció, incluso inventó, las gestas catalanas y la gran influencia de esta “nación” en la prosperidad de España, de Europa y del resto del mundo.

Uno de los puntos clave ha sido convertir lo que fue una guerra entre dos naciones europeas, Francia y Austria, por la sucesión de Carlos “el Hechizado”, que murió sin herederos, como una guerra de Castilla contra Cataluña. Y a esta guerra, guerra de intereses como todas, se apuntaron los poderosos de todos los reinos de España en función de lo que más les convenía. Y unos ganaron y otros perdieron. Y los señores catalanes, que apostaron por el candidato austríaco, perdieron. Y, como represalia por haber defendido al otro bando, el Borbón les retiró los fueros.

Así de simple. Porque si hubieran sabido que iba a ganar el rey Felipe, todos, absolutamente todos los poderosos de España, se hubieran apuntado a su bando.

Y, llegado el momento, hace unos años, los que movían los hilos de la sociedad catalana, viendo al Estado en debilidad como consecuencia de la crisis y bajo la amenaza de ciertos escándalos a punto de salir a la luz, decidieron que era el momento de apretar el acelerador. “Ahora o nunca”, pensaron.

Y diseñaron una estrategia de ruptura que comenzó con una valoración de grupos sociales o culturales desde el punto de vista de amigos/enemigos del proceso.

Grupo 1.- Los independentistas de toda la vida. Siempre han sido los sacrificados, los idealistas traidores al Estado desde tiempos de la República, la avanzadilla de cualquier movimiento, y la primera línea en las batallas. No son demasiados en porcentaje pero, eso sí, lo tienen muy claro y no les importan ni los riesgos ni el sufrimiento. Es una postura muy próxima al fanatismo político aunque, salvo durante algún tiempo y de forma limitada, sin violencia extrema. Su base ha sido la Esquerra Republicana.

Grupo 2.- Los nacionalistas. Grupo de catalanismo cultural defensor de símbolos y amigo de marcar diferencia entre su estatus social y el del resto de los españoles. Incluso con el resto de habitantes de Cataluña. Su montaña sagrada es Montserrat, y su equipo el Barça. Su base fundamental era la burguesía catalana, y su partido político Convergencia y Unió. Era evidente que si avanzaban por el camino de la ruptura con el estado sufrirían bajas importantes: en primer lugar el grupo de Unió, pero también una parte de Convergencia, especialmente si veía peligrar su bienestar material y su tranquilidad histórica.

Grupo 3.- Los “Charnegos”, que en algún momento ha sido un excelente semillero de neo nacionalistas nacidos fuera de Cataluña o catalanes en primera generación, hijos de emigrantes. De ese granero surgieron un gran número de “conversos”, que son los más furibundos defensores de todo lo catalán, sensibles a las consignas, muy predispuestos al adoctrinamiento, y permeables a las “historias sobre la historia” catalana y de su supuesto papel predominante en todo el mundo mundial.

Tenemos multitud de casos, aunque, posiblemente, el paradigma puede ser Garbriel Rufían, “hijo y nieto de trabajadores de la Bobadilla, municipio de Alcaudete (Jaén) y Turón (Granada)”.

No es de extrañar porque la gran mayoría venían del mundo rural, el de la miseria y la falta de recursos, y se encontraron con una sociedad rica y próspera en la que encontraron trabajo y seguridad. Y se deslumbraron.

No importa que en los primeros tiempos fueran ciudadanos de segunda. Más valía ser cola de león que cabeza de ratón.

Pero los charnegos eran un grupo del que no se podían fiar plenamente, porque llegados al extremo, podrían reconsiderar posiciones, o hacer valer sus raíces de otras provincias españolas.

Grupo 4.- Los inmigrantes, divididos en tres grupos fundamentales:

• Los de cultura “española”, que hablan nuestro idioma y, salvando algunas distancias, tienen sociedades similares y están acostumbrados a participar en política en sus países de origen. Los nacionalistas no han sido especialmente proclives a facilitar la entrada a este grupo étnico porque saben que, si ven peligro, preferirán permanecer en España, porque les proporciona más oportunidades que un hipotético mini estado, claramente cuestionado en los foros internacionales.

• Los sub saharianos, que llegaron a Cataluña, como al resto de España,
buscando trabajo. Suelen vivir en grupos o comunidades sociales y mantienen rasgos culturales muy diferentes a los españoles. Tampoco es un colectivo fiable desde el punto de vista del apoyo a una posible independencia.

• Los musulmanes, separados en dos grandes subgrupos:

• Los marroquíes, inmigrantes tradicionales desde hace muchos años, que buscaron Cataluña por su potencia empleadora. En un estudio de las Cámaras de Comercio de hace unos años, esta nacionalidad suponía el 13,7 de los inmigrantes de toda España, y el 21,4 en Cataluña. Son una población que nos conoce perfectamente y que, conservando sus costumbres, no han causado problemas importantes de integración, aunque últimamente hayan surgido algunos con las segundas generaciones.

Su comportamiento ante la independencia podría ser similar al del resto de los catalanes arraigados aunque, como los hispanoamericanos, se sientan más seguros si Cataluña permanece en España.

• Los del próximo oriente y los refugiados de guerra. De muchos países y varios grupos religiosos que llegan desconociendo totalmente nuestras costumbres religiosas y sociales, en la mayoría de los casos frontalmente opuestas a las suyas, también agrupados en zonas y nacionalidades. Es un colectivo muy fácil de utilizar porque desconocen las consecuencias de la ruptura y solo ven, en términos generales, lo que les enseñan las autoridades catalanes en los cursos de integración que han potenciado en los últimos años. Esta es la razón de que se haya facilitado este tipo de inmigración, hasta el punto de una cuarta parte del total de musulmanes que residen en España se concentran en Cataluña. 515.482 según un censo reciente.

Este colectivo seguirá las consignas de los dirigentes catalanes sin ninguna objeción, porque no tiene capacidad de valorar las consecuencias de sus decisiones, y pensarán que es lo mejor para ellos. Son minoría los que tienen la nacionalidad española y capacidad de votar, pero los planes de los independentistas no pasan, precisamente, por respetar la legalidad y los censos electorales oficiales.

El riesgo: En tiempos de amenaza terrorista es difícil evitar que se “cuele” gente peligrosa entre los que vienen huyendo de la guerra y de buena fe.

Y luego están los antisistema, que ahora son independentistas de conveniencia porque saben que les resultará más fácil luchar contra un mini estado que contra una nación fuerte. Y sobre todo porque han encontrado el punto débil de los independentistas. Los necesitan.

Son colaboradores necesarios, pero nunca acatarán disciplinas, ni leyes, ni órdenes emanadas de parlamentos. Lo suyo es el movimiento antisistema, asambleario y autogestionario. Lo curioso es que la mayoría proceden de estratos sociales medios/altos. “Niños bien” jugando a ser libres y a lanzarnos directrices sobre un nuevo orden, con gastos pagados por sus familias o las administraciones.

Los catalanes “de siempre”, los burgueses de Convergencia, les odian y les temen, pero han enterrado el hacha de la guerra inevitable hasta después de “la independencia”.

¿Y que va a ocurrir? Los independentistas han llegado al extremo en el día de ayer, 6 de septiembre, votando la ley que permite la consulta. A partir de este momento, sabiendo que el gobierno recurrirá y los perseguirá legalmente, solo tienen un camino, muy estudiado: el de la algarada callejera casi diaria, con un punto de inflexión en la “diada”, hasta llegar al uno de octubre.

¿Y que debe hacer el gobierno? No acobardarse. Todos sabemos que los independentistas buscan víctimas y gestos del gobierno que demuestren “su intolerancia”, pero las cosas no empeorarán por ser severos, ni se dulcificarán por ser cautos. Están crecidos y continuarán.

Por eso, y en beneficio de Cataluña y del resto de España, solo caben dos acciones:

• Que la sociedad catalana, que ha permanecido fuera de la contienda política esperando a ver si “sacaban algo” de todo esto, y/o a salvo de posibles represalias por parte de sus gobernantes, salga de una vez a defender lo que, de verdad, son sus propios intereses. Empresarios tibios, intelectuales equidistantes, asociaciones culturales y ciudadanos en general, deben salir a la calle y con mucha firmeza. No pueden pretender que sea el gobierno y el resto de españoles los que barramos estos polvos que han cubierto su tierra.

• Que el gobierno aplique todo el peso de la ley, sin violencia pero con mucha firmeza, sobre los facinerosos que nos han complicado la vida durante tanto tiempo. El resto de españoles, todos nosotros, merecemos algún reconocimiento y comprobar que, llegada la hora, tenemos un gobierno que nos defiende y nos protege de la mala hierba.

Eso sí, con el respaldo inequívoco de todos los partidos. Y maldito sea el que trate de sacar rédito electoralista de una situación tan grave como esta, porque en las urnas nos encontraremos.

Así pues paciencia y firmeza, en la seguridad de que esto acabará bien. Acabará bien para la “gente de bien”. Y para los demás, los que ahora esperan entrar en el libro del martirologio con poco coste personal y formar parte de la historia de Cataluña por su “lluita” por la independencia, todo el peso de la ley. Sin encarnizamiento, pero sin miramientos.

Que sus nietos no les tengan por héroes, sino por villanos. Por gente que dividió a la sociedad catalana, la empobreció, defendiendo interese personales y su estanque dorado.

No sea que acaben como acabó su gran referente, Rafael Casanova. Ejerciendo de abogado, y “disfrutando” de la opresión borbona desde su despacho profesional.

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Todo lo anterior solo son reflexiones sin rigor histórico, consecuencia de seguir la actualidad todos los días y desde hace muchos años.

¿Políticos “lobotomizados”? – La policía autonómica

Seguramente a los políticos les hacen una especie de lobotomía para que piensen de forma diferente a los ciudadanos por ellos administrados. Me explico.

Ya dije el otro día que, básicamente, la seguridad ciudadana de los valencianos depende de la Policía Nacional y la Guardia Civil, cuerpos de gran experiencia, con múltiples especialidades, muy acreditados y, en muchos casos, compuestos por miembros de la comunidad. Forman parte de la red nacional, y están conectados a las internacionales por las bases de datos comunes y por los servicios de inteligencia.

Pues bien. El Sr, Puig está empeñado en potenciar la policía autonómica, estilo Cataluña. Ya dije el otro día que “quieren sustituir a la Policía Nacional y la Guardia Civil por una Policía subordinada a los muy malos administradores valencianos, aislada, y que tardaría diez años en tener un mínimo de experiencia. Que montar cuerpos de seguridad no es como abrir una emisora de televisión y ni eso saben hacer”. También decía que, eso sí, hay que ampliar y actualizar los roles profesionales de las Policías Locales.

Solo hay una razón para que los políticos comunitarios quieran seguir esta línea insensata. El control sobre sus actuaciones, tan en contra de los intereses de los ciudadanos que necesitamos seguridad, eficacia, y objetividad.

Basta con ver la actuación y las declaraciones del mayor de los Mossos, el Sr. Trapero, que es mando supremo de la policía autonómica por decisión política de la jerarquía de la Generalitat, y se pasa los días en los platós de televisión y los estudios de radio apoyando a sus “jefes” en lugar de estar trabajando en lo suyo.

Y no tengo nada que decir de los propios Mossos que, al cabo de los años, han conseguido ser muy eficaces en las actuaciones de cada día, aunque estén muy limitados por su condición de autonómicos y, por tanto, “no incluidos” en las policías estatales de todo el mundo, para las nuevas amenazas. Especialmente las del terrorismo.

Pero, lamentablemente, los Mossos y su imagen pública serán lo que quieran y proyecten sus jefes, en este caso políticos de muy bajo nivel.

Algunos dicen que la solución es que les integren en estas redes. Ningún país aceptaría abrir los candados de su información a quién no es de su total confianza. Ni siquiera a las policías estatales de algunos países comunitarios. Y pongo un ejemplo pasado pero reciente: la Etzaina tenía bloqueado el acceso a la información estatal e internacional porque todos sabían que tenía infiltrados de la ETA.

También puede haberlos en los cuerpos de seguridad del estado, pero es mucho más difícil y más controlable.

Pese a todas estas razones, seguro que el Sr. Puig seguirá queriendo “su” policía, como quiere “su” televisión.

Un ejemplo más de la política de los últimos tiempos. Siempre pensando en los ciudadanos.

Sin cuartel – Los soldados de takfir

El otro día leí en la prensa un artículo de Mateo Balín que me resulta especialmente inquietante. Siempre he sabido que es difícil localizar a los radicales islamistas peligrosos, y aplico el adjetivo “peligrosos” porque algunos radicales solo lo son de palabra y no serían capaces de atentar contra nadie.

El autor del artículo se refería a una de las ramas del Daesh, los takfir, radicales dispuestos a matar, no tanto a morir como los clásicos terroristas suicidas, porque su lucha no es para una sola ocasión.

En esta estrategia, muy peligrosa para nuestra seguridad, y dirigida de forma muy especial a gente muy joven, se permite que sus adeptos vivan “como infieles”, y hagan una vida completamente normal, bebiendo alcohol, fumando, comiendo alimentos prohibidos, etc.

El objetivo de estos terroristas aparentemente integrados en la vida normal y poco seguidores del Corán, es pasar totalmente desapercibidos. No frecuentan las mezquitas, juegan al futbol, fuman, van a los lugares de encuentro de los jóvenes, participan en actividades propias de su entorno social y, en definitiva, actúan como auténticos infiltrados en las sociedades en las que viven.

Ya ocurrió en el 11M y ha sido muy evidente en la cédula terrorista de Barcelona.

Decía que no van a las mezquitas, pero se reúnen con su líder, en este caso el famoso imán que “pretendía” inmolarse en Barcelona pero que, según algunas informaciones, tenía un billete de avión para días después, en sitios secretos para recibir aleccionamiento y, llegado el caso, para preparar bombas o planificar los atentados.

Pero, pese a todas estas precauciones, son detectables. Como he dicho anteriormente, se reunirán en algún sitio, comprarán materiales, actuarán en grupo, aunque esté compuesto por amigos o familiares. El mínimo común denominador es el coordinador, normalmente un imán, pero eso es responsabilidad de la inteligencia española que ya está trabajando en catalogar y valorar el perfil de los imanes españoles. Y lo está haciendo con la colaboración de la comunidad musulmana y las asociaciones de imanes, que son los primeros en pedir que se separe el grano de la paja.

Pero nosotros, todos nosotros, debemos informar a las autoridades si detectamos movimientos extraños: gente que entra y sale de pisos o locales privados, especialmente si son locales ocupados, que compra materiales de droguería, como acetona, en grandes cantidades, bombonas de gas, paquetes de tornillería o clavos, etc. Aunque sean muy jóvenes, muy simpáticos y saluden cordialmente a los vecinos.

Es cierto que pueden comprar cantidades “razonables” en varios establecimientos, pero lo lógico es que todas las compras converjan en sus locales, por lo que no dejará de ser extraño ver a jóvenes portando bombonas o garrafas a un lugar inapropiado, como una vivienda o una planta baja aparentemente vacía.

Supongo que la inteligencia habrá reforzado los controles de las empresas de alquiler de camiones y furgonetas, pero si vemos una furgoneta alquilada frente a un lugar aparentemente vacío o en el que se ha detectado movimientos de gente, no pensemos que están haciendo una mudanza. No pasa nada si hacemos alguna llamada a la policía y es una falsa alarma.

En resumen. Estamos en una guerra y hay que revitalizar las prácticas que se usan en las contiendas “oficiales” para detectar “quintacolumnistas”, porque los takfir lo son, comunicando a la policía todo lo que nos parezca raro. Que más vale pecar por exceso.

Y, por lo demás, hagamos vida común. Vayamos a los sitios que solíamos ir y disfrutemos de nuestras calles, nuestros parques, nuestras fiestas y nuestros espectáculos.

Y, por primera vez en mi vida de modesto comunicador, os pido que compartáis esta nota entre vuestras amistades. Aquí no valen colores ni “eso pasar porque…”.

Son ellos o nosotros.

Los únicos culpables son los terroristas:

Otra masacre terrorista, esta vez en Barcelona, y, como es habitual, aparecen multitud de comentarios en televisión, prensa y radio que pontifican sobre la naturaleza de los asesinos y, como novedad, algunos responsabilizan al President Puigdemont y a sus políticas secesionistas de unos hechos tan lamentables.

No creo que haya nadie que esté más en desacuerdo que yo con las nefastas decisiones de los últimos gobiernos de la Generalitat, ni más convencido de que el “procés” no puede salir adelante, pero, y precisamente por eso, hay que separar el grano de la paja.

No estoy capacitado para juzgar si la policía catalana cometió o no errores, como tampoco lo estoy para saber si los cometieron las fuerzas de seguridad en el 11M, o Scotland Yard en los ataques en Gran Bretaña.

Es cierto que cuando ocurren estas cosas siempre tenemos la sensación de que “se podría haber hecho algo más”, pero es lo que pensamos siempre que sufrimos una adversidad, incluso cuando se trata de temas personales: “podría haberle dicho cuanto le quería”, “tenía que haberle atendido mejor”, “si no le hubiera…”, pensamos cuando muere un ser querido.

En todos estos casos tratamos de buscar alguna responsabilidad, propia o ajena, como si las cosas no fueran mucho más sencillas. Por reducción al absurdo, las personas mueren porque a todos nos llega la hora, y esas supuestas responsabilidades son infinitamente inferiores, en valor, a las cosas buenas que han ocurrido y se han compartido con las personas durante el tiempo de su vida, o a las buenas actuaciones de las fuerzas de orden público.

Lo cual no implica que no sea imprescindible un análisis profesional de lo que se ha hecho bien y se ha hecho mal, en un ejercicio obligado de mejora de procedimientos exigido en las normas de calidad, para aprender de los errores y mejorar los procesos estándar de las fuerzas del orden. Las famosas “lessons learned”, “lecciones aprendidas”, que tanto valoran las empresas líderes en los mercados.

Pero estos ejercicios se hace a posteriori, cuando los ponentes se han liberado de las presiones, prejuicios, filias y fobias que generan los momentos de la confusión o del error, y de los consejos de los muy doctos tertulianos españoles.

Y en el caso del terrorismo, y sin la más mínima duda, los únicos responsables son los terroristas que ponen la bomba, disparan la pistola, apuñalan, o atropellan a los viandantes.

Y que ningún posible fallo policíaco, ni decisión política pueden desviar la condena de los hechos hacia las instituciones que, con mayor o menor acierto, trabajan para proteger a la ciudadanía y, en casi todos los casos, lo hace de forma muy eficaz.

Ni tampoco acusar al colectivo musulmán, la primera y gran víctima de los asesinos radicales, simplificando los asesinatos como crímenes por motivos religiosos.

Es cierto que el Corán tiene textos duros contra los “infieles” como la Sura 2 190-195: “Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsados”, pero no es menos cierto que nosotros también tenemos nuestros “ojo por ojo, diente por diente” o similares, y no vamos por ahí aplicando la literalidad de la frase (del Antiguo Testamento y revocada por Jesucristo) vengándonos de los que nos han ofendido.

Porque los asesinos no lo son porque sean musulmanes, sino porque son fanáticos. Que musulmanes pacíficos de buena fe hay millones en España. No olvidemos que el IRA era un movimiento católico irlandés que mataba indiscriminadamente a quien se pusiera por delante, y que, en los primeros tiempos, ETA fue muy bien vista por algunos sectores de la iglesia vasca. Y nadie del resto del mundo definió estos crímenes como “de cristianos”.

La otra moda es acusar a estos musulmanes pacíficos de no colaborar con las fuerzas del orden. Deberían hacerlo y a ello les animo, pero precisamente nosotros, los españoles, no podemos acusarlos de complicidad. ¿Acaso eran cómplices los vascos que no denunciaban a los etarras? Cobardes sí, pero una cobardía entendible porque ellos conocían a los etarras, pero los etarras los conocían a ellos. Y “ellos” tenían familias.

Si alguien sigue acusando a los musulmanes de complicidad, que lean “Patria”. Quizás vean las cosas de otra manera.

En cuando al Sr. Puigdemont, no hay que darle tregua en sus pretensiones separatistas, pero, por favor, no mezclemos las churras con la merinas.

Es una villanía.

El sainete nacional – Parte 2 – Con datos de la Comunidad Valenciana en lo referente al Consell, y del municipio de Valencia, cuando se trata sobre el Ayuntamiento de la ciudad.

De entre todos los protagonistas de la actualidad política, me merecen especial atención tres figuras: un Consejero, dos Concejales y Mónica Oltra, vicepresidenta y portavoz de la Generalitat.

El primero de ellos es el “Conseller d’Educació”, Vicent Marzà Ibañez, maestro nacional, hombre del Bloc y con una hoja de ruta política muy clara: seguir los pasos del nacionalismo catalán.

Se ve acosado por varias causas judiciales por denuncias contra su política educativa, algunas con fallos en su contra que se niega a acatar utilizando la fórmula legal de los recursos. Tiene a su favor que nunca ha ocultado sus intenciones, y en su contra que es consciente de que le falta tiempo, por lo que ha forzado la situación con medidas de choque, urgentes, que han creado problemas donde no los había, (eliminación del distrito único, acentuar el bilingüismo, enfrentamiento con los colegios concertados y la universidad privada, entre otros) desde el primer día de su mandato.

Y digo que tiene prisa porque es consciente de que no dispone de los años que tuvo la Generalitat de Cataluña para influir en dos generaciones, porque no tiene ninguna garantía de ser reelegido, (el Bloc no es lo que era la antigua Convergencia) y porque a su modelo, el catalanismo cultural y nacionalista, le están apareciendo grietas cada vez más profundas. Al modelo y a las falsas verdades en las que se apoyaba.

El “Regidor Delegat d’Administració Electrònica” y “Regidor Delegat de Cultura Festiva”, Pere S. Fuset i Tortosa, que ha actuado como el caballo de Atila, consiguiendo enemistarse en tiempo record con casi todos los colectivos que debía coordinar y favorecer, entre ellos el muy importante mundo fallero.

Tiene una cierta tendencia al escapismo, y últimamente evita acudir a las reuniones “incómodas”, a las que manda un representante. Solo da la cara para hacerse fotos o salir en las noticias cuando está lejos de la Interagrupación de Fallas u otras asociaciones especialmente reivindicativas.

Con mucha tendencia y poca preparación para el maquiavelismo, se ha buscado enemigos de toda condición cuando trató de “colar” una encuesta tendenciosa a las comisiones falleras, puso al descubierto un cierto machismo. cuando intentó aplicar “normas del buen vestir” a las falleras mayores y sus cortes cuando acuden a actos públicos vestidas “de paisano”.

Iniciativa que le valió la repulsa, otra vez, del mundo fallero y de las ex falleras mayores de los últimos años que calificaron las normas de “discriminatorias, vejatorias e indignantes”. Sin embargo tuvo el apoyo, ¡que sorpresa!, de la vicepresidenta Mónica Oltra.

Su cobardía política le ha llevado a tener un importante enfrentamiento con la concejal de Protección Ciudadana y responsable de la Policía Local, Anaïs Menguzzato, a consecuencia de un accidente mortal de un operario en el montaje de una instalación de la feria de Julio valenciana.

Fuset, cabeza municipal de festejos y por lo tanto directamente responsable de la coordinación de todos ellos, no hizo mención a este hecho, y cuando se lo recriminaron, se escudó en que la Policía Local no le había informado. La concejal de Protección Ciudadana y responsable de la Policía Local, Anaïs Menguzzato, le desmintió de inmediato y con rotundidad aportando pruebas de la falsedad de su comentario, pese a lo cual continuó poniendo excusas tratando de justificas lo injustificable.

El tercero, no menos importante, es Giuseppe Grezzi, Coordinador General del área del Àrea de Mobilitat Sostenible i Espai Públic, y Regidor Delegat de Mobilitat Sostenible. Es miembro de “Verds Equo”, uno de los partidos que componen Compromis.

A este Napolitano llegado a Valencia hace unos diez años, no se le conoce más bagaje político que haber participado activamente en la campaña de acoso que sufrió Rita Barbera. Siempre hizo alarde de ello y llegó, entre otras cosas, a lucir públicamente una camiseta verde en la que figuraba un ciclista de aspecto parecido al del concejal, azotando a una señora de figura opulenta, vestida de rojo, que corría desesperadamente delante de su bicicleta.

Un auténtico ejemplo de “elegancia” y preparación política que, España es así y los españoles votamos lo que votamos, le permitió ser el dueño y señor de los espacios públicos y la movilidad ciudadana de la tercera ciudad más importante de España.
E insisto en lo de “dueño y señor” por que como tal actúa.

En otro momento escribí una nota satírica sobre este concejal en la que criticaba su falta de control en la gestión, “bolardos pongo, bolardos quito, carriles elimino, carriles repongo y cosas similares”, pero la cosa ha ido a más y a mucho peor.

El Sr. Grezzi, “verde” él, está actuando de forma descontrolada, anárquica, incumpliendo sus propias normas, prepotente y faltón. Respaldado, eso sí, por nuestro “plácido” alcalde, (¿displicente quizás?), amante de tomarse vacaciones, de montar cabalgatas alternativas, y tan enamorado de la bicicleta, eso no es un defecto, como el propio Grezzi.

También choca frecuentemente con la responsable de la Policía Local, que le acusa de “ir por libre”, porque sus decisiones unilaterales sobre ordenación del tráfico están creando verdaderos problemas a los ciudadanos, y también con Sandra Gómez, portavoz del PSOE, que le pide públicamente que someta sus decisiones a debate.

Y con la Federación de Asociaciones de Vecinos (FAAVV), con la Empresa Municipal de Transportes, con la asociación de vendedores del Mercado Central, con los restaurantes de la zona centro, y con otros colectivos.

Leo en Las Provincias del 5 de Abril un comentario sobre una reunión con la Junta Municipal de Abastos “«Parece que algunos quieren que vuelva Franco», espetó ayer el concejal de Movilidad Sostenible, Giuseppe Grezzi, a los vecinos de la Junta Municipal de Distrito de Abastos, en un tenso encuentro que terminó con esa referencia al dictador y con los residentes en la zona levantándose y abandonando la reunión”.

No Sr. Grezzi. Estoy completamente seguro de que esta Junta Municipal no quiere que vuelva Franco, que ya está bien de descalificar tildando de fachas, fascistas, franquistas o cualquier otro epíteto a los que les llevan la contraria, como tampoco creo que le hayan dicho a Ud. que les recuerda a su paisano Mussolini.

Estamos en 2017, en un estado democrático, y su función es la de procurar el bienestar de sus conciudadanos y no creerse un elegido para acaudillarlos, o el dueño de la ciudad para jugar con ella al Monopoly. Lo que quieren, queremos, es que resuelva nuestros problemas.

Podría decirse mucho más de este concejal singular que nos ha caído del cielo, y que toma sus decisiones sin consultar con los afectados, los ciudadanos, ni con el resto de la corporación municipal, pero no es necesario.

Por cierto. El Sr. Ribó, que no es objeto de este comentario porque merecería uno especial, también ha llegado al cargo por caminos indirectos, y aunque lleva toda la vida en lo público, no parece tener capacidad de dirigir y de asumir responsabilidades. Leo en la prensa de hoy “Ribó califica de “digeribles” las diferencias entre Grezzi y Menguzzato”. Perfecto.

Me imagino lo que diría al director de una empresa privada en la que su jefe de ventas y el de posventa manifiestan serias discrepancias en los medios de comunicación. Pero claro, la administración es otra cosa y hay que ser más tolerante. Más democrático.

Y, por fin, tenemos a la reina, la vicepresidenta del gobierno de la Generalitat, y portavoz de la misma, Doña Mónica Oltra, licenciada en derecho y miembro de la Coalició Compromís por su pertenencia a Iniciativa del Poble Valencià.

De ella he dicho que es, con mucho, la más política de todos. Sabe, ¡o sabía!, donde estar, cuando estar, para que estar, y que hacer o decir en cada caso. Era la gran esperanza blanca: hábil, vehemente, preparada y con una gran capacidad de persuasión en el gesto y la palabra.

Venía pidiendo paso y lo cierto es que sus antecesores del PP se lo habían puesto fácil con sus corruptelas, sus traiciones internas, su falta de decisión para asumir errores, y su “sálvese el que pueda” provocado por las amenazas políticas y judiciales.

Pero el tiempo no le ha dado a razón, las cosas no han salido como esperaba, y es muy posible que, como ha dicho recientemente el Director de Las Provincias Julián Quirós, se haya cansado de que se le escurra la arena entre los dedos.

Ella prometió solucionar los problemas de los dependientes, de los marginados, de las familias numerosas, de las residencias de mayores, de los centros de menores (¡que metedura de pata criticando a las monjas de Segorbe de mala gestión y ocultación de delitos de abusos!) y de una serie de carencias que, más o menos, están como estaban.

En algunos casos ha pretendido defenderse atacando, pero las cañas se le están volviendo lanzas.

Es corresponsable de las decisiones del equipo del Bloc, como las de la Consellería de Educacio, que tiene “encabronado” a una buena parte de la ciudadanía, incluidos padres, y colegios privados o concertados.

Todo lo nuevo: Nombramientos de altos cargos y asesores, la constitución de la nueva televisión valenciana (¡que mal color tiene esa gestión, también recurrida judicialmente!), el control de las empresas subcontratadas por la Generalitat, y tantas otras cosas, tiene un tufo de amiguismo, si no nepotismo, realmente alarmante. Porque es lo mismo, o “más” de lo que hacían “los otros”.

Ella, tan partidaria en otro tiempo de denunciar en los juzgados las supuestas ilegalidades de los “peperos” o de apoyar las de otros partidos promoviendo incluso acusaciones particulares, se queja ahora de las denuncias que les están poniendo, y acusa a los jueces de actuar deliberadamente contra el Consell. Hacer estas afirmaciones siendo jurista de profesión solo indica un alto grado de nerviosismo personal.

Y hasta aseguraron intervenir en casos tan delicados y tan intocables para la política como debería ser el accidente del metro, intocable porque afecta a víctimas y familiares que sufrieron y siguen sufriendo, sabiendo que el camino de la justicia no se puede cruzar con el de la política interesada. Ni sacarle partido al dolor.
Y, que yo sepa, no se han actualizado los trazados de las vías, ni se han cambiado los equipos móviles por los de última generación para mejorar la seguridad de los viajeros, ni se han sustituido las ayudas informáticas de seguridad durante los trayectos, ni, ni, ni…

O el Cabanyal, ese barrio tan utilizado políticamente, en el que pusieron parte de sus esperanzas a partir de la “casi” agresión cuando solo era una militante agresiva de la oposición, a la que le hurtó un párrafo brillante de su currículum un policía sensato que no reaccionó a la provocación

Pero aquella joven ardorosa que cambiaba de camiseta todos los días, tiene hoy responsabilidades de gobierno y, claro, no es lo mismo. Se le terminó la fase de predicar, y tiene grandes dificultades para dar trigo.

Cito todo lo anterior como “sus cosas”, aun no siéndolas, porque durante su tiempo de portavoz ha conseguido relegar a un segundo término la figura del President, aparentando ser la voz dominante, la que está detrás de todo, la ejecutora.
Todo el mundo la ha reconocido como la autoridad real de la Comunidad, responsable de lo bueno y de lo malo, pero me temo que habrá mucho malo y poco bueno.

Y siendo, como soy, tan poco amigo de creer en las casualidades, me estoy planteando si ese echarse a un lado de Ximo Puig, político de amplio espectro, no habrá sido la maniobra deliberada de un político con experiencia que conocía muy bien los riesgos de suponía aliarse para gobernar con semejante grupo de diferentes. Que haber sido reelegido líder de los socialistas valencianos contra la voluntad del recién resucitado Pedro Sánchez tiene su “aquel”.

Me da la impresión de que Mónica Oltra ya no controla al Bloc, ni a los partidos más radicales, y hay riesgo de que Ximo Puig de la orden de que se publiciten las diferencias en las gestiones de la Generalitat o de las administraciones municipales bajo la responsabilidad del PSOE y las del “resto” de partidos del tripartito, en la seguridad de que ganarán por goleada.

Si no lo ha hecho ya, los Marzà, Grezzi, y Fuset se lo están poniendo “a huevo”.Porque las elecciones locales están cada vez más cerca.

De los “Ciudadanos” de la comunidad no hablo porque ya lo hice ayer, ¡que desastre! Y del PP, ¿Qué voy a decir? Acaban de sufrir una purga merecida por tejemanejes y corruptelas del tres al cuarto, y cuando parecía que estaba todo pacificado y que quedaban “los cabales”, como dicen en Andalucía, continúan discutiendo como si no hubiera pasado nada, dando la impresión de que a algunos de ellos les importa más su supervivencia política que el bienestar de la comunidad y de su partido.

Ayer empecé a calcular la representación real de cada uno de los citados en términos de votos sobre el total, pero con el ejercicio muy adelantado decidí abandonarlo para no crearme más frustraciones.

En una aproximación a los datos de las elecciones de 2015, ¿Cuántos votos reales han permitido que Giuseppe Grezzi, por ejemplo, sea concejal de nuestro ayuntamiento?
Compromís no se presentó en el ayuntamiento de Valencia con nombre propio, sino bajo la fórmula “Podemos-Compromís”, en la que el reparto de fuerzas era: Podemos el 50%, El Bloc el 30%, Iniciativa del Poble Valecià el 17,5 y Equo el 2,5%

Aplicando esta misma proporción al total de los votos obtenidos por “Podemos Compromís”, resulta que a este señor le corresponden 2.399 votos. Es un ejercicio inverso y, por tanto, poco exacto, pero no deja de ser una de las alternativas posibles.

Es una cantidad ridícula de votos, pero como formaba parte de una coalición y había demostrado lo duro que era acosando a Rita Barberá, le concedieron, nada menos, que la movilidad ciudadana de Valencia.

Las elecciones británicas por distrito electoral, por ejemplo, evitan este tipo de anomalías democráticas, porque cada candidato se presenta en solitario.

A veces pienso que todo este mundo de anormalidades, locales y nacionales, solo es una gran farsa para entretenernos, para provocar sensaciones, y que en algún momento alguien saldrá de detrás de los decorados para anunciarnos que se trataba de una “cámara oculta” y que nos relajemos. Pero me temo que no es así.

Porque se trata de un “reality” sobre el día a día de tantos políticos ineptos e irresponsables por su falta de talla.

Y no podemos quejarnos porque es un guion escrito por nosotros, los votantes, que les hemos elegido.

Y porque no les exigimos cambios de calado. El de una ley electoral, por ejemplo, que nos proteja de semejantes despropósitos.

El sainete nacional (si fuera para tomarlo a risa) – Parte 1

Revisando las noticias veo que Pedro Sánchez, el del “no es no” y “que parte del no, no ha entendido, Sr. Rajoy” acusa al gobierno ¡de no querer dialogar con los nacionalistas catalanes!, que han dicho por activa y por pasiva que ni reconocen la autoridad de las instituciones españolas, salvo cuando se trata de defender algún tipo de beneficio personal, ni quieren ningún tipo de diálogo que no sea para insistir en que no pongamos palos en la rueda de su independencia.

Ahora, recobrando su perfil de imprevisible e incomprensible para el común de los mortales, incluyendo entre los mortales a parte de sus compañeros del PSOE y de sus electores, ha propuesto que una forma de solucionar el problema de los independentista catalanes, que no de Cataluña, es reformar la constitución para configurar una España federal, como si eso fuera a contentar al actual gobierno de la Generalitat, y retocar la financiación, que en voz de José Luis Abalos podría concretarse en que el gobierno central acepte una quita de la deuda de Cataluña.

Supongo que ambos, Sánchez y Abalos, saben que manifestaciones como estas debilitan al gobierno, dan alas a los promotores de la independencia, y resucita, otra vez, a ese PSC amortizado que tanto daño ha hecho al socialismo español.

También es noticia que Sánchez Lage, antaño aliado con Susana Díaz contra Sánchez y avisador público de que Podemos quiere fagocitar al PSOE, busca un pacto de gobierno con este partido en Castilla la Mancha defendiendo, como no, que es lo mejor para el pueblo. Supongo que no se referirá al mismo “pueblo” que votó mayoritariamente, aunque no por mayoría absoluta, al PP.

Pablo Iglesias y su estado mayor siguen buscando con un candil referentes políticos por todos los rincones, y solo encuentran gente de paz y personajes dignos de imitar entre lo más tenebroso del País Vasco o allende los mares, en su ejemplar y generosa, Venezuela. ¡Nadie en el resto de España!

Mientras, las partes del todo que componen Podemos se van separando las unas de las otras de una forma lenta pero inexorable, como ocurre con los bloque de hielo de la Antártida.

A Pablo Iglesias le corresponde el mérito de aglutinar en Podemos las diversas corrientes del 15M, utópicas la mayoría de ellas, y a grupos sueltos, casi fuera del sistema, existentes en todas las comunidades españolas. Lo hizo con un gran esfuerzo imaginativo y utilizando lugares comunes y su buena dialéctica de profesor de universidad.

Pero si este “tótum revolútum” comienza a fraccionarse, no habrá líder que pueda volverlas a juntar. Es posible que, no tardando mucho y a poco que se espabile el PSOE, tendrán que cambiar el nombre de su partido sustituyendo el actual “Podemos” por “Hubiéramos podido” o “Casi podemos”.

Los de Ciudadanos parecen un poco más centrados. No me atrevo a decir que hayan recuperado la cordura, pero al menos no parece que se alegren tanto de la corrupción para usarla como ariete contra el PP, como parecía hace unos meses. Posiblemente porque alguien se ha dado cuenta de que por ese camino y usándola como único argumento no iban a ninguna parte.

Pero, por lo que vi el otro día, entre los reseteados no parece estar Toni Cantó, el de las “pluri fidelidades” interesadas y profesional de la farsa en su vida anterior, que ejerce como tal, en cuanto puede, en su vida actual. Comisiones del parlamento incluidas.

Aunque no le salió muy bien. Tendría que aprender del Sr. Rufían, que siendo aficionado, le saca varios cuerpos de ventaja. Un castizo diría que “tiene más cuajo”.

Pero, como he dicho muchas veces, son un partido joven, tan joven, que no han sabido explicar a sus electos “de que va la cosa”.

Resulta que en la Valencia de mis amores, cuatro de sus diputados, el ex portavoz, Alex Marín, y los diputados David de Miguel, Domingo Rojo y Alberto García, abandonan el partido, pero no renuncian a “su” acta y se van al grupo mixto. A esos grupos inclasificables que tienen en común, en el caso de los tránsfugas, la falta de principios y de vergüenza.

Apologetas laicos salidos de la masa que alegan que el escaño y la razón son suyos, y “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita”.

Y seguramente tienen razón, porque los votantes de Ciudadanos y yo mismo si los hubiera elegido, me habría decidido ¡cómo no!, porque estos cuatros señores figuraban en la lista. Y los conocía porque su nombre aparecía cada día en el Calendario Zaragozano que compro cada año.

De verdad ¿Alguien había oído hablar de alguno de ellos?

De todos modos todavía les pasa poco a los dirigentes de todos los partidos, incluidos los nuevos. Eligen a “siseñores” deseosos de cargos y sillones, adictos al pesebrismo, en la seguridad que seguirán fielmente sus consignas.

Y, naturalmente, se sienten engañados cuando, los muy desagradecidos, se caen del caballo derribados por un rayo de luz y descubren que ellos, ¡ellos!, ni el partido ni sus dirigentes, son los importantes.

La luz y la verdad sí, pero sin perder el pesebre que, como dicen algunos disidentes catalanes, de los que no quiero hablar en este momento, el patrimonio es el patrimonio.

¡Qué sabrán ellos de listas abiertas, distritos electorales u otros sistemas electorales en los que el candidato, o vale, o se queda con las ganas!

Podría recrearme en muchas otras situaciones nacionales, pero necesitaría mucho espacio y más información.

Mañana continuaré, en una segunda parte, con las “noticias locales”.

Las contradicciones de Pedro Sánchez y los favores de Cristina Narbona a nuestra Comunidad.

Decían que Pedro Sánchez iba a dar un impulso de renovación del PSOE y, en efecto, sus primeras medidas han consistido en excluir de sus círculos más próximos a todos los de la “vieja guardia”, incluyendo en ese grupo a casi todos los que han tenido experiencia de gestión porque participaron en los gobiernos o la administración de Felipe González o de Zapatero.

Otra decisión ha sido apartar de su área de consejo o influencia a los presidentes regionales con una sola excepción. Presidentes, que lo son, porque ganaron unas elecciones, aunque fueran autonómicas, cosa que nuca ha conseguido el propio Pedro Sánchez

Todo esto es consecuencia de su decisión de apoyarse en las bases, colectivo reducido y fácil de movilizar, sin tener en cuenta a los votantes, que son los únicos que pueden mejorar sus tristes resultados electorales. Compromiso que le obligará, sin duda, a pedirles opinión antes de cada decisión de oposición o de gobierno. ¿Votamos a favor, en contra, o nos abstenemos en la propuesta del techo de gasto? ¿Votamos sí o no a tal o cual otra propuesta del gobierno?

Si no lo hace así parecerá que ha jugado con ventaja prometiendo algo que no cumple.

Sin embargo, no sé por qué razón y saliéndose de sus principios y sus estrategias, ha nombrado presidenta del PSOE a Cristina Narbona, que no es precisamente una recién llegada.

Quizás lo haya hecho por su gestión como ministra, o confiando en supuestas dotes de mediación y “buen rollo” que yo nunca aprecié cuando formó parte del gobierno del presidente Zapatero.

Porque vivo en Valencia, y una de sus grandes decisiones, que nos perjudicó gravemente, fue cancelar el Plan Hidrológico nacional del año 2001, paralizado, entre otras cosas, el trasvase del Ebro. Un plan que sustituyó por la construcción de esas malditas plantas desalinizadoras, tan caras como improductivas. Esas que “ahí están viendo pasar el tiempo”, como la puerta de Alcalá, porque el precio por m³ de agua desalinizada es muy superior al de cualquier otro sistema de obtención, y por el daño ecológico que supone la salmuera retornada a mar y los detergentes empleados en limpiar las membranas del filtro.

Lo positivo de la nueva situación es que nuestro José Luis Ábalos, actual número tres del PSOE nacional, estará muy próximo a la presidenta del partido y podrá averiguar, ¡por fin!, cuáles fueron las verdaderas razones para cometer semejante desaguisado. Yo las desconozco y no creo lo publicado por alguna prensa maliciosa que apuntó posibles comisiones o pagos de anuncios en prensa de las constructoras.

Y, ¡quién sabe! Es posible que José Luis Ábalos convenza a Pedro Sánchez de que en su programa electoral ofrezca retomar el susodicho Plan Hidráulico, trasvases incluidos. Va a ser que no.

Los huevos de la serpiente – Los ocupas del Luis Vives.

Leo en Las Provincias que “la Universidad fía ahora a otra reunión el desalojo del Luis Vives”. Reunión que tampoco tendrá éxito. Estaba claro que el “buenismo” de la Universidad no iba a obtener ningún resultado porque parte de algunos errores fundamentales. El primero, que el Rectorado no puede “dialogar” con los ocupas porque es evidente que, siendo como son un grupo de libertarios, no iban a atender a ninguna de las razones. Ellos van a lo suyo y un supuesto dialogo solo sirve para generar titulares, darles protagonismo, y potenciar el efecto llamada.

La otra parte, los ocupas, confunde diálogo con negociación. Y está claro que aquí no pueden existir matices. Sin entrar en valoraciones personales, desde el punto de vista institucional, una de las partes representa a la Universidad, con todo el peso de su magisterio y la autoridad del Rectorado. La otra la componen jóvenes antisistema sin más valor de representación (dirán, como siempre, que son “el pueblo”) que el que ellos mismos se adjudiquen.

Así pues, la única negociación posible es el cómo y el cuándo del desalojo.

Y si caemos en su trampa, la misma que antaño inventó lo de los maestros “colegas”, los padres “amigos” y toda esa colección de replanteamientos formales, estarán perdidos. Son ellos los que habrían ganado.

Y recuerden el ejemplo de Barcelona, siempre Barcelona, donde la “ocupación” fue consiguiendo tanto poder y llegó a amedrantar de tal forma al Ayuntamiento, que se vieron obligados a ceder a sus chantajes y pagar con dinero público el coste de sus ocupaciones. Y fue tanta su fuerza que se llegó a suspender una reunión de ministros de la UE en esa ciudad porque no se podía garantizar la seguridad de los asistentes.

Y otra cosa. Hay una categoría de ocupas que lo son por necesidad. Estos son jóvenes, posiblemente de capas sociales acomodadas, que “juegan” a ejercer políticas fuera del sistema, y a reclamar derechos no previstos en la constitución.

A los que no se les puede ni debe conceder ninguna ventaja. Estamos en una democracia representativa y se puede opinar y votar, pero nunca ocupar o imponer.