El verdadero perfil del Presidente Sánchez

Los que seguimos la trayectoria de nuestro presidente siempre hemos pensado que detrás de ese aspecto tan cuidado de “guapo” y de hombre dialogante había bastante más de lo que parecía.

Llegar a donde ha llegado después de todos los obstáculos que ha tenido que superar y las zancadillas que ha soportado denota, sobre todo, una voluntad de hierro, una autoestima desbordada, más moral “que el alcoyano” y una actitud de tierra quemada por la que sus adversarios han ido mordiendo el polvo inexorablemente.

Y en el caso de sus compañeros de partido, muchos de ellos han sido apartados de la vida política por el simple hecho de no ser de su cuerda, pese a que algunos de los desaparecidos estaban en edad y sabiduría para ser útiles al país, al partido y a él mismo. Quizás porque temió sus perfiles políticos y su experiencia en la gestión pública.

Y no quiero con esto demonizarle especialmente porque los de más edad hemos conocido como se las gastaban Felipe González, Aznar o Zapatero. Excluyo o atenúo la dureza personal en el caso de Rajoy porque creo sinceramente que ha sido el Jefe de Gobierno más negociador y menos egoísta de los que he conocido. Y seguramente habría sido un gran presidente si después de toda una vida de buena gestión en los cargos que desempeñó, no le hubiera tocado serlo en el peor momento. Y puede que su buen talante y la carencia casi absoluta de “mala leche” fuera la causa de su poca solidez como líder.

Solo que en todos los anteriores había un mayor interés en compatibilizar sus intereses personales y de partido con los de la nación que gobernaban. Incluso en el caso del iluminado Zapatero, padre de la actual criatura política pero con motivaciones totalmente diferentes. Zapatero, el de los treinta y nueve viajes a Venezuela, es un idealista iluminado.  Sánchez es, dicho en castizo, un “trepa” con muchas hechuras.

Y ha sido su egocentrismo, su ambición y su tenacidad lo que le ha permitido ser “califa en lugar del califa” tanto en el partido como en el gobierno de la nación. Objetivo, la permanencia en el cargo, que sigue teniendo incluso en momentos tan dramáticos.

Pero, mira tú por donde, ha tenido la mala suerte de nuestra mala suerte y de que el país se vea atacado por un enemigo formidable, de estrategias poco conocidas, que ya se ha cobrado miles de vidas, especialmente de nuestros mayores y de trabajadores públicos como personal sanitario, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Armadas y tantos otros encargados de cuidarnos.

Y esta circunstancia ha puesto a la luz lo que muchos sospechábamos. Que no es un político de la talla de Felipe González, de Aznar y ni siquiera de Zapatero. Que tras su fachada de guapo y de personaje “amable” que se había fabricado, hay poco más. Y a los hechos me remito.

Ni se me ocurre decir que ha sido el responsable de esta catástrofe porque ni soltó el virus ni ha sido más inconsciente que otros presidentes de gobierno, pero es un hecho incuestionable que ha sido lento y poco valiente en tomar decisiones. Y no por falta de valor, porque para otras cosas no le ha temblado el pulso, sino, en mi opinión, porque ha estado sopesando en cada momento no solo lo que debía hacer como presidente, sino también como afectaría cada decisión a los apoyos que necesitaba de Podemos y de los que le soportan en el cargo.

Y así, conforme avanzaba la crisis sanitaria, se complicaba la situación y nos adentrábamos en la terrible crisis económica que tenemos encima, se ha mostrado cobarde, a la defensiva, tratando de enmascarar los hechos y de compartir las culpas con quién hiciera falta.

Y se ha equivocado rotundamente, seguramente porque le falta talla política suficiente para tomar las riendas del problema y ha confiado en quien no debía confiar.

Y digo que se ha equivocado porque una nación que salió a la calle porque se sacrificó a un perro, en el caso del ébola, ha estado callada y sin acusarle de nada  durante este desastre y porque la oposición, que le ha reprochado con más o menos dureza según partido algunas de sus decisiones, hasta ahora le ha respaldado sin fisuras en lo relacionado con frenar el contagio del virus,

¡A la hoguera! Claman los afines contra VOX, el PP y Ciudadanos. ¡Crucifícalos!

Cuando las críticas, excepto las de VOX que probablemente se ha pasado de frenada, son pecados veniales si las comparamos con las trifulcas parlamentarias  y la dureza de las sesiones en momentos de relativa calma en España. Que se lo pregunten a Alfonso Guerra o a los líderes de AP primero y PP después. O al partido Comunista que se las tenía tiesas con el PSOE. La diferencia es que en aquellos tiempos nadie esperaba fidelidad y acatamiento al líder.

O el vuelco político que provocó el cambio de gobierno tras el atentado del 11M, cuando el que entonces era titular no había puesto las bombas y la única acusación posible, magníficamente aprovechada como suele hacer la izquierda desinhibida de este país, fue el eslogan “no podemos tolerar un gobierno que nos miente”.

Y “el que nos miente” fue el ministro Acebes que, nervioso, desconcertado y agobiado por la prensa y la oposición, que en ningún momento manifestó un apoyo incondicional al gobierno, se contradijo en varias ocasiones. Primero dejó caer que había podido ser la ETA, como también lo pensó el PNV por cierto y desde este punto de partida se dijo y desdijo en varias matizaciones poco demostradas, lo que provocó manifestaciones masivas y “espontáneas” en la sede del PP. Fue el único baldón político que le asigno al, para mí muy admirado, Alfredo Rubalcaba.

Renuncio en el que nunca hubieran pillado a gobiernos con solera democrática, como el de Gran Bretaña, que cada vez que se produce algún atentado no proporcionan ninguna información hasta que están seguros de los hechos. La prensa especula pero tiene mucho cuidado con lo que publica, y la oposición no acosa al gobierno hasta saber qué es lo que ha ocurrido realmente. Luego sí, claro, y si han hecho algo mal se lanzan a la yugular del responsable político. Que, ¡que cosas! normalmente dimite.

Y lo que digo son hechos sucedidos, no hipótesis ni fabulaciones mías

Y por eso digo que al Señor Sánchez le ha faltado talla política y valor. El Señor Macrom y otros líderes políticos, por ejemplo, han reconocido errores. El Señor Sánchez, que acaba de redescubrir el “Españoles…” de Franco o las arengas de Maduro como lo fueron las de Fidel Castro en la forma y en el fondo, se mete en nuestros hogares de forma impúdica para explicarnos en cada ocasión la “excelente” actuación de su gobierno, muy por encima en eficacia a la de otros países, pese a que tengamos el porcentaje de muertos sobre población más alta del mundo y, eso que no falte aunque lo sepamos sobradamente, lo que debemos a los profesionales de la sanidad y a todos los organismo dependientes del Estado.

Que deberles sí que se les debe. A los ciudadanos en general y a los responsables de la sanidad de todos los niveles.

Y en estos dimes y diretes ha quemado a personajes valiosos, como Fernando Simón, al que le obligan a tratar los asuntos con un evidente tinte político cuando seguro que le gustaría hablar como epidemiólogo que es. O al propio ministro de Sanidad, nombrado “por cupo”, filósofo de profesión y que sin comerlo ni beberlo quedará “marcado” por algunas de sus intervenciones. Y nos ha “echado” encima al Señor Tezanos ¡que vergüenza! para que nos explique que los españoles “queremos” que la oposición, la ciudadanía y todo bicho viviente que se mueva debe obedecer al gobierno, siendo el Presidente Sánchez el “único” que nos puede sacar de esta. Sin rechistar y sin críticas en los medios de comunicación no subvencionados.

Y lo último, lo que no haría ningún verdadero líder del mundo de la política o de la empresa privada es excusarse en sus asesores. “Hacemos lo que nos dicen nuestros asesores”, comentó literalmente el otro día. Todos los grandes dirigentes tienen asesores, como no, a los que consultan antes de tomar decisiones, pero la decisión solo es del dirigente. Y ellos mismos se encargan de dejarlo claro, rotundamente y sin ninguna duda. Porque es uno de los signos que identifican  al líder.

No me imagino a la Señora Botín diciendo en una junta general que toma decisiones porque así lo dictan “los asesores”. Jamás lo escuché de mis directores en la multinacional en la que trabajé. Mis directores decidían lo que decidían y nunca supimos si era por consejo de tal o de cual o por propia convicción. Tampoco escuché cosa semejante ni de Felipe González, ni de Aznar ni de Zapatero. Nunca se buscaron “escudos protectores” que, por otra parte, nunca le servirán para nada.

Hay muchos estilos de liderazgo, pero se pueden resumir en dos. El que se apoya en la autoridad del cargo y el que, teniendo el cargo, es líder por su prestigio personal, los “pata negra”, o por su prestigio profesional, que también son buenos.

Y en el caso del presidente está muy claro que pertenece al primer grupo. Se siente cómodo con su equipo de gobierno que ni le rechista, a excepción de Podemos con los que no ha conseguido controlar la situación, y conecta con frecuencia con los presidentes de autonomías que, aunque le presenten objeciones, realmente están subordinados al Estado o, lo que es lo mismo, al Presidente del Gobierno.

Y también está cómodo, muy cómodo, con un micrófono en la mano sin nadie que le contradiga.

Sin embargo uno de sus grandes errores es que todas las decisiones que está tomando las anuncia sin haber consultado con los líderes de la oposición. Y es porque es un terreno que le resulta muy incómodo ya que no tiene control ni sobre ellos ni sobre sus reacciones. Y que no es lo mismo anunciar decisiones como “hechos consumados”, que después de tener un “no” o un “sí, pero” de la oposición. Porque sabe que ni les puede convencer a base de palabras y gestos para la galería, ni tampoco puede controlarlos. Por eso, mejor que se enteren por la prensa o por los “aló presidente”.

Porque cuando falta base se hace lo que se puede. Y el Señor Sánchez no es un tiburón que señorea su territorio con seguridad y sin que nadie se lo dispute. Es un calamar que cuando se ve amenazado lanza su tinta para ver si con ese camuflaje consigue que no se sepa ni donde está ni lo que está haciendo.

Y mientras, el pueblo continúa cumpliendo con su obligación y obedece las órdenes del gobierno con muy pocas excepciones. Y los autónomos cerrando persianas que no saben si podrán levantar, y el sector turismo perdiendo el año, y los alumnos también, o salvándolo de mala manera.

Nosotros, los ciudadanos, no hemos consultado con nuestros asesores. El gobierno nos ha dado una orden y la estamos cumpliendo.

Esta es una frase sacada del “Cantar del Mio Cid” que seguramente nunca pronunció Rodrigo Díaz de Vivar, pero es muy buena y muy ilustrativa de la actualidad: ¡Dios, qué buen vassallo! ¡si oviesse buen señor!

Y digo otra vez que si fuera mejor político “vería” que tiene una ocasión de oro para pasar a la historia con dignidad. Rompiendo pactos estériles, si no perniciosos, y agrupando una gran mayoría de emergencia para sacar a este país del agujero en el menor tiempo posible. No un falso Pacto de la Moncloa, sino el “Pacto del Coronavirus”. Su pacto.

Pero para eso, y como he dicho en otras ocasiones, tendría que desprenderse de parte de su orgullo, de parte de su ideología y de sus ambiciones personales. Y, repito, no lo veo. Ni en su perfil ni el de Iván Redondo, su Rasputín particular,  que entiende mucho de marketing electoral, pero poco de economía ni de gestión.

14 de abril. Día de la República. Y un anexo dedicado a Pablo Iglesias

Hoy es el día de la República, forma de Estado que me parece perfectamente legítima y que funciona muy bien en los países con tradición republicana, como Francia, Alemania, Italia y otros, y funcionó muy mal, por ejemplo,  en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas donde el título era puramente decorativo porque allí gobernaba el Soviet Supremo que pronto se convirtió en una casta dominante que actuaba como una dictadura.

Cuando, curiosamente, se constituyó como un órgano de gobierno de democracia representativa, como tenemos actualmente en España, porque el Soviet Supremo se componía con los representantes de los soviet de cada república.

Pero también hay países muy adelantados, democráticos y prósperos que tienen a la monarquía como forma de Estado, como Gran Bretaña, los Países Bajos, los Países Nórdicos, y también España, por ejemplo. Repito: países prósperos y democráticos como lo es España digan lo que digan los detractores profesionales.

Y si nosotros tuviéramos alguna carencia en democracia y libertades, que hay pocas, sería culpa de los sucesivos gobiernos y no del Rey.

En la actualidad, la diferencia de que una nación tenga una u otra forma de estado es prácticamente irrelevante porque en los países monárquicos los reyes no gobiernan.

Son monarquías representativas y todas las funciones ejecutivas las tienen los gobiernos de turno, reservando para los reyes un papel de mediador entre partes si surgen diferencias entre partidos y de ser la figura de máxima representación institucional de estos países en el exterior.

Y eso también ocurre en Alemania o Italia, por ejemplo pero no en Francia y los Estados Unidos donde el Presidente de la República es también el que tiene el poder ejecutivo.

Y dicho esto, lo que me parecería impensable es que ninguna nación estable y organizada en su forma de Estado pretendiera cambiar de Monarquía a República o viceversa. Provocaría una confrontación muy grande y una confusión entre la ciudadanía de dimensiones incalculables.

Por lo que, respetando historias y tradiciones, mejor “no meneallo”. Y lo digo por España en donde hay una mayoría de republicanos que de muy buena fe rememoran sus tiempos o su forma de Estado preferida, y  otra que está empeñada en romper la estabilidad del país cueste lo que cueste.

Y costaría mucho. En España, por ejemplo, donde no tenemos tradición republicana, la elección de presidentes sería, como es lógico, por votación popular, y saldrían los mismos que están saliendo como presidentes de gobierno: Aznar, Zapatero, Rajoy, Sánchez.

¿Se imaginan la tranquilidad que tendríamos y como respetarían los partidos políticos a un Presidente de la Republica de otro partido? Porque ni pensar que aceptaran la candidatura de un independiente de pata negra.

Ocurriría lo que ocurre con los Jueces del Supremo o del Constitucional. Los mirarían con microscopio, no para ver si son independientes, sino para tratar de proponer a personas con plumaje parecido a los de cada partido.

Y si nos referimos concretamente a las Repúblicas españolas, hay que precisar que para los republicanos la primera “no existe”. No se habla de ella porque terminó como el “rosario de la aurora”, con intentos de segregación de algunas provincias, con ciudades cantonales declarando la guerra a otras ciudades cantonales y otros disparates de semejante calado.

En cuanto a la Segunda República, ¿de qué “bienio” estamos hablando? Porque el primero, el mejor, el de Azaña, también tuvo enfrentamientos importantes entre la Izquierda Radical y los Socialistas- Azañistas, pero pudo sacar leyes que modernizaron algo al país, pero el segundo, el de Alejandro Lerroux, de Izquierda Republicana Radical,  coaligado con la derecha católica, la CEDA de Calvo Sotelo, fue una auténtica contrarreforma del primero porque se anularon parte de lo conseguido por Azaña. Hasta el punto que fue apodado como “el bienio negro” por la izquierda del país.

Y el tercero, el de la coalición de izquierdas que duró unos meses, el del “Frente Popular”, arrancó mal, siguió con disturbios y toma de las calles por quien quisiera tomarlas y acabó con una guerra civil. Ya sé que la guerra comenzó por una revuelta militar que no justifico, pero tampoco hay que olvidar que parte de la ciudadanía la apoyó por la inseguridad ciudadana que estaban padeciendo.

Pero todos ellos, los tres, forman parte de la historia de la Segunda República. No fue la República de Azaña como parece querer transmitirnos. Los tres bienios fueron republicanos.

Así que, amigos republicanos, todos mis respetos para vuestras ideas, pero mejor dejemos las cosas como están. Creo sinceramente que es lo mejor para todos.

Y un consejo para los jóvenes: no os dejéis llevar por idealizaciones románticas ni por cabalgatas de “reinas magas”. No creáis todo lo que os dicen. Buscad literatura imparcial y leed. La República, repito, es una forma de gobierno digna, democrática y muy respetable, pero en España resultó una experiencia más bien desastrosa. La primera República duró once meses y la segunda cinco años.  Es decir, España ha vivido seis años de República, de los cuales solo uno fue relativamente tranquilo e ilusionante. No parece muy buena experiencia.

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Acabo de conocer un comentario de Pablo Iglesias, el Vicepresidente, en el que “ha cuestionado este martes el régimen constitucional de 1978 y ha defendido uno republicano donde el jefe del Estado jamás se vista de militar» y donde «mande el pueblo y no el poder económico».

No me meto en lo del uniforme porque cada uno tiene sus fobias, aunque no conozco a ningún régimen comunista en el que el jefe del gobierno o del estado, o el que mande, no tenga un ejército poderoso que solo está a sus órdenes.

Pero en España no manda el poder económico. Mandas tú y 349 diputados más. Otra cosa es que tú u otros diputados cedáis u os dejéis convencer por el poder económico, por el poder religioso, por la iglesia, por el feminismo, por los sindicatos o por regímenes como el de Maduro, por poner unos ejemplos.

Pero no juguéis con las palabras, como es habitual, ni desvirtuemos los hechos. Vosotros estáis ahí porque os hemos votado y solo vosotros, nadie más, es responsable del “quien mande”.

Si fuéramos una República y siendo como seríais los mismos congresistas, ¿no tendrían la misma fuerza el poder económico, el poder religioso, la iglesia, feminismo, los sindicatos o los regímenes como el de Maduro?

¡Anda ya! Milongas y palabrería.

Y si ese es el gran argumento que tenéis para defender la República, me alegro de haber publicado la nota que he puesto en Facebook hace unos minutos.

Me lo temía – La sesión parlamentaria y los famosos Pactos de la Moncloa

El otro día seguí en directo la sesión parlamentaria y francamente me he quedado muy preocupado por el lamentable espectáculo que dieron los líderes de los partidos y por  lo que allí se dijo.

Intervención más o menos esperada del presidente y también la de la oposición, toda, que estuvo en su papel de críticas y reproches según a quién y por qué razones. Más dura la de VOX que negó cualquier tipo de apoyo a las propuestas del presidente. El PP anunció su apoyo a la prolongación del aislamiento con críticas a algunas actuaciones del gobierno sobre el tratamiento de la pandemia y también una clara oposición a aprobar medidas económicas si no se discuten previamente.

Algo confusas pero sin acritud la de los grupos minoritarios, muy crítica con la actitud de los grandes partidos la siempre clara y directa Ana Oramas de Coalición Canaria  y muy dura, casi malvada, la de EU en boca del Señor Rufián que lució su peor cara para criticar medidas del gobierno en relación con el tratamiento de la crisis en Cataluña, contra la intervención del gobierno, contra la presencia de las Fuerzas Armadas en Cataluña y sobre todo lo que se le puso por delante.

Anécdotas pocas porque no estaba el horno para bollos. Si acaso la petición de reparto de ayudas económicas que un parlamentario muy cercano formuló al presidente, en la que incluyó la solicitud de que fueran lo suficientemente justas para que ninguna comunidad quedara “por debajo de la media”. Solicitud francamente difícil de cumplir, pero hay que comprenderlo. Para ser parlamentario no hay que pasar ningún examen de matemáticas.

Hasta que llegó el turno de la portavoz socialista, Señora Lastra que me dejó totalmente sorprendido porque lanzó un discurso muy duro con VOX, lo que era de esperar, pero exageradamente agresivo en la forma y en el tono con el Partido Popular al que acusó de cosas increíbles, muy exageradas unas y evidentemente falsas otras. Fue un discurso durísimo e inesperado porque, como digo, no todo lo que dijo es cierto y, sobre todo, porque al Señor Sánchez se le ha llenado la boca en los últimos tiempos citando el Pacto de la Moncloa  y se supone que el PP ha de ser un actor necesario para una negociación sobre las medidas económicas y fiscales necesarias para salir del desastre económico en el que estamos inmersos.

No todos habrán tenido humor para seguir el debate en directo, tiempo sí que hemos tenido, pero si no es así les recomiendo que traten de recuperarlo en las redes y que se fijen en la expresión del Señor Casado. He vistió muchos debates y es curioso observar las expresiones de los opositores cuando se les cita o cuando se dice algo que les molestas: de  enfado, de extrañeza, de indignación, de ira y otras parecidas. Pero les aseguro que nunca había visto el desconcierto que expresaba el líder de la oposición.

Desconcierto que pasó a ser de tristeza y desolación cuando tomó la palabra el Señor Presidente y continuó y amplificó el guion de la Señora Lastra. Hay que decir como curiosidad que el Señor Sánchez llevaba la réplica impresa, lo que quiere decir que no era una réplica como tal, sino un discurso preparado de antemano para apabullar a la oposición de centro-derecha dijera lo que dijera, aunque estuvo mucho más comedido con Ciudadanos que con los otros dos.

Quiero indicar que el Señor Abascal sí que le echó en cara que llevara el discurso de réplica preparado, pero es que resultaba evidente y, o no se percató de que “se vería” o no le importó en absoluto, que es lo más probable.

El Señor Sánchez manipuló la información, cosa natural teniendo como asesor al Señor Redondo y se atribuyó todos los méritos del control de la infección cuando lo único que ha hecho y ha sido una excelente medida, es decretar el estado de alarma. Pero no se cortó en absoluto en adjudicarse, como cabeza del gobierno, todos los elogios que ha recibido España desde cualquier organización o medio de comunicación, fueran dirigidos a quien fueran dirigidos.

Los que publicó la Organización Mundial de la Salud sobre la actuación heroica de la sanidad española, organización a la que no hace tanto tiempo tildaban de ineficaz, al comportamiento ejemplar de la ciudadanía española, de muchas empresas, de la sanidad privada y de cualquier grupo social o ONG que haya colaborado a frenar el contagio.

Declaró que el gobierno de España ha sido el “primero en”, el que “más ha”, y el más eficaz de todos los de su entorno. Presentó comentarios sobre la pandemia de España publicados en la prensa internacional, en algunos casos con frases extrapoladas, que alababan a España en alguna de las facetas de la lucha contra el virus.

No citó, por ejemplo, la alabanza expresa y muy destacada al hospital de ICEMA que montó la sanidad madrileña y que los representantes de la Organización Mundial de la Salud adjetivaron como sorprendente y calificaron como de más envergadura y con más mérito que los levantados en China. Ni tampoco a los voluntarios que ayudaron a montar las conducciones de gases y fluidos. Como si solo el gobierno hubiera hecho algo de mérito.

Y por supuesto ni mención a la escasez de equipos de protección que siempre han resultado insuficientes.

Y tuvo la mezquindad de echar en cara a la Señora Díaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid, que no hubiera ido al parlamento madrileño desde que comenzó la pandemia sabiendo que está en cuarentena por el coronavirus y que la comunidad de Madrid, como el resto de comunidades, cerró el parlamento porque no era esencial para tomar decisiones que ayudaran a combatir la enfermedad. Ni tampoco que su presidenta, como todos los autonómicos, ha estado al pie del cañón y tomando decisiones, en este caso desde su casa.

También la acusó de haber bloqueado durante semanas la entrega de medicamentos y de material de protección. Realmente increíble y rastrero.

Francamente, no entiendo, o si que entiendo  por mucho que me duela, que haya sacado como gran tema la extraordinaria actuación del gobierno contra la pandemia teniendo como tenemos el mayor porcentaje de fallecidos del mundo por número de habitantes y, probablemente y también en tantos por ciento sobre los infectados, la tasa de contagios más alta entre el personal sanitario. No digo que el gobierno tenga la culpa, pero tampoco es para presumir de ser los mejores del mundo mundial.

Por cierto. Allí se dijo que el gobierno había llegado a un acuerdo con la Patronal sobre la renta mínima y al día siguiente esta asociación emitió un comunicado diciendo que no es cierto. ¿Cómo se puede mantener semejante discurso?

¿Sorprendente? Lamentablemente y muy a mi pesar, no tanto.

Porque siempre me he temido que esta gran maniobra de “sus” pactos de la Moncloa no era más que otro de los muchos virajes y trapisondas políticas que ha protagonizado a lo largo de su carrera como secretario del PSOE y como Presidente del Gobierno. Especialmente indeseable estando como estamos en un momento de crisis sanitaria y económica como nunca hemos conocido.

En su intervención no citó ni una sola vez la palabra “progresista” pero si ha repetido muchas veces la frase “cambio de paradigmas”, haciendo ver que es él el que va a liderar  y propiciar estos cambios.

¿Y en qué consisten?

Parece ser que ha pensado en una nueva forma de hacer política y que para ello, como está enfatizando últimamente, quiere contar con la intervención directa de asociaciones como sindicatos, patronal, y otros colectivos o asociaciones de peso en la vida social española.

Como hizo antes de la sesión de investidura cuando habló con todo el que se le ponía por delante, menos con los líderes de los tres grandes partidos de la oposición de centro derecha.

Son los nuevos tiempos de “los nuevos tiempos”. La modernización de la modernidad. La progresión del progresismo.

Y hago un pequeño inciso. El Señor Redondo sabe mucho, muchísimo, de estrategias para campañas electorales. Es un politólogo de prestigio que ha conseguido convertir en presidente al Señor Sánchez, pero me temo que no tiene en mucha consideración ni lo que es bueno para la nación ni la situación en la que nos encontramos. Y hasta dudo que se haya leído con calma la Constitución Española.

Y me explico y pido perdón por la obviedad del comentario:

España es una democracia representativa en la que los ciudadanos elegimos a los congresistas en listas cerradas y a los senadores en listas abiertas, siendo la primera de estas instituciones, el Congreso, el que elige al Presidente del Gobierno. Elección que se hace a propuesta del Jefe del Estado que nombra a un candidato, el líder del partido que ha obtenido mayoría absoluta, o al que le asegure que pueden conseguir una mayoría suficiente para gobernar si no es el caso.

Y una vez elegido es el presidente del gobierno el que elige a los ministros y lo hace con toda libertad, pudiendo nombrara a miembros de su partido, de otros partidos o independientes.

Nombramientos que se formalizan, todos ellos, cuando juran guardar y hacer guardar la Constitución en presencia del Jefe del Estado y del Ministro de Justicia como Notario Mayor del Reino.

Y que la única entidad facultada para aprobar decisiones o cambiar leyes a propuesta del gobierno o por iniciativa popular es el Congreso de los Diputados, excepto  los llamados “decretos ley” que dicta el ejecutivo y  que son de  ejecución inmediata. Solo se deben tomar en circunstancias muy excepcionales y también deben pasar por el congreso posteriormente, aunque últimamente se abusa mucho de ellos porque los gobiernos de turno siempre dicen estar “en circunstancias excepcionales”.

Y estando así las cosas y siendo que el Congreso es el único organismo capacitado para tomar decisiones y para legislar en España, es bueno, muy bueno, que los partidos contacten con sindicatos, patronales y cualquier otra asociación que tenga cierto peso en la sociedad para conocer sus puntos de vista.

Pero los españoles no elegimos por votación a los secretarios sindicales, ni a los dirigentes de la Patronal, ni a los de FELGTB, ni a las feministas, ni a los de la Cruz Roja,  ni a siquiera a los de Cáritas, que me resultan tan próximos. Están inmersos en el sistema, pero al margen de las decisiones políticas.

Y, como es lógico y notorio, ninguno de ellos tiene poder legislativo ni debe influir en las decisiones del gobierno más allá de expresar sus opiniones, sin presiones. Hasta el punto que la ley prohíbe manifestaciones de ningún tipo en los alrededores del parlamento cuando hay sesiones parlamentarias para que los congresistas no se sientan “presionados” por dichas manifestaciones.

Tampoco hemos elegido a los Presidentes de las Autonomías para que intervengan en el gobierno de la nación. Es un colectivo al que hay que escuchar con mucha atención, pero que no tiene la responsabilidad de actuar como “ejecutivo” más allá del área geográfica de su propia autonomía y sobre las competencias que tengan transferidas.

¿A qué viene pues decir que los va a “incluir” en el gran pacto? ¿En eso consiste el “cambio de paradigmas”?

Puede parecer que me las estoy dando de listo, pero es necesario, cada vez más y con más urgencia,  que todos los españoles conozcamos y reconozcamos el terreno que pisamos para no resbalar y dar con nuestros huesos en un conflicto político de dimensiones impensables. Porque últimamente se aprecia un deslizamiento evidente hacia otros planteamientos políticos.

La alternativa, la que siempre ha defendido Podemos, la CUP y otros movimientos a la izquierda del PSOE tradicional, es la democracia asamblearia, que consiste en que sea “el pueblo”, que parece no ser lo mismo que “la ciudadanía”, el que libremente y asociado como crea conveniente, es el que decide que hacer con sus vidas en todos los aspectos. En España, copiando de las primeras experiencias de los “soviet” que dieron lugar a la Unión Soviética, lo habitual es constituirse en “círculos” en los que todos opinan y luego deciden por votación que deben hacer y a quién deben obedecer.

En España hay una fuerte tradición libertaria y recuerdo el viejo lema del anarquismo, tan vinculado con el anarcosindicalismo, “ni Dios, ni patria ni rey”, que presidía sus actuaciones. Una de las características del anarquismo es la defensa de la violencia como arma política y esta es la razón de que sean radicalmente enemigos de las fuerzas de Orden Público y de las Fuerzas Armadas de los países en los que tienen presencia.

Y este movimiento fue la esencia del 15lM de 2011 que sirvió de plataforma a Pablo Iglesias y del que expulsaron al entonces Secretario General de Izquierda Unida, Cayo Lara, cuando se presentó en la Puerta del Sol tratando de conseguir rédito político del movimiento, porque le consideraron dirigente de un partido “vertical”, estatal, del sistema. Pablo Iglesias fue aceptado porque no tenía historia política, es un buen orador muy capaz de cargar de pasión su discurso y, perdónenme la frivolidad,  posiblemente porque llevaba coleta.

Movimiento asambleario que siempre ha tenido truco. El empoderamiento de una clase dirigente aprovechando las inquietudes y las reivindicaciones de las clases menos favorecidas. Pero ese es otro tema.

¿Mis conclusiones? Y esto es opinión, casi especulación:

Yo he trabajado muchos años en una empresa que basaba sus estrategias comerciales apoyándose en un marketing muy potente, hasta el punto que tenía un departamento propio. Mis responsabilidades eran ajenas a ese departamento, pero mi cargo casi me obligaba a adquirir ciertos conocimientos y por eso tengo experiencia en identificar campañas, o participar en ellas y sus mecanismos.

Y, desde esa experiencia, estoy seguro de que estamos en el inicio de una gran campaña política destinada, otra vez, a salvar al “Soldado Ryan”. No al Partido Socialista Obrero Español,  no. A Pedro Sánchez.

Y para ello su gabinete de campaña necesitará desarrollar algunos eslóganes que le resultarán absolutamente necesarios:

  • Desligarle, desligar a su gobierno,  de cualquier posibilidad de error o de falta de iniciativa relacionada con el origen o la expansión de la pandemia  en España. Podíamos resumirlo en “sea lo que sea no estaba en mis manos el evitarlo”. Y si se ve apurado puede echar mano del consabido “esto es consecuencia de errores de gobiernos pasados”, argumento recurrente que ya está comenzando a circular como ha ocurrido en otras ocasiones.
  • Contabilizar como suya cualquier iniciativa que haya servido para frenar la contaminación o para conseguir soluciones a la enfermedad. No importa de quién haya partido la iniciativa o quién son los protagonistas reales de los hechos. Pedro Sánchez debe aparecer como el paladín de las soluciones, el hombre lúcido y eficaz que venció al coronavirus.
  • Aparecer como el presidente que ha roto las cadenas con el independentismo excluyente. Él intentó integrarlos en el conjunto del Estado, pero no le han respondido y no ha tenido más remedio que liberar al gobierno de las ataduras actuales. Será el “único que lo intentó” basándose en el diálogo, pero también “el que tuvo el valor” de ponerlos en su sitio. ¿A que queda bien?
  • La nueva estrategia requiere un nuevo lenguaje. Ya no estamos en la fase del progresismo ni siquiera en la de “consolidar la democracia”. Para la historia que le están fabricando, esa etapa se cerró cuando se desenterró a Franco. Hay que hablar de “cambio de paradigmas”. Y, naturalmente y como hasta ahora hay que emplear un lenguaje muy cuidado para decir algo que no es lo que parece. Como esos periódicos de bajo nivel que publican grandes titulares que no se corresponden para nada o muy remotamente con el texto del artículo.

Y viene a cuento de que se han pasado varios días aludiendo a los Pactos de la Moncloa como una primera etapa para abordar la gravísima crisis económica en la que estamos entrando, en la que ya hemos entrado cuando, como me temía, era un titular que no se corresponde con la intención del redactor.

  • Hacer ver a la opinión pública que, otra vez, es la oposición y muy especialmente el Partido Popular, el que ha hecho imposible el pacto pese a la “mano tendida” de Pedro Sánchez. Son, ellos sí, “el paradigma del egoísmo del autoritarismo y del falso patriotismo”. Es fundamental mantener a toda costa el mensaje de que la autoridad moral, la pureza de la intención, la tiene la izquierda contra los intereses bastardos de la derecha y que cederles terreno, aunque sea con pactos de Estado, sería como volver al pasado, casi a la prehistoria política.
  • Y, como no, tener dispuesta una gran máquina de propaganda y contar con medios afines que apoyen y amplifiquen la campaña. Medios que en parte estarán de acuerdo con sus ideas, otros serán “comprados” con propaganda institucional y subvenciones y otros mitad y mitad. Y eso, controlar una buena parte de la información circulante ya lo han conseguido. Son unos auténticos maestros.

Y palabrerías aparte ¿de que servirá todo esto? Ni los gobiernos ni las instituciones del Estado se rigen por paradigmas, sino por leyes y reglamentos. Pueden cambiar el paradigma de que un representante el pueblo, sea ministro o congresista, debe mantener una cierta  compostura estética por respeto a sus electores y presentarse de forma desordenada o extravagante porque eso no está reglamentado, pero ¿cómo cambiarán los paradigmas del Tribunal Constitucional, o el Supremo, o las propias Cortes? Sueños de verano.

Pero, inevitablemente, nos encontraremos con la imagen de un presidente que venció al virus, que no cedió a las exigencias de los independentistas, que ha sido líder e impulsor de acuerdos favorables a España en la Unión Europea y con un prestigio personal y político reconocido en todo el mundo occidental.

¿Alguien cree de verdad que no puede volver a ganar las próximas elecciones?

Ellos sí que lo creen o no hubieran roto cualquier posibilidad de llegar a acuerdos de Estado con el PP. Y en este escenario ¿Dónde queda el interés de la nación y de los españoles? Porque muchos, muchísimos lo van a pasar muy mal y durante bastante tiempo.

Cosmética política y los errores de Iván Redondo.

Adolfo Suarez, que sí que tenía madera de líder y tomó decisiones valientes y  comprometidas  jugándose el tipo “político”, su carrera  y casi el físico en su Ávila natal, cuando fue Director General de Televisión Española, en su puesto de Secretario General del Movimiento, como Presidente del Gobierno y en los muchos cargos que ocupó a lo largo de su vida pública.

Como después hizo Felipe González, aunque lo tuvo más fácil porque cuando llegó a Presidente del Gobierno ya se había formalizado la transición, si bien quedaba mucho por desarrollar y él lo hizo. Y  España ya era democrática.

Y Suarez, que era un atrevido y que podría haber propuesto un texto para los Pactos de la Moncloa, se limitó a convocar a los representantes de todos los partidos con presencia en el parlamento para que todos ellos, libremente y en una discusión abierta, llegaran a un consenso sobre lo que se debía hacer. Como así ocurrió.

Por lo que los Pactos de la Moncloa no fueron un éxito personal de Suarez en cuanto a su contenido, ni trató de arrogárselo, pero sí que lo fue en cuanto a su visión para determinar su necesidad y por su convocatoria.

Estamos en un momento en el que yo he defendido la necesidad de que se forme un gobierno de concentración nacional encabezado por el Presidente Sánchez porque es impensable convocar elecciones. Como también he defendido que realice cambios entre los ministros de su gobierno, no por sus colores políticos, sino porque no se configuró para afrontar una situación como la que estamos viviendo.

Y eso es lo que está defendiendo últimamente nuestro Presidente, una repetición de los Pactos de la Moncloa. Pero me temo que, o soy muy suspicaz o no recuerda como se convocaron y en que consistieron. Y por eso he escrito esta “entradilla”.

Porque escuchando sus arengas me da la impresión de que lo que pretende es sugerir textos y conseguir adhesiones de la oposición. ¡Que no Señor Presidente! ¡Que Suarez las convocó, se mantuvo como uno más y fue su portavoz, Leopoldo Calvo-Sotelo, el que intervino como representante de UCD en las negociaciones! Y que su opinión y por tanto la de su partido, fue una de las diez que se escucharon en aquellas negociaciones que, siendo tan complejas, abarcando tantos temas y tratándose de fuerzas políticas tan diferentes e incluso enfrentadas entre ellas, como ocurría con el socialismo y el comunismo,  comenzaron el día 8 de octubre de 1977 y se aprobaron en las Cortes Españolas el día 27. ¡Diecinueve días después!

 De nuevo quiero recordar a los que lo vivieron e informar a los que nunca lo han sabido en que consistieron los pactos. Y lo mejor es que utilicen este enlace con el que se puede acceder al texto íntegro.

http://www.vespito.net/historia/transi/pactos.html#2

Quiere esto decir que en estos diecinueve días se consiguió un acuerdo histórico y muy generoso, porque allí no se cambiaban asentimientos por dádivas ni se negociaron adhesiones por concesiones. Los negociadores eran representantes de partidos muy preocupados por lo que estaba ocurriendo en la nación, asesorados en sus equipos por economistas de altísimo prestigio y que aparcaron la ideología política y sus intereses a corto plazo en favor de los intereses generales. Recuerdo y repito, por ejemplo, que en aquellos tiempos Felipe González y Santiago Carrillo estaban muy enfrentados porque se disputaban la hegemonía de la izquierda.

Y que los pactos, que se aprobaron por unanimidad en el Senado el día 11 de noviembre, contaron con la aprobación de los sindicatos.

Y esa es la única forma de conseguir acuerdos realmente eficaces y que duren tantos años como están durando aquellos, que de hecho fueron una antesala de la Constitución, soporte de la transición y que sirvieron de inspiración a leyes y reglamentos que todavía están en vigor.

Espero pues que el gobierno no intente convertir esta iniciativa en un ejercicio de blanqueo de posibles errores de todo este proceso buscando aparecer como el protagonista de los acuerdos.

Aquí hay dos temas que no se deben mezclar. Uno de ellos es el problema sanitario de la infección del virus en el que hay que atender sin reservas las indicaciones de las autoridades sanitarias y de los expertos. Y tiempo habrá para analizar errores, sacar conclusiones y aprender de las experiencias pasadas. Fase ésta en la que la iniciativa la debe llevar el propio gobierno

El otro tema es el cómo hacer frente al gravísimo problema económico que nos viene. Que ya está aquí. Y eso es responsabilidad de todos los partidos. Y todos deberán afrontar este reto con generosidad y sin esconder ninguna carta, a pecho descubierto y aparcando protagonismos o acusaciones innecesarias.

Y, mientras lo resuelvan, no es bueno escuchar declaraciones como las del ministro Marlasca que aseguró ayer que “el gobierno no tiene nada de que arrepentirse”. Como juez debería saber que cuando se analizan hechos, lo único importante  son las pruebas y las actuaciones contrastadas y que de nada valen las palabras y las justificaciones.

Sabiendo además que no hay ningún gobierno, ninguno, que no haya cometido errores en su gestión. Errores que conviene sacar a la luz para “aprender” como comportarse si surgen circunstancias parecidas.

Así que, señores del gobierno, continúen gestionando la crisis sanitaria sin limitar los derechos de los ciudadanos más allá de lo estrictamente necesario para evitar los contagios, sin caer en tentaciones de autoritarismo o caudillismo y sin aprovechar la ocasión para “colar” temas políticos, censurar las comunicaciones, o de usar medios públicos o afines para blanquear o justificar posibles errores.

Pueden estar seguros de que eso no les servirá, como tampoco sirvió al PSOE andaluz tener bajo su control a la televisión pública para evitar que los culpables de los ERES estén en la cárcel. Ni tampoco la influencia del PP, si es que la quiso usar, pudo evitar que sus dirigentes corruptos acabaran en la cárcel.

No habiendo existido mala voluntad, de lo que estoy seguro, lo mejor para ustedes y para el país es que acepten un análisis honesto de lo ocurrido para poder cerrar esta etapa de tanto duelo sin más daños políticos que los estrictamente necesarios.

Y convoquen a todos los partidos del arco parlamentario para llegar a acuerdos en política fiscal y económica. Ya, sin esperar a que hayamos superado la crisis sanitaria, porque el tiempo es oro y urge tomar decisiones.

En cuanto a actitudes, Señor Sánchez, no hay duda de que tiene por delante un largo camino de negociaciones. Y, según mi experiencia, la mejor virtud de un negociador es la prudencia y la discreción, evitando “encabronar” a los adversarios en la negociación. Es muy contraproducente “echar a los perros” a otros países de Europa o tachar de cualquier cosa a los partidos de la oposición.

Señor Presidente, menos arengas públicas y más argumentos privados.

Y si tiene que decir algo a la ciudadanía dígalo de la forma más clara y directa posible. Compórtese como un líder y no como los antiguos charlatanes callejeros. No envuelva el mensaje en retórica vacía, porque al final los que le escuchan se pueden confundir. Yo mismo soy muy de “escuchar” a los que dicen algo y le he seguido en casi todos los debates parlamentarios, pero últimamente, cuando se pone en plan Fidel Castro, con tanta verborrea y tanto pseudo sentimentalismo acabo como decía el clásico “con la cabeza caliente y los pies fríos”. Si no cabreado.

No le aconsejo que siga en esa línea porque es muy probable que no “llegue” a la mayoría de españoles. No atienda las recomendaciones de Iván Redondo porque ya no le sirve como asesor. Hizo su trabajo y lo hizo bien, pero esos tiempos han pasado. Si quiere salvar su imagen personal, salvarnos a nosotros y preparar su lugar en la historia, busque consejeros expertos en economía y en relaciones internacionales de perfil similar o mejor que el de su ministra Nadia Calviño y déjese de politólogos, coucher’s y similares. Gente que trabaje para la nación, no para usted.

Mandaré esta nota a su partido y a todos los demás como suelo hacerlo cuando escribo sobre temas políticos, pero tengo la seguridad de que nunca llegará a sus manos. Y tampoco sé que consideración le merecerían mis comentarios si le llegara.

Pero mi obligación moral y mi derecho es decir públicamente lo que pienso. Y así lo hago

La segunda pandemia del coronavirus: la económica.

Todos los datos apuntan a que el enclaustramiento está dando resultados y que el número de infectados por el virus está estabilizándose. Desgraciadamente seguiremos soportando muchas muertes de los que en este momento están hospitalizados y también es evidente que  falta mucho tiempo para que podamos salir de nuestras cuevas y hacer una vida normal.

Pero llegará un día en que se encuentre tratamiento para la enfermedad y se dispondrá de una vacuna, con lo que pasaremos página como se ha hecho en casos similares aunque menos graves y volveremos a una vida más o menos normal, aunque más atemorizados durante un tiempo.

Y ganada esta primera batalla de la guerra contra el virus, cuando se consiga, vendrá la segunda que apunta ser terrorífica: la enorme crisis económica que se nos viene encima.

Y espero que no ocurra como con la pandemia, que habiendo recibido avisos, se retrasaron al aplicar las medidas preventivas. Tenemos experiencias reciente y espero que no caigamos en el mismo error.

La primera medida es rediseñar nuestro gobierno. No se trata de colores ni de ideologías, sino de eficacia y este gobierno no fue diseñado para enfrentarse a semejante catástrofe. No es un gobierno para la guerra.

Tengo serias dudas de que el presidente Sánchez sea el hombre adecuado para liderar el futuro inmediato de España aunque cuente con otro equipo, pero lo que es impensable es convocar elecciones en este momento. Así pues dejaré este tema en el aire porque desconozco cuales pueden ser las alternativas políticas y constitucionales.

Pero si continuara lo tendría que hacer renunciando a todo lo que no sea prioritario en su programa de gobierno, a lo que pueda dificultar las soluciones a la crisis, o a sus propias intenciones políticas no declaradas. Que las tiene.

Y dentro de esta estrategia, el primer movimiento del presidente debería ser provocar una crisis ministerial,  agradecer los servicios prestados a los miembros de Podemos y permitirles que vuelvan a sus casas y a  sus pancartas, nombrando ministros expertos en gestión.

Es muy notorio que por su ideología y por lo demostrado hasta el momento, Podemos no puede aportar nada a la solución y más bien sería un auténtico lastre para poder tomar medidas realmente eficaces para sanear la economía. Porque si alguien se cree en serio que ayudar es dar subvenciones y ayudas a todos los damnificados, sin más y sin saber de dónde va a salir el dinero, es que no pasó de primero de matemáticas.

Los gobiernos pueden endeudarse hasta un cierto nivel, aunque no deberían, pero eso solo se puede permitir en circunstancias normales y en porcentajes asumibles. En las actuales las consecuencias serían catastróficas porque los daños que esta crisis van a ocasionar a la economías se calculan en muchos miles de millones de euros. Es muy posible, casi seguro,  que el problema sea mucho mayor que la crisis de 2008 de la que todavía estábamos recuperándonos.

Y por eso se necesita un gobierno eficaz, coordinado, casi de tecnócratas y libre de utopías románticas o de tentaciones revolucionarias. Lo importante ahora es salvar a la nación y la única forma de hacerlo es tratando de salvar a cada uno de los españoles. Y cartera de ministrables tiene mucha, en el propio partido, en otros, o en el minusvalorado mundo de los independientes.

El siguiente paso sería sustituir a Iván Redondo y a sus asesores de imagen o los que tienen como misión engrandecer su persona por expertos en economía, o utilizar los servicios de funcionarios de nivel especializados en esas materias, Que los hay y muchos. Basta ya de “falcons” y de vanidades.

Y lo imprescindible es reunir a todas las fuerzas políticas del país y negociar un plan para abordar con eficacia el problema y para consensuar acuerdos y soluciones. Soluciones que serán necesariamente duras porque no podemos repetir los errores de la pasada crisis.

¿Un gobierno de coalición? No lo sé, pero lo evidente es que esta nación debe caminar unida, como lo está haciendo con el problema sanitario y para ello hay que evitar mentiras y buenas palabras e ignorar a los grupos disgregadores  que propalan consignas de “derecha casposa”, de “izquierda comunista” o de “España nos roba”. Por una vez debe triunfar la mayoría silenciosa, la que obedece aunque no esté conforme, la que se sacrifica cuando se lo piden. Y también a los políticos trepa que aprovechan cualquier oportunidad para medrar. Aunque sea, como ocurre en este momento, con el sufrimiento o la muerte de muchos españoles.

Recordemos que eso ya se ha hecho no hace tantos años. Unión de Centro Democrático, UCD, nunca fue un partido. Fue una asociación de grupos políticos de distinto signo coordinados por un líder, Adolfo Suarez, que hizo posible sacar adelante acuerdos, como el de la Moncloa, o la propia transición.

Y recuerdo a los que se hayan olvidado o informo a los que nunca lo han sabido, que los pactos de la Moncloa afectaron a dos áreas importantes de la vida pública: uno dedicado al saneamiento y la reforma de la economía, con un país con un  20 % de inflación en aquel momento y que había llegado a tener un 47 %,  y otro, no menos importante en aquel momento, que estableció un programa de actuación jurídica y política con acuerdos sobre libertades públicas, derechos de asociación sindical, primeras reformas laborales, etc.

Y recuerdo o informo que los firmantes del pacto fueron Adolfo Suárez en nombre del gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo por UCD, Felipe González por el Partido Socialista Obrero Español, Santiago Carrillo por el Partido Comunista de España, Enrique Tierno Galván por el Partido Socialista Popular, Josep María Triginer por el Partido Socialista de Cataluña, Joan Reventós por Convergencia Socialista de Cataluña, Juan Ajuriaguerra por el Partido Nacionalista Vasco y Miquel Roca por Convergència i Unió. Manuel Fraga, líder de Alianza Popular suscribió el acuerdo económico, pero no el político.

Y que sirva, de nuevo, de recordatorio o de información para los que ahora dicen que estos pactos y la propia transición fue una continuación del franquismo. Desafío a que alguien encuentre en este momento en la política a personajes tan brillantes, de tanto nivel, tan comprometidos con sus ideas, tan libres en su ejecutoria personal y con idearios políticos tan divergentes. Pero todos ellos eran inteligentes, se sintieron respaldados por sus partidos y actuaron con algo desaparecido en la actualidad: el sentido de Estado.

Similares, permíteme la ironía, a todos estos paniaguados que se pasan el día dando lecciones de política, de ética, de economía o de lo que sea. O que etiquetan a los ciudadanos y deciden quienes son los buenos y quienes los malos sin haber tenido que pelear por los derechos  ni las libertades o para conseguir el bienestar social. Y sin haber tenido una responsabilidad real en la vida, como dirigir una empresa por ejemplo.

¡Claro que hay españoles de ese nivel! Pero están fuera de la política, aunque la sientan, porque esta sociedad absurda y desmembrada, cobijo de tantas insensateces, decadente por falta de retos y estímulos de esta generación que se lo ha encontrado todo hecho, les ha disuadido de aceptar cargos públicos o responsabilidades de gobierno.

Es necesario que se haga lo que sugiero o cosas parecidas y hacerlas pronto. Antes de que se emponzoñe más lo que ya presenta síntomas de gangrena social. Puede que este momento no sea o no parezca tan grave como aquel del año 77, pero también es gravísimo y no se puede perder tiempo decidiendo si son galgos o podencos.

Y si este escrito te parece bien, no porque sea mío sino porque refleja el estado real de la sociedad española, divúlgalo. Y si no es así dime en que me he equivocado. Explícame cuales son las otras alternativas. Pero no nos quedemos quietos y callados. ¡Ahora no!

La pandemia que nos vino

Hace días, cuando comenzó la pandemia y el gobierno empezó a tomar decisiones, llegué a la conclusión de que  no debía hacer comentarios sobre su actuación porque pensaba y sigo pensándolo, que es momento de acatar y no de discutir. Que tiempo habría para todo.

Pero resulta que es el propio gobierno el que ha levantado la veda con alguna de sus decisiones. El gobierno y la formidable máquina de propaganda de la izquierda que hizo que Aznar fuera el culpable del desastre del Prestige, que Rajoy lo fuera de la infección de una persona en la crisis del ébola, o del sacrificio del perro de la infectada que justificó multitud de manifestaciones en toda la nación. Que todo lo malo que ocurre en la faz de esta España nuestra tiene un origen evidente y comprobado: Los gobiernos de la derecha.

Esos movimientos de la izquierda más ultra que aseguran sin rubor que gran parte del problema actual viene por los recortes en sanidad. Como si la sanidad no hubiera seguido funcionando con normalidad hasta hace cuatro días, o como si esta pandemia fuera previsible a largo plazo. Y consiguen, otra vez, titulares en los periódicos y encendidas proclamas en las emisoras de radio y televisión más afines a la izquierda montaraz tratando de justificar lo injustificable.

Vaya por delante que el presidente del actual gobierno no ha sido el que  ha traído el virus a España, como tampoco fue Zapatero el causante de la crisis económica de su momento. Pero ambos tienen algo en común: la falta de decisión y la ausencia total de liderazgo de cada uno de ellos ha provocado que las medidas preventivas o las soluciones, o se retrasaran o se complicaran. Sin ninguna duda.

Muchos consideramos que el presidente, mimbres propios aparte que los tiene, es un producto del marketing político. Una criatura modelada por Iván Redondo, contratado para hacerle presidente a cualquier precio y sin más condicionantes que los necesarios para asegurar la connivencia del mercado objeto formado por independentistas, podemitas, proetarras, PNV y cualquier bolsa de votos con posibilidades de ser comprada o que admita trueques.

Porque es notorio que el Señor Sánchez nunca ha querido nada con  la llamada “derechona” por sus coros mediáticos, otro de los hallazgos lingüísticos del muy evolucionado idioma de los “progresistas”. Y no ha querido porque sabe que a esos partidos de la derecha corrupta  no los puede comprar con dádivas, sino con pactos de gobierno. Y en ese escenario no hubiera tenido más remedio que aceptar algunas condiciones que limitarían parte de sus proyectos.

Y como consecuencia se compuso un gobierno “bonito” con una mínima capacidad de gestión por falta de talla de la mayoría de sus ministros. Obedientes unos, muy de “follows the leader”,  representantes de varios grupos sociales  incluso de tendencias sexuales, otros. Porque tratándose de marketing nada es casual. Ni el más mínimo gesto.

Y luego están los podemitas, a los que creía poder controlar dándoles ministerios floreros y tareas de andar por casa. Suposición que resultó vana muy desde el principio porque Pablo Iglesias formación y capacidad de gestión no tendrá, pero codos para abrirse paso en la política y capacidad para hacerse visible en cualquier situación le sobran. Y porque, como político, tiene bastante más talla que su muy querido (¿?) presidente,

Y el resultado es que, como he comentado en algunos cortos titulados ”el zorro cuidando las gallinas”, los podemitas del consejo de ministros le han ganado en presencia y titulares en alguna que otra ocasión. De hecho siempre que han tenido oportunidad. Aunque sea con ocurrencias aprobadas en consejo de ministros como la que anunció ayer la de trabajo: “se prohíbe por decreto despedir a ningún trabajador”.

Sabiendo como sabe el Señor Sánchez que es una decisión absurda, inconstitucional y poco práctica. Porque en la situación actual las empresas solo tienen tres opciones: Un ERE temporal, un ERE definitivo, el despido de trabajadores o el cierre de empresa. Porque si una empresa de cinco empleados no puede despedir a dos para subsistir, solo le quedará bajar la persiana.

Me tranquiliza ver que la ministra ha contado con el respaldo incondicional de Pepe Álvarez Suárez, ese cerebro privilegiado dominador de la economía y con amplia experiencia como empresario. Este país no avanzará nunca si los cuadros dirigentes de entidades de tanto peso como son los sindicatos y tantas otras  del mundo de lo “paraestatal”, están en manos de vividores y/o supervivientes como el Señor Secretario General de la Unión General de Trabajadores. Para nota.

Consejo de ministros, decía, que ha completado la literalidad de los nuevos cánones y las cuotas exigidas por el feminismo, el independentismo y el Partido Socialista de Cataluña, que tampoco es moco de pavo. También es cierto que ha reservado dos o tres carteras para gente de más fuste, supongo que por la necesidad de disponer de alguien con capacidad de tener presencia en la Comunidad Europea y otros foros extranjeros y para contar con un mínimo de credibilidad en el mundo empresarial.

 Así pues Iván Redondo cumplió su objetivo y, como recompensa y para que pudiera seguir manejando los hilos del guiñol, se le nombró plenipotenciario en la sombra, fuera del control del parlamento y manejador de personas y situaciones.

Pero a este gobierno de diseño configurado para engrandecer la ya muy engrandecida figura del líder, le ha sobrevenido una situación impensable hace meses en la que toda capacidad de liderazgo, excelencia en la gestión y firmeza en la toma de decisiones sería poca.

Situación que  arrancó con un presidente de gobierno desaparecido durante días y que cuando apareció, declarada ya la crisis sanitaria, me defraudó tanto su mensaje que en un arrebato de desilusión escribí algunas cosas que me hubiera gustado escuchar del presidente del gobierno en un papel de “líder necesario”:

Dado que estamos en situación de emergencia nacional he decidido dejar en segundo plano y de forma temporal a una parte de las carteras ministeriales, potenciando un gabinete de mínimos integrado por los ministerios de Sanidad, Defensa, Obras Públicas, Economía, Hacienda y Asuntos Exteriores.

Por las mismas razones, falta de necesidad en la situación actual,  he ordenado el cese inmediato de todos los asesores de los políticos en activo en todos los estamentos del Estado: Gobierno, Cortes Españolas, Senado y Comunidades Autonómicas. Todas las funciones asignadas a estos asesores serán asumidas por funcionarios de cada uno de los niveles afectados. (Esto como ejemplo de austeridad en previsión a la que nos viene, naturalmente)

Tengo la intención de convocar de inmediato a los líderes de los partidos políticos para consensuar un programa de acciones para hacer frente al problema sanitario y al  económico subsiguiente. Un plan de largo recorrido que facilite la recuperación de la nación en el menor plazo posible, que no debe ser superior a tres años.

Siendo el gobierno de la Nación quien ha decidido el cierre temporal de la gran mayoría de las empresas agrupadas como PYMES, todas las afectadas por esta medida quedan exentas de pagar a la Hacienda Pública todos los impuestos y cargas fiscales a las que están obligadas mientras se mantenga la orden de cierre.

Así mismo hemos convenido que los trabajadores incluidos en las plantillas de las empresas cerradas obligatoriamente que fueren despedidos por falta de actividad laboral, pasen a cobrar el subsidio de desempleo con carácter inmediato aplicando un trámite acelerado extraordinario para legalizar la nueva situación

Estas, repito, y algunas otras que también escribí son las palabras que hubiera esperado de un auténtico líder.

Estos textos en cursiva los escribí  el pasado día 18 de este mes, pero decidí no publicarlos porque, como decía anteriormente, pensé que era momento de atender las decisiones del gobierno y no crear más confusión entre los pocos que puedan escucharme. Ni siquiera me amparé en el clásico “acato pero no comparto” y me limité a acatar sin más comentarios

Pero ahora es el gobierno el que ha roto las reglas de juego porque el presidente ha pasado de no aparecer en días, a largarnos unas arengas televisivas larguísimas e innecesarias por  falta de contenido,  con el único objetivo de  justificar sus acciones, incluso antes de que nadie de la oposición le hubiera pedido explicaciones políticas de forma apremiante.  Oposición que, por cierto, apoyaron en bloque las decisiones del gobierno con muy pocos “peros”, hasta el debate de ratificación de la ampliación del aislamiento, primera vez que el Partido Popular, Ciudadanos y Vox le cuestionara decisiones de forma más concreta. Debate que, como todos los que puedo, lo seguí en directo hasta la madrugada para que nadie me cuente lo que allí sucedió según su versión más o menos interesada.

Y, como decía, toda la verborrea absurda modelo venezolano no tenía otro objeto que curarse en salud alabando sus decisiones y comparándolas, con datos falsos, con las tomadas por “otros gobiernos” que, según su versión,  lo habían hecho peor. Afirmación totalmente inexacta si exceptuamos a Gran Bretaña, dirigida por un presidente todavía más demagogo y menos previsor que el nuestro.

Es decir: Es evidente que en plena crisis y teniendo el problema que tenemos, el marketing de Iván Redondo ha vuelto a la política.

Parece que alguien en el entorno del gobierno cree que de esta situación sanitaria y del gravísimo problema económico que va a crearnos, se puede salir sin un gobierno de concentración de los grandes partidos. Y no importa quien lo dirigiera, porque lo mismo diría si fuera el PP el que gobernara en este momento.

Y si alguien está preparando un relato de “Sánchez el Salvador”, el que “nos libró de la crisis sanitaria y nos recuperará de la económica” es, como mínimo, un insensato. Los grados siguientes son loco y peligro público. Esto no es como desenterrar a Franco y “traernos la democracia plena”. Aquí hay muchísimo en juego y hace falta un gobierno que ponga pie en pared a la hora de tomar decisiones por muy duras que sean, que se deje de adornos, fruslerías y políticas de aulas de universidad y que se apoye, negociando y colaborando, con los otros gobiernos de la Unión Europea.

Y en esta línea de seguir “a lo suyo”, el señor presidente nos ha colado de rondón, en plena crisis y con toda la ciudadanía pendiente de otras cosas, el nombramiento del Señor Iglesias para su cargo en el CNI. ¿Hacía falta hacerlo en este momento? Y también un “no sé qué” sobre posibilidad de amnistiar a presos. ¿Tocaba?

También ha permitido, demostrando una evidente falta de coherencia y de autoridad, que el vicepresidente Iglesias rompiera la obligación de aislamiento que ellos mismos han ordenado a la ciudadanía. Y digo falta de autoridad porque no hay duda de que ha sido el propio Señor Iglesias quién ha tomado la decisión. Y cuando se ha preguntado a un buen profesional, como es Fernando Simón, ha dicho que “pueden darse circunstancias especiales”, contestación claramente preparada que nunca diría un virólogo de motu proprio.

Hemos visto que en estos días el gobierno ha cambiado de criterio en varias ocasiones sobre el abastecimiento de material sanitario y otras materias de logística o de prioridades sanitarias, pasándolo de ser responsabilidad autonómica a ser competencia centralizada hasta que, al final, no se sabe si ha dejado las cosas como estaban al principio o ha parido un híbrido complejo que ha demostrado ser muy poco eficaz.

El problema no es el cambio de criterio en esto y en otras cosas, porque quien toma decisiones puede equivocarse y tiene el derecho y la obligación de rectificar. Lo lamentable es que en cada cambio ha flotado un “yo no he sido” del gobierno, incluso un “han sido otros” más directo. ¿Importan algo las culpabilidades cuando lo que se necesita son soluciones? La culpabilidad de cada cual ya se estudiará más adelante, que ahora no es tiempo de perder energías ni distraer la atención en temas menores.

Y destaco sin ninguna reserva la tarea que está realizado la ministra de defensa al frente de las Fuerzas Armadas que están demostrando una excelente preparación y una magnífica cooperación con todos los estamentos. Y no lo digo porque Margarita Robles me resulte especialmente afín. Lo digo porque es un hecho constatado que demuestra la diferencia entre ministros que saben gestionar y los que solo saben figurar.

Todo esto y en nuestras carnes, está siendo la prueba del algodón para un ministro de sanidad, profesor de filosofía en su vida “real”,  que hace lo que puede pero que está abrumado por la que le ha caído encima, a él y a todos los figurantes del gobierno, incluido el propio presidente.

Sustituir al ministro actual por otro con solvencia demostrada en situaciones de crisis debería haber sido la primera decisión del presidente del gobierno. Que haberlo los hay y muchos, en el propio PSOE, en otros partidos políticos o en el ignorado mundo de los independientes.

En cuanto a las ruedas informativas de cada día, se han convertido en un rosario de “prontos”, “próximamentes”, “estamos preparando” o similares. La gente, nosotros, necesitamos hechos concretos, y si no hay seguridades, para decir vaguedades, mejor dar los datos escuetos, incluso cuando son los periodistas los que preguntan.

Sin cejar en el empeño de achacar parte del problema a terceros. Quizás el ejemplo más palmario sea el de las residencias de ancianos a las que, aprovechando algunos escándalos puntuales surgidos en tiempos pasados, parecen hacer responsables de la muerte de los residentes por dejación o abandono.

Acusación falsa y torticera, porque las residencias son hogares y no centros hospitalarios y porque nadie les advirtió de lo que iba a ocurrir cuando el gobierno ya lo sabía. Porque si lo hubieran hecho en el mes de febrero, los responsables las hubieran aislado, hubieran protegido a los empleados y la mortalidad por el virus, precisamente por ser centro cerrados,  hubiera sido mínima.

En cuanto a las estadísticas, creo que están tratando de ocultar incluso ofreciendo datos objetivos, la gravedad de la situación y esa puede ser una de las razones de que la gente haya tardado en concienciarse. La realidad es que nosotros no somos ni el tercer, ni el cuarto más perjudicado del mundo. Todos los que hemos trabajado con datos conocemos la necesidad de cruzar varios de ellos. Sin embargo, en la comparecencia de cada día los portavoces de sanidad se limitan a lanzar cifras absolutas de contagiados, fallecidos y curados, que se comparan con las de otros países. Y así, pese a tratarse de datos horribles en sí mismos, no salimos tan mal en la foto.

¿Qué pasaría si se aplicara el porcentaje de cada una de estas cantidades sobre el total de la población española y de cada una de las naciones con las que nos comparamos, Italia o China por ejemplo? Que los resultados serían mucho más alarmantes.

Lo mismo que el ratio de personal sanitario infectado sobre el total  de infectados, que está alcanzando el 14 %. ¿Qué ha podido ocurrir, que se ha hecho mal, para que nuestros sanitarios se hayan contagiado de forma tan escandalosa?

La primera conclusión es que muchos de ellos se han contagiado sabiendo que podía ocurrirles, pero ha podido más en ellos el deber profesional y la generosidad que su seguridad personal. Y por eso les aplaudimos cada día a las ocho de la tarde.

Y la segunda es que los responsables de la sanidad no han sido capaces de abastecerles del material de protección necesario para evitarlo. Mal, muy mal por ellos.

En resumen. Insisto en que el gobierno no ha traído el virus y añado que no quisiera estar en la piel del Señor Sánchez porque lo estará pasando muy mal como responsable del gobierno y también en lo personal porque tiene a familiares y amigos infectados.

Y porque ha tenido que tomar decisiones muy duras, necesarias hoy, pero que le habrá dolido mucho tomar por muy caudillo que se considere. Y que daría la piel y posiblemente bastante más por disponer de una varita mágica que solucionara el problema aunque le costara el cargo.

Pero el hecho objetivo es que desde diciembre del pasado año todos los gobiernos del mundo, incluido el español, sabían lo que estaba ocurriendo en China. Y ni España ni algunas otras naciones hicieron nada.

Que en enero se supo que la cosa era seria y prácticamente tampoco.

Que cuando Italia empezó a alarmar a todo el mundo, se comenzó a hacer algo.

Que conociendo como conocíamos lo que ocurría en Italia cada día, el gobierno español tomó las mismas decisiones que  el italiano, pero con días de retraso.

Y la conclusión es muy sencilla: Cuando en nuestro país tenemos semejante nivel de contaminación y de muertes es evidente que algo se ha hecho mal, o al menos mucho peor que en naciones como Corea del Sur, Alemania o la misma China.

Nadie tendrá la culpa en lo personal, nadie quería que ocurriera, pero semejante caos necesitará un análisis muy desapasionado de los hechos, que no podrán hacer los responsables actuales en el gobierno, y no se si los partidos de la oposición que quizás no hayan presionado como merecía la ocasión. Y porque todos ellos manejas foros dirigidos para obnubilar a la opinión pública.

Pero esta vez no podemos dejarlo. Esta vez si que “nunca máis”. Nos jugamos demasiado

Lo ocurrido y sus consecuencias superan al mundo de la política. Ellos son los responsables de resolver estas situaciones, sí, pero la evidencia demuestra que esta clase política, la de ahora, con este control absoluto sobre la sociedad y con este desparpajo para hacer y deshacer a su antojo no son los más indicados.

Es necesaria la gran reflexión, un nuevo pacto de la Moncloa. No para definir modelos de Estado ni cosas semejantes, sino para llegar a un consenso sobre que tipo de sociedad queremos, con que valores, con que limitaciones en nuestro “bienestar” actual, tan a corto plazo que está destruyendo el mundo. En que armas necesita la democracia para controlar a los grandes capitales o a los poderes fácticos.  

Y si no hacemos algo, volveremos a las improvisaciones y los desmadres que cuestan vidas y destrozan la economía.

Siento mucho verme obligado a escribir estas reflexiones, pero ha llegado el momento de exigir soluciones para hoy y para mañana.

Sin dejar de obedecer, con disciplina y sin ninguna reserva, las instrucciones del gobierno.

La audiencia absuelve a los acusados de Les Arts: “No hubo desvío de fondos”.

En este mundo convulso que nos hemos dado, lleno de falsos paradigmas y de políticos sin vergüenza que aprovechan cualquier noticia, sea cierta o no, para sacar provecho, ha vuelto a ocurrir. Leo en un periódico:

“La audiencia absuelve a los acusados de Les Arts: No hubo desvío de fondos”.

Y con esto alguien puede pensar que se devuelve a los acusados el honor perdido. ¡Ni mucho menos! Nunca lo recuperarán porque siempre quedará y de eso se encargarán algunos indeseables, la sombra de la sospecha.

Detenciones mediáticas, registros domiciliarios, grandes titulares y ríos de tinta, frase muy manida pero ilustrativa de los hechos, en el momento cero. Algún titular, “peros” abundantes de malnacidos a la sentencia cuando resultan absueltos, que no repararán, ni mucho menos,  el dolor de las víctimas.

“La Generalitat se personará en la causa por el ‘saqueo’ en Les Arts”, decían los titulares de los periódicos en abril de 2014. Y el honor de Helga Smith, la que fue Intendente del Palau de Les Arts por los suelos. Por los suelos y pisoteado. Como el de los otros acusados.

Helga Smith que fue la auténtica artífice del éxito del Palau, la que consiguió traer a Valencia a los mejores directores y los mejores intérpretes del mundo de la lírica, la que consiguió acuerdos y correspondencias con otros teatros de la ópera. Esa Helga Smith.

La que acabó su extraordinaria labor sin honor. La que murió sin conocer la sentencia, tirada en la cuneta de las conveniencias.

“Hay que rescatar fondos públicos robados”, clamaban los políticos socialistas. Esos mismos que ahora no quieren que se esclarezcan asignaciones o contratos dudosos firmados sin ningún pudor por los que venían a  regenerar la vida pública.

Y ahora, cuando la verdad judicial afirma que no hubo desvío de fondos, ¿quién recoge el agua derramada? ¿Va a salir nuestro honorable presidente a pedir disculpas tantos días como salió a denunciar “el saqueo” porque convenía a sus intereses?

Ni lo sueñen. Silencio absoluto, mirar hacia otro lado y mantener la actitud de “sí pero”.

Como decía, a Helga Smith le ocurrió lo que a Rita Barberá. Ambas murieron antes de que la justicia las declarara inocentes y ha sido una verdadera lástima, por su pérdida y porque de  seguir vivas sí que pondrían en aprietos a sus denunciantes. Porque ambas dos hicieron mucho por Valencia y las dos pusieron el nombre de la ciudad en todas las agendas culturales  del mundo.

Y que nadie se confunda. El gran problema, el gran delito, lo imperdonable del caso, es que El Palau fue una criatura de otro partido político, en este caso el PP. Y este tipo de disparates inhumanos y antinatura no es privativo del PSOE. También otros lo hacen

Pero las cosas están así. Nuestros Puig, Oltra, Ribó y similares seguirán paseando por las calles de nuestra ciudad como si no pasara nada. Como lo harán muchos otros en España que han acusado con toda vehemencia a políticos que luego han resultado ser inocentes.

¿Pedir perdón? Ni lo sueñen. Y siendo las cosas como son, ¿cómo vamos a creer en la honorabilidad de la clase política dirigente?

En cuanto a los directamente implicados, los acusadores, ¿podrán dormir por las noches? ¿Qué les explicarán a sus hijos o a sus nietos?

Y no dejemos a un lado la excelente trayectoria y la sagacidad del que fuera fiscal anticorrupción, Vicente Torres,  azote de corruptos, que ha acumulado otras grandes “victorias” judiciales, y cito notas de prensa, como  “el caso Rita Barberá, el de la Fórmula 1, el caso Bellver o el de la ex gerente de FGV”.

Si nos ceñimos a los hechos, no parece que su interpretación de la justicia sea su mejor virtud. Muy curioso tratándose de un fiscal. ¿Tampoco se merece algún tipo de recriminación cuando los jueces han determinado la inocencia de tantos de sus acusados?

Espero que llegué el día en que las falsas denuncias y las “acusaciones particulares” merezcan sanciones ejemplarizantes en costes económicos y en obligación de reparaciones públicas.

Tan duras y ejemplarizantes, al menos, como las penas de telediario que han sufrido sus acusados en falso.

Me dirán que fue la Policía Nacional la que investigó los hechos y pasó la información  a la justicia, pero ¿quién denunció las irregularidades? ¿Quién levantó las sospechas? ¿Qué fiscal dio por buenos unos indicios que han resultado ser insuficientes?

El callejón sin salida del socialismo español y las amenazas a nuestra estabilidad y nuestro futuro.

Pedro Sánchez tomó una decisión sobre su futuro personal y esta decisión ha causado una serie de efectos colaterales que afectan muy gravemente al futuro del Partido Socialista Español en sus opciones de formar gobierno y también  a sus opciones de actuar como posible oposición en el parlamento.

Porque este partido, que no sé si continua siendo en el que milita nuestro actual presidente, ha perdido toda autoridad moral para acusar a futuras gobiernos de:

Mentir en el ejercicio de sus funciones de gobernante. Si algo está caracterizando a este gobierno, muy a nuestro pesar, es la gran cantidad de mentiras absolutas o de medias  verdades sobre varios de los temas sobre los que ha sido preguntado. Lejos, muy lejos de aquel “los españoles merecen un Gobierno que no les mienta” de Rubalcaba que frustró la mayoría del PP en la candidatura de Mariano Rajoy. Visto con los ojos de hoy, suena a auténtica ciencia ficción.

Ocultación de datos, una de las constantes del gobierno actual, muy falto de transparencia cuando tanto la reclamaba desde la oposición. Y la oculta en temas de Estado y en temas menores, como puede ser el uso de medios públicos con fines privados apelando a un absurdo “secreto de Estado” que no hace más que añadir oscurantismo y sembrar dudas sobre algunas actuaciones del presidente y de otros miembros del ejecutivo entre los ciudadanos.

No respetar a los otros poderes del Estado. Todo lo contrario, a juzgar por los pasos dados por el gobierno, o sus declaraciones públicas, tratando de amordazar o de condicionar las decisiones del Poder Judicial, y su estrategia de puentearlo en cuanto tiene ocasión. La última prueba es el nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado, que, cumpliendo las condiciones requeridas para el cargo no reúne las más elementales condicione de idoneidad y que será nombrada con la oposición de todos los estamentos de la judicatura.

Ceder competencias peligrosas a las autonomías en un viaje sin retorno,  llámese País Vasco o Cataluña, para conseguir apoyos en temas que no pasan de ser puros intereses personales del gobernante de turno, en este caso Pedro Sánchez, totalmente contradictorias con los interese de la nación. Conocemos los efectos negativos de que Cataluña tenga transferidas Prisiones.

Y en el País Vasco se están dando pasos realmente preocupantes sobre esta misma competencia o el pago de algunas prestaciones reservadas a la Seguridad Social.  Y hay una propuesta de retirar a la Guardia Civil de Tráfico de Navarra.

Dar acceso a información sensible y  al CNI a los filocomunistas del gobierno, a sabiendas de su estrecha relación con los independentistas, los grupos antisistema o los filo terroristas de Bildu. O que mantienen excelentes relaciones con Irán, con Venezuela y con otros países “revolucionarios” de Sudamérica

Decisión de consecuencias imprevisibles para las relaciones internacionales y la colaboración con otros países en temas de delincuencia o de terrorismo.

En efecto. Nosotros estamos acostumbrados a que se nos muestren imágenes caricaturizadas de Estados Unidos en función del presidente de cada momento, y es cierto que hay grandes diferencias en su imagen como país o en sus relaciones con el exterior según que ocupe el cargo Clinton, Obama o Trump, pero es mucho más cierto que sus servicios de inteligencia, por ejemplo, son grandes aliados nuestros y nos han ayudado de forma decisiva en prevenir o solucionar casos de terrorismo, por ejemplo.

Y lo mismo ocurre con las inteligencias de las naciones de Europa y del resto del mundo, que van a restringir, si no a eliminar, los canales de información con España por temor a filtraciones indeseables.

Como hizo la Guardia Civil y la Policía Nacional con la Ertzaina, sabiendo que tenía infiltrados de ETA, o con “els  Mossos” de Cataluña con infiltrados independentistas.

Porque resultará inevitable que los países más sensatos en la lucha contra la delincuencia o el terrorismo vean a Pablo Iglesias como un infiltrado indeseable en los servicios de información españoles.

Actuar de forma irresponsable en política exterior. España, que consiguió un importante prestigio internacional en años anteriores, ha cambiado su solidez por una política errática que ha deteriorado muy notablemente su imagen internacional.

Y también en este aspecto se está ganando la desconfianza dela Unión Europea, o de los países americanos no incluidos entre los revolucionarios.

Y muy especialmente de los Estados Unidos que, esa sí, teniendo como presidente a Trump, nos puede costar muy cara en aranceles o medidas proteccionistas contra los productos españoles.

Y tantas otras cosas que desmerecen la solidez y el prestigio que debe adornar la figura del Gobierno de la nación.

Propiciar una política de gasto que conllevará enfrentamientos con la Comunidad Europea y aumentarán el déficit del estado, ya muy fuera de control.

La gran pregunta es ¿porque se ha llegado a este nivel de desatinos e incompetencias? Si antes teníamos dudas, ahora está meridianamente claro:

Por el egoísmo personal y la egolatría de Don Pedro Sánchez Castejón, actual presidente del gobierno, con la colaboración personal imprescindible de su gurú particular, Iván Redondo.

Porque cuando alguien contrata a un asesor personal para un determinado fin, se cumplen dos condiciones:

  • La prioridad absoluta, el único objetivo del asesor contratado, es conseguir el objetivo para el que se le contrató sin que importen los daños colaterales. En este caso el fin buscado era la promoción personal de su cliente, Don Pedro Sánchez, casi “cueste lo que cueste” y con absoluta primacía sobre cualquier condicionante.
  • La sumisión del cliente a su asesor, que se ve obligado a seguir las instrucciones recibidas en cuanto a conductas personales o, en este caso, decisiones políticas. Porque Iván Redondo no es el clásico asesor de imagen. Es un politólogo.

Es un planteamiento extremo pero, por lo que estamos comprobando, no parece estar demasiado alejado de la realidad.

Se cumplió el primer objetivo y como consecuencia,  una vez alcanzado el gobierno de la nación soportado por fuerzas anómalas en el sentido de que todas ellas son enemigas declaradas del Estado en su concepción actual y de la propia nación Española, el gran reto es mantenerse en el poder. Y eso son palabras mayores.

Palabras mayores que se traducen en que el gurú asesor necesita mucho más poder porque ya no le basta con controlar a su cliente, sino también a todas las personas o las circunstancias externas que puedan amenazar este objetivo.

Razón por lo que nuestro Iván Redondo, con el título de Director del Gabinete de Presidente, se ha convertido en la persona con mayor poder jamás conocido en un gobierno de España sin pertenecer ni al poder ejecutivo, ni al legislativo, ni al judicial, ni tampoco a la Casa Real. Influencia y poder “con cargo”, no como los que podían tener las esposas, las amantes o los amigos de los gobernantes.

En este caso comparables a las del Cardenal Richelieu sobre el Rey de Francia o Rasputín en Rusia.

Es un poder sin control parlamentario. Dicen, con razón, que sí que está sometido a un control parlamentario indirecto, porque las decisiones no las toma él en persona ya que no pertenece al gobierno, sino los ministros. Y los ministros sí que tienen que dar cuenta de sus decisiones.

Aunque al final, que es lo que importa, el caso es que Iván Redondo tiene un poder casi ilimitado en el gobierno actual. Y que los acuerdos y las decisiones gubernamentales están comprometiendo muy seriamente el prestigio de España y condicionando su futuro inmediato.

Y ¿cómo se puede revertir esta situación?

Es prácticamente imposible porque Pedro Sánchez se ha encargado de mantener un control cerrado sobre los que deberían controlarle.

En el partido, el Comité Federal se ha convertido en una auténtica guardia pretoriana al servicio del césar, al que protege de enemigos externos. Y no parece tener fisuras. Solo se producirán, como siempre ocurre en política, si se atisba alguna amenaza seria al liderazgo del Secretario General, en cuyo caso surgirían los clásicos “ya lo advertía yo” de los que vayan abandonando el barco. Pero eso parece poco probable a corto plazo.

La más rápida y sencilla sería que los parlamentarios de una o varias comunidades votaran en contra de alguna ley o delos presupuestos generales si perjudican a sus comunidades en beneficio de otras. Las que chantajean al gobierno asegurando su estabilidad. Tampoco lo veo. Ni ellos, acomodados en listas electorales, ni sus barones territoriales tienen suficiente valor para anteponer los intereses de sus representados a las maniobras de Iván Redondo.

Y hay una tercera que no deja de sorprenderme. ¿Dónde están los ministros “serios” del gobierno? ¿Qué opina Margarita Robles, por ejemplo, sobre que Pablo Iglesias pueda tener información del CNI?

Es posible que en los consejos de ministros manifiesten su disconformidad, pero eso no me vale. Cuando se está jugando lo que se está jugando, Doña Margarita, la única forma de no ser corresponsable del desastre en el que estamos inmersos es dimitir.

Como no hizo e muy cobarde ministro Solbes que, años después, decía a tiros y troyanos que él ya había advertido al presidente Zapatero de sus errores en la economías. Errores que hubiera frenado dimitiendo y anunciando las razones por las que lo hacía.

Y la cuarta, no tan improbable como parece, es que se desmorone ese castillo en el aire que han montado con un gobierno coaligado con Podemos y apoyado por grupos disparatados. Podemos es Podemos y no cesará en su empeño de buscar protagonismo y fagotizar al PSOE desde dentro.

Como he comentado en otras ocasiones, nunca sale bien poner zorros a cuidar delas gallinas. Y en este caso, como se ha evidenciado y se evidenciará, el jefe delos zorros es mucho más inteligente que el jefe de las gallinas.

Así que, queridos amigos, en plena resaca por el Brexit, con el problema de los agricultores que se hará más acuciante cuando recorten las ayudas comunitarias, con aliados como Venezuela y bajo la sospecha de Europa y los Estados Unidos, con las amenazas de los independentistas que no se conformarán, como nunca lo han hecho, con dialogar, entre otras cosas.

¿Cómo será nuestro futuro inmediato?

Cuando, por mucho que niegue su muy poderosa máquina de propaganda, le hubiera resultado sumamente fácil buscar apoyos en el PP o Ciudadanos en asuntos de Estado que le garantizaran la investidura y la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

Lo que hubiera sido muy beneficioso para la nación y para su partido, el PSOE de toda la vida, no el Partido Sanchista Obrero español, pero malo para él porque tendría que ceder en parte de su proyecto.

Y ¡hasta ahí podríamos llegar!

El paro, las brechas salariales, el riesgo de exclusión social y la pobreza en España.

A propósito de mis comentarios sobre la imagen de la España histórica que fomentaron en su día naciones rivales, asumida de forma inexplicable por muchos españoles, han surgido algunos comentarios sobre la situación sociolaboral de la España actual, entre otros los de Juan Sanz que cita un informe de Philip Alston, relator de la ONU, sobre la pobreza y la desigualdad en España.

Que es otro tema, porque en este caso no se trata de ningún invento ni tampoco creo que sea una exageración. Puede que los resultados que presenta el relator estén distorsionados por la calidad y la cantidad de la muestra, pero sean cuales fueran los datos,  reflejan un hecho real y sumamente preocupante.

Al comentario de Juan contestaba: “Pues claro que hay mucho que solucionar, sobre todo en cuanto a la brecha salarial y la marginación. Estoy en Cáritas y en su informe anual lo denuncia año tras año. No conozco en detalle este estudio del relator de la ONU y procuraré conseguirlo, así como la metodología de su análisis, pero en principio supongo que tiene razón, al menos en parte.”

Y más adelante confirmaba: “Repito que yo veo casi cada día los problemas de los marginados, especialmente inmigrantes pero también españoles que viven en precario. Desconozco la magnitud real del problema, pero el hecho existe y no lo discuto”

Como adelanté, he leído las conclusiones del informe del relator, y también tengo algunas conclusiones del informe que elabora Foessa a partir de los datos de Cáritas. Informe que está muy prestigiado porque no se trata de datos estadísticos resultantes de encuestas con un determinado tamaño de la muestra, sino de los datos reales de cada una de las personas acogidas en Cáritas, que son millones.

Como es lógico, este estudio tiene su margen de error porque siempre existe una duda sobre la veracidad de la información aportada por los que acuden a Cáritas, pero es mucho menor, prácticamente cero, comparado con otros estudios, como el realizado por el mencionado relator que se basa en contacto con asociaciones o  de conversaciones directas con miembros de algunos colectivos marginales. «He visitado lugares que sospecho que muchos españoles no reconocerían como parte de su país (…) barrios pobres “con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados”, afirma.

Por lo que la muestra obtenida por Philip Alston, siendo buena y honesta, resulta menos representativa. Y en contra de lo que opina en su comentario, un poco prepotente y casi fuera de lugar porque da a entender que en España se ignora este problema, cuando Cáritas y las otras ONG’s que operan en España, sí que reconocen a estos marginados como parte de su país.

Incluso conocen personalmente a cada uno de ellos, porque en su gran mayoría acuden a los Servicios Sociales, a Cáritas y al resto de ONG’s en busca de consejo y ayuda

Pero, pequeñas discrepancias al margen, es de agradecer su apoyo a la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Insisto en que no ha descubierto nada que no sepamos los que trabajamos en estos ambientes, pero es muy cierto que los gobiernos de turno, centrales, autonómicos y locales, están muy necesitados de que les saquemos los colores porque no han sido capaces de solucionar este problema y otros muchos de contenido social.

Y así el comentario sobre los datos de 2019 dice que “en España hay más de 8,5 millones de personas excluidas, 1,2 más que antes de la crisis. Esta es la principal conclusión del VIII Informe Foessa, que ha sido presentado esta mañana en la sede de Cáritas, y que advierte de «una sociedad estancada» que provoca una «fatiga de la solidaridad», que se extiende al incremento de la xenofobia y el olvido de las políticas sociales.”

El informe concluye que esos 8,5 millones en exclusión social suponen el 18,4% de la población española. «Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes el ascensor de la movilidad social no funciona, y no es capaz de subir siquiera a la primera planta», subrayaron. Casi la mitad –4,1 millones– viven en exclusión social severa, que les impide acceder a una vivienda segura y que sufren un desempleo persistente, precariedad laboral extrema y, ahora que ha concluido el ciclo electoral, «invisibilidad para los partidos políticos«.

«Hoy en día, las condiciones de vida son peores que hace diez años», subrayó Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación Foessa”

Y que continúa diciendo: “Puesto en cifras: En 2018, el 26,1% de la población en España, y el 29,5% de los niños, se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social. Más del 55% experimentó algún grado de dificultad para llegar a fin de mes y el 5,4% sufrió privación material severa. La tasa de desempleo del 13,78% es más del doble de la que presenta la media de la UE, y ha sobrepasado el 30% para los menores de 25 años.

Para el experto en derechos humanos, “los niveles de pobreza en España reflejan una decisión política. Esa decisión política ha sido hecha durante la última década. Quiero resaltar el hecho de que entre 2007 y 2017, los ingresos del 1% más rico crecieron un 24% mientras que para el 90% restante subieron menos de un 2%”.

Al mismo tiempo, el Estado español “optó por recaudar un 5% menos de impuestos que el cualquier otro Gobierno europeo y eso, claro, significa que tiene menos dinero para gastar en protección social”

Y como muestra es suficiente. Las cifras pueden variar, pero ambos análisis coinciden en que la situación de parte de la población residente en España es insostenible.

Uno de sus comentarios de Philip Alston que me sorprende especialmente es cuando dice que “España tiene una de las comunidades de gitanos más grandes de la UE, casi la mitad de los cuales viven en la extrema pobreza”. Es cierto que queda bastante población gitana marginada, pero también lo es que ha mejorado su integración social.

En el diario El País leo que Aimar Bretos, presentador de “Tanto por ciento” hablando de los gitanos afirmaba:

“En el pasado vivían en comunidad, eran nómadas y hablaban su propia lengua. Hoy su realidad es completamente diferente. 750.000 personas en España son gitanos, el equivalente a la población de la ciudad de Valencia. El 95% de los niños romaníes ya están escolarizados, pero solo un 2% llega a la universidad. 10.000 gitanos en España viven en chabolas, pero son un 70% menos que hace 27 años. El pueblo romaní ha evolucionado en 30 años en nuestro país más que en seis siglos”

10.000 chabolistas gitanos son muchos chabolistas, pero atendiendo al comentario del relator, me figuro que está incluyendo a los muchos gitanos de Rumanía que se han desplazado a España gracias a su condición de ciudadanos europeos. Colectivo que, por cierto, no suele acudir a los servicios sociales ni a Cáritas, posiblemente porque tienen un evidente rechazo a que se les controle.

En lo que difiero bastante es en las soluciones que apunta el relator, muy basadas en generar gasto para ayudar a los necesitados sin atacar la causa raíz. Aunque no es el tema de este comentario, la solución no son las ayudas, aunque resulten necesarias a corto plazo, sino fomentar la creación de empleo, especialmente empleo industrial que es el que genera mejores salarios y mayor estabilidad.

Pero, como digo, ese es otro tema.

Y, a la vista de lo poco que se publica en los medios audiovisuales, tengo que entender que este señor opine que  los españoles no conocen el problema. ¡Claro que lo conocen! Pero estamos en un mundo egoísta en el que cada colectivo defiende “lo suyo” sin tratar siquiera de entender que, como le ocurría al sabio de la fábula que comenzaba diciendo “dicen de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba,…” habían más pobres que él.

Y los perjudicados, como siempre, son los invisibles, los que no tienen dinero para confeccionar pancartas ni ninguna posibilidad de asociarse en colectivos como el de los jubilados, el de los funcionarios, el de los autónomos, el de los agricultores,  y tantos otros, que teniendo problemas reales, no quieren mirar por encima de sus propias necesidades y aceptan de mala gana una distribución más justa y proporcional de los presupuestos del Estado.

Porque todos debemos aceptar que estos presupuestos “no dan” para todo ni para todos, y hay que buscar una distribución sensata y equilibrada.

Priorizando, según mi opinión, a los colectivos más desfavorecidos.

Otra de tantas falsedades: La verdad sobre la expulsión de los judíos en España.

Ayer me desayuné con las afirmaciones de Clara Ponsatí en el Parlamento Europeo comparando la expulsión de los judíos españoles en 1942 o el exterminio de Hitler a los miembros de esa raza con la “persecución” de España a los catalanes.

Y aunque la especialidad de la Señora Ponsatí sea la economía, es evidente que su nivel cultural, licenciada en economía en la Universidad de Barcelona, permite suponer que decir semejantes despropósitos solo puede obedecer al interés en mostrar en Europa la imagen de una España negra, retorcida y con un pasado sucio, mucho peor, por supuesto, que la nación más cruel y sanguinaria del mundo occidental.

Lo lamentable es que muchos españoles, y no solo los independentistas, se creen todo lo malo que se dice sobre nuestra nación y nuestra historia. Lo que resulta incomprensible.

No me explico que hayamos cambiado la España de los tiempos del franquismo, en los que se sobredimensionaban “las glorias” de nuestra patria, se decía que éramos “una unidad de destino en lo universal” y en la que se mostraba un águila imperial orgullosa de ser “una, grande y libre”, por la España actual que es lo peor de lo peor.

Y que no sirva este comentario para que me acusen de apología del franquismo, porque ni de coña. En todo caso de apología a la inmadurez política de los españoles de ahora.

Lo que quiero decir es que la campaña de reescribir la historia que emprendieron las izquierdas y los progres, ha tenido como daños colaterales que  se eliminen hechos positivos que se realizaron por gente “de derechas” o en época de imperios, reinados, y regímenes por el estilo. Porque es bien sabido que solo en España hemos tenido imperios, reinados, y regímenes por el estilo. Las demás naciones no. Los ciudadanos de todas ellas cantaban canciones por los prados mientras nosotros matábamos indios en América o quemábamos herejes en las hogueras.

Y así se ha pretendido que el descubrimiento de América se convierta en una sucesión de hechos delictivos, mucho peor que las conquistas coloniales de otras naciones o del exterminio de los indios de américa del norte, por ejemplo.

Como está demostrado, solo es bueno lo hecho por las izquierdas. Los asesinatos y tropelías de los gobiernos de izquierdas, que los ha habido y muchos,  estaban justificados porque los castigados eran fascistas peligrosos que querían matar niños y robar al pueblo, especialmente si eran curas, monjas, o gente de la iglesia.

Las víctimas de los asesinatos y tropelías de los gobiernos de la derecha, que también los ha habido y demasiados,  eran luchadores por las libertades, aunque formaran parte de piquetes que asesinaban a gente en las cunetas, o responsable de checas que torturaban y asesinaban sin ningún control legal.

¿Alguien con dos dedos de frentes se puede creer que hay matones o asesinos justos e injustos?

Pues sí. Hay muchos españoles que han comprado esa mercancía averiada de la España de los buenos y de los malos, como si no fuera cierto que todos descendemos de los que mataron y de los que murieron, de los que hicieron cosas buenas y de los que hicieron cosas malas.

Mercancía necesaria porque la “verdad incuestionable” de estos relatos es lo que justifica la supuesta “autoridad moral de la izquierda”.

Pues bien, volviendo al tema, nuestra buena señora Ponsatí ha dicho textualmente que:

 “Uno de los crímenes más serios contra el pueblo judío tuvo lugar en 1492 cuando los denominados Reyes Católicos ordenaron la expulsión de los judíos de Sefarad. Este primer episodio de antisemitismo de Estado, admirado por Adolf Hitler y que va a intentar superar, es la piedra angular del trágico historial español de intolerancia. Hoy esta intolerancia toma la forma del desprecio a los derechos de la minoría catalana”.

Lo que supone, entre otras majaderías, que el antisemitismo feroz y sanguinario de Hitler estuvo inspirado en las actuaciones históricas de España contra esa raza.

No cabe duda de que escuchar falsedades sobre España es nuestro sino, como también lo es que, en lugar de negar rotundamente las mentiras o las exageraciones, muchos españoles se crean todo lo que dicen de nosotros partes interesadas. Francamente somos un pueblo absurdamente masoquista.

No hay ninguna duda de que en algún momento del pasado las naciones europeas amplificaron todo lo posible los hechos más oscuros de la historia de España. La razón es muy sencilla: En los tiempos en los que comenzaron las “leyendas negras”, España, la imperial, era más poderosa desde el punto de vista militar y para dañarla no tenían mejores armas que la propaganda negativa.

Porque la expulsión de los judíos de España, solo es una más de las que se habían producido anteriormente en otros países de Europa. Y cito un artículo firmado por Cesar Cervera en el ABC del 30 de octubre de 2014 con este titular:

“La expulsión de los judíos de 1492: la leyenda que construyeron los enemigos de España”

Y que en una parte del texto dice:

“Frente a la hegemonía militar que impuso el Imperio español durante los siglos XVI y XVII en toda Europa, sus enemigos históricos solo pudieron contraatacar a través de la propaganda. Un campo donde Holanda, Francia e Inglaterra se movían con habilidad y que desembocó en una leyenda negra sobre España y los españoles todavía presente en la historiografía actual. Al igual que ocurre con la Guerra de Flandes, la Conquista de América o la Inquisición española, la propaganda extranjera intoxicó y exageró lo que realmente supuso la expulsión de los judíos de los reinos españoles pertenecientes a los Reyes Católicos en 1492. En suma, los ganadores son los encargados de escribir la historia y España no estuvo incluido en este grupo.”

Y añade:

“Las expulsiones y agresiones a poblaciones judías, un grupo al que se atacaba con frecuencia para esconder los verdaderos problemas sociales, fueron una constante durante toda la Europa medieval”.

Así, el Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de bienes y la expulsión de la población hebrea de su reino en 1182. Una medida que en el siglo XIV fue imitada otras cuatro veces (1306, 1321, 1322 y 1394) por distintos monarcas. No en vano, la primera expulsión masiva la ordenó Eduardo I de Inglaterra en 1290. También fueron reseñables las que tuvieron lugar en el Archiducado de Austria y el Ducado de Parma, ya en el siglo XV.

La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada. Lejos de las críticas que siglos después recibió en la historiografía extranjera, la cruel decisión fue vista como un síntoma de modernidad y atrajo las felicitaciones de media Europa. Ese mismo año, incluso la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones. De hecho, la mayoría de los afectados por el edicto eran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra.

Es decir: No solo no fuimos los únicos, sino que fuimos los últimos en expulsarlos de los reinos de Europa y probablemente nos comportáramos con menos crueldad que lo hicieron los demás.

Que la expulsión de los judíos en todos los países fue una injusticia histórica es un hecho incuestionable, como también lo es el que la última razón no fue ni su religión ni sus costumbres, sino los intereses económicos y el temor que suscitaba el que gran parte de la Europa cristiana estaba hipotecada por los préstamos pedidos a los banqueros de esa raza.

Yo he tenido ocasión de conversar con algunos sefardíes en Estambul y me consta su amor a España y la añoranza por un pasado vivido por sus ancestros en las calles de lo que fue su patria hace siglos.

El Estado español, en 1967, revocó la expulsión de 1492. Y un año después tuvo lugar la inauguración oficial de la primera sinagoga.

Y en el año 2015, se promulgó la “Ley 12/2015 de  concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España. La solicitud y presentación de documentos debe realizarse obligatoriamente a través de la plataforma electrónica habilitada al efecto por el Ministerio de Justicia”

En resumen: Ni somos la nación más condenada por el Tribunal de Justicia Europeo, ni por el de Derechos Humanos, ni somos la nación con más agresiones sexuales o más violaciones, ni tampoco somos “los malos de la película” contra los judíos o contra tantas otras causas.

Todo lo contrario; cuando se manejan datos estadísticos oficiales, solemos aparecer en los lugares más bajos de los gráficos. En los lugares reservados para “los buenos”

Pero no duden de que los constructores de historia de los últimos años, nuestros historiadores de la posverdad, insistirán en que la gran mayoría de los españoles, nosotros, estamos contaminados por el fascismo porque los somos desde el caudillo Viriato, que nuestros reyes, los Católicos por ejemplo, son el paradigma de la crueldad y el despotismo porque eran absolutistas, y que somos una nación señalada por el resto del mundo por sus errores y crueldades.

Pero para eso están ellos. Los independentistas para convertir a Cataluña en la Arcadia feliz libre del latrocinio de España, y los neocomunistas para restablecer la democracia, la tolerancia y las libertades en nuestra nación. O lo que seamos.

Dejemos de juzgar los hechos históricos con los ojos de hoy en lugar de hacerlo en el contexto en el que se produjeron, cuando todos los poderosos eran brutos de solemnidad e imperaba la ley del más fuerte en todo el mundo “civilizado” para sobrevivir o imponer voluntades.

Y no escuchemos a los que nos acusan de todos los males, históricos y actuales. Es mentira. Una burda mentira repetida cientos de veces. Somos una nación que ha cometido errores y aciertos a lo largo de su historia, como todas las demás, pero que en la actualidad podemos y debemos presumir de ser tan democráticos como los que más, extraordinariamente avanzada en prestaciones sociales y una de las más garantistas en sus leyes de todo el mundo occidental. Incluso puede que excesivamente garantistas

Lo juro por Snoopy