El aprendiz de sátrapa y los sacamantecas

El presidente de gobierno ha dado un paso más en la dirección equivocada, lesiva para la nación, con una propuesta de supresión del delito de sedición que desarma al Estado si se producen actos que atenten contra su unidad, contra la Constitución o contra la democracia.

Porque, no nos confundamos, desorden, aunque sea con calificativo, es poco más que un botellón y si sus penas son de seis años como máximo, por lo que se dice, que con buena conducta y otros beneficios penitenciarios pueden quedar en tres, o menos, ¿Por qué no organizar algo parecido en Valencia, por ejemplo, sabiendo que el presidente que lo promueva tendrá sitio en la historia y, posiblemente, una estatua en la plaza del Ayuntamiento?

Y lo ha dado por ese trasfondo de “satrapismo” que le induce a creerse, como tantos otros “demócratas” que gobiernan países como Venezuela, por poner un ejemplo evidente de desvirtuación de la democracia, que el “estado es él” y que, teniendo los votos suficientes, bien de sus propios electores o conseguidos con extrañas alianzas, legales pero antinatura, puede hacer lo que crea necesario para mantenerse en el poder.

Porque él, que es listo, muy listo, sabe que esta decisión solo es un “continuose” de las aspiraciones del independentismo catalán que, en realidad y mucho más que referéndums de opereta que no les servirían de nada, buscan, y esa es la verdadera hoja de ruta, tener justicia propia, romper la caja única de la Seguridad Social y una hacienda exclusiva para la comunidad.

Conseguido lo cual, estarían tontos si insistieran con la independencia. ¿Para que la querrían pudiendo vivir como reyes, siendo ciudadanos de primera y parásitos de lujo en un Estado que no les puede controlar?

Puede que no lo vea alguien tan torpe como Patxi López, el que necesita un guion para decir algo más que dar los buenos días o pronunciar las cuatro frases hechas que sabe y repite hasta el aburrimiento, el que fue lendakari con los votos del PP y al que no se le conocen más heroicidades “contra ETA” que impedir que Mariano Rajoy y María San Gil se acercaran a los familiares de un asesinado por la banda criminal para darles el pésame. El que ahora dice que ellos son, con sus medidas, los que han “han vencido al independentismo”.

Pero el resto de los mortales podemos pensar, posiblemente sin estar equivocados, que mantener una buena relación con un hijo al que se le da todo lo que pide no es mantener una buena relación. Es dejar que sea él quien controle la situación

Es evidente que hasta que la Comunidad Europea lo permita, Pedro Sánchez seguirá la ruta que él y solo él se ha trazado, pasando de ministros y de asesores, aunque los tenga a centenares y de opiniones tan respetables como puede ser el Consejo de Estado o el Tribunal Superior de Justicia, no vinculantes, pero muy de escuchar.

Por cierto, ¿querrá formar parte del Consejo de Estado cuando cese cómo jefe del gobierno? ¡Capaz será!

Porque sabiendo que es así, que a la democracia y la convivencia no la defienden las armas, sino las leyes, está realizando un trabajo de zapa magistral dejando sin contenido la Constitución a base de rebajar las penas de quienes las atacan o amenazan.

Y, como tenemos tantas cosas en que pensar, como la inflación, el paro, el asalto a la valla de Ceuta, la renovación de los vocales del Poder Judicial, el precio de los alimentos y los consumibles y tantos otros problemas nacionales que sufre la ciudadanía cada día, todos ellos enmascaran problemas de tanto calado como el intento de intromisión del gobierno en el resto de poderes del Estado, la aprobación de leyes sin sentido, o el hábito de Pedro Sánchez  de jugar siempre al límite del fuera de juego constitucional cuando ejerce de forma tan autoritaria y personal sus funciones de jefe de gobierno tomando decisiones que deberían ser mucho más colegiadas.

Siempre he opinado que calificar al gobierno y a los partidos que le apoyan como mayoría Frankenstein es una gran injusticia para ese personaje de ficción, entrañable y dotado de gran ternura, que pretendiendo ser querido, nunca lo consiguió por su horrible aspecto

Sería más propio llamarles asociación de trileros o, más duramente, unión de sacamantecas, “criminal que abre los cuerpos de sus víctimas para sacarles las entrañas”, que es lo que están haciendo, metafóricamente hablado, un conjunto de minorías de españoles al resto de los cincuenta millones. E incluyo a los niños porque también son y serán víctimas de semejantes disparates.

Y luego están las dudas de siempre. Algunos barones socialistas, especialmente García-Page y Lambán, manifiestan públicamente su disconformidad con la última decisión del gobierno, pero ¿lo dicen de verdad o es postureo? Porque podría ocurrir que mientas lo dice, o antes de decirlo, hayan hablado con el presidente para contarle lo que van a decir y justificarse con aquello de que tienen elecciones pronto y que si no lo hacen están perdidos, seguido de un “y a ti tampoco te conviene” y, posiblemente, por un” ya sabes que puedes contar conmigo”.

Porque la prueba de fuego de verdad sería que ordenaran a los congresistas de su comunidad que voten en contra de la nueva ley. ¿A que no lo hacen?

No lo harán porque ellos mismos, los presidentes de comunidades, forman parte de una lista cerrada que, se diga lo que se diga, se confecciona desde las sedes los partidos una vez oído a  las partes. Y es muy sabido que, como decía Guerra, “el que se mueve no sale en la foto”.

Y porque lo más probable es que no le hicieran ni caso en un Congreso poblado de supervivientes de muy bajo nivel político que han hecho de sus cargos una profesión y que no encontrarán en el mundo real nada parecido a lo que tienen ahora.

Y, para colmo de los disparates, ayer apareció el lehendakari afirmando que la derogación del delito de sedición demostraba la necesidad de revisar la organización de la nación. Y, mira por dónde, en esta ocasión estoy totalmente de acuerdo con él, pero no por sus razones, sino por otras totalmente diferentes.

Es evidente que la sociedad española ha evolucionado mucho desde 1978 y que, al margen de los condicionantes que ha supuesto la incorporación a la Comunidad Europea, a la OTAN y a los producidos en los propios estamentos de la nación como consecuencia del desarrollo de nuevas leyes, no es menos cierto que estamos derivando hacia un innegable deterioro de la calidad de nuestra democracia y en el respeto a las instituciones y poderes del Estado, que es necesario reafirmar. No creo que hagan falta cambios importantes en la Constitución, pero parece cierto que hay que “resetearla”. Pasarla por la ITV de la democracia y realizar los ajustes que sean necesarios.

Pero ¿qué lo diga el lendakari vasco? Supongo que cuando dice que hay que reorganizar la nación no se referirá a suprimir todos los privilegios de los que goza su comunidad. Mas bien y como siempre ha sido, porque todavía quieren más. Otro chantaje a cambio de mantener al presidente en la Moncloa.

Chantaje insufrible y continuado que empezó nada más terminar la dictadura, cuando Jesús María de Leizaola, lendakari en el exilio cuando se redactó la Constitución, se negó a volver a España como hizo Tarradellas. Porque el PNV en pleno, partido de la alta burguesía vasca respaldado por una iglesia contemplativa en el peor sentido de la palabra, siempre ha actuado como una gran mafia incrustada en las estructuras del Estado, que en aquel momento impuso el cupo vasco y la territorialidad de Navarra como condición para apoyarla.

Y Adolfo Suarez, en una equivocación de consecuencias impensables en aquel momento porque confiaba en la “caballerosidad” y el honor de la clase dirigente vasca, no tuvo más remedio que taparse la nariz y tragarse el sapo de una decisión que perjudica cada vez más al resto de los españoles por la voracidad de los sucesivos gobiernos de la comunidad.

Un partido que, estoy convencido, pudo acabar con ETA a la semana del primer asesinato, pero que maniobró según su conveniencia a instancias de Xabier Arzalluz, presidente del PNV entre los años 1980 y 2004. Y, por si no lo saben, les informo de que el País Vasco es la única comunidad en la que el poder no lo tiene el presidente de la comunidad, el lendakari, sino el del partido al que está sometido plenamente. Blanco y en botella.

Puede parecer un comentario duro, excesivo, pero parto de hechos reales y desde el amor que siento por esta tierra que también es un poco mía, porque mi madre nació en Arrigorriaga y mi abuela en Rentería.

Hay que retocarla, sí, pero para consolidarla. No para recuperar el pasado, sino para construir el futuro. Un futuro de mayor armonía, donde todos los españoles tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones y que tanto los gobiernos de turno como el resto de las instituciones tengan los controles necesarios para que nadie se salga del marco constitucional que se le haya asignado.

¡Que ya está bien de consentir que lo que deberían ser partidos políticos se conviertan, como está ocurriendo, en mafias organizadas, como lo ha sido desde el principio el PNV!

Una sociedad confusa, que está perdiendo valores, ética y estética. En la que los padres gastan tiempo y dinero en disfrazar y maquillar a sus hijos de muertos vivientes, a quién más sangriento y espeluznante, pero que luego no los llevan a los funerales de sus familiares ni a los cementerios “para que no se traumaticen”

Que quieren. Será que los que nacimos el siglo pasado tenemos alguna tara cerebral consecuencia de las escaseces de la época, pero cada vez entiendo menos como hemos podido llegar hasta donde estamos.

Y, sobre todo, como hay tante gente que no se da cuenta de que esto, ni nos conviene a nosotros ni, mucho menos, a nuestros descendientes.

José Luis Martínez Ángel

Valencia, 13 de noviembre de 2022

De representantes de ciudadanos a líderes de partidos. De líderes de partidos a caudillos de sus votantes.

Por si algunos no lo recuerdan, España es una democracia representativa, representación que los ciudadanos confiamos cada cuatro años a un partido político en función de la afinidad con las ideas de cada uno.

También es oportuno recordar que la máxima autoridad constitucional, la que dicta normas y leyes a propuesta del gobierno o por iniciativas populares, es el Poder Legislativo, las Cortes, si se consiguen las mayorías de votos que se establecen en cada caso.

Y que el Poder Judicial tiene como misión esencial aplicar las leyes promulgadas por el Legislativo con una pequeña horquilla de interpretación de los jueces, siempre recurrible.

El artículo 118 de la Constitución dice que “Es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los Jueces y Tribunales, así como prestar la colaboración requerida por éstos en el curso del proceso y en la ejecución de lo resuelto”

Y lo dice sin establecer ninguna excepción, conociendo la inviolabilidad del Rey, único que no está sujeto a la autoridad de dichos tribunales según lo dispuesto en uno de los apartados del artículo 56 “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad…”

Y luego tenemos el Poder Ejecutivo, el gobierno de cada momento, que tiene como misión, entre otras, cumplir y hacer cumplir las leyes. Y que, en contra de lo que parece en este momento, no tiene poder absoluto y está sujeto al control del Judicial, según dice el artículo 102: “La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Supremo”

De ahí que sea tan importante que el Ejecutivo, el gobierno, no tenga ninguna opción de controlar al Judicial. No tanto porque algún juez pueda doblar la vara de la justicia a su favor en alguna sentencia, que no lo puede hacer y si lo hiciera es recurrible, pero sí con determinados nombramientos de los titulares de las salas vía Consejo Superior de Justicia, buscando jueces capaces de “manchar la toga con el polvo del camino”.

Es decir y repito; en algunos supuestos, es el Poder Judicial el garante de que el gobierno no cometa impunemente actos criminales de ningún tipo, entendiendo, según la revista “Criminalidad”, que un acto criminal es “un comportamiento que exige un castigo”.

En España solemos asociar crimen con delitos de sangre, pero esa es una interpretación que no se ajusta a derecho. Como tampoco lo es la de los políticos cuando entienden que corrupción es robar dinero público, porque también lo es la malversación, la prevaricación, el nepotismo y el resto de actuaciones contrarias a la honestidad exigida a los cargos públicos.

Por lo que, la gran pregunta, es ¿Qué criterios éticos amparan que han de ser los políticos quienes elijan a los Vocales el Consejo? ¿Porqué ese interés en mantener ese extraño privilegio que han apoyado todos los gobiernos de la democracia a partir de 1985, cuando el de Felipe González decidió hurtar a los jueces una de las cuotas que le correspondía según la Constitución?

Decisión que, por supuesto, no rectificaron los sucesivos gobiernos del PP, no sé si porque les convenía desde el punto de vista de posibles amenazas judiciales, o simplemente por favorecer a amigos “colocándolos” en los puestos claves de los tribunales.

Y, por supuesto, tenemos el Constitucional, que es la última voz autorizada, no para contradecir a los tribunales, como se piensa, sino para aclarar si determinadas sentencias o algunas leyes aprobadas por el gobierno se ajusta o no al espíritu de la Constitución. Y de estas y en este momento, hay muchas pendientes de su decisión.

Vayamos al meollo de la cuestión:

El mayor problema que tenemos en España, el causante de todos los demás,es la maldita ley electoral y sus listas cerradas, las que proporcionan a los líderes de los partidos poder absoluto sobre los elegidos “democráticamente” en estas listas, a la mayoría de los cuales ni conocemos el día de las elecciones y que deciden con su voto la aprobación de leyes.

Incluso si lo votado perjudica a la Comunidad en la que fueron elegidos.

Pero en la historia del parlamentarismo español siempre se habían respetado algunas normas no escritas por las que los partidos más votados, pero sin mayoría suficiente para gobernar, buscaban acuerdos con la oposición en los casos puntuales en los que se trataban asuntos de Estado.

Y con cualquier otro en temas de menos trascendencia. Esos que posteriormente solía revocar el siguiente gobierno.

En este momento nos encontramos en una situación totalmente desconocida desde que Pedro Sánchez consiguió desplazar a Mariano Rajoy con el apoyo de grupos que siempre habían sido claramente antiespañoles, a cambio de dádivas y concesiones, legales porque pueden tomarse y democráticas porque todos ellos han sido elegidos libremente, pero muy cuestionables desde el punto de vista de la ética y del espíritu de la Constitución.

O rebasando líneas rojas con leyes impugnadas por la oposición y en espera de que los tribunales, incluido el Constitucional, decidan si son viables en nuestro Estado de derecho.

Recordarán que hace tiempo, los partidos del llamado “gobierno Frankestein” hablaban de reformas necesarias en la Constitución, hasta que se han dado cuenta de que no tenían porqué molestarse, porque no hace falta cambiar artículos de la Constitución ni sus desarrollos en forma de leyes si se dejan sin contenido las sentencias por incumplimiento, se rebajan las condenas, o se indulta a los condenados por determinados delitos.

Y pongo un ejemplo: el artículo 21, en su punto 1, dice “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa” y al gobierno de turno, se le ocurre autorizar el ir armados a las reuniones. El gobierno podría acometer la posible modificación de este artículo, o, simplemente, promulgar una ley que diga que “el portar armas a una reunión se sancionará con un euro de multa”

Naturalmente es un ejemplo absurdo. O no tanto porque estando como  están los miembros de las Cámaras sujetos a  la disciplina de los partidos y teniendo los socios de gobierno que tiene, si mañana el presidente decidiera aprobarla en consejo de ministros, seguro que esa ley saldría adelante en el Congreso con mayoría suficiente.

Le costaría unos millones para unos, mantener cinco años más el desafortunadísimo cupo vasco actual, no lo digo por el concepto, porque, guste o no, está en la Constitución, sino porque el PNV, el que recoge nueces sin mojarse ni comprometerse, hace años que está consiguiendo que cada vez tenga menos cuantía y se pague cuando se quiera pagar. O tendría que autorizar más traslados de ETA al País Vaco, pero lo conseguiría. Y “democráticamente”.

Estamos en una situación en la que un gobierno, que no deja de ser el gestor de nuestro bienestar durante su mandato, pasa de ser líder de un partido a líder de sus votantes. Ya no es nuestro representante, es el que dice lo que debemos hacer o el que nos lo impone con leyes que ni siquiera sospechábamos que podrían aprobarse.

Pero como todo esto se está haciendo poquito a poquito, sin prisa pero sin pausa, una ciudanía agobiada por sus dificultades personales, ni lo ve. Porque no son cosas que le afecten en el día a día. Y cuando se de cuenta, posiblemente sea demasiado tarde para rectificar algunos de sus despropósitos.

Gobierno que toma decisiones en contra de la opinión del Tribuna Supremo y del Consejo de Estado, que no son vinculantes, pero que siempre han sido respetadas por el peso ético y moral de sus componentes.

Solo me queda la esperanza de que la Comunidad Europea nos proteja y represente mucho mejor que lo están haciendo, de forma muy democrática, por supuesto, los que debían ser nuestros representantes naturales.

Cambio de ley electoral, por favor, y si puede ser al sistema de “distrito único”, donde cada diputado es propietario de su escaño y nunca votará algo que vaya en contra de sus representados, a los que debe dar cuenta personal con mucha frecuencia, mucho mejor.

Valencia, 29 de noviembre de 2022

Manifiesto por el liberalismo. Ese liberalismo, el auténtico.

De vez en cuando y en función de algún comentario puntual, suele ocurrir que los que lo leen o escuchen te catalogan de “de derechas” o te colocan alguna de las etiquetas al uso. No es algo que me importe en lo personal, pero para entender algunos conceptos políticos que en nuestra nación parecen olvidados, es bueno que se recuerde que, además de las agrupaciones convencionales, derecha, ultraderecha, izquierda, ultraizquierda, hay otras ideologías con marchamo internacional, como es el liberalismo.

Concepto, como tantos otros, tergiversado por los interesados en hacerlo, que lo adjudican a la izquierda o la derecha, según convenga al interpretador.

Liberalismo, según la RAE es;

-Doctrina política, económica y social, nacida a finales del siglo XVIII, que defiende la libertad del individuo y una intervención mínima del estado en la vida social y económica.

-Cualidad y actitud de la persona que es tolerante y abierta.

Pues bien, durante la transición se fundó este partido, que inicialmente se denominó “Agrupación Liberal”, pero posteriormente formó parte de UCD como una de las “familias” de la coalición. Porque UCD, Unión de Centro Democrático,  nunca fue un partido, sino una agrupación de tendencias ideológicas de centro derecha, desde Alianza Popular (AP), el Partido Demócrata Cristiano (PDC), la Federación de Partidos Demócratas y Liberales (FPDL), el Partido Socialdemócrata (PSD), el Partido Demócrata Popular (PDP), el Partido Social Liberal Andaluz (PSLA), el Partido Gallego Independiente (PGI), la Federación Social Democráta (FSD), Unión Canaria (UC), la Unión Democrática de Murcia (UDM) y el Partido Liberal (PL), aunque en este caso no se incorporó el partido, pero sí algunos de sus miembros más destacados.

Pero el auge de la Social Democracia, partido enredador que ha reventado sistemáticamente las coaliciones de centro derecha en España por su afán de protagonismo, como lo hizo en Italia y en otros lugares, hizo que los liberales se sintieran incómodos y abandonaran UCD.

Y cito nombres tan reconocidos como Joaquín Garrigues Walker, Justino de Azcárrate o Soledad Becerril, tan discreta pese a haber desempeñado tantos cargos políticos en España. Fue la primera mujer que ocupó una cartera ministerial y también el cargo de Defensor del Pueblo desde la democracia y nunca se la habrá oído faltar al respeto a nadie ni criticar otras iniciativas políticas. Sí algunas decisiones gubernamentales que, en su opinión, afectaban de alguna manera a la libertad de los españoles. Y, por supuesto, contra los asesinos de ETA

Ya hace muchos años que, como decía, el concepto “liberal” se ha interpretado según los intereses de cada cual y así ha sido de derechas para la izquierda o de izquierda para la derecha.

Y también es cierto que algunas y algunos cargos de la derecha, absolutamente autoritarios, se han autodefinido como liberales. Y quizás “de raza le viene al galgo”, porque “España es diferente” y el periódico “El Liberal” de hace tantos años no era precisamente un dechado de tolerancia y comprensión. Más bien era el periódico de la derecha más radical de entonces.

Los partidos liberales no son importantes en casi ningún lugar porque su propia naturaleza les hace ser poco competitivos. Anteponen las libertades y la verdadera representación de los ciudadanos a cualquier interés político del partido o de sus dirigentes y no hacen falsas promesas en las elecciones, por lo que, con esos condicionantes, es casi imposible que puedan ganar unas elecciones o conseguir muchos escaños   compitiendo con el poder económico y el control de los medios de “los partidos poderosos”.

Sin embargo, hay muchos liberales dispersos por el mundo a los que nos gusta pensar que la sociedad será algún día mucho más honesta y democrática de lo que es ahora, solo que estamos convencidos de que ahí quedará la cosa y nunca lo veremos.

Y si alguien quiere saber cómo es el verdadero liberalismo, le recomiendo que lea el libro “Devuélveme el Poder”, de Miriam González Durántez, que refiere con hechos y datos lo mucho que los gobiernos españoles, todos, han interferido indebidamente en la vida de los españoles y cuantas libertades públicas y privadas han vulnerado.

En fin, yo me siento tan romántico e inútil expresando mis ideas como se sentían las personas mayores de mi juventud, en la dictadura, y muy especialmente los republicanos de pro, cuando me decían “ya vendrán los míos”.

Aunque en muchos de sus casos, como me ocurre a mí, “los suyos” nunca llegaron, o si lo hicieron duraron poco, muy poco. Y en este momento me siento tan inmerso en un mundo de intereses partidistas o personales, prepotencias, falsedades, egoísmos y tan falto de sensibilidad real que tengo que asumir que “los míos” nunca llegarán. Dejaron “de llegar” con las primeras corruptelas políticas de los gobernantes a partir de la segunda legislatura y me temo que nunca les volveré a ver en España.

Dicho lo cual, y siendo como soy, tampoco sufro por esta realidad. Yo a lo mío y que cada cual piense lo que quiera y diga lo que crea oportuno. Siempre, claro está, que se respeten las normas y no se diga en plan ofensivo.

El evangelio de San Juan dice “veritas liberabit vobis” refiriéndose a todos los demás. Yo, menos optimista que el Evangelista, me identifico con algo más personal, “veritas liberat nobis”.

Entendiendo que la verdad hará que nos sintamos libres a los que, con razón o sin ella, pero con honestidad, manifestemos con respeto lo que pensamos, con la tolerancia y apertura de miras que recomienda la RAE.

Por supuesto.

Administración Pública, desastre absoluto en la atención personal al ciudadano.

No hace mucho que un médico jubilado, Carlos San Juan, comenzó la campaña “somos mayores, pero no idiotas” quejándose del mal trato personal que las entidades bancarias daban a las personas mayores, campaña que tuvo mucho impacto y obligó a reaccionar a una buena parte de ellas.

Pero se trataba de entidades privadas y siempre teníamos el recurso de cambiar de banco, aunque tampoco servía de mucho porque, más o menos, todos ellos habían sustituido a personas por cajeros o por gestiones por internet y, en casi todas las ocasiones, los cambios suponían “salir de Matamala para meterte en Matapeor”

Otro problema actual, gravísimo problema, es que la Administración Pública, recalco lo de pública, la que tiene como única misión servir al ciudadano en sus relaciones con el gobierno y con el Estado, ha seguido el mismo camino que los bancos y ha rodeado a sus empleados de una barrera infranqueable para personas mayores o con poca o nula facilidad de manejarse por internet

Pues bien, desde la pandemia y viendo las ventajas personales que el teletrabajo tenía para muchos de los funcionarios, este colectivo, sin dueño ni jefe, parece que ha decidido continuar con la misma situación, manteniendo cerradas todas las ventanillas de atención directa al ciudadano, a las que solo se puede acceder por la famosa “cita previa”, en demasiados casos con plazos inexplicables en el tiempo, o solo explicables porque ha disminuido notablemente el número de funcionarios presentes en las oficinas.

Situación imperdonable e incongruente por la inversión de términos entre el objeto de la administración, que solo tiene como justificación ayudar al ciudadano y el hecho de ponerles barreras para acceder al servicio que necesitan.

España necesita con urgencia de que se ponga orden en muchas cosas, como la educación, la política fiscal, la reafirmación de la separación entre poderes, la reforma de la ley del menor o del código penal en el tema de la ocupación de viviendas, por poner algunos de los muchos asuntos pendientes, pero una de ellas, muy importante, es entrar a fondo en la organización de la Administración Pública, tomando como modelos de gestión y atención personal patrones conocidos en la empresa privada, deshaciendo esa sinrazón a la que ha derivado y que ha convertido a los funcionarios en un colectivo mimado, super protegido por los gobiernos de turno y con la complicidad insensata de unas centrales sindicales que, prácticamente, solo justifican su existencia apoyando sus reivindicaciones año tras año.

Que constancia de que no me quejo en absoluto de los funcionarios como personas, porque la mayoría de ellos son buenos profesionales que brindan un trato muy correcto a los afortunados que acceden a sus puestos de trabajo, sino a ese monstruo en el que se ha convertido la Administración Pública, tan necesitada de orden y reformas.

Porque cada vez son más los que no se sienten especialmente orgullosos de la situación actual y de la imagen, muchas veces injusta, que están transmitiendo a la sociedad: un colectivo que solo se preocupa de sus propios intereses y que no ha ganado unas oposiciones para servir al ciudadano, sino para conseguir sueldos estables y de un nivel muy aceptable, y las mejores condiciones laborales posibles.

José Luis Martínez Ángel

22 de noviembre de 2022

La subida del 8 por ciento de las pensiones. Cobarde e insolidaria.

Parece ser que el gobierno, en plena campaña electoral, tiene la intención de subir las pensiones en un 8 %. Soy jubilado y, aunque la medida me beneficia en lo personal, me sigue pareciendo un auténtico disparate por las razones que comento a continuación. Aclaro que en este comentario tengo que utilizar los presupuestos de 2022 porque no tengo los previstos para 2023 que, por otra parte, todavía no se han aprobado en las Cortes Españolas.

Estos presupuestos suponían un total de 519.668.460 euros, de los cuales 183.878.878 eran los gastos de la seguridad social y 171.139.653 el capítulo de pensiones.

Es decir, las pensiones suponían el 32 % del total. Y el 8 % de ese total son 13.691.172 euros.

La primera consideración es que esta partida, como todas las que suponen aumento de salario y a diferencia de todas las demás, es irreversible. Futuros gobiernos pueden subir o bajar los gastos de defensa, o de obra públicas, o el de educación, por ejemplo, pero no podrán bajar los salarios de los pensionistas ni el de los funcionarios, que también es una partida muy importante.

La segunda es que se trata de una subida universal que lo mismo afecta a los que tienen pensiones de 3.000 euros que a las de 600, sin considerar si tienen importantes ingresos por rentas o disponen de un sólido patrimonio. Es un café para todos que aumenta de forma inmisericorde las diferencias entre los pensionistas, porque aplicando el tanto por ciento previsto, las pensiones del primer supuesto pasan a ser de 3.240 y las del segundo de 648.

192 euros más al mes y 2.688 al año en nuestras 14 pagas.

Y es que ni este gobierno ni ningún otro se atreve a perder votos de un colectivo que empieza a tener unos ingresos medios mensuales muy próximos al salario medio de los trabajadores activos, pero que es numeroso en votos y afectados. Gobiernos cobardes que comprometen el futuro de la nación porque, siendo imposible recaudar más de lo que se recauda por impuestos y con la deuda pública tan disparatada como la que tenemos, pronto, demasiado pronto, habrá que recortar gastos de las otras grandes partidas, como la de sanidad o la del resto de gastos sociales.

Y entonces, el partido que esté en la oposición y que, seguro, ha sido cómplice de la situación porque en algún momento habrá estado en el gobierno, acusará al gobierno de turno de poner en peligro la salud de los españoles o de haber recortado y reducido el estado del bienestar.

Y los sindicatos sanitarios saldrán a la calle para reclamar aumento de plantillas y mejoras en los servicios y los pensionistas para continuar reclamando subidas en sus pensiones.

Gobiernos cobardes, como el que tenemos y otros que hemos tenido, con mentalidad cortoplacista y un egoísmo personal sin límites.

Porque aquí estamos invirtiendo los términos: los pensionistas, muchos de ellos, necesitan más ingresos porque tienen que ayudar a sus hijos en paro o con ingresos insuficientes, cuando lo lógico, lo valiente, es que los gobiernos fomentaran la creación de empleo con políticas inteligentes de apoyo a los empresarios, únicos capaces de conseguirlo, en lugar de demonizarlos y exprimirles al límite como están haciendo.

Esos empresarios que “se están forrando” como clamaba uno de los líderes sindicales chusqueros y acartonados, de cuyo nombre no quiero acordarme. Aunque muchísimos de ellos, especialmente pequeños y emprendedores, están bajando unas persianas que nunca más levantarán.

Y mientras la ciudadanía a lo suyo, que en España equivale al habitual “que es de lo mío”. Y el gobierno con muchas palabras huecas y muchas mentiras, “el relato”, mientras aumenta el número de ministerios y multiplica el número de asesores.

Que mientras dure hay que disfrutarlo. Y el que venga detrás, que arree.

Y mientas, nosotros los pensionistas, comamos y bebamos, que mañana moriremos. Por la edad, por el coronavirus, o por un ictus inoportuno o un infarto que nos sobrevenga mientras llevamos a los nietos al colegio o a la guardería.

2Alf Garay y Isabel Doñate

El funeral de la Reina Isabel II, y Juan Carlos I

Ha fallecido Isabel II de Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda y el mundo se ha conmocionado porque se ha dado cuenta de que nada es inmortal, de que, por muchos ordenadores, “tablets”, móviles de última generación, televisores de super alta definición y super panorámicos, y toda la tecnología de que podamos disponer, cada uno de nosotros somos polvo y en polvo nos convertiremos.

Pues bien, estamos en España y cada día se evidencia más que “Spain is diferent” según decretó, más que anunció, Fraga Iribarne en el año 1960. Y como Fraga era el que era y tenía la cabeza que tenía, ese ser diferentes, destinado a los turistas potenciales, se ha quedado entre nosotros y ha imprimido carácter a individuos e instituciones de nuestra querida España.

Y todo ello viene a cuento del funeral de la Reina muerta y de las invitaciones cursadas por la Casa Real británica a todo el mundo mundial: al resto de las otras casas reales, a los familiares y a los altos dignatarios de otras naciones del universo mundo.

Y, entre ellos, a Juan Carlos I, el que fue excelente Jefe del Estado en lo principal y bastante disoluto en lo personal, para desengaño de los que hemos admirado su labor pública, nacional e internacional, en momento tan complicados como los que le tocó vivir.

Y “Oh fortuna – como la luna cambiable – siempre creciente o disminuyendo – la vida de odio”, de Carmina Burana, los nuevos inquisidores de la izquierda, los puros en sus actos y limpios de corazón en sus intenciones, se han apresurado a clamar que no, que eso no puede ser, que el emérito no puede representar a España ni nada de nada, por lo que la Zarzuela, la Moncloa o el Papa si fuera menester, deben impedirlo.

Y es que en España y desde el principio de los escándalos del ciudadano Juanito, se ha magnificado, exagerado y super utilizado todo este desagradable asunto para atacar y desprestigiar a la monarquía. Como si Juan Carlos hubiera sido el primero y único que ha cometido graves errores personales entre las familias reales o entre los presidentes de repúblicas y sus familiares, cuando son legión los infractores conocidos.

La imagen de Juan Carlos fuera de España es la de un gran jefe de Estado que cometió errores personales. Y punto, sin más más ni más menos.

Pero es que, además, nadie en este mundo puede evitar que la familia de un difunto invite al funeral a quién le venga en gana, mucho más cuando se trata de un familiar, en lo formal, y muy querido en lo personal.

Perdón, cuando digo nadie en este mundo me refiero al mundo más allá de los Pirineos, porque en España si que se ha dado en el País vasco. Que lo recuerdo muy bien y recuerdo quienes fueron los protagonistas.

Así que, queridos amigos, vuelvan a lo suyo y no insistan en confundir la velocidad con el tocino. Malo era que quieran borrar la trayectoria oficial del antiguo Rey, pero el condenar que su familia de otras naciones le invite a lo que quiera invitarle es pasarse muchos pueblos.

Espero que asista nuestro muy prudente Rey Felipe, que lo está haciendo magníficamente bien, y también Juan Carlos, este último por vínculos familiares y méritos históricos propios. Y no estaría de más que padre e hijo se tomaran un té en alguno de los salones victorianos de Londres, tan propicios para el sosiego, y decidieran recomponer sus relaciones familiares y las institucionales, al margen de los deseos de los “podemitas”, “bildus”, “peeneuves”, independentistas catalanes, y “sanchistas” que acampan en nuestro país como si fuera suyo desde siempre y para siempre.

Que un funeral siempre es campo abonado para la reflexión y para reconsiderar hechos y situaciones.  

Ha muerto Mijaíl Gorbachov. Honor a Mijaíl Gorbachov

Ha muerto Mijaíl Gorbachov, padre de la “perestroika” y último presidente de la Unión Soviética, hombre honesto, de ideas progresistas en el buen sentido de la palabra, no la falsa progresía del relato actual, destinado a ser providencial para la Unión Soviética que, paradójicamente, fue malinterpretado y odiado por parte de los rusos de su época.

Y no fue su culpa, porque teniendo una estrategia bien definida para que Rusia hiciera una transición mirando a Europa, la “perestroika”, el proceso de apertura se abortó faltando unos años para que su nación implantara los cambios políticos económicos y sociales necesarios, cuando un día y por sorpresa, jóvenes y no tan jóvenes de las dos partes, decidieron derribar el muro de Berlín.

Y, como consecuencia, toda la nación se quedó como en una foto fija y muchos ciudadanos que siempre habían vivido en regímenes comunistas recuperaron la libertad, pero no sabían que hacer con ella.

Rusia, cabeza de la Unión y también otras naciones, tenía fábricas prósperas que fabricaban buenos productos que, en su gran mayoría, se exportaban a Europa o a Estados Unidos. Pues bien, los “directores-funcionarios del estado”, que sabían cómo dirigirlas y tenían contactos en el exterior, las compraron y se hicieron libres y ricos a toda velocidad. Y lo mismo ocurrió con muchos otros sectores, agricultura incluida, en los que los comerciales o los intermediarios, siguieron vendiendo a sus compradores del mundo libre y prosperaron rápidamente.

Yo he estado en Rusia dos veces, la primera de ellas organizando un viaje para un grupo de amigos y me encontré con que el control del turismo de Moscú, creo qué de toda Rusia, era un monopolio propiedad del anterior responsable, que creó la única empresa autorizada a proporcionar guías locales y que controlaba, por su enorme influencia en el mercado, la mayoría de los establecimientos hosteleros de la ciudad y de San Petersburgo, que son los lugares que visitamos.

Es conocido que la antigua URSS y sus repúblicas planificaban la producción agrícola e industrial por zonas geográficas y por planes quinquenales, por los que se determinaba en qué lugar se cultivaba según qué cosas y en que otro se instalaba según que empresas. Pues bien, en un crucero por el Volga entre Moscú y San Petersburgo que tuve la suerte de disfrutar, un gran amigo vasco, Dámaso, se extrañaba de que navegando por zonas de tanto verde no viéramos ni una sola vaca.  La razón, naturalmente, era que, no existiendo la iniciativa privada, el estado no lo había previsto.

Así que, existiendo una parte de la población sin experiencia en ganarse la vida, unos prosperaron y otros, los de menos nivel, se quedaron sin saber que hacer porque hasta entonces era el estado el que les controlaba la vida, pero también el que le cubría las necesidades básicas. Una gran bolsa de ciudadanos que, como consecuencia de la nueva situación, se sintieron desamparados y empobrecidos, porque en un mercado libre subieron los precios y no sabían cómo conseguir ingresos.

Desamparo que amplificaron los comunistas más ortodoxos para justificar que con el comunismo se vivía mejor. Argumento indeseable que ha servido de fondo para todas las acciones de Putin, empeñado en recuperar la antigua Unión Soviética en la que, como entonces, el gran dictador, se llamara Stalin o cómo se llamara, era señor de vidas y haciendas.

Y eso, no tanto como reimplantar el comunismo que sabe que sería misión imposible, es lo que le mueve a dirigir la nación como un autócrata dictador que controla todos los poderes del estado.

Así que todo mi respeto al fallecido y bienintencionado Mijaíl Gorbachov, premio Nobel de la Paz, odiado por parte de los rusos de su época, y admirado por el mundo libre. El que “liberó” a las antiguas repúblicas, que en su tiempo fueron naciones independientes, del yugo de la URSS, como ocurrió con las de la antigua Yugoslavia de Tito, parte de ellas integradas en este momento en la Comunidad Europea.

Como pretendía hacer Ucrania para desesperación de Putin al que, de haberlo permitido, se le habría derrumbado como un castillo de naipes construido por él y por oligarcas interesados, parte de ellos “suicidados” porque, posiblemente, entendieron que se estaba llegando demasiado lejos.

Siento que no le hayan enterrado junto a su esposa, en ese rincón romántico del jardín de un monasterio de Moscú que tuve la suerte de visitar, porque su mujer, que falleció joven, le acompañó en todo su recorrido, en las buenas, las menos, y en las malas, las más.

Un ruso visionario que se atrevió con la “perestroika” y que también estableció la «glasnost«, “transparencia”, en sus funciones de gobierno. Algo impensable ni en las peores pesadillas de los gobiernos de la antigua Unión de República Socialistas Soviéticas.

Espero que Putin no sea capaz de demoler lo que queda de lo que empezó Mijaíl Gorbachov,  un hombre providencial que no pudo ver acabada su obra. Su particular “transición”.

Valencia, 5 de septiembre de 2022

La verdadera historia de España y los “españoles de ultramar”.

El Rey no se levanta al paso de la espada del “libertador”, que más que un símbolo de Colombia es un fetiche del nacionalismo irracional que está hundiendo a los países “liberados” y ya no hay nada más importante que semejante afrenta que incluso, según algún cargo público del más alto nivel del que no quiero citar su nombre, se hubiera evitado si hubiéramos tenido guillotina en lugar de Constitución.

Lo de “en vez de” es un añadido mío, naturalmente, pero es lo que sobrevuela en el comentario.

Y es que en España somos especialistas en flagelarnos con las manipulaciones históricas y alguien nos convenció en su día que un “libertador”, aunque fuera un sanguinario, es un ejemplo social, alguien a quién respetar y ensalzar. Y prueba de ello fue la moda de hace años de portar camisetas con la imagen del “Che” Guevara, del que sabían lo que les habían contado, e ignoraban parte de la cruda realidad de un personaje del que se libró el propio Fidel Castro y que tenía muy poco de ejemplar.

Y ahora toca subir a los altares a Simón Bolívar, “político criollo venezolano” con ascendencia vasca según Oteguí, al que, probablemente, el desaparecido Arzallus le descubriría ese RH especial que distingue a sus paisanos.

Es un hecho que la vida de Simón Bolívar fue especialmente agitada y hasta puede, no lo tengo tan claro, que sus motivaciones fueran luchar por su pueblo y no por determinados intereses, pero también lo es que él no era precisamente un Mahatma Gandhi en versión hispanoamericana, que consiguió revolucionar a una buena parte de su zona de influencia con sentadas y resistencia pacífica. Ni mucho menos, porque hubo mucho derramamiento de sangre de unos, otros y de los mismos contra los mismos.

Pero no es esa faceta, la del Simón Bolívar y Palacios, político, militar y guerrero, la que más me interesa.

Quiero resaltar aquí, como he hecho en el tercer párrafo, que Bolívar era un venezolano criollo, mezcla de sangre de españoles y nativos. Y que España fue la única potencia colonizadora que reconoció los mismos derechos a los españoles europeos que a los “españoles de ultramar”, los nativos de todos los territorios descubiertos por Cristóbal Colón, por real decreto de la Corona de Castilla, decreto que firmó la Reina Isabel tras recriminar muy airadamente al descubridor que le presentara a indígenas americanos como esclavos. Como un trofeo más de los que trajo a la Reina.

Y que España otorgó a los habitantes de aquellas tierras, criollos o nativos, total potestad de crecer socialmente y de ocupar puestos relevantes en sus respectivas naciones, hasta el punto de que estaba en sus manos la inmensa mayoría de los cargos públicos y la propiedad de las grandes empresas de Hispanoamérica.

Repito, la única.

Incluso en la redacción de la Constitución Española de 1812, su artículo 18, “De los ciudadanos españoles”, se recuerda que “son ciudadanos aquellos españoles que por ambas líneas traen su origen de los dominios españoles de ambos hemisferios, y están avecinados en cualquier pueblo de los mismos dominios”

Como se ve, no menciona raíces, ni linajes, ni purezas de sangre, ni siquiera el haber nacido en alguno de los “dominios”. Todos iguales con la única condición de “estar avecinados”.

Y por eso aseguro que ninguna nación del mundo, colonial o no, ha tenido ese talante liberal de España. Es cierto que antes y después tuvimos monarquía absoluta, pero las reglas del juego de las relaciones con las actuales naciones americanas estaban escritas desde mucho tiempo antes, desde los Reyes Católicos y se mantuvieron después del absolutismo de Fernando VII.

Y otra consideración, la más importante, es que Simón Bolívar murió en 1830 y que las naciones fueron liberadas años antes. Es decir, que las naciones “liberadas” son autónomas hace casi dos siglos.

Pues bien, esta es la pregunta para Maduro, Daniel Ortega, Rafel Correa y a todos los grandes falsarios filocomunistas, sino comunistas declarados y a todos sus antecesores, presidentes de las antiguas españas: ¿Qué han hecho con sus libertades? ¿En que han beneficiado a los ciudadanos liberados?

Porque mucho bla, bla, bla, mucho pasear sables o escuchar pajaritos, pero es un hecho incuestionable que la gran mayoría de las naciones que formaron parte de la España de ultramar, son más pobres y menos prósperas, muchísimo más pobres en niveles comparativos a cada época de lo que lo son en la actualidad. Se independizaron como naciones potentes y ahora están empobrecidas y perdiendo población porque sus condiciones sociales son lamentables, eso sí, con presidentes enriquecidos. Con la excepción de José Mujica, que no pudo sacar a su país de la pobreza, pero vivió pobre como ellos.

Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que fue malo que se independizaran. Lo que digo es que han tenido muy mala suerte al elegir a sus líderes, si es que los han podido elegir sin trampas ni pucherazos . En la actualidad, una buena parte son auténticos cantamañanas y tergiversadores de la historia, que no hacen más que exigir que España pida perdón por agravios que, considerando los tiempos en que se produjeron los hechos y en una comparativa con otras potencias colonizadoras, nunca existieron.

Y que, en lugar de lanzar proclamas y relatos tan falsos como interesados, podrían perder algo de su tiempo en mejorar la vida de sus ciudadanos, esos mismos que Simón Bolívar liberó en su momento y que ahora se ven obligados a venir a España o a cualquier otro lugar fuera de sus naciones, para liberarse, esta vez sí, de la miseria que sufren en sus países.

Y mi repulsa más enérgica a sus grandes y muy interesados defensores de este lado del Atlántico. Los que viven de forma muy confortable en un país libre y democrático como España, que no necesita “libertadores” de su estilo. Porque la historia, no yo, ha demostrado que comunismo y libertad son términos antagónicos. Nunca han coincidido. ¿Quieren una España modelo venezolano, o colombiano, o ecuatoriano, o peruano, o de cualquier otro modelo de los que allí abundan, en la que los españoles tengamos que abandonar nuestra nación para buscarnos la vida en otros lugares?

Yo tengo trato frecuente con los inmigrantes de estos países con los que, por supuesto, nunca hablo de política. Pero los escucho con tristeza cuando me explican las razones por las que tuvieron que dejar sus pueblos, sus raíces y a sus familias para mejorar su precaria calidad de vida en naciones lejanas donde creen tener alguna oportunidad.

Yo, como no podría ser de otra manera, les doy la bienvenida y les tranquilizo, aunque soy consciente del largo camino que les espera para poder levantar cabeza en España. Y lamento profundamente lo que está sucediendo en esa antigua parte de España dirigida por auténticos mangantes populistas de mucha lengua y pocos hechos. Los que siempre encuentra un enemigo externo al que responsabilizar de sus errores, de sus excesos y de sus tropelías.

Y entres esos enemigos externos, los más pardillo somos España y los españoles, que nos lo tragamos todo y nos indignamos porque el Rey no se levante al paso de un sable que es un signo de odio a nuestra nación. Es nuestro sino y nuestra maldición.

Espadas, pajaritos, susurros en la noche. Nuestro Rey hizo muy bien en no levantarse ante un objeto que quiere simbolizar algo que realmente no existía en tiempos del “libertador”: la opresión de España en las naciones liberadas por Simón Bolívar.

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Para los interesados en leer y no en escuchar lo que dicen otros, recomiendo la biografía de Simón Bolívar publicada en la Real Academia de Historia, único lugar fiable de los que conozco. Reproduzco el último párrafo en el que se puede comprobar que, lejos de lo que parece que ocurrió, el libertador no murió en olor de multitudes y aclamado por los suyos.

Y, por supuesto, nadie paseo su espada por los lugares que había liberado. Todo es un falso “relato”, una posverdad, que, según la RAE es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencia y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”

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“El edificio pensado por Bolívar concluyó cuando acabó la guerra. Ruptura con Páez, con Santander, con la aristocracia limeña que consiguió la anulación de la Constitución bolivariana. El edificio republicano construido por el Libertador se resquebrajaba. Los intentos por mantenerlo fracasaron en la Convención de Ocaña, donde la oposición que, sin serlo, se llamaba democrática, caracterizaba el otro polo, representado por Bolívar, la dictadura. El pronunciamiento de Bogotá hizo que Bolívar asumiese plenos poderes, prácticamente dictatoriales, lo que condujo a la rebelión colombiana contra su dictadura pretoriana. A ello se añadió la invasión del ejército peruano del general-presidente La Mar; la rebelión del general de su máxima confianza, José María Córdoba, como consecuencia del rencor. Bolívar, ya gravemente enfermo, presentó su dimisión ante el Congreso colombiano e inició su retirada con la idea de hacer un último viaje a Europa, cosa que tampoco pudo cumplir. Acompañado de un reducido número de amigos y ayudantes inició el lento descenso del río Magdalena recibiendo constantemente noticias de la fragmentación de la América española, la muerte de su más directo colaborador en la guerra, el general Sucre, y la disidencia de Venezuela, minaron más, si cabe, su delicada salud. A las doce de la mañana del día 17 de diciembre de 1830 murió en la finca de recreo del hidalgo español Joaquín de Mier en San Pedro Alejandrino, cura de Santa Marta”

Biografía completa en

https://dbe.rah.es/biografias/13189/simon-bolivar-y-palacios

Pedro Sánchez, el presidente “yo no he sido” y los incendios forestales.

Pedro Sánchez dixit: “La causa de los terribles incendios que estamos sufriendo es el cambio climático” y con eso, como acostumbra, eludió cualquier cuota de responsabilidad sobre lo que está sucediendo. Simplificaciones tan falsas y groseras, como el decir que Putin es el responsable del aumento del IPC. Sí, pero no.

No hay ninguna duda de que el aumento de las temperaturas facilita mucho la enorme voracidad de los últimos incendios y también es cierto que nuestro presidente no es el responsable de lo que está sucediendo, pero de ahí a asegurar ese “yo no he sido” tan habitual en él, hay todo un trecho de circunstancias, precauciones y obligaciones que es conveniente analizar. Y en este punto me otorgo una cierta autoridad, basada en el hecho de haber pasado muchos años de mi vida en un pueblo de la montaña valenciana, Bocairent, y haber disfrutado mucho, muchísimo de sus llanuras y de sus rincones, de sus zonas de bancales, de sus sendas y caminos, de sus bosques y de su maravilloso monte bajo, de las umbrías y de las rocas.

Autoridad muchísimo menor de la que tienen los que siguen viviendo en ambientes rurales, en este caso los bocairentinos, pero sigo manteniendo ese buen ojo para disfrutar de lo que veo y de reconocer, al mismo tiempo, bellezas y peligros.

Hay una frase, bastante afortunada, que dice que los incendios se apagan en invierno, pero, en mi opinión, muy incompleta, porque los incendios se deben “apagar”, en sus medidas preventivas, todo el año: manteniendo los bosques lo más limpios posibles de maleza, creando cortafuegos reales o teniendo previsto los que convendría establecer sobre la marcha según la zona en que se declaren los incendios y las condiciones medioambientales de viento, humedad y temperatura, controlando las tierras en barbecho porque, si no se limpian de hierbas secas, en lugar de cortafuegos actúan como auténticos regueros de pólvora extendiendo las llamas con suma rapidez de extremo a extremo de los campos, el tener previstos puntos de toma de agua para vehículos aéreos contraincendios, etc.

Y luego, claro está, hay una serie de normas a cumplir o a hacer cumplir, como la prohibición de encender hogueras en el monte, regular el uso de maquinaria agrícola en según que circunstancias, el actuar con severidad sobre los “héroes” de los bosques que los recorren en motos de trial o vehículos todoterreno, sobre los campistas insensatos que dejan basura en el monte, sobre la quema de rastrojos sin autorización ni tomar las debidas precauciones y tantas otras que pueden facilitar el inicio o potenciar  la voracidad de los incendios.

Sin olvidar que, de una vez por todas, se limite esa desproporcionada autoridad otorgada a los ecologistas y su consigna de “dejar en libertad a la naturaleza” que impiden legalmente que se saneen las zonas más peligrosas de los montes, pero que nunca aparecen a la hora de atacar los incendios. La necesidad de organizar los mandos únicos contraincendios o las ayudas entre comunidades, la utilización de drones “oficiales”, pero también de los que son propiedad de particulares autorizados para localizar las zonas “calientes”  o para vigilar a los merodeadores de los montes cuando no hay incendios y, en general, todo lo relacionado con la protección de los montes y la rápida extinción de los incendios que se vayan produciendo.

Y una medida muy urgente es la necesidad de endurecer de forma significativa las penas a los pirómanos, responsables de gran parte de los incendios, para hacerlas proporcionales a los daños causados en lugar de tratarlos como delincuentes sociales o simples gamberros, a los que se les aplican condenas poco ejemplares.

Podría estar escribiendo mucho tiempo sobre posibles medidas preventivas o las encaminadas a la rápida extinción de los incendios, algunas ya en vigor, pero creo que con este botón de muestra ya es suficiente.

Dicho lo cual, es evidente que las elevadísimas temperaturas de estos días son un gran factor de riesgo y un acelerante para potenciar la gravedad de los incendios, pero de eso a simplificar lo que está sucediendo con un absurdo “la culpa es del cambio climático”, hay mucho, muchísimo que Usted, querido presidente y todas las autoridades de la nación pueden y deben hacer.

Unos lo hacen mejor y otros peor, pero todo lo que se hace o lo que no se hace, como el poner coto a los ecologistas radicales, por ejemplo, es manifiestamente mejorable.

Así que, amigo mío, continúe si quiere visitando zonas quemadas para hacerse fotos abrazando a bomberos, si son bomberas mejor porque proporcionan un plus de ternura a la escena, pero que estas visitas no le distraigan de lo que es su verdadera obligación: hacer cumplir las normas existentes y crear nuevas leyes que mejoren la prevención y la lucha contra los incendios y contra lo o los que los propician o los provocan.

Siempre puede caer un rayo sobre un árbol, por supuesto, pero si no se puede evitar el incendio, necesitamos disponer de mejores armas para acotarlo y extinguirlo con mayor fortuna que en la actualidad.

Y deje en paz al cambio climático, a Putin y a todos esos “yo no he sido” con los que acostumbra a lanzar auténticas cortinas de humo, mucho más en un caso cono el que estoy tratando. Cortinas de humos, de fotos y de vídeos con cara compungida.

Y si quiere mejorar su imagen, que buena falta le hace a juzgar por los resultados de las últimas elecciones, ocupe su tiempo en mejorar el bienestar de los españoles y no lo pierda con estas sandeces. Porque ya nos conocemos y estas maniobras de propaganda barata cuelan cada vez menos entre la ciudadanía.

Por supuesto es bueno que los afectados reciban muestras de afecto del gobierno, pero no en este plan de protector magnánimo que promete ayudas con tanta “letra pequeña” que casi nunca se cumplen o con condiciones tan estrictas que cuesta mucho conseguirlas.

Así que, presidente, menos palabras y más medidas para evitar que suceda lo que está sucediendo.

¿El estado de la nación, o la consumación de una traición a Yolanda Díaz?

No es que sea un gran politólogo ni un adivino de los que estaban de moda hace unos años, pero, conociendo al personaje, es evidente que Pedro Sánchez no dejaría volar demasiado a Yolanda Díaz. Porque su situación es realmente desesperada.

Estoy seguro de que por mucho teatro que hagan en el parlamento, balas incluidas, sus apoyadores oficiales seguirán respaldando las iniciativas del gobierno, aunque en alguna ocasión hagan juegos malabares con los votos necesarios y se turnen en el papel de apoyador bueno, el del “sí” y apoyador malo, el del “no” o la abstención.

Y lo harán porque todos ellos están subidos en lo alto de la misma escalera y agarrados a la misma brocha, en la seguridad de qué si cae Pedro Sánchez, caen todos Y ya me contarán que sería de ellos.

Todos menos el partido-araña, el PNV, el más falaz de todos, porque los demás, aunque los rechacemos,  no nos engañan. Ni lo hacen los independentistas ni tampoco lo hace Bildu que siempre han dicho y siguen declarando los mismos objetivos: conseguir sendas repúblicas independientes. Mientras que estos convenencieros, recogedores de las nueces que otros hacen caer del árbol, son los que derrocaron a Rajoy por un plato de lentejas y están a punto de derrocar a Pedro Sánchez si Feijóo, Dios no lo quiera, les mejora la ración en forma de prebendas y transferencias.

Pero otra cosa es si podría ganar unas elecciones y parece evidente que no. No tendría el voto de ninguno de los partidos que le apoyan ni tampoco el mayoritario de los votantes tradicionales del PSOE, porque muchos de ellos no reconocen la ideología de su partido en las políticas disparatadas de este gobierno.  Ni siquiera creo que pudiera revalidar el título de secretario general, por mucho que mantenga el invento populista de las primarias, porque la “masa” es mucho más manipulable desde los medios que los antiguos compromisarios de las federaciones.

Y se irán a la abstención o a esa nebulosa del “país de nunca jamás” que es la “suma” de Yolanda Díaz. Pero esta, que no representa precisamente el Podemos duro de Pablo Iglesias, sí que podría restar votos del “Sanchismo” de los desengañados de “las mareas” y de los restos de los “hubiéramos podido”. Y llevarse los de los comunistas, o bien directamente o “sumando”, porque ya hace muchos años que a los representantes del antiguo PC lo mismo les da carne que pescado si pueden seguir en el machito manteniendo un mínimo de dignidad en su imagen pública.

Así que ha sucedido lo inevitable que ya comentaba como posibilidad el pasado día seis de este mes. La razón del famoso y muy anunciado estado de la nación ha servido, esencialmente, para restar todo lo que había sumado Yolanda Días y presentar a Pedro Sánchez como el nuevo líder de la izquierda, izquierda, no la socialdemocracia anterior, sino de la izquierda más próxima a los postulados del neo comunismo.

Y la prueba del nueve es que todos los “podemitas” de la bancada, más IU, más los otros desgajados de Podemos, casi se han roto las palmas de tanto aplaudir, también la bancada socialista, ya me contarán porqué, mientras la pobre Yolanda “mudaba el semblante” pensado que su gran amigo, su aliado, le estaba robando la merienda y el futuro.

Por cierto. La bancada socialista lo mismo aplaude en pie cuando su presidente se declara líder de la socialdemocracia que cuando, como ahora, se cae de la caballería, ve la luz y amenaza con sacar los hígados a los ricos, a la banca y a las empresas de la energía.

¡Maldita ley electoral que fomenta semejante aborregamiento! En este caso y cuando han sido otros los que gobernaban. Vean la televisión, por favor, y entérense de lo que está ocurriendo en Gran Bretaña.

Valencia, 14 de julio de 2022