Militantes versus votantes, la democracia asamblearia como alternativa a la representativa, y los populismos

Es un hecho incuestionable que  el éxito electoral de los partidos no depende de sus afiliados, sino de sus votantes. Los afiliados, eso sí, sirven para animar, apoyar y realzar las virtudes de su partido, y para arropara a sus líderes cuando tratan de captar el mayor número de simpatizantes para que les den su apoyo en las elecciones.

Sin embargo, por un error de estrategias, se cambiaron los roles y alguien decidió que los afiliados debían de tener más protagonismo en los partidos, hasta el punto de que debían elegir a sus líderes. Era más democrático.

Y como hay que ser “más que el que más” y ponerse al frente de la manifestación, algunos partidos tradicionales, el PSOE uno de ellos, decidió implantar “las primarias”, modalidad de votación por la que los afiliados eligen directamente a su Secretario General.

Es decir, han cambiado el sistema representativo, en el que los delegados tomaban las decisiones, por otro asambleario, alegando que esta medida mejora la democracia interna.

Y, tomada la medida, insisten en que esta fórmula pase a ser obligatoria, por ley,  para todos los partidos.

En primer lugar, no juguemos con las palabras. El sistema representativo es tan democrático como cualquier otro. Cuando un grupo de personas eligen a alguien para que los represente ante terceros lo hacen en pleno ejercicio de su libertad y no están condicionados por nada ni por nadie, o al menos no están más condicionados que cuando ejercen el voto en unas primarias.

¿Cuál es la ventaja? En pura lógica, se supone que los votantes delegados, los representantes, están más “enterados” de los temas puestos en cuestión, están al tanto de los estatutos y los reglamentos del partido, y conocen más  a las personas a los que elegir que cada uno de los casos. En definitiva: Conocen mejor el alcance de las decisiones y los pros y los contras de cada alternativa.

La democracia asamblearia, por definición, es mucho más emocional, en ocasiones visceral, con el peligro de que a la hora de emitir votos y opiniones lo hagan más condicionados por las circunstancias del momento, por el carisma de los líderes, o por los “consejos” de terceras personas que en círculos cerrados puede actuar como animadores de la opinión.

Tendremos que reconocer que las bases, la masa social, es mucho más influenciable que los representantes y corre el riego de que reaccione por estímulos en lugar de hacerlo por razones.

Los políticos se cansan de decir que no hay que dictar leyes como respuesta a hechos concretos (asesinatos, violaciones, raptos de niños, etc.). “No hay que legislar en caliente”, dicen, y tienen razón, pero, curiosamente, cada vez quieren mantener más calientes, casi en ebullición, a sus bases para moverlas según convenga.

Y ahí aparece la contradicción: un afiliado tipo “culligan” seguirá mejor a su líder, hará más ruido, pero asustará a los simpatizantes, menos mediatizados, poniendo en peligro los graneros de votos.

Los partidos de amplio espectro tienen muchos más votantes que militantes. Los más ideologizados tienen pocos votantes fuera de sus militantes, y a otros, los más radicales, solo les votan sus militantes.

En términos matemáticos podríamos establecer que el número de votante de un partido es inversamente proporcional a la radicalidad de sus afiliados. Casi un axioma.

Pero nos hemos establecido en el terreno del “cortoplacismo” y me temo que no van a rectificar. Seguramente pensarán que si alcanzan el poder tendrán tiempo de “arreglar las cosas” poniéndolas en su sitio, olvidando que es mucho más fácil provocar la exaltación que conseguir la vuelta a la sensatez.

Este es uno de los males de occidente: como tenemos bienestar, con muchas limitaciones, por supuesto, hay que ofrecer lo imposible para ser “diferente”. Pero una cosa es perseguir la utopía y otra muy distinta es engañar deliberadamente con promesas que saben que no pueden cumplir.

A eso se le llama populismo, y no es más que una consecuencia lógica de la falta de rigor de los que gobiernan, por no ser capaces de combatirla. Más bien se asustan y trata de imitar algunos de sus planteamientos, olvidando algo que es esencial: claridad en los planteamientos  y, sobre todo, pedagogía política de los gobiernos y las oposiciones de los países ricos cuando tienen que afrontar malas situaciones.

Una crisis, por ejemplo.

Y a los ciudadanos, cada vez más, nos están llevando a un camino de difícil retorno cuando hacemos caso de las promesas sin preguntar cómo van a cumplirlas, o el entorno en el que nos movemos: La Comunidad Europea, a la que hemos delegado una buena parte de nuestra soberanía.

Naturalmente estas reflexiones no tienen más peso ni más valiez que la de ser titular de un D.N.I. español, como lo son los militantes o simpatizantes de todos los partidos a los que siempre respeto y respetaré el sentido de su voto. En mi caso soy un «no afiliado», nunca lo he sido, aunque, como es natural, tengo mis ideas políticas o, por decirlo mejor, un ideal de modelo de estado y de convivencia participativa que se aproximaría mucho más al nuestro si cambiaral la ley electoral, para mi fuente de todos los males, y se reorganizaran la educación y la justicia.

Las cosas de Ciudadanos

Siento ser pesado y severo juzgando “las cosas” de Ciudadanos, pero sigo pensando que es un partido válido y me duele que toreen de salón, con muy buenas formas y excelentes palabras, pero sin riesgos ni compromisos. Esta actitud de “nosotros somos los puros”, entre otras cosas, acabó con UPyD y puede acabar con ellos.

¿Modificamos la ley electoral?

La misma noche de las últimas elecciones Albert Rivera cometió el desliz de declarar que había que cambiar la ley electoral e ir a “un hombre un voto”, teniendo a España como “distrito único”, porque entendió que el sistema actual les había perjudicado.

Perfecto. ¿Qué modelo elegimos?.

elecciones

En el ejemplo de esta tabla, votos y escaños de las últimas elecciones generales, no aplico ningún tipo de filtro ni de proporcionalidad por población de provincias o comunidades, y considero “distrito único” a todo el territorio español.

Es cierto que Ciudadanos hubieran conseguido 45 diputados, 13 más que con el sistema actual, pero a cambio de una mayor fragmentación del Congreso, ya de por sí bastante disperso. Se puede apreciar que en este supuesto hubieran entrado cinco partidos que se han quedado fuera, uno de ellos, el Partido Animalista – PACMA, con 4 escaños.

¿Es eso lo más conveniente?.

Creo que no. Si queremos aproximarnos a los modelos democráticos más avanzados, en todo ellos se establece algún factor de corrección para facilitar las mayorías y evitar un exceso de partidos en las cámaras. Algunos muy directos, como el anglosajón, donde el partido más votado en cada distrito electoral de Gran Bretaña, o en un estado de los EEUU, se lleva la totalidad de los escaños correspondientes a cada distrito o a cada estado.

O el francés, con una segunda vuelta que permite evitar situaciones de desgobierno.

Pero no necesitamos irnos tan lejos. En una comunidad española, el país vasco, tenemos un ejemplo intermedio que es muy práctico y de total actualidad. En las últimas votaciones, las del 25 de este mismo mes, el PNV ha obtenido 29 de los 75 escaños disputados. A 9 de la mayoría absoluta establecida en 38.

Según su estatuto, si en la primera votación no se consigue esta mayoría, se procederá a una segunda, en la que solo se puede votar “sí” o “abstención”. Quiere ello decir que, al no existir la votación en contra, el “no”, el PNV ya tiene asegurada la mayoría suficiente para formar gobierno.

Otra cosa es que necesite pactar programas o acuerdos puntuales con terceros, porque para sacar adelante los presupuestos o las leyes le seguirán faltando 9 votos, pero el sistema garantiza la fluidez del proceso e imposibilita bloqueos al ganador de las elecciones por pactos entre partidos con menor representación.

Sr. Rivera: Cambiar la ley electoral sí, imprescindible y urgente, pero para acercarnos a los modelos más consolidados, en los que no se puede dar una situación de bloqueo tan absurda como la que sufrimos en la actualidad. Exactamente lo contrario de su propuesta.

También han pedido al PP que Rita Barberá abandone su escaño del Senado, y que se retire el aforamiento para congresistas y senadores. ¿Es pertinente?

En España, y en el resto de los países democráticos, el escaño es propiedad del elegido y no del partido, pero hay una gran diferencia.

En el sistema británico, por ejemplo, los elegidos lo han sido en sus distritos electorales, dando la cara ante sus electores y con obligación de rendirles cuentas de forma individual periódicamente. Son perfectamente conocidos por los que le han elegido y tienen la obligación inexcusable de representar a sus electores, de ser sus “representantes” en el estricto sentido de la palabra.

Esta es la razón por la que, en algunas ocasiones, algunos congresistas votan en contra de una propuesta de su propio partido: todos ellos son un bloque en temas de interés nacional y general, pero en propuesta de menor rango, lo que beneficia a los londinenses puede perjudicar a los de Oxford, por ejemplo. Si se da el caso, los parlamentarios de esta última ciudad se ven en la obligación de dar la cara por su distrito para evitar que les corran a gorrazos.

Aquí, que somos tas listos, lo interpretamos como “rebeliones en las filas de..”, incluso en crónicas de renombrados periodistas.

En España ocurre todo lo contrario. Los congresistas han formado parte de una lista cerrada y confeccionada por cada partido, la mayoría son unos perfectos desconocidos para sus votantes, y no tienen ninguna obligación de atender a sus electores, entre otras cosas porque no se ha elegido a “cada uno”, sino a todos, en bloque.

Esta circunstancia hace que la propiedad del escaño en el modelo anglosajón sea mucho más “legítima” que en España, porque cada congresista ha conseguido un escaño para el partido, en lugar de ser el partido el que ha conseguido el escaño para el congresista.

En cuanto a los aforamientos, me basta con un párrafo corto:

Elimínense, porque no tienen ninguna razón de ser y no existen en los países más avanzados. Y, aunque sea una faceta desconocida para el gran público, esta medida no perjudicaría a los propios aforados porque, si bien es cierto que el aforamiento dificulta y ralentiza los trámites judiciales, no es menos cierto que a la hora de presentarse ante un juez no hay diferencias legales porque la ley es la misma para todos, y que en las sentencias del Supremo no cabe apelación, como sí ocurre en los tribunales ordinarios.

Volviendo a tema de Ciudadanos:

Insisto en que si se empeñan en dictar doctrina desde el púlpito sin bajar a la arena del gobierno, seguirán apareciendo como una opción sin fundamento, aleccionadores sin compromiso, que aconsejan generalidades o concreciones muy obvias sin arriesgarse a las consecuencias de los errores, las circunstancias, o los condicionantes de las tomas de decisiones cuando se tiene la responsabilidad de gobernar.

No dejarán de aparecer como un partido “Pepito Grillo” o “mossen feu”, apodo que le dábamos cuando yo era niño a un señor muy beato (de ahí el “mossen”, sacerdote o eclesiástico en castellano) que se pasaba el día diciendo lo que debían hacer los demás, pero al que no le conocíamos ni esfuerzo físico ni riesgo moral. “Teniu que fer… (teneís que hacer)”

Es como si los vigilantes de la playa se dedicaran a dar consejos a distancia a los que se están ahogando, o a dar instrucciones al resto de bañistas para que vayan a salvarles y como hacerlo correctamente, sin bajarse de la plataforma.

La solución es exigir que funcionen las leyes y los controles oficiales establecidos, no crear partidos para controlar (eso se hace desde la oposición, y solo tiene valor real si los partidos oponentes tienen opciones de gobierno), ni más controles, ni comisiones u otras formas de sacar redito político “gratuito” de los errores o los desmanes de los controlados.

Una nota al pie fuera de contexto:

El PSOE está pasando una crisis muy importante que no se debe a los hechos ocurridos en los últimos años. Hace muchas temporadas que está a punto de “bajar a segunda”, si aplico un símil futbolístico, y siempre se ha librado por los pelos, en una deriva continuada de pérdida de votos y simpatías. Tengo la absoluta seguridad de que esta situación les obligará a una reflexión seria sobre los “porqués”, (las causas-raíz), los “cómo”, (que hacer) y los “cuando”, (en que plazos y con que estrategias), y que el partido saldrá fortalecido, como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

Mis mejores deseos, porque es un partido fundamental, imprescindible para España, unas veces desde el gobierno y otras desde la oposición.

Suerte y buen juicio.

El personal sanitario de los boxes del hospital Doctor Peset

Comentario mandado como «carta al director» al diario Las Provincias, que no se ha publicado:

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Las oía hablar de las anécdotas de las vacaciones, de asuntos familiares, de planes inmediatos, de política y hasta de ¡la emoción de haber saltado en paracaídas!
Eran conversaciones cortas, momentos hurtados a la frenética actividad que les obligaba a atender continuamente a “los suyos” (el que reclama “una botella”, el semi inconsciente que se quita continuamente la mascarilla de oxígeno, el que quiere levantarse a toda costa aunque esté monitorizado y con goteros, el que necesita un cambio de pañal) y francamente, me sorprendía descubrir tanta vida y tanto optimismo en personas que trabaja en un entorno tan poco propicio a ilusiones y esperanzas.

Afortunadamente he tenido pocas ocasiones de ingresar en UCIS, UVIS, Boxes y similares, pero esta misma semana pude recordar y comprobar “in situ” la labor tan encomiable del personal de boxes, casi todo mujeres, del hospital Peset de Valencia.

Rodeadas de enfermos en absoluta dependencia, algunos muy degradados por la edad o las circunstancias de su enfermedad, se mueven con diligencia atendiendo, controlando, o riñendo con todo cariño a los más indisciplinados, llamándoles por sus nombres y dedicándoles frases amables, cercanas.

No digo que lo hicieran con alegría, no creo que lleguen a tanto, pero sí que lo hacían con naturalidad, con cariño y con proximidad al paciente. Se notaba claramente que no se limitaban a cumplir una obligación. No controlaban al ocupante de una determinada cama. Llegaban bastante más allá y atendían a personas enfermas, con nombres y apellidos, necesitados de cuidados médicos, afecto y esperanza.

Se que ocurre lo mismo en las plantas de los hospitales y en otros servicios hospitalarios, pero el caso de las urgencias y los boxes es muy especial porque atienden a una comunidad de enfermos en evaluación de “no se sabe que”, porque acaban de llegar, o a los que están prestando un primer tratamiento de urgencia. Allí no se puede parar y es tan importante la programación médica como la atención personal al paciente.

Sirvan estas reflexiones como agradecimiento a las enfermeras, auxiliares y celadoras que me atendieron o que empujaron mi cama en esas largas excursiones a radiología, unidad de marcapasos o a cualquier otro punto del hospital.

Mi agradecimiento y, ¡que descortesía!, mi deseo de no volverlas a ver en los próximo tiempos, a no ser que coincidamos en algún lugar de vacaciones, o en algún proyecto, aunque se trate de un salto en paracaídas.

En la seguridad de que si vuelvo a necesitarlas, me atenderán con la misma profesionalidad y afecto que lo han hecho en esta ocasión.

José Luis Martínez Ángel – Valencia

De las danzas de Bocairent al hospital Doctor Peset de Valencia

La noche transcurrió a plena satisfacción: mi nieta bailaba las danzas con entusiasmo en el corro infantil de la fuente con María y otras amigas circunstanciales, yo hablé con los unos y los otros, me abordaron unas amigas interesadas en que les firmara un ejemplar de mi novela, que alabaron con entusiasmo (¡tengo fans!!) y mantuve una charla más formal con el sacerdote misionero Ramón Pascual y con Juan Vañó.

Pero llegué a mi casa y las pilas de mi marcapasos dijeron que hasta allí habían llegado. Que nueve años de estimular mi corazón cada segundo de cada minuto de todas las horas no daban más de sí, y que se declaraban oficialmente agotadas en esa madrugada de Bocairent.

Y no tuve más remedio que buscar ayuda. Son estos golpes de realidad los que te recuerdan que pese a todos los ruidos mediáticos (políticos irresponsables, medios audiovisuales que magnifican lo peor de cada caso y de cada casa porque ello les da audiencia, crímenes absurdos, abusos incompresibles, y tantos hechos luctuosos que encabezan los titulares de la prensa cotidiana), la realidad del cada día la componen y la solucionan la gran mayoría de ciudadanos responsables que cumplen sus tareas con diligencia y que te apoyan cuando lo necesitas.

Lo mío no ha sido ningún drama ni yo soy nadie relevante, pero en la cadena de mi solución ha intervenido el personal de guardia del ambulatorio de Bocairent, una ambulancia del SAMUR, las urgencias del hospital de Játiva, otra ambulancia que me trasladó al Peset de Valencia, las urgencias de este hospital (¡como admiro a las enfermeras de los centro de urgencia!. Un día de estos les dedicaré un comentario especial), y el equipo de marcapasos del Peset, especialmente el cirujano que me operó haciendo malabares con las programaciones y con su propio tiempo.

Debo destacar que cada uno de estos eslabones ha compaginado a la perfección sus obligaciones profesionales con la atención personal que necesitaba. Me he sentido “bientratado”, casi mimado, por todos ellos, y todos han ayudado a que “mi caso” se resolviera satisfactoriamente y a la mayor brevedad.

Pero insisto en que no hago este comentario para alabar lo bien que lo han hecho “conmigo”. Es un pretexto para recordarme y recordar que hay un mudo real que soporta a ese otro mundo imaginario de los sensacionalismos y de las fábulas, del que solo nos acordamos, para increparles, cuando nos fallan, o cuando creemos que nos fallan porque alguien sobrealimenta nuestros derechos en la misma proporción que minimizan nuestras obligaciones.

Que hay gente que ejerce lo cotidiano y disfruta haciéndolo, bien sea bailar las danzas o atender a los que lo necesitan en los hospitales de nuestro país.

Y que en el caso de la sanidad, muy a pesar de los derrotista profesionales que quieren hacernos creer que vivimos en un país de carencias, y sin dejar de reconocer que debe mejorarse y modernizarse en algunos aspectos de forma continuada, sigo pensando, y sin ninguna duda, que tenemos la mejor cobertura sanitaria del mundo».

Ciudadanos – Negociación o chantaje

Leo en Las provincias del domingo 31 de julio una frase de Alberto Asensi en la que sostiene que el PP tiene la obligación de conseguir la abstención del PSOE, y que exigir a Ciudadanos que les apoye es una forma de eludir “esa obligación”.

Tengo que manifestar mi extrañeza por esta opinión y desconozco que hay detrás del comentario. Todo mi respeto para Aberto Asensí, pero suele lanzar frases más dignas de un filósofo que de un periodista que, en ocasiones, resultan difíciles de entender. No es este el caso porque, por lo que dice, el PSOE debe abstenerse y Ciudadanos hacer lo que quiera. ¿No es eso?

Si es una opinión política y la interpreto adecuadamente, no la comparto: Ciudadanos debe apoyar al gobierno y PSOE, en beneficio del país, haría bien en abstenerse. Ambos con condiciones pactadas, por supuesto.

Y es que Ciudadanos está haciendo un papelón realmente incomprensible y alguien debería hacer ver a su líder, su ejecutiva y/o sus famosos y misteriosos patrocinadores, que a estas alturas de la película y tal como está España, Europa y el mundo en general, es hora de que abandonen la pubertad y hagan lo que tienen que hacer: Entrar en el gobierno y ayudar a rectificar errores “desde dentro” y mojándose. ¿O pretende seguir como hasta ahora “influyendo” desde fuera, sin comprometerse y manteniendo su ropa limpia, a salvo de los barros del día a día? ¿De qué extraña legitimidad se ha imbuido para decir las cosas que dicen teniendo en cuenta su representación parlamentaria?

Si no quieren apoyar al PP están en su derecho, pero no tienen ninguna legitimidad para decir que para hacerlo tiene que irse Rajoy. Ciudadanos está llegando demasiado lejos y, en mi opinión, están pasando de la negociación, que sería sobre políticas o puntos programáticos, a la del puro chantaje cuando exigen a otro partido que, como premisa, cambie a su líder.

Me temo que si siguen así tienen un provenir menguante y un final anunciado, como le ocurrió a UPyD aunque fuera por otros motivos. Solo tienen en común la prepotencia del líder.

En cuanto a Alberto Asensi, le recomiendo que lea las “salas de máquinas” de su director, Julián Quirós, o le escuche cuando participe en alguna tertulia, porque es un ejemplo a seguir en cuanto a estilo y pragmatismo en las exposiciones.
Estarás de acuerdo o no con lo que dice, yo lo estoy en gran medida, pero habla y escribe en un castellano directo y sin concesiones a la grandilocuencia. Si quiere decir “blanco” no dice “ese color acromático, de claridad máxima y de oscuridad nula”. Dice blanco.

Dicho sea con todo cariño y con gran desilusión, porque Ciudadanos es un partido que me había interesado muy especialmente.

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Este comentario se ha mandado como «carta al director» al diario Las Provincias. Dado que me «meto» con Alberto Asensi, me temo que no se publicará.

Las ocurrencias, las irregularidades, y los filos de las navajas

Leo en Las Provincias que “Los funcionarios de la Generalitat podrán trabajar desde casa en un mes“, y añade “..En el norte de Europa es una práctica absolutamente normalizada y los expertos dicen que genera mayor felicidad en los trabajadores que ya se benefician de este método”. No quiero entrar en disquisiciones sobre los hábitos y los compromisos de los nórdicos comparados con los españoles, pero no puedo por menos que plantearme algunas preguntas:

Relacionadas con el coste/beneficio de la operación: ¿Se van a retirar y vender las mesas y los equipamientos de los funcionarios beneficiarios de la medida? ¿Se van a cerrar oficinas por desuso de las instalaciones? Uno de los equipos fundamentales son los ordenadores: ¿se van a llevar a su casa los PCS de “sobremesa” propiedad de la administración, o se van a adquirir portátiles para la ocasión? ¿Qué programas se van a “carga” en cada ordenador, quien lo hará y quien los mantendrá?

Como lo lógico es que trabajen conectados a sus centros de trabajo por internet, y muchos de ellos actuarán como terminales remotos (“escritorio remoto” o similares): ¿qué tipo de conexión tendrán? ¿No resultará mucho más caro contratar “ADSL’s” separados que el uso de la red actual de la Generalitat? ¿No serán más lentas las comunicaciones, y por tanto más improductivas las horas del funcionario?

¿Quién controlará la productividad del funcionario? Porque si es por “horas de conexión” estamos listos. En las oficinas hay un control presencial que obliga a que cada uno esté en su puesto de trabajo y unos jefes que, se supone, comprueban que no están leyendo el periódico o conectados a Internet realizando búsquedas innecesarias.

En cuando a la seguridad en la información: estos funcionarios ¿van a tener acceso a datos confidenciales de la administración o de los administrados desde sus domicilios? Todos sabemos lo que es un PC doméstico: ¿Cómo van a evitar que familiares o amigos de los funcionarios accedan al ordenado cuando está conectado? Se usarán contraseñas, por supuesto, pero ¿se apagarán y desconectarán continuamente, cuando el funcionario vaya al servicio, por ejemplo? En un país de filtraciones es una medida sumamente peligrosa.

Relacionados con la atención y dedicación necesarias: no digo que el funcionario infiel acabe “teletrabajando” desde el Corte Ingles, o un supermercado, por ejemplo, pero un funcionario padre o madre con hijos en casa, ¿podrá evitar vigilar al hijo mientras trabaja? ¿Dejará de recibir o realizar llamadas desde su teléfono privado? ¿No tendrá visitas? Todos los que hemos tenido que ver con el mundo de la empresa sabemos que el trabajo tiene inercias al empezar la jornada, (se es productivo al 100% después de los saludos, de los comentarios de rigor y del acomodo en tu puesto de trabajo), y al terminarlas (relajación inevitable conforme se acerca la hora de salida). ¿Cómo se podrá evitar que el funcionario tenga una televisión junto a su PC y “comparta” el trabajo con el ocio?

Si construimos un gráfico de “espina de pez” para relacionar los inconvenientes por área de dificultad, serían muchas más las cuestiones a discutir, y ¡ya me gustaría estar presente en una reunión en lEspina de pez copiaa que se discutan las soluciones y se minimicen los riesgos de la medida! Sería muy interesante y enriquecedor para cualquier amante de la mejora en los procesos de trabajo.

Mi siguiente pregunta está relacionada con quienes serán los “beneficiados” del plan: se dice que los que no tengan atención directa al público, pero ¿quién decide “que puesto ocupa cada cual”? Porque me figuro que habrán tortas y codazos para beneficiarse de esta oportunidad. ¿Se establecerán prioridades en función de situaciones familiares, antigüedad u otras similares? Por supuesto parto de la bondad y claridad de las decisiones, y descarto cualquier intención de clientelismo. ¡Como voy a suponerlo!.

Y me preocupa, como no, que “La Conselleria de Justicia, de la que depende función pública, y los principales sindicatos, ya han cerrado un acuerdo para que el personal administrativo pueda desempeñar sus labores desde un ordenador de casa”. ¿Cómo puedo acceder a ese convenio, por favor? Espero que no se trate de otro deslizarse por el filo de la navaja, como cuando descubrí, con motivo de una huelga y según las declaraciones del Rector Morcillo, que la Universidad y los Sindicatos tenían un acuerdo por el que el Rectorado no controlaba la asistencia de los docentes. (Carta al director publicada el 29 de mayo de 2013).

No vale la pena subrayar el hecho de que trabajar en centros oficiales de la comunidad no supone desplazamientos excesivos, ni solemos sufrir grandes nevadas ni otros accidentes meteorológicos que dificulten el tráfico, como sí ocurre en los países nórdicos.

Toda esta preocupación la transmito pese a la experiencia de haber trabajado en una empresa en la que hace más de 40 años ya había empleados que lo hacían desde sus casas. Pero eran pocos y todos los que conocía eran dirigentes creativos de los EEUU que planificaban estrategias, programaban cursos o seminarios, y que se veían tos los días por videoconferencia a miles de km para compartir ideas o cambiar impresiones.

La otra gran pregunta, la que engloba todo lo anterior y presupone un condicionante indispensable para que la administración tome decisiones de este tipo, es:

¿Qué puntos concretos de esta medida beneficia a los ciudadanos administrados?. Y no nos vengan con la muletilla de que la motivación personal hará que los funcionarios sean más eficaces. Y los que continúen en las oficinas mientras sus compañeros no tienen que madrugar, ¿también ganarán en motivación? De verdad tengo la impresión de que están convencidos de lo afortunados que somos de tenerlos para que nos organicen la vida y nos aporten soluciones que nunca se nos hubieran ocurrido.

Ni tampoco lo anoten como un logro de los derechos individuales y sociales de los españoles. Que todos, funcionarios y contribuyentes de a pie, lo somos.

Les aseguro que si aprueban esta medida, solicitaré a la oficina de protección de datos que los míos no salgan nunca de las redes internas y de los edificios de la administración.

La utopía y la debilidad, los grandes enemigos de la democracia

Pero ¿nos damos cuenta de lo que ha ocurrido?. Un político débil, un solo hombre, elegido democráticamente, decide convocar un referéndum para no empañar su imagen de “hombre democrático” sobre la salida de la Unión Europea.

Y se aprueba el BREXIT.

Su decisión ha creado un cataclismo económico y financiero, ha desestabilizado muy gravemente a la Unión Europea y a todos los países del mundo occidental y, posiblemente, acabe con el Reino Unido porque Irlanda del norte está pensando en pedir un referéndum de independencia y unificarse con la república de Irlanda, con lo que se mantendría en Europa, y Escocia está decidiendo si convoca otro referéndum para salirse de Gran Bretaña y negociar su permanencia en la comunidad. Hay una posibilidad porque siendo “reino unido”, y no un “estado compacto” como el resto de naciones, tiene una oportunidad, muy remota pero posible, de deshacer la unión y mantenerse en Europa.

Otra consecuencia es que Londres, sede de la City, pierda credibilidad y deje de ser la capital financiera de Europa en favor de Alemania. Miles de millones, pérdidas de valor de empresas y de ahorros de particulares, cierre de oficinas, subidas de impuestos, más paro y una crisis importante que, seguro, se solucionará, pero con mucho sufrimiento.

Pero se han tomado medidas drásticas: el afectado dimite y aquí paz y después gloria. Nadie ha causado tanto daño en tan poco tiempo y la única “pena” es su dimisión. De locos.

Hay que defender a muerte la democracia, pero hay que acorralar a los políticos y definir medidas preventivas muy severas para impedir que tomen decisiones alocadas, de las que nunca son responsables, porque las aplican en el convencimiento de que son “para el bien” de sus países o de sus electores.

Se está diciendo que Europa es culpable en gran medida por su política de ajustes, y es cierto en buena parte, pero, en mi opinión, si han pecado es de debilidad, ”buenismo” e incongruencia. No se puede tener una moneda única sin políticas fiscales y financieras, por ejemplo. No se puede permitir devaneos de estados que negocian continuas quitas e incumplimientos de plazos.

Y si alguien me dice que si fueran más severos perjudicarían más a los estados y a los ciudadanos le diría que sí, pero solo porque Europa se formó como un club político, con muy buenas intenciones, pero sin cimientos.

Yo he trabajado en empresas donde lo fundamental era una política comercial muy bien definida, y una buena gestión. Una excelente gestión.

Europa es necesaria. Es la casa común y el filtro que regulará la buena marcha de los socios, pero necesita urgentemente una reorganización que rompa la red burocrática que han montado, que agilice y rentabilice a sus funcionarios, que reorganice un parlamento inoperante e inútil que solo se usa como “foro de opinión” de sus señorías, que convierta sus “negociados” en impulsores de gestión y de control de los estados. Podría añadir bastantes líneas a este párrafo, pero creo que no es necesario porque todos los que seguimos con más o menos interés la trayectoria de la Comunidad Europea sabemos de lo que hablamos.

Y para empezar insisto en lo que he manifestado estos días por primera vez en mi vida: tenemos elecciones el domingo y solo deberíamos votar a dos partidos, PP y PSOE. Y a Ciudadanos si deja de mariposear con temas menores. Lo demás, en mi opinión, es entrar en el mundo de las utopías, y alimentar a un monstruo que nos puede devorar mientras buscamos ese mundo feliz que no existe.

Nunca había manifestado tan claramente mis opiniones políticas, pero tampoco me había encontrado con una situación tan sumamente grave como la actual.

Y ya tengo bastantes años

Somos diferentes, somos superiores.

Se acaban de conocer los resultados del referéndum convocado por un cobarde irresponsable, Cameron, con victoria del BREXIT, sin más base argumental que la superioridad de la cultura británica amenazada por la globalización y la necesidad moral de compartir los recursos propios con los menos favorecidos, especialmente con refugiados y emigrantes de países subdesarrollados.

Han vencido los «cierrafronteras» y no les importa que esta decisión suponga un gravísimo problema para la economía británica, para su imagen de centro mundial de las finanzas, o de la propia cohesión del Reino Unido, amenazado por la independencia de Escocia e Irlanda. Ha vencido lo “inglés”, verdadera esencia de lo británico para los iluminados de las islas.

Pero estamos en España, paradigma del populismo, y nuevo campo de batalla de lo racional contra lo irracional, de lo utópico contra el bienestar de la mayoría, de lo posible contra lo irracional, de la revolución como alternativa a la evolución.

Una sociedad bombardeada y gravemente influida por el vértigo de los mensajes cortos de Twitter, del WhatsApp, del Facebook, de las opiniones interesadas de tertulianos, políticos unos, periodistas de medios otros. Todos ellos están adormeciendo nuestra inteligencia y mermando la capacidad de opinión propia.

Los españoles hemos perdido el hábito de la reflexión previa a la decisión y, decía, estamos manipulados por los creadores de opinión entre los que figuran muchos políticos con objetivos claros de “refundar” la democracia española llevándola a modelos claramente nefastos, y otros que nunca deberían haber entrado en este juego sucio cortoplacista porque, evidentemente, les resulta mucho más fácil decir “vótame a mí porque el otro es un chorizo”, que mantener campañas didácticas para explicar como será el futuro y que compromisos adquieren para mejorar nuestra sociedad y mantener los servicios públicos.

Es un fenómeno parecido al de los anuncios de la televisión. Si una marca de perfumes lanza una campaña, todas las demás tienen que incorporarse a la guerra a toda velocidad con mensajes cada vez más disparatados para no perder cuotas de mercado.

El próximo domingo es un día muy importante para nosotros, y quiero manifestar mi opinión de que es imprescindible abandonar tentaciones y utopías, y votar reflexivamente a cualquiera de los dos partidos que ofrecen soluciones posibles, por mucho que sus líderes estén empeñados en ayudar a la confusión. Partidos con historia, con capacidad contrastada de gestión, y con experiencia en salvar crisis. Se puede dar una oportunidad a partidos emergentes, pero es necesario que se comprometan a dejar personalismos y majaderías en temas menores. Solo hay dos claves sobre las que trabajar: Los asuntos de estado y el bienestar de los españoles. El resto son cortinas de humo y juegos de salón.

Olvidémonos definitivamente de las propuestas irrealizables o de los que quieren repetir fracasos históricos y contrastados de siglos pasados. Estamos en Europa y la única posibilidad de prosperar es continuar en Europa. Pero estar en Europa supone reconocer las reglas del juego y aceptar los compromisos de la misma forma que aceptamos las ventajas. No juguemos sucio ni hagamos populismos baratos.

Por lo que he escuchado, dos terceras partes de los jóvenes británicos querían mantenerse en la Unión Europea. Esto quiere decir que los mayores han condicionado su futuro sin más argumentos que el “somos diferentes” que no hace más que enmascarar la prepotencia y la falsedad del verdadero eslogan: “somos superiores”.

Lo siento por nosotros, por los británicos que viven en España, y por una sociedad, la británica, a la que siempre he admirado, precisamente por su racionalidad….

Escarmentar en cabeza ajena – El BREXIT

Lo ocurrido en Gran Bretaña debería ser un escarmiento en cabeza ajena que no aprovecharemos. La democracia representativa implica que los ciudadanos votemos una vez cada cuatro años (¡ojala!) y que los gobiernos de turno discutan y negocien en el parlamento las decisiones políticas o las leyes. Esto supone un desgaste evidente para los gobiernos, tengan o no mayorías absolutas, porque muchas de las medidas son impopulares, “duelen” a parte de la población, y son aprovechadas por la oposición para atacar al gobierno.

Cuando un presidente es débil y se cubre las espaldas “pidiendo opinión al pueblo” en forma de referéndum o consulta popular, como ha sido el caso de Cameron, se mueve en un terreno muy poco aconsejable al mezclar la democracia representativa con la asamblearia.

La estabilidad de los países pasa, inexcusablemente, por la necesidad de que los gobiernos “se mojen” y se la jueguen ante sus futuros votantes. ¿Se imaginan el sufrimiento y la división entre españoles si hubieran convocado referéndums sobe la reforma laboral, la fiscal, la educativa, y otras medidas de calado?.

En España solo recuerdo el referéndum de Felipe González para la entrada en la OTAN, pero se vio obligado a convocarlo porque siempre había reclamado la no-entrada (aquello de “OTAN no, bases fuera”) y, una vez en el gobierno no tuvo más remedio que defender la postura contraria.

Insisto en que estas ocurrencias perjudican a los ciudadanos porque les divide, cuestan dinero y no solucionan los problemas, que siguen tan presentes como antes de la consulta.

Los únicos que ganan, y mucho, son los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales, que alientan sin disimulos este tipo de “soluciones” buscando audiencias baratas basadas en enfrentamientos y disputas barriobajeras en una buena parte de las tertulias y foros de opinión actuales. Los que más.

Y nosotros como tontos.

¿Negociación o chantaje? – Algunas reflexiones sobre la encrucijada de Ciudadanos

Siguiendo los últimos acontecimientos tengo que confesar mi desencanto con este partido, que me ilusionó y al que seguí muy de cerca. Incluso llegué a colaborar económicamente con ellos, aunque fuera modestamente. Tengo que confesar que fue la primera vez que hice un donativo a un partido, pero era la época más cerrada del PP, antes de la incorporación de los nuevos valores, y Ciudadanos suponía un soplo de aire fresco en la política en esa franja, la mía, que abarca desde la socialdemocracia hasta la derecha moderada.

Es cierto que los apoyos para su lanzamiento fueron un tanto oscuros (se ha dicho que fueron algunos poderes fácticos los que buscaron una opción “B” por si se producía la debacle del PP, y también porque estaban un tanto molestos por la “independencia” del gobierno que no admitía interferencias ni consejos en su hoja de ruta), pero son datos que no puedo constatar y que, por tanto, no valoro.

Le veía un riesgo importante que todavía se mantiene: La falta de estructura y de cuadros dirigentes les obligó a importarlos “de otros partidos”, con la consecuente pérdida de virginidad de sus candidatos. Tampoco me gustó que algunos de los incorporados procedan del mundo de la comedia, no porque los que se dedican al arte del engaño no sean merecedores de nuestro respeto, que no todos son “bustos parlantes” (los hay muy ilustrados), pero, permítame la broma, si afirmamos que los políticos mienten más de lo deseable, imagínense mi desconfianza cuando el que me habla desde cualquier tribuna es un profesional de la doblez y de la farsa. Se me dirá que no es así, que son honestos y que la faceta que decidió su selección es su capacidad de comunicar, y también de gestionar recursos, pero ¡que quieren que les diga…!

Sin embargo no es todo lo anterior lo que ha provocado mi decepción, sino las últimas posiciones sobre posibles “negociaciones” tras las elecciones.

Sr. Rivera: yo negocio con un comerciante cuando les ofrezco dinero a cambio de su producto. También negocian los que intercambian productos por productos o trabajo por salario, pero las premisas de una negociación honesta son que la proporción entre lo ofrecido y lo pagado mantengan un equilibrio razonable.

Para no perder tiempo en ejemplos intermedios, María Antonia Munar, expresidenta del Parlamento Balear nunca negoció. Siempre hizo chantaje. Y casi afirmaría que tampoco lo hicieron los nacionalistas catalanes y vascos.

Y hacía chantaje porque la fuerza política que representaba en Baleares era minúscula, pero tenía la llave de la gobernabilidad y ambas partes, chantajista y chantajeado, aceptaron la situación. Una vez más los políticos pervirtieron el lenguaje y proclamaron como “negociación” algo que nunca lo fue.

Ahora resulta que el Sr. Rivera anuncia públicamente que no negociará con el Sr. Rajoy, y añade que es “por el bien de España, de la democracia y de la regeneración”. Y para justificarlo ha pasado de responsabilizarle de falta de vigilancia, a acusarle, o a insinuar con su vehemencia natural, que ha sido consentidor de la corrupción, de connivencia con corruptos, e incluso de haber participado en el hecho cobrando unos supuesto sobresueldos “claramente demostrados” en los papeles de Bárcenas, personaje de reconocida solvencia y, por supuesto, mucho más “fiable” que el mismo Mariano Rajoy.

Y, siguiendo su última línea argumental, insinúa quien o quienes deben ser los jefes de fila del PP, y declara a “todo gesto”, que si necesitan sus votos tendrán que aceptar sus condiciones, añadiendo que si no las aceptan “serán ellos” los responsables de que vayamos a unas terceras elecciones, los del PP, y los que tendrán que “dar explicaciones” a los ciudadanos por su intransigencia.

Con todo mi respeto, Sr. Rivera, esta posición me parece falaz, cínica, interesada y populista, ya que responsabiliza a otros de las consecuencias de un desacuerdo sobre unas condiciones que marca Ud. unilateralmente, y que afectan a otro partido. Todo ello respaldado por una base electoral sensiblemente inferior: Una especie de trágala que podría sintetizarse con la frase “sé flexible. Haz las cosas a mi manera”.

Porque, como hizo en su día María Antonia Munar, Ud. no está negociando acuerdos programáticos, sino sillones, justo todo lo contrario de lo que dice pretender.

Llegados a este extremo: ¿cual puede ser su objetivo real?. Porque, diga lo que diga, no puedo creerme que Ud. está convencido de que Mariano Rajoy no es una persona honrada y fiable. ¿Qué puede haber detrás de una campaña tan injusta para un hombre que siempre ha ejercido con probada eficacia todos los cargos que ha desempeñado?.

Tengo una edad que me impide quedarme solo con los titulares, y he vivido tantas experiencias que cada “nueva” situación me recuerda algún “viejo” acontecimiento. Y esta mañana, de momento, he recordado al profesor Enrique Tierno Galván.

El “viejo profesor”, como le llamaban sus compañeros socialistas, (excepto Alfonso Guerra que le “sufrió” y le calificó coloquialmente de “víbora con gafas”), era un hombre culto, aparentemente sencillo y calmado, con una fachada de intelectual comprensivo que enmascaraba un carácter extraordinariamente firme, granítico. Un populista que sedujo a los madrileños y que engalanó Madrid, aunque la endeudó de forma extraordinaria. Un hombre “sencillo” que acabó su paso por la tierra arropado por una gran multitud, en un soberbio coche fúnebre con caballos empenachados y magníficamente engalanados. Un funeral digno de un gran prócer, casi de un rey.

¿Y porque la asociación de ideas?. Porque Don Enrique Tierno, el hombre pausado que venía del Partido Socialista Popular y que las tuvo tiesas con la gente del PSOE y con el felipismo, eclipsó y cortó las alas a muchos líderes más preparados que él en aquel momento político. ¿Cómo podía destacar cualquiera de los emergentes del PSOE en actos públicos estando junto al “viejo profesor”?. No tenía color.

Y yo que, repito, veo letra pequeña en casi todos los relatos, no puedo por menos que apreciar ciertos signos alarmantes en los últimos discursos de Albert Rivera. A saber:

Ciudadanos surgió como agua de mayo en un periodo de sequía y caló con facilidad en tierra seca. Mensaje directo, objetivos concretos, mucha ilusión y una vocación indiscutible de apoyar a los constitucionalistas, primero en Cataluña y luego en el resto de España, a reconducir hechos y situaciones peligrosas.

Luego llegó el crecimiento inesperado y pienso que su líder, en algún momento, se paró, miró hacia atrás, vio lo que había avanzado y pensó ¿Por qué no aspirar a más?. Se autoproclamó heredero de Adolfo Suarez (primera frase que disparó mis alarmas) y tuvo la tentación de trazar una ruta política que le condujera a ser presidente de gobierno, sino en este momento, si a medio plazo, para lo que necesitaba encabezar una segunda transición. Prácticamente lo mismo que su “alter ego” de la extrema izquierda, Pablo Iglesias.

Claro que para eso necesitaba una doble estrategia: seguir aportando buenas ideas en un lenguaje entendible por el pueblo llano, en eso es un maestro, y eliminar piedras en el camino. Y la primera de ellas es, sin duda, Mariano Rajoy, su Tierno Galván particular.

Porque, ¿qué impresión causaría en Europa, por ejemplo, acompañando a Mariano Rajoy en sus negociaciones de Bruselas siendo su vicepresidente?. Rajoy es más alto físicamente, pero es su sombre de estadista la que taparía, sin duda, la valía de su acompañante. Inevitablemente aparecería como un “becario” en periodo de formación, con el que hay que ser amable sin hacerle demasiado caso.

Sin embargo, si es vicepresidente de una Cifuentes, un Casado, un Feijóo, un Alonso, o cualquiera de los que no han participado activamente en los gobiernos de la nación ni en la Comunidad Europea, si que podría ir haciéndose un nombre. Y, si este es el plan, tampoco consentiría en “negociar” con Soraya Sáenz de Santa María, ni con Luis de Guindos, por ejemplo. ¡Demasiado prestigio!.

Claro que todo esto puede ser, y seguramente lo son, elucubraciones de alguien que ha vivido muchos acontecimientos y ve fantasmas donde solo hay sombras chinescas. De un aprendiz de escritor que fabula sobre hechos y posibilidades.

Pero, por si acaso, hace algún tiempo que pedí a Ciudadanos que dejaran de mandarme E-mails con información institucional de su partido. En política puedes votar a quien no te merezca total confianza si lo consideras “el menos malo”, pero seguirlo, solo se puede hacer si confías plenamente en alguno de ellos.

Y Ciudadanos ha tenido algunos gestos que no me han gustado. No se si les votaré, pero desde luego ya no les sigo.

Ojala esté equivocado y esta situación solo obedezca a pura estrategia electoral, porque sentiría mucho que un hombre tan valioso como Albert Rivera se perdiera en la mediocridad por exceso de prisa, que no de ambición, porque esto último es lícito y forma parte del ADN de los políticos profesionales.

Y,¡ojo!. No estoy pidiendo que se lancen en los brazos del PP sin imponer condiciones, pero que sean proporcionadas y sin líneas rojas.

José Luis Martínez Angel.