Leo en Las Provincias que “Los funcionarios de la Generalitat podrán trabajar desde casa en un mes“, y añade “..En el norte de Europa es una práctica absolutamente normalizada y los expertos dicen que genera mayor felicidad en los trabajadores que ya se benefician de este método”. No quiero entrar en disquisiciones sobre los hábitos y los compromisos de los nórdicos comparados con los españoles, pero no puedo por menos que plantearme algunas preguntas:
Relacionadas con el coste/beneficio de la operación: ¿Se van a retirar y vender las mesas y los equipamientos de los funcionarios beneficiarios de la medida? ¿Se van a cerrar oficinas por desuso de las instalaciones? Uno de los equipos fundamentales son los ordenadores: ¿se van a llevar a su casa los PCS de “sobremesa” propiedad de la administración, o se van a adquirir portátiles para la ocasión? ¿Qué programas se van a “carga” en cada ordenador, quien lo hará y quien los mantendrá?
Como lo lógico es que trabajen conectados a sus centros de trabajo por internet, y muchos de ellos actuarán como terminales remotos (“escritorio remoto” o similares): ¿qué tipo de conexión tendrán? ¿No resultará mucho más caro contratar “ADSL’s” separados que el uso de la red actual de la Generalitat? ¿No serán más lentas las comunicaciones, y por tanto más improductivas las horas del funcionario?
¿Quién controlará la productividad del funcionario? Porque si es por “horas de conexión” estamos listos. En las oficinas hay un control presencial que obliga a que cada uno esté en su puesto de trabajo y unos jefes que, se supone, comprueban que no están leyendo el periódico o conectados a Internet realizando búsquedas innecesarias.
En cuando a la seguridad en la información: estos funcionarios ¿van a tener acceso a datos confidenciales de la administración o de los administrados desde sus domicilios? Todos sabemos lo que es un PC doméstico: ¿Cómo van a evitar que familiares o amigos de los funcionarios accedan al ordenado cuando está conectado? Se usarán contraseñas, por supuesto, pero ¿se apagarán y desconectarán continuamente, cuando el funcionario vaya al servicio, por ejemplo? En un país de filtraciones es una medida sumamente peligrosa.
Relacionados con la atención y dedicación necesarias: no digo que el funcionario infiel acabe “teletrabajando” desde el Corte Ingles, o un supermercado, por ejemplo, pero un funcionario padre o madre con hijos en casa, ¿podrá evitar vigilar al hijo mientras trabaja? ¿Dejará de recibir o realizar llamadas desde su teléfono privado? ¿No tendrá visitas? Todos los que hemos tenido que ver con el mundo de la empresa sabemos que el trabajo tiene inercias al empezar la jornada, (se es productivo al 100% después de los saludos, de los comentarios de rigor y del acomodo en tu puesto de trabajo), y al terminarlas (relajación inevitable conforme se acerca la hora de salida). ¿Cómo se podrá evitar que el funcionario tenga una televisión junto a su PC y “comparta” el trabajo con el ocio?
Si construimos un gráfico de “espina de pez” para relacionar los inconvenientes por área de dificultad, serían muchas más las cuestiones a discutir, y ¡ya me gustaría estar presente en una reunión en la que se discutan las soluciones y se minimicen los riesgos de la medida! Sería muy interesante y enriquecedor para cualquier amante de la mejora en los procesos de trabajo.
Mi siguiente pregunta está relacionada con quienes serán los “beneficiados” del plan: se dice que los que no tengan atención directa al público, pero ¿quién decide “que puesto ocupa cada cual”? Porque me figuro que habrán tortas y codazos para beneficiarse de esta oportunidad. ¿Se establecerán prioridades en función de situaciones familiares, antigüedad u otras similares? Por supuesto parto de la bondad y claridad de las decisiones, y descarto cualquier intención de clientelismo. ¡Como voy a suponerlo!.
Y me preocupa, como no, que “La Conselleria de Justicia, de la que depende función pública, y los principales sindicatos, ya han cerrado un acuerdo para que el personal administrativo pueda desempeñar sus labores desde un ordenador de casa”. ¿Cómo puedo acceder a ese convenio, por favor? Espero que no se trate de otro deslizarse por el filo de la navaja, como cuando descubrí, con motivo de una huelga y según las declaraciones del Rector Morcillo, que la Universidad y los Sindicatos tenían un acuerdo por el que el Rectorado no controlaba la asistencia de los docentes. (Carta al director publicada el 29 de mayo de 2013).
No vale la pena subrayar el hecho de que trabajar en centros oficiales de la comunidad no supone desplazamientos excesivos, ni solemos sufrir grandes nevadas ni otros accidentes meteorológicos que dificulten el tráfico, como sí ocurre en los países nórdicos.
Toda esta preocupación la transmito pese a la experiencia de haber trabajado en una empresa en la que hace más de 40 años ya había empleados que lo hacían desde sus casas. Pero eran pocos y todos los que conocía eran dirigentes creativos de los EEUU que planificaban estrategias, programaban cursos o seminarios, y que se veían tos los días por videoconferencia a miles de km para compartir ideas o cambiar impresiones.
La otra gran pregunta, la que engloba todo lo anterior y presupone un condicionante indispensable para que la administración tome decisiones de este tipo, es:
¿Qué puntos concretos de esta medida beneficia a los ciudadanos administrados?. Y no nos vengan con la muletilla de que la motivación personal hará que los funcionarios sean más eficaces. Y los que continúen en las oficinas mientras sus compañeros no tienen que madrugar, ¿también ganarán en motivación? De verdad tengo la impresión de que están convencidos de lo afortunados que somos de tenerlos para que nos organicen la vida y nos aporten soluciones que nunca se nos hubieran ocurrido.
Ni tampoco lo anoten como un logro de los derechos individuales y sociales de los españoles. Que todos, funcionarios y contribuyentes de a pie, lo somos.
Les aseguro que si aprueban esta medida, solicitaré a la oficina de protección de datos que los míos no salgan nunca de las redes internas y de los edificios de la administración.
Pero ¿nos damos cuenta de lo que ha ocurrido?. Un político débil, un solo hombre, elegido democráticamente, decide convocar un referéndum para no empañar su imagen de “hombre democrático” sobre la salida de la Unión Europea.
Y se aprueba el BREXIT.
Su decisión ha creado un cataclismo económico y financiero, ha desestabilizado muy gravemente a la Unión Europea y a todos los países del mundo occidental y, posiblemente, acabe con el Reino Unido porque Irlanda del norte está pensando en pedir un referéndum de independencia y unificarse con la república de Irlanda, con lo que se mantendría en Europa, y Escocia está decidiendo si convoca otro referéndum para salirse de Gran Bretaña y negociar su permanencia en la comunidad. Hay una posibilidad porque siendo “reino unido”, y no un “estado compacto” como el resto de naciones, tiene una oportunidad, muy remota pero posible, de deshacer la unión y mantenerse en Europa.
Otra consecuencia es que Londres, sede de la City, pierda credibilidad y deje de ser la capital financiera de Europa en favor de Alemania. Miles de millones, pérdidas de valor de empresas y de ahorros de particulares, cierre de oficinas, subidas de impuestos, más paro y una crisis importante que, seguro, se solucionará, pero con mucho sufrimiento.
Pero se han tomado medidas drásticas: el afectado dimite y aquí paz y después gloria. Nadie ha causado tanto daño en tan poco tiempo y la única “pena” es su dimisión. De locos.
Hay que defender a muerte la democracia, pero hay que acorralar a los políticos y definir medidas preventivas muy severas para impedir que tomen decisiones alocadas, de las que nunca son responsables, porque las aplican en el convencimiento de que son “para el bien” de sus países o de sus electores.
Se está diciendo que Europa es culpable en gran medida por su política de ajustes, y es cierto en buena parte, pero, en mi opinión, si han pecado es de debilidad, ”buenismo” e incongruencia. No se puede tener una moneda única sin políticas fiscales y financieras, por ejemplo. No se puede permitir devaneos de estados que negocian continuas quitas e incumplimientos de plazos.
Y si alguien me dice que si fueran más severos perjudicarían más a los estados y a los ciudadanos le diría que sí, pero solo porque Europa se formó como un club político, con muy buenas intenciones, pero sin cimientos.
Yo he trabajado en empresas donde lo fundamental era una política comercial muy bien definida, y una buena gestión. Una excelente gestión.
Europa es necesaria. Es la casa común y el filtro que regulará la buena marcha de los socios, pero necesita urgentemente una reorganización que rompa la red burocrática que han montado, que agilice y rentabilice a sus funcionarios, que reorganice un parlamento inoperante e inútil que solo se usa como “foro de opinión” de sus señorías, que convierta sus “negociados” en impulsores de gestión y de control de los estados. Podría añadir bastantes líneas a este párrafo, pero creo que no es necesario porque todos los que seguimos con más o menos interés la trayectoria de la Comunidad Europea sabemos de lo que hablamos.
Y para empezar insisto en lo que he manifestado estos días por primera vez en mi vida: tenemos elecciones el domingo y solo deberíamos votar a dos partidos, PP y PSOE. Y a Ciudadanos si deja de mariposear con temas menores. Lo demás, en mi opinión, es entrar en el mundo de las utopías, y alimentar a un monstruo que nos puede devorar mientras buscamos ese mundo feliz que no existe.
Nunca había manifestado tan claramente mis opiniones políticas, pero tampoco me había encontrado con una situación tan sumamente grave como la actual.
Se acaban de conocer los resultados del referéndum convocado por un cobarde irresponsable, Cameron, con victoria del BREXIT, sin más base argumental que la superioridad de la cultura británica amenazada por la globalización y la necesidad moral de compartir los recursos propios con los menos favorecidos, especialmente con refugiados y emigrantes de países subdesarrollados.
Han vencido los «cierrafronteras» y no les importa que esta decisión suponga un gravísimo problema para la economía británica, para su imagen de centro mundial de las finanzas, o de la propia cohesión del Reino Unido, amenazado por la independencia de Escocia e Irlanda. Ha vencido lo “inglés”, verdadera esencia de lo británico para los iluminados de las islas.
Pero estamos en España, paradigma del populismo, y nuevo campo de batalla de lo racional contra lo irracional, de lo utópico contra el bienestar de la mayoría, de lo posible contra lo irracional, de la revolución como alternativa a la evolución.
Una sociedad bombardeada y gravemente influida por el vértigo de los mensajes cortos de Twitter, del WhatsApp, del Facebook, de las opiniones interesadas de tertulianos, políticos unos, periodistas de medios otros. Todos ellos están adormeciendo nuestra inteligencia y mermando la capacidad de opinión propia.
Los españoles hemos perdido el hábito de la reflexión previa a la decisión y, decía, estamos manipulados por los creadores de opinión entre los que figuran muchos políticos con objetivos claros de “refundar” la democracia española llevándola a modelos claramente nefastos, y otros que nunca deberían haber entrado en este juego sucio cortoplacista porque, evidentemente, les resulta mucho más fácil decir “vótame a mí porque el otro es un chorizo”, que mantener campañas didácticas para explicar como será el futuro y que compromisos adquieren para mejorar nuestra sociedad y mantener los servicios públicos.
Es un fenómeno parecido al de los anuncios de la televisión. Si una marca de perfumes lanza una campaña, todas las demás tienen que incorporarse a la guerra a toda velocidad con mensajes cada vez más disparatados para no perder cuotas de mercado.
El próximo domingo es un día muy importante para nosotros, y quiero manifestar mi opinión de que es imprescindible abandonar tentaciones y utopías, y votar reflexivamente a cualquiera de los dos partidos que ofrecen soluciones posibles, por mucho que sus líderes estén empeñados en ayudar a la confusión. Partidos con historia, con capacidad contrastada de gestión, y con experiencia en salvar crisis. Se puede dar una oportunidad a partidos emergentes, pero es necesario que se comprometan a dejar personalismos y majaderías en temas menores. Solo hay dos claves sobre las que trabajar: Los asuntos de estado y el bienestar de los españoles. El resto son cortinas de humo y juegos de salón.
Olvidémonos definitivamente de las propuestas irrealizables o de los que quieren repetir fracasos históricos y contrastados de siglos pasados. Estamos en Europa y la única posibilidad de prosperar es continuar en Europa. Pero estar en Europa supone reconocer las reglas del juego y aceptar los compromisos de la misma forma que aceptamos las ventajas. No juguemos sucio ni hagamos populismos baratos.
Por lo que he escuchado, dos terceras partes de los jóvenes británicos querían mantenerse en la Unión Europea. Esto quiere decir que los mayores han condicionado su futuro sin más argumentos que el “somos diferentes” que no hace más que enmascarar la prepotencia y la falsedad del verdadero eslogan: “somos superiores”.
Lo siento por nosotros, por los británicos que viven en España, y por una sociedad, la británica, a la que siempre he admirado, precisamente por su racionalidad….
Lo ocurrido en Gran Bretaña debería ser un escarmiento en cabeza ajena que no aprovecharemos. La democracia representativa implica que los ciudadanos votemos una vez cada cuatro años (¡ojala!) y que los gobiernos de turno discutan y negocien en el parlamento las decisiones políticas o las leyes. Esto supone un desgaste evidente para los gobiernos, tengan o no mayorías absolutas, porque muchas de las medidas son impopulares, “duelen” a parte de la población, y son aprovechadas por la oposición para atacar al gobierno.
Cuando un presidente es débil y se cubre las espaldas “pidiendo opinión al pueblo” en forma de referéndum o consulta popular, como ha sido el caso de Cameron, se mueve en un terreno muy poco aconsejable al mezclar la democracia representativa con la asamblearia.
La estabilidad de los países pasa, inexcusablemente, por la necesidad de que los gobiernos “se mojen” y se la jueguen ante sus futuros votantes. ¿Se imaginan el sufrimiento y la división entre españoles si hubieran convocado referéndums sobe la reforma laboral, la fiscal, la educativa, y otras medidas de calado?.
En España solo recuerdo el referéndum de Felipe González para la entrada en la OTAN, pero se vio obligado a convocarlo porque siempre había reclamado la no-entrada (aquello de “OTAN no, bases fuera”) y, una vez en el gobierno no tuvo más remedio que defender la postura contraria.
Insisto en que estas ocurrencias perjudican a los ciudadanos porque les divide, cuestan dinero y no solucionan los problemas, que siguen tan presentes como antes de la consulta.
Los únicos que ganan, y mucho, son los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales, que alientan sin disimulos este tipo de “soluciones” buscando audiencias baratas basadas en enfrentamientos y disputas barriobajeras en una buena parte de las tertulias y foros de opinión actuales. Los que más.
Siguiendo los últimos acontecimientos tengo que confesar mi desencanto con este partido, que me ilusionó y al que seguí muy de cerca. Incluso llegué a colaborar económicamente con ellos, aunque fuera modestamente. Tengo que confesar que fue la primera vez que hice un donativo a un partido, pero era la época más cerrada del PP, antes de la incorporación de los nuevos valores, y Ciudadanos suponía un soplo de aire fresco en la política en esa franja, la mía, que abarca desde la socialdemocracia hasta la derecha moderada.
Es cierto que los apoyos para su lanzamiento fueron un tanto oscuros (se ha dicho que fueron algunos poderes fácticos los que buscaron una opción “B” por si se producía la debacle del PP, y también porque estaban un tanto molestos por la “independencia” del gobierno que no admitía interferencias ni consejos en su hoja de ruta), pero son datos que no puedo constatar y que, por tanto, no valoro.
Le veía un riesgo importante que todavía se mantiene: La falta de estructura y de cuadros dirigentes les obligó a importarlos “de otros partidos”, con la consecuente pérdida de virginidad de sus candidatos. Tampoco me gustó que algunos de los incorporados procedan del mundo de la comedia, no porque los que se dedican al arte del engaño no sean merecedores de nuestro respeto, que no todos son “bustos parlantes” (los hay muy ilustrados), pero, permítame la broma, si afirmamos que los políticos mienten más de lo deseable, imagínense mi desconfianza cuando el que me habla desde cualquier tribuna es un profesional de la doblez y de la farsa. Se me dirá que no es así, que son honestos y que la faceta que decidió su selección es su capacidad de comunicar, y también de gestionar recursos, pero ¡que quieren que les diga…!
Sin embargo no es todo lo anterior lo que ha provocado mi decepción, sino las últimas posiciones sobre posibles “negociaciones” tras las elecciones.
Sr. Rivera: yo negocio con un comerciante cuando les ofrezco dinero a cambio de su producto. También negocian los que intercambian productos por productos o trabajo por salario, pero las premisas de una negociación honesta son que la proporción entre lo ofrecido y lo pagado mantengan un equilibrio razonable.
Para no perder tiempo en ejemplos intermedios, María Antonia Munar, expresidenta del Parlamento Balear nunca negoció. Siempre hizo chantaje. Y casi afirmaría que tampoco lo hicieron los nacionalistas catalanes y vascos.
Y hacía chantaje porque la fuerza política que representaba en Baleares era minúscula, pero tenía la llave de la gobernabilidad y ambas partes, chantajista y chantajeado, aceptaron la situación. Una vez más los políticos pervirtieron el lenguaje y proclamaron como “negociación” algo que nunca lo fue.
Ahora resulta que el Sr. Rivera anuncia públicamente que no negociará con el Sr. Rajoy, y añade que es “por el bien de España, de la democracia y de la regeneración”. Y para justificarlo ha pasado de responsabilizarle de falta de vigilancia, a acusarle, o a insinuar con su vehemencia natural, que ha sido consentidor de la corrupción, de connivencia con corruptos, e incluso de haber participado en el hecho cobrando unos supuesto sobresueldos “claramente demostrados” en los papeles de Bárcenas, personaje de reconocida solvencia y, por supuesto, mucho más “fiable” que el mismo Mariano Rajoy.
Y, siguiendo su última línea argumental, insinúa quien o quienes deben ser los jefes de fila del PP, y declara a “todo gesto”, que si necesitan sus votos tendrán que aceptar sus condiciones, añadiendo que si no las aceptan “serán ellos” los responsables de que vayamos a unas terceras elecciones, los del PP, y los que tendrán que “dar explicaciones” a los ciudadanos por su intransigencia.
Con todo mi respeto, Sr. Rivera, esta posición me parece falaz, cínica, interesada y populista, ya que responsabiliza a otros de las consecuencias de un desacuerdo sobre unas condiciones que marca Ud. unilateralmente, y que afectan a otro partido. Todo ello respaldado por una base electoral sensiblemente inferior: Una especie de trágala que podría sintetizarse con la frase “sé flexible. Haz las cosas a mi manera”.
Porque, como hizo en su día María Antonia Munar, Ud. no está negociando acuerdos programáticos, sino sillones, justo todo lo contrario de lo que dice pretender.
Llegados a este extremo: ¿cual puede ser su objetivo real?. Porque, diga lo que diga, no puedo creerme que Ud. está convencido de que Mariano Rajoy no es una persona honrada y fiable. ¿Qué puede haber detrás de una campaña tan injusta para un hombre que siempre ha ejercido con probada eficacia todos los cargos que ha desempeñado?.
Tengo una edad que me impide quedarme solo con los titulares, y he vivido tantas experiencias que cada “nueva” situación me recuerda algún “viejo” acontecimiento. Y esta mañana, de momento, he recordado al profesor Enrique Tierno Galván.
El “viejo profesor”, como le llamaban sus compañeros socialistas, (excepto Alfonso Guerra que le “sufrió” y le calificó coloquialmente de “víbora con gafas”), era un hombre culto, aparentemente sencillo y calmado, con una fachada de intelectual comprensivo que enmascaraba un carácter extraordinariamente firme, granítico. Un populista que sedujo a los madrileños y que engalanó Madrid, aunque la endeudó de forma extraordinaria. Un hombre “sencillo” que acabó su paso por la tierra arropado por una gran multitud, en un soberbio coche fúnebre con caballos empenachados y magníficamente engalanados. Un funeral digno de un gran prócer, casi de un rey.
¿Y porque la asociación de ideas?. Porque Don Enrique Tierno, el hombre pausado que venía del Partido Socialista Popular y que las tuvo tiesas con la gente del PSOE y con el felipismo, eclipsó y cortó las alas a muchos líderes más preparados que él en aquel momento político. ¿Cómo podía destacar cualquiera de los emergentes del PSOE en actos públicos estando junto al “viejo profesor”?. No tenía color.
Y yo que, repito, veo letra pequeña en casi todos los relatos, no puedo por menos que apreciar ciertos signos alarmantes en los últimos discursos de Albert Rivera. A saber:
Ciudadanos surgió como agua de mayo en un periodo de sequía y caló con facilidad en tierra seca. Mensaje directo, objetivos concretos, mucha ilusión y una vocación indiscutible de apoyar a los constitucionalistas, primero en Cataluña y luego en el resto de España, a reconducir hechos y situaciones peligrosas.
Luego llegó el crecimiento inesperado y pienso que su líder, en algún momento, se paró, miró hacia atrás, vio lo que había avanzado y pensó ¿Por qué no aspirar a más?. Se autoproclamó heredero de Adolfo Suarez (primera frase que disparó mis alarmas) y tuvo la tentación de trazar una ruta política que le condujera a ser presidente de gobierno, sino en este momento, si a medio plazo, para lo que necesitaba encabezar una segunda transición. Prácticamente lo mismo que su “alter ego” de la extrema izquierda, Pablo Iglesias.
Claro que para eso necesitaba una doble estrategia: seguir aportando buenas ideas en un lenguaje entendible por el pueblo llano, en eso es un maestro, y eliminar piedras en el camino. Y la primera de ellas es, sin duda, Mariano Rajoy, su Tierno Galván particular.
Porque, ¿qué impresión causaría en Europa, por ejemplo, acompañando a Mariano Rajoy en sus negociaciones de Bruselas siendo su vicepresidente?. Rajoy es más alto físicamente, pero es su sombre de estadista la que taparía, sin duda, la valía de su acompañante. Inevitablemente aparecería como un “becario” en periodo de formación, con el que hay que ser amable sin hacerle demasiado caso.
Sin embargo, si es vicepresidente de una Cifuentes, un Casado, un Feijóo, un Alonso, o cualquiera de los que no han participado activamente en los gobiernos de la nación ni en la Comunidad Europea, si que podría ir haciéndose un nombre. Y, si este es el plan, tampoco consentiría en “negociar” con Soraya Sáenz de Santa María, ni con Luis de Guindos, por ejemplo. ¡Demasiado prestigio!.
Claro que todo esto puede ser, y seguramente lo son, elucubraciones de alguien que ha vivido muchos acontecimientos y ve fantasmas donde solo hay sombras chinescas. De un aprendiz de escritor que fabula sobre hechos y posibilidades.
Pero, por si acaso, hace algún tiempo que pedí a Ciudadanos que dejaran de mandarme E-mails con información institucional de su partido. En política puedes votar a quien no te merezca total confianza si lo consideras “el menos malo”, pero seguirlo, solo se puede hacer si confías plenamente en alguno de ellos.
Y Ciudadanos ha tenido algunos gestos que no me han gustado. No se si les votaré, pero desde luego ya no les sigo.
Ojala esté equivocado y esta situación solo obedezca a pura estrategia electoral, porque sentiría mucho que un hombre tan valioso como Albert Rivera se perdiera en la mediocridad por exceso de prisa, que no de ambición, porque esto último es lícito y forma parte del ADN de los políticos profesionales.
Y,¡ojo!. No estoy pidiendo que se lancen en los brazos del PP sin imponer condiciones, pero que sean proporcionadas y sin líneas rojas.
Estos días continúa, mejor se recrudece, la campaña de la Generalitat y del Ayuntamiento de Valencia contra la enseñanza privada en todos sus niveles. Comenzó con las trabas y limitaciones a los colegios concertados y continúa con las zancadillas a las universidades privadas intentando limitar las prácticas de sus alumnos en centros públicos, o negándose a concederles becas.
Me temo que la razón de semejantes desatinos no puede ser otra que un afán indisimulado de controlar la enseñanza a todos los niveles. Y la voluntad de controlar tiene que estar asociada, necesariamente, a imponer modelos que, a la postre, adoctrinen a los usuarios, desde la infancia hasta el final de los estudios, incluido el ciclo universitario.
¿Por qué llego a esta conclusión?. Por puro descarte o, si lo prefieren, por “reducción al absurdo”.
No pueden haber razones económicas porque la enseñanza concertada, y no digamos la privada, abarata el coste y aligera presupuestos autonómicos sin merma de la calidad de la educación.
No puede tratarse de un mejor servicio al ciudadano porque no existe ninguna demanda de cambio. La situación actual, distrito único y prácticas en centros públicos incluidas, funciona a satisfacción de la población afectada y nunca escuché opiniones en contra. Más bien al contrario, muchos no están de acuerdo con algunas de las novedades.
No puede tener como objeto la mejora de los resultados académicos, bastante malos por cierto, ya que esta medida no los alterará a corto plazo, si no es para empeorarlos, ni tampoco lo hará a largo plazo. No tiene por qué hacerlo.
Podría seguir desgranando argumentos, pero no creo que encuentre otros que no sean los sectarios e interesados en imponer el famoso pensamiento único, aunque sea a costa de dar pasos atrás en lo que nos acerca a Europa ya los países más avanzados. Seguiremos teniendo las peores notas en los ranking internacionales, volveremos a retrasar el bilingüismo real en aras de esa “valenciano-catalanización” de nuestro idioma, al que están destrozando intereses políticos y un grupo de interesados que llevan años, casi siglos, discutiendo sobre el sexo de los ángeles, o si la taza de té se sujeta con el dedo meñique levantado o no.
Pero esto no puede prosperar. Es imposible porque perderán cualquier recurso que se interponga, primero en España y, si es necesario, en los tribunales internacionales, que no permitirán semejante huida hacia atrás estando dentro de la Comunidad Europea, hasta situarnos en la primera mitad del siglo XX como mínimo.
Es evidente que a los promotores de semejantes desaguisados, los del gobierno por hechos consumados, les da lo mismo porque les mueven ideales, si no intereses, puramente políticos. No les importa lo que diga la Comunidad Europea porque no se sienten identificados con Europa. Quieren romper con los nuevos modelos de sociedad porque no son los suyos. Socialismo real o caos. Ya lo hemos visto en el pasado y ¡con que resultados!.
Lo público, señores dirigentes de nuestra querida Comunidad, es de todos, mientras que lo privado es de cada uno de sus propietarios. Pero como los propietarios privados pagan impuestos, resulta que también son copropietarios de lo público.
Es decir: Las universidades públicas son de todos nosotros y no tienen ninguna competencia sobre las privadas. Sin embargo, y en pura lógica, las universidades privadas sí que tienen derecho a algunos recursos y servicios de la pública porque, al fin y al cabo, están cubriendo parte de su financiación. Mi hija cursó la carrera de Imagen y Sonido en la universidad privada porque en aquellos tiempos no se ofertaba en la pública. Supuso un coste notable para nosotros y un ahorro importante para el estado. En la actualidad, si alguien elije la privada por alguna razón, sigue ocurriendo lo mismo. ¿Cual es el problema?. Si cada carrera de universidad privada es un ahorro muy importante para el estado y la enseñanza es similar, si no mejor, ¿a qué viene esa campaña de desprestigio?. Es como si la sanidad pública prohibiera a los ciudadanos acudir a las clínicas privadas o tener seguros de enfermedad. ¡De locos!.
Uds. quieren que los ciudadanos prefieran las universidades públicas a las privadas. ¡Ojala pudieran porque mejorarían sensiblemente sus economías!. Compitan noblemente mejorando los contenidos académicos, controlen mejor a sus profesores, eviten esas actividades políticas paralelas que tanto distraen a los alumnos, y vuelvan a los orígenes y la razón de ser de las universidades. Recuerden, por favor, algunas estrofas del “gaudeamus igitur”:
«Viva también el Estado y quien lo dirige. Viva nuestra ciudad, y la generosidad de los mecenas que aquí nos acoge. ¡Vivan los que estudian!. Que crezca la única verdad, que florezca la fraternidad y la prosperidad de la patria.”
No soy persona de movilizaciones porque creo más en las razones y la discusión, pero acabarán haciéndome salir a la calle.
Y a los rectores de Universidades que salen tan ufanos en las fotos del apartheid cultural, cíñanse los cíngulos y tomen los cayados. Alguien, en algún momento, decidirá meter la nariz en ese gran misterio que es la universidad pública, sus cuentas reales, sus subvenciones, su opacidad. No sigo, pero seguro que será pronto porque es uno de los últimos bastiones de lo incontrolado.
De momento les sugiero que si quieren atraer alumnado, mejoren la calidad de sus enseñanzas y procuren aparecer en algún puesto decente en los ranking internacionales en lugar de apoyar este insensato “se van a enterar”.
Lo siento mucho pero a estas alturas, dudo mucho del nivel intelectual de quienes están impulsando estas medidas sin otro argumento que el manido “porque lo digo yo”.
Cualquier día alguien me dirá “Ud. no sabe con quién está hablando”.
El titular de un periódico, concretamente Las Provincias el pasado 19 de mayo, proclamaba que “Puig ofrece a la Generalitat Catalana una alianza para plantar cara al gobierno”. Lo dijo después de una visita del presidente valenciano a Barcelona y me figuro que el periodista no habrá captado bien la noticia porque, si no es así, estamos dando otro paso más en dirección a ninguna parte o, lo que es peor, hacia el absurdo.
Ambos dos personajes son antiguos alcaldes de ciudades de relieve, Gerona y Morella, pero lo más probable es que al ocupar los cargos de “President de Generalitat” hayan alcanzado su nivel de competencia (¿mejor de incompetencia?), como le ha ocurrido a algún otro político (¿mejor política?) de la élite actual. Es la única explicación para semejante salida de pata de banco.
En primer lugar, los dos presidentes lo son para representar al gobierno de la nación en sus respectivas comunidades. Tienen una autoridad delegada y unas competencias limitadas y transferidas de mutuo acuerdo. Sin embrago, cada vez se está difundiendo más la falsedad de que los presidentes autonómicos son entes autónomos, plenipotenciarios en sus territorios, señores de horca y cuchillo en el sentido figurado de la expresión, sin más objetivo que conseguir logros políticos y personales, incluido el beneficio de los habitantes de su territorio, a cualquier precio. Y que el malo, por supuesto, es el gobierno de la nación. El enemigo externo. El verdadero obstáculo para el progreso.
Pues que quieren que les diga. Tal y como van las cosas y visto lo visto en una buena parte del territorio nacional, muchos de ellos aparentan haber salido de ambientes de poco fuste, como los personajes de la película “amanece que no es poco” que crecían en el campo de coles y a los que había que regar para que crecieran. ¿Dónde nacen los gestores?. ¿Dónde están los políticos de raza?.
Ellos saben, y yo también, que hay organismos para regular las relaciones del estado central y las autonomías. Todas las autonomías. Como el “consejo nacional de autonomías”. Y también hay mecanismos para solucionar problemas específicos de cada una de ellas, cauces para tratar los asuntos y llegar a acuerdos o razonar los desacuerdos.
Pretender una “alianza para plantar cara al gobierno” es una pura falacia porque, insisto, cada una de las autonomías son interlocutores únicos y no pueden representar a un tercero en discordia y, sobre todo, un manejo cínico del lenguaje al que nos tienen acostumbrados muchos de los profesionales de la política de los últimos tiempos.
Porque la supuesta alianza no sería contra el gobierno, sino contra el resto de autonomías, Si consiguieran más fondos no saldrían de los presupuestos del estado, cerrados y aprobados en las Cortes Generales, sino a costa de Andalucía, Galicia, y todas las demás. El dinero es el que es y si le das más a uno no tienes más remedio que quitárselo a otro. Exactamente igual que si uno de los hermanos de una familia pretende una asignación superior al resto. El extra no saldría del bolsillo del padre, sino del presupuesto familiar.
Otra cosa sería que ambas autonomías se hubieran puesto de acuerdo para trasvasar fondos de la una a la otra si una de las dos está en dificultades financieras, pero me temo que ni es eso lo que han acordado, ni están por la labor de hacerlo.
También aseguran que no hay trasfondo político ni intenciones de reestructuraciones autonómicas, ni de confederaciones, ni de “paisos”, ni de nada. ¡A que santo!
Voy a creerles, especialmente al Sr. Puig.
Entonces, ¿de qué va esto?. De lo de siempre: ruido, ruido, mucho ruido y ninguna propuesta, ninguna solución. Victimismo y justificaciones a la ineficacia o, lo que es peor, a la inoperancia.
Me figuro que si la administración central ve aparecer a los dos honorables haciendo fuerza conjunta para sus requerimientos particulares, el Montoro de turno reaccionará de la misma forma que lo hacía mi padre cuando me había prohibido ir a una excursión como consecuencia de algún castigo, y yo aparecía en casa con un amigo para que intercediera en mi favor. Seguro que sonreía para sus adentros, y con el tono más pausado de su repertorio zanjaba el asunto con un “sabes que te lo he prohibido. Ya irás a la próxima si te lo mereces”.
Porque no me imagino la cara que pondría el Sr. Puig si se presentan en su despacho el presidente del Colegio de Farmaceúticos junto al de Administradores de Fincas y el de Agentes de Comerciales, pongo por caso, para hablarle de “lo suyo”.
Le parecería un sinsentido y les diría que hay que ajustarse a los presupuestos y a los fondos disponibles y que, en todo caso, deberían acudir por separado.
Y si yo pudiera preguntarle en persona cual es la diferencia, seguro que me contestaría con un ofendido “¡no es lo mismo!”.
Señor, Señor. ¡En que manos estamos!. ¡Qué queda mucho por hacer y mucha gente que lo está pasando mal y espera soluciones reales en lugar de tanto decir lo mal que lo hicieron, lo hacen y lo seguirán haciendo todos los demás!.
Y no son solo los de ahora. Son todos los que han alcanzado gobiernos de cualquier nivel después de pelear mucho para conseguirlos.
Como Epi y Blas: “arriba, abajo, derecha, izquierda”. ¿tienen localizado el “adelante”?.
Vaya por delante que no voy a cargar las tintas sobre los docentes actuales porque, en su gran mayoría, son un modelo resultante de la laxitud creciente en la educación española, que tantas alarmas está disparando cuando se compara con los estándares internacionales. Y si, sabiendo como sabemos, que los costes por alumno son bastante parecidos a los de otros países con mejores resultados. ¿Cuál es explicación de la situación actual y cual fue el origen del problema?
Si en países referentes de la excelencia en la educación pública, como es el caso de Finlandia, el tiempo que dedican los alumnos a los deberes escolares no excede a la media hora, mientras que en España el promedio se acerca a las dos horas, solo puede haber una explicación: la diferencia entre el modelo y/o el profesorado.
Empezando por el modelo, que en mi opinión es la causa fundamental, la responsabilidad de la enseñanza en España parece haber migrado en buena medida desde la escuela hasta los hogares de los alumnos.
Comparando la educación actual con las “antiguas”, y sin términos medios, nuestros maestros dedicaban casi todas las horas lectivas a la enseñanza. El maestro daba la clase todo el tiempo, excepto los recreos, y comprobaba compresión continuamente con preguntas y pequeños “retos” entre alumnos. Teníamos pocos deberes y los que nos ponían eran para reforzar lo explicado previamente, o corregir las debilidades de algunos alumnos (“una redacción sobre”, “un repaso a la tabla de multiplicar”,..). La verdad es que yo no recuerdo que mis padres me tuvieran que “ayudar” a hacer los deberes.
Como contraste, inexplicable, tengo la impresión de que, hablando de enseñanza, los niños actuales son más felices en clase que en casa. Y no lo entiendo. Ni tampoco entiendo parte de las tareas escolares, que me parecen excesivamente lúdicas y “simpáticas”.
Por supuesto no estoy acusando a los profesores. Insisto en que lo achaco más al sistema que busca una combinación entre “niño feliz en clase” y “niño que aprende”, que parece estar decantándose hacia la felicidad. En mi edad el “duro” era mi buen maestro Don Fidel, al que nunca agradeceré bastante lo que me ayudó a formarme, no mis padres.
Mis padres, eso sí, reforzaban y respaldaban la autoridad de mis maestros, a los que apoyaban sin reservas en sus decisiones, y nos imbuían el concepto de que ir a la escuela era “nuestro trabajo”, nuestra obligación, y que debíamos cumplirla con responsabilidad. Sin excusas.
¿Y los profesores? Por supuesto que los de Finlandia cobran el doble, pero también es una de las carreras de más difícil acceso. Parece que se les exige un alto grado de vocación y están sometidos a continuas actualizaciones y reciclajes.
Sin embargo, siendo bastante más bajo el sueldo de los profesores en España y teniendo en cuenta que la enseñanza en Finlandia es totalmente gratuita en colegios públicos y privados, incluyendo transporte, comidas y resto de complementos, y que sus horas lectivas anuales son 6.126, contra nuestras 7.731, ¿Cómo es posible que el coste por alumno en Finlandia sea de unos 40.866 euros y en España de 35.155 euros? ¿Cómo hay tan poca diferencia?
¿Y por qué obtiene tan buenos resultados si, además de disponer de menos horas lectivas, solo tiene media hora de deberes?
Pero es que, además, la educación basada en un exceso de deberes caseros tiene un daño colateral para los hijos de familias con problemas estructurales, con padres de menor nivel cultural, oriundos de terceros paises, o con problemas económicos que les obligan a trabajar más horas de las normales. Cualquiera de estas circunstancias y muchas otras, como la salud o la capacidad física, les incapacita para aportar los niveles de apoyo esperados.
Porque, no nos confundamos: Nuestro modelo educativo, el que necesita del apoyo familiar, parte del supuesto de que los padres «pueden» y «saben», principios que chocan con la dura realidad de muchas familias españolas.
Como no soy experto, ni tengo capacidad para juzgar, ni creo que haga falta hacerlo, recomiendo lo que nunca, nunca, hacemos en España: Mandemos una comisión seria, libre de influencias y sin compromisos a Finlandia, para que tomen nota de lo que hacen, y que vengan a España con un dosier bien confeccionado para que podamos implantar su metodología en un plazo razonable. Por cierto: no incluyan en la comisión a ningún responsable de universidades en ejercicio porque ahí también hay mucho que rascar.
Ni, por supuesto, a ningún político, porque, ¡maldita sea!, son los verdaderos responsables de nuestros males. Han usado los conceptos educativos a su propia conveniencia, y como arma arrojadiza contra el adversario, sin considerar el mal que hacían y continúan haciendo.
Insisto: cuando la comisión acabe de tomar datos y conocer procesos, que vuelvan a España y coordinen la migración al nuevo sistema sin modificaciones ni adaptaciones a la “idiosincrasia española”.
“Copiar y pegar”, por favor. Que ellos son los que lo hacen bien, y nosotros los que tenemos que aprender. Y las diferencias de clima no justifican “retoques”.
¿A que parece sencillo? Me temo que yo no lo veré, y Uds. tampoco.
Han pasado 85 años desde que Ortega y Gasset proclamaba esta frase que se ha convertido en el paradigma de la rebelión contra el sectarismo, concretamente el 14 de abril de 1931, y parece que ni hemos aprendido las lecciones del pasado, ni somos capaces de asumir que los intereses generales están muy por encima de los particulares, los gremiales o los políticos.
Hace poco opinaba en este blog que “con las cosas de comer ni se juega ni se hace política”. Pues con las cosas de la educación mucho menos, porque la necesidad puede ser transitoria, ojala, mientras que la base cultural de las personas forja su personalidad y es muy difíciles de corregir. La educación recibida, incluida los ejemplos de sus padres y sus maestros, marcarán a hierro su carácter y, como no, su encaje en la sociedad.
¿Por qué esa fijación de los políticos en general, y muy especialmente los de escasa cultura humanista, la que se basa en la “integración de los valores humanos (sic)”, y alto sectarismo, en poner sus zarpas en la educación para utilizarla como vehículo del adoctrinamiento cuando tienen la mínima ocasión de hacerlo?.
En otro artículo, (“¿pero hubo alguna vez 100.000 vírgenes?”), decía que “a los políticos no se les elige para que cambien los nombres de las calles, ni para que adoctrinen…” “…. a los políticos se les elige para que hagan carreteras, para que mantengan limpios y en orden los pueblos y las ciudades, para que protejan la enseñanza y la sanidad, ..”
Todo esto viene a cuento de lo que he visto en otras “trobades”, y que se acentúa en las últimas. ¿Qué hacen banderas cuatribarradas, con o sin estrella, en las “trobades”?. ¿Que tiene que ver la escuela y la educación, con reivindicar TV3 o “els Països Catalans”?.
La escuela debe aclarar a los educandos la realidad de lo que somos y porqué somos así. Tiene que explicar que nuestra cultura, nuestras normas, nuestro modo de ser, es la consecuencia de capas y sedimentos superpuestos desde el Neolítico hasta nuestros tiempos, pasando por la cultura ibérica, la romana, la visigoda, la árabe y la cristiana, sin olvidar las influencias externas, las griegas y fenicias entre otras. Que los valencianos no nacemos en huertos, como los personajes de «amanece que no es poco», ni somos lo que dicen que somos algunos tertulianos «sabelotodo», ni muchos políticos fundamentalistas e interesados.
A los niños hay que decirles que no siempre fuimos puros y limpios, que convivieron villanías y heroicidades, que se escribieron hermosos libros y que algunos los quemaban, que nos matamos en montones de guerras fratricidas y que intentamos reconciliarnos una y otra vez y, sobre todo, que todos nosotros somos descendientes de todos ellos.
No descendemos de los buenos, unos, y de los malos, otros. Los que mataron y los que murieron, los que escribieron y los que borraron, los que cosecharon y los que quemaron cosechas, son nuestro antepasado común, el que ha parido esta civilización actual tan rica como confusa y mal informada.
Un ejemplo: Estamos conmemorando la batalla de Almasa. Una parte de los valencianos, los manchegos y los castellanos tienen antepasados que combatieron en ambos bandos mezclados con tropas de cien países diferentes.
Que hay que hablar de la guerra de Secesión y de la pérdida de los fueros: ¡claro que sí!. Pero en su justa medida. Fue una guerra entre poderosos y la mayoría de ellos defendían, exclusivamente, sus propios intereses y los favores del que fuera futuro rey. Ganó la opción Borbón, que defendía la idea de un estado centralista, y que recortó fueros y privilegios a muchos, especialmente a los que apoyaron la opción austríaca. ¿Injustamente?. Seguramente sí, pero ni en Cataluña ni en Valencia se luchó contra la malvada Castilla ni por su independencia. Ambas regiones fueron campo de batalla de ejércitos extranjeros al servicio de monarcas europeos.
Como ejemplo de la verdad, Rafael Casanova, “Conseller en Cap” de la Ciudad de Barcelona. decidió apoyar al Archiduque Carlos de Austria. Perdió, fue destituido de sus cargos, y continuó ejerciendo como abogado hasta su muerte.
¿Porqué tomó esa opción?. Eso es tema de historiadores, pero es bien cierto que los “Señores Catalanes” siempre defendieron sus privilegios frente a todo el que quiso modificarlos. Lo que estos privilegios favorecieran o perjudicaran a sus siervos es harina de otro costal, por mucho que algunos saquen pecho colgando boca abajo el cuadro del rey.
Y en las escuelas hay que recordar que todos nosotros somos ramas de un árbol llamado nación, patria, o España. Y que las ramas deben solidarizarse entre sí, compartiendo savia.
Hablemos nuestra lengua, que es la mía habitual aunque no la escriba. Disfrutemos de nuestros escritos y de nuestras tradiciones. Pero no las usemos como arma arrojadiza porque la lengua, especialmente, nació para la comunicación. Busquemos lugares comunes, aparquemos lo que nos separa, porque en cultura, en educación, es más, mucho más, lo que nos une.
Todos nosotros comenzamos a hablar con las mismas palabras que reclamaban padres, madres, comida, amor. ¿En que momento de nuestra vida aprendimos las frases malditas: “no te quiero”, “te odio”, “eres distinto”, “soy superior a ti”, “esto es mío”, “te voy a matar”?.
¡Maldita sea!. La corrupción no es solo robar. También es corrupto, y mucho, el manipulador, el que teniendo capacidad para unir, separa. El que teniendo poder, lo usa para fines oscuros. Yo, por edad, se lo que era la influencia del franquismo en el entorno de la educación, y digo entorno porque no siempre pudo entrar en las aulas. Yo he formado parte de la España que era “unidad de destino en lo universal”. Como la gran mayoría de los que vivimos aquella época. Yo he conocido a distancia y con posterioridad el lavado de cerebro de los niños alemanes en la época de Hitler, o de los italianos con el fascismo, o el actual de los musulmanes yihadistas contra los infieles, entre los que incluyen a musulmanes “impuros”.
¡Que barbaridad!, dirán algunos. ¡Comparar la reclamación “dels Països Catalans” con la Alemania de Hitler. Sí, pero no tanto. Es el mismo caso, aunque con distintas consecuencias.Tan ladrón es el que roba mil como el que roba un millón, atenuantes aparte. La primera vez que se repartió el “mein kampf” entre los jóvenes alemanes no se les animaba a matar judíos. Se les habló de justicia para Alemania, de mejora de vida, de paraísos y ensoñaciones. Tenían bonitas frases y cantaban hermosas canciones. Y los repartidores del manual eran muy pocos, pero muy fanáticos.
Es evidente que los repartidores de cultura y “cultureta” de nuestra comunidad no van a matar a nadie, pero ya están creando guetos: los de las empresas que no se expresen en valenciano, lo de la enseñanza pública y privada, los de…
Luego no nos quejemos: En una viñeta del genial Quino, dos ancianos que se cruzaban con un hipy por la calle exclamaban indignados “esto es el acabose”. La gran filósofa Mafalda, que caminaba cerca de ellos les decía: ”no. Esto es el continuose del empezose de ustedes.”.
Cuidado, mucho cuidado con los “empezose”. Que tenemos ejemplos muy recientes de los que aprender.
A la escuela no debe entrar la política, como no pueden entrar coches. En el segundo caso lo que debe entrar son los fundamentos del Código de Circulación. En el primero la Constitución, que no es política, sino el enmarque de la política en nuestro país, sus reglas de juego, una especie de manual de usuario. ¿Se enseña Constitución a los niños?. ¿Hay debates basados en el texto constitucional?. ¿Se ponen ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer?.
Si pregunto a un bachiller la diferencia entre democracia asamblearia o representativa, o cual es nuestra ley electoral, ¿sabrá contestarme?.
El año pasado lo dedicamos a recuperar la memoria del Padre Belda, y con el material recopilado abrí dos fichas con retales de su vida y su obra en la página web de Aculliber, Asociación sin Ánimo de Lucro. Por ese motivo fui descubriendo las luces y las sombras de este personaje singular y contradictorio que consiguió, entre otras rarezas, ser un auténtico desconocido en Bocairent, su pueblo natal.
Pero el otro día, concretamente el pasado día 22 del presente mes de marzo, tuve el acierto de asistir a la defensa de la tesis doctoral de D. Antonio Castañer Llinares titulada “el Padre Belda (1890-1969). Arqueólogo” en la Universidad de Alicante, y disfruté con la presentación del ponente que resumió buena parte de la vida y la actividad profesional de Don José Belda en los años de referencia.
Porque mi condición de profano entre intelectuales y prestigiosos expertos en arqueología y museística, me permitió escuchar las palabras del doctor Castañer desde una perspectiva totalmente horizontal, casi de hombre a hombre, no de sabio a sabio, que me permitió comprender más al personaje conforme avanzaba la presentación, entender gran parte de sus comportamientos, algunos no, y sentir la pena de no haberle conocido en vida para decirle “modérese, pero no se detenga”.
No estoy capacitado para juzgar la estructura ni la bondad del contenido de la tesis porque ni tengo formación, ni la he leído, ni conozco la historia que en ella se narra. Tampoco podría aportar otras versiones a los hechos narrados porque las desconozco.
Terminada la presentación tomó la palabra la Doctora Sanz Gamo, directora del Museo de Albacete y secretaria del tribunal, que cuestionó seriamente el trabajo de campo de Don José Belda y su perfil humano, llegando a tacharle de “cazatesoros” y hombre “tortuoso”. También criticó su labor como director de museo, en lo que estoy más de acuerdo porque todo lo que sé de él evidencia que era más hombre de monte que de despacho.
La doctora Sanz Gamo también manifestó algunas críticas a la estructura y el formato de la tesis, a la que tachó de “farragosa, repetitiva en parte y sobrecargada de notas al pie de página”. El Doctor Castañer contestó aportando datos reales sobre los trabajos del sacerdote y comentando que no había preparado la tesis para publicarla, sino para ponerla a disposición de los arqueólogos y los estudiosos como su aporte personal al mundo científico. De ahí su aridez en cuando a lo extenso de la bibliografía y la gran cantidad de notas a pie de página.
Don Bernat Martí Oliver, investigador del Museo de Prehistoria de Valencia y vocal del tribunal, tuvo una intervención más abierta, alabando las memorias de algunas excavaciones del Padre Belda, y criticando la falta de rigor documental de otras.
También afirmó que la historia del padre Belda está muy relacionada con los grupos de Alcoi, Alicante y Valencia, y sus críticas, más bien comentarios, se centraron en la exposición de los enfrentamientos que el arqueólogo mantuvo con Don Isidro Ballester Tormo director del Servei d’Investigació Prehistòrica de la Diputació de Valencia, y su opinión de que, en gran medida, se debían a los planteamientos y la forma de ser de Don José. Como en el caso anterior, el doctor Castañer defendió la obra del sujeto de la tesis y opinó que ambos eran caracteres fuertes y de fácil enfrentamiento.
Posteriormente, Don Antonio Castañer me ha comentado que el peor enemigo del Padre Belda en el mundo científico fue el Comisario General de Excavaciones en Madrid, Don Julio Martínez Santa-Olalla quién, entre otras cosas, se encargó personalmente de que fuera expedientado y separado de la dirección del museo.
Solo un pero a los comentarios del Doctor Martí Oliver. Desde mi posición de no-letrado, de hombre de la calle, no acabé de entender que le recriminara cariñosamente por no haber tomado partido, por no haber manifestado su opinión sobre estas disputas. El ponente comentó que, aunque la tuviera, se había limitado a señalar los hechos porque era una publicación técnica y resultaba científicamente peligroso decantarse por las razones de cualquiera de las partes.
Y en eso, desde mi formación profesional como antiguo ejecutivo de una multinacional, no puedo estar más de acuerdo. La expresión anglosajona “by facts” (por hechos) siempre fue una condición exigida en nuestras presentaciones internas. El porqué de las cosas se analizaba posteriormente, en otros círculos y buscando más opiniones.
Hubo otras intervenciones, entre ellas las de D. Lorenzo Abad Casal, director de la tesis, que comentó que conforme avanzaba el trabajo comprobó que se trataba mucho la trayectoria personal del Padre Belda, pero que decidió animar al redactor a que siguiera en esa línea, muy necesaria para ilustrar su obra dada la complejidad del personaje.
De hecho, y en conversación personal posterior, me confesó que conforme avanzaba la tesis iba descubriendo a un arqueólogo mucho más sólido que el que aparecía enmascarado por todo un anecdotario sarcástico que circulaba entre el mundo científico,
En resumen: entre lo que ya sabía y lo que escuché, y desde mi escaso conocimiento de los hechos y de las circunstancias, mi opinión es que:
1.- No hay ninguna duda de que el mundo científico opinaba que D. José Belda era un advenedizo, un autodidacta que no disponía de títulos académicos y, por lo que he podido comprobar, todavía hay quién así lo considera. Es evidente que la falta de formación académica le dificultaba el “acabado” de los trabajos, pero no es menos cierto que en el mundo de la arqueología, como en todos los ambientes científicos, había y sigue habiendo “piques” y controversias, y se afirma que más de un encumbrado por la fama publicó trabajos ejecutados por otros en yacimientos que, prácticamente, no habían visitado.
Si eso era así entre académicos, tanto más cuando se trataba del Padre Belda, el intruso, blanco fácil de muchas iras y muchas frustraciones.
También es cierto, y así lo comentó el doctor Castañer mostrando sus rostros en una especia de orla en una de las pantallas de la presentación, que también fueron muchos los que valoraron su trabajo y reconocieron sus méritos.
2.- Se ha dicho que “se quedaba con los objetos que encontraba”. En aquella época cuando se daba autorización a un arqueólogo para excavar, los objetos hallados pasaban a ser de su propiedad, probablemente compartida con los propietarios de los terrenos. Semejante barbaridad se mantuvo hasta que la II República rectificó el ordenamiento sobre el Patrimonio Histórico-Artístico, ordenando una nueva regulación de las excavaciones, dejándola en los términos que comenta la revista “e-rph”, en uno de los párrafos:
«Ley de 7 de julio de 1911, dictando reglas para efectuar excavaciones artísticas y científicas y para la conservación de las ruinas y antigüedades (G.M., núm. 189, de 8 de julio de 1911). Fue la primera gran Ley española reguladora del Patrimonio Histórico-artístico. Daba un concepto jurídico de excavación y de antigüedades, ordenaba la formación de un Inventario de ruinas monumentales, reservaba al Estado la realización de excavaciones en propiedades particulares, atribuía también al Estado las antigüedades descubiertas casualmente, otorgaba al Estado la concesión de autorizaciones para hacer excavaciones, concedía la propiedad de los objetos descubiertos a los autores de las excavaciones autorizadas, salvo que se tratara de descubridores extranjeros (cuyo acceso a la propiedad se dificultaba sin llegar a prohibirse), se legalizaba, en cambio, la posesión de antigüedades antes de la entrada en vigor de la Ley y autorizaba a realizar duplicados de los hallazgos para los Museos provinciales o locales.
En conjunto, era una Ley aceptable para su tiempo que permitió ordenar el ejercicio de las excavaciones aunque no dejó de crear problemas a la hora de atribuir la propiedad de los hallazgos, si bien más allá de sus deficiencias técnicas ya fue objeto, con ocasión de su debate parlamentario, de críticas desde presupuestos conservadores que se resistían al control de la circulación de los bienes y a la apropiación por el Estado de todos los descubrimientos. Esta Ley fue desarrollada por el Reglamento provisional para la aplicación de la Ley de 7 de julio de 1911 de 1 de marzo de 1912 (G.M., núm. 65, de 5 de marzo de 1912) que añadió el límite cronológico preciso para calificar las antigüedades (hasta el reinado de Carlos I), dio instrucciones más precisas para combatir la expoliación, atribuyó la ejecución de ambas normas al Inspector General de Bellas Artes y creó, regulándola con precisión, una Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades así como los Delegados especiales de excavaciones. Por último, dio reglas para la formación del Inventario».
En el caso del Lleo Iberic de Bocairent, por ejemplo, fue su descubridor casual y propietario del terreno, D. Vicente Calabuig y Carra, el que lo donó voluntariamente al museo de arqueología porque siendo un hombre culto, catedrático de la Universidad de Valencia, renunció a su propiedad.
En la tesis se afirma que los trabajos del padre Belda se sufragaron, sobre todo, con su propio patrimonio, aunque también consiguió algunas ayudas puntuales, organizó excursiones guiadas a alguno de sus yacimientos para obtener fondos, y vendió algunos de sus hallazgos.
3.- Se ha dicho de él que era un furtivo, y fue cierto en algunas ocasiones.
Como he comentado anteriormente, la arqueología no solo era una ciencia. También era un negocio y, como tal, los propietarios negaban el acceso a personas no autorizadas reservándolo para los que conseguían autorizaciones oficiales con los que pudieran llegar a acuerdos.
Naturalmente, era más fácil que las consiguieran los titulados y reconocidos por las entidades de la época. También se daba el caso de terratenientes que negaban cualquier actuación porque no querían intrusos en sus propiedades. Por lo que deduje de la presentación, el Padre Belda nunca intervino en excavaciones autorizada para otros arqueólogos, aunque sí que lo hizo en terrenos en los que no tenía autorización, o antes de obtenerla.
Parece que era una práctica bastante extendida porque para pedir autorización hacían falta indicios, pero claro, ¡si lo hacía el Padre Belda…!
4.- Otro de sus estigmas es que había utilizado pólvora para abrirse paso en alguno de los yacimientos. El ponente negó rotundamente que este hecho se hubiera producido, y se apoyó en testimonios de personas que colaboraron directamente con el Padre Belda. Antes bien, afirmó que, contra la leyenda, era muy meticuloso en las excavaciones, y especialmente cuidadoso en reforzar paredes y puntos débiles para evitar derrumbes. El Doctor Castañer afirmó que este rumor se originó a raíz de una denuncia maliciosa e infundada de uno de sus colaboradores, con el que se había enemistado, y al que, curiosamente, había dado trabajo tiempo atrás por encontrarse en una situación delicada en el aspecto personal. Aunque conozco el nombre no creo que deba hacerlo público, pero es muy probable que figure en la tesis.
5.- Por lo que escuché, el Padre Belda fue sujeto de muchos expedientes y mantuvo sonoras diferencias con estamentos y autoridades: por excavaciones no autorizadas al ser denunciado por terceros, con las académicas valencianas porque trataron de atraer sus fondos a Valencia y no lo consiguieron, con las de Alicante, más tarde, por intereses políticos, ya que preferían otro director del museo con ciertos apellidos. También con las autoridades civiles por visitar a los excombatientes del bando republicano presos en una cárcel próxima a una de sus excavaciones, con el Obispado, etc.
Unas batallas las ganó y otras las perdió, pero de todas ellas salió con cicatrices que ni le amilanaron ni le frenaron en su obsesión de seguir adelante según su propio criterio, equivocado en ocasiones, pero inalterable ante las dificultades.
Decía antes que el Padre Belda era fuente de inspiración de anécdotas y chascarrillos de los que se consideraron mejores que él porque formaban parte del Olimpo de la ciencia. Curiosamente y tal como transcurría la presentación, aprecié que, según pasó el tiempo, muchos de los que disfrutaron ridiculizándole, cosa que parecía sencilla porque nunca protegió su imagen física ni guardó las formas fuera de sus círculos de confianza, tuvieron que reconocer que sus trabajos no eran tan inútiles ni tan zafios como parecía, y que estudiar sus fuentes no era perder el tiempo.
Por ejemplo: en alguna de las intervenciones posteriores a la presentación de la tesis escuche que una arqueóloga que está interviniendo en la actualidad en un yacimiento de la zona, descubrió que de todas las memorias publicadas por diferentes arqueólogos que habían operado en ese lugar, la mejor y la que más le había ayudado en su trabajo era la del Padre Belda.
Cuando termino la defensa de la tesis, mientras esperábamos fuera del Aula Magna el veredicto del tribunal, le pregunté a Don Lorenzo Abad Casal cual era, en su opinión, la mayor carencia del Padre Belda como arqueólogo, y me contestó: “que publicó muy poco”.
Conforme sé más de su vida, más admiro a este hombre anárquico, tozudo, trasgresor, que intentó derribar molinos durante toda su vida, de la que solo una parte, de 1980 a 1969, ha merecido una tesis doctoral de cinco tomos bien dotados de textos, citas, bibliografía, imágenes, planos, esquemas y notas a pie de página. Muchas notas a pie de página.
Luchó y sufrió heridas, tomo iniciativas constantemente y se equivocó en muchas de ellas, quiso romper lo establecido y lo establecido trató de arrollarlo, pero ni los hombres ni las circunstancias pudieron con él.
Ya lo suponía, pero en este momento su figura no me parece la de un loco egoísta, prepotente y ególatra, sino la de un genio excéntrico que convirtió lo que pudo haber sido una vida cómoda y regalada en una carrera de obstáculos dedicada al conocimiento de lo que fuimos, buscando entre las piedras los restos y los signos de nuestros antepasados.
Y, a su manera, lo consiguió. Lo certifica la frase con la que cerró la sesión el presidente del tribunal, Don Mauro Hernández Pérez: “no se podrá estudiar la historia de la arqueología española sin tener en cuenta la figura de Don José Belda Domínguez”
Es evidente que mi comentario no trata de juzgar la labor del Padre Belda en el mundo de la arqueología. Eso lo han hecho y lo seguirán haciendo los expertos en la materia, y es seguro que la tesis del Doctor Castañer, probablemente el mayor conocedor del personaje en la actualidad, ayudará a desmentir parte de sus mitos y leyendas, y aclarará muchas dudas sobre la importancia de sus descubrimientos.
Mi intención es destacar la faceta humana de un bocairentino ilustre, casi desconocido en su pueblo natal, que siempre presumió de sus orígenes. Así nos lo dijeron en el MARQ y lo repitió Antonio Castañer en la defensa de su tesis.
José Luis Martínez Ángel
Valencia, 25 de marzo de 2016
El plano adjunto señala los yacimientos en los que trabajó el Padre Belda hasta 1969:
Yacimientos explorados por el Padre Belda hasta 1969