Señor Iglesias, ¡menos democracia, por favor!

El otro día, nuestra ínclita portavoz del gobierno, Maria Jesús Montero, afirmó con esa seguridad que la caracteriza que cuando Pablo Iglesias cuestionó  la democracia española es porque lo que en realidad pretende es “mejorar permanentemente la calidad democrática española”

Como decía en un comentario anterior, todo depende del color del cristal con que se mira y de las referencias que se tengan. Y las de nuestro vicepresidente son, como menos, “diferentes” y todas ellas, Venezuela, Irán, Cuba o Rusia, con formas de Estado o de gobierno difícilmente reproducibles.

Porque su concepto de democracia pasa por atacar a los medios de comunicación que le critican,  a tratar de  controlar a los jueces, a amañar elecciones en su propio partido, a proponer que se normalice el insulto, que se despenalice la ocupación de viviendas, que jóvenes sin derecho al voto puedan cambiar de sexo por su propia voluntad sin ningún tipo de consentimiento ni asesoramiento propio, que se cambien las normas internas de su partido para conseguir aumentar sus ingresos personales, o que se insulte a “los otros”, monarquía, Iglesia, víctimas del terrorismo, partidos de la derecha, etc. con la sola condición de que se haga cantando porque entonces ya no es delito de odio ni ofensa, es libertad de expresión o arte.

También propone que se abra los brazos del perdón a los etarras condenados por delitos de sangre, con independencia de que estén arrepentidos u orgullosos de su “carrera” de asesinatos y que se libere a los políticos catalanes que han incumplido leyes siendo los responsables de cumplirlas y hacerlas cumplir. Y tantas otras libertades democráticas que no me extraña que viva sin vivir en él, abrumado por la magnitud de la tarea que tiene por delante.

¡Un poco menos de democracia, por favor!

Y espero de nuestra ministra portavoz que no nos siga insultando con falsas interpretaciones  y majaderías semejantes. Pero eso, me temo, también es un deseo inalcanzable.

Los gobernantes mentirosos que nos desgobiernan

En solo veinticuatro horas varios miembros del gobierno nos han deleitado con actuaciones dignas de los mejores  charlatanes callejeros, esos que antiguamente nos vendían objetos varios en plena calle subidos a una tarima. La única diferencia es que en lugar de utilizar la vehemencia verbal que les hizo famosos, ponen esa cara especial y ensayada de ser incapaces de decir una mentira.

Porque siguen pensando, y lamentablemente aciertan en la mayoría de las ocasiones, que muchos de los escuchantes aceptarán como verdad incuestionable todo lo que ellos digan.

Así, la vicepresidenta Calvo dijo que Casado y el Partido Popular tratan a la opinión pública, en la que se incluía, “como si fuéramos idiotas”. Ella, la que, junto al resto de los ministerios que coordina, ha dicho tantas falsedades o verdades a medias que no tendría tóner suficiente en mi impresora si tratara de relacionarlas.

El ministro Ábalos, el de las cuarenta maletas en Barajas, se atrevió a decir que su partido estaba “impoluto”. Desconozco si se refería al “Partido Sanchista ¿Obrero? ¿Español?”, porque si hablaba del PSOE, que tantos servicios ha prestado a España y a la democracia y lo digo sin entrecomillados ni segundas intenciones, es el que tuvo los tropiezos de Filesa, Malesa y Time-Export, el de los GAL, el que nombró presidentes de la Cruz Roja, de la Guardia Civil o de la Fábrica de Moneda y Timbre a personajes destacados que robaron de forma inmisericorde, el de los ERES, el de las connivencias con la UGT, su sindicato de cabecera, que han sembrado de escándalos buena parte de la geografía española, y el de tantos otros casos de desvíos de fondos o abusos de poder protagonizados por una parte de sus cargos públicos en autonomías y ayuntamientos.

Pese a lo cual y lo digo con toda seriedad, “era” un partido que valía la pena y que cometió el error de pensar, como ha ocurrido con todos los partidos longevos en el poder, que un hombre honrado lo es eternamente aunque pase mucho dinero o mucho poder por delante de su mesa.

Así que uno de los puntales de la democracia española, sí. Impoluto ni de lejos

Pablo Iglesias, siempre original, nos deleitó con su afirmación de que en España no hay normalidad democrática. Y posiblemente tenía razón si la compara con sus referentes tradicionales, Venezuela por convicción, Irán por conveniencia y ahora Rusia por ganar cuatro votos poco homologables entre los comunistas, los antisistema y algún que otro independentista confuso en las elecciones catalanas. O quizás, quien sabe, porque esté intentando un acercamiento con el régimen de Putin.

Que, como cantaba Antonio Molina,  el futuro es muy oscuro trabajando en el carbón.

El ministro Garzón, no le confundan con el ex magistrado que se ha convertido en un poder fáctico consorte en la sombra, afirma que las mascarillas PCR2 son menos seguras que las quirúrgicas. No sé de donde lo ha sacado y, de verdad, casi me daría miedo preguntárselo porque puede que se lo haya dicho alguno de sus extraños asesores sanitarios.

Lo único seguro es que este tipo de mascarillas atascan mejor que las quirúrgicas los aseos del hospital Isabel Zendal. Que no digo que sea él ni ninguno de sus correligionarios quien lo hace, pero alguien lo hará. Y es preferible utilizar mascarillas usadas que empapadores.

Mientras, el candidato Illa insiste en que no habrá tripartito con los independentistas. Y si lo propiciara porque fuera “lo más conveniente”, haciendo un gran sacrificio personal, la ministra portavoz de este gobierno, que de ninguna manera trataría a la opinión pública “como si fuéramos idiotas”, afirmaría sin ruborizarse, como hicieron con las promesas de Pedro Sánchez, que eso lo decía el “candidato” y que nunca lo había prometido “el presidente” .

Y como apunte tangencial, Podemos y otras firmas, entre las que figura la de Cristina Narbona, nada menos que la presidenta del Partido Socialista Obrero Español, ha pedido a la Comunidad Europea que perdone la deuda a España y a otros países.

Sin renunciar, por supuesto, a que nos sigan prestando dinero.

Soy consciente de que la Comunidad Económica Europea es, sobre todo, un gran emporio administrativo y burocrático, pero también hay cabezas muy bien amuebladas. ¿Qué pensarán de España y su gobierno viendo estas cosas?

Y digo yo si no sería posible que en la lengua de los cargos públicos se tatuara la antigua leyenda que se grababa en muchas espadas toledanas hace algunos siglos: “no me saques sin razón ni me envaines sin honor”

Aunque seguro que buscarían la fórmula de seguir haciendo lo mismo pareciendo que hacen otra cosa. Como acostumbran.

Y utilizarían, por ejemplo, la tercera acepción de la palabra “Argumento que una persona aduce para demostrar algo o convencer a otra persona de lo que dice”, en lugar de la segunda, la fetén, que define razón” como “Acierto, verdad o justicia en lo que una persona dice o hace

Lo cierto es que todas estas incongruencias me han hecho reflexionar y reconocer la gran astucia del presidente Sánchez y de la factoría Redondo.

Y la que, muy posiblemente, sea la razón que permita estos desaguisados y mantenga a su muy poco preparado vicepresidente.

¿Porque decidió cogobernar con Podemos? Es posible que su grupo de asesores, esos sí que son buenos, se dieran cuenta de que si metía a Pablo Iglesias en el gobierno y le daba cierta cancha, siempre que limitara sus poderes, como está haciendo, conseguiría dos objetivos:

Tener un interlocutor fiable para buscar acuerdos con los actuales apoyadores del gobierno sin necesidad de que él, el amado líder, visitara cárceles o se reuniera directamente con los pro etarras de Bildu.

Que el propio Iglesias sufriera un desgaste importante y creciente gracias a sus dichos y sus propuestas y, por añadidura, la formación Podemos. Con lo que conseguiría desarmar con el mínimo esfuerzo al enemigo “de siempre” del socialismo tradicional: el comunismo. Rebañando además una parte de sus votos.

Estrategia que le ha dado un excelente resultado porque en este momento, con los presupuestos aprobados, puede deshacer el pacto cuando le convenga y buscar sin prisas otros acuerdos con otras formaciones. Incluso, no diría que no, con la muy peligrosa derechona.

Claro que esta estrategia perjudica a la nación y a la convivencia pacífica de los españoles, pero no son temas que figuren entre las prioridades de nuestro presidente, más interesado en amortizar el colchón que hizo comprar nada más llegara  a la Moncloa.

Elecciones gallegas y vascas y las conclusiones que ha sacado un ignorante como yo.

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones en estas dos comunidades y los datos de resultados y participación me sugieren algunas ideas.

En primer lugar soy un convencido de que los resultados electorales de las comunidades apenas son extrapolables  porque concurren circunstancias que no tienen nada que ver con las nacionales. Creo que tienen más parecido con las municipales de grandes ciudades porque coinciden en que son entornos relativamente pequeños y porque, a diferencia de las nacionales, los votantes conocen casi personalmente a los candidatos y a gran parte de los componentes de las listas.

Por lo que las votaciones se basan mucho más en la confianza en los cabezas de lista y en su comportamiento en legislaturas anteriores que en promesas futuras. Y ambos, Feijoó y Urkullo “llegan” bien al electorado.

Otra de las características de estas elecciones es la baja participación. Muy especialmente estas últimas hasta el punto que el País Vasco han alcanzado un mínimo histórico. No puedo saber las verdaderas razones, aunque es muy probable que en este caso haya influido la amenaza del COVID19, pero seguro que hay otros factores.

Puede ser un exceso de confianza de parte del electorado de las dos comunidades, aunque  me atrevería a aventurar que en el caso del País Vasco siguen influyendo factores añadidos, como puedes ser un cierto temor histórico a “significarse” si se vota a partidos no nacionalistas y también un cierto desconcierto del electorado. Un no saber a quién votar.

Abstención que, digan lo que digan los perdedores que siempre se presentan como víctimas, favorece a los partidos con mucha tradición o a los radicales. No creo que nadie del PNV deje de votar y tengo la seguridad de que tampoco lo ha hecho un solo miembro o simpatizante de EH Bildu, incluidos muchos ex votantes del casi desaparecido Podemos  que habrán optado por apoyar a esta formación pro etarra.

Pero hay muchas otras lecturas:

Una de ellas es que el blanqueo continuado del gobierno  a partidos como EH Bildu ha favorecido su gran aumento de votos. El intento del gobierno central de conseguir apoyos para sus iniciativas a nivel nacional y para mantener a Sánchez como presidente ha hecho que partidos nacionalistas, especialmente los herederos de ETA, aparezcan como “reconvertidos” y hasta Otegui ha sido presentado como un “hombre de paz”.  

El mensaje era muy sencillo: EH Bildu y el resto de nacionalistas o antisistema “buenos” porque se estaban redimiendo. El PP y resto de la oposición “malos y perversos”  porque seguían siendo franquistas, corruptos y un peligro para las libertades.

Y han insistido tanto que han conseguido dirigir el voto a esa formación. Porque el PSOE apenas ha ganado en votos en ambas comunidades pese a ser el partido del gobierno de España. Los votos no han sido para el “blanqueador”, sino para el “blanqueado”.

La otra es la nueva posición de Podemos, consecuencia de la prepotencia de Pablo Iglesias, que ha laminado a todos los disidentes del partido,  a sus escándalos político-sexuales,  a su evidente cambio de estatus social y a sus muchos conflictos judiciales.

Y esto sí que es extrapolable porque Podemos es un partido con muy pocas referencias regionales, dependían de las “mareas” y los que les votan lo hacen mirando a su cúpula nacional. Parece muy probable que Podemos pierda gran parte de su electorado en las próximas elecciones generales y por eso harán lo que puedan, cederán lo que se necesite y apoyarán lo que haga falta a Sánchez para que el gobierno no se vea en la necesidad de convocarlas.

Le va en ello la supervivencia del partido y, sobre todo, el futuro político y personal de Pablo Iglesias. Futuro que es una verdadera incógnita porque está en una situación sumamente indeseable por inestable: tiene más poder que nunca ha tenido, pero el menor respaldo en votos de su historia de “renovador” de la política.

Es muy probable que Sánchez trate de mantenerlo porque lo necesita, pero no parece que tenga ninguna posibilidad de conseguir ayuda y comprensión en Europa llevando este lastre en la mochila. Veremos.

Y en cuanto a los blanqueos de los “imblanqueables”, las elecciones en Cataluña no se harán esperar. ¿Qué pasará con el PSC y ERC? Es probable que ocurra lo que en el País Vasco. Que el blanqueado resulte triunfador y el blanqueador no gane ni votos ni escaños. ERC gana, PSC pierde.

Mención aparte merece la ascensión insospechada del Bloque  Nacionalista Galego,  “el Galegista”. Mucho tiene que ver la imagen personal de Ana Belén Pontón y su discurso moderado, tan diferente al que mantenía en su día José Manuel Beiras. Puede que este partido, que defiende temas sociales bastante generales y un avance en las competencias de la autonomía, haya capturado una buena parte de los votantes moderados de Podemos que, como ha ocurrido en el País Vasco, no han ido a aparar al Partido Socialista.

Podríamos decir que es un discurso parecido al de Convergencia hace quince o veinte años, pero no hay que olvidar que los partidos nacionalistas españoles  nos han complicado mucho la convivencia. Con muy pocas excepciones, como la de la desaparecida Unión Valenciana de  González Lizondo, que nunca defendió un nacionalismo valenciano rupturista o excluyente.

Y la última impresión es que el triunfo personal de Feijoó obligará a una reflexión profunda en las estrategias del PP. Es cierto, repito, que los resultados autonómicos no son extrapolables a nivel nacional, pero también lo es que el talante y la forma de hacer política del renovado presidente es un ejemplo a imitar. Un modelo muy a lo Rajoy, al que le sobró, sin duda, el exceso de confianza en su equipo colaborador que al final resultó que buscaban más sus intereses personales que los del partido.

Todo ellos, los grandes patriotas y fieles al PP, menos Casado, desaparecidos “en sus cosas”.

Ignorancia, falsedad o simplemente mala praxis de algunos políticos. El caso de Pablo Iglesias y los fallecidos en residencias de ancianos.

Estos días, entre otros muchos despropósitos escuchados en el parlamento o en las famosas ruedas de prensa de los miembros del gobierno, hemos podido comprobar que el punto de mira de nuestro vicepresidente Iglesias, el que nos toma por tontos de capirote, es Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Y lo hace aprovechando el hecho incuestionable de que Madrid ha sido la comunidad con más muertos en residencias. Pero, como siempre, existen matices y nuestro Señor Iglesias trata de confundir a la opinión pública manejando datos reales, sí, pero deliberadamente tendenciosos.

El desgraciado asunto de los fallecidos en las residencias es un hecho lamentable que debe provocar muchas reflexiones sobre lo que fue y lo que pudo haber sido y es muy cierto que en un momento de colapso hospitalario se han cometido bastantes errores. Pero no es menos cierto que estos errores se han producido en todas las comunidades y siendo como es un asunto tan complejo y en el que se mezclan tantos factores, muchos de ellos técnicos y sanitarios, no me considero capacitado para tirar primeras piedras en ninguna dirección.

Pero hay dos hechos evidentes. Pablo Iglesias asumió en el primer momento el control de las residencias pensado que podría obtener réditos políticos. Y es una suposición basada en que las primeras informaciones achacaban las muertes a errores directos de las residencias privadas y algunos fallos de la Comunidad de Madrid.

Pero cuando se dio cuenta de la profundidad del charco en el que se había metido, paso a un plan “B” de quitarse de en medio y ni dicto norma alguna, ni visitó ninguna residencia, ni se le vio por ninguna parte.

El segundo sucedido es que una vez amortiguado el problema, el vicepresidente se subió al atril y comenzó a fabricarse un extraño protagonismo  de redentor de los fallecidos en las residencias de Madrid, no de toda España, basado en falsedades o medias verdades.

Lo cierto es que no le considero ningún lumbreras, pero si un político de gran nivel que cada vez está cayendo con más frecuencia en el error de suponer que todos menos él somos tontos. Y lo demostró ayer mismo cuando en rueda de prensa dijo que cuando habla como  secretario de Podemos es partidario de la desmilitarización de la Guaria Civil, pero que como vicepresidente no puede pronunciarse. Olé tu gracia.

Y un ejemplo evidente de esta manipulación son las cifras oficiales que se manejan sobre los fallecidos en residencias.

Ningún pero a que el mayor número de fallecidos corresponde a la Comunidad de Madrid. Ni tengo claras las razones ni se me ocurre creerme con suficiente capacidad para entender todas las variables que han coincidido en un hecho tan lamentable. Pero Madrid fue la  gran protagonista del contagio y los fallecimientos.

Pero está claro es que esta desgracia también ha afectado a otras comunidades hasta el punto que en alguna de ellas el 90% de los fallecidos han muerto en residencia. Y este es el dato que omite: El que la comunidad madrileña ha sido la octava en tanto por ciento de fallecidos sobre el total de fallecidos, detrás de otras como Aragón, Navarra, Extremadura, Castilla la Macha, Castilla y León, Cataluña y Asturias.

¿Y por qué lo hace? Por mantener viva una moderna “batalla de Madrid” esta vez incruenta, en la que se enfrentan dos modelos antagónicos de gestión: el social-proteccionismo y el liberal. Y por eso Iglesias centra sus críticas en esta comunidad. No importa que otras gobernadas por el PSOE o por el PP tengan peores datos objetivos. Ayuso y su modelo de gestión es el enemigo a batir y cualquier argumento es bueno

Ocultación de datos  tan falaz como cuando se ocultaba, se sigue ocultando, que el tanto por ciento de fallecidos sobre el total de población española es el más alto del mundo al mismo tiempo que presumen de resultados bastante discutibles en los que se adjudican méritos que no les corresponden.

Decía que nunca he considerado a nuestro vicepresidente ni un intelectual ni un “lumbreras” porque no lo es. Es cierto que está licenciado en Ciencias Políticas, pero no es un referente en la materia ni se le conocen más actividades que la docencia y  liderar movimientos de mini-masas. Ninguna en gestión ni en organización aunque, eso sí, es un político de primer nivel y con mucha escuela, especialmente capacitado para sacar partido a todo lo malo de nuestra sociedad.

Pero estoy seguro de que sus conocimientos y los de sus asesores le llegan para hacer cuatro números, como he hecho yo, partiendo de algunos datos oficiales.  

¿Hasta cuando tan mal rollo y tanta desfachatez?

*Datos he obtenido de TVE que cita como fuentes “Elaboración propia, Ministerio de Sanidad, Consejerías de las CC.AA.” en un artículo titulado “Radiografía del coronavirus en residencias de ancianos: más de 19.400 muertos con Covid-19 o síntomas compatibles”

Las salidas de pata de banco del Señor Iglesias

Ayer, tras escuchar a unos y otros, me reafirmo en que España es un gran país y con unas estructuras orgánicas y democráticas muy sólidas. Inamovibles. Y me explico:

Nada menos que un vicepresidente del gobierno con aires antisistema y que no cree en absoluto en la separación de poderes, hizo unas declaraciones tachando poco menos de prevaricadores  a los jueces que habían sentenciado a Isa Serra. Pero, por mucho que diga lo que no debe decir, la judicatura tiene una solidez incuestionable y ha actuado como debe. Bien entendido, por supuesto, que la sentencia es recurrible porque así debe ser para garantizar los derechos de los enjuiciados.

El segundo apunte es el mal ejemplo, el muy mal ejemplo que está dando el Señor Iglesias y la falta de respeto al gobierno que representa cada vez que habla. No es de recibo que se ponga chaqueta nueva y utilice los medios del Estado, como es la estructura del gobierno, para atacar a otro de los poderes, en este caso al Poder Judicial. Pero ocurre que este señor no tiene ni tino ni medida. Y no tengan la menor duda que con estas galladas acabará con el propio gobierno.

Un señor que juró guardar y hacer guardar la Constitución sin ninguno de los matices ni fórmulas rocambolescas que suelen utilizar los de su partido y de algunos otros. Y la Constitución, como sabe muy bien, define muy claramente la separación de poderes, aunque es fácil de entender que esta es una doctrina inasumible por los partidos comunistas cuando en sus planteamientos contemplan la subordinación de la justicia “al poder”.  Aunque ellos le llamen “al pueblo”. Teoría que tiene derecho a  defender, pero no desde el puesto que ocupa.

Claro que, muy hábil él, ahora se nos ha hecho constitucionalista, pero “de partes”. De los que eligen el artículo que le conviene y lo utiliza como si la Constitución no fuera un todo y cada artículo pudiera separarse de todos los demás.

En cuanto a disentir de la sentencia, su partido sí. El Señor Echenique  puede opinar lo que quiera sobre las sentencias como también podemos opinar el resto de los españoles.

Pero lo que ninguno de los dos puede hacer es mentir como lo están haciendo. Ambos están afirmando que su correligionaria había sido condenada por “protestar por un desahucio” y esta afirmación es absolutamente falsa. Una mentira. El clásico bulo de los que quería protegerse el gobierno, curiosamente por iniciativa de su ala más izquierdista.

Isa Serra ha sido declarada culpable de  los delitos de atentado, lesiones leves y daños. Hechos probados, como también lo han sido los gravísimos insultos y las amenazas a varias mujeres policía. Feminista ella.

Así pues, Sr. Iglesias, no mienta cuando se ponga delante de un micrófono y convénzase de una vez de que sus bravatas, amenazas y mentirás no harán ninguna mella en el edificio del Estado. En el gobierno sí porque conseguirá romperlo  y en su partido también porque toda esta prepotencia y cerrazón acabarán arrimándole a la cuneta de la política como ha ocurrido con tantos otros dirigentes comunistas de nuestra historia reciente.

Porque si quiere cambios en España no trate de utilizar atajos ni lanzarnos diatribas de ceño fruncido. Haga lo que debe hacer: Consiga votos.

14 de abril. Día de la República. Y un anexo dedicado a Pablo Iglesias

Hoy es el día de la República, forma de Estado que me parece perfectamente legítima y que funciona muy bien en los países con tradición republicana, como Francia, Alemania, Italia y otros, y funcionó muy mal, por ejemplo,  en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas donde el título era puramente decorativo porque allí gobernaba el Soviet Supremo que pronto se convirtió en una casta dominante que actuaba como una dictadura.

Cuando, curiosamente, se constituyó como un órgano de gobierno de democracia representativa, como tenemos actualmente en España, porque el Soviet Supremo se componía con los representantes de los soviet de cada república.

Pero también hay países muy adelantados, democráticos y prósperos que tienen a la monarquía como forma de Estado, como Gran Bretaña, los Países Bajos, los Países Nórdicos, y también España, por ejemplo. Repito: países prósperos y democráticos como lo es España digan lo que digan los detractores profesionales.

Y si nosotros tuviéramos alguna carencia en democracia y libertades, que hay pocas, sería culpa de los sucesivos gobiernos y no del Rey.

En la actualidad, la diferencia de que una nación tenga una u otra forma de estado es prácticamente irrelevante porque en los países monárquicos los reyes no gobiernan.

Son monarquías representativas y todas las funciones ejecutivas las tienen los gobiernos de turno, reservando para los reyes un papel de mediador entre partes si surgen diferencias entre partidos y de ser la figura de máxima representación institucional de estos países en el exterior.

Y eso también ocurre en Alemania o Italia, por ejemplo pero no en Francia y los Estados Unidos donde el Presidente de la República es también el que tiene el poder ejecutivo.

Y dicho esto, lo que me parecería impensable es que ninguna nación estable y organizada en su forma de Estado pretendiera cambiar de Monarquía a República o viceversa. Provocaría una confrontación muy grande y una confusión entre la ciudadanía de dimensiones incalculables.

Por lo que, respetando historias y tradiciones, mejor “no meneallo”. Y lo digo por España en donde hay una mayoría de republicanos que de muy buena fe rememoran sus tiempos o su forma de Estado preferida, y  otra que está empeñada en romper la estabilidad del país cueste lo que cueste.

Y costaría mucho. En España, por ejemplo, donde no tenemos tradición republicana, la elección de presidentes sería, como es lógico, por votación popular, y saldrían los mismos que están saliendo como presidentes de gobierno: Aznar, Zapatero, Rajoy, Sánchez.

¿Se imaginan la tranquilidad que tendríamos y como respetarían los partidos políticos a un Presidente de la Republica de otro partido? Porque ni pensar que aceptaran la candidatura de un independiente de pata negra.

Ocurriría lo que ocurre con los Jueces del Supremo o del Constitucional. Los mirarían con microscopio, no para ver si son independientes, sino para tratar de proponer a personas con plumaje parecido a los de cada partido.

Y si nos referimos concretamente a las Repúblicas españolas, hay que precisar que para los republicanos la primera “no existe”. No se habla de ella porque terminó como el “rosario de la aurora”, con intentos de segregación de algunas provincias, con ciudades cantonales declarando la guerra a otras ciudades cantonales y otros disparates de semejante calado.

En cuanto a la Segunda República, ¿de qué “bienio” estamos hablando? Porque el primero, el mejor, el de Azaña, también tuvo enfrentamientos importantes entre la Izquierda Radical y los Socialistas- Azañistas, pero pudo sacar leyes que modernizaron algo al país, pero el segundo, el de Alejandro Lerroux, de Izquierda Republicana Radical,  coaligado con la derecha católica, la CEDA de Calvo Sotelo, fue una auténtica contrarreforma del primero porque se anularon parte de lo conseguido por Azaña. Hasta el punto que fue apodado como “el bienio negro” por la izquierda del país.

Y el tercero, el de la coalición de izquierdas que duró unos meses, el del “Frente Popular”, arrancó mal, siguió con disturbios y toma de las calles por quien quisiera tomarlas y acabó con una guerra civil. Ya sé que la guerra comenzó por una revuelta militar que no justifico, pero tampoco hay que olvidar que parte de la ciudadanía la apoyó por la inseguridad ciudadana que estaban padeciendo.

Pero todos ellos, los tres, forman parte de la historia de la Segunda República. No fue la República de Azaña como parece querer transmitirnos. Los tres bienios fueron republicanos.

Así que, amigos republicanos, todos mis respetos para vuestras ideas, pero mejor dejemos las cosas como están. Creo sinceramente que es lo mejor para todos.

Y un consejo para los jóvenes: no os dejéis llevar por idealizaciones románticas ni por cabalgatas de “reinas magas”. No creáis todo lo que os dicen. Buscad literatura imparcial y leed. La República, repito, es una forma de gobierno digna, democrática y muy respetable, pero en España resultó una experiencia más bien desastrosa. La primera República duró once meses y la segunda cinco años.  Es decir, España ha vivido seis años de República, de los cuales solo uno fue relativamente tranquilo e ilusionante. No parece muy buena experiencia.

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Acabo de conocer un comentario de Pablo Iglesias, el Vicepresidente, en el que “ha cuestionado este martes el régimen constitucional de 1978 y ha defendido uno republicano donde el jefe del Estado jamás se vista de militar» y donde «mande el pueblo y no el poder económico».

No me meto en lo del uniforme porque cada uno tiene sus fobias, aunque no conozco a ningún régimen comunista en el que el jefe del gobierno o del estado, o el que mande, no tenga un ejército poderoso que solo está a sus órdenes.

Pero en España no manda el poder económico. Mandas tú y 349 diputados más. Otra cosa es que tú u otros diputados cedáis u os dejéis convencer por el poder económico, por el poder religioso, por la iglesia, por el feminismo, por los sindicatos o por regímenes como el de Maduro, por poner unos ejemplos.

Pero no juguéis con las palabras, como es habitual, ni desvirtuemos los hechos. Vosotros estáis ahí porque os hemos votado y solo vosotros, nadie más, es responsable del “quien mande”.

Si fuéramos una República y siendo como seríais los mismos congresistas, ¿no tendrían la misma fuerza el poder económico, el poder religioso, la iglesia, feminismo, los sindicatos o los regímenes como el de Maduro?

¡Anda ya! Milongas y palabrería.

Y si ese es el gran argumento que tenéis para defender la República, me alegro de haber publicado la nota que he puesto en Facebook hace unos minutos.