Ególatras históricos: Alejandro Magno, Napoleón, Hitler, Putin…

Putin ha seguido la hoja de ruta que había planeado hace años invadiendo Ucrania. Seguramente apurando el calendario porque el plan inicial, una vez absorbida Crimea, parecía ser anexionar las regiones del este por el procedimiento habitual de los malditos dictadores que quieren parecer libertadores: Convencer a una parte de la población de las maravillas de la patria rusa, completar la población con rusos reales, hacer la vida imposible a los ucranianos desafectos de Rusia para que se vayan o se resignen a ser ciudadanos de segunda, provocar que estas regiones pidan la independencia, reconocerla y apoyarlos miliarmente para proteger a “los pobres rusos” y pro rusos de esos lugares de la maldad de sus opresores ucranianos. De manual.

Pero esta vez ha dado un salto cualitativo y parece que, además de las regiones del este, tiene prisa por ocupar las del sur, incluida la ciudad de Odesa y su puerto, con lo que deja a Ucrania sin costa en el Mar Negro y, como consecuencia, cercada por todos los flancos y estrangulada en sus vías de salida al resto del mundo.

Espero que Estados Unidos y Europa sean tan contundentes como dice que serán y consigan con sanciones económicas y otras medidas, dejar a Rusia fuera de las finanzas y los mercados del resto del mundo. Incluido, si es posible, cortar cualquier posibilidad de acceder a las redes de internet del mundo libre para evitar pirateos, bloqueos y ataques de cualquier tipo.

Y lo lamentable es que no hay absolutamente ninguna razón que justifique semejante despropósito, invadir terceros países y causando muerte y destrucción, que no sea la egolatría de un enfermo de vanidad, Putin, que engrosa la lista de los otros grandes ególatras de la historia mundial, como Alejandro Magno, Napoleón o Hitler, pongo por caso.

Y, curiosamente, los cuatro han sido, como Putin, bajos de estatura, tan cortos de estatura como gigantes en vanidad. Y no es que ser bajo de estatura sea una deshonra, pero no deja de ser una curiosidad

Porque no eran, como no lo es Putin, los líderes de países amenazados por el hambre que necesitaban invadir para subsistir. Tampoco ninguno de ellos lo hizo porque el pueblo les empujara a hacerlo.

Todos han sido, como lo es Putin, enfermos de soberbia y con delirios de grandeza sin límites ni control. Verdaderos monstruos versados y tratados como grandes hombres por gente indigna de versar ni de glosar, que solo ven la punta deslumbrante de un enorme iceberg de muerte y destrucción. Muerte y destrucción inútil y despiadada.

Lo pienso ahora y lo pensé cuando vi el enorme esplendor de la tumba de Napoleón en la Iglesia de los Inválidos, en el Museo del Ejército de París. Restos colocados en seis féretros, uno dentro de otro, siendo los dos últimos de ébano y de porfirio rojo el exterior, el último visible.

Un hombre que, según la historia escrita por franceses, personifico la “grandeur” de Francia. Grandeza sustentada por cadáveres, como la de sus compañeros Alejandro Magno o Hitler y como será la de Putin si el tiempo y los rusos, que son los primeros que sufrirán las consecuencias, bien luchando y muriendo por una guerra absurda e injustificada, bien empobrecidos, faltos de productos del cada día y aislados de ese otro mundo que tanto gustan de visitar.

Y nosotros, ¿Cómo podemos ayudar al hundimiento de Putin? Apoyando las decisiones del gobierno dentro del marco de la Unión Europeo y de la OTAN y aguantando las consecuencias de las sanciones económicas que impondrán a Rusia sin quejarnos. Nos quejemos o no son inevitables, pero está claro que lo que a nosotros nos supondrá un aumento importante en el coste de materias primas, a ellos, a los rusos de a pie, les supondrá perder mucho más.  Que no deja de ser una forma de que vean que esos lujos del Klemlin, ese pasear ufano de su líder con pie de barro, tiene consecuencias.

Hay algo evidente: Rusia tiene un gran ejército, pero carece de los recursos económicos necesarios para soportar un conflicto armado por mucho tiempo. Y a China, aunque parezca aliada de Rusia, tampoco le interesa el conflicto si pasa de ser otra “Chechenia” a un enfrentamiento con el resto del mundo, por lo que puede ser un moderador conveniente o, simplemente, les abandonará a su suerte.

¿Díaz Ayuso en VOX?

A la vista de la dimensión de la brecha abierta en el PP, alguien ha planteado la posibilidad de que Díaz Ayuso se pasara a VOX.

Pues no creo que lo haga porque de lideresa indiscutible en un partido de gobierno, pasaría a ser una simple tránsfuga, demostrando que, como dicen que dijo Groucho Marx, “estos son mis principios y si no le gustan tengo otros”. Aunque en este caso más bien sería  “estos son mis principios y si no me interesa mantenerlos, tengo otros”.

Tránsfuga de partido como otros, tipo Gil Lázaro, que después de toda una vida de juramentos y adhesiones al PP, la primera vez que no le metieron en listas ni le dieron puestos de prestigio, vio la luz y se dio cuenta de que ese no era el partido de su vida. Mejor en VOX, donde está muy bien colocado en una de las vicepresidencias del Congreso.

Porque ni siquiera tendría el pretexto de Abascal y de parte del PP vasco, que dejaron el PP porque entendían que los gobiernos de su partido habían sido muy tolerantes con los herederos de ETA y poco comprometidos con las víctimas. Aunque es cierto que hubo formas diferentes de gestionar la desilusión: los desengañados con el partido, siendo del partido, dejaron la política, como ocurrió con María San Gil y tantos otros, mientras que otros, más cabreados o con más ego, cómo Abascal, fundaron VOX u otras plataformas con menos éxito.

Pero Díaz Ayuso solo puede alegar que cambia de partido porque se ha sentido atacada o poco valorada, no porque su partido haya cambiado de ideología o de objetivos políticos, por lo que no creo que tome esa decisión por la pérdida de imagen que le supondría.

Sus dos opciones son dimitir y dejar la política, o solucionar, dialogando con los inquilinos de la calle Génova, este entuerto que tanto daño está haciendo a su partido de toda la vida, el que la apoyó y el que la hizo candidata al puesto que ocupa y a ella misma.

Pero, como estamos en España, prever lo que pueda decidir es pura ciencia ficción. Y ahí no llego.

Lo cierto y real es que los dos grandes partidos que tanto hicieron por la democracia y la modernización de España, PSOE y PP, están seriamente dañados y es urgente, muy urgente, su regeneración para que sean alternativas reales de gobierno. Solos, con apoyos, o con pactos de gobierno, pero alternativa creíble.

Castilla y León, la gran encrucijada

Hemos tenido elecciones en esta comunidad y los resultados plantean una situación realmente interesante. Muy interesante. Son elecciones autonómicas, pero no hay ninguna duda de su inevitable proyección nacional, como demuestra el hecho de que el sanchismo esté tan volcado en valorar los resultados como lo estuvo en defender su opción política durante la campaña.

Cosechando un gran fracaso, dicho sea de paso, por mucho que el gobierno y sus potentísimos medios de comunicación afines, traten de dirigir el foco donde no corresponde.

El que el PP no haya conseguido una mayoría suficiente para gobernar en solitario, pese a su modesto avance, ha convertido a VOX en un participante incómodo, pero muy a tener en cuenta, dando pie al gran debate, tan artificial como tantos otros, de si es bueno o no que se forme un gobierno PP-VOX

¿Bueno para quién? ¿Para VOX? ¿Para el PP? ¿Para el gobierno de Castilla y León? ¿Para los castellanoleoneses? ¿Para España? ¿Para el sanchismo?

Porque desde foros exteriores a la propia comunidad, partidos interesados únicamente por sus  votos en las nuevas elecciones en clave nacional, pretenden condicionar el futuro inmediato de la comunidad, sin considerar los daños o beneficios que cualquier opción puede causar a los propios castellanoleoneses .

Y me explico.

Si nos limitamos al entorno objeto de las elecciones, la Comunidad Castellano Leonesa, los ciudadanos han votado lo que han votado: el partido más votado ha sido el PP y la mayoría de los votos han sido, con una notable diferencia, para las opciones “de derecha”. Es decir, parece que es voluntad inequívoca de los votantes que sea ese bloque el que gobierne la Comunidad los próximos años.

Pero eso es lo que dicen los votantes, los que deberían ser los que deciden cual debe ser el próximo gobierno y otra muy diferente lo que opinan los dirigentes de los diversos partidos, que se han apresurado a etiquetar a todo y a todos con el tradicional lenguaje populista y con etiquetas falsas.

Porque, en primer lugar y por mucho que se diga, VOX es un partido homologado que nunca ha hecho nada en contra de la Constitución ni contra las libertades. Ha manifestado ideas, eso sí, con muchas de las cuales estoy en completo desacuerdo, como su opinión sobre la Unión Europea, sobre la inmigración, sobre la España autonómica y alguna que otra de igual o menor calado, pero hacer, lo que se dice hacer, no ha hecho nada, en contra de lo que ha sucedido con algunos de los partidos que apoyan al gobierno actual, principal escandalizado por lo “que puede pasar”, acusados de sedición o de ser los herederos políticos de ETA.

Gobierno que, repito, se rasga las vestiduras y tilda de enorme catástrofe la posibilidad de que se forme un gobierno con el PP y VOX.

En segundo lugar, porque estamos hablando de una autonomía, no del gobierno de la nación, desde la que no se pueden dictar normas ni promulgar leyes que contradigan las del Estado. En una autonomía se gestiona y se regula, pero no se cambian ni recortan leyes estatales. Y puede ser bueno que VOX deje de torear desde la barrera y participe en conseguir el pan, la sanidad y tantas otras cosas del cada día para los castellanoleoneses, desde puestos de responsabilidad en lugar de pasarse el día diciendo “lo que harían” si pudieran.

Y en tercer lugar porque parece que los votantes, los únicos importantes en esta farsa, aunque parezcan el último mono, así lo han decidido. Con el agravante, o mejor el atenuante, de que, según los expertos, muchos de ellos han cambiado sus votos directamente desde Ciudadanos a VOX, lo que demuestra que no buscan tanto un determinado ideario, sino reforzar la idea de que sea un bloque conservador el que gestione su autonomía.

Porque, además, han barrido literalmente a Ciudadanos y a Podemos, entendiendo que solo son rémoras interesadas que no aportan nada al futuro de la comunidad.

Así pues, Señor Mañueco, haga lo que cree que debe hacer para garantizar una mejor gobernabilidad de su autonomía,  sin escuchar cantos de sirena ni las voces de los agoreros interesados. Ni siquiera si los cantos le llegan desde la calle Génova. No digo que vayan contra su partido, pero sí que negocien lo mejor para la autonomía.

Yo preferiría un gobierno PP-PSOE, otra posible mayoría mucho menos arriesgada, pero me temo que esa opción no entra en los planes inmediatos de Pedro Sánchez.

Y, muy especialmente, sin provocar una repetición de las elecciones que no harían más que empeorar la situación actual.

No a la guerra o la locura de Putin.

Supongo que los profesionales del “no a la guerra” se han quedado mudos porque no hay forma humana de hacer creer que la posible defensa de un pueblo invadido es una guerra contra el agresor. Aunque hemos visto y oído cosas más incomprensibles.

Lo que no tiene sentido, ninguno, es la actitud absurda de un dictador empeñado en resucitar a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, llamándola la gran Rusia, aunque una cosa no tenga nada que ver con la otra ni en composición geográfica ni en estructura política,

Una URSS que se construyó atrayendo a unas naciones con futuros de grandeza o invadiendo a otras que no querían unirse, recordemos Hungría y tantas otras, exactamente igual que quiere hacer ahora con Ucrania. O quizás peor, porque Putin no habla de alianzas, sino de integración de la nación como una región más de la Rusia actual.

Repitiendo, casi paso por paso, lo que hizo en su día Hitler con sus locuras de la Gran Alemania y de la primacía de la raza aria sobre todas las demás. Putin no ha llegado todavía a ese punto, pero lleva camino de hacerlo.

Sacrificando a una nación que todavía está lejos de llegar a niveles de prosperidad deseables, no digamos de derechos y libertades de sus ciudadanos, dedicando muchos recursos, eso sí, para seguir siendo una potencia mundial en armamento y capacidad militar.

Pero hoy, en pleno siglo XXI y estando el mundo como está en avances y globalizaciones, no puedo por menos que preguntarme ¿quién es el enemigo actual de Rusia? ¿Quién puede tener la tentación de atacarles o invadirles? ¿Europa? ¿Estados Unidos?

He dicho en otras ocasiones que Rusia es de hecho una nación europea, aunque tenga parte de su territorio en Asia y que es en este continente en donde tiene que establecerse buscando un encaje apropiado y justo. Rusia no puede formar parte de la Unión Europea, claro que no, pero si que puede establecerse un estatus de relaciones comerciales y sociales similares a las de otras naciones del continente o del resto del mundo.

Porque lo que no son, de ninguna manera, es un enemigo militar. Pueden ser un competidor comercial, pero también un suministrador de materias primas y productos básicos que vendrían muy bien a nuestras naciones. Lo que nunca ocurrirá mientras existan personajes endiosados como Putin, que encarcela o elimina a sus adversarios políticos y que necesita inventarse enemigos externos para justificar sus desmanes armamentísticos, como hacen los otros tiranos disfrazados de demócratas en el continente americano y en otras regiones del planeta.

Yo he estado en Rusia en dos ocasiones y, aunque desconozco la forma de pensar de los rusos actuales por razones de idioma, he visto gente como la que hay en otros muchos rincones de nuestra Europa conocida. Gente acogedora que va y viene a sus tareas, con un aspecto más boyante en las grandes ciudades, mucho más atrasados socialmente en los pueblos del cauce del Volga. Gente acogedora a la que de ninguna manera deseo invadir y que no tienen pinta de querer invadirme. De venderme sus productos sí y de presumir de su pasado y de su cultura también. Exactamente como hacemos nosotros.

Gente que lleva en sus genes parte de los grandes escritores que me hicieron felices a lo largo de mi vida o de esos grandes músicos que me emocionan cada vez que los vuelvo a escuchar, incluso más, porque descubro nuevos matices en sus melodías. Un regusto especial.

Recuerdo que mi padre, que era Guardia Civil y con pocos recursos, tenía un modesto tocadiscos en el que ponía discos de compositores rusos, especialmente de Tchaikovsky y de Rimski-Kórsakov que, junto a las Czardas rusas o húngaras eran sus preferidos. Seguro que es de ahí de donde procede mi admiración por todos ellos, especialmente por mi mejor ruso, Tchaikovski, en todas sus formas musicales.

¿Guerras? ¿Invasiones? Contactos personales, comercio, literatura, música…

Los famosos partidos o gobiernos de derechas que nunca han existido.

Acabo de leer un resumen de la entrevista de Lola Herrero, excelente actriz donde las haya, en las que reafirma su ideología de izquierdas, cosa a la que tiene todo el derecho del mundo y que fundamenta en sus raíces familiares.

No es la primera vez que lo declara y, como no puede ser de otra manera, me parece bien, entre otras cosas porque una nación necesita contar con alternativas de gobierno para facilitar la alternancia o la amenaza de alternancia para estimular al bloque gobernante. 

Pero hay alguna cosa que me ha sorprendido y aprovecho la ocasión para aclarar hechos históricos y puntualizar alguna de sus manifestaciones.

En primer lugar y por mucho que se diga, ni ella ni yo hemos conocido gobiernos de derecha como los que se pintan en los estereotipos de la izquierda: retrógrados, minusvaloradores de la mujer, defensores de “los ricos”, explotadores de los trabajadores, etc.

Porque en España solo han gobernado partidos conservadores elegidos en urnas desde la llegada de la última democracia y en ellos han coexistido varias corrientes y ninguna de ellas extremista. Y el primero fue el de Adolfo Suarez. También hubo una derecha de pacto en el segundo bienio de la Segunda República, pero nada más.

Lo anterior no fueron “gobiernos de la derecha”. Porque, por mucho que se empeñen los que lo dicen y lo digan cuantas veces lo digan, fue una dictadura surgida de un golpe militar. Y como los militares no se rebelaron por ideología, sino por lo que ellos entendían como “defensa del orden”, una vez que terminó la guerra, Franco tuvo que inventarse una y de ahí lo de la “Falange Española, Tradicionalistas y de las JONS”, todos ellos partidos de derecha desconectados entre sí y ponerse una camisa azul con emblemas de los otros partidos cuando convenía.

Incluso en algún momento, los dirigentes de los partidos ensamblados por la dictadura y muy especialmente algunos de la Falange, manifestaron discrepancias con algunas medidas de los gobiernos de Franco y fueron objeto de alguna que otra purga.

Quiero aclarar mi opinión de que las fuerzas armadas, que basan su forma de ser en el honor, la disciplina y el orden, siempre han sido respetuosos con los gobiernos legalmente elegidos, siendo muy minoritarias las asonadas o las rebeliones, aunque, eso sí, siempre han tenido consecuencias políticas importantes, como el fin de las dos repúblicas. Lo singular de la de 1936 es que ha sido la que más tiempo ha mantenido el poder en la historia de España.

Es evidente que lo que convivió con la dictadura no fue una “derecha” política. Fueron grandes capitales que especularon y se enriquecieron más aprovechando las circunstancias. Porque el dinero, como los ejércitos y salvando las distancias, tampoco tiene ideología y podría convivir sin problemas con cualquiera, incluso con la Rusia de Putin o la China en desarrollo.

Así que, querida Lola y todos los que confunden la realidad con el deseo, que quede muy claro que en España no ha gobernado ningún partido de derechas que sirva de referencia al PP, a Ciudadanos, ni siquiera a VOX, o de los que sean sus “herederos”. Porque incluso este último, siendo el más extremo, tiene unos estatutos perfectamente compatibles con la democracia y han prometido o jurado defender la constitución y someterse a sus reglas.

Cosa que han hecho hasta el momento. No como otros, que han sido sentenciados por el Constitucional por tomar decisiones impropias de lo enmarcado por nuestra Carta Magna.

Y, por supuesto, nunca darán un golpe de estado, ni entrarán a caballo en el parlamento como se dice que hizo el general Pavía, el que dio un golpe de estado que acabó con la primera república, también para “terminar con los desórdenes” del país.

Como tampoco el hecho de que gobernara en Alemania un partido conservador liderado por nuestra gran valedora, Margaret Tacher, supuso ninguna nostalgia del nacismo ni que fuera su referencia.

Obviaré sus comentarios a la presidenta Ayuso, aunque me resultan un poco sorprendentes. Pero eso sí que forma parte de la libertad de opinión.  

En resumen y para evitar malos entendidos: En España solo han existido partido “de derecha”, democráticamente elegidos, en el segundo bienio de la primera República y los de Adolfo Suarez, Calvo Sotelo, José María Aznar y Mariano Rajoy.

Y todos ellos, junto a los del PSOE, han contribuido de forma muy evidente a la modernización y al progreso de España y al gran avance en libertades y en garantías sociales.

Ningún otro. Y tengo que manifestar que considero que todos estos, incluido VOX, son mucho más de fiar que algunos de izquierda, como Podemos, que nunca ha ocultado su ideología comunista y eso sí, el comunismo, es muy conocido por sus trágicas consecuencias en los países en los que ha gobernado y por su habilidad para conseguir el poder por medios democráticos y derivar hacia el totalitarismo. ¿Hablamos de Venezuela o de Nicaragua?

Conclusión: Solo gente poco informada o mal intencionada puede afirmar que los partidos conservadores actuales en España son herederos de “los anteriores”, aludiendo a la dictadura, porque son exactamente iguales que los conservadores de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y de todos los países democráticos, excepto en Estados Unidos, donde los Republicanos parecen vivir en el pasado.

Francina Armengol y la política lingüística

Era una mañana sorprendentemente atractiva para pasear por el paseo marítimo, sobre la playa de la Concha, disfrutando de un sol inesperado y de las extraordinarias vistas de la bahía, no solo en ese día y con esa temperatura, sino siempre y en todas las circunstancias.

Francina Armengol, presidenta del gobierno balear, tenía unos días libres y había decidido aprovecharlos haciendo una escapada a Euskadi con su hijo para enseñarles las maravillas de esa comunidad.

Habían pasado un día feliz en un ambiente cordial, típico del pueblo vasco, siempre acogedor y colaborador con el visitante. Francina conocía San Sebastían, pero había necesitado hacer algunas preguntas, siempre en castellano porque no conocía el euskera, que le habían contestado con los buenos modos característico de la gente vasca. Incluso un señor los había acompañado a un museo próximo cuando le preguntaron por su dirección

Pero, de repente, el niño empezó a sentirse mal y parecía tener dificultades para respirar. Francina esperó unos minutos, pero viendo que el problema no se resolvía, más bien empeoraba, paró un taxi y pidió que los llevara al hospital más próximo. El taxista se percató que el asunto podía ser grave y después de un trayecto no muy largo realizado a buena velocidad, les dejó en la puerta de un hospital en la que había un cartel en el que se podía leer la palabra “Larrialdiak”.

Francina se dirigió a un mostrador de información en el que una joven sonriente y con tono tranquilizador, le preguntó:

— Egun on. Zer gertatzen zaio mutikoari?

La madre se quedó desconcertada y le contestó:

— No le entiendo nada. ¿Puede hablarme en castellano?

A lo que la enfermera que les atendía le contestó:

— Sentitzen dut baina Eusko Jaurlaritzak gure lanean euskara erabiltzera behartzen gaitu.

Francina Armengol, nerviosa y angustiada porque no entendía lo que le decían, se sentó en una silla junto a su hijo y rompió a llorar desconsoladamente.

Naturalmente todo esto es una ficción. Desconozco si Francina Armengol tiene hijos o si ha estado en San Sebastián, espero que sí, por su bien, ni tampoco estoy seguro, creo que no, que las normas lingüísticas para funcionarios sean tan estrictas en el País vasco. Pero la escena no es tan de ciencia ficción como parece. Puede darse.

Porque la señora Armengol, la presidenta, está dando instrucciones muy tajantes de que los funcionarios, incluidos médicos y personal sanitario, solo atiendan a los pacientes en catalán. Sin excepciones.

Tengo la absoluta seguridad de que en ningún lugar de España se reproducirá esta escena porque, por mucho que les digan, ningún médico mantendrá esa instrucción tan fuera de lugar, incluso con el riesgo de sufrir una sanción, pero eso, el obligar a que un idioma sea un arma política en lugar de un vehículo para la comunicación, es lo que está intentando Francina Armengol y otros dirigentes políticos de este país llamado España

Nuestra vicepresidenta guay y los trabalenguas conceptuales de nuestro presidente

La vicepresidenta Yolanda Díaz se nos desmelenó el otro día en un mitin de Podemos, del partido de los comunistas según reafirmó hace dos días el mismo Pablo Iglesias y anunció otra vez las medidas de gracia y bienestar que va a conseguir porque “están en el pacto de gobierno”.

Tengo que aclarar que el desmelene fue verbal, aunque sosegado según su estilo, porque desde el punto de vista estético estaba como suele de correcta, incluso con un punto de juventud rebelde con su minifalda, su blusa blanca y su pelo suelto. Suelto, que no desmelenado.

(¡Que buen gusto tiene o que buenos son sus asesores personales! Aunque tengo para mí que es más cosa suya)

Dicho lo cual, es lo de siempre en boca de comunistas sin poder, aunque sea vicepresidenta, ni responsabilidades reales de gobierno. Anunciar una Jauja de bienestares, y mensajes tópicos para el futuro inmediato y, especialmente, para “el día qué”

Porque no hay nada más bucólico y tierno que tomar un micrófono y prometer jornadas reducidas, subidas de las pensiones, subidas de los sueldos mínimos, subvenciones, pagas no contributivas, no aumentar la edad de jubilación y todo lo que se le ocurra, porque decirlo, a ella le sale gratis.

Y si un periodista le preguntara que cómo se iban a financiar todas esas cosas diría que esa no es su competencia. Que para eso está las ministras de hacienda. O el gobierno en pleno. Y si se viera muy apurada, volvería al lugar común de los comunistas del siglo XXI: subiendo los impuestos “de los ricos”.

Amiga mía, quizás sea demasiado joven y no ha conocido lo que es el llamado “socialismo real”, el comunismo, o no ha leído lo suficiente, porque u olvida o ignora que en los países comunistas nunca ha habido ricos para subirles los impuestos.

Decía Susanita, la amiga pija de Mafalda: “que suerte que haya pobres para poder hacer caridad”. Me temo que mi amiga, no me atrevo a llamarla la representante pija del comunismo, piense lo mismo, pero a la inversa: “que suerte que haya ricos para poder culparles de todo”.

He buscado en el diccionario de la RAE y no he encontrado ninguna definición que se acomode al “ser rico” de la vicepresidenta. Esperaré con paciencia la no llegada del caudillo revelado, todavía líder de Podemos, que dice que Pedro Sánchez debe negociar con Esquerra y con Bildu.

Y hablando de Pedro Sánchez, podemos pasar de la utopía de la vicepresidenta a esa insistencia suya en que somos incapaces de razonar o de interpretar adecuadamente los trabalenguas conceptuales a los que es tan aficionado.

Hoy ha anunciado la subida del salario mínimo argumentando que no se puede permitir que exista mucha gente en precario mientras hay empresas con muchos beneficios. No será la frase textual, pero, más o menos, es lo que he interpretado. Incluso puede que sea una frase de telediario sacada de contexto. Pero la trato como cierta porque ya hace días que se rumorea el tema, a modo de los terremotos que anunciaron la erupción del volcán de La Palma.

No puedo opinar sobre la subida del salario mínimo porque se trata de dos platos de una balanza muy difícil de equilibrar, sobre todo desconociendo los datos.

Que hay gente con problemas que necesitan soluciones, sin ninguna duda. No creo que haya un solo español que le lleve la contraria. Pero apoyarse en el argumento de que hay empresas con muchos beneficios para subir el salario mínimo no tiene ningún sentido ni existe ninguna relación. Es, simplemente, una de tantas frases con esa voz impostada de decir la verdad a las que nos tiene acostumbrado.

En una economía liberal, señor Sánchez, las empresas se crean para obtener beneficios y si alguna tiene la suerte de ganar mucho, mejor que mejor. Y si se quieren evitar excesos, lo legal es definir un programa y una política fiscal adecuada en el que figuren claramente las reglas del juego. Nunca con un “exprópiese” venezolano, insensato e ilegal que ni podrá aplicarse en España ni lo permitiría la Comunidad Europea.

El salario mínimo, señor Sanchez, se le va a subir a todos los empleados, repito a todos los empleados, o a los que están en espera de ser empleados por empresas, repito empresas, entre las cuales hay muchas que no solo no tienen grandes beneficios, sino que están en la cuerda floja y esta medida les dificultará más emplear a gente, Resultado: más economía sumergida y más picaresca y malas prácticas en la contratación.

Pero sonar, de cara a su galería ¿a que suena bien? Y mi gran pregunta es: ¿de verdad se cree “su galería” todas las sandeces e incongruencias de nuestro presidente? Porque a algunos los tengo por inteligentes. Incluso muy inteligentes.

Si hubieran ganado “los buenos” hace 82 años.

Por fin, después de leer y escuchar tantas cosas y tan graves, en buena parte reales, sobre la represión después de la maldita guerra civil, me han convencido del gran error, la broma de mal gusto que nos jugó la historia haciendo que ganaran los sublevados.

Porque, ahora estoy seguro, de haber ganado el bando republicano, todo hubiera sido una balsa de aceite. Un mundo de amor y perdón en el que los vencedores habrían recibido a los vencidos con aplausos y ofreciéndoles tabaco para fumar, vino para beber, pan para comer y un abrazo para perdonar.  

Lister, el Campesino y los generales de la guerra habrían ordenado a sus tropas que recibieran con abrazos a los que habían sido sus enemigos y les manifestaran comprensión y afecto. Actitud que solo superarían los batallones anarquistas que antes les habían combatido a sangre y fuego.

Los responsables de las muchas checas que se abrieron por toda la geografía nacional habrían liberado de inmediato a los detenidos y localizarían a los familiares de los que habían asesinado para indicarles en qué lugar les habían enterrado y poder así recuperar sus cuerpos.

Los que antes sacaban de sus casas a los muy peligrosos enemigos de la patria para fusilarles en alguna cuneta, se dedicarían a trasladar a los vencidos a sus pueblos para que pudieran reunirse con sus familias.

Ningún juicio sumarísimo, ningún fusilamiento, ninguna represión, ninguna causa general. Ningún prisionero para construir carreteras o “valles de los caídos”.

El día de la victoria hubiera sido el de la auténtica paz, el de demostrar al mundo que la reconciliación es posible y que, por fin, un bando vencedor lo había demostrado con hechos.

Naturalmente esto es una ficción dramática y triste. Ficción que no pretende más que afirmar que no, que el mundo de las posguerras no está compuesto de buenos y malos, solo de vencedores y vencidos. Y que los vencedores siempre son crueles. Puede que unos más que otros, pero lo son más los que también lo fueron durante las guerras.

Maldita sea. Estoy harto, muy harto, que se continue demonizando y/o santificando a unos u otros según una visión ideológica, casi irracional de hechos que nunca debieron producirse y en el que participaron seres humanos, la mayoría forzados a hacerlo, que ni la causaron, ni la quisieron y en las que no se les había pedido nada. Relato que, en algunos casos, demasiados, solo obedece a campañas de marketing que pretenden beneficiar a determinados partidos políticos, partidos carroñeros, con relatos falsos o exagerados de algo que sucedió cuando casi nadie de los protagonistas vive en la actualidad.

Hace ¡ochenta y dos años que terminó! y todavía continúa la matraca de los empeñados en que solo unos fueron los malos y que, además, lo fueron hasta unos niveles de crueldad desconocidos hasta el momento. Y que los otros, los sufridores, los que perdieron eran buenos y defendían causas románticas y luchaban por nuestras libertades.

Y es cierto que hay relatos reales de hechos sucedidos, pero, curiosamente, solo se refieren a uno de los bandos contendientes. Como si “en el otro lado” no hubiera ocurrido nada punible, nada condenable.

Váyanse a paseo. ¡claro que los vencidos eran buenos! Pero no lo fueron quienes les obligaron a salir de sus pueblos para empuñar fusiles que no querían empuñar y matar a enemigos que ni lo eran ni nunca lo habían sido.

Comentario que, estoy seguro, no servirá de nada. Pero, al menos, permítanme el desahogo.

La vicepresidenta Yolanda Díaz y el comunismo

Tengo que adelantar que la vicepresidenta Yolanda Díaz es una persona que cae bien. Es educada, de muy buen aspecto, muy trabajadora, de apariencia sosegada y de excelentes modales. Mucho más eficaz para su causa, seguro, que aquel Pablo Iglesias que fue, consumidor de series de televisión, de muchas palabras y pocos hechos, que ahora, después de fracasar en todo lo que ha intentado, se dedica a darnos consejos de lo que debemos hacer desde foros amigos.

Yolanda es más pragmática, de pocas palabras y muchas presencias en momentos oportunos, que gestiona con mucho éxito una estrategia cuidada y eficaz.

Si tuviera que compararla con una planta, diría que es una margarita silvestre, hermosa y resistente como ninguna. No como su antecesor, Iglesias, al que compararía con un “echinopsis turbárico”, un tipo de cactus engolado y pretencioso, pero con muchas espinas

Tengo la seguridad de que bajo ese manto de calma y serenidad se esconde una voluntad de hierro y una estructura mental muy preparada para la lucha y para la victoria. No es una libélula, no, mejor me parece una mantis religiosa.

Pero tiene un importante problema: es de Podemos y, por tanto, comunista.

Y como tal la aceptaría como amiga sin ninguna reserva e incluso la podría votar para una alcaldía, pero nunca para un gobierno. Porque los comunistas que yo he conocido son honrados administrando, pero muy peligrosos gobernando. Y porque todos los comunistas que conozco, históricos y actuales, cuando llegan al poder, incluso de forma democrática, no hay forma humana de que acepten perderlo. Y a los estados comunistas actuales me remito.

Con la decadencia de la Unión Soviética, el comunismo trató de participar en la Europa moderna con el famoso “eurocomunismo” francés, lanzado igualmente en Italia y en España, donde fue desapareciendo de forma inexorable, hasta diluirse en las profundidades de la actual Izquierda Unida.

Ese es el comunismo que ahora quiere resucitar Podemos, que quiere asociar de forma absolutamente interesada, falsa y mendaz con la figura de la República, para tratar de atraer al sector republicano español y que apenas podrá convencer a unos pocos románticos idealistas, aunque sean miles, que solo saben del comunismo lo que les han contado, la mayoría mentiras y fabulaciones.

Todo mi respeto, pues, para Yolanda Díaz persona, pero mis reservas, mis muchas reservas para la política         que se esconde detrás de tan buena presencia y exquisitos modales.

Porque el comunismo nunca, jamás, ha sido la solución en las naciones en las que se implantó. Es cierto que consiguió mejorar el nivel de vida de los rusos en un primer momento, pero es que tampoco resultaba tan difícil conseguirlo teniendo como tenían una vida realmente miserable en los tiempos de la gran Rusia de los zares.

Y luego, escasez, precariedad de vida, anulación absoluta de las libertades de los ciudadanos y adoctrinamiento. Mucho adoctrinamiento.

Los que sí que prosperaron, sin duda, fueron las clases dirigentes, militares y políticos de mayor nivel. Porque la famosa dictadura del proletariado se convirtió muy rápidamente en dictadura al proletariado y lo que fueron soviet de obreros y soldados durante la revolución rusa, no tardó en convertirse en el Soviet Supremo que gobernó con mano de hierro a la nación rusa y a los soldados rasos y los obreros que ganaron la revolución, bajo la dirección indiscutible del presidente de turno.

Es sabido que el comunismo no admite disidentes. Si no les puede convencer o amedrentar, los encarcela o los asesina. Y no es algo que diga por decir, es lo que fue y lo que sigue siendo en las naciones en las que actúa a pecho descubierto, como Cuba y en las del pro comunismo evidente, como Venezuela, China o Rusia, por ejemplo, nación, esta última, en la que los disidentes se auto envenenan o se inyectan sustancias radioactivas en vena creyendo inyectarse cocaína.

Y, señora Díaz, los soldados rusos destinados en las alambradas de Berlín no estaban precisamente para impedir que los ciudadanos del sector occidental se pasaran al oriental. Era para detener a tiros a los berlineses del este que querían huir del paraíso soviético y cruzar la barrera.

El comunismo murió con la llegada de la democracia, la cultura sin ataduras y la libertad de opción de los ciudadanos. Y murió porque ese sistema absurdo de las decisiones colectivas, absolutamente falso porque los ciudadanos no tenían opción a participar en nada, impedía el crecimiento natural de la nación porque coartaba la iniciativa y la capacidad de tomar decisiones de los ciudadanos que, solo podían obedecer y trabajar en los lugares donde les señalaban,  con e resultado que todas las naciones prosperaban mientras las de la URSS continuaban estancadas y cada vez más empobrecidas respecto a las naciones  libres

Y, por otra parte, el comunismo, en todas sus modalidades, es el sistema político que más muertes ha provocado. Con mucha diferencia. Y no solo en países que eran lejanos hace algunos años, como la China de Mao, también en otros más próximos como la Rusia de Stalin.

En un artículo publicado en mi blog el 11 de mayo de 2018, titulado “tus muertos, mis muertos, nuestros muertos”, decía que:

“….ni los muertos en China a causa de las directrices de Mao Zedong primero, y de las purgas de la Revolución Cultural. Los que fueron ejecutados por los Guardias Rojos que seguían las directrices de su famoso “libro rojo”, dirigidos por Jiang King, esposa de Mao. Y estas muertes se estimaron en muchos millones de personas. ¡Muchos millones de personas!

Tampoco se hizo nada para evitar los dos millones de muertos causados por Pol Pot y sus Jemeres Rojos en Camboya. Muertes, una economía desaparecida, y un patrimonio cultural totalmente destruido.

Ni por los más de 21 millones de ciudadanos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas muertos bajo el mandato de Stalin. Y estos muertos, como todos, tampoco eran héroes. Fueron víctimas”

Así que, querida presidenta, le deseo el más rotundo fracaso político en el gobierno de la nación porque, aunque la considero incapaz de hacer mal a nadie, el comunismo, su comunismo, es una política invasora y dañina, como las lenguas de la lava que están destrozando nuestra “isla bonita”.

Y uso esta metáfora, posiblemente impropia, con mis mejores deseos para los hermanos canarios que están sufriendo en sus carnes la furia de la naturaleza que, de vez en cuando, nos demuestra lo poco que somos por mucho que aparentemos.

Caso Marlaska. Comentario final sobre la justicia y sus condicionantes.

Utilizando el famoso “decíamos ayer”, conviene dar un repaso a todo lo que hay delante y detrás del famoso “caso Marlaska”, el del cese del coronel Pérez de los Cobos.

Y utilizo este caso, no para darle más vueltas a las razones morales, ética, políticas, mediáticas, ideológicas, o de cualquier otro tipo que rodean el caso, sino para analizar lo bueno que es para la ciudadanía la separación de poderes, para tratar de aclarar “quien es quien” en la organización del Estado y para conocer cuáles son las funciones de cada cual.

Empiezo por presuponer que una buena parte de los jueces del Tribunal Supremo que decidieron dar la razón al ministro por unanimidad, estarán bastante molestos con el gobierno por sus constantes intentos de invadir competencias del poder judicial. Pero, como siempre he defendido, las togas con las que se revisten los jueces en actos judiciales actúan como una barrera que, en la gran mayoría de los casos, les aísla del mundo exterior, el de las opiniones, las presiones y los juicios paralelos, e incluso de sus propios sentimientos e ideologías.

Confirmado por el hecho de que los jueces son los únicos “trabajadores” públicos de los que se conoce lo que hacen y porqué lo hacen, sin trucos ni secretos de Estado, porque todas sus actuaciones, detalladas en las actas, están a disposición de la ciudadanía.

En segundo lugar y refiriéndonos a los casos que tienen que instruir, que juzgar o que revisar, los jueces solo pueden dictar sentencias basándose en pruebas irrefutables. Pueden estar convencidos de que el acusado es el mayor asesino del mundo, pero ese convencimiento íntimo no tiene ningún valor si no hay testigos o pruebas que lo demuestren. Porque a la hora de sentenciar no caben impresiones ni sentimientos.

Y es de analizar como han cambiado las cosas en los últimos tiempos cuando juzgamos a los “juzgadores”.  El derecho romano, base de la legislación española, afirmaba que “dura lex, sed lex”, (la ley es dura, pero es ley), frase que parece hecha para justificar la severidad de algunas sentencias, pero curiosamente, en este momento de confusión, nadie cuestiona la dureza  de los jueces, que son criticados mucho más severamente por la supuesta debilidad de algunas resoluciones, que, según la opinión de ese gran tribunal popular en el que se ha convertido la opinión pública,  parecen fruto de la cobardía o de componendas de los jueces o tribunales que las emiten.

Y nada más lejos de la realidad, porque lo que ha cambiado no es la judicatura, sino la mentalidad de los españoles y no siempre para bien, actualmente muy influenciada por el continuo bombardeo de redes sociales y medios de comunicación con intereses políticos o buscando aumentar las audiencias.

Y eso es lo que ha ocurrido, según el Tribunal Superior, en este caso. En una redacción muy hábil de la motivación del cese, no se dice que el ministro preguntara al coronel por los detalles de la investigación, más bien da la impresión de que se limitó a un genérico “como lo lleváis”, casi en plan colega.

Porque preguntarle por los detalles sería un delito, pero formular una pregunta que merezca una contestación del tipo “están progresando y han encontrado algunas pistas”, sin más, sería una conversación absolutamente normal con la cadena de mando. Nada punible ni criticable.

Y esa es la única información disponible. El coronel afirma que recibió llamadas presionándole para que desvelara el curso de la investigación, pero no están grabadas, lo que posiblemente hubiera sido un delito y, por tanto, nunca han existido para la justicia.

Quizás el coronel pecó de inocente y nunca creyó que las cosas llegarían donde llegaron. Yo, en su caso y como hice siempre cuando trabajaba en una multinacional y recibía alguna instrucción telefónica comprometida, nada más colgar mandaba un correo, postal al principio, digital después, pidiendo una confirmación o una aclaración de lo escuchado.

Y así se aclararon muchas dudas y puede que se pararan algunas iniciativas poco aconsejables.  Normalmente estas consultas, muy poco frecuentes, eran bastante mal recibidas por los destinatarios, pero eso era parte de mis gajes de oficio. Y mis razones íntimas eran las que debería tener el coronel: los directores de empresa y los ministros del gobierno, cambian, pero los clientes en mi caso y la defensa del orden público en el suyo no. Continuaban allí y esos eran a los que debíamos absoluta fidelidad, porque esa era nuestra verdadera responsabilidad.

Y lo era respondiendo a un marco superior, las normas la empresa en mí caso y la Constitución en el suyo, que en algunas ocasiones pretendían violentar o mal interpretar algunos de los jefes circunstanciales.

En fin: el cese del titular de un puesto de confianza necesita pocas motivaciones, pero no estamos hablando de eso, tema importantísimo sobre el que haré un comentario próximamente, sino de la justicia.

Y en el marco de nuestra forma de Estado, yo tengo muy claro donde están mis fidelidades. Fidelidades motivadas por la lectura de nuestra Carta Magna: Zapatero a tus zapatos. El gobierno para administrar el bienestar de la ciudadanía y para dejar la nación mejor que se la encontraron sin salirse del marco de actuación previsto en la Constitución y el Poder Judicial para administrar justicia y proteger a los españoles de los que cometen delitos, sea el que fuere quien infringió las leyes, incluidos otros estamentos del Estado.

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P.D. Esta mañana he escuchado duras críticas al juzgado vasco que “no ha prohibido” la manifestación convocada, según vox populi, para homenajear al criminal Parot y para humillar a las víctimas del terrorismo de ETA. Pero, claro, el juez habrá leído las razones de la convocatoria y no habrá encontrado nada de esto. Lo desconozco, pero seguramente dirá que es para pedir la libertad de Parot o algo similar.

Lo que, en el mundo de la justicia, no supone ningún delito y entra en el campo de la libertad de expresión, por lo que no ven razones para suspenderla.

Pero lo que un juez no puede hacer, presuponer, si que lo pueden hacer otros estamentos, como el delegado del gobierno o el propio gobierno vasco que, a la luz de la experiencia de otras manifestaciones, puede impedirla la alegando razones de orden público o de cualquiera otra índole. O estar vigilando la manifestación para suspenderla cuando escuchen la primera frase que suponga “homenaje a” o justificación de la violencia.

Pero no lo harán alegando razones de evitar males mayores o similares. Autoridades que muy posiblemente dan instrucciones de mano blanda con los manifestantes urbanos del “anti lo que sea” que queman contenedores, destrozan escaparates, asaltan tiendas y agreden a las fuerzas de orden, cada vez más desamparadas, con el terrible resultado de “uno o ningún” detenidos.

Pero muchos siguen creyendo que todo esto pasará por generación espontánea, mientras seguimos dando por bueno o por inevitable lo que no es bueno y sí que es evitable. Porque cada vez estamos más anestesiados y tenemos menos ganas de “complicarnos la vida”.

Valencia, 17 de septiembre de 2021