Terminó la jornada de huelga en Barcelona, los radicales
salvajes hicieron de las suyas otra vez, hoy es sábado, y en Valencia luce el
sol.
¿Y ahora qué? Supongo que alguien, en algún momento tendrá
que pensar en lo que está pasando. Los políticos por supuesto, pero también la
ciudadanía, especialmente la catalana.
Lo ocurrido ayer, lo que está ocurriendo en los últimos dos
años, no es más que un grandioso ejercicio de manipulación y de estrategias
diseñadas con un objetivo final. Más poder y más riqueza para los poderosos
catalanes. Y cuando utilizo la expresión “poderosos catalanes” no le aplico el concepto
de catalanes como nación, sino a los catalanes de grandes fortunas con
capacidad de decidir, manipular, intervenir en los negocios, y de transformar
la Cataluña tradicional en otra más acomodada
a su voluntad y a sus intereses.
Pero, para llegar a este disparate, ha sido necesario
trabajar con paciencia y sin desmayo, utilizando grandes cantidades de dinero,
una parte salido de capitales privados, y otra de los Presupuestos del Estado
via transferencia a la Autonomía.
La munición empleada ha sido el bombardeo de consignas
falsas, populistas y mendaces. El caldo de cultivo la ignorancia política de
los catalanes, por lo que veo aún mayor que la del resto de los españoles, que
ya es decir.
Todos conocemos la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, atribuida a Göbbles, responsable de la propaganda del Partido Nazi primero, y del Tercer Reich después. Práctica que han utilizado y siguen utilizando sin ningún pudor nuestros muy democráticos y nobles responsables políticos, machacándonos con frases tan falsas como atractivas para la ciudadanía tipo “España nos roba”.
Ellos no serán nazis, pero a fe que utilizan sabiamente sus
estrategias de propaganda.
Y han llegado más allá, mucho más allá, jugando con el lenguaje
creando nuevas formas verbales para ocultar hechos, o desfigurarlos. Uno de
ellos es el invento español de los últimos tiempos: la posverdad, que se define como “un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y
la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma
y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública”
Es decir, en Román Paladino, la posverdad, una fórmula por la que la verdad de los hechos es menos
relevante que el impacto emocional que causa en los que las escuchan”.
O la frase tan escuchada que define la mala praxis periodística: “no dejes que la verdad te estropee un buen titular”
Actitud tan contraria al “by fact” en el que me educaron en
el mundo de la empresa privada, donde me obligaban a demostrar, sin ningún género de dudas, lo que estaba exponiendo.
Tan intransigente que
hizo que en el catálogo de las “frases hechas” de mi esquema mental, apareciera
una que he utilizado muchas veces: “Nunca
saques conclusiones por impresiones”. Frase que, por cierto, no sé si es
mía o la he “copiado” de otro, lo más probable, pero no importa. Es clara y
directa.
Y expongo una premisa
y dos ejemplos evidentes:
Tengo muy serias dudas de que en las escuelas españolas
enseñen debidamente nuestro sistema de Estado, los fundamentos de nuestra
democracia, la Constitución, y un mínimo de economía social. Me temo que muy
poco, y tengo la seguridad de que en Cataluña, de enseñar Constitución
Española, nada de nada.
A los escolares sí que les enseñan lo que es un lago, pongo
por caso, y si un político les dijera que un lago es “la cima de una montaña”,
no es que no se lo creerían. Es que se reirían de él, y le catalogarían como un ignorante
que, por pura lógica, perdería toda credibilidad.
Y viene a cuento por el eslogan tan repetido en Cataluña que ha sacado a la calle a tantos miles de
catalanes. “los presos políticos no han hecho
nada para que los detengan, y están en la cárcel por sus ideas”.
La aceptación de este mensaje implica desconocer que los hechos demostrados figuran como delitos en las leyes españolas, y que las sentencias aplicadas se corresponden a las previstas en nuestras leyes para cada delito. Y no en su mayor rigor, porque teniendo algunas dudas, el tribunal se ha decidido por la menos dura para los condenados.
Leyes redactadas por el Congreso de los Diputados y
ejecutadas por el Poder Judicial, libremente y con total autonomía. Porque no
tengan ninguna duda de que la judicatura es otro
de los poderes del Estado, una de las tres patas de la democracia, que nos
permite tener la tranquilidad de que ningún crimen quedará impune si se
descubre, y que todos los ciudadanos están protegidos por la ley de los abusos
de otros ciudadanos.
Y, teniendo como tengo a Cataluña por una región avanzada y
a los catalanes por personas razonables, con “seny”, ¿Cómo es posible lo que
veo y escucho?
Solo tengo una explicación y, lamentablemente, esta vez me dejo
llevar por las emociones y, en contra de mi propio criterio, no por hechos
contrastados porque no estoy en la cabeza de cada catalán disidente, sino aplicando
el método matemático de “reducción al absurdo”. O, como ocurre con los planetas
que conocemos pese a no haberlos visto nunca, por los efectos que producen.
Así pues, y partiendo desde las consecuencias, la única
explicación posible es que toda una generación ha crecido y ha sido educada en
un ambiente en el que no ha reinado una verdadera democracia.
En el que la educación ha tenido un alto contenido de
adoctrinamiento, en el que los gobiernos de la Generalitat sí que han intervenido
en las decisiones de la justicia o en ámbitos que no les correspondían, y en donde,
como en los principios de la Alemania nazi, se ha marcado a los ciudadanos como
buenos o malos catalanes en función de si compartían o no los criterios del gobierno.
Los gobiernos de la Generalitat eran depositarios de la
verdad absoluta y dirigían a los catalanes en la dirección correcta hacia esa
patria de “leche y miel”, en expresión bíblica, donde los ciudadanos serían,
por fin, libres y felices. Y, claro, “los malos catalanes” no hacían más que dificultar
la marcha poniendo piedras en el camino.
Y no solo eso. Los mensajes de la “catalanidad”
gubernamental siempre han tenido un cierto trasfondo
de raza superior, de pueblo elegido, al que nunca se ha reconocido sus
aportes culturales, sociales y políticos ni en Europa ni en el resto del mundo.
Así, en Cataluña se ha vivido una especie de “pax romana”,
frase que también repito con frecuencia porque cada vez la identifico más en
muchas sociedades, que parecía cómoda para la ciudadanía, pero que, al final,
puede acabar destruyendo todos los valores de la Cataluña histórica, siempre a
la cabeza de la modernidad y del progreso.
Región en continua evolución social e industrial donde surgieron
las primeras grandes industrias, los primeros sindicatos, las primeras luchas
de clases hasta llegar al pacto, con diseño de gran prestigio, y una
arquitectura modernista novedosa y pujante.
Y, lo que es peor, todo lo que está ocurriendo daña algo que
debería ser sagrado: la convivencia.
Esa posibilidad de que catalanes de cualquier idea y de toda
condición, puedan unir sus manos bailando
una sardana, acunados por el tamboril, la tenora, el tible, y el resto de
instrumentos de la cobla. Esa danza casi
mística que bailaron sus padres y sus antepasados, y que unía a los catalanes
de cualquier lugar, como los residentes de Valencia que la bailaban rodeando la
estatua ecuestre del Rey Jaime I los domingos por la mañana, y que les hacía
sentirse hermanos de sangre cultural viviendo en tierra de acogida.
¿Nacionalismo? Mi respeto y mi apoyo porque todos nosotros
debemos defender nuestra tierra y nuestra cultura.
¿Independentismo? Es
una opción política a la que se tiene derecho y que se puede y se debe defender
pacíficamente, como el cambio de modelo de Estado o cualquier otra opción que
quepa en la Constitución Española, la que regula la forma de convivir y de conseguir
objetivos políticos.
Pero defender que los políticos presos “no han hecho nada” solo puede deberse a esa posverdad de Cataluña en la que a los catalanes les han hecho olvidar que le Generalitat es una representación del estado en su Comunidad, que se los elige según las normas de la nación española, y que, para ser nombrados deben jurar lealtad al Rey y cumplir y hacer cumplir la constitución.
Lo desleal es lo que están haciendo. Es como pedir empleo en
un banco teniendo la intención de asaltarlo.
Porque los dirigentes políticos catalanes no han obtenido
los cargos en una oposición, o por “insaculación”, fórmula medieval aplicada
por Isabel y Fernando, no se si atreverme a decir los Reyes Católicos, para
evitar tensiones, sobornos, o amenazas en las elecciones de los corregidores.
Los han obtenido en unas elecciones convocadas con un fin
concreto, atender y proteger a toda la ciudadanía, y no para representar a una parte de los
ciudadanos de la autonomía.
Y del “España nos
roba” casi ni quiero hablar. La España de la solidaridad no concibe semejante eslogan, sabiendo que
las regiones más ricas deben apoyar a las menos favorecidas. Porque las unas y
las otras no lo son por razones ajenas a sus decisiones políticas, ni por
propia voluntad. Es un hecho, por ejemplo, que Cataluña, como Valencia, es
puerto de mar, y en pura lógica, ha tenido muchas ayudas del Estado para favorecer
que esta circunstancia ayude a mejorar su economía, que es una parte de la
economía de la nación.
Y Cataluña no sido habría “tan” grande sin la ayuda de los
obreros andaluces, extremeños o manchegos que se desplazaron a aquellas tierras
para ganarse el sustento. Últimamente he escuchado a algún desahogado
“retuercehistorias” que los catalanes tuvieron la “generosidad” de acoger a “los
de fuera”. ¿Generosidad? Si no hubiera sido por los padres de Rufián y de
tantos otros, no hubieran podido salir adelante.
Y hablar del “me roba” sería como decir que en Valencia
deberíamos cobrar un tributo al resto de los españoles por venir a disfrutar de
nuestras playas porque somos nosotros los que las mantenemos.
Las mantenemos sí, pero tenemos un retorno económico en los
gastos de foráneos que nos visitan. Y el Mediterráneo no es nuestro, ni tampoco
el sol que bendice nuestras tierras.
Y ustedes han tenido la enorme ventaja de que el resto de España fuera el mercado natural de sus productos. En tiempo de los aranceles que los gobiernos de Franco mantuvieron cuanto pudieron por presión de los empresarios catalanes, y una vez aceptada España en los mercados internacionales y liberadas las importaciones, porque ya tenían conformada una industria muy potente, apoyada por el Instituto Nacional de Industria, el INI de aquellos tiempos, que les eliminaba cualquier competencia interna y facilitaba mejoras y financiaciones.
Por lo que pudieron seguir vendiendo en el mercado español, y exportar a todo el mundo.
Nadie decía entonces
que España les robaba.
Y un ejemplo es la Olimpiada de Barcelona del 92, en la que yo me dejé la piel como muchos de los compañeros de mi empresa de entonces, una de las patrocinadoras. Fue un proyecto de Estado, que lanzó a Cataluña y que pagamos entre todos.
Entonces tampoco les
robaba España.
Así que, amigos míos, no pongan en su boca posverdades de
sus dirigentes políticos. España es una de las naciones más democráticas el
mundo, sus leyes son justas, incluso excesivamente garantistas como se puede
apreciar últimamente, y nadie, absolutamente nadie, está en la cárcel por sus
ideas.
Y no quiero dar nombres de personajes españoles que se pasan
el día ofendiendo al Rey, a la nación, a la iglesia y a todo el que se ponga
por delante y viven felices y tranquilos en este país opresor. Algunos cobrando
sueldos del Estado.
El mismo Qim Torra se pasa el día amenazándonos con lo que
“hará”, insistiendo en sus ideas separatistas, lanzado amenazas al gobierno de
la nación, y desoyendo los avisos del Tribunal Constitucional.
Pese a ello, el “molt honorable” tampoco está en la cárcel
ni en la jaula dorada de su jefe y natural, el Señor Puigdemónt, porque hasta
ahora, no ha hecho nada. Solo defender ideas.
Insistiendo en que el gobierno y el Tribunal Constitucional
son los “de España”, y que no los reconoce. Excepto cuando le conviene.
Entonces recurren, apelan, denuncian y hacen lo que haga falta.
¿Y dice que no es español? Si tiene DNI español, vive en
España, ocupa un cargo público definido en el organigrama de la nación, y cobra
del Estado via presupuestos de la
Generalitat, unos grandes ingresos por cierto, ¿Cuál es su nacionalidad? Blanco
y en botella. Todo lo demás no deja de ser pura palabrería para enardecer a los
crédulos.
Y créanme, medio millón de manifestantes no harán que la justicia cambie la sentencia y que los políticos presos por haber delinquido salgan de la cárcel.
Y si así fuera, yo me echaría a temblar porque no
reconocería a mi país como Estado democrático y vería amenazada mi seguridad y
mis principios basados en un Estado con normas y leyes, y con separación de
poderes.
Puede que lo consiga un recurso a Europa, aunque no lo parece,
pero la presión de la calle, no. Las presiones a los jueces solo han servido en
el pasado hay en algunos lugares para que doblaran la vara de la justicia en
favor de los poderosos de su comunidad.
¿Como la familia Pujol, pongo por caso?
Y lo escribo con el dolor del que ama a Cataluña, y de conocer
el sufrimiento de los catalanes no independentistas que aman a su tierra mucho más
que yo.
Por lo que recomiendo a todos los hijos de Cataluña y a los
que, no habiendo nacido en esa tierra residen en ella y la sienten como suya,
que liberen sus manos de adoquines, banderas
partidistas y símbolos extraños al servicio del marketing de la desunión,
para enlazarlas en esa sardana que
acuna, adormece y vitaliza a la vez, y que invita al amor, a buscar lugares
comunes, y a practicar la amistad.
Por su bien, y por el resto de españoles que sentimos a Cataluña como nuestra, y a los catalanes como hermanos.
Valencia, 19 de octubre de 2019