La inviabilidad de la república catalana

La suerte está echada y la historia juzgará a los irresponsables que han llevado a una región tan importante como Cataluña a una situación tan absurda como inviable. Y los juzgará como villanos, no como los héroes que pretendían ser.

Pero ahora entramos en un periodo, seguramente muy largo, en el que tenemos que recuperar la normalidad y poner las cosas en su sitio. Decía ayer en Facebook que “boicotear productos catalanes es una medida muy desafortunada porque hay muchos catalanes no separatistas, la mayoría, porque la globalización hace que muchos productos tengan componentes de fuera de Cataluña, y porque se trata de construir y no de agrandar el conflicto. Cataluña sigue siendo tierra española por mucho que le pese a los promotores de este lio”.

Nos espera una larga temporada en la que el sensacionalismo campará por sus respetos, y en la que las emisoras de radio y las televisiones conseguirán abundante material a precio de saldo llenado los espacios con anécdotas puntuales sobre sucesos y sucedidos. Veremos a un nacionalista insultando a un españolista, a un españolista atacando a un separatista, a un mosso discutiendo con un policía, a unos y otros quemando banderas o fotos del Rey, etc.

No olvidemos que somos muchos millones de españoles, también son millones los catalanes, y que locos y gente que comete locuras “haberlo hailos”. Y que estas situaciones de inestabilidad excitan a los que se sienten importantes diciendo tonterías. Los que buscan su minuto de gloria.

Que esto no tiene la mínima posibilidad de prosperar lo sabemos la mayoría de los que tenemos los pies en el suelo y conocemos cuál es nuestro entorno, Europa, pero los independentistas están muy organizados y ejercerán una presión brutal en las calles y en las redes sociales. Actuarán como esos animales, dicho sin ánimo de ofender, los gatos, por ejemplo, que erizan los pelos y “se engordan” artificialmente para parecer más peligrosos de lo que realmente son.

Mucha paciencia y no contribuyamos a ampliar las grietas abiertas entre los catalanes, y entre Cataluña y el resto de España. Les haríamos el juego.

No hace falta exhibir banderas españolas ni cantar “soy español, español…”. Nosotros lo somos y ellos también lo son, por mucho que les pese, de la misma forma que un hijo desciende de sus padres por mucho que insista en que ha nacido de otra madre.

Yo reconozco que España es mi nación, mi patria, pero no refuerzo mi sentimiento patriótico portando banderas ni colgándolas en mi balcón, porque me parece una forma de marcar diferencias con otros españoles, que también lo son, o una forma de utilizarlas como arma arrojadiza. Me basta con verlas en las fachadas de los edificios públicos y me gustaría verlas, esos sí, en los colegios públicos y privados. Porque nuestros niños, luego jóvenes, saben poco de nuestra forma de gobierno y del contenido de nuestra constitución.

Menos cuando juega una selección deportiva española, por ejemplo, porque, en ese caso, la bandera es símbolo de unidad entre personas de toda índole y condición que manifiestan una coincidencia de intereses.

Escondamos pues las banderas y dejemos trabajar al Estado y a los responsables de rectificar esta anomalía en el plazo más corto posible y con los menores daños colaterales.

Sufrimiento habrá, y mucho, pero no olvidemos que el tren que han puesto en marcha en Cataluña ni siquiera puede salir de la estación. Veremos manifestaciones y mucho ruido, pero el poder real lo tiene el estado que, sin duda, ejercerá su autoridad.

Un ejemplo simple para los románticos crédulos. En cuanto el BOE publique la destitución del President y de su gobierno, los dirigentes catalanes podrán contar con muchos mossos para que les defiendan de la Guardia Civil o de La Policía Nacional, fuerzas opresoras e invasoras, pero ni siquiera hará falta tener prisa en detenerles si algún juez lo ordena. Bastaría, digo yo, con que les retiren el poder de firma y ordenen a los bancos que bloqueen cualquier orden de pago que no proceda del Ministerio de Hacienda.

Tengo la absoluta seguridad de que ninguna entidad incumpliría la orden del gobierno de la nación. Y llegado a este punto, ¿cómo podría sobrevivir un gobierno sin financiación y “sin poderes”?

Lo realmente increíble es el número de catalanes que han creído en los cantos de sirena de unos dirigentes insensatos y falaces. Falaces porque ellos son los primeros en saber que todo esto no deja de ser un drama en dos actos, el de la proclamación y el del retorno a la normalidad democrática.

Que yo conozco a muchos de ellos y doy fe de que son gente con cabeza. Seguramente han creído parte del “España nos roba” o, simplemente, han pensado que la Generalitat estaba tensando la cuerda para conseguir mejor financiación, sin esperar semejante desenlace.

En fin. Ellos se han equivocado y también serán los primeros en sufrir las consecuencias. Y espero que la famosa mayoría silenciosa despierte de una vez, y recupere un espacio que han ocupado, porque se lo han dejado libre, los populistas y los nacionalistas.

Yo he seguido en directo toda la sesión desde un pueblo de Valencia, y he escuchado una traca cuando se ha aprobado la propuesta de independencia ¡Cuanta pedagogía hace falta entre la ciudadanía, especialmente entre los jóvenes! Luchar contra el sistema y por las ideas de cada uno sí, pero desde “dentro”. Porque “fuera” hace mucho frio y no hay ninguna posibilidad de sobrevivir.

Día trise, pero también de esperanza porque todos estos sucesos nos forzarán a reconsiderar algunos conceptos que teníamos olvidados.

Calma y paciencia. Visca Catalunya. Viva España.

Son otros tiempos y la mentira muchas veces repetida no se convierte en verdad.

He visto en Facebook un vídeo compartido por Dolors Matilló en la que un señor, al que no puedo identificar, pronuncia unas palabras sobre la situación de Cataluña. Como siempre: bonitas palabras para envolver el regalo envenenado del mensaje. España es la mala dela película, las fuerzas del orden son brutales por naturaleza, y todo lo que ocurre, incluida la fuga de bancos y capitales de Cataluña, son maniobras del gobierno, mejor del Estado porque incluye al Rey en el complot.

La Caixa, santo y seña de Cataluña que jamás se metió en política en toda su historia, y el Banco de Sabadell son totalmente libres de tomar sus decisiones. Es más. Fueron ellas, junto a otras grandes empresas catalanas, las que pidieron al gobierno que aprobara el decreto que permite cambiar las sedes sociales sin necesidad de que lo aprobaran sus juntas generales. Esto no es una opinión, es un hecho comprobado y reconocido.

E “ainda mais” que diría algún amigo gallego. El acogerse al decreto, suponiendo que lo hubiera creado el gobierno por su cuenta, era una decisión voluntaria de todos ellos. Y todos lo han aprovechado.

Porque ambas entidades y muchas otras empresas importantes de Cataluña no podía hacer frente a una junta de accionistas en semejante situación. ¿Se imaginan como hubieran estado las calles alrededor de sus sedes? Lo más probable es que hubieran invadido sus salones de actos. Y, como es natural porque forman parte de la estructura del Estado español, pidieron su protección en forma de decreto.

Y lo hicieron porque todos estos empresarios conocen la verdad y no aceptan los mensajes de “jaujilandia” lanzados una y otra vez por los responsables políticos de Cataluña, al estilo del que lanza este señor. La verdad demostrada es que a Cataluña no iban a venir los bancos en tropel, y fuera del Europa y del euro no hay vida económica. Y tenían que proteger los intereses de sus clientes, de sus accionistas y de la propia Cataluña.

¿Qué el día uno hubo violencia en las calles? Claro que sí. Y quizás, en alguna medida, innecesaria. Pero los que “empujaron” a la revuelta fueron los que fueron, porque necesitaban imágenes como las que se produjeron. Y si no consiguieron suficientes o suficientemente violentas, no dudaron en utilizar otras cargas, incluidas las de los mossos en 2012. Que algunos nos fijamos en los uniformes y sabemos distinguir.

Pero lanzar la idea de que los únicos malos de la película fueron las fuerzas del orden, es como suponer que la que causó la pantanada de Tous fue una señora imprudente que tiró un cubo de agua al pantano y, como estaba lleno, hizo que se desplomara la presa. ¡Qué somos mayorcitos y podemos pensar! ¡Que es una estrategia de muchos años y muy bien planificada!

Y luego lo de Franco. ¡Que pesadez! Pero comprensible. Los demagogos y populistas necesitan comparar sus bondades con la maldad de “los otros”. Ya se está agotando el discurso de la corrupción, maldita corrupción, y necesitan algo más. Solución: encontrar similitudes entre el gobierno del PP y lo que hubiera hecho Franco.

Señores historiadores de “a cien”. Con Franco no hubiera pasado nada de todo esto, porque, como he dicho otras veces, habría mucha gente en la cárcel, a modo “preventivo”, y tanques por las calles. E incluso es posible que las calles de Barcelona se hubieran llenado de gente con banderas españolas. Que yo lo he visto.

Reescribir la historia es fácil si te diriges a quien no la conoce o no la ha vivido.

Y es que, aunque parezca mentira, la gran mayoría de los españoles no necesitamos a Franco y hemos encontrado una manera pactada de convivir en democracia. Los de algunos partidos de izquierda, los extremistas y los antisistema, sí. Deberían ir en peregrinación al Valle de los Caídos para agradecerle lo mucho que hizo por ellos.

El Estado y la brutalidad de los agente del orden en Cataluña – ¿Tu quoque PSOE fili mi?

Es un hecho que la Vicepresidenta Soraya Sáenz forma parte de la cadena de mando que decidió desplazar Policía y Guardia Civil a Cataluña, y que lo hizo porque el mandato del fiscal, luego del juez, no se podía cumplir “solo” con los Mossos y necesitaban refuerzo.

Luego resultó que los Mossos se hicieron a un lado y les dejaron solos, pero esa es otra historia.

De lo que ocurrió allí tengo una impresión bastante clara a la vista de las imágenes, que difiere de las versiones “oficiales” de organismos tan objetivos como la propia Generalitat, Òmnium Cultural, Junts pel Si, etc. Pero no quiero entrar en los detalles negros de la jornada.

Lo evidente es que las fuerzas de orden público demostraron una profesionalidad ejemplar porque eran grupos relativamente pequeños que resistieron empujones, insultos y agresiones de cientos, y en algunos casos miles de exaltados.

Que la sangre no llegó al rio por parte de las fuerzas de orden se demuestra por el número real de heridos atendido en hospitales. También se atenderían pequeñas lesiones en las ambulancias de cada zona, pero, en cualquier caso, seguro que las cifras definitivas son muy inferiores al número de “perjudicados” que dijeron a quien quiso oírlos que les habían medio matado, incluso, en algún caso, con agresión sexual. ¡Como le gusta a Ada Colau comentar y divulgar lo de las “agresiones sexuales”! Será que los policías, cien contra tres mil, tuvieron tiempo suficiente para machacar, saquear y violar, como se dice que ocurría en las guerras de Flandes, cosa que nunca afirmaré porque yo no estaba allí.

En cuanto a los manifestantes, y pese a la extrema exaltación del momento, casi digo lo mismo. Tres mil manifestantes podrían haber linchado a los agentes y no lo hicieron. Es cierto que insultaron y transgredieron la ley muy gravemente acosándoles y destrozando bienes públicos, sus vehículos por ejemplo, pero tampoco se produjeron heridos de consideración entre los agentes que intervinieron en las operaciones.

Mi conclusión es que el PSOE, y en su representación Pedro Sánchez y Margarita Robles, proponen reprobar a la vicepresidenta a costa del honor y la buena imagen de los agentes desplazados. Porque si ella no les mandó a “a escarmentar” a los manifestantes, y seguro que no fueron esas sus instrucciones, y se produjo algún incidente, la conclusión del silogismo es que fueron los agentes, por su propia iniciativa, los que se desmadraron con los ciudadanos que ocupaban las calles pacíficamente, cantando himnos de paz al estilo de los antiguos hippies. No sé. Puede preguntar a sus escoltas, miembros de los mismos cuerpos represores, por si “saben algo”.

Y la que nos anunció la propuesta fue la enfática Margarita Robles, juez de profesión.

También yo tengo una propuesta: por lo que recuerdo, Pedro Sánchez es hombre muy dado a ponerse en situación en casos especiales (yo le he visto jugar al baloncesto en silla de ruedas con discapacitados, por ejemplo), y no creo que tenga ningún inconveniente en ir a Barcelona, equiparse con uniforme de antidisturbios, e ir con los agente a cumplir algún mandamiento judicial.

Y si quiere asegurarse mejor de la brutalidad de los agentes, puede ponerse en primera fila y llevarse como testigo, también uniformada por si acaso, a Margarita Robles.

Me temo que no lo hará. ¿Uds. creen que sí?

Al margen. Hoy he vuelto a escuchar en la radio las justificaciones de Ábalos para la reprobación. ¡Dios mío! ¿Alguna vez podríamos pensar que escucharíamos semejantes simplezas? Definitivamente, y no tengo más remedio que terminar así gran parte de mis reflexiones, están absolutamente convencidos de que somos tontos.

Y sigo sorprendiéndome de que sea el PSC quien dirija la estrategia del PSOE en Cataluña. Ellos están allí desde hace muchos años y, francamente, no parece que sus actuaciones hayan sido especialmente brillantes. Y por cusa de uno de los males de la modernidad política: la equidistancia.

La estrategia de la cúpula de poder en Cataluña – El movimiento sinfín.

Se precipitan los acontecimientos y ayer fue un día de grandes contrastes:
Gran movilización en Cataluña, prevista en la estrategia rupturista, continuación de los acosos a Policía y Guardia Civil, tan injusta como incomprensible si no fuera porque es el propio Gobern el que la estimula, anuncio del PSOE de que va a promover la recusación de la Vicepresidenta, y el discurso del Rey.

Mis impresiones:

En primer lugar, estoy convencido de que Cataluña ha entrado en un proceso revolucionario totalmente incontrolable por sus dirigentes políticos. Ellos creen que la gente les sigue, pero si intentarán decirles “todos a casa porque hemos llegado a la conclusión de que la desconexión es imposible”, toda esta gente a la que han movilizado durante los últimos años, no les obedecerían. Se sentirían defraudados y engañados. Y volverían sus iras contra el famoso balcón de la Generalitat.

Lamentablemente estoy convencido de que la solución final pasará por la aplicación del 155 y reconducir políticas y acciones sociales en Cataluña para que los propios catalanes se reconozca entre si como hermanos con intereses comunes, y que el conjunto de los catalanes comprueben que lo mejor para todos es fijar un rumbo común hacia el futuro con el resto de comunidades españolas. Como hasta ahora. Costará mucho, pero los años pasan muy rápidamente y tenemos el ejemplo de lo ocurrido en el País Vasco.

En cuanto a la campaña de descrédito montada contra la Policía Nacional y la Guardia Civil, no es de recibo ni sería lógica si no fuera porque, como es evidente, viene impulsada desde la Generalitat. Los agentes se han portado con una paciencia extraordinaria y, salvo algún caso aislado que nunca ha sido especialmente grave, no han hecho más que demostrar su gran profesionalidad. Ellos fueron a Cataluña en apoyo de los Mossos, y obedeciendo órdenes judiciales.

Como he dicho antes, el primer culpable es la propia Generalitat, pero hay una responsabilidad secundaria muy grave, de los propios Mossos. Todo esto no hubiera ocurrido si hubieran colaborado, o si, ocurrido el primer acoso y por muchas órdenes que tuvieran, hubieran salido en defensa de los que, en teoría, son sus compañeros en la defensa del orden público.

Y permitir, e incluso fomentar, que se les tache de criminales y fascistas es una gran villanía. ¿Acaso no nos acordamos de los incidentes grabados en algunas comisarías “d’els mossos” por orden judicial en la se veían imágenes de torturas a detenidos? Sobre la supuesta violencia empleada en reprimir manifestaciones no opino porque, como ocurre en este caso, hay que estar allí para saber lo que realmente ha ocurrió. No sea que les acuse injustamente de romper los dedos de una manifestante, uno a uno, y de tocarle las tetas.

Lo del PSOE es de nota. Que en un momento como este quieran conseguir votos en Cataluña a costa de la imagen de las fuerzas de orden público que, insisto, estaban cumpliendo mandatos judiciales, es algo absolutamente inexplicable. Puede que el PSC gane votos catalanes, pero pueden estar seguros de que el PSOE perderá muchos otros en el resto de España. Y que, otra vez, fragmentarán al partido.

Oyendo a Ábalos estos día pasados era evidente que estaban preparando “algo”. Algo que no comentaron en la ejecutiva de ayer, por cierto. Y cuando vi a la pizpireta una veces, severa otras, Margarita Robles, anunciando la medida frunciendo los labios con aire enfadado, como suele hacer en las grandes ocasiones, recordé que era juez y que en su momento dictaría instrucciones a las policías judiciales. Por cierto. Antes de que me acusen de machista recuerdo que el diccionario reconoce como pizpireta a la mujer “Que es simpática y de carácter vivaz y alegre”. Es un adjetivo calificativo nada ofensivo. Más bien elogioso.

Y, ella, mejor que nadie, debería saber que las órdenes de los jueces y fiscales de Barcelona iban a ser muy difíciles de ejecutar, porque eran cientos de miles contra pocos, con el riesgo añadido de las dudas que generaba la posición de los Mossos d’Escuadra.

Seguramente es porque cuando entran el política les lobotomizan para borrarles los recuerdos de su vida mortal. Aunque, ahora que caigo, ella no está afiliada al Partido Socialista.

Y luego está, como nota positiva, la intervención del Rey, en sus funciones de Jefe del Estado.

Estos días, hablado de las vaguedades y los eufemismos de los políticos reclamaba: “Y no me vengan con la monserga de “dialogar”, “cambiar la Constitución”, y otras generalidades. Puntos concretos, por favor, que nuestro cerebro, el de los votantes, tiene la misma capacidad de asimilar conceptos que el de Uds. los políticos. Aunque no se lo crean.
Y también decía: “En cuanto a los ciudadanos ¿han comprobado cómo crecen las equidistancias? El “no mojarse” ha comenzado a ser deporte nacional y el “sí pero” actúa como un teórico tapa traseros que, en el fondo, deja en muy mal lugar a los equidistantes. ¿Tan difícil es decir lo que se piensa?»

Resulta que ayer escuché, después de mucho tiempo, un mensaje claro, directo, sin posibilidades de dobles interpretaciones, en el que explicó quienes era “los malos”, y las razones para adjudicarles ese honor.

Muchos estarán en desacuerdo por su propia naturaleza: los separatistas, comunistas, republicanos y/o antisistema, porque el no aceptar ni los “buenos días” del “ciudadano Felipe” va en su ADN. Pero los otros, todos los demás, que somos la gran mayoría de los españoles, le entendimos y se lo agradecimos.

Espero que el gobierno siga la senda trazada por el Rey. Seguro que lo hará porque, por cortesía y por respeto a los papeles constitucionales, el Rey no dice nada que no haya sido conocido previamente por el gobierno. Y, habitualmente, consensuado.

Y luego, como nota al margen, manifiesto mi desconcierto por las posiciones y manifestaciones de algunos catalanes, de los que no desconfío, pero que me han sorprendido negativamente.

Y cito, por ejemplo, el comentario de Ferran Adrià, catalán practicante y hombre muy querido y reconocido en toda España, que se declara europeo y sugiere, como solución al conflicto, una mediación de la Comunidad Europea entre “Cataluña y España”. O eso ha dicho algún medio de comunicación.

Ferrán: afirmas con razón que eres europeo y lo eres, como yo o como uno de Salamanca, porque eres español Y España pertenece a la Comunidad Europea. Y pertenece porque tiene plenamente reconocido que es un estado democrático y porque tiene una constitución que enmarca las leyes y avala la veracidad de su democracia.

Escucharle esta sugerencia es tanto como temerme que no conoce las reglas del juego. Si la Comunidad Europea aceptara una mediación, estaría reconociendo lo imposible de reconocer: que España no es democrática, que la constitución no es nuestro marco legal, y que ir contra la ley y/o tratar de romper la unidad de las naciones, en este caso la española, es un derecho de los ciudadanos de cualquier país europeo. Y le recuerdo que movimiento independentistas los tienen en Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña (Todavía europea), Holanda, etc., etc.

Y escuchar la propuesta de Ferran Adría, persona a la que no conozco personalmente pero que, insisto, admiro, respeto y me parece serio y honrado, me produce una gran tristeza porque demuestra, sin lugar a dudas, que la propaganda de la “cultura catalana” impartida por los últimos gobiernos durante muchos años, ha calado hondo.
Incluso en personas de cierto nivel cultural y apertura de miras, como él mismo, Piqué, y algunos otros.

¡Cuánto trabajo queda por hacer!

El Sr. Marhuenda y otras cosas de Cataluña

El director de La Razón, Sr. Marhuenda, pidió en twitter que no se cruce la «X» de la iglesia en las declaraciones de la renta porque una parte del clero catalán se ha declarado pro referéndum. A mí me duele mucho que lo hagan, porque representantes de la iglesia no debería meterse en esos berenjenales, pero hay muchos periodistas y columnistas manifiestamente impresentables, y no hago campaña para que no se compren periódicos. Que todos somos mayorcitos y cada uno es responsable de sus propias decisiones.

Supongo que esta súbita beligerancia con las flaquezas del clero no tendrá nada que ver con que no le hayan renovado como tertuliano de la 13TV, la emisora de la iglesia. Y, según dijo, “de muy malas formas”.

Dicho sea como comentario al margen, los misioneros católicos siempre defendieron y siguen defendiendo la identidad de los pueblos indígenas, sus idiomas y sus costumbres, contra la voracidad de los colonizadores, pero, repito, se trata de poblados indígenas, a años luz de la potencia destructora de sus depredadores naturales: el capitalismo.

No es el caso, ni mucho menos, del pueblo catalán, por lo que tampoco entiendo que desde algunos púlpitos se trate de defenderlos de no sé qué persecuciones. Tenemos las mismas raíces, los mismos genes, apellidos cruzados, hablamos una lengua común más el catalán en Cataluña, pagamos impuestos similares, nuestra cultura es greco-romana, nuestro Cristo es un cristo universal, y las vírgenes catalanas más celebradas, La Mercé y la de Montserrat, son advocaciones de la misma Virgen María que se venera en cualquier pueblo de España. ¿Esperan acaso que la Virgen de Montserrat sea la protectora de los independentistas? Si es así, “deberían hacérselo mirar”, como diría un catalán de solera.

Pueden discutirse aspectos fiscales, culturales y hasta políticos, pero ¿religiosos? Me temo que en alguna de esas parroquias, muy pocas y con párrocos extremistas, solo se desee la paz “als bons catalans”. A los demás “¡bon cop da falç!”. Que curas trabucaires no han faltado en nuestra España negra. La de las guerras y las revoluciones.

Pero eso es cosa de cada uno. Ellos sabrán por qué lo hacen y supongo que sus feligreses tampoco son borregos que les obedecen a pies juntillas. En nuestras parroquias, cada domingo, nos predican la necesidad de practicar el bien, la solidaridad, la tolerancia, el amor fraterno y la caridad y, lamentablemente, tampoco hacemos mucho caso.

Abundando en el mestizaje, esta mañana he escuchado en una emisora de radio que ninguno de los veinte primeros apellidos más frecuentes en Cataluña tiene raíces catalanas. No me lo he creído y he consultado el “Institut d’estadística de la Generalidad de Cataluña”. ¡Resulta que es cierto!. No sé qué puesto ocupará en esta estadística oficial el primer apellido catalán, pero él último de los veinte primeros, los únicos que se presentan en esa tabla, es Álvarez. Y el mío, Martínez, ocupa el segundo lugar.

En otras fuentes estadísticas el primer apellido verdaderamente catalán, Vila, ocupa el puesto número veinticinco. ¿De que raíces, culturas, derechos robados y privilegios están hablando? ¿Los de los pobladores actuales apellidados García, Martínez, López, Sánchez, o Rodríguez? Cualquier ciudadano de otra comunidad histórica, histórica de verdad, no la definición que de este término hacen los políticos, mantiene mucho más apellidos con solera que la Cataluña actual. La del Siglo XXI.

Pero lo que ocurre no parece casual. Los apellidos “d’el president i d’els consellers” son Puigdemon, Turull, Oriol, Romeva, Rull, Pontasí, Borràs, Comín, Bassa, Forn, Puig, Vila, Mundó y Serret. Como se puede apreciar todos “charnegos” y emigrantes de países diversos.

Visto desde fuera, da la impresión de que en Cataluña se está produciendo una involución a glorias pasadas, gestada desde hace décadas, en la que no será posible recuperar la pureza de la supuesta raza, pero sí el control absoluto de las instituciones.

En este esquema, los futuros gobernantes serán, y así se apunta, los que controlen todos los poderes de la república catalana y harán y desharán a su antojo, como lo hacían los antiguos señores en sus añorados “tiempos históricos”. Y en esta estrategia es irrelevante el origen de los “súbditos”, porque el control de la sociedad lo tendrá quien lo debe tener. Los que de verdad saben lo que hay que hacer, como lo sabían los “Aristoi” (“los mejores”) de la antigua Esparta.

Cualquiera vale para súbdito, pero solo los privilegiados pueden ostentar el poder. Casi es preferible que los ciudadanos de a pie, los que van a trabajar y compran el pan de cada día, sean inmigrantes de otras provincias o de otros países, personas honradamente agradecidas, que vinieron huyendo de la miseria y encontraron en Cataluña su tierra de salvación. Porque había lo que más necesitaban: trabajo.

Y luego, en el orden de jerarquías, está esa segunda línea en la que se admiten foráneos, extraños y conversos, como el Sr. Rufián, hijo de padre y madre andaluces. En el PSC se permitió hace años la asimilación de los “de fuera”, que incluso llegaron a puestos de dirección, y también ocurrió en Esquerra, aunque menos.

En Convergencia no. En Convergencia los que mandaban, los que copaban los puestos clave, eran “los de allí”, gente de ocho apellidos y mucho poder. Y para comprobarlo basta con buscar los nombres de los actualmente imputados por corrupción.

Sobre la CUP no opino porque la mayoría son niños pijos hijos de papá, sin problemas económicos, que juegan a cambiar el mundo hasta que se cansen de hacerlo y se integren en los negocios familiares.

Pero es un esquema que no puede funcionar. En primer lugar porque es una situación imposible de legalizar, que no sería reconocida por ningún país de los llamados occidentales.

Y en segundo lugar porque las promesas mentirosas que han hecho a los catalanes son imposibles de cumplir. Ni remotamente. Esa Jauja con pensiones garantizadas, desempleo prácticamente erradicado, sanidad en grado de excelencia y universal, políticos próximos a los ciudadanos y el aplauso encendido, con bises, de la Comunidad Europea y de los países con capacidad de comprarles todos lo que les quieran vender. Más bien creo que soñaron con crear un paraíso fiscal, tipo Gibraltar, pero no está occidente para más bromas.

Valdría la pena contemplar una proyección virtual de lo que pasaría si triunfara la independencia imposible. Claro que todos los males se achacarían, como siempre, a esa España perversa y sus maquinaciones internacionales para unir a todo el mundo mundial en una sola causa: hundir a esa “Catalunya, triomfant” que tenía todas las posibilidades de alcanzar la gloria y que, según dicen los embaucadores que han provocado esta situación “tornarà a ser rica i plena!

Desparasitar la nación – La insolidaridad y otros vicios de nuestra democracia

Seguramente soy el único de España que lo cree, pero pienso que una vez llegados a este punto es el momento de la catarsis, para que, contemplando los defectos adquiridos por nuestra democracia, el gobierno ponga “pies en pared” y aborde con firmeza todos los retoques necesarios para reconducir la deriva de este país hacia un rumbo más adecuado.

El gobierno, ahora del PP, ha empezado a mover la maquinaria del Estado, que es muy potente, y no puede ceder ante presiones. Todo lo contrario. Debe fortalecer su postura de regulador y garante de las leyes. Y si lo hace así, nosotros, la mayoría de los españoles, redescubriremos que el Estado existe, y que España no está en manos de agrupaciones territoriales de corta y pega que quieren hacernos creer que hemos llegado al final de un ciclo, que son las que tienen el poder absoluto en cada uno de sus territorios, no el delegado del gobierno, y que desaparecido el Califato es el momento de descomponernos en Reinos de Taifas.

Como ocurrió en la Primera República.

Pero, ya puestos, puede ser una magnífica ocasión para desparasitar la nación y liberarla de vicios políticos, también sociales, recuperar parte de la ética perdida, y abrir un horizonte de valores y proyectos comunes. Encontrar el mínimo común denominador que une a todos los españoles, en contraposición a toda esta basura destructiva tan de moda, empeñada en buscar cualquier cosa que nos separe. Y no hablo solo de los nacionalismos, aunque sean la máxima expresión de estos hechos, el paradigma del absurdo.

Y pueden estar seguros de que la gran mayoría de los españoles lo entenderían, por mucho que parezca que España arde en críticas por los cuatro costados gracias a las redes sociales, esa caja de resonancia que amplifica los despropósitos, los malos modos, y el mal gusto, haciendo parecer como cierto lo que solo lo es en parte. Son porcentualmente pocos, aunque muy ruidosos, y no ofrecen alternativas, sino eslóganes. Una técnica muy utilizada, y con gran éxito, por la Alemania nazi.

No se podrán abordar todos los asuntos a la vez, claro está, pero si una cosa detrás de la otra. O de dos en dos, porque si algo sobran son parlamentarios. Sin prisas y sin pausas. Y exponiendo muy bien las iniciativas parlamentarias para que el resto de partidos tenga que explicar igual de claro a la ciudadanía porque apoya o no cada una de ellas. O como las mejoraría.

Y estamos hablado de la erradicación definitiva de la corrupción, y no solo la relacionado con el dinero, del reajuste de los presupuestos de las autonomías obligando a que todas ellas “se mojen” en el foro adecuado y no presionando de una en una, de la reforma de la justicia, de la ley de huelga, de la política fiscal, de la educativa, de la ley electoral…

Y tienen que empezar por sacudirse de encima los chantajes habituales cuando confeccionan presupuestos generales o promueven leyes. Y digo chantajes y no negociaciones, tan deseables, porque hemos aprendido a distinguir lo uno de lo otro. Por si alguien tiene dudas, doy mi propia definición con dos ejemplos muy simples. Chantaje es lo que beneficia a unos pocos (“te apoyo los presupuestos si das “tantos” euros a mi comunidad o me transfieres tales competencias”), y negociación lo que beneficia a la mayoría (“te apoyo los presupuestos si eliminas o reduces el impuesto de sucesiones”, pongo por caso).

Y llegado el momento, y no me importa qué partidos compongan el gobierno de entre los tres que son “más” de fiar, dejémonos de eufemismos. El castellano tiene suficientes voces para exponer muy claramente las cosas, poniéndolas al alcance intelectual de los españoles sin necesidad de interpretaciones de terceros. Lo he dicho antes y lo repito. Nada de tomarnos por tontos. Nuca más. Eso sí que sería un “nunca máis” plenamente justificado.

Ahora tenemos un caso que me viene al pelo. Ayer escuché que el lehendakari Urkullu ha anunciado que bloquearán los presupuestos de 2018 si no se le transfieren algunas competencias, como prisiones o la Seguridad Social, creo recordar.

Pues que los bloqueen. Y que se ponga fin a este goteo de extorsiones al estilo Cataluña, que se paró en su día en el País Vasco, pero que ahora intentan recuperar suponiendo debilidad en el gobierno.

Vaya por delante que se trata de una comunidad que me resulta especialmente querida, en la que tengo raíces y donde viven muchos de mis familiares. Y, naturalmente, quiero lo mejor para todos ellos.

Pero me temo que lo mejor no es que su Lehendakari empiece con majaderías y a marear la perdiz. Aunque se trate de mensajes de consumo interno para tranquilizar a su izquierda y a los pocos independentistas del PNV.

Por lo que sé, los vascos están cómodos como están y se sienten privilegiados sobre el resto de los españoles por su concierto económico. Está bien defender el nacionalismo cultural, pero no se confunda Sr. Urkullu. El Gobierno no está tan débil como Uds. creen y puede que se encuentre con un ¡hasta aquí hemos llegado! Y si no se aprueban los presupuestos de 2018 que se renueven los de 2017. O que los apoye el PSOE después de negociarlos. O que los apoyen parte de los parlamentarios de otro partido si lo consideran conveniente para el interés de país. ¡Quién sabe! ¡Podrían darse tantas variables si se recupera parte de la cordura perdida y se piensa en país sin dejar de pensar en partido!

Y si no hay acuerdo, que expliquen las razones del bloqueo a los funcionarios, a los gobiernos locales, a las autonomías, que serán los más perjudicados.

O que se empiece a hablar de su concierto, contemplado en la Constitución española pero fuera de las normas y objetivos de la Comunidad Europea, que ya se ha interesado varias veces por esta “anomalía” española. Tantas como el gobierno central defendió su permanencia. ¿Se acuerdan? Y ya empiezan a levantarse voces que reclaman igualdad fiscal para todos los españoles. Las de Ciudadanos, por ejemplo. ¿No hay quien pide reformas de la Constitución?

Que estamos hablado de poco más de dos millones de españoles, que son muchos y muy queridos, pero favorecidos en su peso político por los errores de nuestra ley electoral.

No hagan populismo con las cosas de comer y dejen las cosas como están, que están bien, para jugar a “yo tengo al Estado a mi merced”. O lo que es peor: “yo soy más importante que el gobierno central”. Porque no es cierto. Nunca lo serán.

Es muy importante que las comunidades, especialmente las que se creen con derechos históricos, entiendan la importancia del equilibrio en las relaciones con los gobiernos de turno, de los que tienen delegada la autoridad, y que los gobiernos y los partidos constitucionales no vuelvan a cometer los mismos errores que han llevado al desastre actual de Cataluña: Cesiones bienintencionadas que nunca debieron producirse, y chantajes descarados que se han asumido por intereses electorales de los partidos de gobierno en la nación española.

En cuanto a los ciudadanos ¿han comprobado cómo crecen las equidistancias? El “no mojarse” ha comenzado a ser deporte nacional y el “sí pero” actúa como un teórico tapa traseros que, en el fondo, deja en muy mal lugar a los equidistantes. ¿Tan difícil es decir lo que se piensa? La Biblia dice “Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. Y nuestros abuelos, apoyándose en la religión, pero menos, inventaron la figura de poner una vela a Dios y otra al diablo.

Son personajes que a mí me merecen muy poco respeto por muy bien que argumenten sus posiciones. En el caso catalán ya sabemos que Rajoy podría haber hecho más, como Zapatero, que quizás debió hacer menos. Y también debieron hacer más, o menos según se mire, José María Aznar, el que hablaba catalán en la intimidad, Felipe González y sus acuerdos con Pujol, y el mismísimo Adolfo Suarez que no supo prever las consecuencias de la organización del Estado en la transición. No podía haberlo hecho.

Pero los auténticos malos de estos hechos, los que incumplen la leyes, son los dirigentes independentistas de toda la vida, y los que solo eran nacionalistas y se han visto abocados a pasarse al extremo por fuerza mayor, para su mal y para su desaparición. Comparar aciertos o desaciertos políticos con incumplimiento de leyes o rebelarse contra el Estado, es falaz y mentiroso. Pero, mira por donde, han convencido a muchos, inocentes unos, desinformados otros, arribistas no pocos, que los malos son los que no dialogaron sobre cómo hacer posible un referendum anticonstitucional.

Esto es España y así actúa la influencia de los medios de comunicación, con sus audiencias, y las redes sociales. Todavía anoche escuche a un independentista argumentar en una cadena privada lo malo que era Rajoy y las muy fundadas razones que tenían para hacer lo que estaban haciendo.

¡Váyanse a paseo señores! No los independentistas, sino la cadena que continúa actuando como plataforma conveniente para los que están desafiando al Estado. No hace falta que me contesten. Me conozco lo del sagrado deber de la información, el derecho de los españoles a ser informados, y lo de que la democracia es atender todas las opiniones. Y es cierto. Pero cuando algunos de los opinantes están fuera de la ley, se traspasan todas las barreras al darle audiencia. Es como si entrevistaran a un pedófilo condenado para que defendiera su derecho a abusar de menores.

Lamentablemente, una buena parte de los medios audiovisuales tienen programas absolutamente impresentables. Mientras sus propietarios presumen de dignos, de benefactores, de intelectuales y de hombres de bien en foros de la cultura y de la alta sociedad. Porque, asómbrate, compaginan sus basuras “teleradiofónicas” con su apoyo a causas dignas de elogio.

Que alguna vez tendremos que hacer un “quién es quién”, con sus luces y sus sombras, en el mundo empresarial. Parece que en España el único malo es Amacio Ortega, posiblemente porque no es propietario de cadenas audiovisuales.

Señores del gobierno, ya que han sacado al Estado de su letargo, no lo vuelvan a adormecer. Avancemos hacia atrás, para poner las cosas en su punto. Como se suponía que estarían si no se hubieran producido tantos abusos, tantos egoísmos y tantas deslealtades.

Que algunos presidentes de gobierno, como Winston Churchill, gobernaron tomando decisiones duras por el bien de su país. Luego no le reeligieron, pero ha pasado a la historia. Y con letras mayúsculas.

La carta que no escribió Julia Otero

He leído con atención una carta falsamente atribuida a Julia Otero, que en realidad había escrito una bloguera llamada Cristina Andrade a la que, por cierto, no le habrá vendido nada mal la publicidad.

No voy a caer en el absurdo de discutirle las citas porque ni soy historiador ni tengo tiempo para documentarme. Por lo que intuyo de lo que ha publicado, ella tampoco lo es. Me figuro que, como muchos otros, habrá bebido en fuentes afines a la causa independentista, que hay muchas y bastante cuestionables, por cierto. Aunque opinen tan enfáticamente y con tanto conocimiento de causa como Pilar Rahola, por ejemplo, que tampoco es historiadora.

La carta famosa solo contiene una serie de girones de historia que no son más que los antecedentes, las causas y los efectos que han dado forma a la actual Cataluña. Razonamiento que produciría el mismo efecto si habláramos de cualquiera de las otras regiones o comunidades españolas. Todas ellas, de norte a sur y de este al oeste, tuvieron un origen más o menos oscuro. Todas pertenecieron a reinos, como los de Galicia, Navarra, León, por ejemplo. O Señoríos, como los vascos, o Condados, como el citado de Barcelona, uno de los integrantes de la Marca Hispánica, o ciudades estado, como Toro o Zamora.

Todos fueron libres y fueron sojuzgadas, todos conquistaron y fueron conquistados, todos se aliaron y se separaron, todos guerrearon, siendo el denominador común, la única razón de todas estas idas y venidas, los intereses materiales de hermanos, primos, padres e hijos que se mataron cuanto pudieron para ser reyes o gobernantes en lugar de los reyes o gobernantes de cada lugar. Con la complicidad necesaria de los notables que les secundaron siguiendo sus propios intereses, y a costa de la sangre y la miseria de sus vasallos que, como siempre, fueron los que sufrieron las consecuencias.

Pero, ¡qué casualidad! Lo mismo, exactamente lo mismo, paso en todas las regiones francesas, desde su histórica Borgoña hasta la actual República. O en Italia, que es nación desde hace cuatro días, en tiempos de Víctor Manuel II. O en los Estados Unidos de América, uno de los referentes de los revisionistas españoles, forjada a base de genocidios, egoísmos, conquistas y victorias de unos sobre otros. La mayoría de ellas a sangre y fuego.

O Alemania desde la profunda Germania. O la Gran Bretaña, desde las luchas fratricidas de vikingos, normandos y sajones. Y lo mismo en todos los países del mundo más evolucionado.

Y la misma Cartagena, nuestra Cartagena, fue independiente durante varios meses hasta que tuvo que rendirse ante el asedio del ejército de la nación, no sin antes pedir formalmente su integración en los Estados Unidos, cuyo gobierno, por cierto, se lo pensó seriamente. ¡No le hubiera venido mal tener un Gibraltar en el Mediterráneo!

Y algo de lo que entonces pasó y ahora intentan reproducir algunos, ya lo vimos en nuestras absurda Primera República, la de los cantones y las independencias, como la sublevación Cantonal de la citada Cartagena, o la de Jumilla. O los diversos intentos de Valencia, Alcoi, Murcia o Andalucía.

Entonces, ¿Hablamos de pasados, o de presente y futuro? Porque todas está naciones, construidas y forjadas a base de horca y cuchillo son hoy estados sólidos, modernos, que han asumido el concento de la unificación, que han encontrado un mínimo común denominador, y que han llegado a la conclusión de que es mucho mejor permanecer unidos, sin pasarse las horas lamentándose de lo que pudieron ser y no fueron, sabiendo que nunca lo serán. Y que tampoco les conviene serlo.

Las conclusiones lógicas o el fin deseado de escritos como el mencionado son:

 Como mis antepasados, que probablemente ahora son los de todos nosotros porque nadie se quedó quieto en ningún sitio, pertenecieron a parcelas geográficas o históricas singulares, recuperemos la antigua situación y los antiguos derechos. Que se rompa España en los reinos que fueron y/o los antecedentes a los propios reinos. Pero también Francia, Alemania, los Estados Unidos y todo lo que ahora son estados. Justo lo contrario al concepto de unión, como el de nuestra Comunidad Europea.

 Como mis antepasados, que probablemente ahora son los de todos nosotros porque nadie se quedó quieto en ningún sitio, pertenecieron a parcelas geográficas o históricas singulares, tráteseme mejor que al resto de mis actuales compatriotas. Tenga yo más privilegios, pero no me hable Ud. de que los demás tuvieron antepasados, porque yo tengo algo que solo algunos poseen: una lengua.

Y pregunto yo ¿a mí que me importa que Cataluña, Galicia, el País Vasco, Navarra, Castilla, Aragón, León o cualquier otro de los antiguos reinos, estados o condados hayan sido lo que hayan sido? ¿A mí que me importa que tengan una lengua a la que, por supuesto respeto profundamente porque, prácticamente, es la mía? ¿Tengo acaso que seguir pagando vasallaje a sus descendientes? ¿Estamos locos?

Pero, por lo que se ve, a algunos, no les importa que existan leyes, ni normas, ni pactos. Quieren ser “más que el que más”. Por cierto. El decir que España lo es porque tiene ese nombre desde hace relativamente poco es un poco jugar con trampa. Aquí lo que importa es conocer desde cuando se unificaron los territorios españoles y comenzaron una historia común. Y lo fue bajo las coronas de Castilla y Aragón, las del tan denostado “tanto monta monta tanto” que utilizó la falange y que, desde entonces y para muchos “conocedores” de la historia, es un símbolo franquista.

Porque, claro, la frase se utilizó mientras se forjaba un imperio. ¿Se han dado cuenta de que esta frase solo define la forma de relacionarse de dos reyes consortes? Puede que sea la primera vez que se estableció la igualdad de géneros en la historia de España, porque una mujer se negó a ser reina consorte de Castilla, supeditada a la autoridad de su marido, el rey de Aragón. Pero, claro, insisto en que es una frase franquista.

Ese fue el momento en que castellanos, aragoneses, catalanes, gallegos, vascos, valencianos, andaluces, extremeños y los habitantes de cualquier territorio de lo que, en efecto, eran reinos de Castilla y Aragón, comenzaron a navegar, descubrir, comerciar y compartir proyectos de expansión haciendo causa común los unos con los otros. Y también proyectos culturales.

Dejémonos de cuentos chinos e historias de pasadas grandezas. Estamos en 2017 y lo que vale, lo único que vale, es que hay un pacto, llamado Constitución, que refrendamos los españoles años después de la dictadura de Franco.

Así pues, querida Cristina, si quiere discutir con quien le apetezca criterios históricos o ideología política es muy libre de hacerlo y hasta es bueno que lo haga. Según con quien hable es posible que aprenda. Pero mire el calendario, por favor.

¿Qué hay muchos interesados en confundir y mienten descaradamente? Claro que sí. ¿Qué hay otros que juegan a la ambigüedad porque buscan provocación, titulares y audiencias? Por supuesto. ¿Qué algunos ponen una vela a Dios y otra al diablo esperando sacar provecho creyendo que “todo vale” en política? Es evidente.

Pero son los menos, por mucho ruido que quieran hacer. Y perderán.

Resumo diciéndole que no tengo demasiado claro el objeto final de su escrito, pero le puedo asegurar que a muchos de los que lo han leído, y así lo manifiestan, entienden que su mensaje es “España nos roba”.

Dicho sea con profundo disgusto.

La indefinición de Podemos en los temas de Estado.

No suelo criticar nada de Podemos, primero porque no es un partido al que pueda entender y, en cualquier caso, porque están fuera del grupo de lo que considero “partidos constitucionalistas” o, quizás más concretamente “partidos de estado”. Capaces de gobernar.

Pero estamos en un momento muy delicado para el futuro del país, y todos tenemos, tienen, que mojarse.

Podemos, al que he respetado y mucho más a sus electores, es comunista, pero raro, está dentro del sistema, pero quiere hacer política en las calles, está en el pacto contraterrorista, pero de “observador”, dicen que son españoles pero les da repelús la bandera de España o el himno nacional, a los que, en una demostración de desconocimiento histórico, definen como “franquistas”.

Se declaran republicanos cuando en ninguna de las dos repúblicas, especialmente la segunda porque la primera fue un desastre lamentable, los hubiera aceptado como son, como tampoco aceptaron a los dirigentes catalanes de la época, y como tampoco aceptarían a los actuales.

Los Presidentes de entonces eran mucho más serios de lo que los “historiadores de mitin” quieren hacernos creer, y la Republica no era un “todo vale” por mucho que grupos desmadrados hicieran salvajadas y que la cosa acabara en una guerra civil. Y así muchas otras cosas. Pero eso, como he dicho antes, es asunto suyo y de los que les votan.

Lo que no puedo perdonarles, y por eso hablo de ellos como partido, es su posición ante el desafío de los independentistas catalanes. Porque ha llegado el momento, ahora sí, de definir muy claramente quienes son los de “aquí” y los de “allí”, y escuchando lo que escucho, y según donde se diga, no se trata de que les entienda yo, sino que me parece imposible que les entienda nadie, incluidos sus electores.

Ayer escuché a Irene Montero (¡que buen verbo para decir cosas tan disparatadas!) diciendo que sí y que no, como “la Parrala” y, no sabiendo por donde salir, acabó comparando el intento de secesión de Cataluña con los desahucios. Como podría haber dicho con la igualdad de la mujer, la asistencia sanitaria, o cualquier otra cosa que viniera o no vinera a cuento. Incluida la tan socorrida guerra de Irak.

Señores de Podemos: El intento de secesión no prosperará, Uds. lo saben, y tratar de arrimar el ascua a su sardina con esos apoyos difusos de “si pero no”, solo ayuda a alimentar diferencias y confusiones.

Y, tengo la absoluta seguridad, de que ese intento de captar votos fáciles y tramposos en Cataluña entrando en el juego de los engaños, les va a costar muy caro.

Porque una parte de su electorado será de izquierdas, serán asamblearios, serán revolucionarios, pero no son tontos. Y Ud. les trata, como intenta hacerlo con todos nosotros, con ese aire trasnochado y tan visto de profesor de universidad que alecciona a sus alumnos, incluyendo el lenguaje corporal reservado para los momentos trascendentes de adelantar un hombro y la cabeza.

Alumnos que, por supuesto, son más más incultos y más desconocedores que Ud. Y no es así.

Discuta Ud. su nuevo modelos de estado, sus pretendidos cambios sociales o dispute su liderazgo de izquierdas al PSOE, que yo lo respetaré.

Pero no intente conculcar la ley o animar a que se conculque porque siempre me tendrá en contra. Y soy uno, pero somos muchos.

Y, como he dicho, seguro que lo pagará.

Comentarios que no pierdo el tiempo en hacer al BLOC de Morera o Marzà porque sus votantes lo tienen muy claro. Ellos están para esto y los que les votan lo hacen sabiendo lo que quieren hacer y exigiendo que lo hagan.

La leyenda del reloj de pared de un monasterio rezaba “omnes vulnerant ultima necat”. Se refería a las horas, naturalmente, pero también es aplicable a las necedades políticas. “Todas hieren, la última mata”.

Como les ha sucedido en otros tiempos a otros que lo fueron, pensado que a ellos no les ocurriría. Son legión.

Falseando la realidad – Las financiaciones autonómicas:

Vaya por delante que estoy totalmente convencido de que la Comunidad Valenciana está muy mal financiada, tanto como que la solución definitiva debe de pasar por un pacto de las Autonomías, ya que ir de una en una a negociar con el gobierno por separado, cada uno con su cartera de agravios, solo puede generar más conflictos que soluciones. El dinero es el que es y su distribución debe ser equilibrada y atendiendo a razones objetivas.

Y pongo un ejemplo: es cierto que la Comunidad Catalana es contribuyente neto, pero me temo que no tanto como ellos mismos dicen porque se han convertido en grandes expertos en manejar realidades virtuales.

Cataluña fue próspera, entre otras cosas, porque contó con muchas ayudas del estado, incluida la época de Franco, que permitió, por ejemplo, mantener unos aranceles de importación de productos sumamente elevados y durante más tiempo del necesario, lo que favoreció la venta de los productos catalanes al mercado interior. No tenían competencia.

Y ahora mismo continúan siendo falaces en la información. Aportan mucho al Estado, sí, pero están recibiendo muchos beneficios que no se contabilizan. Las comunidades menos desarrolladas los son, digan lo que digan los “enterados”, porque no hubo voluntad política de apoyarlas. Su situación geográfica, sus comunicaciones, o su propia orografía no permitieron desarrollos industriales que hubieran sido menos rentables.

Y no se trata, como dice la leyenda negra inventada por algunos impresentables, de pobladores “vagos”. Es evidente que una buena parte de su mano de obra está trabajando muy eficazmente en las comunidades más prósperas y han contribuido a su desarrollo.

Es cierto que reciben ayudas, pero siguen siendo los “compradores” mayoritarios de los productos catalanes. Productos catalanes suministrados por empresas catalanas que pagan sus impuestos en Cataluña.

Porque una gran parte de la España menos desarrollada compran los libros de texto a editoriales de Cataluña. O tienen sus cuentas bancarias en entidades centralizadas fiscalmente en Cataluña, comunidad en la que pagan sus impuestos.

Y Cataluña es la Comunidad que más préstamos está recibieron del Estado, a interés cero y con grave riesgo de acabar con quitas a su deuda. No porque vayan a independizarse, que no lo harán, sino porque al final, y como siempre, se aplicarán criterios políticos de apaciguamiento y “buen rollo”. No hay como llorar y crear falsas realidades.

También recibieron ayudas otras comunidades, como País Vasco y Andalucía en su industria naval, o Valencia en la siderometalúrgica, pero su mercado objeto mayoritario no era el español, y no pudieron competir con los astilleros internacionales, entre otras cosas por las normas de la Comunidad Europea que prohíbe ayudas estatales, cuando los astilleros de muchos países del mundo hacen de su capa un sayo y aplican políticas fiscales y laborales según su libre criterio.

Y podría seguir con muchos ejemplos, pero no hace falta.

Revisar la financiación autonómica sí, pero. Insisto, teniendo en cuenta todos los factores: población, dispersión demográfica, red de comunicaciones, recursos hidráulicos, etc.

Pero claro, los que más se quejan son los que no quieren asistir a estas reuniones para poder seguir llorando por lo que es verdad y lo que es imaginario.

Espero que después de la movida del independentismo el Gobierno recupere la autoridad y obligue a los que están por encima del bien y del mal a entrar en el redil de la racionalidad.

Que los que emigraron a Cataluña, Valencia o el País Vasco no lo hicieron porque no es gustara su tierra. Lo hicieron con gran dolor de su corazón porque no tuvieron más remedio. Allí no tenían oportunidades.

Los polvos, los lodos, los antecedentes, y como llegar al primero de octubre.

El nacionalismo catalán, en su interés por capitalizar en exclusiva méritos que no son suyos y crear una falsa historia más acomodada a sus planes y estrategias, comenzó, hace décadas, impartiendo una educación en la que obvió o redujo a la mínima expresión la historia de España, y potenció, incluso inventó, las gestas catalanas y la gran influencia de esta “nación” en la prosperidad de España, de Europa y del resto del mundo.

Uno de los puntos clave ha sido convertir lo que fue una guerra entre dos naciones europeas, Francia y Austria, por la sucesión de Carlos “el Hechizado”, que murió sin herederos, como una guerra de Castilla contra Cataluña. Y a esta guerra, guerra de intereses como todas, se apuntaron los poderosos de todos los reinos de España en función de lo que más les convenía. Y unos ganaron y otros perdieron. Y los señores catalanes, que apostaron por el candidato austríaco, perdieron. Y, como represalia por haber defendido al otro bando, el Borbón les retiró los fueros.

Así de simple. Porque si hubieran sabido que iba a ganar el rey Felipe, todos, absolutamente todos los poderosos de España, se hubieran apuntado a su bando.

Y, llegado el momento, hace unos años, los que movían los hilos de la sociedad catalana, viendo al Estado en debilidad como consecuencia de la crisis y bajo la amenaza de ciertos escándalos a punto de salir a la luz, decidieron que era el momento de apretar el acelerador. “Ahora o nunca”, pensaron.

Y diseñaron una estrategia de ruptura que comenzó con una valoración de grupos sociales o culturales desde el punto de vista de amigos/enemigos del proceso.

Grupo 1.- Los independentistas de toda la vida. Siempre han sido los sacrificados, los idealistas traidores al Estado desde tiempos de la República, la avanzadilla de cualquier movimiento, y la primera línea en las batallas. No son demasiados en porcentaje pero, eso sí, lo tienen muy claro y no les importan ni los riesgos ni el sufrimiento. Es una postura muy próxima al fanatismo político aunque, salvo durante algún tiempo y de forma limitada, sin violencia extrema. Su base ha sido la Esquerra Republicana.

Grupo 2.- Los nacionalistas. Grupo de catalanismo cultural defensor de símbolos y amigo de marcar diferencia entre su estatus social y el del resto de los españoles. Incluso con el resto de habitantes de Cataluña. Su montaña sagrada es Montserrat, y su equipo el Barça. Su base fundamental era la burguesía catalana, y su partido político Convergencia y Unió. Era evidente que si avanzaban por el camino de la ruptura con el estado sufrirían bajas importantes: en primer lugar el grupo de Unió, pero también una parte de Convergencia, especialmente si veía peligrar su bienestar material y su tranquilidad histórica.

Grupo 3.- Los “Charnegos”, que en algún momento ha sido un excelente semillero de neo nacionalistas nacidos fuera de Cataluña o catalanes en primera generación, hijos de emigrantes. De ese granero surgieron un gran número de “conversos”, que son los más furibundos defensores de todo lo catalán, sensibles a las consignas, muy predispuestos al adoctrinamiento, y permeables a las “historias sobre la historia” catalana y de su supuesto papel predominante en todo el mundo mundial.

Tenemos multitud de casos, aunque, posiblemente, el paradigma puede ser Garbriel Rufían, “hijo y nieto de trabajadores de la Bobadilla, municipio de Alcaudete (Jaén) y Turón (Granada)”.

No es de extrañar porque la gran mayoría venían del mundo rural, el de la miseria y la falta de recursos, y se encontraron con una sociedad rica y próspera en la que encontraron trabajo y seguridad. Y se deslumbraron.

No importa que en los primeros tiempos fueran ciudadanos de segunda. Más valía ser cola de león que cabeza de ratón.

Pero los charnegos eran un grupo del que no se podían fiar plenamente, porque llegados al extremo, podrían reconsiderar posiciones, o hacer valer sus raíces de otras provincias españolas.

Grupo 4.- Los inmigrantes, divididos en tres grupos fundamentales:

• Los de cultura “española”, que hablan nuestro idioma y, salvando algunas distancias, tienen sociedades similares y están acostumbrados a participar en política en sus países de origen. Los nacionalistas no han sido especialmente proclives a facilitar la entrada a este grupo étnico porque saben que, si ven peligro, preferirán permanecer en España, porque les proporciona más oportunidades que un hipotético mini estado, claramente cuestionado en los foros internacionales.

• Los sub saharianos, que llegaron a Cataluña, como al resto de España,
buscando trabajo. Suelen vivir en grupos o comunidades sociales y mantienen rasgos culturales muy diferentes a los españoles. Tampoco es un colectivo fiable desde el punto de vista del apoyo a una posible independencia.

• Los musulmanes, separados en dos grandes subgrupos:

• Los marroquíes, inmigrantes tradicionales desde hace muchos años, que buscaron Cataluña por su potencia empleadora. En un estudio de las Cámaras de Comercio de hace unos años, esta nacionalidad suponía el 13,7 de los inmigrantes de toda España, y el 21,4 en Cataluña. Son una población que nos conoce perfectamente y que, conservando sus costumbres, no han causado problemas importantes de integración, aunque últimamente hayan surgido algunos con las segundas generaciones.

Su comportamiento ante la independencia podría ser similar al del resto de los catalanes arraigados aunque, como los hispanoamericanos, se sientan más seguros si Cataluña permanece en España.

• Los del próximo oriente y los refugiados de guerra. De muchos países y varios grupos religiosos que llegan desconociendo totalmente nuestras costumbres religiosas y sociales, en la mayoría de los casos frontalmente opuestas a las suyas, también agrupados en zonas y nacionalidades. Es un colectivo muy fácil de utilizar porque desconocen las consecuencias de la ruptura y solo ven, en términos generales, lo que les enseñan las autoridades catalanes en los cursos de integración que han potenciado en los últimos años. Esta es la razón de que se haya facilitado este tipo de inmigración, hasta el punto de una cuarta parte del total de musulmanes que residen en España se concentran en Cataluña. 515.482 según un censo reciente.

Este colectivo seguirá las consignas de los dirigentes catalanes sin ninguna objeción, porque no tiene capacidad de valorar las consecuencias de sus decisiones, y pensarán que es lo mejor para ellos. Son minoría los que tienen la nacionalidad española y capacidad de votar, pero los planes de los independentistas no pasan, precisamente, por respetar la legalidad y los censos electorales oficiales.

El riesgo: En tiempos de amenaza terrorista es difícil evitar que se “cuele” gente peligrosa entre los que vienen huyendo de la guerra y de buena fe.

Y luego están los antisistema, que ahora son independentistas de conveniencia porque saben que les resultará más fácil luchar contra un mini estado que contra una nación fuerte. Y sobre todo porque han encontrado el punto débil de los independentistas. Los necesitan.

Son colaboradores necesarios, pero nunca acatarán disciplinas, ni leyes, ni órdenes emanadas de parlamentos. Lo suyo es el movimiento antisistema, asambleario y autogestionario. Lo curioso es que la mayoría proceden de estratos sociales medios/altos. “Niños bien” jugando a ser libres y a lanzarnos directrices sobre un nuevo orden, con gastos pagados por sus familias o las administraciones.

Los catalanes “de siempre”, los burgueses de Convergencia, les odian y les temen, pero han enterrado el hacha de la guerra inevitable hasta después de “la independencia”.

¿Y que va a ocurrir? Los independentistas han llegado al extremo en el día de ayer, 6 de septiembre, votando la ley que permite la consulta. A partir de este momento, sabiendo que el gobierno recurrirá y los perseguirá legalmente, solo tienen un camino, muy estudiado: el de la algarada callejera casi diaria, con un punto de inflexión en la “diada”, hasta llegar al uno de octubre.

¿Y que debe hacer el gobierno? No acobardarse. Todos sabemos que los independentistas buscan víctimas y gestos del gobierno que demuestren “su intolerancia”, pero las cosas no empeorarán por ser severos, ni se dulcificarán por ser cautos. Están crecidos y continuarán.

Por eso, y en beneficio de Cataluña y del resto de España, solo caben dos acciones:

• Que la sociedad catalana, que ha permanecido fuera de la contienda política esperando a ver si “sacaban algo” de todo esto, y/o a salvo de posibles represalias por parte de sus gobernantes, salga de una vez a defender lo que, de verdad, son sus propios intereses. Empresarios tibios, intelectuales equidistantes, asociaciones culturales y ciudadanos en general, deben salir a la calle y con mucha firmeza. No pueden pretender que sea el gobierno y el resto de españoles los que barramos estos polvos que han cubierto su tierra.

• Que el gobierno aplique todo el peso de la ley, sin violencia pero con mucha firmeza, sobre los facinerosos que nos han complicado la vida durante tanto tiempo. El resto de españoles, todos nosotros, merecemos algún reconocimiento y comprobar que, llegada la hora, tenemos un gobierno que nos defiende y nos protege de la mala hierba.

Eso sí, con el respaldo inequívoco de todos los partidos. Y maldito sea el que trate de sacar rédito electoralista de una situación tan grave como esta, porque en las urnas nos encontraremos.

Así pues paciencia y firmeza, en la seguridad de que esto acabará bien. Acabará bien para la “gente de bien”. Y para los demás, los que ahora esperan entrar en el libro del martirologio con poco coste personal y formar parte de la historia de Cataluña por su “lluita” por la independencia, todo el peso de la ley. Sin encarnizamiento, pero sin miramientos.

Que sus nietos no les tengan por héroes, sino por villanos. Por gente que dividió a la sociedad catalana, la empobreció, defendiendo interese personales y su estanque dorado.

No sea que acaben como acabó su gran referente, Rafael Casanova. Ejerciendo de abogado, y “disfrutando” de la opresión borbona desde su despacho profesional.

——
Todo lo anterior solo son reflexiones sin rigor histórico, consecuencia de seguir la actualidad todos los días y desde hace muchos años.