El paro, las brechas salariales, el riesgo de exclusión social y la pobreza en España.

A propósito de mis comentarios sobre la imagen de la España histórica que fomentaron en su día naciones rivales, asumida de forma inexplicable por muchos españoles, han surgido algunos comentarios sobre la situación sociolaboral de la España actual, entre otros los de Juan Sanz que cita un informe de Philip Alston, relator de la ONU, sobre la pobreza y la desigualdad en España.

Que es otro tema, porque en este caso no se trata de ningún invento ni tampoco creo que sea una exageración. Puede que los resultados que presenta el relator estén distorsionados por la calidad y la cantidad de la muestra, pero sean cuales fueran los datos,  reflejan un hecho real y sumamente preocupante.

Al comentario de Juan contestaba: “Pues claro que hay mucho que solucionar, sobre todo en cuanto a la brecha salarial y la marginación. Estoy en Cáritas y en su informe anual lo denuncia año tras año. No conozco en detalle este estudio del relator de la ONU y procuraré conseguirlo, así como la metodología de su análisis, pero en principio supongo que tiene razón, al menos en parte.”

Y más adelante confirmaba: “Repito que yo veo casi cada día los problemas de los marginados, especialmente inmigrantes pero también españoles que viven en precario. Desconozco la magnitud real del problema, pero el hecho existe y no lo discuto

Como adelanté, he leído las conclusiones del informe del relator, y también tengo algunas conclusiones del informe que elabora Foessa a partir de los datos de Cáritas. Informe que está muy prestigiado porque no se trata de datos estadísticos resultantes de encuestas con un determinado tamaño de la muestra, sino de los datos reales de cada una de las personas acogidas en Cáritas, que son millones.

Como es lógico, este estudio tiene su margen de error porque siempre existe una duda sobre la veracidad de la información aportada por los que acuden a Cáritas, pero es mucho menor, prácticamente cero, comparado con otros estudios, como el realizado por el mencionado relator que se basa en contacto con asociaciones o  de conversaciones directas con miembros de algunos colectivos marginales. «He visitado lugares que sospecho que muchos españoles no reconocerían como parte de su país (…) barrios pobres “con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados”, afirma.

Por lo que la muestra obtenida por Philip Alston, siendo buena y honesta, resulta menos representativa. Y en contra de lo que opina en su comentario, un poco prepotente y casi fuera de lugar porque da a entender que en España se ignora este problema, cuando Cáritas y las otras ONG’s que operan en España, sí que reconocen a estos marginados como parte de su país.

Incluso conocen personalmente a cada uno de ellos, porque en su gran mayoría acuden a los Servicios Sociales, a Cáritas y al resto de ONG’s en busca de consejo y ayuda

Pero, pequeñas discrepancias al margen, es de agradecer su apoyo a la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Insisto en que no ha descubierto nada que no sepamos los que trabajamos en estos ambientes, pero es muy cierto que los gobiernos de turno, centrales, autonómicos y locales, están muy necesitados de que les saquemos los colores porque no han sido capaces de solucionar este problema y otros muchos de contenido social.

Y así el comentario sobre los datos de 2019 dice que “en España hay más de 8,5 millones de personas excluidas, 1,2 más que antes de la crisis. Esta es la principal conclusión del VIII Informe Foessa, que ha sido presentado esta mañana en la sede de Cáritas, y que advierte de «una sociedad estancada» que provoca una «fatiga de la solidaridad», que se extiende al incremento de la xenofobia y el olvido de las políticas sociales.”

El informe concluye que esos 8,5 millones en exclusión social suponen el 18,4% de la población española. «Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes el ascensor de la movilidad social no funciona, y no es capaz de subir siquiera a la primera planta», subrayaron. Casi la mitad –4,1 millones– viven en exclusión social severa, que les impide acceder a una vivienda segura y que sufren un desempleo persistente, precariedad laboral extrema y, ahora que ha concluido el ciclo electoral, «invisibilidad para los partidos políticos«.

«Hoy en día, las condiciones de vida son peores que hace diez años», subrayó Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación Foessa

Y que continúa diciendo: “Puesto en cifras: En 2018, el 26,1% de la población en España, y el 29,5% de los niños, se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social. Más del 55% experimentó algún grado de dificultad para llegar a fin de mes y el 5,4% sufrió privación material severa. La tasa de desempleo del 13,78% es más del doble de la que presenta la media de la UE, y ha sobrepasado el 30% para los menores de 25 años.

Para el experto en derechos humanos, “los niveles de pobreza en España reflejan una decisión política. Esa decisión política ha sido hecha durante la última década. Quiero resaltar el hecho de que entre 2007 y 2017, los ingresos del 1% más rico crecieron un 24% mientras que para el 90% restante subieron menos de un 2%”.

Al mismo tiempo, el Estado español “optó por recaudar un 5% menos de impuestos que el cualquier otro Gobierno europeo y eso, claro, significa que tiene menos dinero para gastar en protección social

Y como muestra es suficiente. Las cifras pueden variar, pero ambos análisis coinciden en que la situación de parte de la población residente en España es insostenible.

Uno de sus comentarios de Philip Alston que me sorprende especialmente es cuando dice que “España tiene una de las comunidades de gitanos más grandes de la UE, casi la mitad de los cuales viven en la extrema pobreza”. Es cierto que queda bastante población gitana marginada, pero también lo es que ha mejorado su integración social.

En el diario El País leo que Aimar Bretos, presentador de “Tanto por ciento” hablando de los gitanos afirmaba:

En el pasado vivían en comunidad, eran nómadas y hablaban su propia lengua. Hoy su realidad es completamente diferente. 750.000 personas en España son gitanos, el equivalente a la población de la ciudad de Valencia. El 95% de los niños romaníes ya están escolarizados, pero solo un 2% llega a la universidad. 10.000 gitanos en España viven en chabolas, pero son un 70% menos que hace 27 años. El pueblo romaní ha evolucionado en 30 años en nuestro país más que en seis siglos

10.000 chabolistas gitanos son muchos chabolistas, pero atendiendo al comentario del relator, me figuro que está incluyendo a los muchos gitanos de Rumanía que se han desplazado a España gracias a su condición de ciudadanos europeos. Colectivo que, por cierto, no suele acudir a los servicios sociales ni a Cáritas, posiblemente porque tienen un evidente rechazo a que se les controle.

En lo que difiero bastante es en las soluciones que apunta el relator, muy basadas en generar gasto para ayudar a los necesitados sin atacar la causa raíz. Aunque no es el tema de este comentario, la solución no son las ayudas, aunque resulten necesarias a corto plazo, sino fomentar la creación de empleo, especialmente empleo industrial que es el que genera mejores salarios y mayor estabilidad.

Pero, como digo, ese es otro tema.

Y, a la vista de lo poco que se publica en los medios audiovisuales, tengo que entender que este señor opine que  los españoles no conocen el problema. ¡Claro que lo conocen! Pero estamos en un mundo egoísta en el que cada colectivo defiende “lo suyo” sin tratar siquiera de entender que, como le ocurría al sabio de la fábula que comenzaba diciendo “dicen de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba,…” habían más pobres que él.

Y los perjudicados, como siempre, son los invisibles, los que no tienen dinero para confeccionar pancartas ni ninguna posibilidad de asociarse en colectivos como el de los jubilados, el de los funcionarios, el de los autónomos, el de los agricultores,  y tantos otros, que teniendo problemas reales, no quieren mirar por encima de sus propias necesidades y aceptan de mala gana una distribución más justa y proporcional de los presupuestos del Estado.

Porque todos debemos aceptar que estos presupuestos “no dan” para todo ni para todos, y hay que buscar una distribución sensata y equilibrada.

Priorizando, según mi opinión, a los colectivos más desfavorecidos.

Otra de tantas falsedades: La verdad sobre la expulsión de los judíos en España.

Ayer me desayuné con las afirmaciones de Clara Ponsatí en el Parlamento Europeo comparando la expulsión de los judíos españoles en 1942 o el exterminio de Hitler a los miembros de esa raza con la “persecución” de España a los catalanes.

Y aunque la especialidad de la Señora Ponsatí sea la economía, es evidente que su nivel cultural, licenciada en economía en la Universidad de Barcelona, permite suponer que decir semejantes despropósitos solo puede obedecer al interés en mostrar en Europa la imagen de una España negra, retorcida y con un pasado sucio, mucho peor, por supuesto, que la nación más cruel y sanguinaria del mundo occidental.

Lo lamentable es que muchos españoles, y no solo los independentistas, se creen todo lo malo que se dice sobre nuestra nación y nuestra historia. Lo que resulta incomprensible.

No me explico que hayamos cambiado la España de los tiempos del franquismo, en los que se sobredimensionaban “las glorias” de nuestra patria, se decía que éramos “una unidad de destino en lo universal” y en la que se mostraba un águila imperial orgullosa de ser “una, grande y libre”, por la España actual que es lo peor de lo peor.

Y que no sirva este comentario para que me acusen de apología del franquismo, porque ni de coña. En todo caso de apología a la inmadurez política de los españoles de ahora.

Lo que quiero decir es que la campaña de reescribir la historia que emprendieron las izquierdas y los progres, ha tenido como daños colaterales que  se eliminen hechos positivos que se realizaron por gente “de derechas” o en época de imperios, reinados, y regímenes por el estilo. Porque es bien sabido que solo en España hemos tenido imperios, reinados, y regímenes por el estilo. Las demás naciones no. Los ciudadanos de todas ellas cantaban canciones por los prados mientras nosotros matábamos indios en América o quemábamos herejes en las hogueras.

Y así se ha pretendido que el descubrimiento de América se convierta en una sucesión de hechos delictivos, mucho peor que las conquistas coloniales de otras naciones o del exterminio de los indios de américa del norte, por ejemplo.

Como está demostrado, solo es bueno lo hecho por las izquierdas. Los asesinatos y tropelías de los gobiernos de izquierdas, que los ha habido y muchos,  estaban justificados porque los castigados eran fascistas peligrosos que querían matar niños y robar al pueblo, especialmente si eran curas, monjas, o gente de la iglesia.

Las víctimas de los asesinatos y tropelías de los gobiernos de la derecha, que también los ha habido y demasiados,  eran luchadores por las libertades, aunque formaran parte de piquetes que asesinaban a gente en las cunetas, o responsable de checas que torturaban y asesinaban sin ningún control legal.

¿Alguien con dos dedos de frentes se puede creer que hay matones o asesinos justos e injustos?

Pues sí. Hay muchos españoles que han comprado esa mercancía averiada de la España de los buenos y de los malos, como si no fuera cierto que todos descendemos de los que mataron y de los que murieron, de los que hicieron cosas buenas y de los que hicieron cosas malas.

Mercancía necesaria porque la “verdad incuestionable” de estos relatos es lo que justifica la supuesta “autoridad moral de la izquierda”.

Pues bien, volviendo al tema, nuestra buena señora Ponsatí ha dicho textualmente que:

 “Uno de los crímenes más serios contra el pueblo judío tuvo lugar en 1492 cuando los denominados Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos de Sefarad. Este primer episodio de antisemitismo de Estado, admirado por Adolf Hitler y que va a intentar superar, es la piedra angular del trágico historial español de intolerancia. Hoy esta intolerancia toma la forma del desprecio a los derechos de la minoría catalana”.

Lo que supone, entre otras majaderías, que el antisemitismo feroz y sanguinario de Hitler estuvo inspirado en las actuaciones históricas de España contra esa raza.

No cabe duda de que escuchar falsedades sobre España es nuestro sino, como también lo es que, en lugar de negar rotundamente las mentiras o las exageraciones, muchos españoles se crean todo lo que dicen de nosotros partes interesadas. Francamente somos un pueblo absurdamente masoquista.

No hay ninguna duda de que en algún momento del pasado las naciones europeas amplificaron todo lo posible los hechos más oscuros de la historia de España. La razón es muy sencilla: En los tiempos en los que comenzaron las “leyendas negras”, España, la imperial, era más poderosa desde el punto de vista militar y para dañarla no tenían mejores armas que la propaganda negativa.

Porque la expulsión de los judíos de España, solo es una más de las que se habían producido anteriormente en otros países de Europa. Y cito un artículo firmado por Cesar Cervera en el ABC del 30 de octubre de 2014 con este titular:

“La expulsión de los judíos de 1492: la leyenda que construyeron los enemigos de España”

Y que en una parte del texto dice:

Frente a la hegemonía militar que impuso el Imperio español durante los siglos XVI y XVII en toda Europa, sus enemigos históricos solo pudieron contraatacar a través de la propaganda. Un campo donde Holanda, Francia e Inglaterra se movían con habilidad y que desembocó en una leyenda negra sobre España y los españoles todavía presente en la historiografía actual. Al igual que ocurre con la Guerra de Flandes, la Conquista de América o la Inquisición española, la propaganda extranjera intoxicó y exageró lo que realmente supuso la expulsión de los judíos de los reinos españoles pertenecientes a los Reyes Católicos en 1492. En suma, los ganadores son los encargados de escribir la historia y España no estuvo incluido en este grupo.”

Y añade:

“Las expulsiones y agresiones a poblaciones judías, un grupo al que se atacaba con frecuencia para esconder los verdaderos problemas sociales, fueron una constante durante toda la Europa medieval”.

Así, el Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de bienes y la expulsión de la población hebrea de su reino en 1182. Una medida que en el siglo XIV fue imitada otras cuatro veces (1306, 1321, 1322 y 1394) por distintos monarcas. No en vano, la primera expulsión masiva la ordenó Eduardo I de Inglaterra en 1290. También fueron reseñables las que tuvieron lugar en el Archiducado de Austria y el Ducado de Parma, ya en el siglo XV.

La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada. Lejos de las críticas que siglos después recibió en la historiografía extranjera, la cruel decisión fue vista como un síntoma de modernidad y atrajo las felicitaciones de media Europa. Ese mismo año, incluso la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones. De hecho, la mayoría de los afectados por el edicto eran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra.

Es decir: No solo no fuimos los únicos, sino que fuimos los últimos en expulsarlos de los reinos de Europa y probablemente nos comportáramos con menos crueldad que lo hicieron los demás.

Que la expulsión de los judíos en todos los países fue una injusticia histórica es un hecho incuestionable, como también lo es el que la última razón no fue ni su religión ni sus costumbres, sino los intereses económicos y el temor que suscitaba el que gran parte de la Europa cristiana estaba hipotecada por los préstamos pedidos a los banqueros de esa raza.

Yo he tenido ocasión de conversar con algunos sefardíes en Estambul y me consta su amor a España y la añoranza por un pasado vivido por sus ancestros en las calles de lo que fue su patria hace siglos.

El Estado español, en 1967, revocó la expulsión de 1492. Y un año después tuvo lugar la inauguración oficial de la primera sinagoga.

Y en el año 2015, se promulgó la “Ley 12/2015 de  concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España. La solicitud y presentación de documentos debe realizarse obligatoriamente a través de la plataforma electrónica habilitada al efecto por el Ministerio de Justicia

En resumen: Ni somos la nación más condenada por el Tribunal de Justicia Europeo, ni por el de Derechos Humanos, ni somos la nación con más agresiones sexuales o más violaciones, ni tampoco somos “los malos de la película” contra los judíos o contra tantas otras causas.

Todo lo contrario; cuando se manejan datos estadísticos oficiales, solemos aparecer en los lugares más bajos de los gráficos. En los lugares reservados para “los buenos”

Pero no duden de que los constructores de historia de los últimos años, nuestros historiadores de la posverdad, insistirán en que la gran mayoría de los españoles, nosotros, estamos contaminados por el fascismo porque los somos desde el caudillo Viriato, que nuestros reyes, los Católicos por ejemplo, son el paradigma de la crueldad y el despotismo porque eran absolutistas, y que somos una nación señalada por el resto del mundo por sus errores y crueldades.

Pero para eso están ellos. Los independentistas para convertir a Cataluña en la Arcadia feliz libre del latrocinio de España, y los neocomunistas para restablecer la democracia, la tolerancia y las libertades en nuestra nación. O lo que seamos.

Dejemos de juzgar los hechos históricos con los ojos de hoy en lugar de hacerlo en el contexto en el que se produjeron, cuando todos los poderosos eran brutos de solemnidad e imperaba la ley del más fuerte en todo el mundo “civilizado” para sobrevivir o imponer voluntades.

Y no escuchemos a los que nos acusan de todos los males, históricos y actuales. Es mentira. Una burda mentira repetida cientos de veces. Somos una nación que ha cometido errores y aciertos a lo largo de su historia, como todas las demás, pero que en la actualidad podemos y debemos presumir de ser tan democráticos como los que más, extraordinariamente avanzada en prestaciones sociales y una de las más garantistas en sus leyes de todo el mundo occidental. Incluso puede que excesivamente garantistas

Lo juro por Snoopy

Los problemas del campo y las mentiras del gobierno.

El campo español se levanta en armas, armas pacíficas, contra un gobierno que no les ayuda a resolver sus graves problemas de subsistencia y el gobierno, como no, se ha apresurado a desviar la atención mintiendo al achacar la responsabilidad de la situación a Mercadona, Consum y al resto  de grandes supermercados.

Cosa que es absolutamente falsa. Los datos estadísticos dicen que estos establecimientos solo dan salida al 7 % de las frutas y hortalizas producidas en España. El resto se dedica a la exportación y las industrias de transformación de alimentos. Luego su responsabilidad, si la tuvieren, sería muy limitada

El otro día escuché decir en la radio a Cristóbal Aguado, presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) que también el resto de naciones europeas, como Francia, Italia o Alemania, tienen supermercados y no padecen los problemas de la agricultura española.

Y también le he leído manifestar con tristeza y desilusión que “le gustaría no haber conocido a tantos políticos” como titular de una entrevista.

¿Dónde están los problemas?

No soy un experto, pero visto desde mis conocimientos y del sentido común, una parte de la situación actual se debe al exceso de gastos de producción, castigados por los costes de carburantes, electricidad, agua, seguros agrarios en los que, según dicen, no hay una clara relación entre primas y coberturas, impuestos y otros. Se dice que la subida del salario mínimo ha sido un desencadenante, pero yo no lo creo aunque es cierto que ha agravado los problemas existentes.

Pues bien, en casi todos ellos el gobierno tiene posibilidad de intervenir respetando los límites establecidos por la Unión Europea contra las medidas proteccionistas.

Y puede hacerlo porque tiene poder para regular muchas de estas partidas de gasto que son  impuestos directos sobre el agricultor o sobre las materias primas y otros elementos que necesitan para su actividad.

Otra parte puede deberse a que los agricultores no han acabado de completar el ciclo de la venta y necesitan intermediarios. Intermediarios que tiene costes y quebrantos en la distribución y que también pagan impuestos al gobierno en cada uno de los ciclos: recolección si se compra en árbol, transporte, almacenamiento, comercialización, etc.

Es un hecho que pocas cooperativas agrícolas son capaces de vender directamente a los supermercados por falta de la estructura logística y comercial necesaria para hacerlo.

Y también que la agricultura debe acomodarse a los cultivos más adecuados a cada terreno y a la demanda del mercado. No se puede pasar a de cereales a frutales en dos años, pero sí que conviene combinar cultivos para equilibrar los que son productivos a corto plazo con los que necesitan más tiempo de transformación para resultarlo.

Y todo esto lo sabe perfectamente el gobierno del Seños Sánchez. Mejor que nadie.

Gobierno que, como decía antes,  tiene las manos atadas en cuanto al proteccionismo, pero es libre para manejar algunos de los factores del costo porque dependen de ellos: IVA, IRPF, impuestos, etc.

Y para asesorar.

Que el problema no tiene una solución fácil es evidente. Que necesita compromiso y generosidad de todas las partes aún más. Que las soluciones a aplicar deben estar consensuadas por la mayoría de las fuerzas políticas con capacidad de gobierno para sacarlas de la lucha electoral es una necesidad. Se acuerde lo que se acuerde debe sacarse de la contienda política para que no se utilice como arma arrojadiza como se hace con la educación, las pensiones y tantas otras materias fundamentales. Es una absoluta necesidad.

Pero lo fácil es aumentar los gastos del Estado en partidas absurdas o de dudosa utilidad y contar milongas a los ciudadanos en la seguridad de que no tenemos capacidad de discernir.

Y echar la culpa a otros. Como es habitual.

España, nación peligrosa por las agresiones sexuales.

Los Estados Unidos han advertido a sus ciudadanos de que si viajan a España guarden precauciones porque somos un país especialmente preocupante por el número de agresiones sexuales que se producen.

Este es otro ejemplo palmario de lo estúpidos que somos los españoles y demuestra el interés que tenemos en mostrar nuestra nación como paradigma de carencias, peligros y tercermundismo.

Cuando no es verdad en absoluto. Las estadísticas de El País de 2015, no tengo más recientes pero habrán variado poco, muestran que lejos de ser un país peligroso, somos uno de los más seguros de Europa. Pero ¿a quién le importa eso? En la política rastrera de “alto nivel”, la más progresista, se dice que “no dejes que la verdad te evite un buen eslogan”

 ¿Qué es lo que ocurre? Lo de siempre en este caso y en tantos otros. En España hay un movimiento feminista perfectamente justificado que lucha por que la mujer consiga una igualdad de hecho con los varones. Y digo “de hecho” porque desde el punto de vista legal no existe ningún tipo de discriminación por sexo.

Pero es cierto que necesitan mucha más ayuda para conciliar trabajo y familia, para que las apoyen en la maternidad si quieren ser madres, o para que no sufran discriminaciones salariales disfrazadas de falsas situaciones contractuales.

Y, naturalmente, que gocen de una mejor  protección contra  abusos y agresiones.

Pero estamos en España y esa maldita política mal entendida de los oportunistas hace que cualquier causa noble que debería ser objetivo de todos los partidos y todos los ciudadanos, se convierta en lemas y banderías que permita separar a los españoles en  “buenos y malos”, en progresistas y fascistas, en machistas y feministas, o en no sé cuántas cosas más.

Seguro que en España hay muchos  que tienen el mismo interés que yo tengo porque la mujer se sienta libre e igual, y porque pueda desarrollar sus aspiraciones sin más limitaciones que las propias de su sexo o de su voluntad, pero me atrevo a afirmar que no existe nadie, por muchas consignas que vocee y muchas pancartas que enarbole, más convencido que yo.

Pero tenemos el cáncer de estos oportunistas tóxicos disfrazados de progresistas que se pasan el día  publicitando y amplificando lo peor de nuestra sociedad. Una sola agresión sexual son demasiadas agresiones, pero los hechos son los que son, y la naturaleza humana es la que es, por lo que siempre existirán degenerados que intenten hacer mal. Y ni la mejor educación, ni la mejor protección policial, ni la mejor de las solidaridades podrán evitarlo.

Y, amigos míos, ni los ciudadanos españoles ni mucho menos los estadounidenses, se dedican a consultar encuestas o a comprobar la veracidad de las informaciones. Nos alimentamos de telediarios, tertulias y titulares de prensa y ahí sí, ahí  somos auténticos campeones del mundo mundial en sensacionalismo, morbo y eficacia en autolesionarnos.

Por lo que es muy natural que transmitamos la sensación de que somos un país poco recomendable, plagado de degenerados y de gente peligrosa que campa a sus anchas por las calles de nuestras ciudades, sin que las autoridades hagan algo para evitarlo.

¿Cuándo aprenderemos a querernos un poco? Los hechos son los hechos y somos un país ejemplar en muchas cosas. Pero eso no interesa a los agitadores de masas. ¿No llama la atención de los resultados en los admirables, lo digo sin ironía, países nórdicos?

Pero, claro, los que se quieren presentar como paladines de la defensa de la mujer o de cualquier otra casusa, necesitan “inventar” o amplificar los problemas para poder presentarse luego como los “solucionadores”

Patéticos ellos y patéticos nosotros que les creemos.

Y entiendo a los norteamericanos porque no hacen más que informar a sus conciudadanos de los peligros que nosotros mismos estamos pregonando. Y advertirles de que tengan mucho cuidado cuando circulen por nuestras calles.

En España estamos necesitados de que alguien nos repita cada día las bondades de nuestro país, de nuestra forma de Estado y de los grandes avances conseguidos en garantías, libertades y prestaciones sociales.

Pero me temo que tendremos que contratar a extranjeros para que hagan esa tarea. En España, o no los tenemos, o no están dispuestos a hacer ese trabajo. Sería dar votos a los “otros”.

De las prostituciones rechazadas, aceptadas, ignoradas, disfrazadas y/o aplaudidas.

En diccionario de la  RAE dice que “prostituto/a

1. m. y f. Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.

Y  define la palabra “prostitución”, como:

Del lat. prostitutio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de prostituir.

2. f. Actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero.

Leo o escucho con frecuencia comentarios, habitualmente condenatorios, sobre la prostitución y sus efectos perniciosos sobre algunos de los colectivos que la ejercen. Los hay de todos los colores, desde los que reclaman la legalización para proteger a los clientes y/o evitar la evasión de impuestos, hasta los que piden que se respete a las prostitutas y se sancione a los clientes.

Y mi pregunta es ¿de qué prostitutas estamos hablando? o ¿quiénes son sus clientes?

Si hablamos de ese grupo de prostitutas producto de la trata de blancas, de ninguna manera se puede autorizar su oficio. Hay que evitarlo en origen, detener a las mafias que trafican con ellas y castigarlos muy duramente cambiando las leyes si es necesario, porque su delito es más cruel que muchos homicidios o corruptelas que merecen grandes titulares de periódicos.  

Y si las víctimas llegan al España y pueden liberarse, debemos atenderlas y ayudarlas en lo posible para que se incorporen a la sociedad. Como están haciendo algunas ONG. Y por supuesto, hay que castigar a los clientes que en este caso son cómplices necesarios del delito.

Hay otro grupo de prostitutas que son las que ejercen esa actividad porque han llegado a un grado de marginación o de desesperación social que lo utilizan como forma de salir de situaciones muy comprometidas: madres solteras o casadas sin ingresos por que no encuentran trabajo, etc. Me sigue pareciendo muy mal porque no dejan de ser un fracaso de la sociedad y de los gobiernos que la lideran y la administran, pero no me considero con la  suficiente entidad moral para condenar este tipo de prostitución. Es mala e indeseable como hecho, pero una cosa son los hechos y otras las personas, y no seré yo quien lance la primera piedra.

También las hay que lo son porque quieren, porque sin estar necesitados necesitan lujos o caprichos que no conseguirían con actividades normales. No les entiendo ni les defiendo, pero considero que son libres de hacer con su vida lo que estimen conveniente, incluso cambiar lujos por dignidad.

Y luego están todos los demás. Los que no se si son, pero lo parecen.

Prácticamente todas las cadenas de televisión, esas que se rasgan las vestiduras defendiendo el feminismo, los derechos de la mujer, la igualdad y todos los eslóganes tan de moda en este momento, tienen programas que rozan, si no sobrepasan, la línea de una especie de prostitución “light” o, al menos, animan al sexo de bajo nivel, donde las mujeres suelen ser víctimas y los “guapos” protagonistas.

Y lo hacen por puros intereses económicos sin importarles lo que tienen de deterioro en la educación para una juventud que sigue ávidamente este tipo de programas, en los que pueden encontrar una especie de modelo de comportamiento.

Los villanos son las cadenas, por supuesto. Muy villanos. Pero ¿y los participantes? Me consta, aunque no tenga pruebas, que una de las condiciones es la posibilidad, casi certeza, de que se produzcan encuentros sexuales más o menos explícitos en algunos momentos.

Y, me figuro, que todos, chicos y chicas, hombres, mujeres y personas de toda condición sexual, cobran por participar en dichos programas. Excluyo muy a mi pesar a los que participen gratis a cambio de una supuesta fama. Pero seguro que son minoría.

Luego, si son personas que aceptan tener relaciones sexuales “a cambio de dinero” ¿de qué estamos hablando? No se trata de que les paguen cada acto sexual, pero ¡si va en el sueldo…!

Tampoco les juzgo a ellos porque probablemente son el fruto de una educación inadecuada, con una escala de valores muy menguada y con prioridades poco definidas.

Critico y muy duramente, a estos cínicos con poder en los medios que fomentan este tipo de espectáculos en aras de una de las grandes diosas de nuestros tiempos: la audiencia.

Y muy especialmente a los anunciantes que soportan este tipo de programas. Porque como ocurre con los clientes de la prostitución que tiene como origen la trata de blancas, son colaboradores necesarios.

Mi opinión es que los promotores y participantes en estos programas nos serán exactamente chulos y prostitutas, pero por ahí anda la cosa.

Iván Redondo y las “chicas del gobierno”

Cualquiera que entienda algo de estrategia de comunicaciones sabe que si se lanza un mensaje que pueda ser mal recibido por los que van a sufrir sus consecuencias, o porque se supone que muchos estarán en desacuerdo con la propuesta, es conveniente acompañarlo por otro positivo y si no lo hubiera, por una maniobra de distracción. Esto ocurre en el mundo de la empresa, de las agrupaciones sociales, del entorno familiar y como no, en el proceloso y resbaladizo mundo de la política profesional.

Es lo que está haciendo sistemáticamente el Partido Sanchista Obrero Español, comandado por el dúo Sánchez -Redondo, que “tanto monta, monta tanto”, aunque mi opinión personal es que lo que sugiere Redondo, el Rasputín español, pesa bastante más que lo del amado líder.

Incluso, hablando de poder, tengo la sensación de que Redondo tiene mucho más que el propio Sánchez. Y me explico: Sí Sánchez quisiera prescindir de Redondo, podría despedirlo, pero no destruirlo porque las armas necesarias para hacerlo, las intrigas y los secretos, serían más letales para el presidente que para su asesor.

Todo lo contrario ocurriría si fuera Redondo quien quisiera destruir a Sánchez: le bastaría con cuatro filtraciones, cinco “deslices” públicos y puede que algún que otro papel comprometedor encontrado en cualquier cajón para hacerlo. No digo papeles que demuestre ilegalidades, pero si órdenes o decisiones comprometidas para el presidente.

Es lo que hay: Sanchez siempre estará en manos de Iván. Iván se hará rico a costa de Sánchez si le abandona un poco antes de su caída. Y seguro que Iván, como buen estratega, manejará muy bien los tiempos si llegara el caso.

Porque lo conseguido por Redondo en estos últimos años, que él candidato confíe en él para conseguir una investidura y acabe teniendo es sus manos semejante poder, es para nota, Y muy buena nota. El ahora generador de ideas y estrategias de todo un gobierno, comenzó consiguiendo que Pedro Sánchez fuera una “marca” de marketing potente por bien diseñada.

Como dije el  otro día, Iván redondo se ha convertido en un vicepresidente plenipotenciario liberado del control del parlamento  porque no forma parte del gobierno. Para efectos legales es un simple asesor.

Que Redondo es el que genera las ideas y las estrategias y que todos le obedecen está muy claro y hay varios ejemplos palmarios:

Ya es conocido que uno de los objetivos declarados del presidente, o quizás del propio Redondo para que Sánchez se mantenga en el poder, es domeñar al poder judicial. Y para ello nada mejor que empezar nombrando a una  “ultra sur” del sanchismo para el puesto. Candidata que ha sido muy mal recibida por los fiscales, por la judicatura, por los partidos políticos y por la opinión pública.

La coartada “oficial” ha sido afirmar hasta la saciedad que la candidata cumplía los “requisitos legales” para el puesto, cosa que es verdad, ¡faltaría más!, como también la cumplen cientos de fiscales, pero omiten que casi todo el mundo ha dudado de su idoneidad para el cargo o, para ser más exactos, han manifestado rotundamente que no era persona idónea por su evidente riesgo de no ser imparcial. En una entrevista televisada, el presidente ha dicho que cuando habló con ella “solo” le recomendó que fuera “justa e imparcial”. Seguro que esta frase tan comprometedora no ha salido de la factoría Redondo, porque afirmar que pidió justicia e imparcialidad a una Fiscal, es como decirle a un niño malo que no pegue a los otros niños.

Tanta es su mala imagen que el Seños Sánchez se ha visto obligado a manifestar públicamente que le ha pedido que cumpla dos de los requisitos exigidos a cualquier miembro de la judicatura en cualquiera de sus niveles. Aunque este comentario suponga de hecho que  el propio presidente no estaba seguro de si la nueva Fiscal General asumiría en cargo como debía: siendo justa e imparcial.

Pero lo realmente eficaz ha sido la muy oportuna afirmación de la Ministra Celaá, cada vez más en su papel de supuesta metepatas oficial del gobierno. Pero ¡qué casualidad! lanza sus paridas en los momentos más oportunos. “Los hijos no son de los padres”, dijo, y a los cinco minutos arrancó un debate absolutamente estéril, pero muy mediático.  Estéril porque lo suyo no era más que una opinión absolutamente interesada y fácilmente recusable leyendo el texto de la constitución. Los hijos no son de nadie, ya lo sabemos, pero menos del gobierno de turno porque  los únicos que tienen reconocida alguna autoridad sobre su tutela y protección son los padres mediante la Patria Potestad.

Pero mientas, ¿alguien se acuerda del nombre de la nueva Fiscal General?

En otro momento el Partido Sanchista Obrero Español anuncia su intención de proponer una modificación del Código Penal sobre los delitos de Sedición y Rebelión y aplicarla de forma retroactiva. Modificación que tiene el objetivo indisimulado de favorecer a los condenados en el juicio del “procés”. Como hay en la cámara una mayoría interesada en minar la autoridad del Estado, aprobarán la iniciativa y seguro que saldrá adelante.

Pero esta propuesta en concreto, que es una barbaridad porque el código penal solo se debe modificar si hay un amplio consenso, tiene el agravante de que en su aprobación van a ser decisivos los únicos condenados por uno de estos delitos. Increíble.

Por lo que hay que distraer a la opinión pública. Y ahí tenemos a las chicas del gobierno que han sacado a la luz algo tan contrario a la democracia y a los intereses del pueblo español como es el “pin parental”. Mucho más que querer romper la nación. No entro en el fondo de la cuestión, pero no deja de ser algo surrealista. ¡Ya viene la extrema derecha!, dicen casi todos los ministros. Esos mismos ministros que no ponen ninguna objeción a que Esquerra sea colaborador necesario para sacar adelante una modificación  de las leyes que ¡solo beneficiaría a la propia Esquerra!

Otro tema controvertido. Estos días Guaidó, el venezolano reconocido como “presidente encargado”  de Venezuela por la Comunidad Europea y otros países del resto del mundo,  está realizando una gira en la que se ha entrevistado con muchos presidentes de países “punteros” del mundo occidental.

Pero no con el de España, que sí le reconoció en su momento. Guaidó ha pasado a ser, por obra y gracia del vicepresidente Iglesias, a simple “jefe de la oposición” y que, como mucho, puede merecer la atención de la ministra de Asuntos Exteriores.

Y el Señor Sánchez, naturalmente, no va a recibirlo.

Decisión que no perjudica en absoluto al Señor Guaidó y sí, mucho al propio Sr. Sánchez y a la imagen de nuestro presidente y de nuestro país en Europa y en el resto del mundo. El Señor Guaidó tendrá multitud de recibimientos, encuentros y homenajes en nuestro país, mientras el presidente y su esposa deben estar en la Moncloa, en presencia del Señor Redondo, mirándose a los ojos y preguntándose que han hecho ellos para merecerse estas cosas.

Y mientras, nuestro muy lúcido ministro Ábalos se entrevistaba en Barajas con la vicepresidenta del régimen Venezolano, Delcy Rodríguez, no se sabe si en un avión, en una sala VIP o en los lavabos del aeropuerto. Y acudía de incógnito, en un coche no oficial. Persona esta  que, por cierto, tiene prohibida la entrada en el espacio de la Comunidad Europea.

Ha sido un error tan lamentable que hasta los Estados Unidos han censurado el hecho y han dicho que “pedirán explicaciones”

Y cuando le preguntan a nuestro brillante ministro, primero dice que sí, luego que no, y luego que “sí pero”. Acabando, como lo hacen todos los demócratas, riñendo a los periodistas e indicándoles que cosas son las que deben preguntar.

Pero no temamos porque la sangre no llegará al rio. Siempre habrá un nuevo eslogan para confundir u otra riña del gobierno a los periodistas para tratar de intimidar.

Ayer recuperé una entrevista a Zapatero en la SER, en la que se mostraba de acuerdo con que el presidente Sánchez  no recibiera a Guairó, y en la que se mostraba absolutamente contrario a la postura de “aislamiento” contra Venezuela. Él defendía la postura de “dialogaaaar” sin descanso, y afirmaba con orgullo que nadie conocía el tema de Venezuela mejor que él porque había viajado ¡treinta y ocho veces! a ese país.

¡Pues vaya! Si ha ido tantas veces a dialogar sin conseguir nada, me figuro que el diálogo habrá sido del nivel del consabido  “¿dónde vas? manzanas traigo”. Lo mismo que ocurre en España con los independentistas por mucho que nos hagan creer que con medidas de cesión y de debilidad, como las que se están tomando, se va a conseguir algo que no sea fortalecer a los teóricos de la independencia.

Lo que sí recomiendo al Señor Zapatero es que presente en el Guinness su historial de “diálogos” en Venezuela y reclame el record de peor negociador del mundo. Con tanto dialogar y sin ningún resultado, seguro que se lo concederán.

Pero quedan muchos errores del clan de Sánchez y muchas perlas de la confusión lanzadas por “las chicas” del gobierno, tan unidas ellas y tan contentas de conocerse.

Mientras, bien por Iván que sigue confundiendo, bien por Sánchez que sigue manteniéndose en el poder y mal, muy mal para España y para su imagen internacional.

Lamentablemente, continuará…

Si los hijos no son de los padres, ¿Son de Usted, Señora Celaá? ¿Quizás de Pedro Sánchez? ¿O de Iván Redondo?

La Ministra Celaá ha vuelto a hacer una de las suyas, por encargo de la autoridad competente por supuesto, y ha dicho «No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres«. Y no sé por qué se han cabreado tanto algunos sectores de opinión, porque los hijos, efectivamente, no pertenecen a los padres. Claro que mucho menos al Estado, y todavía menos al gobierno de turno.

Los hijos no son de nadie. Son seres vivos autónomos, únicos e irrepetibles, que en algún momento tomarán decisiones y serán  dueños de sus propios destinos.

Pero como somos una forma de viva especialmente lenta en alcanzar madurez, resulta que alguien tiene que alimentarlos, limpiarlos, llevarlos al médico, acompañarlo cuando dan los primeros pasos o cuando suben por primera vez a una bicicleta de dos ruedas con rodines. Pero, sobre todo y sin ninguna duda, alguien  tiene que educarlos. Porque la misión de los padres, y es algo que siempre hemos entendido en mi familia y en otras muchas, es enseñar a volar a los hijos, y permitirles que vuelen. Incluso, mejor que permitirles que vuelen, animarles a que lo hagan.

He publicado bastante en mi blog sobre los deberes y obligaciones de cada una de las partes que acompañan a los niños en su crecimiento intelectual, y siempre lo he tenido muy claro: los padres son los responsables de educarlos, con ayuda de sus profesores, y los profesores son los responsables de formarles, con la ayuda de los padres.

Que el Estado, no el gobierno de turno, debe tener un marco de formación perfectamente definido que nunca debería alterarse por intereses políticos es una obviedad. De que ese marco debería estar ampliamente consensuado por nuestros responsable políticos no tengo ninguna duda.

Sabiendo que cuando hablo de educación me refiero básicamente a educar en valores y cuando hablo de formación me refiero a impartirles conocimiento y reglas de comportamiento social.  

Así que, Señora Celaá, su comentario no deja de ser una argucia. Una falsedad argumental. Un truco para llevar el agua a su molino y presentar la enseñanza pública y sus bondades como la única forma sensata y eficaz de impartir conocimiento. Y no le faltaría razón si no estuviera Usted detrás de las materias y los temarios. En sentido figurado claro, que no sería tan figurado si le permitieran redactarlos.

¿Recuerda Usted las bondades de la enseñanza pública en la dictadura? ¿Le parece bien la impartida en Cataluña o en el País Vasco? ¡No me irá a negar que son puro adoctrinamiento político! Y puede que en ambas autonomías, no lo sé, la religión sea una asignatura con peso.

Así que, Señora Ministra, a otro perro con ese hueso. O, empleando otro refrán, no nos quiera dar gato por liebre. Los únicos regímenes que yo he conocido que tutelaban a los niños, decidían que debían estudiar y donde debían hacerlo, fue en Rusia y las otras Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pero Usted, que yo sepa,  no es comunista. ¡Ah!, me olvidaba de quiénes son sus socios de gobierno actuales.

Lo que me llama la atención es que afirmen con tanta rotundidad que los hijos no son propiedad de los padres, cuando defiende a ultranza que los no nacidos son propiedad de la madre, que son parte de su cuerpo, y sobre los que pueden decidir  si viven o mueren según su libre albedrío.

Sé que no es exactamente lo mismo, ¿o sí lo es?

Otra cosa: supongo que es estrategia de Iván Redondo provocar varias controversias al mismo tiempo, porque es una buena estrategia. Una especie de bombardeo en racimo. Si tomas decisiones o propones medidas controvertidas una a una, es muy fácil que la oposición política y la opinión pública tomen partido y respondan de forma más o menos unánimes.

Pero si lanzas varias a la vez, especialmente si sabes que alguna de ellas va a gustar al PP y a Ciudadanos pero no a VOX y otras gustarán al PP y a VOX, pero no a Ciudadanos, pongo como ejemplo, estás creando cismas y divisiones que debilitan la contestación y confunden a la opinión pública.

Claro que solo es mi opinión, pero por si acaso no os dejéis engañar. Son temas diferentes que  merecen ser analizados por separado, y sobre los que debemos formarnos una opinión razonada, sin apasionamiento.

A mí me está dando mucho trabajo porque no hay día que no tenga que hacer algún comentario. Pero no se preocupe. Me gusta y me ayuda a mantener lamente activa.

Primeros pasos del nuevo gobierno. El nombramiento de la Fiscal General y, ¡por fin!, la culminación de la democracia.

Dolores Delgado es la nueva Fiscal General del Estado y visto desde fuera solo tiene dos posibles interpretaciones: o es un desatino, o responde a una estrategia de nuestro presidente para avanzar en su plan de invadir competencias del Poder Judicial.

Estrategia de invasión que en una primera fase, que empezó hace algún tiempo, consistió en descalificar con más o menos sutileza decisiones judiciales,  interpretar sentencias del Tribunal Europeo de forma falaz y mentirosa como si la justicia española fuera cuestionable o estuviera cuestionada, o afirmar que este tribunal rectifica con mucha frecuencia decisiones de tribunales españoles, lo que equivale, de forma subliminal, a poner en duda la calidad democrática de nuestra judicatura. Cuando todo ello es rigurosamente falso.

Puras mentiras.  En los temas relativos al “procés” no ha entrado porque nadie se lo ha pedido hasta el momento. Ni ha habido recurso de las defensas, ni solicitudes de aclaración por parte del Tribunal Superior de Justicia español. Por mucho que digan, repitan, aireen y propaguen los independentistas, los tribunales europeos no han puesto ningún reparo a este juicio, ni mucho menos se puede afirmar como se afirma que, de hecho, “es un  juicio nulo”.

En cuanto a la tan retorcida y tergiversada sentencia sobre la impunidad de Junqueras, emitida como respuesta a una consulta de nuestro Tribunal Superior de Justicia, solo dice que cuando estaba en prisión preventiva se le debería haber dejado ir a Bruselas a acreditarse, como se le permitió ir al parlamento español para inscribirse como congresista electo, pero que una vez condenado e inhabilitado, es el tribunal español el que tiene la competencia para decidir lo que se debe hacer de acuerdo con las leyes españolas.

Y eso es lo que se ha hecho, tanto en su condición de parlamentario de España como del Parlamento Europeo. Porque, contra lo que se da a entender, las elecciones europeas no son algo que controla y regula la propia comunidad como ente autónomo. La comunidad convoca las elecciones, pero son los países miembros los encargados de formar las listas y organizar las votaciones.

No son elecciones a la comunidad dirigidas y controladas por esta institución. Son elecciones para decidir, en España, quienes van a representar a nuestro país en Europa. Es decir, son elecciones españolas, y es nuestro país el que regula el proceso.

En cuanto a la otra gran mentira, es absolutamente falso que España sea una nación muy cuestionada por el Tribunal Europeo. Todo lo contrario. España es una de las naciones que menos sentencias en contra recibe, por debajo de la mayoría delos países más democráticos de Europa. Y como prueba irrefutable, repito un gráfico comparativo que ya publiqué en un artículo dedicado a comentar la situación de nuestra justicia en comparación con el resto de justicias europeas.

Información que, como es habitual, obviarán, ocultarán o tergiversarán los que deberían ser especialmente honestos con la información y muy agresivos defendiendo las bondades de nuestro sistema en lugar de tratar de emborronarlas por puros interese electorales.

En cuanto al nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General, sería un insensato si tratara de valorar su calificación profesional, pero en mi condición de español y votante, y a título particular, tengo muchas objeciones a su nombramiento

En primer lugar, y por aclarar las cosas, no es Sánchez el que la nombra. Es el consejo de ministros, compuesto por los vicepresidentes Pablo Iglesias, Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera y los ministros Alberto Garzón, Arancha González Laya, Carolina Darrias,  Irene Montero, Isabel Celaá, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos, José Luis Escrivá, José Manuel Rodríguez Uribes, Juan Carlos Campo, Luis Planas, Margarita Robles, María Jesús Montero, Manuel Castells, Pedro Duque, Reyes Maroto,  Salvador Illa y Yolanda Díaz.

No sabemos si fue una votación unánime, pero a falta de más información, todos y cada uno de estos señores y señoras son corresponsables de la elección, y también lo será de lo que la Señora Delgado haga en el ejercicio de su cargo.

En segundo lugar, porque habiendo sido Ministra de Justicia, dispone de información privilegiada que la descalificará para tomar decisiones según en que asuntos. Dolores Delgado no intervendrá directamente en ningún juicio, pero tiene poder y autoridad para decidir las líneas de actuación de la fiscalía en cada caso y podría maniobrar para acelerar, retrasar o quitar efectividad a la acusación de varias formas. Incluso aportando información obtenida en el ministerio, como ocurrió en otro tiempo con el juez Garzón.

No digo que lo haga, pero siempre que haya casos con carga política, no podrá evitar la sospecha de dirigismo.

Porque, a diferencia de los jueces, los fiscales no pueden ser recusados por los acusados, que no tiene más opción que aceptar el fiscal asignado al caso. La única posibilidad es que alguna de las partes de un procedimiento acuda al superior jerárquico del fiscal, y será este último el que tome la decisión. Pero ese superior seguirá formando parte de una cadena jerárquica y en última instancia, si el caso llegara al Consejo Fiscal, la opinión de los miembros no es vinculante y la última decisión la tiene el Fiscal  General del Estado.

En tercer lugar porque es militante del PSOE y una militante comprometida. La he escuchado opiniones sobre la exhumación de Franco, la iglesia y otros temas que podría haberse evitado. No por la opinión en sí, que tiene derecho a expresarla, sino por la vehemencia que ha empleado.

No es el caso, por ejemplo, de Margarita Robles. No pertenece al PSOE y además se ha limitado a gestionar con eficacia lo que le han encomendado sin sacar nunca los pies del tiesto, sino más bien todo lo contrario. El que haya aplaudido en el congreso cosas poco dignas de aplauso forma parte del lógico apoyo que debe prestar a quién le ha confiado una cartera. Como ocurrió con Josep Borrell, el anterior ministro de exteriores. A estos sí que se les podría comprar un coche usado.

En cuarto lugar porque ha sido una ministra recusada tres veces en el parlamento por sus conversaciones con el comisario Villarejo y otros personajes poco recomendables, en las que apoyaba, o parecía apoyar, prácticas ilegales y reprobables para obtener información. Y en las que decía haber visto comportamientos denunciables de otros miembros de la judicatura que no denunció.

Nunca se debe juzgar la ideología ni las actitudes personales de los criticados, pero en este caso se trata de conversaciones mantenidas en un entorno público, aunque nunca debieron haber sido grabadas. Es algo que puede ocurrir cuando uno se junta con malas compañías.

Y hay un tema que me preocupa especialmente, y esto es un elucubración. Se ha comentado alguna vez que las instrucciones judiciales deberían llevarlas los fiscales y no los jueces. Los jueces serían los que presidieran los juicios orales y dictarían sentencia una vez analizadas las pruebas aportadas por los fiscales y los descargos de las defensas.

Es una práctica que funciona en otros países y que a mí me parece muy bien.

Leído en LegalToday.- El procedimiento penal español cuenta con un modelo de instrucción judicial en el que el juez de instrucción es el órgano encargado de dar inicio al proceso, de dirigir la instrucción y de resolver mediante decisión judicial los asuntos penales.

Sus funciones han estado tradicionalmente ligadas a la búsqueda de indicios sobre la realidad del hecho investigado, su eventual carácter delictivo y la identificación de posibles sujetos responsables, según establecen los artículos 299 y 777.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Él es el director de la fase de instrucción y lleva a cabo la investigación de forma abierta para las partes (ministerio fiscal, acusaciones particular y popular, y defensa), que tienen acceso a las actuaciones en todo momento, salvo cuando se hubiese decretado secreto de sumario por razones tasadas.

Sin embargo, si hacemos un análisis de cómo se tramita esta fase del procedimiento en derecho comparado, en la mayoría de los países, el Ministerio Fiscal tiene un papel fundamental y, en muchos  se le encomienda a él la propia instrucción.”

Y, dada mi mentalidad “conspiranoide” que me ha permitido escribir alguna novela, ¿Qué pasaría si algún día se aprueba en España que sean los fiscales los que llevan la instrucción siendo la fiscalía un organismo jerárquico que depende del Fiscal General, nombrado por el Gobierno?

Si la instrucción la llevan los fiscales y si se están limitando las acusaciones particulares (lo que me parece muy bien porque la mayoría solo sirven para enredar y alargar los juicios), puestos en lo peor, sería el gobierno de turno, el Ejecutivo, quién  determine a quién encausa y a quién no, y los niveles de acusación aplicados en cada caso.

No olvidemos que, por lo que yo sé,  un juez no puede incoar una causa si no hay un fiscal que acuse.

Este supuesto significaría la desaparición de la democracia España, porque una de sus señas de identidad, sin ningún paliativo,  es la separación de poderes.

Esa democracia que nuestra muy querida Carmen Calvo reinaugura cada dos por tres. Como los políticos de bajo nivel que inauguran una carretera varias veces bajo el truco de hacerlo por tramos.

Usando su propio lenguaje coloquial, “no, bonita, no”. La democracia quedó instituida sin ningún tipo de duda el día que se aprobó la Constitución, concretamente el treinta y uno de octubre de 1978. Naturalmente se necesitaba desarrollar y aprobar leyes, como se ha hecho en todos estos años y como se seguirá haciendo en el futuro.

Porque la democracia, querida vicepresidenta, necesita una actualización continuada y una adaptación a los tiempos y a las demandas de la sociedad a la que sirve. Y esa es la misión fundamental del Poder Legislativo: mantenerla “al día”.

La democracia no llegó a su totalidad, como ustedes dijeron,  con la exhumación delos restos de Franco, que no dejó de ser una pura anécdota que solo interesó, como se ha demostrado, a los que carecen de imaginación para generar propuestas constructivas. Y ayer, “bonita”, dijo más o menos, que la formación de un gobierno plural era la “culminación de la democracia”. ¡Se necesita morro! La democracia nunca está consumada. Como he dicho antes, es un ser vivo que necesita muchos cuidados y la protección de los ciudadanos. Porque siempre corre el riesgo de enfermar, incluso de morir.

Y ejemplos de democracias degeneradas y muertas los tenemos a montones en Alemania, Italia, Venezuela y tantos otros países donde los  gobiernos llegaron al poder ganando elecciones, y acabaron actuado como dictaduras.

Ya hace muchos años, querida vicepresidenta, que los españoles votamos y lo hacemos libremente. Incluso, si me apura, estas elecciones han sido un retroceso en la historia de nuestras buenas prácticas democráticas porque el ganador, el Señor Sánchez, mintió descaradamente en su campaña electoral.

Y si usted llama “culminar la democracia” nombrar a una Fiscal General claramente partidista y muy poco de fiar en cuanto a su objetividad, que venga Dios y lo vea, como diría alguno de mis antepasados.

Y, ahondando más en lo absurdo de la situación actual, la de “su” democracia, hemos sabido que Iván Redondo, el “hacedor” del último Pedro Sánchez, ha pasado a ser un super manejador de todo, en un puesto de muchísimo poder y sin ningún control parlamentario. ¡Muy democrático!

De lo que no culpo al Señor Redondo, mercenario de a sueldo de quién le pague o le haya pagado, dicho con todo respeto y sin segundas porque es un buen profesional, que jugando, jugando ha conseguido una posición inesperada y fuera de los esquemas tradicionales. Porque ya no es un asesor. Es una persona que toma decisiones de mucha relevancia. Una especie de Rasputín.

Claro que los “rasputines históricos” solo han existido cuando los que tenían el poder eran personas de poco nivel y exigua capacidad para pensar por ellos mismos. Conozco la trayectoria del Señor Redondo y es una persona muy inteligente, pero es un politólogo sin ideología. Un profesional, repito, que ha trabajado para varias formaciones políticas de derechas o de izquierdas hasta dar en la diana. Muy inteligente, pero tampoco me parece un genio.

Pero, por lo que se ve, más inteligente que su asesorado si tanto le necesita y tanto poder le ha concedido.

Y un ligero apunte sobre nuestro flamante nuevo vicepresidente, el Señor Iglesias, al que ayer escuché en la entrevista de Antena 3. Entrevista en la que se desdijo de casi todo lo que había dicho en los últimos años y en la que mostró un talante mentiroso y mitinero impropio de su nuevo cargo.

Porque afirmó, siendo totalmente falso, que el tribunal europeo había “humillado” al supremo de España y que, muy defensor de lo nuestro él, afirmó sin ninguna duda que la justicia española, de tan poca calidad, debía estar sujeta a la autoridad de las instancias europeas. Y si esta última fase no la dijo en su literalidad, lo dio por sentado y sin ninguna duda.

Sin embargo cuando se le preguntó como encajaría la Comunidad Europea los planes de suprimir la reforma laboral, afirmó con toda energía que cada país es soberano para tomar las decisiones políticas o sociales que estime conveniente.

A eso se llama coherencia.

Pero no se trata de extenderme aquí tratando de analizar la postura y las actitudes del Señor Iglesias, político de mucho nivel por cierto,  porque se merece un comentario exclusivo. Conociendo su ideología, comunista, y sus referentes, Cuba, Venezuela y naciones similares, será muy interesante observar cómo se maneja en una España con una democracia representativa consolidada, socio de una Comunidad Europea democrática, que no permitió veleidades a la Grecia de Alexis Tsipras, ni a la Italia de Matteo Salvini. Y que está parando los pies al gobierno polaco en su intento de controlar al Poder Judicial de su país.  

Espero que le resulte tan inútil como a esos competidores de fiestas populares que tratan de trepar sin ayuda postes engrasados para alcanzar el premio colocado en la parte superior. Normalmente, y espero que este sea el caso, acaban dándose un buen batacazo. Batacazo político naturalmente.

“Investidura habemus”. ¿Y ahora qué?

Estos días hemos asistido a una sesión de investidura y, como suele ser habitual, los líderes políticos han exhibido sus peores galas en un espectáculo para la galería, para sus votantes y para nosotros en general, porque para efectos del resultado y salvo que se produjera algún accidente,  el pescado ya estaba vendido.

Todo el mundo sabía quién iba a votar “sí”, quien votaría “no” y quienes se abstendrían. Incluso se daba por hecho que había un plan “B” preparado para el caso, por el que alguna de las abstenciones podría convertirse en “sí” en caso de que fallara algún voto positivo.

Y después de la votación nos encontramos con una situación casi disparatada a la que nos ha llevado Pedro Sánchez, personaje tan desconcertante que es casi imposible juzgarle en la actualidad. Es posible que, como parece, lo suyo es pura ambición, o que sea un iluminado como lo fue Zapatero que cree que con todas estas idas y venidas podrá solucionar todos los problemas de España y pasar a la historia como un genio de la política.

Aunque, por los signos externos y por la vacuidad de alguna de sus actitudes, (viajes internacionales innecesarios para promocionarse, uso impropio del Fanton y de los otros medios de transporte de la presidencia entre otros), más parece un megalómano que un estratega.

Sánchez no ha sido el que ha provocado los problemas del  independentismo, de la falta de adaptación de su partido a los cambios sociales, de la parte negativa de las medidas que se tuvieron que tomar para salir de la crisis (menor calidad de los empleos, brecha salarial, casos de corrupción de políticos, de partidos, de sindicalistas, de la cúpula de los nacionalistas, etc.), pero  los ha utilizado en su favor y en perjuicio  de los españoles, a los que ha enfrentado de forma innecesaria para buscarse coartadas para sus propuestas y contrapropuestas.

Y con sus acuerdos con el enemigo natural del socialismo, el comunismo, porque los demás son adversarios, ha acelerado un posible derrumbe de su partido, prácticamente desaparecido, y, lo más grave, está dando una imagen de debilidad de las instituciones.

Debilidad aparente porque las instituciones están ahí por mucho que se afirme que están superadas, como afirman los mentirosos interesados por boca de los independentistas, los  comunistas, o Bildu y el resto de los enemigos declarados de  la nación.

Porque por mucho que se les llene la boca de falsedades sobre la subordinación de la justicia a la política, dicho en una nación que ha encarcelado a un yerno del Rey o ha encausado a dirigentes del PP cuando estaba en el gobierno o, la versión contraria, que la justicia está entorpeciendo a la política es un auténtico freno para el “progreso”.

Mi artículo anterior, en el que decía que la vida sigue, pretendía defender la necesidad imperiosa de que los ciudadanos no entremos en ese terreno enfangado al que nos quieren arrastrar. Deberíamos mantener la calma. Criticando lo que consideremos inadecuado, pero votando en positivo, a la mejor opción según nuestra forma de pensar, y no “contra” nadie.

Es inútil, tóxico y muy peligroso. Y además ya tenemos experiencia histórica de que esa actitud, alentada por los que generan opinión en la política o los medios de comunicación, codujo a la nación a un desastre que duró años de sangre, y una dictadura.

Y no digo, ni mucho menos, que estemos en una situación pre bélica porque ese supuesto es totalmente imposible por mucho que lo rumoreen los de la derecha más radical. Hemos avanzado mucho culturalmente y somos miembros de dos bloques de integración supranacional, la Comunidad Europea y la OTAN, que facilitan el diálogo interno como facilitan el de las naciones.

Lo que quiero decir es que si en la España de 1936 no se hubiera producido una rebelión militar se hubiera evitado le guerra civil y el consecuente derramamiento de sangre, pero no la miseria, ni la violencia social, ni el afianzamiento delas “dos Españas”, ni la lucha de clases entendida como la que entonces se producía, ni el anarquismo revolucionario que nunca ha acabado bien en ninguna parte.

Es decir, que tarde o temprano alguno de los gobiernos se habría visto obligado a tomar medidas excepcionales dentro de la legalidad,  como ya había ocurrido con la dictadura de Primo de Rivera,  cuando se reprimió con tanta dureza la rebelión de Asturias, las “sanjuanadas”o las otras  rebeliones y pronunciamientos de los últimos siglos.

 Y cuando digo que necesitamos normalidad ciudadana es porque al aumento de impuestos que se avecina, los intentos de aprobar leyes “progresistas” e innecesarias, al aumento del paro inevitable y la amenaza de pérdida de inversión del capital internacional y de pérdida de calidad de la gran protección social que tenemos en España serán una realidad, pero  siendo muy grave, tiene solución como siempre la ha tenido. A gobiernos despilfarradores les siguen gobiernos austeros, que también nos haces sufrir, pero eso solo afectará a la pérdida de calidad de vida. Y estando como estamos en un país democrático, es prácticamente inevitable porque los que gobiernan lo hacen porque les hemos votado.

Lo peligroso, lo muy peligroso, son las decisiones políticas y las concesiones del gobierno central a los chantajistas de siempre: El PNV en primer lugar aunque parezcan menos peligrosos, los independentistas catalanes y los partidos minoritarios que han apoyado a esta legislatura.

Porque la experiencia dice que las concesiones transferidas por gobiernos en debilidad, como la de prisiones en Cataluña o la que se puede producir con la Guardia Civil de Tráfico en Navarra, nunca se recuperan. Las conceden  gobiernos débiles y las mantienen gobiernos cobardes.

Porque la moneda indiscutible de la política actual, el motor que mueve a los dirigentes, es el voto y su cotización las encuestas. Ni intereses de país, ni bienestar de la ciudadanía ni nada de nada.

Todo por el voto.

Y ¿qué barbaridades hará en nuevo gobierno? En mi opinión pocas y casi ninguna de calado. Simplemente porque no podrán.

Apaguemos las televisiones y las emisoras de radio por un momento. Desconectemos los móviles y los terminales que permiten el acceso a la redes. Mantengamos el silencio mediático y pensemos, una facultad de los humanos que utilizamos cada vez menos. Es más  fácil que otros “piensen por nosotros”

Y nos daremos cuenta de que cualquier loco que intente cambiar las reglas de juego que nos dimos en la transición se encontraría con los siguientes obstáculos:

La parte de la Administración Pública responsable de controlar a los gobiernos y las instituciones nacionales y autonómicas

Es una primera barrera compuesta por juristas gestores o interventores que informan de las posibles irregularidades de los gobiernos o de las cámaras legislativas. No tienen poder ejecutivo, por lo que son muy fáciles de superar porque el atenderlos depende de la voluntad de los afectados, como ocurrió en el caso de los ERE de  Andalucía, donde se evidenció que el gobierno de la junta ignoró los informes de los interventores, o en el Parlamento de Cataluña, que tomó decisiones contrarias al consejo de sus letrados.

Las leyes españolas, que se activan por denuncia de parte o por iniciativa de las fiscalías. Y tenemos un caso de ayer mismo. El Tribunal Supremo, ese que minusvaloran los independentistas, ha sentenciado que Junqueras no puede ir a Bruselas a recibir el acta de parlamentario de la Comunidad Europea.

Otra noticia de este mismo momento: la Comunidad Europea ha dado la razón al Tribunal Supremo en este asunto.

Y, con toda seguridad el Juez Instructor del “procés” presentará un suplicatorio en la Comunidad Europea, si no lo ha hecho ya, pidiendo la extradición de Puigdemónt y Comin. Y seguro que la concederán.

Y bajo su control, los muy prepotentes dirigentes de Cataluña, todopoderosos en su autonomía, que han sido juzgados por el Tribunal Supremo se ponían de pie o se sentaban cuando el Juez  lo ordenaba. Y los testigos, algunos muy gallitos al principio, también. Y doy constancia del hecho porque pasé muchas horas siguiendo este juicio.

Es decir: la justicia prevaleció sobre los intereses políticos de la Generalitat y del propio gobierno.

La Constitución, que es el marco de la convivencia de nuestra nación. Para modificarla se necesita la aprobación de tres quintos de la cámara, y esto sería prácticamente imposible sin un consenso de los grandes partidos.

El gran error del Legislativo ha sido no desarrollarla para ajustarla a las nuevas situaciones o a las que se pueden presentar en un futuro, como ocurrió en su día con el artículo 155. Este artículo mantenía el concepto de violencia como violencia armada, cosa innecesaria en este momento porque se puede controlar una nación o una autonomía sin necesidad de la fuerza.

Cataluña, por ejemplo, no necesitaba enviar tropas a la televisión y a las emisoras porque ya las controlaba, y la presión de los grupos violentos, las actuales kale borrokas, son una de las formas de la violencia actual.

El Tribunal Constitucional, que es el que interpreta la Constitución en caso de consultas de parte, o que actúa de oficio en algunos supuestos.

La Comunidad Europea que no solo exige que los presupuestos de los países se ajuste a las normas comunitarias para evitar desmanes económicos, sino que interviene en casos de excesos de poder de los Ejecutivos. Como es el caso actual de Polonia, donde el gobierno pretende ser quién nombre a los jueces invadiendo competencias y eliminando uno de los poderes de los estados.

Pretensión que está insinuando Podemos, siguiendo el modelo de Venezuela, donde los jueces no tienen autonomía en sus sentencias. Podemos no ha llegado tan lejos como Polonia, pero ya está lanzando mensajes sobre el bloqueo a la democracia de los jueces fachas y sobre “otras formas” de nombrar a jueces. ¿Si son militantes de Podemos, por ejemplo?

El tribunal de Justicia de la Unión Europea, que es la última instancia en la cadena de recursos. En el caso del juicio del “porcés”, por ejemplo, no entrará a juzgar las leyes de cada país porque se entiende que todos ellos son democráticos, y en la práctica solo comprobará que la sentencia se ajusta a dichas leyes.

Algo parecido es lo que ocurre con el Tribunal de Derechos Humanos, que tampoco entra  juzgar las leyes de los países. Solo comprueba si se han respetado las garantías procesales de los acusados y que en los juicios no se ha coaccionado a los testigos, por ejemplo.

¿Alguien cree de verdad que el gobierno actual podrá saltar todas estas barreras? Es absolutamente imposible.

Es más, yo no creo que ni siquiera lo intente. Mi opinión es que este presidente  camaleónico y embaucador que ha engañado a casi todos los partidos en los últimos años, también engañará a sus socios. A los catalanes diciendo que “lo he intentado pero ya veis que no he podido”, y a Podemos, como ya está ocurriendo, limitando sus competencias.

Si es cierto lo que se dice, va a nombrar a Yolanda Díaz ministra de trabajo, y a José Luis Escrivá ministro de Seguridad Social. De esta forma saca del actual Ministerio de Trabajo Migraciones y Seguridad Social la parte “gorda”, la Seguridad Social, que pasa a depender de un Ministerio de Seguridad Social, asignado a un socialista, y otro de Trabajo para Podemos.

Y hoy se ha sabido que crea una cuarta vicepresidencia, lo que resta protagonismo a Iglesias. Es evidente que está dejando sin contenido a las carteras de Podemos.

Y que, manteniendo a algunos de los ministros con más capacidad de gestión y de su entera confianza en las carteras económicas, creará un auténtico cortafuego que evite veleidades en España y sanciones de la Comunidad Europea.

No sé lo que le durará el invento, pero tiene es muy de Sánchez intentarlo. Y no me extrañaría que dentro de unos meses esté llamando a la puerta del PP y de Ciudadanos para negociar un pacto que “salve a España de comunistas e independentistas”.

Que cuajo, tiene.

Esta es mi opinión e insisto que nosotros, la ciudadanía, debemos estar tranquilos porque en nuestra situación actual nadie puede romper la fortaleza de las instituciones que nos hemos dado y que tan bien han funcionado hasta ahora. Nos va a costar dinero y sacrificios personales, eso sí, pero si todo esto sirve para reconducir las malas prácticas democráticas de los políticos que dirigen el país y para que los electores nos preocupemos un poco más de la política real en lugar de perseguir quimeras y apoyar a los que nos piden el voto si no explican claramente para que lo utilizarán, habrá valido la pena.

Necesitamos una catarsis que no se producirá si no entendemos la magnitud de la amenaza y de la crisis política y social a la que nos enfrentamos.

Investidura habemus, repito, aunque la fumata no ha sido blanca. Ha salido un humo multicolor que puede confundir a muchos españoles pensando que es  un signo positivo: progresismo, ecologismo, alegría, esperanza. ..

Pero no nos confundamos. Es un humo confuso que esconde peligros desconocidos, y que camufla a grupos tan peligrosos como Bildu, el PNV y los independentistas catalanes.Gracias a los que me habéis entendido y también a los que me “habéis reñido” por el artículo anterior. Eso quiere decir que leéis lo que publico. ¡Tengo seguidores!

Sorpresa. Hemos tenido una investidura y la gente ha salido a la calle para seguir con su vida normal

Terminó la investidura, y los medios de comunicación audiovisuales, la prensa, las tertulias y las redes sociales han comenzado a bombardearme/nos  con mensajes sumamente alarmantes: “la izquierda dice que la derecha quiere dar un golpe de estado”, “la derecha dice que la izquierda ha dado un golpe de estado”, “hoy empieza una etapa de miseria, paro y de retroceso económico”,  “los independentistas catalanes fuerzan la ruptura de España”, y así muchos otros a cual más catastrofista.

Pero me he asomado a la ventana y veo que los padres o los abuelos llevan a los niños a una guardería que tengo enfrente de mi casa como hacen cada día, y que la gente camina por las aceras como caminaba ayer.

He ido a comprar unas medicinas en la farmacia, a la panadería, y a una tienda de Mercadona y he podido comprobar que la gente retiraba sus artículos de las estanterías como si nada pasara. Unos iban a lo suyo, otros sonreían y se saludaban  y yo mismo he hablado con las cajeras y con algunos clientes que conocía.

He almorzado en un bar, como tengo por costumbre, y lo único sobresaliente eran los titulares del periódico que suelo leer mientras me comía el “bocata” acompañado por una cerveza y unas aceitunas.

A la hora del café he intercambiado algunos comentarios sobre política y sobre el partido de futbol  de ayer con el dueño del bar y con otros clientes. Cuando digo política me refiero más bien a la forma de hacer política y de algunas previsiones de futuro, con mejor o peor cara según la ideología de los que participábamos en los comentarios. Más enfáticas que otros días, por supuesto, pero dentro de la normalidad. Como cuando  juega el Valencia contra el Real Madrid, o contra el Levante, por ejemplo.

En mi caso y como siempre que hay elecciones, opino y bastante, antes de la votación o, según resultado, antes de la investidura. Pero una vez investido el presidente, sea o no de mi agrado, siempre he acatado los resultados y considerado que los gobiernos de turno, hayan sido elegidos de la forma que fuere, son legales y no admiten discusión.

Y, siguiendo el argumento de los párrafos anteriores, esta situación y salvando las distancias, me ha recordado los tiempos de la famosa “Radio España Independiente, la Pirinaíca”, que nos relataba que las calles de Valencia ardían en manifestaciones antifranquistas y a favor de la democracia, cuando el único ruido que se escuchaba en la mía era el de los pocos coches de entonces y el traquetear delos tranvías de la época.

Volvemos a sufrir el eterno contraste entre el mundo real y el Matrix de la información interesada.

Porque todos los que he citado, los de la guardería, los de la farmacia, los de Mercadona o los del bar, hemos votado a formaciones diferentes, pero no nos señalamos con el dedo cuando nos encontramos cara a cara, ni lloramos por las esquinas, ni tenemos nada que temer los unos de los otros. Todo lo contrario, tengo la seguridad de que si necesitara ayuda de alguno de ellos me la prestaría sin reparos, como yo  la prestaría a cualquiera de los que me la solicitara sin preguntarle previamente a quién había votado.

Aunque no deja de ser un hecho que estamos muy divididos y, quizás, bastante desconcertados y carentes de formación “en política real”.

En las últimas elecciones hemos votado 23.375.705 españoles y, de ellos,  10.297.472, el 44,05 %,  lo hemos hecho a partidos de lo que se llama derecha, 9.903.641, el 42,37 %,  a partidos de izquierda, 2.415.602, el 10,33 %,  a partidos independentistas, y otros 758.990, el 3,25  %,  a otros partidos de distinta ideología.

Y que si en lugar de ordenar el resultado por bloques de ideología los agrupamos  por constitucionalistas y anti constitucionalistas, la inmensa mayoría se incluirían en el primer bloque. No digo que el resultado sea el 86,42 % (44,05+42,37), porque en el bloque de la izquierda hay partidos que no los son, o no lo son la totalidad de sus votantes, pero sí una mayoría muy significativa.

Y no hay la más mínima posibilidad, señores pregoneros de la desgracia,  de que 10.297.472 españoles, prácticamente la mitad de los electores, seamos fachas o queramos dar golpes de estado, o defendamos el capitalismo, la banca, el recorte de la sanidad o de las pensiones, seamos racistas, xenófobos, antifeministas y no sé cuantas cosas más, por mucho que lo repita la minoría del “otro bando”, entre los que cuento con grandes amigos.

Ni tampoco que  9.903.641 quieran romper España, abrir las puertas del país a los migrantes sin ningún tipo de control, romper la Constitución, salirse de Europa, no controlar el déficit,  o proclamar la república.

Sobre los 2.415.602 independentistas vascos y catalanes no opino porque ya lo he hecho  en repetidas ocasiones.

Y si todos sabemos que todo lo que nos cuentan tiene mucho de ficción, de falsa realidad montada por voceros enfervorizados o por los interesados en crispar y dividir.  ¿Por qué muchos españoles creen en la veracidad de lo que pregonan? No se entiende muy bien porque, a  poco que se les atienda, se evidencia la falsedad, la exageración o la falta de consistencia de lo que dicen o de los datos que aportan.

La mayor amenaza para la convivencia de los españoles y el ejemplo más paradigmático es la sociedad catalana, lo crean los políticos “que mandan”, por intereses personales o partidistas. También  los medios de comunicación buscando sus intereses económicos en forma de audiencias, la única forma clara de captar publicidad. Sus  otras fuentes de ingresos, más oscuras en muchas ocasiones, son las  subvenciones y la propaganda institucional que, en demasiadas ocasiones y muy especialmente en las autonomías, suelen generar afinidades indeseadas y compromisos poco transparentes.

Y, en menor medida, los forofos intransigentes que existen en todas las formaciones. Una exigua minoría en tanto por ciento sobre el total de la población, pero que hacen mucho ruido por la cantidad de mensajes que lanzan cada día.

Eso si no son máquinas repetidoras de mensajes políticos desde Rusia, China o de cualquier otro lugar del mundo

Y cuando hablo de “políticos” me refiero exclusivamente a las cúpulas de los partidos y a los que forman gobiernos nacionales o autonómicos. En ningún caso quiero aludir a los muchos  miles de alcaldes y concejales de ciudades medianas o pequeñas que están trabajando día a día por sus municipios, o por los que lo hacen desde otros estamentos con el mismo desinterés personal o económico.

Políticos, los del primer grupo,  que ya no se conforman con que les votemos por su oferta de gobierno, que se supone que “es la mejor”.   Buscan anclar, fidelizar nuestro voto y para ello, repito, no es suficiente presentarnos una oferta, que suele ser escasa, muy confusa y con poco sustento presupuestario.

Necesitan despertar entre nosotros la necesidad de que  “nos protejamos” de las maldades de “los otros”. Otra vez el enemigo exterior. El “yo o el caos” que tapa tantas mentiras y crea tanta división entre los españoles. Si atendemos al resultado de la investidura, exactamente la mitad de los españoles contra la otra mitad.

Vamos en retroceso porque una parte delos votantes españoles, como ocurre en la mayor parte de los países europeos, se regían más por razones sociológicas que ideológicas, bajo la fórmula de que si el gobierno lo ha hecho bien le repiten el voto, y si lo hace mal votan a la oposición. Queda, como no, voto por ideología, pero cada vez es menos escaso.

Y digo que hemos retrocedido porque nunca como hasta ahora y desde la transición, había reaparecido con tanta fuerza la idea de  las dos Españas. Las que reflejaba tan sentidamente Antonio Machado cuando decía

“Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón”.

Es lo que pretenden y están consiguiendo algunos dirigentes de partidos, auxiliados muy eficazmente en esta nefasta misión por sus asesores, tan revalorizados, influyentes y responsables de lo que ocurre, esperando que nosotros  entremos al trapo convirtiendo lo que debería ser el apoyo a una determinada oferta política o social, en una protección contra los monstruos que podrían gobernar si no les cerramos el paso.

Lo que significa cambiar decisiones objetivas por forofismo puro y duro. Cuando hasta en el futbol está en decadencia.

Con todo lo anterior  pretendo demostrar que, en mi opinión, los ciudadanos de a pie tenemos mucho más asumido el concepto de lo que es una democracia que nuestros propios representantes. Los que no ven más allá de sus intereses y que han olvidado que una de sus obligaciones es ejercer una pedagogía que facilite las decisiones de los votantes en lugar de enredar y confundir.

Nosotros no hacemos ni trucos ni trampas. Simplemente depositamos una papeleta en una urna.

No es que la hayan olvidado. Es que la han sustituido por actitudes y estrategias revolucionarias tan antiguas como dañinas. Y esto debe acabar.

Pedro Sánchez es el  presidente de un gobierno coaligado con Podemos y con el apoyo en su investidura por independentistas y extremistas. Es lo que hemos decidido los votantes, aunque sea de forma indirecta porque no hemos sabido toda la verdad, y es un gobierno legal. Sin ninguna duda.

Y me queda la esperanza, casi la seguridad, de que los hechos acaecidos en los últimos años servirán de lección a los políticos honestos, que también los hay, y para nosotros, los votantes, últimos responsables del desgobierno y la paralización que hemos sufrido hasta este momento.

Los que son “mayoría silenciosa” o los que prefieren, como ocurría en la dictadura, no mojarse, no “entender de política”. Y con esto no sugiero que actuando de esta forma ganará la derecha. Digo que, gane quien gane, lo hará porque los votantes han decidido su voto conociendo las consecuencias, buenas o malas, de la decisión.