La España que no conocemos.

Hace unos días mantuve una pequeña polémica con un amigo que, como me suele ocurrir, me ha obligado a trabajar un rato sobre el tema. No porque quiera llevar la razón, que la razón nunca es mía sino de las leyes o de la información fidedigna, sino por mi inevitable curiosidad, que no me permite pasar de puntillas por los temas sin conocer los datos objetivos. Mi tan repetido “by fact”.

En este caso se trata de analizar cuanto tiene de cierto el mantra que circula por el país de que somos una nación cuestionada por el tribunal de Derechos Humanos. Mantra aceptado por una gran parte de la población que da por buena la afirmación de que tenemos una baja calidad democrática, y que se vulneran con demasiada frecuencia los derechos de los ciudadanos.

No existen datos de 2018, seguramente porque todavía no están tabulados, pero tengo los de 2017 que son perfectamente válidos para el análisis

Leo un titular de Expansión que dice “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) dictó en 2017 un total de 1.068 sentencias, un 8 % más que el año anterior, y seis correspondieron a casos españoles, informó hoy en una rueda de prensa su presidente, el italiano Guido Raimondi.”

Y continúa, “de esos seis fallos, referidos sobre todo a los derechos a un juicio justo y a la vida privada y familiar, los jueces consideraron que en cinco España había cometido al menos una violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos”

“En el sexto, por el contrario, se confirmó que los tribunales españoles no habían infringido el convenio al aprobar la extradición a Estados Unidos de un presunto narcotraficante”.

España fue condenada por dos «devoluciones en caliente» en la valla-frontera de Melilla; por la inhabilitación de Juan María Atutxa; por no proteger el honor de la cantante mexicana Paulina Rubio, y por acceder, sin autorización judicial, al contenido de un ordenador de un particular en el que se encontraron archivos con pornografía de menores”

Además, “se condenó a España por no avisar a los dueños de un piso en Sanxenxo de una demolición”

Y, más adelante, añade:

“Entre las pendientes contra España, hay cuatro sobre los hechos acontecidos antes y después del referéndum ilegal del 1 de octubre sobre la independencia de Cataluña, y una de varios miembros de ETA que piden una reducción de pena por haber cumplido condena en Francia.”

En el Diario El Mundo he encontrado la misma información, pero presentada de forma mucho más “visible”, en forma de gráfico comparativo con el resto de países sujetos al control de Tribunal de Derechos Humanos.

Por lo que he leído hace unos días, Rusia está queriendo salirse del control de este tribunal, supongo que porque no quiere  que cuestionen sus decisiones.

Y en este estudio estadístico del mismo año 2017, y  citando fuentes del propio Tribunal de Estrasburgo, dice “España, entre los países menos condenados por el Tribunal de Estrasburgo en toda su historia“. La historia del tribunal naturalmente, no la de España

Y los datos anuales se apoyan en el siguiente gráfico comparativo:

¿Qué ocurre? Que en muchos casos confundimos la velocidad con el tocino, porque hay plataformas políticas y medios de comunicación muy potentes, empeñados en justificar la necesidad de cambios para defender, entre otras cosas,  los derechos de los españoles”.

Cambios que en la mayoría de los casos son totalmente innecesarios porque ya se han producido. España hace años que se ha puesto al día en derechos humanos, incluso está, como se puede ver, en los puestos de cabeza y con mejores resultados que países con gran tradición democrática.

Nuestro Estado, señores “salvapatrias”, hace mucho tiempo que hizo sus deberes. Y Uds. lo saben perfectamente.

Y cuando se estudian los datos de denuncias ponderándolos con otros factores, como la población de cada país, se dice:

 “No se puede hacer un ránking histórico exacto porque la ratificación de cada país se hizo en momentos diferentes. Pero si ponen los datos en relación con la población, por ejemplo, en 2017España tuvo uno de los ratios más bajos de denuncias por habitante (0,14), que solo mejoran Reino Unido, Alemania, Irlanda y Bélgica, de un total de 47 países.”

Y. como decía antes ¿cuál es el truco de los “calientamasas”? Hablar de denuncias y no de sentencias condenatorias. En este mismo artículo se dice “Sin ir más lejos, en 2017, 634 de las 641 demandas presentadas contra España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos fueron archivadas o consideradas inadmisibles”

Porque en un mitin o en una tertulia es absolutamente impactante hablar de 641 demandas contra España.  ¿Qué valor político tendría citar que solo se aceptaron siete?

Y ¿por qué tanta denuncia? En parte porque también “los malos” utilizan los recursos de la democracia en su favor. Por ejemplo: los etarras tenían por norma, aconsejados por sus abogados, denunciar torturas de las Fuerzas de Orden Público cuando eran detenidos y supongo que algunas de ellas han llegado al tribunal europeo.

Y también acabarán en este tribunal las denuncias de los separatistas catalanes relacionadas con el 1 de octubre o con supuestas violaciones de derechos. Por lo que he leído, en 2018 ya se desestimaron muchas  de ellas.

Y allí acabarán, con toda seguridad, los recursos por la sentencia del “prosses”

Y no critico que se denuncie, porque es un derecho que tenemos los españoles,  y porque cada uno de nosotros tenemos una opinión diferente sobre hechos similares, pero hablar de denuncias sin mencionar las no admitidas a trámite y las condenas, es contar una verdad a medias, práctica muy usual en nuestros tiempos, que no hace más que emponzoñar a la opinión pública y proyectar una imagen de España que no se corresponde con la realidad.

En cuando a Amnistía Internacional, versión España, me gustaría no tratar el tema porque es una organización que ha hecho mucho en la historia, también en nuestro país, y con la que he colaborado en el pasado. Pero en este momento y a la vista de lo que se dice, no tengo más remedio que hacerlo

El año pasado, precisamente el día que se inauguraba una exposición colectiva en La Nau de Valencia en la que participaba nuestro Vicent Ramón Pascual, asistí a una conferencia que impartió el presidente de la organización.

Duró hora y media aproximadamente, incluidas algunas preguntas de  los asistentes, y habló mucho de la historia de la organización, citando  intervenciones en el resto del mundo, pero pasó bastante de puntillas por la actuación en España, posiblemente para evitar discrepancias sobre los casos en los que intervenían.

Y salí muy defraudado porque el mensaje final, en mi interpretación personal naturalmente, no era tanto “hay que luchar contra la violencia y la violación de derechos” como “necesitamos afiliados”, por no decir “necesitamos cuotas”.

Y entiendo que Amnistía es una organización importante y que necesita tener recursos pero, y esto es extensivo a otras ONG’s, ¿Que parte de los ingresos obtenidos se dedica a mantener la propia organización y no tanto para trabajar en favor de las causas para las que fueron fundadas?

Seguramente este señor también quería lanzar otros mensajes, pero a mí me suscitó la duda, mucho más cuando cada día aparecen abusos, desfalcos, y noticias sobre ONG’s que defienden lo mismo y parecen tener los mismos objetivos, pero son distintas.

Si leéis los faldones de la pantallas de la televisión, veréis que piden fondos para niños, por ejemplo, desde varias ONG’s diferentes. ¿Por qué no se ponen de acuerdo, aúnan esfuerzos, se unifican en una marca única, y comparten recursos?

Siento de verdad este comentario, porque en todas ellas hay hombres y mujeres de muy buena voluntad que se dejan la piel en el empeño, pero junto a estas hay otras que lo tienen como profesión. Y la defienden. Y no es malo que las ONG’s tenga plantilla de empleados porque hasta Cáritas la tiene, pero, en este caso, son una minoría comparados con los miles y miles de voluntarios que trabajan desinteresadamente por la organización.

Hay que apoyar a Amnistía, sí, pero es preciso que, como todas, se comprometa a no tener plantillas innecesarias ni recursos que no vienen a cuento. Y que recuerden que los abusos a combatir son los que generan los gobiernos, o no los evitan deliberadamente.

No viene a cuento “buscar causas” confusas o que no tienen fundamento para “justificar” su existencia.

Y cuando visito su página, compruebo que defiende objetivos defendibles, que están en la constitución, pero muy generalistas y no achacable a la responsabilidad directa de los gobiernos que, sin duda, no cuestionan frases como estas: “todos los hombres tienen derecho al trabajo”, “todos tienen derecho a una vivienda”, y similares. Son causas muy defendibles, pero dudo mucho que justifiquen supuestas denuncias de Amnistía España.

¡Ojala haya llegado o está muy cerca de llegar el momento en que esta organización no tenga razón de ser en España!

No digo que estemos en  ese punto, pero no tengan la más mínima duda de que este país, el nuestro, es uno de los más civilizados del mundo, y en el que los gobiernos de todos los signos respetan los derechos de los ciudadanos.

Que no es lo mismo, ni mucho menos, que tengan capacidad para atender todas sus necesidades. Lo primero se defiende con leyes, lo segundo con una buena gestión de recursos y con política en forma de presupuestos del estado.

También citan algún caso de mal trato a detenidos, creo que se refieren a lo sucedido en una comisaría de los Mossos, absolutamente lamentable, pero que no necesita una denuncia específica de la organización, porque la justicia española tomó cartas en el asunto cuando se conocieron los hechos.

Es como denunciar que hay policías o maestros o funcionarios corruptos. Los hay y, desgraciadamente, los habrá, pero no amparados por nuestras leyes.

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Todo lo anterior viene a cuento de que, en mi opinión, hay una parte importante de la población que solo conocen los hechos y nuestra historia por referencias de terceros, nos siempre bien intencionados y muchas veces procedentes de voceros  poco informados.

El resultado es que muchos españoles no conocen nuestra historia real, y piensan que somos un país lleno de baches y agujeros.

Y termino aquí, porque me apetece hablar de otros mitos inventados por personas interesadas, pero el texto pasaría de ser muy largo a larguísimo.

Insisto en que no quiero tener ninguna razón porque yo no he intervenido en ninguna de las mejoras que cito, pero continúo sintiéndome en la obligación de dar mi opinión, apoyada en cuantos datos pueda conseguir, aunque sea incómodo.

Sardanas sí, adoquines no.

Terminó la jornada de huelga en Barcelona, los radicales salvajes hicieron de las suyas otra vez, hoy es sábado, y en Valencia luce el sol.

¿Y ahora qué? Supongo que alguien, en algún momento tendrá que pensar en lo que está pasando. Los políticos por supuesto, pero también la ciudadanía, especialmente la catalana.

Lo ocurrido ayer, lo que está ocurriendo en los últimos dos años, no es más que un grandioso ejercicio de manipulación y de estrategias diseñadas con un objetivo final. Más poder y más riqueza para los poderosos catalanes. Y cuando utilizo la expresión “poderosos catalanes” no le aplico el concepto de catalanes como nación, sino a los catalanes de grandes fortunas con capacidad de decidir, manipular, intervenir en los negocios, y de transformar la Cataluña tradicional en otra más  acomodada a su voluntad y a sus intereses.

Pero, para llegar a este disparate, ha sido necesario trabajar con paciencia y sin desmayo, utilizando grandes cantidades de dinero, una parte salido de capitales privados, y otra de los Presupuestos del Estado via transferencia a la Autonomía.

La munición empleada ha sido el bombardeo de consignas falsas, populistas y mendaces. El caldo de cultivo la ignorancia política de los catalanes, por lo que veo aún mayor que la del resto de los españoles, que ya es decir.

Todos conocemos la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, atribuida a Göbbles, responsable de la propaganda del Partido Nazi primero, y del Tercer Reich después. Práctica que han utilizado y siguen utilizando sin ningún pudor nuestros muy democráticos y nobles responsables políticos, machacándonos con frases tan falsas como atractivas para la ciudadanía tipo “España nos roba”.

Ellos no serán nazis, pero a fe que utilizan sabiamente sus estrategias de propaganda.

Y han llegado más allá, mucho más allá, jugando con el lenguaje creando nuevas formas verbales para ocultar hechos, o desfigurarlos. Uno de ellos es el invento español de los últimos tiempos: la posverdad, que se define como “un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública”

Es decir, en Román Paladino, la posverdad, una fórmula por la que la verdad de los hechos es menos relevante que el impacto emocional que causa en los que las escuchan”.

O la frase tan escuchada que define la  mala praxis periodística: “no dejes que la verdad te estropee un buen titular”

Actitud tan contraria al “by fact” en el que me educaron en el mundo de la empresa privada, donde me obligaban a demostrar, sin ningún género de dudas, lo que estaba exponiendo.

Tan intransigente  que hizo que en el catálogo de las “frases hechas” de mi esquema mental, apareciera una que he utilizado muchas veces: “Nunca saques conclusiones por impresiones”. Frase que, por cierto, no sé si es mía o la he “copiado” de otro, lo más probable, pero no importa. Es clara y directa.

Y  expongo una premisa y dos ejemplos evidentes:

Tengo muy serias dudas de que en las escuelas españolas enseñen debidamente nuestro sistema de Estado, los fundamentos de nuestra democracia, la Constitución, y un mínimo de economía social. Me temo que muy poco, y tengo la seguridad de que en Cataluña, de enseñar Constitución Española, nada de nada.

A los escolares sí que les enseñan lo que es un lago, pongo por caso, y si un político les dijera que un lago es “la cima de una montaña”, no es que no se lo creerían. Es que se reirían  de él, y le catalogarían como un ignorante que, por pura lógica, perdería toda credibilidad.

Y viene a cuento por el eslogan tan repetido en Cataluña  que ha sacado a la calle a tantos miles de catalanes. “los presos políticos no han hecho nada para que los detengan, y están en la cárcel por sus ideas”.

La aceptación de este mensaje implica desconocer que los hechos demostrados figuran como delitos en las leyes españolas, y que las sentencias aplicadas se corresponden a las previstas en nuestras leyes para cada delito. Y no en su mayor rigor, porque teniendo algunas dudas, el tribunal se ha decidido por la menos dura para los condenados.

Leyes redactadas por el Congreso de los Diputados y ejecutadas por el Poder Judicial, libremente y con total autonomía. Porque no tengan ninguna duda de que la judicatura  es  otro de los poderes del Estado, una de las tres patas de la democracia, que nos permite tener la tranquilidad de que ningún crimen quedará impune si se descubre, y que todos los ciudadanos están protegidos por la ley de los abusos de otros ciudadanos.

Y, teniendo como tengo a Cataluña por una región avanzada y a los catalanes por personas razonables, con “seny”, ¿Cómo es posible lo que veo y escucho?

Solo tengo una explicación y, lamentablemente, esta vez me dejo llevar por las emociones y, en contra de mi propio criterio, no por hechos contrastados porque no estoy en la cabeza de cada catalán disidente, sino aplicando el método matemático de “reducción al absurdo”. O, como ocurre con los planetas que conocemos pese a no haberlos visto nunca, por los efectos que producen.

Así pues, y partiendo desde las consecuencias, la única explicación posible es que toda una generación ha crecido y ha sido educada en un ambiente en el que no ha reinado una verdadera democracia.

En el que la educación ha tenido un alto contenido de adoctrinamiento, en el que los gobiernos de la Generalitat sí que han intervenido en las decisiones de la justicia o en ámbitos que no les correspondían, y en donde, como en los principios de la Alemania nazi, se ha marcado a los ciudadanos como buenos o malos catalanes en función de si compartían o no  los criterios  del gobierno.

Los gobiernos de la Generalitat eran depositarios de la verdad absoluta y dirigían a los catalanes en la dirección correcta hacia esa patria de “leche y miel”, en expresión bíblica, donde los ciudadanos serían, por fin, libres y felices. Y, claro, “los malos catalanes” no hacían más que dificultar la marcha poniendo piedras en el camino.

Y no solo eso. Los mensajes de la “catalanidad” gubernamental siempre han tenido un cierto trasfondo de raza superior, de pueblo elegido, al que nunca se ha reconocido sus aportes culturales, sociales y políticos ni en Europa ni en el resto del mundo.

Así, en Cataluña se ha vivido una especie de “pax romana”, frase que también repito con frecuencia porque cada vez la identifico más en muchas sociedades, que parecía cómoda para la ciudadanía, pero que, al final, puede acabar destruyendo todos los valores de la Cataluña histórica, siempre a la cabeza de la modernidad y del progreso.

Región en continua  evolución social e industrial donde surgieron las primeras grandes industrias, los primeros sindicatos, las primeras luchas de clases hasta llegar al pacto, con diseño de gran prestigio, y una arquitectura modernista novedosa y pujante.

Y, lo que es peor, todo lo que está ocurriendo daña algo que debería ser sagrado: la convivencia.

Esa posibilidad de que catalanes de cualquier idea y de toda condición, puedan unir sus manos bailando una sardana, acunados por el tamboril, la tenora, el tible, y el resto de instrumentos de la cobla. Esa  danza casi mística que bailaron sus padres y sus antepasados, y que unía a los catalanes de cualquier lugar, como los residentes de Valencia que la bailaban rodeando la estatua ecuestre del Rey Jaime I los domingos por la mañana, y que les hacía sentirse hermanos de sangre cultural viviendo en tierra de acogida.

¿Nacionalismo? Mi respeto y mi apoyo porque todos nosotros debemos defender nuestra tierra y nuestra cultura.

 ¿Independentismo? Es una opción política a la que se tiene derecho y que se puede y se debe defender pacíficamente, como el cambio de modelo de Estado o cualquier otra opción que quepa en la Constitución Española, la que regula la forma de convivir y de conseguir objetivos políticos.

Pero defender que los políticos presos “no han hecho nada” solo puede deberse  a esa posverdad de Cataluña en la que a los catalanes les han hecho olvidar que le Generalitat es una representación del estado en su Comunidad, que se los elige según las normas de la nación española, y que, para ser nombrados deben jurar lealtad al Rey y cumplir y hacer cumplir la constitución.

Lo desleal es lo que están haciendo. Es como pedir empleo en un banco teniendo la intención de asaltarlo.

Porque los dirigentes políticos catalanes no han obtenido los cargos en una oposición, o por “insaculación”, fórmula medieval aplicada por Isabel y Fernando, no se si atreverme a decir los Reyes Católicos, para evitar tensiones, sobornos, o amenazas en las elecciones de los corregidores.

Los han obtenido en unas elecciones convocadas con un fin concreto, atender y proteger a toda la ciudadanía, y no  para representar a una parte de los ciudadanos de la autonomía.

Y del “España nos roba” casi ni quiero hablar. La España de la solidaridad  no concibe semejante eslogan, sabiendo que las regiones más ricas deben apoyar a las menos favorecidas. Porque las unas y las otras no lo son por razones ajenas a sus decisiones políticas, ni por propia voluntad. Es un hecho, por ejemplo, que Cataluña, como Valencia, es puerto de mar, y en pura lógica, ha tenido muchas ayudas del Estado para favorecer que esta circunstancia ayude a mejorar su economía, que es una parte de la economía de la nación.

Y Cataluña no sido habría “tan” grande sin la ayuda de los obreros andaluces, extremeños o manchegos que se desplazaron a aquellas tierras para ganarse el sustento. Últimamente he escuchado a algún desahogado “retuercehistorias” que los catalanes tuvieron la “generosidad” de acoger a “los de fuera”. ¿Generosidad? Si no hubiera sido por los padres de Rufián y de tantos otros, no hubieran podido salir adelante.

Y hablar del “me roba” sería como decir que en Valencia deberíamos cobrar un tributo al resto de los españoles por venir a disfrutar de nuestras playas porque somos nosotros los que las mantenemos.

Las mantenemos sí, pero tenemos un retorno económico en los gastos de foráneos que nos visitan. Y el Mediterráneo no es nuestro, ni tampoco el sol que bendice nuestras tierras.

Y ustedes han tenido la enorme ventaja de que el resto de España fuera el mercado natural de sus productos. En tiempo de los aranceles que los gobiernos de Franco mantuvieron cuanto pudieron por presión de los empresarios catalanes, y una vez aceptada España en los mercados internacionales y liberadas las importaciones, porque ya tenían conformada una industria muy potente, apoyada por el Instituto Nacional de Industria, el INI de aquellos tiempos, que les eliminaba cualquier competencia interna y facilitaba mejoras y financiaciones.

Por lo que pudieron seguir vendiendo en el mercado español, y exportar a todo el mundo.

Nadie decía entonces que España les robaba.

Y un ejemplo es la Olimpiada de Barcelona del 92, en la que yo me dejé la piel como muchos de los compañeros de mi empresa de entonces, una de las patrocinadoras. Fue un proyecto de Estado, que lanzó a Cataluña y que pagamos entre todos.

Entonces tampoco les robaba España.

Así que, amigos míos, no pongan en su boca posverdades de sus dirigentes políticos. España es una de las naciones más democráticas el mundo, sus leyes son justas, incluso excesivamente garantistas como se puede apreciar últimamente, y nadie, absolutamente nadie, está en la cárcel por sus ideas.

Y no quiero dar nombres de personajes españoles que se pasan el día ofendiendo al Rey, a la nación, a la iglesia y a todo el que se ponga por delante y viven felices y tranquilos en este país opresor. Algunos cobrando sueldos del Estado.

El mismo Qim Torra se pasa el día amenazándonos con lo que “hará”, insistiendo en sus ideas separatistas, lanzado amenazas al gobierno de la nación, y desoyendo los avisos del Tribunal Constitucional.

Pese a ello, el “molt honorable” tampoco está en la cárcel ni en la jaula dorada de su jefe y natural, el Señor Puigdemónt, porque hasta ahora, no ha hecho nada. Solo defender ideas.

Insistiendo en que el gobierno y el Tribunal Constitucional son los “de España”, y que no los reconoce. Excepto cuando le conviene. Entonces recurren, apelan, denuncian y hacen lo que haga falta.

¿Y dice que no es español? Si tiene DNI español, vive en España, ocupa un cargo público definido en el organigrama de la nación, y cobra del Estado  via presupuestos de la Generalitat, unos grandes ingresos por cierto, ¿Cuál es su nacionalidad? Blanco y en botella. Todo lo demás no deja de ser pura palabrería para enardecer a los crédulos.

Y créanme, medio millón de manifestantes no harán que la justicia cambie la sentencia y que los políticos presos por haber delinquido salgan de la cárcel.

Y si así fuera, yo me echaría a temblar porque no reconocería a mi país como Estado democrático y vería amenazada mi seguridad y mis principios basados en un Estado con normas y leyes, y con separación de poderes.

Puede que lo consiga un recurso a Europa, aunque no lo parece, pero la presión de la calle, no. Las presiones a los jueces solo han servido en el pasado hay en algunos lugares para que doblaran la vara de la justicia en favor de los poderosos de su comunidad.

¿Como la familia Pujol, pongo por caso?

Y lo escribo con el dolor del que ama a Cataluña, y de conocer el sufrimiento de los catalanes no independentistas que aman a su tierra mucho más que yo.

Por lo que recomiendo a todos los hijos de Cataluña y a los que, no habiendo nacido en esa tierra residen en ella y la sienten como suya, que liberen sus manos de adoquines, banderas partidistas y símbolos extraños al servicio del marketing de la desunión, para enlazarlas en esa sardana que acuna, adormece y vitaliza a la vez, y que invita al amor, a buscar lugares comunes, y a practicar la amistad.

Por su bien, y por el resto de españoles que sentimos a Cataluña como nuestra, y a los catalanes como hermanos.

Valencia, 19 de octubre de 2019

A Franco muerto, gran lanzada.

“A moro muerto, gran lanzada” es una expresión con la que “se satiriza a los que se muestran valientes contra algo o alguien cuando ya no hay riesgo en ello”. Se utiliza para referirse a los cobardes que “aparentan un gran mérito” atacando a quien ya está vencido”

Gente que nunca ha arriesgado nada y que se ponen a la cabeza de  las manifestaciones cuando ha pasado el peligro. No sé si se reproducen por esporas como las setas, pero cada vez hay más. Nacen a montones.

En tiempos de la dictadura algunos colectivos y no pocas personas luchaban con más o menos discreción contra el régimen. Se decía que teníamos a la policía más culta del mundo porque pasaban los días en las Universidades, “la secreta” tenía fichados a muchos españoles, especialmente para controlarlos cuando venía Franco a Valencia o iba a cualquier otra ciudad, o cuando se preparaba “algo especial”, y hasta Don Vicente, el cura de Marchalenes que se hizo famoso por protestar airadamente por el mal trato que dieron a los modestos de aquel barrio después de la riada como consecuencia de la especulación, era controlado por la policía “por si acaso”. Nosotros, a modo de respaldo, hacíamos alguna reunión en su parroquia en momentos “delicados”.

Y a más de uno detuvieron por hablar donde no debía o con quién no debía, que chismosos/as de barrio habían más de los que parecían haber, o por quemar “las vietnamitas” multicopiando panfletos o convocatorias de manifestación.

El Partido Comunista, ilegal por supuesto, fue especialmente beligerante y, por lo que recuerdo, el que más “daba la cara” en aquellos tiempos, tanto desde el punto de vista político como sindical. También algunos socialistas, igualmente sin legalizar, se movía por los ámbitos universitarios, habían “curas obreros”, y hasta teníamos una Unidad Militar Democrática.

Y muchos de los aludidos, comunistas y socialistas, algunos con mucho nombre, acabaron en las cárceles de Franco. Y quizás, mira por donde, fue allí donde se hicieron amigos, aprendieron a dialogar, a entenderse, a buscar puntos comunes, y a pensar en un futuro exento de tanta lucha absurda.

Personajes que tenían en su haber una honorabilidad a prueba de bombas, haber conocido lo peor de la guerra y la posguerra, y haber tenido tiempo para pensar. Mucho tiempo.

Y no es que le tuvieran que agradecer a Franco haberles encarcelado, pero ocurre en ocasiones que de un mal sobrevenido se pueden sacar cosas positivas.

Los Marcelino Camacho, Ramón Tamames, Simón Sanchez Montero, ¡Ramón Rubial!, y tantos otros, salieron de las cárceles después de bastante tiempo, y cuando lo hicieron volvieron a sus tareas políticas y sindicales sin haber presumido nunca de haber sido ellos, ni mucho menos cada uno de ellos, los que “nos salvaron”.

Ni siquiera lo hizo Carrillo desde el exilio o después en España

Y héteme aquí que personajes que no habían nacido en aquella época, que se han criado en un estado democrático extremadamente garantista en sus leyes, protegidos por un montón de servicios sociales y que les ha proporcionado educación y bienestar, se pasan el día diciendo que “hay que rehacer lo hecho”.

Son los que portan simbólicas banderas victoriosas  de batallas que no han librado,  que se adjudican méritos de cosas que ni siquiera saben lo que son, y que encabezan manifestaciones defendiendo derechos que ellos ni han sugerido y  por los que no han luchado aunque, eso sí, siempre tendrán un vídeo o una intervención de tertulia demostrando cuanto han hecho por “la causa”.

Sin ningún rubor ni la más mínima vergüenza.

Son los que van buscando moros muertos para darles grandes lanzadas, perdón por la expresión porque es medieval y los moros eran los enemigos de entonces,  pero que huirían despavoridos si el moro diera la más mínima señal de vida.

En este caso el moro muerto es Franco, del que es imposible olvidarnos gracias a estos valientes paladines que le dan lanzadas casi cada día.

Y a fe que tienen mucho mérito en la labor de mantener viva  la memoria del dictador. Porque si no fuera por su dedicación, y preguntáramos por Franco a un menor de treinta años, o no sabría quién es, o diría que es el último fichaje del Valencia F.C.

Claro que me dirán que lo hacen porque “no hay que olvidar los crímenes cometidos”. ¡Anda ya!

¿Conocen las palabras transición, reconciliación, generosidad o “mirar hacia  adelante”?

A, perdón, sí que las conocen. Las utilizan cuando hablan de los criminales de ETA que solo hace cuatro días que dejaron de matar.

Nota al margen: quiero dedicarle este comentario a Rufían, otro notable alanceador de moros muertos, que tanto ha disfrutado con el accidente que sufrió ayer el paracaidista Luis Fernando Pozo cuando portaba la bandera de España.

Paracaidista que siempre estará disponible para defenderle si alguna vez necesita de su ayuda. Y él lo sabe perfectamente porque, como todos los independentistas, es extraordinariamente eficaz disfrutando de los recursos, las salvaguardias, y las garantías que le ofrece la nación opresora.

No exageraré diciendo que Luis Fernando es un héroe, porque solo es uno de tantos militares que cumplen con su deber adiestrándose para protegernos, pero si le pongo en uno de los platos de la balanza y en el otro a semejante “padre de la patria”, se rompería el fiel por el peso del que hasta ayer era paracaidista anónimo, hoy valorado y apreciado.  

Otra vez Franco y la misma cantinela.

He repetido en muchas de mis reflexiones que Franco es historia desde hace muchos años, especialmente para los que vivimos en tiempos de la dictadura, como lo es el franquismo, que murió con el jefe del estado por mucho que algunos nostálgicos quisieran alargarle la vida artificialmente, como ocurrió con el propio general.

Y si queda alguno a la sombra de esa ideología, que nunca pude identificar porque Franco no la tenía, son muy pocos. De hecho, y por esa carencia, tuvo que fagocitar a la Falange de la época, debidamente modificada en sus fundamentos para que fuera útil al régimen. Por lo que sería más apropiado decir que “quedan falangistas” que catalogarlos como franquistas.

Pero eso “no vende” porque los falangistas son reconocibles, se les puede identificar  y son pocos. Es mejor continuar con la cantinela del “franquismo” que, como se está quedando pequeña y sin contenido, se está modificando hacia la denominación de origen “fascismo”.

Bandera a derrotar de una España inexistente, alimentada por colectivos de izquierdas interesados en dinamitar los pactos de la transición y reescribir la historia. O, mejor dicho y en el orden correcto, reescribir la historia para dinamitar la transición. Utilizando la misma técnica que se está utilizando para blanquear a ETA, por ejemplo.

Seña de identidad inexistente, porque decir que la derecha actual de España es franquista está tan fuera de lugar como decir que la izquierda es marxista, leninista o trotskista. Seguramente más fuera de lugar.

Una posible reacción ante estos “historiadores” de partido o de tertulia puede ser no hacerles caso y  tomarlo como una broma. Y en esa línea quiero expresar mi sorpresa al enterarme por los telediarios que la Guardia Civil está “ensayando” un traslado del féretro de Franco en helicóptero. ¿La Guardia Civil convertida en empresa funeraria?

Insisto en que debe de ser una broma. Lo del helicóptero no es ninguna tontería porque sería un transporte eficaz y discreto, pero ¿uno de la Guardia Civil?

Yo creo que sería mucho más apropiado utilizar el del presidente en funciones, que se podría hacer una foto para la campaña electoral con sus gafas de sol junto al féretro. Aunque quizás no se atreva a estar tan cerca del finado porque ¿quién sabe?

Y siguiendo la broma, sería mejor llevar el féretro colgado del helicóptero con Sánchez a caballo sobre el ataúd por los cielos de Madrid, agitando una bandera del PSOE.

Es una imagen trágico cómica que recuerdo de una película que vi hace  muchos años en la que un piloto de un B54 de EEUU recibe la orden de atacar Moscú con una bomba nuclear. El gobierno intenta anular la orden, pero el protocolo indicaba que esa orden, una vez dada, no se podía revocar.

En resumen. Después de muchas peripecias, la película acaba con el comandante del avión cabalgando por los cielos sobre una bomba nuclear que se ha lanzado desde el avión sobre Moscú, agitando un sombrero tejano entre gritos típicos de un rodeo.

Pero, pese a lo escrito anteriormente, este no es un tema que se pueda tomar a broma.  Y no por Franco, sujeto pasivo de todo este culebrón y que me despierta pocas, muy pocas emociones. Es porque los guionistas de esta farsa son los  que están intentando torpedear, sea por intereses políticos o por intereses electorales, lo que tanto costó de conseguir. La transición.

Y, en cualquier caso y sean cuales fueren sus intereses,  no me merecen ningún respeto. Absolutamente ninguno.

Porque ese hecho histórico fue una mini epopeya protagonizada por mucha gente generosa que acordó pasar página, en un momento político-social que los menores de cincuenta años de  hoy no puede ni imaginar.

Hubo una parte, una minoría, que no estuvo de acuerdo con el pacto, pero en una democracia deciden las mayorías. Y este referéndum no dejó ninguna duda sobre lo que pensábamos los españoles.

No os dejéis engañar con mentiras o falsas interpretaciones.

El 15 de diciembre de 1976 se celebró el referéndum sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política, con el siguiente resultado:

Sobre un censo de  22.644.290 electores votamos 17.599.562, el 77,8 %.

Se contabilizaron 16.573.180 votos a favor, uno de ellos el mío, lo que suponía el 94,17 % de los votantes.

450.102 votaron en contra, el 2,56 %,

Otros 523.457 votaron en blanco, el 2,97 %, y se contabilizaron 52.823 votos nulos, el 0,30 %.

Quiere  esto decir que 450.102 votantes, solo un 2,56 % de los votantes, estaban en contra de pasar página, que 523.457, el 2,97 % no lo tenían claro, y que hubo 52.823 de los que no sabemos si estaban a favor o en contra.

Y que 5.044.728, ejercieron su derecho de no ir a votar, o no pudieron hacerlo, y se quedaron en sus casas. Nunca sabremos porque lo hicieron ya que en aquellos no eran tan fáciles ni los desplazamientos, ni los votos por correo. Y porque los censos electorales tenían deficiencias, especialmente en las zonas rurales.

Es decir: que en un referéndum libre, sin presiones, y con una población con muchas ganas por ejercer su derecho a opinar, solo 450.102 españoles, el  2,56 %, no estuvieron de acuerdo con la transición.

Y casi podría asegurar que una mayoría de ellos eran gente de ideología de derechas, por nostalgia, o porque veían peligrar sus prebendas. Porque los partidos comunistas y socialistas de la época defendieron el “sí” con muy pocas reservas. Diría que con profundo convencimiento de que era lo que debían hacer por el bien el país y para consolidar la democracia.

Y porque fueron conscientes de que era una forma inédita de pasar de una dictadura a una democracia, en la podrían ejercer sus derechos, participar en las decisiones políticas y cambiar a la sociedad, sin ninguna violencia

Y si alguien os dice que aquello fue un “pacto del silencio” o  que la gente voto atemorizada, os miente muy descaradamente. Maliciosamente. Como bellacos que son.

El franquismo ya hacía años que había dado paso al “tardo franquismo”, y se habían superado muchas de las presiones de la dictadura. Y hasta gente que había estado en las cárceles franquistas por sus ideas políticas defendieron la iniciativa con entusiasmo.

No fue “un pacto de silencio”, porque se siguió hablando de lo ocurrido y de sus terribles consecuencias. Los hechos eran los hechos y no desaparecieron de la memoria de los españoles. Se miró hacia delante, esos sí, tratando de compensar de alguna forma, como se hizo en muchos casos,  a los perjudicados por la guerra y por la dictadura,  reconociendo los derechos civiles y militares de los que habían pertenecido al bando republicano, por ejemplo.

La transición no fue un “reset”, un reinicio en la memoria de los españoles. Ni mucho menos.

Los recuerdos y las vivencias permanecieron en las mentes de los individuos, de las familias y de los colectivos, pero todos tratamos de buscar puntos de concordia y metas comunes. Y es evidente que se consiguió. Y digo que es evidente porque, en contra de la teoría actual de toda esta sarta de falsarios, la sociedad de la época dio un suspiro de alivio y supo rehacer su futuro sin renunciar al pasado.

Yo, por mi edad, no tenía ni pasado ni cargas emocionales, pero sí que las tenían mis padres, mis abuelos, mis suegros y todos los mayores de la época. Y doy fe de que, sin olvidar lo que pasó, supieron convertirlo en “lección aprendida” en lugar de mantener cuentas pendientes.

Por mucho que quieran vendernos el burro pintado a rayas como si fuera una cebra, la transición fue un “pacto de concordia”. Un compromiso de la ciudadanía para buscar el objetivo común de la convivencia pacífica y de aunar esfuerzos para perdonar los errores pasados, los de todos, y de trabajar por el bien de la nación.

Muy pocas personas en el mundo han vivido situaciones como esta, incluso en una época de terrorismo asesino. Yo sí la tuve, y nadie me distorsionará la realidad por mucho que se empeñe.

Ninguno de esos emponzoñadores de mentes poco informadas me cambiará esa historia con “relatos”, medias verdades, posverdades, o mentiras.

Yo estuve allí, lo viví, y en una muy pequeña escala, participé en los hechos.

Y deseo lo peor, en lo político naturalmente, a los que mienten sabiendo que lo hacen. Porque muchos de ellos  no participaron por edad en los hechos históricos de 1976, pero saben perfectamente lo que ocurrió, y  tratan de distorsionarlo mezclando el hecho de la transición con otros ocurridos en la República, en la guerra civil, o en la dictadura de Franco.

Los mismos que serían capaces de afirmar, con todo cinismo y sin pestañear, que Don Pelayo era franquista, por ejemplo.

Post data: decir que con la exhumación de Franco “se cierra el círculo democrático”, como ha dicho nuestro presidente en funciones, es una manipulación falsa y rastrera. Ud., Sr. Sánchez, no es el que nos ha traído la democracia.

La democracia la trajimos nosotros, los españoles, el 15 de diciembre de 1976, cuando Ud., nuestro gran libertador, andaría por los cuatro años, y los padres de Iván Redondo, su gran guionista y excelente “apuntador”, nacido en 1981, es posible que ni se conocieran.

Entre el cinismo y las medias verdades. El aumento de temperatura y la contaminación

Estamos sufriendo un aumento de la temperatura, y es un hecho evidente. Que la mano del hombre puede tener algo que ver es mucho más que probable. Pero de lo que no estoy tan convencido es que se trate de un cambio climático provocado exclusivamente, ni siquiera mayoritariamente, por el hombre.

Que hay una contaminación galopante también es evidente. Que la culpa la tenemos los humanos, incluidos los que protestan contra la contaminación, tampoco me cabe ninguna duda.

Como que en este momento hay muchos interesados en mezclar aumento de temperatura con contaminación, como si ambas fueran efecto de las mismas causas. Y a los hechos me remito

Si hablamos de temperatura, en la historia de la humanidad han existido ciclos, y también eras, como la de la glaciación o la desertización, mucho antes de que existiera el hombre. Porque la naturaleza es indomable hasta el punto que los que visiten el Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán, muy recomendable, podrán comprobar que, en el pasado, la India se desplazó hasta llegar hasta lo que hoy es Sudamérica, y más tarde retornó a su emplazamiento original en Asia. Sin que ningún humano interviniera en el hecho, entre otras cosas porque ni hubieran podido, ni existían.

Y supongo que recordamos las grandes calamidades que anunciaban sobre el agujero de la capa de ozono. ¡Menudo bombardeo de información! ¡Cuánta literatura y cuanto negocio sobre espráis menos peligrosos y soluciones similares! Pues la capa de ozono se está cerrando entre el casi silencio de los que anunciaron su aumento, sin saber muy bien porque. Como tampoco sabíamos muy bien porque se  ensanchó.

Y no estoy nada convencido de que la lucha contra la contaminación ambiental o terrestre, de la que si somos responsables, sea la que nos librará del supuesto cambio climático.

De lo que sí que estoy convencido es que hablar de “ciclos” o separar temperaturas de contaminación proporciona menos oportunidades de ganar dinero a nadie.

Por supuesto que los gobiernos tienen que tomar conciencia y promulgar leyes restrictivas contra industrias que generan contaminación o por el uso abusivo de plásticos. Urgentemente. Pero no serán eficaces si nosotros, los humanos, no renunciamos al consumo de los artículos que producen las industrias que contaminan.

Pero es más que evidente que todos nosotros estamos convencidos de que son “los otros” los que tienen la obligación de solucionar nuestros problemas. Y a los hechos me remito.

La práctica totalidad de los que protestan por la contaminación provocada por los automóviles tienen uno propio y no renuncian a su uso. Y una parte importante tendrán coches especialmente contaminantes por su antigüedad, pero no los renuevan.

Alegaran que “no pueden” por razones económicas, lo que puede ser cierto en parte de los afectados, pero no se puede tomar como un hecho incuestionable. Ni mucho menos. Porqué los automóviles modernos, menos contaminantes, se pueden adquirir con una cuota mensual equivalente al coste de parte de los “caprichos” que nos permitimos en ocio y otros consumos.

Pero claro, lo más fácil es ignorara lo que contamino “yo” y, como decía, recordar lo que contaminan los demás. Así podremos mejorar el planeta sin renunciar a nada, sin sacrificios.

Porque, amigos míos, o nos quitamos las caretas de ecologistas responsables o esto no tiene solución. Somos cada uno de nosotros, no los gobiernos ni los estados, ni esos “no se sabe quién”, los que dejan las playas y las plazas hechas unos zorros con los botellones. Y somos nosotros, y no otros, los que tiramos plásticos a los ríos o a los mares, aunque luego nos hagamos fotos salvado tortugas atrapadas por redes, o mostremos las barbaridades que contienen los estómagos de animales marinos muertos.

El cinismo y el no querer vivir la realidad es lo que está contaminando nuestros aires, nuestros montes, nuestros ríos y nuestros mares, porque somos los “sujetos necesarios”, en este caso sujetos activos, para aumentar la contaminación.

Así que, amigos míos, yo mismo, repito: no seamos cínicos. Es el hombre como individuo, y en genérico, el mayor responsable de la contaminación. Porque contaminamos, no reciclando,  consumimos los productos que fabrican las empresas contaminantes, o disfrutamos de opciones de ocio que están destrozando el planeta.

Y porque no tenemos una verdadera conciencia de la necesidad de auto disciplinarnos en buenas prácticas ecológicas o/y, si fuera necesario, perder calidad de vida renunciando a algunas cosas innecesarias, pero atractivas.

Estamos, están, haciendo fuerza en la contaminación de las ciudades y de las aguas. ¿Ponemos algunos ejemplos de otras contaminaciones?

Los aviones: cada día vuelan miles y miles de aviones y sabemos que un avión contamina, y mucho. Un estudio dice que “Cada minuto hay alrededor de 11.000 aviones en el aire en alguna parte del mundo.”

Y también que “El sector de la aviación es responsable de cerca del 2,5% de las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial, pero los aviones emiten además azufre, humo, vapor de agua y óxido de nitrógeno que a su vez forma ozono troposférico (no confundir con el ozono estratosférico, cuya capa protege de las radiaciones solares), el cual es muy perjudicial para la salud de las personas“

Solo en el aeropuerto Adolfo Suarez de Madrid “hay una media de 483 vuelos diarios”.

¿Renunciarán los manifestantes con pancarta a viajar en avión? Ni siquiera lo hacen los que deberían dar ejemplo cuando se desplazan a cortas distancias.

La basura espacial: Leo que “el impacto más obvio de la exploración humana en el espacio cercano a la Tierra es la enorme cantidad de escombros espaciales. En 1957, la Unión Soviética lanzó al Sputnik a un espacio impoluto. Hoy en día, el espacio cercano a la Tierra contiene más de 17.000 objetos”

Una buena parte de los cuales están allí para proporcionarnos excelentes opciones de comunicaciones o de ocio.

¿Renunciaríamos a los canales de televisión digital, a los móviles, o a los GPS? Me temo que no

Los barcos: Una buena noticia “La contaminación proveniente de los buques ha disminuido notablemente en los últimos años. Cada día se hacen más esfuerzos para disminuir la contaminación originada por los hidrocarburos. La aplicación de los instrumentos internacionales ha dado sus frutos y ella se refleja en las estadísticas”.

Pero no nos confundamos. Es cierto que los barcos contaminan menos en combustión pero ¿qué ocurre con las basuras y otras contaminaciones? Cada barco arroja al mar cada día una gran cantidad de basura, incluido envases de plástico. Los residuos orgánicos no son un problema porque acaban disueltos o siendo comidos por los peces, o las gaviotas que acaban aprendiendo los horarios en que los cocineros se desplazan a la popa de los barcos para vaciar los cubos. Lo sé porque lo presencié cuando estuve embarcado.

Sin embargo la solución debería ser tan sencilla como obligar a que los barcos descarguen en los muelles todos los desechos plásticos que hayan acumulado desde la última escala.

Y, evidentemente, si no descargan plásticos es porque los han tirado al mar, en cuyo caso se les debería imponer fuertes sanciones.

Otra cosa es la contaminación por vaciado de sentinas y limpiezas de tanques, especialmente los petroleros, que hoy en día también se podrían controlar, supongo, via satélite.

Los coches y el resto de vehículos eléctricos: Parece que alguien descubrió que esta es la solución. Es cierto que un coche eléctrico no contamina o lo hace de forma muy limitada, pero ¿Cómo se ha obtenido la electricidad?

Algunas fuentes, como las hidráulicas, las eólicas o las placas solares casi no contaminan, aunque en algunos casos crean algún problema secundario, pero hay otras, como las centrales térmicas, son uno de las mayores  fuentes de contaminación. También las nucleares están contaminando el agua que se usa para refrigerar cada vez que hay un escape o un accidente.

Pero el uso exponencial de la locomoción con motores eléctricos  obliga, naturalmente, a la fabricación y posterior destrucción de las baterías. Y reciclar una batería es muy caro y altamente contaminante.

Luego si el coche no contamina, pero lo puede hacer la fuente de energía que empleemos para cargas las baterías, y las propias baterías ¿a que estamos jugando?

Podría seguir con muchos más ejemplos de contaminantes de los que no se habla, como la masacre ecológica que el turismo está provocando en zonas “sensibles” del planeta, como el Himalaya o  la Amazonía, por ejemplo. Alguien tendría que parar toda esta locura, pero no lo harán ni permitirán que se hable mucho de ellos, porque detrás de cada uno de los temas o de desórdenes que he apuntado hay grandes negocios y mucho dinero circulante. Claro que los que ganan dinero son los organizadores o los explotadores, pero no nos hagamos los puros porque los que vamos, los viajeros, somos nosotros.

Y, en el colmo del cinismo, un planeta con cientos de naciones regidas por sus respectivos gobiernos, miles de asociaciones y organismos supuestamente responsables de protegernos, aceptan la mascarada de convertir a una niña sueca en el adalid de la protección del planeta. La he visto reñir a los gobernantes en Naciones Unidas y entrevistarse con altos mandatarios, Ayer mismo con el presidente de Canadá. No se quien está realmente detrás de la niña y, francamente, prefiero no saberlo.

¡Gobiernen, por favor, y tomen medidas reales, aunque les cuesten votos y jefaturas de gobierno!, y no se hagan los dignos ni nos tomen el pelo con mascaradas como esta. ¿Es la niña la solución o el triste divertimento? Aparte de grandes audiencias de televisión, otro de los negocios de los tiempos modernos ¿sirvió de algo la muy lamentable imagen del niño migrante ahogado en una playa? Puras imágenes icónicas que se utilizan para “hacerse los buenos” y ganar tiempo. O perderlo sin tomar decisiones

Desconozco cuál  es el peligro real del aumento de la temperatura y si tiene solución, pero sí que conozco la causa real de la contaminación: Los ineptos timoratos y egoístas que nos gobiernan en todo el mundo. Y, no eludamos responsabilidades, cada uno de nosotros, que jugamos a salvar el planeta y no queremos renunciar a las “ventajas” de la nueva civilización. Esta civilización depredadora y “fagocitadora” que acabará con nosotros.

Votos para hoy, o riqueza personal en forma de negocios sucios, destrucción para mañana.

La verdadera historia de Ramón Berenguer IV y del inexistente reino de Aragón y Cataluña.

Estaba releyendo el  libro “El Tractat D’Almizra”, en el que se describe el acuerdo sellado en el Camp de Mirra el 26 de marzo de 1244 entre la Corona de Aragón y la Corona de Castilla que fijó los límites del Reino de Valencia, y en el que se cita en varias ocasiones a Ramón Berenguer IV como el “Príncipe de Aragón”, cosa que es cierta, pero que puede crear cierta confusión porque parece abundar en la teoría de los “historiadores” catalanes que defiende la existencia del reino de Aragón y Cataluña.

Por cierto: estos acuerdos se firmaban para repartir las futuras conquistas de cada uno de los negociadores. No era un reparto de tierras, era un pacto sobre qué tierras podía conquistar cada uno.

La verdad histórica sobre el supuesto reino de Aragón y Cataluña es la siguiente:

Alfonso I de Aragón, “el Batallador”, Rey de Aragón y de Navarra, había legado todos sus reinos a las Órdenes Militares (Templarios, Los Caballeros de San Juan, y los del Santo Sepulcro), cosa que no aceptaron los nobles de Aragón que vieron perjudicados sus intereses y se conjuraron en Huesca para nombrar Rey al hermano de Alfonso, Ramiro.

Ramiro, de vocación religiosa, era obispo de Roda-Barbastro, y es allí donde recibió la noticia de la muerte de su hermano, y la notificación de que era el nuevo Rey. El que pasó a la historia como Ramiro II “el Monje”.

Hubieron algunos movimientos en Navarra para nombrar otro heredero, y el mismo Ramiro intentó una solución via Navarra que no fructificó, pero esa es otra historia.

Y tampoco viene a cuento, aunque es una historia ilustrativa de cómo era la sociedad de aquellos tiempos, el cómo resolvió una rebelión de parte los nobles, que le amenazaron tan gravemente que tuvo que huir refugiándose en el monasterio de Besalú.

Ramiro, aconsejado por un antiguo abad, regresó a Huesca anunciando a los nobles rebeldes que iba a construir una campana tan grande que “se escucharía en todo el reino”.

Los rebeldes quisieron reírse del Rey y posiblemente acabar definitivamente con su vida, y acudieron a la invitación de ver la famosa campana. Pero conforme entraron en la estancia por una puerta estrecha, yo la he visto personalmente, les fueron degollando uno a uno mientras el Rey decía, más o menos, que “esta campana sí que se escuchará en todo el reino”

El caso es que el resto de la nobleza se aterrorizó y Ramiro se consolidó como Rey de Aragón. Esa fue la solución de un rey-monje, que se supone era mucho mejor y más caritativo que el resto de sus coetáneos.

Un Rey sin vocación de serlo, pero consciente de sus responsabilidades, una de las cuales era proporcionar descendencia, para lo cual se casó con Inés de Poitou, una viuda con dos hijos, que fue escogida por su evidente fertilidad. Es de suponer que para ello tuvo que pedir licencia al Papa, pero lo cierto es que la historia no tiene constancia de que fue de Inés una vez que alumbró a Petronila, la única hija de Ramiro II.

Pero Ramiro quería volver a su vida monacal sin desamparar a la corona, por lo que buscó una solución original.

Observó a los jóvenes gobernantes de la época, y decidió que Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, era la persona ideal para sus propósitos, por lo que después de varias entrevistas y negociaciones, le propuso matrimonio con su hija Petronila, que entonces solo tenía un año de edad, bajo las siguientes capitulaciones:

Ramiro II continuaba siendo el Rey, pero apartado de la política y de sus funciones, que delegaba en Ramón Berenguer, aunque la línea dinástica se mantenía en Petronila, a no ser que falleciera antes que su marido sin hijos y también hubiera muerto Ramiro, en cuyo caso Ramón Berenguer sería Rey de Aragón con todos los poderes y prerrogativas de una herencia legítima.

Fue lo que se conocía como “casamiento en casa”, una peculiaridad del derecho de Aragón, según el cual el esposo aceptaba que fuera el suegro el señor de la casa, y al que se sometía desde el momento que se casaba con su hija. Y que sería ella la que transmitiría el patrimonio familiar.

Lo cierto que tal matrimonió fue un acierto, que Ramiro pudo dedicarse a la religión y que Ramón Berenguer fue un “rey delegado”  que ejerció su responsabilidad con mucha solvencia.

Y que fue su hijo Alfonso II quien heredó el reino de Aragón, pero porque era hijo de Petronila. Alfonso II, el hijo de ambos, ejerció como Rey de Aragón y Conde de Barcelona porque este segundo título lo heredó de su padre.

La conclusión es que nunca existió un reino de Aragón y Cataluña, aunque es cierto, como ya he dicho, que Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, participó muy activamente y con acierto en el reinado de Ramiro II siendo esposo de Petronila.

Y que sí que hubo un Rey, Alfonso II, que lo fue de Aragón y Conde de Barcelona, como también Marqués de Provenza.

Y esa, por lo que conozco, es la verdadera historia de Ramón Berenguer IV y el Reino de Aragón.

Y que no es necesario inventar falsas grandezas de Cataluña. Ramón Berenguer fue un catalán ilustre, un excelente legislador, que influyó de forma notable en la historia de su época.

Y que el título de “Príncipe de Aragón” fue una manera de definir a quien no era Rey, porque lo era Ramiro II, ni tampoco Rey consorte.

La ética y la estética de la destitución de Marcelino.

Yo soy muy aficionado al futbol, insisto “al futbol”, accionista del Valencia y con abono durante muchos años, que dejé de ir al campo cuando Paco Roig empezó a mezclar la velocidad con el tocino y quiso seguir el ejemplo del Barcelona con el eslogan de “fem valencianisme”.

Como siempre he sido partidario de diferenciar las cosas y enemigo acérrimo de que manipulen, pensé que me quedaba con el futbol, que he seguido a otros niveles y desde otros escenarios, y decidí dejar a Paco Roig con sus sueños de grandeza que nunca prosperaron.

Ahora el Valencia es propiedad privada  de un señor, Peter Lim,  que vive en la lejanía y que, seguramente, no ha entendido que siendo el futbol, como es, un negocio y teniendo como tiene el derecho de hacer lo que quiera con y en su propiedad, el soporte de su “negocio”, el “fondo de comercio” del club,  es una clientela muy atípica. Lo componen los seguidores de un equipo con mucha historia, y es bien sabido que el único vínculo que une a la propiedad y a sus clientes es la pasión y el orgullo.

Socios y seguidores que están siendo muy castigado por las últimas maniobras alrededor del entrenador y de Mateu Alemany, con el que formaba un gran equipo. Equipo que ha resultado muy molesto para el gran “hacedor-deshacedor” Jorge Mendes, el gran muñidor, junto con su socio Peter Lim, del negocio de los fichajes de futbolistas.

Y Marcelino, que tiene como virtud el amor a su profesión, su conocimiento del futbol y el buen manejo de las plantillas, tiene como defectos su tozudez y un amor propio tan impropio, valga la redundancia, en un mundo donde los entrenadores aguatan lo que no está escrito para mantenerse en el puesto.

Estoy seguro de que la plantilla está muy en contra de esta decisión, pero no tienen más remedio que acatarla y obedecer a un técnico sin ninguna experiencia y que, seguramente, será sumiso, sumiso, sumiso a “los de arriba” y que no cuestionará en absoluto los fichajes, aunque sean a coste desproporcionado y destinados a ser carne de banquillo. Que tenemos algunos ejemplos.

También lo estoy  de que surgirá la indignación popular de la afición, incluida las de los socios/simpatizantes de mundo empresarial, que no tienen derecho a abrir la boca porque ¿dónde estaba el capital valenciano cuando el Valencia se puso en venta? Mucho te quiero, perrito, pero pan “poquico”, diría mi abuela.

Y ¿que se puede hacer?: nada excepto aguantarse y esperar que los hados del futbol hagan el milagro de convertir el agua en vino y el Valencia resurja de sus cenizas, “resurget ex favilla”, y escale puestos en la tabla de clasificación hasta conseguir una plaza para Europa.

Si yo fuera socio mostraría mi disgusto no acudiendo al próximo partido. ¡qué espectáculo sería ver las gradas vacías y que “lección aprendida” para el tal Petel Lin que nos vino de tierras lejanas! Pero eso, naturalmente, no ocurrirá.

“Lacrimosa die illa”

El gran dilema de cómo ayudar a los migrantes por el Mediterráneo

Ninguna duda de que todo ser humano es igual a otro ser humano, y que los desfavorecidos del mundo tienen todo el derecho a intentar mejorar su calidad de vida para ellos y para sus familias.

Pero tampoco la hay en que todo esto está muy sobrado de populismo y muy falto de racionalidad y orden, porque el mayor enemigo de la verdadera integración es y será al “buenismo” insensato.

Y entre el “no pasarán” de muchos menos de los que parece pese a los ruidos mediáticos, y la política de puertas abiertas de otros, muchos menos de los que parece pese a los ruidos mediáticos, hay toda una gama de posibilidades, todas ellas difíciles,  algunas muy difíciles y, las menos, imposibles.

 Y lo primero es diferenciar las migraciones que se generan por  guerras o persecuciones, y las que se originan  por razones económicas.

Las primeras casi no tienen de que discutir: los que huyen de países en guerra o situaciones de gran peligro físico deben acogerse porque, si es cierto, los acogidos son los más interesados en retornar a sus países cuando la situación se lo permita, entre otras cosas porque es allí donde tienen sus raíces y sus pertenencias. Y a nadie se le puede negar ayuda cuando su vida corre peligro.

El problema está en “que hacer” con las personas que huyen de sus países buscando una mejora de su situación. Mejora e incluso supervivencia.

Hay quién dice que también estos están amenazados de muerte por inanición, pero solo es demagogia que, en lugar de ayudar, complican más la situación porque, por extensión, toda calamidad o miseria amenaza de muerte a los que las sufren.

No invento nada nuevo si digo que las mejores medidas serían actuaciones en origen, tanto favoreciendo la contratación en los países de mayor emigración, como ayudando a crear puestos de trabajo en estos mismos países fundando empresas privadas o mixtas. Pero el mayor obstáculo, casi infranqueable en muchos casos, es que se trata de estados fallidos o casi fallidos, donde no hay una autoridad reconocible, o con tal nivel de corrupción en los gobernantes más consolidados que imposibilita esta última opción.

Porque muchos de ellos no quieren ayudas en forma de industrias, quieren dinero para ser ellos los que emprendan las acciones necesarias que, casi siempre, son quedarse con las ayudas, por lo que esta opción solo sería viable en países como Marruecos, Argelia, y otros de perfil similar, donde también se pierde dinero por el camino, pero no tanto.

Otra actuación en origen sería informar a los habitante de la realidad europea y de lo que les está ocurriendo a la mayoría de sus compatriotas que han llegado a la supuesta tierra prometida, pero eso tampoco interesa a sus gobiernos que, en la mayoría de los casos, prefieren perder población y evitarse así problemas.

Pero como todo esto es muy complicado, continúan llegando pateras con sudafricanos, de los cuales un porcentaje importante, aunque solo fuera el 0,01%, se ahogan en el Mediterráneo.

Y aquí es donde está el meollo de la cuestión y donde todos, yo el primero, tenemos las mayores dudas.

Porque las redes nos hacen aparecer como asesinos declarados, pero todos sabemos que España, Italia, y todos los países ribereños están acogiendo sin problemas a los que llegan a sus costas o a los que ven en peligro en sus aguas jurisdiccionales.

Otra cosa es lo que hagan después con ellos, que es otra cuestión y también muy importante, pero es incuestionable que todos los días vemos en los telediarios lanchas de la Guardia Civil o de la Cruz Roja desembarcando gente de pateras en los puertos del sur. En España centenares cada día.

Pero muchos países, Italia especialmente, se niegan a que barcos de rescate, como el Open Arms, traigan a migrantes desde las aguas de Trípoli para desembarcarlos en sus puertos. Dicen, con cierta lógica, que con estas operaciones están favoreciendo el tráfico de seres humanos y enriqueciendo a las mafias.

Porque lanzar lanchas neumáticas repletas de migrantes para cubrir una distancia de pocas millas, es más barato que fletar barcos nodriza que las acerquen a las costas de España o de Italia.

Y así mejoran su negocio. En primer lugar porque el mensaje que lanzan a los subsaharianos es de “ahora es más fácil” porque os esperan cerca de la costa, lo que engorda el número de sus “clientes”, y en segundo porque los que vienen desde Libia paga, y pagan cantidades muy importantes, miles de euros, por la travesía.

Son por tanto los menos pobres de los desfavorecidos. No son los que tienen que buscarse la vida en las vallas de Melilla o tratando de cruzar por su cuenta el Estrecho de Gibraltar en balsas hinchables como las que usan nuestros hijos o nuestros nietos para jugar en la playa.

Y es ahí, del grupo de los “menos pobres entre los pobres”, de donde salen las grandes cifras de los fallecidos.

Y de ahí mi duda. ¿Debemos apoyar a los barcos rescatadores, o estamos complicando más una situación ya de por sí muy compleja?

Yo sigo con interés lo que está ocurriendo y, entre otras herramientas, localizo continuamente la posición real del Open Arms y del Ocean Viking por internet. El primero está ahora entre Lampedusa, Italia, y la isla de Malta. Más cerca de Lampedusa.

Y tengo clara, muy clara, la labor de Médico sin Fronteras en África, y colaboro con ellos,  que la que están haciendo en un barco rescatador como el Ocean Viking. Francamente no lo entiendo, y no es por falta de solidaridad, sino porque creo que muchas veces el remedio es peor que la enfermedad,

¿Están favoreciendo, o complicando más la situación? ¿Están salvando vidas o, por muchos que rescaten, se generan más muertes porque el tanto por ciento de los que emprenden la aventura ha aumentado por la información que reciben de los traficantes?

Y son temas demasiado serios para que vengan los solucionadores populistas de siempre a ponerme a caldo.

A los que, sin querer establecer comparaciones, y por reducción al absurdo. ¿Qué ocurriría si todos los españoles nos levantáramos con la intención de irnos a vivir a Álava?

Tendríamos derecho,  pero sería una situación indeseable, peligrosa, utópica y fuera de toda lógica. Aunque la razón fuera  que en el resto de provincias se hubiera declarado una sequía similar a la de las plagas de Egipto. Como ocurrió en la pos guerra con muchos habitantes del campo que migraron a las grandes ciudades creando infinidad de problemas y miserias humanas,  y dando origen al chabolismo actual.

Razonemos  y ayudemos a encontrar soluciones, que por pura lógica deben de partir de nuestra muy timorata e indecisa Unión Europea, que es la que debe encontrar el equilibrio entre acoger y regular.

Y dejémonos de soluciones fáciles y frases grandilocuentes, que ser un gran líder en las redes es la cosa más fácil y más barata del mundo.

Y aparquemos las tan cacareadas posturas “progresistas” que lo mismo sirven para recibir al Aquarius a bombo y platillo que para negar la acogida de los embarcados en el Open Arms.

Casi siempre acabo mis notas con una opinión clara que no daré en esta ocasión, porque ni tengo toda la información, ni  tengo todas las claves.

De lo único que estoy seguro es que así no podemos seguir.

Y, como he dicho antes, cosa diferente de la que no quiero hablar ahora, es lo que debemos hacer con los que ya han llegado a Europa, en general, y a España en particular.

La ética social y los comportamientos grupales.

Ayer estaba recordando otros tiempos, cuando yo tenía la responsabilidad de dirigir a un grupo importante de empleados para conseguir determinados objetivos, tarea que compaginé con darles formación en relaciones interpersonales, puesto que su trabajo consistía en reparar equipos en los domicilios de los clientes, y en algunas otras áreas de sus competencias.

No se trata de hacer alardes de mi vida profesional como dirigente de una multinacional, tarea que cumplí con un éxito razonable, como tantos otros, muchos de los cuales fueron mis referentes y de los que aprendí tantas cosas, sino comentar que cuando empecé a actuar como “jefe” decidí conseguir formación e información sobre estilos de dirección, porque necesitaba saber más sobre cómo actuar en mis nuevas obligaciones.

Porque, claro, aquí nadie nace aprendido. Yo recibí formación y apoyo de la dirección de la empresa, pero traté de localizar literatura sobre “comportamientos grupales”, y entre lo leído y lo aprendido de mis fracasos o mis errores, también de algunos éxitos, llegué a un punto en el que confirmé que ese camino era un buen camino, porque me permitía compaginar la obtención de resultados con una adecuada motivación de los empleados.

Y así llegamos a formar un equipo en el que cada uno tenía su rol, pero en el que todos interactuábamos focalizando esfuerzos y estrategias  en un objetivo común.

Y ese momento llegó cuando todos aprendimos a no jugar con cartas marcadas, a trasmitir la información, la buena y la mala, con toda transparencia y sin letra pequeña.

Como he dicho, no es que fuera el único con ese estilo de dirección en mi empresa, pero en lo que a mí concierne, la practicaba si reservas. Las dos claves que facilitaron mi labor fueron manejar adecuadamente los comportamientos grupales, a nivel personal, y el soporte de la Calidad Total como marco de la gestión profesional de todo el equipo.

Por cierto y como anécdota. Hablando de obtener información, en los años 60/70, cuando en España gobernaba la dictadura, era casi imposible encontrar literatura al respecto porque en aquellos tiempos parte de la cúpula política entendía que controlar y armonizar los comportamientos grupales equivalían a facilitar riesgos de sedición o de movimientos revolucionarios.

Pero como siempre hay un cosido para cada roto, yo descubrí una librería, Isadora, en la que, junto  a los libros “legales” se  podía conseguir algunos en “B”. La librería estaba en la plazoleta que hay al final de la calle San Martín, la que tiene el busto de Luis Vives, y los propietarios, una pareja de jóvenes, corrían un doble riesgo porque, además de vender libros clandestinos, parecían ser homosexuales, cosa que en aquellos tiempos suponía una temeridad social evidente.

Tanto es así que, perdónenme los titulares de la noticia si estaba en un error, que siempre pensé que la policía secreta, la misma que tenía informadores de barrio, sabía quién compraba y que compraba, cosa que nunca me preocupó porque mis adquisiciones, por muy prohibidas que estuvieran, eran totalmente inofensivas para el régimen.

Y hablado de grupos y sus comportamientos, en la página web de C. Organizacional IBQ, en la Unidad 4, titulada “Comportamiento Grupal”, se dan algunas definiciones como estas:

John W. Santrock, Hilda L. González y Ma. De Lourdes Francke en su libro “Introducción a la Psicología” (Psicología Industrial), nos dice: “Un grupo se define como el conjunto de dos o más personas interdependientes e interactuantes que buscan una meta u objetivo en común”.

 El Dr. Eduardo Soto en su libro “Comportamiento Organizacional”, define un “grupo como el conjunto de personas unidas con un objetivo, finalidad o meta común”. 

Huse y Bowditch: En la terminología de los sistemas, lo definen como un “conjunto de sistemas de comportamiento mutuamente interdependientes que no sólo se afectan entre sí, sino que responden también a influencias exteriores”.

Así también hay definiciones como las de: Stephen P. Robbins en su libro “Comportamiento Organizacional” define grupo “como el conjunto de dos o más individuos que se relacionan y son interdependientes y que se reunieron para conseguir objetivos específicos”.

 John M. Ivancevich y Michael T. Matteson (“Organizational Behavior and Management”, Burr Ridge, III, 1993, p.286). Nos menciona que una definición general señala que los miembros de un grupo en una organización:

1. Están motivados para trabajar juntos,

2. Perciben al grupo como una unidad de personas que interactúan entre sí,

3. Contribuyen en distinta medida a los procesos grupales, lo cual significa que algunas personas aportan más tiempo y energía que otras, y

4. Asumen distintas formas de interacción que las llevan a tener coincidencias y desacuerdos.

Definición que, por cierto, me parece la más acertada.

Ni que decir tiene lo que disfruté con algunas lecturas relacionadas con este tema y lo que me ayudaron en mi vida profesional. Y como es inevitable en casi todos los casos, estos comportamientos, buscar objetivos comunes incluso en los grupos más dispares, y el uso adecuado de la calidad total como marco de actuación en los procesos, de trabajo y personales, pasaron a formar parte de mi personalidad y marcaron el entorno de mis relaciones personales con mis amigos o mis interlocutores.

Lo que me ha causado más de un problema, pero me resulta inevitable y gratificante.

Y todo esto viene a cuento de la frustración que me supone ver como han cambiado los roles sociales a una búsqueda de las diferencias, a la falte de colaboración grupal, y un desprecio por trabajar por la convivencia, suponiendo que, como ocurre con el bienestar y tantas otras cosas, que  “nos viene dado”.

Cuando deberíamos  saber que la amistad real, la convivencia y la búsqueda de proyectos comunes, solo puede triunfar como fruto de mucho esfuerzo por comprender, mucha paciencia, mucha tolerancia, y mucho distinguir argumentos y personas, de forma que nunca superemos esa línea roja que debe separar las confrontación de ideas de los ataques personales.

Ese espacio de muy difícil retorno que en la terminología de las relaciones interpersonales se define como entraren una “espiral de violencia”.

La falta de valores y de coherencia en nuestras comunidades es, y será, una de mis mayores decepciones personales. El bienestar, el “ser más que el que más” y el bombardeo en los medios de comunicación de un marketing pernicioso que nos invita a ser egoístas, a tratarnos los unos a los otros como enemigos potenciales o como objetos de placer.

Y todo esto, junto al uso inadecuado de la tecnología, nos hace volver al sexismo, a discriminar a los diferentes, a actuar con comportamientos excluyentes, o a seguir, si no a encabezar, pancartas contra los corrutos cuando acaban de pagar una factura en “B”, sin IVA.

Pero ¡qué le vamos a hacer! Espero no rendirme y seguir como hasta ahora. No va a servir de nada, pero dormiré un poco más tranquilo.

Los asesores de campaña en general, e Iván Redondo en particular.

Teniendo como tienen tanta fuerza los asesores de imagen y más específicamente los asesores de campañas electorales, me formulo una pregunta:

¿Podría un asesor, depositario de tantos conocimientos, presentarse como candidato y ganar unas elecciones?

Creo que no. Es cierto que en la Europa actual hay o ha habido mandatarios atípicos que vienen del mundo de los negocios, y también del histrionismo y de la farándula, pero no conozco a ninguno que venga del gremio de los asesores.

Un asesor es otra cosa. Analiza situaciones, prepara ambientes conoce técnicas y estrategias, y entrena a su pupilo a mostrar su mejor imagen, a conocer dónde están los charcos para no pisarlos, y a identificar cualquier elevación del terreno, por pequeña que sea, para que pueda subirse a ella y parecer ser más importante de lo que realmente es.

Pero un asesor no tiene porqué ser experto en gestión. Si tienes un cargo importante en una multinacional, le puedes contratar para que te ayude a ser director de la empresa, y posiblemente lo conseguirá. Pero los roles están muy definidos. Tú no sabes cómo llegar a la dirección, pero sabrías dirigir la empresa. Él sabe cómo ayudarte a conseguir el puesto, pero no sabría dirigirla.

Las cosas son como son. Yo he seguido a Iván Redondo cuando ha sido llamado por algunas televisiones para que hiciera análisis de situaciones políticas y predijera posibles alternativas, y siempre me ha convencido. Creo que es muy bueno en su trabajo.

Pero un asesor de campaña, Iván Redondo en este caso, no hace política ni confecciona programas de gobierno. Es una especie de manejador de guiñoles que prepara escenarios, viste a sus marionetas, estudia sus movimientos, programa las entradas y las salidas a escena, y hasta les da voz.

Y creo que Iván Redondo ha hecho maravillas con Pedro Sánchez, pero me da la impresión de que ha llegado hasta donde podía llegar con el personaje.

Se nota una buena mano desde que trabajan juntos. Ha potenciado su imagen física, que ya era buena, y corregido tics y vicios en su dicción o su lenguaje corporal. Le ha enseñado a enfatizar palabras dentro de las frases o frases dentro de un discurso.

Pero Iván no puede subir al estrado del congreso, por ejemplo, y hablar en nombre de su pupilo, ni apuntar las palabras al oído como hacen los “versaors” con el “cantaor” de nuestras maravillosas “albaes”.

La parte marioneta  de los personajes públicos no está sujeta por ningún hilo a sus asesores, y es ahí donde se ven los límites de cada uno.  Una  vez que salen al escenario están solos y sus palabras, sus reacciones, sus gestos, su lenguaje corporal, pueden ser imprevisibles.

Repito que Iván Redondo es un personaje que me ha intrigado porque me interesaba saber hasta dónde podía llegar con su pupilo. El otro día le vi con gesto concentrado, preocupado diría yo, en la tribuna de invitados del congreso, detrás de nuestro desconcertante Ximo Puig y, cuando terminó la sesión y las cámaras siguieron al presidente en funciones encaminarse  al coche oficial, era él el que iba junto a Pedro Sánchez en un segundo plano.

Porque el problema real, insalvable, de Iván Redondo, es que Pedro Sánchez no es un buen político, y como siempre se dijo, “lo que natura non da Salamanca non presta”.

Pedro Sánchez es un gran luchador, tiene una tenacidad a prueba de fuego y no se rinde nunca. Pero no es un buen político. Nunca lo ha sido. Ni tampoco es un buen parlamentario. Es un hombre capaz de decir una cosa y casi la contraria en la misma sesión y, lo que es más grave, no inspira confianza.

Pedro Sánchez no “enamora” como lo hizo Suarez, o Felipe González. Ni tampoco tiene la consistencia de Fraga o de Aznar.

La historia de Pedro Sánchez se puede escribir por sus desencuentros. Nunca se ha llevado bien con nadie porque no es un buen negociador, y porque no soporta críticas ni consejos. Quiere jugar al líder, y tiene muchas de sus cualidades, pero le faltan muchas otras entre las que están saber rodearse de personal “crítico” porque, en el fondo, no tiene la habilidad necesaria para resolver situaciones complicadas, ni  para vencer objeciones.

Desmontó el PSOE histórico para que no le hicieran sombra algunos varones del partido, especialmente los territoriales. Rompió todos los vínculos con el PP con su famoso “no es no”, cuando por mucho que hayan salvado las apariencias siempre han mantenido canales de comunicación eficaces,  y ha “trasteado” a Podemos en faenas de alivio que solo le salieron bien en la moción de censura pero que, a la larga, les ha hecho ver que el presidente en funciones no es de fiar.

La realidad es que en todas sus maniobras ha primado su beneficio personal, a costa de romper la trayectoria histórica de un partido centenario y su tradicional democracia interna. Hablo de un partido que siempre facilitó el aporte de ideas de sus “corrientes”, y que permitió disidencias internas tan importantes como la de Izquierda Democrática.

Y que una vez conseguida la Secretaría general del PSOE, se ha impuesto en el partido por pura autoridad y por el temor de muchos de “no salir” en la foto si se movían. Y ese escenario de disciplina y temor  es el que ha primado a la hora de decidir sus ejecutivas o sus consejos de ministros. Pocas voces autorizadas, muchos “siseñores”.

Pedro Sánchez es un gran superviviente, el mayor que he conocido, pero no es un buen político. Y, como decía, eso no se lo puede enseñar Iván Redondo.

Y se ha evidenciado muy claramente en la moción de censura, en la que utilizó a Podemos, porque ni tuvo intención de permitirles entrar en el gobierno, ni supo encontrar alternativas que les resultaran convenientes.

El señor del “no es no” ha tratado de convencer al PP y a Ciudadanos de que tenían la obligación de abstenerse en la investidura sin ofrecer absolutamente nada a cambio, y con los únicos argumentos de que era “el partido más votado”, que era “el propuesto por el Rey”, o que tenían la obligación de hacerlo si no querían que el gobierno “cayera en manos” de los separatistas o los herederos de los terroristas.

Argumentos pueriles que no vale la pena analizar por su absoluta inconsistencia. Ser político, negociar, no es lanzar frases de cabecilla de patio de colegio, sino buscar lugares comunes, aunque sean pocos, y alcanzar consensos de mínimos,  pero ni lo ha intentado. O no le sale, o simplemente no sabe.

Seguro que Iván Redondo ya se ha convencido de que Pedro Sánchez ha llegado a su techo y no tengo idea de lo que piensa hacer. Puede que esté sopesando una retirada estratégica en el convencimiento de que el proyecto no tiene futuro. Si no consigue la investidura porque no la consigue. Si la consigue porque no podrá gobernar, y si vamos a nuevas elecciones porque nunca conseguirán mayoría absoluta y será una vuelta a empezar en la que no solo la imagen del líder, también la de sus asesores, saldría muy perjudicada.

Y él no puede permitirse el lujo de asociar su trayectoria ala de Pedro Sánchez. Es un profesional que también ha trabajado para algún líder del PP y que, quien sabe, mañana puede estar asesorando a Macron en Francia o a Izquierda Republicana de Cataluña, por poner casos extremos.

Estamos terminando el mes de julio y no tengo varita mágica, aunque me aventuraría a aventurar un cambio en las prioridades del buen asesor.

Aunque también puedo equivocarme, porque cada vez entiendo menos a la sociedad actual y a las personas que la componemos.