La historia que no estudió el lendakari Ibarretxe

Otra vez un líder nacionalista, en este caso un lendakari vasco, nos ha sorprendido con otra de sus  extrañas interpretaciones de la historia, afirmando que hace 2.000 años los pueblos vascos y catalán estaban ahí, mucho antes que Europa o la Comunidad Europea. Una auténtica perogrullada.

Y esto solo puede significar dos cosas: O no conoce la realidad de sus propios orígenes o, como en otros tiempos, sigue pensando que los españoles somos seres inferiores apenas capaces de razonar y que aceptaremos sin más lo que quieran vendernos.

Y no es algo que me invente. Son opiniones del fundador del PNV o de su entorno, casi repetidas por Quim Torra hace menos tiempo, cuando dijo “Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN”

Naturalmente que hace 2.000 años no existía Francia, ni Europa, ni la Comunidad Europea, Sr. Ibarretxe, pero cada una de las partes de la península ibérica eran focos de cultura y de organización social como correspondía a nuestra condición de provincias del imperio romano, muchos siglos antes de que los habitantes de las tierras altas del norte de España, aislados por razones geográficas, pudieran integrarse en  lo que debió ser desde el principio su entorno más natural. Porque estos habitantes del norte, no me atrevo a llamarles vascos, no estaban aislados por voluntad propia, sino por fuerza mayor.

Pero esta es una realidad que Uds., los líderes nacionalistas, ignoran deliberadamente tratando de convertir en virtud lo que fue necesidad.

Si hablamos de pueblos con historia y cultura reconocida en los tiempos que cita, le recuerdo que el emperador de Roma era Trajano, nacido en Hispalis, muy cerca de Sevilla, mil quinientos años antes de que aparecieran los primeros textos escritos en euskera.

Es posible que piensen, y no lo niego, que las culturas rurales, basadas en la agricultura y la ganadería, también tuvieron y tienen un gran valor, pero reconocerán que no es lo mismo porque estamos hablando de un valor sentimental, romántico, pero no hay ninguna posibilidad real de que hayan influido de forma notable en la construcción de lo que hoy llamamos Europa, ni en ninguno de sus estamentos.  Con todos los respetos, las del norte de España son algunas más de las muchas culturas rurales de las actuales Francia, Alemania, Suiza y el resto de países de la Europa montañosa. Culturas y costumbres que, como los vascos, tratarán de mantener mientras puedan.

Raza supongo que no, ni tampoco lo afirman, aunque coqueteen con algunos términos biológicos para darle más énfasis a la cosa. Porque en aquellos tiempos, un poco porque así fue y otro poco porque Uds. lo exageran, algunas comunidades del norte de España sufrieron un aislamiento similar al de las Hurdes hasta el Siglo XX, aunque no parece que fuera tan severo como el de esta comarca.

Me figuro que, en realidad, eran comunidades relativamente aisladas por razón de las dificultades orográficas, porque si fuera cierto que eran pueblo sin mezcla, cosa que dudo, y con una población tan escasa como la de la época, hubieran sido inevitables los cruces familiares y las consecuentes enfermedades degenerativas que de ninguna manera pudieron originar una raza superior, sino todo lo contrario.

Lo lógico es que hubieran degenerado o desaparecido a causa de las enfermedades relacionadas con la consanguinidad, y no parece el caso, porque los vascos, y los “chicarrones del norte” en general, presentan un excelente aspecto y no parecen faltos de salud.

Así pues, y por pura lógica, Uds. no descienden únicamente de los vascones del año cero. Fueron población, que no raza, porque el concepto de raza, según la RAE, es “cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se pepetúan por herencia”, y no es el caso.

Seguro que los vascos no tienen ni nunca han tenido ese factor RH diferenciado que aseguraba Arzallus en uno de sus delirios excluyentes. Pura “biología ficción”. Aunque, si hubo consanguinidad, seguro que tendrían grandes grupos de RH similares, pero iguales a los de las otras comunidades del resto de la península.

Mucho más si hablamos de los vascos de nuestros tiempos, gran parte de ellos “maketos”,  que no podrán presumir de los famosos ocho apellidos vascos.

Y para mayor abundamiento, ni siquiera está claro el origen de la supuesta “raza” o comunidad vasca. Por supuesto yo no tengo ninguna autoridad para opinar sobre el particular pero es un hecho que los historiadores nunca se han puesto de acuerdo sobre este origen. Solo se sabe que los geógrafos romanos denominaron Vasconia al territorio de la actual Navarra,  no a lo que ahora es el País Vasco. Y que una de tantas teorías plausibles sobre el origen de esta comunidad es que “La cultura vasca, según la mayoría de los antropólogos e historiadores, sería descendiente directa de civilización prehistórica franco cantábrica, una cultura que abarcó todo el tercio norte de la península ibérica y mitad sur de Francia” (Sic).

¿Y que aporta esta teoría? Absolutamente nada fundamental, porque todas  las culturas españolas, sin excepción, somos descendientes de alguno de los pueblos euro asiáticos que llegaron a Europa y se fueron asentando en los territorios que consideraron más oportunos. A no ser que nos quieran hacer creer, que no me extrañaría, que los vascos aparecieron en las montañas por generación espontánea.

Y comparar la pureza de raza vasca o sus símiles culturales con la catalana es de juzgado de guardia si existieran tribunales para defender el rigor de la historia.

Como he dicho, es cierto que sus territorios, como ocurría con parte de los astures y otros pueblos de la cornisa cantábrica, no eran precisamente lugares de paso, pero ¿Cataluña?

Cataluña era el paso obligado de todo el que transitaba por las vías romanas,  su geografía está plagada de ciudades históricas y su territorio fue lugar de desarrollo de las grandes culturas que pasaron por allí. Pero, naturalmente, tampoco tenían sentido de reino ni de nación, términos que empezaron a apuntarse en el siglo VIII, en tiempos de Carlomagno, cuando se creó la llamada Marca Hispánica, siendo el de Barcelona uno de sus condados. Barcelona, que no Cataluña.

Todo lo contrario de lo ocurrido con los vascos, a los que el aislamiento condenó a un retraso cultural inevitable. No digo que no fueran ricos en costumbres y tradiciones, ¡que hermosas tradiciones las suyas!, como ocurre con otras comunidades de la península, pero tardaron mucho en desarrollar algunas de las ramas de las artes o de las ciencias.

El Instituto Vasco Etxepare, dice que: “El euskera es una lengua genéticamente aislada: es decir, no pertenece a ninguna familia lingüística conocida. Tampoco el origen de esta lengua está muy claro. Los primeros textos escritos en euskera datan del siglo XVI, aunque ya en el siglo X se conocen cantares, expresiones o vocablos escritos que aparecen insertados en otras lenguas. Aun así, el primer libro escrito en euskera es Linguae Vasconum Primitiae, escrito por Bernard Dechepare en 1545.”

Como ocurrió con los pueblos godos que llegaron a la península con lengua propia y sin escritura, aunque luego se romanizaron.

¡En 1545! Unos cincuenta años antes de que Miguel de Cervantes escribiera el Quijote.  En pleno Siglo XVI, el del Renacimiento.

Pero no importa. Como los nacionalistas inventores de historias no tienen ni el más mínimo sentido de la decencia cultural, a poco que me descuide alguien me dirá que el castellano, nuestra lengua romance del latín, es, en realidad, una lengua romance del euskera. ¿Que se apuestan?

Resultará que ellos no recibían influencias culturales de las tierras llanas por el aislamiento, pero los pueblos de Castilla sí que se dejaron influir por los vascos de las montañas. Será porque la cultura circula en una sola dirección, preferentemente cuesta abajo.

Imagínense los mensajes que estarán recibiendo los aldeanos sin acceso a la cultura o los niños en las escuelas, porque ahora ya no hace falta que los juglares  vayan de pueblo en pueblo con sus aucas contando historias y leyendas. Ahora les basta con los periódicos,  las radios, las televisiones y las ikastolas.

En lo único que tiene razón nuestro ilustre ex lendakari es que antes de que existiera Francia ya existían los ¿vascos? ¿vascones? Aunque no se sepa dónde. Como también había habitantes en la “Betica” o en la “Tarraconense”. O en nuestra más modesta “Contestana” que ya llevaba siglos creciendo en organización social, y que fue cuna de una cultura tan rica como la Ibérica, modelo de organización social, y creadora de un arte particular con ejemplos tan notables como la Dama de Elche.

Con la diferencia de que los habitantes de las tierras más bajas sí que tenían sentimiento de “pueblo” porque tenían vínculos comerciales con otras sociedades, y  vivían mucho más próximos los unos a los otros que los de las tierras altas, organizados en aldeas y parroquias.

Y que conste que no ataco a los vascos. Ni mucho menos. Los admiro precisamente porque han tenido una historia dura que, a diferencia de otras zonas geográficas,  les obligó a salir adelante en entornos hostiles y con muy pocas ayudas exteriores.

Porque han sabido conservar costumbres ancestrales, y porque parte de mi sangre procede de Rentería y de Arrigorriaga. Y porque es una gran comunidad, hermosa en su entorno, y poblada de excelentes paisanos.

Los vascos tienen muchas razones para sentirse orgullosos de su historia y de sus costumbres, claro que sí. El problema es, como siempre, la manipulación política que les hace parecer lo que en realidad no son.

Diferentes sí. Singulares y con una cultura rica, pero no superiores a cualquier grupo de población que haya crecido en circunstancias similares. Que ya está bien de autoproclamaciones de supremacía.

Aprendan del único español que podría declararse “ser superior” en este momento: Rafa Nadal. Y no solo no lo hace, sino que evita subirse a los pedestales que otros le construyen.

El país Vasco es tierra de acogida. Tierra que puede presumir, ahora sí, de estar en el grupo de cabeza de la cultura y la influencia política de España, tierra hermana que nunca debió caer en manos de personajes como Sabino Arana y su entorno. De locos visionarios que decían cosas como estas:

Antiliberal y antiespañol es lo que todo vizcaíno debe ser”, o “El aseo del vizcaíno es proverbial […]; el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año […]. Oíd hablar a un vizcaíno, y escucharéis la más eufórica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias.«

Inventores del PNV copiando la estrategia de los nacionalistas catalanes. Partido, el PNV, que nunca ha descalificado las memeces de su fundador.

Y claro. ¿Que cestos podemos construir con semejantes mimbres?

Pero es muy importante que no nos mantengamos callados y contestemos con evidencias a las fantasías de los apologetas de razas o culturas superiores. Nosotros, los mortales que vivimos en cada rincón de España, no podemos consentir que semejantes manipuladores se salgan con la suya.

Siendo conocedor de que seguirán con la misma cantinela, una parte por estrategia política y otra porque se han creído las mentiras de sus educadores.

Y desde este posicionamiento de español de a pie que ha estudiado la historia de su nación en el bachillerato y que procura aumentar sus conocimientos leyendo o escuchando, insisto en que el Sr. Ibarretxe, o es un inculto con aires de magistrado, como el asno del apunte de Goya,  o es un simple manipulador. Que elija entre estas dos posiciones, porque no entiendo otras intermedias.

Y un abrazo para los vascos “normales”, los que viven el cada día en su trabajo, tienen familia, son amigos de sus amigos y presumen en el resto de España con esa chulería jocosa tan bien recibida  en todos los ambientes. Como el comentario gracioso de esos bilbaínos de Valladolid, que dicen que no necesitan haber nacido en su territorio porque los vascos “nacen donde les da la gana”.

Y junto a mi abrazo, le muestro mi respeto en su propio lenguaje y con los versos de uno de sus saludos tradicionales, últimamente modificado por la UPV para quitarle la referencia a Dios y añadir otra a la mujer.

Versos con tan mala traducción al castellano.

Agur Jaunak
Jaunak agur,
agur t’erdi
Danak Jainkoak
eiñak gire
zuek eta
bai gu ere.

Agur Jaunak,
agur,
agur t’erdi,
hemen gera,
Agur Jaunak.

“Agur jaunak”, amigos y amigas del País Vasco.

La torre de Babel de la educación en España.

Otra vez, como ha sido y como será, las pruebas de acceso a la universidad han suscitado un aluvión de quejas de los alumnos por la diferencia en el nivel de exigencia entre comunidades.

Y otra vez he escuchado explicaciones peregrinas  del gobierno sobre “la complejidad de…”, “no hay una solución sencilla…” o similares.

Y todo es porque los políticos han perdido la facultad de utilizar el castellano como se debe, porque la explicación es muy sencilla.

Es imposible preparar exámenes únicos a nivel nacional porque la educación está transferida a las autonomías y cada una de ellas tiene planes de estudio diferentes”.

Y no lo dicen tan claramente porque fueron ellos, los políticos, los que se equivocaron permitiendo esta anomalía que ahora perjudica a tantos jóvenes en toda España.

No digo que no se transfiriera la educación para su gestión logística y económica, y para asegurar su correcta impartición. Incluso permitiendo que ajustaran algunos contenidos sobre  las peculiaridades propias de cada una de ellas,  pero manteniendo asignaturas comunes para toda España.

Y cuando digo comunes digo con libros de texto exactamente iguales, autorizando a que cada autonomía añadiera una o dos asignaturas que reforzaran el conocimiento de la historia y de las peculiaridades de cada región. Ambas cosas hubieran sido compatibles y habrían enriquecido el conocimiento de los alumnos.

Y pongo un ejemplo. Sociales debería tener dos asignaturas: “Sociales de España”, y “Sociales de la Comunidad”. La primera común para todas las autonomías y la segunda con texto libre.

Nos habríamos evitado muchos problemas, se habría unificado la educación nacional complementada con temas locales, y se habría evitado  el adoctrinamiento y la alteración de la historia. Porque nadie se hubiera atrevido a decir en los textos locales algo diferente a lo que digan los nacionales.

¿A que parece una solución muy sencilla? Pero la maldita interpretación errónea de lo que es la política ha permitido que cada autonomía haya ido saltándose las normas poco a poco y cada vez más. No les bastaba con ocupar espacios libres, incluso se atreven sin ningún rubor a cambiar o tergiversar los hechos históricos.

Esa, y no otra, es la razón de que no se puedan preparar exámenes unificados como reclaman los alumnos. Una de tantas cosas que se hicieron mal y que nunca se ha rectificado. Y así nos va.

Otra vez, las cosas de Ciudadanos

Cada vez estoy más convencido de que Ciudadanos, más que un partido político, es una especie de pasatiempo de “descubra los siete errores”, porque es imposible seguir sus razonamientos y mucho menos sus idas y venidas en sus planteamientos políticos. Ya hace más de un año que lo definí como “partido yenka” por sus regates y su “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un dos tres”

A poco que se les siga, parece un partido nacido sin más objetivo que  “participar” en el juego político, pero jugando y aconsejando, solo juzgando y aconsejando, desde lo más alto de los torreones. Bajar al suelo no, por favor, que ensucia los zapatos. Sé que ahora cogobiernan en Andalucía, pero es porque no han tenido más remedio y después de ponerse un mono de laboratorio para protegerse de  los gérmenes de VOX, un partido que es radical, sí, pero constitucional y constitucionalista.

Ayer, día 3 de junio, se ha reunido su Comité Ejecutivo y parece ser, con Ciudadanos siempre parece ser, que han decidido negociar, pero de forma que sea imposible llegara  ningún acuerdo con nadie, y sin ninguna opción de participar en posibles soluciones a la grave situación del momento. Más bien complicándola.

Aseguran quererlo  hacerlo con el PP, al que definen como “su socio preferente”, pero no quieren nada, absolutamente nada, de VOX, por lo que ya me contarán para que servirán los pacto con el PP, solo con el PP,  si no pueden alcanzar  ninguna mayoría.

Y han dicho literalmente que Ciudadanos buscará «acuerdos centrados, moderados, liberales y a dos» y por eso no va a «entrar a negociar gobiernos y acuerdos a tres donde puedan estar Podemos, Vox, o nacionalistas«. Eso mismo. Está claro que para ellos es lo mismo VOX que todos los demás.

Y por su izquierda, con el PSOE, dicen que lo harían “donde los dirigentes socialistas «se desmarquen» de las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez, en particular en materia territorial, y acepten una serie de propuestas básicas de Cs

Lo que, de entrada, descarta al gobierno central, y a todas las autonomías, porque no creo que ningún presidente autonómico acepte semejante componenda.

Luego estamos donde estábamos, pero más confusos. Ciudadanos continúa con su extraña estrategia de conseguir votos, que tampoco los está consiguiendo de forma importante, sin darles ninguna utilidad cuando los ha conseguido.

En este momento podrían influir en el gobierno de la nación pactando con Pedro Sánchez entrar en el gobierno, lo que sería excelente para España y para el propio partido. Y también podía formar parte de gobiernos regionales y ayuntamientos con el PP atemperando los bríos de VOX, pero no. Prefieren su torre de marfil.

¿Alguien puede explicarme cuales son los objetivos reales de este partido? Yo me lo he preguntado varias veces, pero no hay forma de que me contesten.

¿Se acuerda de que hace cuatro días un Podemos pujante no quiso entrar en el gobierno de la nación porque no les daban suficiente poder, teniendo seguras varias carteras? Creían, los muy ilusos, que su pujanza era real y que en unas nuevas elecciones conseguirían ser la lista más votada.

Ahora están mendigando un ministerio, aunque sea por caridad, y si se lo dan será porque al PSOE le interesa mantener vivo a un Podemos controlado que meterse en otros charcos. Porque fuerza para exigirlo no tienen ninguna

Recuerde, señor Rivera, y tome nota: “Sic transit gloria mundi”. ¡Como recordarán esta frase los “podemitas”!

Y aplicando un mal símil con una de esas leyendas de los relojes de sol de las antiguas ermitas y monasterios que siempre me han interesado por lo duro de sus mensajes, hay una que parece de aplicación en su caso, aunque sea muy traída por los pelos.

Omnes vulnerant ultima necat” (todas hieren, la última mata).

Se refiere a las horas, naturalmente, pero quizás, en su caso, sea aplicable a sus decisiones.

Me temo Sr. Rivera, que hemos avanzado muy poco. Creía que su famoso cartel electoral de hombre desnudo quería representar a un candidato sin nada que ocultar en bolsillos y mochilas, pero me temo que no era una figuración, sino una realidad. Porque el tiempo está demostrando que no traía nada de nada. Ni siquiera un bloc en que hubiera anotado cual era su proyecto. Que pensaba hacer en los próximos años.

Ahora ya lo sabemos. Improvisar.

La grave amenaza de los dos nacionalismos.

En esta España de nuestros amores, amores de casi todos, siempre ha existido el sentimiento regionalista, el de la “patria chica”, que nos hacía diferentes dentro de la unidad, y orgullosos de serlo. Supongo que todos los mayores recuerdan los tiempos en los que cuando coincidíamos en un viaje con gentes de otras regiones, acabábamos las cenas contando nuestros chistes y cantando nuestras canciones. O las de los otros, porque yo he coreado muchas veces “Asturias patria querida” en honor de los asturianos presentes, o “baixant de la font del gat” si habían catalanes.

Tiempos en los que los catalanes de Valencia se reunían los domingos por la mañana en la plaza de Alfonso el Magnánimo para bailar sardanas alrededor de la estatua de Jaime I, en las que participaban cuantos valencianos querían hacerlo.

Pero mientras, solapadamente, incluso en los tiempos de Franco y desde mucho antes, había un movimiento subterráneo en Cataluña que preparaba la venida de nos nuevos tiempos, los organizadores “del prosses”, que iban ocupando poder e instituciones sin prisa, pero sin pausa, en espera de que llegara su hora.

Su hora que, creo, todavía no había llegado cuando decidieron dar el paso, pero la caída del clan Pujol precipitó los acontecimientos buscando un blindaje político para los últimos cabecillas de  la trama que, ¡cómo no! habían aprovechado la ocasión para enriquecerse personalmente.

Y a partir de ese momento, todo ha sido “llanto y crujir de dientes” de los gobiernos de turno que no han sabido poner los pies en pared y detener lo que, de corriente subterránea, pasó a ser un auténtico sunami consecuencia de los muchos años de adoctrinamiento y tergiversación de la historia.

El caso es que todos lo verían venir, pero nunca pensaron que se llegaría hasta donde se ha llegado, ignorando que no se ha hecho más que repetir otros episodios históricos.

Y, para más “inri”, hemos dejado en sus manos la iniciativa internacional de la información de los hechos, en un intento casi conseguido de hacer que se vea a nuestro gobierno como represor, y a nuestra justicia como manipulada por el poder.

Todo ello con nuestro dinero. Unos genios. Nos hemos dejado y encima hemos puesto la cama.

Ahora se están cambiando las tornas. Hay un juicio en curso contra los golpistas y las cortes internacionales están echando por tierra sus argumentos.

Pero ha costado, cuesta, y costará un prolongado periodo de sangre, sudor y lágrimas normalizar la situación, especialmente para los catalanes. Los independentistas porque aun sabiendo que han perdido la guerra, se resistirán mientras puedan. Y los nacionalistas no separatistas, con sentimientos de singularidad y orgullosos de sus orígenes, porque están totalmente sojuzgados por las autoridades de la otrora locomotora de España, y seguirán temiendo y/o soportando la presión de “los otros”.

Aunque llegados a este punto no basta la comprensión del resto de los españoles. Cataluña no volverá a la normalidad si los no nacionalistas no toman la iniciativa, dan la vuelta a la tortilla, se sacuden los temores, algunos fundados, y  salen a la calle para ser ellos los que denuncien a los que les extorsionan y amenazan. Para señalar a los malos. No “malos” por tener determinada ideología, sino porque muchos de ellos se han convertido en auténticos delincuentes sociales y hasta penales.

Todo ello sin ningún tipo de violencia ni de represalias. Simplemente hay que retomar la normalidad.

Porque desde el resto de España no podemos presentar candidaturas de partidos constitucionalistas para que no se pierda su presencia en la comunidad., como ha ocurrido en Gerona por ejemplo, ni pueden los empresarios no censados en esa autonomía votar en la Cámara de Comercio de Catalunya, donde la “no sé qué” (¿cobardía? ¿apatía? ¿inconsciencia?),  de la gran mayoría de los que podían hacerlo, han permitido una presidencia ultra independentista con ¡un 4,1 % de participación! sobre el censo de empresarios, sabiendo que los radicales, que han sido los que han obtenido los buenos resultados, sí que acuden en tropel.

Tendrán el respaldo del gobierno y de la ciudadanía de toda España, pero solo ellos pueden cambiar las cosas tomando la iniciativa.

Cataluña ya tiene transferida la seguridad ciudadana y los servicios penitenciarios (¡que error!) y ahora buscaban, entre otras cosas, las competencias de hacienda como fórmula constitucional de emular el estatuto vasco. Y también han intentado romper la caja única de la Seguridad Social, y  han peleado por el poder judicial, transferencia que les hubiera permitido hacer y deshacer a su antojo, sin más control que el Constitucional al que hacen muy poco caso.

Pero creo que el proyecto de la supuesta república de Cataluña está políticamente muerto, como también lo están todos los responsables aunque ellos no lo sepan.

Siempre, claro está, que al gobierno actual no se le ocurra darle oxígeno con alguna decisión fuera de lugar. Y no digo que no se negocie con el gobierno catalán. Todo lo relacionado con el bienestar de la comunidad. Nada, absolutamente nada, que pueda reforzar los recursos económicos o la ideología del separatismo.

Hemos pasado unas elecciones y el presidente Sánchez, que ha tenido posiciones ambiguas y alguna que otra salida de pata de banco tratando de convencer a los que no quieren ser convencidos, habrá podido comprobar, porque tonto no es, que los barones del PSOE más enemigos del independentismo y contrarios a la política de su secretario regional, son los que han obtenido mayorías absolutas. Ojo al dato.

Sin embargo en este momento se está gestando un conflicto tan importante como el catalán, y es el del país vasco. Y estos son más peligrosos porque son más listos.

Tienen un estatuto que se aprobó como fórmula de compensación para que aceptaran la constitución, y consiguieron la transaccional que permite anexionar Navarra al país vasco si se aprueba en un referéndum.

También tienen transferida la seguridad ciudadana, y, como proyecto urgente, necesitan que les transfieran justicia. Su reclamación sobre la dispersión de presos no ha tenido éxito porque se ha encontrado con el rechazo de los gobiernos españoles, apoyados según las últimas resoluciones,  por los tribunales internacionales.

Y si el gobierno actual y los futuros inmediatos ceden en una sola de sus pretensiones por un puñado de votos, serán responsables de otra catástrofe institucional, esta vez con premeditación y alevosía.

Lo primero que deben acordar los constitucionalistas, y no incluyo a  Podemos porque no estaría en este pacto, es cambiar la ley electoral para limitar las ventajas de los que solo se presentan en una autonomía. Y lo segundo es llegar a un acuerdo por el que todos ellos se comprometan a apoyar investiduras o leyes, si son de interés nacional,  si la aprobación depende de los votos de extremistas o independentistas.

Nunca más, nunca máis, mai mes.

Y no nos confundamos. El problema no es Bildu por mucho que actúe como partido antiespañol y “apoya terroristas”. Hablo del PNV que es el que realmente maneja desde hace muchos años, muchas décadas, lo que ocurre en el País Vasco. Y que es responsable de muchas cosas vergonzosas, entre ellas  que el terror de  ETA durara tantos años.

No digo que les instaran a matar, pero tengo claro que si se lo hubieran propuesto y hubieran colaborado con el gobierno de la nación, ETA habría desaparecido mucho antes de lo que lo hizo. Sabían quiénes eran y podían a averiguar dónde estaban. Incluso contaminaron con su ideología al clero vasco que protegió a muchos etarras.

Insisto: no se trata de señalar a los catalanes o a los vascos como gente peligrosa. Ni mucho menos. Pero sí a sus líderes políticos actuales, desleales con el Estado español y con nosotros, los ciudadanos de otras comunidades, que están creando conflicto en sus regiones y perjudicando el bienestar y la paz social de sus ciudadanos

Han «olvidado» que tienen un poder delegado del gobierno central, que podrían perder si llegara el caso con una aplicación adecuada del famoso artículo 155.

Que no lo olvide también el gobierno. No soy partidario de aplicarlo con premura, pero si de que se lo recuerden en cada reunión. Y, de aplicarlo, no sería una “pax romana”, sino normalidad democrática.

Pax romana, la que impone el opresor al sojuzgado, es la que pretenden conseguir ellos en sus territorios.

Las negociaciones políticas y la postura, postureo, de algunos partidos políticos.

El Partido Sanchista Obrero Español no solo evita tratar con VOX. También acusaba al PP y a Ciudadanos de estar contaminados por el virus “ultra derecha”, aunque ahora parece que alguien le ha dicho que no, que se puede pedir cosas a estos dos partidos porque la sangre no había llegado al rio. Y es que cuando hay hambre, tampoco hay que fijarse demasiado en la calidad de la comida.

Sin embargo, que curioso, no ha tomado ninguna medida profiláctica antes de hablar con los independentistas, con Podemos, o con el PNV (¡que peligro tiene el PNV!)

El PP dice que puede pactar con Ciudadanos y, según y cómo, con VOX. Incluso no descarta tratar con el PSOE temas de estado, aunque nada de apoyos, ni votos favorables, ni abstenciones.

Lo de Ciudadanos, como siempre, no hay quien lo entienda. Otra vez se han puesto dignos, se han enfundado los uniformes anticontaminación, e insisten en que ellos, los puros, no quieren hablar ni con VOX, ni con Podemos, ni con el PSOE de Sánchez.

Alguna vez, alguien, explicará “de que van”. ¿Saben lo que es política, acuerdos, consensos, negociaciones, buscar soluciones?

Su hombre en la alcaldía de Barcelona, Valls, con experiencia política, acaba de tomar una decisión absolutamente lógica, aunque no guste. Ha catalogado a las fuerzas políticas representadas en el ayuntamiento y las ha dividido en constitucionalistas, populistas e independentistas.

Y ¡claro que le hubiera gustado pactar con los constitucionalistas!, pero no le salen las cuentas. Y entre lo malo, lo menos malo es el populismo, por lo que decide apoyar a Ada Colau.

Y, naturalmente, nuestro señor Rivera dice que ni hablar, que ellos no se juntan con esa señora porque no es trigo limpio.

Al señor Ribera habrá que llevarle a una academia en la que enseñen matemáticas, ética y lógica. Matemáticas para que aprenda a sumar y restar escaños, ética para que aprenda que la dignidad se conserva con independencia de con quien te relaciones, aunque hay que tener claro para que te relacionas. La ética es personal e intransferible y, si es de calidad, de la buena, no necesita signos externos ni se resiente porque trates con personas o entidades poco deseables.

Y lógica, porque aunque Valls apoye el nombramiento de la señora Colau, como no tienen  mayoría puede controlar los acuerdos e influir en las decisiones exactamente igual que con otro alcalde. Muy poco.

Pero la imagen pública de Barcelona no es  la misma con un alcalde populista que con otro Independentista. O eso me parece a mí, aunque no soy tan listo como él, que lidera un partido.

En cuanto a Madrid, señor Rivera, seguramente no se ha enterado de que VOX es una formación legal, con la que hay que mantener precauciones, pero legal. Que defiende la unidad nacional, quizás con exceso, y que tiene posturas radicales en algunos temas, pero legal. Un partido con el que se debe hablar, aunque sea para tratar de que modere algunos de sus planteamientos.

Seguramente el Sr. Rivera, por su edad, no recuerda bien que hace no hace tantos años, líderes de partidos de extrema izquierda, cuando la extrema izquierda era extrema izquierda, izquierda, centro, derecha y extrema derecha, cuando la extrema derecha era extrema derecha, se pusieron de acuerdo para consensuar lo que se ha llamado “la transición”.

Pese a que algunos de ellos o familiares suyos habían sido enemigos en una guerra civil. Y que parte de ellos fueron represaliados por los dos bandos durante la guerra o después de la guerra. Que es el colmo de las diferencias que podrían haber justificado una negativa al diálogo.

Por lo que todo este mirarse el ombligo y tratar de mantener una postura de pureza política tan inoportuna en los tiempos que corren me parece un sin sentido. Porque, Sr. Rivera, no sé Ud., pero muchos de los mortales pensamos que España está en situación de casi emergencia, con riesgo de empeorar conforme avance el juicio “del prosses” y el muy peligroso PNV mantenga su falsa posición de fuerza basada en que tiene los votos del apoyo a la investidura. Fuerza basada en el chantaje político que se esfumaría si Ciudadanos o el PP cedieran los votos necesarios para la investidura.

Si alguna vez quiere alcanzar la madurez política y democrática no se niegue a hablar con representantes de partidos legales. Luego llegarán a acuerdo o no según lo que se negocie, pero esa posición de “no me junto con estos” me parece sencillamente inapropiada e infantil.

Claro que ni esta nota llegará a sus manos ni creo que me hiciera caso si le llegara. Yo, como suelo hacer, intentaré hacérsela llegar.

Las elecciones de 2019 y la oportunidad de los resultados

Estaba revisando los resultados de las últimas elecciones, generales, europeas, autonómicas y locales, y creo que pueden suponer una oportunidad  para el país, teniéndolo como lo tenemos y estando en la situación en la que estamos.  Me temo que nuestros sabios dirigentes no harán lo que a mí me gustaría, pero ¡quién sabe!

Lo disperso de los resultados y la falta de mayorías permitiría una composición como esta:

El partido socialista, al que  todavía llamo Partido Sanchista Obrero Español porque no le identifico con el ideario del PSOE histórico, consiguió la mayoría en votos, pero solo 123 escaños. Esta situación le proporciona una relativa seguridad para gobernar, pero no sin recibir serias dentelladas en todo el cuerpo, y manteniéndose en esa posición ambigua y contradictoria tan perjudicial para la imagen del presidente.

Pero, gracias a la situación actual, creo que tiene soluciones que le permitirían  rectificar alguna de sus actitudes más controvertidas y cambiar su perfil por el de un gobernante más al uso.

Para ello, en primer lugar, debería recuperar la confianza de los sectores marginados del PSOE, (algunos de su “barones” han conseguido mayorías absolutas en su comunidades), y nombrar un gabinete con ministros con la suficiente personalidad para plantearle alternativas y algún que otro desencuentro, como ha ocurrido con todos los gobiernos de calidad desde la transición.

No como hasta ahora, que se ha rodeado de figuras que representaban un papel, diseñadas por un asesor de marketing para visualizar que el presidente respeta a colectivos muy variados, y con acusada tendencia al “si bwana”. Un gabinete “bonito” y sumiso al “ordeno y mando”.

Y si quiere romper el nudo gordiano con el que nos han atado los independentistas y la extrema izquierda, ahora tiene la oportunidad. Buscar una alianza sólida con Ciudadanos, a pecho descubierto, incluida la entrada de miembros de este partido en su gobierno.

Como decía, le daría una imagen de mejor estadista en España y en Europa, tendría mejor aceptación en el mundo empresarial, y facilitaría la negociación de acuerdos con el PP en los temas de estado que tenemos pendientes.

Evidentemente esta decisión supondría una mayor enemistad de los independentistas, que ya son sus enemigos como lo son de todos  nosotros, y el cabreo de Podemos. Pero Podemos tampoco es ni ha sido nunca un aliado claro del PSOE porque su objetivo es ocupar su lugar en el espectro político.

Ciudadanos, mejor dicho su hiperactivo líder, porque este es un partido claramente presidencialista, podría desempeñar por primera vez un papel importante en España si accede a llegar a acuerdos con el PSOE en una alianza de gobierno, y con el PP en los gobiernos locales y autonómicos donde estos partidos tenga mayoría de votos.

Su inclusión en el gobierno le daría visibilidad, le aportaría experiencia en gestión de mucho nivel, abandonando el toreo de salón al que nos tienen tan acostumbrados, y ayudaría a moderar alguna de las posturas más radicales de Pedro Sánchez.

Y, como decía, debería llegar a acuerdos con el PP para apoyarse mutuamente las listas más votadas de ambos partidos en las comunidades y los gobiernos locales. De esta forma podrían  tener presencia real en toda España y cambiar su imagen de partido inútil desde el punto de vista de la inoperancia de sus votos.

En cuanto al PP, que ha amortiguado lo que parecía una caída libre, con estos resultados tendrá tiempo para reconsiderar algunos de sus planteamientos, ajustar mejor su ideología de centro derecha, y definir sus objetivos como partido de gobierno.

Que son estos fundamentos, y no el nombre de determinadas personas, por muy brillantes que sean, los que deben cimentar su futuro y dar confianza a sus electores.

Son las figuras estelares del pasado reciente, esas que “querían” tanto a su partido, las que lo han hundido abandonando el barco cuando han perdido protagonismo político, cuando se han aprovechado de sus puestos con fines particulares cayendo en la corrupción, o cuando se han sentido poco valorados si  les han apeado de las listas electorales o no les han colocado en los primeros puestos.

Como dice el refrán, hay amores que matan.

Y daría nombres, muchos nombres, de personas retiradas de la política o que se han buscado acomodo en otros partidos después de que, tras muchos años, han descubierto donde estaba la verdad verdadera.

Como los futbolistas que fichan los clubes: Prácticamente todos coinciden en que jugar en el nuevo club era su ideal de toda la vida.

Y defiendo al PP  porque España necesita que se recomponga, como necesita que lo haga el PSOE. Después de muchas vueltas y revueltas y de tantos experimentos, siguen siendo los únicos partidos de gobierno, aunque sea con pactos, y los necesitamos como alternativa.

De Podemos poco que decir. Están bajando rápidamente hasta su nivel de competencia, porque es un partido, o una agrupación, sin sentido, sin norte y sin sur, con el único objetivo, hasta hace un mes, de desacreditar la transición, derogar la Constitución, y fraccionar España.

Amigos de nuestros enemigos, abanderados de banderas separatistas, partidarios de medidas anticonstitucionales, y defensores, hasta hace poco, de los valores de los regímenes bolivaristas. Es un partido de importación, sin ninguna posibilidad de echar raíces en Europa.

Sigo opinando que ni nos conviene como ciudadanos españoles, ni tampoco como sociedad civil. Digan lo que digan no es un partido de izquierdas ni tiene sus condicionantes éticos. Han actuado como auténticos antisistema que empezaron diciendo que la democracia real está en las calles, aunque ahora, acomodados en el parlamento, ha rectificado alguna de sus posturas iniciales. ¡Como diría yo!: Podemos no parece un partido español, y no porque sea de derechas o de izquierdas. Es porque está desubicado, fuera de cualquier lugar reconocible.

Y digo que mucho de todo esto ha durado hasta hace un mes, porque desde ese momento, Pablo Iglesias se  transformó en una especie de telepredicador con la Constitución bajo el brazo y exigiendo que el gobierno cumpla ese articulado tan denostado hasta ahora.

Y adoptando un todo de moderador enemigo de los insultos y las agresiones verbales. Es que hasta en el postureo son inconsistentes.

Si IU recobrara la sensatez volveremos a tener un partido de centro izquierda, el PSOE, y otro de izquierda más radical, IU, pero me temo que han salido demasiado dañados con la aventura de aliarse con el gran depredador y están casi en muerte cerebral.

¿A que todo lo dicho anteriormente parece una buena solución? ¿A cuántos españoles les disgustarían pactos como los que señalo?

Pero me temo que no será lo que suceda porque la política de los últimos tiempos, gracias al personalismo de sus líderes y sus ambiciones personales, se ha convertido en el arte de complicar todo que pueda tener una solución sencilla.

Las normas, los comportamientos y el desorden de los políticos.

Cualquiera que me conozca medianamente bien sabe que soy un acérrimo defensor de las normas y, como consecuencia y derivada natural, de los comportamientos.

Y por esta razón estoy convencido de que parte de la degradación ética y estética de nuestra sociedad es por la laxitud en la aplicación de lo “que se debe hacer”, esté escrito o no. Especialmente si está escrito.

Insisto. La sociedad civil necesita respetar normas de la misma forma que las ceremonias religiosas se enmarcan en la liturgia especial de cada una de ellas.

Porque si no hay un cauce de convivencia y cada uno obra según su entender, aunque sea su recto entender, y no sigue las normas establecidas, podemos entrar en terreno de las interpretaciones, siempre tan peligroso.

Y si aplicamos este caso a la clase política, que no a la política, las consecuencias pueden ser nefastas.

Esto viene al hilo de lo ocurrido en la última toma de posesión de los parlamentarios, y algunas de las extrañas fórmulas empleadas para “aceptar” las obligaciones propias de su cargo, simplificadas en el acatamiento de la Constitución.

Pues bien. Ayer comentaba que, en mi opinión, parte de los parlamentarios recién nombrados no cumplieron con lo que indica la ley para refrendar su cargo en las cortes, complemento obligatorio al de disponer del acta de diputado, por lo que dudo mucho de que en realidad adquirieran la titularidad.

Porque no siguieron la norma establecida, en este caso la “Resolución de la Presidencia (de las Cortes), de 30 de noviembre de 1989, sobre la forma en que se ha de prestar el juramento o promesa de acatamiento a la Constitución previsto en los artículos 4 y 20 del Reglamento de la Cámara”, que en uno de sus párrafos dice:  “formulada la pregunta “¿Juráis o prometéis acatar la Constitución?”, se debe contestar con un “sí, juro” o “sí, prometo”.

También decía que el Constitucional aceptó la coletilla de Herri Batasuna de “por imperativo legal” porque no altera para nada el fondo de la cuestión, ya que todo el proceso, incluidas las propias elecciones, están reguladas por un imperativo legal.

Es como si un agente del orden detuviera a un delincuente en pleno acto delictivo y al “quedas detenido”, o lo que sea lo que diga, añadiera “por imperativo legal”. No hace falta que lo diga porque se sobreentiende que está actuando porque le obligan las leyes españolas.

Pero a partir de ese momento se han ido permitiendo añadidos más o menos folclóricos, en principio inofensivos, que han acabado por ser perniciosos por confusos y contradictorios.

Nadie puede ser congresista de la nación española alegando fidelidad a un referéndum ilegal sobre un asunto anticonstitucional, por ejemplo. O autodefinirse como “preso político” en un país con una democracia muy consolidada.

Y lo que debió hacer la presidenta, en mi opinión, es advertir a los heterodoxos de que no podía aceptar su fórmula como válida, y que la única posibilidad de reconocerlos como congresistas era ceñirse a la ortodoxia del “sí juro” o “sí prometo”. Sin más.

Pero esto viene de mucho tiempo y de mayores instancias, por lo que de aquellos lodos tenemos estos barros. Siempre he pensado en que ha sido un gran error permitir que los presidentes de las comunidades autónomas, especialmente la vasca y la catalana, hayan aparentado que lo son porque los eligieron en su comunidad, lo que es cierto, para hacer lo que estimaran oportuno, lo que es rigurosamente falso.

Los gobiernos de las Comunidades Autónomas actúan por delegación del gobierno de la nación, y sus competencias, las transferidas, están enmarcadas por las leyes españolas y por lo que establecen los estatutos de cada autonomía, que nunca pueden tener un rango mayor que el de las leyes de la nación.

Pues bien. He buscado lo que dice la ley sobre el particular, y veo que el Real Decreto 707/1979, de 5 de abril, que es el que regula la fórmula de juramento en cargos y funciones públicas, entre las que se incluyen las de presidentes de autonomía, dice en su artículo primero:

En el acto de toma de posesión de cargos o funciones públicas en la Administración, quien haya de dar posesión formulará al designado la siguiente pregunta:

«¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo …………….. con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado?»

Esta pregunta será contestada por quien haya de tomar posesión con una simple afirmativa.

La fórmula anterior podrá ser sustituida por el juramento o promesa prestado personalmente por quien va a tomar posesión, de cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey y de guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado.

En este caso aparece un matiz importante sobre los juramentos o promesas de los parlamentarios, y es el de “guardar y hacer guardar la Constitución”. La razón es que una buena parte del funcionariado, como los presidentes de autonomías, ocupan cargos revestidos de autoridad, delegada repito, y no solo tienen que respetar la Constitución, sino hacer que se respete.

Y mi opinión es que, según lo establecido por la ley, una parte de los presidentes autonómicos nunca lo fueron legalmente porque ni aplicaron la letra ni estaban de acuerdo con el espíritu del texto.

Por lo que, o se les debió exigir cumplir con la formalidad, o nunca se debió aceptar que sus nombres aparecieran en el BOE, que es el único documento oficial a nivel nacional con poder para ratificar los nombramientos.

Pero, como la política española fue derivando hacia la inmediatez de las decisiones y la provisionalidad de los cargos,  ocurre que se han abierto muchas causas por delitos económicos, pero prácticamente ninguna por tomar decisiones políticas equivocadas, entre otras cosas porque hay que demostrar la intencionalidad, y eso es casi imposible.

Y así hemos asistido a acontecimientos en los que los responsables de hacer cumplir la ley, los gobiernos de turno, han ido cediendo en autoridad y mirando hacia otro lado cuando se han producido hechos de muy dudosa legalidad constitucional, permitiendo que los usos sustituyan a las normas.

Y así es como, pasito a pasito en las cesiones, hemos llegado a la incomprensible situación actual, donde todo el mundo actúa según su criterio, teniendo que escuchar, como ocurrió el otro día, que no todos los nuevos diputados habían adoptado fórmulas en la que se aceptaban los compromisos propios del cargo.

Mi castellano es más o menos como  el de la media de los españoles, y siento decir que no comparto en absoluto las conclusiones de la flamante presidenta delas cortes cuando afirmó que todos ellos habían aceptado el cargo de forma inequívoca.

Siempre he defendido que cuando se tienen responsabilidades empresariales o familiares hay que corregir continuamente “pequeñas cosas” como única fórmula para evitar los grandes problemas.

Pero claro, estamos en política, que es tanto como decir un mundo  que ha ido derivando hacia el “tula llevas”, donde todo el mundo se apresura a ponerse frente a una cámara cuando hay buenas noticias, sean o no sean por sus actuaciones, y nadie quiere saber nada de tomar decisiones o aceptar responsabilidades. Mucho más en este ambiente de permanente campaña electoral en el que nos han sumido, y en el que todos prefieren mirar hacia otro lado, no sean los votos, y nadie tiene el valor de ponerle el cascabel al gato.

Estos días estoy siguiendo una parte del juicio a los independentistas catalanes y he descubierto con admiración la razón de la eficacia del orden judicial.

Los testigos entran cuando lo permite el presidente de la sala, responden a las preguntas protocolarias de forma escueta y clara, se sientan cuando él lo autoriza, y nadie, ni abogados, ni fiscales, ni testigos, se salen de la norma por mucho que lo intenten y empleen los trucos que empleen, porque el presidente, figura de la autoridad y garantía de la independencia y de la imparcialidad del proceso, pone a cada uno en sus sitio sin permitir ni salidas de tono, ni del orden en el  proceso judicial.

Está claro que un parlamento no puede estar tan encorsetado, pero entre este tipo de actuaciones y el desorden actual, hay un gran margen de maniobra que permitiría una dinámica parlamentaria, ágil y libre en las propuestas y las opiniones, pero sujeta a unas normas mínimas de orden y cortesía parlamentaria, en el que, entre otras cosas, se respeten las normas escritas en el reglamento de las cortes sin ningún margen a la interpretación.

Nos evitarían mucha vergüenza ajena y ganarían en eficacia.

El voto, una obligación y una oportunidad.

Esta semana tenemos una segunda convocatoria de elecciones, y de nuevo hay que tomar una decisión. Decisión que, como digo en el título, tiene mucho de obligación y también es una oportunidad de tratar de reconducir la política en la dirección que creamos más oportuna para nuestra forma de pensar y nuestro ideal de nación.

Pero para ello necesitamos salvar muchas barreras, algunas de ellas de mucha altura.

La primera es tratar de desapasionar el voto. Soy consciente de que la emotividad es inevitable y comprensible, pero conviene rebajarla al máximo porque es indeseable

Todavía hay una gran cantidad de población para la que el amor y la fidelidad a unas siglas, que no a las ideas, es un gran condicionante, pero no debería bastar para decidir el voto.

Y digo las siglas y no las ideas porque cada momento histórico tiene sus circunstancias y hacen que el PSOE o el PP de hoy, por ejemplo, defiendan posiciones diferentes a las que defendieron en algún otro momento. Dentro de una horquilla de ideario, pero sensiblemente diferentes.

Sin embargo cada vez es más frecuente que las campañas estén dirigidas por politólogos, coacher (entrenador  en inglés)  y asesores de imagen, que preparan a sus empleadores para que convenzan con su aspecto, sus gestos, o su forma de expresarse, con independencia del “mensaje”, generalmente repleto de frases hechas y lugares comunes.

Es más, parece que hay una norma no escrita y común a todos los partidos que les predispone a eludir los temas conflictivos para “no meter la pata”, y evitar las preguntas porque pueden ser embarazosas. Es mucho mejor “decir” lo que se quiere en un mitin, o en las redes sociales, que despejar dudas de electores o periodistas en foros abiertos o ruedas de prensa tradicionales.

Y entre las formas elementales de lanzar mensajes populistas, una muy frecuente es decir que defienden a colectivos. Que “todos los pensionistas”, o “todas las viudas”, o “todos los parados deben votarme a mí porque…”  Como si los problemas de cada uno de los jubilados, de las viudas o de los parados fueran exactamente los mismos.

Todos ellos, eso sí, tienen un mínimo común denominador de malestar, pero también es cierto que casi todos los partidos llevan en sus programas soluciones para estos problemas. Y, siendo muy fácil detectarlos, los problemas, es mucho más difícil decidir la fiabilidad de las ofertas de solución.

El voto es una decisión muy personal, de cada individuo, y por mucho que lo intenten con frases recurrentes o alzando el todo de voz, ellos son los primeros en saber que ningún partido tiene “la solución”.

La única solución a los grandes problemas, la solución real, definitiva o a largo plazo, requiere grandes acuerdos de los partidos con capacidad de gobierno, solos o cogobernando con otros.

Y por eso, considerando la gravedad de los problemas actuales y  la complejidad de la situación política, creo que es imprescindible aplacar la visceralidad, y  racionalizar la mejor opción.

No será necesario llegar al extremo de emplear alguna “herramienta” que ayude a tomar la decisión, que existen,  pero hay algunas normas que pueden ayudar a decidir, empezando por excluir a los partidos que incluyan en su programa electoral alguna medida  que vaya contra nuestra propia conciencia:

Un ejemplo: Si estoy en contra de división de España, o de cambios en la estructura del Estado, descarto de inmediato a cualquier partido que la defienda, aunque el resto de su programa sea de color de rosa. O viceversa. Si eres partidario de estas opciones, descarta a los que las cuestionan.

Y no se oculta que los partidos tienen propuestas realmente peligrosas para la convivencia y la estabilidad, y como muestra de lo variopinto y disperso de los planteamientos, bastará con escuchar los juramentos o promesas de sus señorías en la sesión de apertura de la legislatura en el parlamento español.

Hay que tener en cuenta algo incuestionable: los líderes cambian y, como he dicho antes, el ideario de los partidos evolucionan, pero las decisiones que toman los gobiernos (leyes, sistema educativo, sistema electoral, modelo de justicia, o la misma Constitución) son muy difíciles de cambiar y agarrotan a la ciudadanía durante mucho tiempo, puede que por generaciones, porque la cobardía de los ejecutivos, tan en cuarto creciente en los últimos tiempos, les impide realizar cambios aunque sean necesarios.

Puede que en algún tiempo se realizaran sondeos para saber lo que opinamos sobre determinados temas, no lo sé, pero tengo la seguridad de que ahora se realizan encuestas de opinión para conocer cuántos votos le sumarían o le restarían al proponente determinada decisión. Puede parecer lo mismo, pero no lo es.

Por lo que es importante leer propuestas y programas porque, aunque suelen incumplirlas o cumplirlas a medias, casi siempre al final de las legislaturas, lo cierto es que cada vez las respetan más, entre otras cosas porque nosotros se lo perdonamos menos.

Y ese es otro punto importante a considerar: La historia de formalidad electoral, de compromiso con la ciudadanía con las promesas electorales del pasado. Tan importante como la eficacia de las políticas que aplicaron. Aquí sí, memoria histórica.

Luego está la valoración de si las ofertas, por muy buenas que sean, pueden cumplirse. Este es un punto muy delicado porque ni somos capaces de cuantificarlas ni conocemos el grado de fiabilidad de las partidas de ingresos y gastos, aunque cada vez sabemos más y vamos descubriendo que administrar un estado procurando el bienestar de los ciudadanos, que eso y no otra cosa es gobernar, es como llevar las cuentas de una familia. Solo que la familia es muy numerosa.

Desconfiemos de frases huecas como “defensa de las libertades” o “de la justicia” o “de la democracia” porque eso, afortunadamente, está muy superado y no depende en absoluto del gobierno de turno. Prácticamente todos, y especialmente  los mayoritarios, la garantizan. Y además tenemos el paraguas de la Unión Europea que no permitiría veleidades.

Claro que, jugando con las palabras, los más populistas incluyen en el catálogo de los “derechos” y de las “libertades” cosas sin el adjetivo de “fundamentales” y que, de hecho, no lo son. Yo podría defender como “libertad” el botellón, por mucho que moleste a los vecinos y ensucie las calles, o ir en patinete por donde me da la gana.

Libertades fundamentales son las que se incluyen en la carta internacional de los derechos humanos, o las que define los estados democráticos una vez que comprueban que no perjudican a terceros. Solo esas. En nuestro caso las que define la Constitución, que no son contradictorias con las anteriores.

Lo demás son opiniones interpretaciones personales e interesadas sin ningún fundamento.

Y no nos dejemos engañar. Tenemos problemas, pero este es un país muy bien estructurado en lo social, no tanto en lo laboral, con ventajas que muy pocos países tienen. Imaginaos que vuestro hijo, vuestra mujer, o cualquiera de tus familiares tienen un cáncer u otra enfermedad grave,  y no les tratan  porque no tienes seguro privado, que cuesta una fortuna, pese a que hay tratamiento.

Eso, que lo vemos como lo más normal del mundo, ocurre en países tan avanzados como los Estado Unidos, por ejemplo, cuando aquí subvencionamos hasta los cambios de sexo.

No perdamos el horizonte influidos por las peleas de políticos barriobajeros que en lugar de luchar por su país, hay ocasiones en que no se sabe por lo que luchan.

Y como siempre, eximo de estas reflexiones a los gobiernos municipales de pueblos y ciudades con pocos habitantes.

Conocéis a los candidatos. Olvidaos de las siglas y votad a los que más confianza os merezca. Tendréis más posibilidades de acertar

Y no te quedes en casa. No existe la democracia sin votos.

Los 175 años de historia y servicios de la Guardia Civil.

Yo, hijo del cuerpo de varias generaciones, no sabiendo cómo empezar esta nota de felicitación, he pensado que no había mejor introducción que reproducir dos artículos de la “Cartilla del Guardia Civil”, “Aprobada por S.M. en Real órden 20 de diciembre de 1845 (sic)”, que resumen con toda claridad, en el lenguaje de la época, el espíritu y las intenciones de la que muy pronto sería reconocida como «Benemérita».

1.º El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se conserva jamás.

Y, sobre todo, y como definición concreta de su esperada función en la sociedad, el artículo 6º

El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores; ni temible, sino á los enemigos del órden.

Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que á su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veia á su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos (sic).

Este fue el espíritu del fundador, y este es el que continúa presidiendo las actuaciones de sus miembros y las misiones de cada una de sus actuales especializaciones.

Esa Guardia Civil que yo conocía muy bien cuando era “caminera” y sus miembros vivían en cuarteles con sus familias para no mezclarse con la población civil, y no perder objetividad de juicio con amistades inapropiadas.

Y la conozco porque soy descendientes del Cuerpo desde hace dos generaciones, por lo menos, y toda mi infancia y mi juventud están asimiladas al olor de grasa de botas, (botos les llamaban ellos), y de los correajes, y de los limpiametales de la munición y de las hebillas.

Y del papel húmedo, casi mohoso, de los archivadores de atestados en esas carpetas de cartón cerradas con cintas rojas, de los libros de leyes, ordenanzas y reglamentos, y de los legajos varios ordenados en los armarios de aquellas “salas de armas” en las que se guardaban trofeos, y de cuyas paredes colgaban insignias, banderines y fotografías de actuaciones de los Guardias Civiles a pie o a caballo.

También recuerdo los olores del aceite rancio, del bacalao, y de los productos varios que compraban en sus economatos.

Hoy ya no existe esa Guardia Civil, pero solo en las formas. Porque dentro de cada uniforme, cada uno de los Guardias Civiles que recorren montes, o mares, o carreteras, o manejan ordenadores, o microscopios, o realizan vigilancias y contravigilancias para controlar a los malos o proteger a los buenos, lo hacen con voluntad de ser “pronóstico feliz para el afligido”

Y todos los que han muerto en acto de servicio lo han hecho “para  que á su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos”, o por intentar salvar a ese hijo arrastrado por las aguas, o por proteger vidas y haciendas de los españoles.

Un cuerpo que, como no, ha tenido muchas críticas interesadas, algunas fundadas porque un colectivo con tantos miles de agentes no puede estar libre del mal, y algún intento de presentar una imagen distorsionada del cuerpo.

Pero, curiosamente, la transparencia y la información globalizada de los tiempos actuales han despejado sombras e iluminado rincones oscuros, y ha puesto en valor, en mucho valor, el trabajo abnegado de los hombres de verde, que ha conseguido el justo reconocimiento de los españoles.

Sean bien hallados como fueron bien venidos cuando en aquel 1844, Francisco Javier Girón y Ezpeleta , II duque de Ahumada y V marqués de Amarillas, dio forma a un proyecto de seguridad ciudadana absolutamente necesario en aquel momento, como continúa siéndolo al día de hoy.

Repito mi felicitación, mi recuerdo a los muertos en acto de servicio en cualquiera de sus formas, y un abrazo para los mandos, suboficiales y números de un Cuerpo tan querido para mí y para la gran mayoría de los españoles.

Cuídense y sigan cuidándonos.

La figura de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Ha muerto un personaje que, sin duda, ha sido pieza importante en la historia de nuestra democracia. Y con su desaparición, otra vez se desata todo un abanico de actitudes, entre las que están, y no en último lugar, el cinismo y la utilización política del hecho.

El mismo Rubalcaba, dotado de un gran sentido del humor, había dicho que “en España enterramos muy bien”, aunque se refería a su entierro político cuando la actual cúpula del Partido Sanchista Obrero Español, le apartó del primer plano y le ninguneó descaradamente.

Rubalcaba, como todos los que han tenido responsabilidades de gobierno, ha tenido sus luces y sus sombras, aunque han destacado, sin duda, las luces. Incluso algunas de lo que yo consideraba “sombras” creo haberlas entendido años después siguiendo algunas de sus entrevistas.

El tema que más me sorprendió, porque no cuadraba con su perfil, fue la utilización política del 11M con la famosa frase “España no se merece un gobierno que miente”, que en aquel momento tan trágico me pareció inadecuada. Casi obscena.

Aprovechando la actitud insensata de un ministro del interior lenguaraz e imprudente, Ángel Acebes que, nervioso y cediendo a las presiones de la prensa, dijo varias veces una cosa y la contraria en un corto periodo de tiempo, porque también las informaciones cambiaban por minutos.

En una actitud absolutamente contraria a la que adoptan los gobiernos “serios” en circunstancias similares, y hablo de Gran Bretaña, Alemania o Francia, que no  proporcionan ninguna información hasta tener un conocimiento sólido de los hechos o un mínimo de información fiable. Y como ejemplo recordemos lo que tardaron las autoridades británicas en confirmar la identidad de Ignacio Echevarría, nuestro “héroe del monopatín”, asesinado por un terrorista cuando trató de ayudar a algunas de las víctimas.

Triste día aquel, el día de la confusión, en el que todos los que eran algo en política lo hicieron mal, como contraste a la actitud del pueblo de Madrid y los servicios sanitarios y de seguridad ciudadana de la zona, que se destacaron por su solidaridad y su eficacia. Mañana en la que, en un primer momento, todos, incluido el Gobierno Vasco, creíamos que había sido ETA, aunque luego aparecieron nuevas pistas que lo desmentían.

Pues bien, parece ser que alguien en la oposición decidió que la actitud del ministro, y también la del presidente Aznar que no salió a dar la cara personalmente como hubiera debido, les proporcionó una oportunidad de desacreditar al gobierno, y que en aquel momento, según comentó Rubalcaba en otra entrevista, era él quién tenía los índices más altos de credibilidad y de confianza, por lo que, no lo dijo pero lo insinuó, le toco hacer ese sucio papel.

El otro tema confuso fue el “caso faisán”, pero tratándose de un asunto relacionado con ETA y siendo una lucha que requería secretos, sobornos para delaciones, o personas infiltradas, no tengo información suficiente para emitir una opinión y, por tanto, me abstengo de hacerlo.

Por lo demás, Alfredo Rubalcaba tuvo claras discrepancias con las decisiones de nuestro actual presidente en funciones, especialmente por sus relaciones con los independentistas, los separatistas, y el resto de partidos de dudosa consistencia anticonstitucional o moral.

Suya fue la calificación de  “gobierno Frankenstein” al referirse a las  extrañas alianzas del ahora presidente en funciones, y manifestó tantas diferencias de criterio político, que fue uno de los marcados por la ejecutiva como persona “non grata”. Incluso, en una entrevista con Susanna Griso, contestando a una pregunta de la entrevistadora sobre sus relaciones con Pedro Sánchez, le contestó que “no le hablaba”. Se refería, naturalmente, a que Sánchez no hablaba a Rubalcaba.

Pero llega la noticia de su ingreso en el hospital y el señor Sánchez, enterado desde el primer momento de la gravedad del caso, deja una reunión internacional para volver a España y pasar ¡horas! en el hospital “acompañando a la familia”. Como paso horas en la capilla ardiente y horas en la sede del otrora Partido Socialista, ahora Partido Sanchista, en un intento evidente de ser el centro de la atención del dolor por la pérdida.

Como he oído decir a un comentarista de la radio, solo le faltó ponerse el “velo de viuda”.

Cuando sus amigos de verdad, sus antiguos compañeros de partido, que sí sintieron el mazazo de la pérdida del amigo y del compañero, han dado la imagen de un dolor sincero, profundo, con declaraciones breves y sin concesiones a la galería.

Y la misma actitud mantuvieron personas muy significadas de la oposición, con los que tuvo importantes enfrentamientos políticos, pero que siempre respetaron su honradez, su inteligencia y, sobre todo y ahí coinciden todos los que de verdad le conocieron o trabajaron con él, su faceta de «hombre de estado”

Él fue el que propició una abdicación pacífica y controlada del Rey Juan Carlos, y no fue tarea menor. Siempre defendió la Constitución, sin fisuras, y siempre fue leal a la monarquía como forma de Estado, porque así se lo mandaba la propia constitución.

En resumen: Todos los que de verdad lo conocieron y le trataron le rindieron un sentido homenaje. Lejos de sobreactuaciones como las del presidente, el que abandonó  tanto tiempo sus obligaciones en un comportamiento sin precedentes, tratando de robar protagonismo al difunto. Porque la familia, los únicos que necesitaban ayuda, estaban perfectamente arropados por miles de amigos y por las instituciones del Estado que le rindieron el merecido reconocimiento oficial en la casa de todos: el Parlamento.

Y no hablemos de Iceta y sus gritos plañideros clamando en catalán “no queremos olvidar al amigo, no queremos olvidar al compañero, no queremos olvidar a Alfredo”.

Y me pregunto ¿cuántas veces “le olvidaron” en vida? ¿Pidieron alguna vez consejo al “amigo del alma” en los últimos tiempos? ¿Atendieron sus recomendaciones?

Claro que todo esto tiene una explicación cuando al final, desde la sede del partido, Pedro Sancho dijo de Rubalcaba que “le debían mucho”, que “se lo debían todo”, y que se lo recompensarían con “una victoria en las elecciones”.

¿Cabe en cabeza humana semejante utilización política de un personaje histórico como Alfredo Rubalcaba, que ni siquiera era santo de su devoción?

Naturalmente, Sánchez “el arrepentido”, ni atendió ni atenderá la petición de Felipe Rodriguez de que recuperara para el partido a los “rubalcabas” marginados, que son muchos y algunos de mucho nivel, por justicia histórica y porque darían fuerza y coherencia al partido socialista.

Ya lo decía mi abuela parafraseando el sabio refranero español: “mucho te quiero perrito, pero pan poquito

Por cierto y como ejemplo de la falta de memoria histórica, he escuchado en algún medio de comunicación audiovisual que el funeral de Rubalcaba “no tenía precedentes históricos”.

Puede que por la edad no recuerden que el de Enrique Tierno Galván concentró a millones de personas por las calles de Madrid al paso de las dos carrozas fúnebres del siglo XIX, una con sus resto y otra con coronas de flores, tiradas por caballos negros ricamente enjaezados en el mismo color.

Para relatar como era el cortejo fúnebre, transcribo una crónica de  la época sacada de “Historia Urbana de Madrid”:

Delante de este grupo, a pie, la mujer, hijo y nuera de Tierno Galván, acompañados por el alcalde en funciones, Sr. Juan Barranco. Con ellos los maceros, custodiando las insignias de alcalde, portadas sobre un cojín por un empleado del Ayuntamiento.

Tras ese grupo iban el presidente del Gobierno, Felipe González, el vicepresidente Alfonso Guerra, los presidentes del Senado, del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, y de la Comunidad Autónoma, Sr. Joaquín Leguina”.

Seguían a estos los representantes de la iglesia, encabezadas por el cardenal Suquía, el Ayuntamiento en pleno, miembros del Gobierno, cuerpo diplomático, autoridades militares y otras personalidades del momento”

¡Eso sí que fue un entierro de época!

Por cierto: También había mucho fariseo entre los asistentes por mucho que gritaran “Tierno, amigo, el pueblo está contigo”

Y que conste que cuando critico a Pedro Sánchez no hago extensiva mi crítica al partido Socialista Obrero Español, el de los miles de alcaldes y concejales que trabajan por sus conciudadanos, como lo hacen los de los otros partidos, ni al de Suresnes, al que perteneció Rubalcaba y muchos cientos de grandes políticos de la talla de Felipe Gonzales, Alfonso Guerra, aquel Chaves, Nicolás Redondo, Gómez Llorente, Fernández Ordoñez, Xiqui Bengas, Joaquín Almunia, Pablo Castellanos, José Borrell, y tantos otros socialistas de nivel a los que en este momento ni escucharía nuestro futuro presidente del gobierno

Tan en manos de asesores que le garantizan éxitos personales y a corto plazo.

Carpe díem