El acuerdo de Europa y otros comentarios

Se terminaron las negociaciones y como era de esperar porque forma parte de las reglas de juego de la comunidad, se ha llegado a un acuerdo por consenso, lo que quiere decir, como le avanzaba a un amigo, que a todos les parecerá mal. Acuerdo que es el fruto de una negociación dura, muy dura, pero obligada inexorablemente a llegar a acuerdos. Para que todos lo entendamos las normas de la comunidad se parecen a las del Vaticano cuando tienen que elegir Papas. El fin es diferente, pero el procedimiento el mismo; estar confinados hasta que se consiga el humo blanco. En el Vaticano siempre de tirón y en la Comunidad puede aplazarse a una segunda convocatoria si se alarga demasiado el acuerdo, pero el objetivo único es alcanzarlo.

Son las condiciones que impuso en su día la propia Comunidad y ni me imagino lo que ocurriría sin ese condicionante y los acuerdos se tomaran por mayorías simples o cualificadas. Y esa es una de las razones por las que soy un europeísta convencido.

Hay acuerdo y ha llegado el momento de que cada cual, los presidentes de gobierno, expliquen a sus ciudadanos el contenido de los pactos (no olvidemos que este tipo de acuerdos deben ser aprobados por todos los parlamentos de las naciones de la Comunidad)  y, como es habitual en estos casos, a otra cosa mariposa.

Solo que en esta ocasión hay alguna variante que conviene aclarar

La parte destinada a ayudas, “a fondo perdido”, estarán sujetas a un destino finalistas del dinero y el control de dicha utilización no corresponderá a la comisión, como hasta ahora, sino a todas y cada una de las naciones, que pueden denunciar y conseguir el cese de las ayudas si comprueban que no se cumple lo pactado.

En el caso español este control echa por tierra todos los planes de Podemos que quería dedicar una parte del dinero a temas sociales según su propio concepto, muy venezolano, de lo que se entiende por “social”.

La gran pregunta es: Después de tantos años de gobiernos prácticamente omnipotentes en España ¿por qué estamos en el grupo de los débiles, los que necesitan ayuda para subsistir?

No espero respuestas de la clase política, responsables últimos de esta situación, pero voy a aventurar algunas teorías:

Hace años que, salvo algún breve amago de recuperar la normalidad de lo que son gobiernos democráticos, los partidos políticos españoles  de todos los signos han ido derivando desde el interés general que contenía el espíritu de la Transición, hacia los intereses de partido. Incluso en algunos casos al interés personal. Y a este fin han dedicado todo su ingenio y todas sus energías. Y también los gobiernos, naturalmente.

Es una explicación muy simple y drástica, pero en un análisis en blanco y negro, sin grises, es la pura realidad.

En el tardo franquismo y la transición teníamos industrias muy potentes de construcción naval que empezaron a ser poco competitivas por una serie de razones asociadas a la globalización y a la falta de actualización de los procesos productivos y no se hizo nada para actualizarlas, por lo que fueron muriendo hasta casi desaparecer.

A nuestros grandes hornos les pasó exactamente lo mismo. Y también a la minería, especialmente la del carbón cuando se empezó a constatar los perjuicios que estaba causando. Pero no se buscaron alternativas, no se crearon industrias y lo que fueron grandes cuencas mineras en toda España, que eran muchas, se dejaron morir y se convirtieron en páramos y sembradero de desempleo y desesperación. Cuando todas ellas tenían algo muy importante: comunicación ferroviaria para sacar mercancías a los puertos más cercanos.

Y así con tantas otras industrias. ¿Y porque?

Puede haber muchas explicaciones, pero una de ellas, supongo que la más probable, es que España descubrió el milagro del turismo y todo el mundo, especialmente los políticos,  se subieron al carro de lo fácil y abandonaron toda intención de complicarse la vida. Poca inversión, mucho “nombre” internacional, comisiones, visitas de famosos. Y no es que hicieran mal en apoyar este sector que no deja de ser otro tipo de industria, es que ni siquiera han sabido controlar y dictar normas que garantizaran la calidad de los servicios turísticos, la profesionalidad de los empleados del sector y un determinado control de los precios.

Y en cuanto al capital privado, ¿por qué iban a complicarse la vida “peleando” con una plantilla de empleados, con los ayuntamientos y con inspecciones de todo tipo si obtenían mucho más beneficio con la construcción de urbanizaciones y con las especulación del suelo?

Y todo el mundo se apuntó al invento y junto a establecimientos de prestigio, no me refiero a los de alto estanding,  surgieron chiringuitos de todo tipo por toda la faz de nuestra geografía. Y así empezó otro de los grandes fraudes de nuestro tiempo: los autónomos, lo que debería ser una forma de generar nuevas iniciativas, pero que por la falta de interés de los políticos no se ha impulsado y apoyado como es menester y muchos de ellos han acabado como falsos empresarios cuando en su mayoría apenas pasan de un autoempleo medianamente digno.

Y cuando digo “falsos empresarios” no niego que lo sean, pero en la realidad del cada día, de este título tienen todas las desventajas y pocos beneficios.

¿Quién ha tenido la culpa? Todos a partir de la transición, porque durante la dictadura, curiosamente y sin que quiera hacer comparaciones maliciosas, las empresas incluidas en el INI se espabilaron mucho y surgieron gran cantidad de nuevos negocios y grandes factorías tipo Pegaso, por la que yo pasaba cada día camino de mi puesto de trabajo en el aeropuerto de Barajas.

Luego, en mi opinión, la razón simplificada de que en este momento tengamos que pedir ayudas porque no podemos soportar nuestros gastos, no es otra que la ceguera, la imprevisión y la ineficacia de nuestros gobiernos. Los mismos, en sentido metafórico porque todos son culpables, que ahora presumen de haber encontrado soluciones.

Y empleo un símil muy histórico: Los mismos gobiernos que provocan las guerras son los que luego presumen de haber conseguido la paz. ¡Que cinismo!

“Pero las cosas no se quedaron allí, porque el ingente poder que cedimos a la clase política española durante la Transición no se ha mantenido estable, sino que se ha ido multiplicando, durante los cuarenta años de democracia, con una serie de prácticas a través de las cuales los políticos españoles (independientemente de su estatus, posición, nivel y orientación política) han extendido sus tentáculos por todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad: el poder de los gobernantes se ha extendido en horizontal, asumiendo cada vez más competencias y copando incluso las áreas de control político; y también en vertical, desde los centros de poder social más altos a los más bajos. La progresiva politización de nuestra sociedad se ha hecho a golpe de legislación y prácticas legales (como la sobrerregulación económica) pero también ilegales (como la contratación pública opaca e incluso corrupta) y otras que no se sabe si son legales o ilegales, pero desde luego son poco éticas (como la influencia política indebida en la Administración)”

De nuevo “devuélveme el poder”, de Miriam González Durántez)

Es decir: desde un determinado momento, los políticos españoles entraron en una vorágine de acaparar poder e influencia y en eso estaban. ¿Cómo iban a pensar en el largo plazo?

Vorágine similar a la que sufrió la ciudadanía en los tiempos del “destape”, donde no había guion que no exigiera desnudos o sexo más o menos explícito.

Y con todas estas cosas, lamentablemente, tiramos por la borda parte de lo hecho y rompimos muchos de los puentes que nos llevaban a un progreso estable y sostenido. Se han hecho cosas, claro que sí, pero más por la iniciativa privada que por apoyos y planes gubernamentales. Y la prueba es que lo que mejor funciona en España, con mucho, son las grandes empresas familiares.

¿Ha sido una vergüenza pedir ayudas? No, porque no podemos subsistir. No solo por los errores pasados sino también por las catástrofes actuales.

¿Tenemos que aceptar condiciones de control? Naturalmente que sí. No tendremos más remedio porque los países que aportan los fondos son los que han hecho sus deberes y tienen derecho a exigir finalidad en las inversiones. Entre otras cosas porque tienen que explicárselo a sus ciudadanos en cada uno de los parlamentos europeos.

¿Esta situación va a provocar una ruptura de las alianzas de Pedro Sánchez? No creo, porque su principal valedor es Podemos y esta marca, gracias a los cambio de orientación y de posición de sus máximos dirigentes se ha convertido de facto en un “Podemos con lo que nos echen” y tragarán lo que haga falta para no salir del gobierno, que sería tanto como desaparecer del mapa político.

Podemos nos perjudicará y mucho, pero en la convivencia, porque tratarán de mantener una apariencia de honestidad política desenterrando todos los tópicos conocidos: La monarquía, la represión franquista, los peligros de la ultra derecha, las supuestas amenazas contra la igualdad, las mujeres, los  homosexuales, etc.

Pero es lo que hay.

Lo que sí que obligará a una reflexión seria, muy seria, es al propio presidente, que tiene por delante la aprobación de unos presupuestos generales que mirará con lupa la Comunidad Europea, sabiendo como sabe que la gran novedad de este acuerdo es que si cualquier país europea averigua que el dinero recibido se dedica a otros fines, tiene derecho a convocar al resto de presidentes y pedir y seguramente obtener, una cancelación de las ayudas.

Es posible que en estas circunstancias el presidente Sánchez, que lo estará pasando muy mal en lo personal ponga la  cara que ponga, se vea obligado a reconsiderar sus objetivos políticos y personales.

Y Pedro Sánchez, al que critico frecuentemente porque toma decisiones que no me gustan, no es responsable de lo que está ocurriendo. Solo es “uno más”

Y, ¡que quieren!, pese a lo que se va a propagar por todas las esquinas, me siento muy seguro perteneciendo a la Comunidad Europea. Nuestro último bastión.

Si no vas a mejorar el silencio, permanece callado

La confusa situación del país. Éramos pocos y parió la abuela.

Como se dice en España cuando una cosa que está mal empeora, “éramos pocos y parió la abuela”. Y me refiero a que solo nos faltaba el descalabro previsible en las negociaciones sobre los fondos europeos.

Situación que me anima a reflexionar sobre el “totum revolutum” al que nos ha conducido nuestra muy inteligente clase política.

Porque en España, creo que deliberadamente, se confunde todo: el gobierno con el Estado, que es buena una cierta dependencia de la Justicia con el gobierno, que las Instituciones del Estado que son, como su nombre indica, “propiedad” del estado, están ahí para atender necesidades de cada gobierno, todas, y por tanto se les puede dar una cierta utilización política, que los medios de comunicación o de información estatales están al servicio del gobierno, no de los ciudadanos y que los dirigentes políticos son eso, “dirigentes”, “líderes” a los que seguir y no representantes de los españoles  a los que hemos votado para que gestionen bien el país durante un periodo de tiempo, mejoren las prestaciones y ayuden a una mejor convivencia. En definitiva: para que lo dejen mejor que lo encontraron.

Y últimamente toma cuerpo el querer confundir la Forma de Estado, Monarquía Parlamentaria, con la persona del Rey.

Cuando lo cierto es que las lamentables informaciones sobre las malas artes financieras de Juan Carlos I, sobre las que ya opiné largo y tendido, no afectan para nada a la Monarquía, que está representada en cada momento por el Rey “en activo” y no por su familia o ex familia.

Y digo representada, que no es lo mismo que depositada. No es su propiedad aunque sea hereditaria. A la monarquía, por ejemplo,  no la puede derrocar un Rey, como tampoco podría derrocar la República uno de sus presidentes, porque todos los estados tienen mecanismos constitucionales para asegurar la conveniencia de estos cambio si llegara el caso.

Mecanismos que protegen a las naciones de que este tipo de decisiones están respaldadas por la gran mayoría de la ciudadanía y no por un calentón o por las malas artes de un determinado gobierno. O de un determinado responsable del Estado, sea Rey o Presidente de la República.

Pero a falta de poder desenterrar de nuevo a Franco, la izquierda interesada en socavar nuestra forma de Estado o de lanzar nubes de humo para encubrir sus fallos y los separatistas, siempre a lo suyo, harán lo que sea necesario para sacar tajada de los muy probables delitos monetarios cometidos por el Rey Emérito ayudado por la supuesta amante (según dicen), la más cara y menos agradecida de la historia de España. Y puede que de Europa.

Y ayer tuve que escuchar al vicepresidente de una autonomía española, representante del Estado español, decir que la familia Borbón, en la cual incluye al Rey actual, es una “banda criminal”. Y lo hizo sin que el gobierno levantara una pestaña para defenderle sabiendo como sabe, que la Casa Real no puede hacerlo. Tiene inmunidad, claro que sí, pero la otra cara de la moneda es que no puede entrar en litigio con nadie y es el gobierno de turno el que debe defenderla. Como al resto de poderes del Estado

Seguramente el susodicho vicepresidente habla sabiendo muy bien lo que es una banda criminal porque de hecho pertenece a una de ellas. Es miembro de un partido que ha robado a Cataluña, y por ende a España, por mano del que sin duda sería uno de sus mentores, el nada respetable Jordi Pujol ayudado por toda su familia y tropecientos más desde el gobierno catalán, desde el Palau y desde cualquier organismo al que pudieran meter mano. Han cambiado de nombre pero son los mismos perros con distintos collares.

Y  para más abundamiento, seguro que ha alentado, sino promovido, un delito de sedición contra su nación.

Pero, como somos un pueblo adormecido, todos callados. A todos nos parece bien. ¡Respetemos la libertad de expresión!

Y una puntualización para los “aprovechategui” que hablan mucho y leen poco: varios de los presidentes de la República Francesa, que hicieron cosas muy meritorias, también tuvieron su lado oscuro y fueron investigados por asuntos turbios, diamantes y otros asuntos incluidos. Tenían inmunidad, por lo que se les investigó cuando se pudo. Y algunos de ellos sufrieron algún tipo de condena.

Ninguno de estos escándalos gustó al pueblo francés. Ni mucho menos. Y se vertieron ríos de tinta con las informaciones. Pero a ninguno de ellos se le ocurrió cuestionar la República como la forma de Estado más conveniente para su país. Ni tampoco los británicos han atacado a la Monarquía pese a los numerosísimos escándalos y corruptelas de la familia real.

Todos ellos supieron separar a las personas y sus circunstancias de los estamentos. Porque si no fuera así, habría que consultar en Google que forma de estado tiene cada país europeo. Y hacerlo casi cada día.

Pero, naturalmente, España es diferente y nosotros, los españoles, los que más sabemos. Antes solo era de toros. Ahora es de futbol y últimamente también de leyes sin necesidad de ser abogados o de temas constitucionales sin haber leído la Constitución. O de juzgar hechos que no hemos presenciado.

Y abundan los convencidos de que “lo que diga mi partido, mi emisora de radio, o mi cadena de televisión” es la verdad verdadera y los otros son fascistas (hace tiempo que no se usa esta palabra) fachas, ultraderecha, pipi y caca.

Y “¡viva el Beti m’an que pierda!”.

Alguien, algún día, parará este dislate y recordará que a los jóvenes hay que darles formación  sobre las esencias de la política y la democracia y también en economía.

Y así se preguntarán, como yo, como es posible que siendo una de las naciones que más recursos económicos emplea en educación, sanidad y servicios sociales por habitante, esté a la cola en resultados cuando se nos compara con el resto de países.

Hoy he escuchado a nuestro presidente diciendo en un telediario que su gran herramienta en Bruselas es el “diálogo”. Y solo le ha bastado pedir a los otros líderes, como hace en España con la oposición, que tienen que “arrimar el hombro”. Pero acabará pidiéndolo literalmente. Seguro.

Son sus mejores argumentos. Solo que su interpretación es ligeramente egocentrista.

Ya he contado en otra ocasión, que en un viaje a Londres vi un cartelito de los que se ponen sobre las mesas de trabajo que decía “be flexible, do things my way” (se flexible, haz las cosas a mi manera).

Lo planté en la mesa de mi despacho y aseguro que no todos entendieron la ironía de la frase.

¿No tendrá Pedro Sánchez ese mismo cartel en la mesa de su despacho?

Elecciones gallegas y vascas y las conclusiones que ha sacado un ignorante como yo.

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones en estas dos comunidades y los datos de resultados y participación me sugieren algunas ideas.

En primer lugar soy un convencido de que los resultados electorales de las comunidades apenas son extrapolables  porque concurren circunstancias que no tienen nada que ver con las nacionales. Creo que tienen más parecido con las municipales de grandes ciudades porque coinciden en que son entornos relativamente pequeños y porque, a diferencia de las nacionales, los votantes conocen casi personalmente a los candidatos y a gran parte de los componentes de las listas.

Por lo que las votaciones se basan mucho más en la confianza en los cabezas de lista y en su comportamiento en legislaturas anteriores que en promesas futuras. Y ambos, Feijoó y Urkullo “llegan” bien al electorado.

Otra de las características de estas elecciones es la baja participación. Muy especialmente estas últimas hasta el punto que el País Vasco han alcanzado un mínimo histórico. No puedo saber las verdaderas razones, aunque es muy probable que en este caso haya influido la amenaza del COVID19, pero seguro que hay otros factores.

Puede ser un exceso de confianza de parte del electorado de las dos comunidades, aunque  me atrevería a aventurar que en el caso del País Vasco siguen influyendo factores añadidos, como puedes ser un cierto temor histórico a “significarse” si se vota a partidos no nacionalistas y también un cierto desconcierto del electorado. Un no saber a quién votar.

Abstención que, digan lo que digan los perdedores que siempre se presentan como víctimas, favorece a los partidos con mucha tradición o a los radicales. No creo que nadie del PNV deje de votar y tengo la seguridad de que tampoco lo ha hecho un solo miembro o simpatizante de EH Bildu, incluidos muchos ex votantes del casi desaparecido Podemos  que habrán optado por apoyar a esta formación pro etarra.

Pero hay muchas otras lecturas:

Una de ellas es que el blanqueo continuado del gobierno  a partidos como EH Bildu ha favorecido su gran aumento de votos. El intento del gobierno central de conseguir apoyos para sus iniciativas a nivel nacional y para mantener a Sánchez como presidente ha hecho que partidos nacionalistas, especialmente los herederos de ETA, aparezcan como “reconvertidos” y hasta Otegui ha sido presentado como un “hombre de paz”.  

El mensaje era muy sencillo: EH Bildu y el resto de nacionalistas o antisistema “buenos” porque se estaban redimiendo. El PP y resto de la oposición “malos y perversos”  porque seguían siendo franquistas, corruptos y un peligro para las libertades.

Y han insistido tanto que han conseguido dirigir el voto a esa formación. Porque el PSOE apenas ha ganado en votos en ambas comunidades pese a ser el partido del gobierno de España. Los votos no han sido para el “blanqueador”, sino para el “blanqueado”.

La otra es la nueva posición de Podemos, consecuencia de la prepotencia de Pablo Iglesias, que ha laminado a todos los disidentes del partido,  a sus escándalos político-sexuales,  a su evidente cambio de estatus social y a sus muchos conflictos judiciales.

Y esto sí que es extrapolable porque Podemos es un partido con muy pocas referencias regionales, dependían de las “mareas” y los que les votan lo hacen mirando a su cúpula nacional. Parece muy probable que Podemos pierda gran parte de su electorado en las próximas elecciones generales y por eso harán lo que puedan, cederán lo que se necesite y apoyarán lo que haga falta a Sánchez para que el gobierno no se vea en la necesidad de convocarlas.

Le va en ello la supervivencia del partido y, sobre todo, el futuro político y personal de Pablo Iglesias. Futuro que es una verdadera incógnita porque está en una situación sumamente indeseable por inestable: tiene más poder que nunca ha tenido, pero el menor respaldo en votos de su historia de “renovador” de la política.

Es muy probable que Sánchez trate de mantenerlo porque lo necesita, pero no parece que tenga ninguna posibilidad de conseguir ayuda y comprensión en Europa llevando este lastre en la mochila. Veremos.

Y en cuanto a los blanqueos de los “imblanqueables”, las elecciones en Cataluña no se harán esperar. ¿Qué pasará con el PSC y ERC? Es probable que ocurra lo que en el País Vasco. Que el blanqueado resulte triunfador y el blanqueador no gane ni votos ni escaños. ERC gana, PSC pierde.

Mención aparte merece la ascensión insospechada del Bloque  Nacionalista Galego,  “el Galegista”. Mucho tiene que ver la imagen personal de Ana Belén Pontón y su discurso moderado, tan diferente al que mantenía en su día José Manuel Beiras. Puede que este partido, que defiende temas sociales bastante generales y un avance en las competencias de la autonomía, haya capturado una buena parte de los votantes moderados de Podemos que, como ha ocurrido en el País Vasco, no han ido a aparar al Partido Socialista.

Podríamos decir que es un discurso parecido al de Convergencia hace quince o veinte años, pero no hay que olvidar que los partidos nacionalistas españoles  nos han complicado mucho la convivencia. Con muy pocas excepciones, como la de la desaparecida Unión Valenciana de  González Lizondo, que nunca defendió un nacionalismo valenciano rupturista o excluyente.

Y la última impresión es que el triunfo personal de Feijoó obligará a una reflexión profunda en las estrategias del PP. Es cierto, repito, que los resultados autonómicos no son extrapolables a nivel nacional, pero también lo es que el talante y la forma de hacer política del renovado presidente es un ejemplo a imitar. Un modelo muy a lo Rajoy, al que le sobró, sin duda, el exceso de confianza en su equipo colaborador que al final resultó que buscaban más sus intereses personales que los del partido.

Todo ellos, los grandes patriotas y fieles al PP, menos Casado, desaparecidos “en sus cosas”.

Desmontando lo que “dicen que van a hacer” 2.- El gobierno calamar y los supuesto cambios constitucionales

Reconozco que soy injusto porque no tenemos un gobierno calamar, sino a una parte de miembros del gobierno especialmente expertos en lanzar chorros de tinta negra para enmascarar sus vergüenzas cuando se ven amenazados.

Lo ha sido y lo es el presidente cuando desenterraba a Franco cada dos por tres y lo sigue siendo en cada sesión parlamentaria cuando ejerce de oposición de la oposición y no contesta a una sola pregunta. Ni una. Su muletilla es casi un “como se atreve a…” o “lo que tienen que hacer es arrimar el hombro”  y san “seacabó”.

Pero el gran maestro del “esto no es lo que parece”, el gran mago del engaño y la manipulación es nuestro querido vicepresidente iglesias. Sánchez, “el superviviente” ha peleado, pactado, trampeado y todo lo que se quiera para acabar con todos los puristas que le apearon del PSOE, pero también trabajó muy duramente recorriendo cada delegación para conseguir adeptos. Se lo “curró”

Nuestro macho alfa no. Nuestro brillante vicepresidente es una especie de personaje de ficción, inventado, sin más bagaje que el haber actuado como comunista universitario y haber colaborado asesorando a gobiernos sudamericanos sumidos hoy en el desorden y la miseria. Asesorando con la palabra, como acostumbra, y cobrando en buenos dólares.

Es pura imagen y presencia en pantalla, medio en el que se maneja especialmente bien. Muy brillantemente diría yo. Y que tiene, hay que reconocerlo, una “labia” capaz de engatusar al más escéptico. Que hasta a notarios conocidos míos llegó a engatusar.

Y no es por lo que dice que, o no es nada, o son mentiras y medias verdades, sino por como lo dice. Con esa pose estudiada de avanzar media parte del torso en el atril, fruncir las cejas y poner cara de verdad absoluta. Pose de manual de estilo de cualquier libro sobre lenguaje corporal.

Iglesias ha enterrado sin honores a la mayoría de su antigua vieja guardia, ha sobrevivido a cambios personales, a escándalos sexuales, a frases machistas e irrespetuosas sobre la mujer presentándose al mismo tiempo como gran feminista, y a un montón de líos y componendas de todo tipo. Y ahí está él, tan “pito”, como diría mi abuela María y actuando como si fuera él el que tiene la razón.

Como digo: un prestidigitador  de muy alto nivel. Ni nuestro entrañable Juan Tamariz, que me hizo subir al escenario en una de sus actuaciones y me tomó el pelo todo lo que quiso.

Y siempre sale de apuros distrayendo la atención evocando casos ajenos, siempre “muy importantes”, mucho más que sus pequeños “pecadillos”, o pretendiendo abanderar grandes causas. Como la de conseguir la tercera república española

Ahora ambos se sienten amenazados. El presidente por su futuro inmediato en la Comunidad Europea a la que tiene que acudir, ahora sí, sin disfraces ni más mascarillas que las que impone el terrible COVID19. Iglesias por sus problemas legales con la famosa tarjeta de móvil, entre otros, que ha retenido, según sus argumentos de paladín del siglo XXI,  para proteger a una “pobre mujer” de 25 años y por sus mentiras a la judicatura.

Y, héteme aquí, que para estos líos no será suficiente con desenterrar a más “represaliados del franquismo”, como anunció la nuestra vicepresidenta y a Franco ya lo tienen en su nuevo emplazamiento.

Pero el lamentable caso del Rey emérito les ha brindado un puente de plata. A ambos.

No han actuado con la misma intensidad, pero si en la misma dirección: El lema de la pancarta virtual de Sánchez dice “la monarquía es algo a controlar, hay que limitar sus privilegios”. Por cierto, al presidente del gobierno no, porque le basta con declarar “secreto de estado” cualquiera de sus correrías en Falcon, sus gastos desconocidos o sus extrañas negociaciones con el que se ponga a mano.

La de Pablo Iglesias es mucho más rotunda y ambiciosa: “hay que cambiar la forma de estado y declarar la tercera República”, que será nuestra tierra de leche y miel según anuncia el vicepresidente.

La monarquía es una “situación que genera alarma” afirma Iglesias y no se lo puedo negar porque desconozco el dato de “cuantos son sus cuantos” ni cuales son sus fuentes, pero de lo que estoy seguro, totalmente seguro, absolutamente seguro, es que el número de españoles alarmados por nuestra forma de Estado es mínimo, casi insignificante, si lo pudiéramos comparar con la alarma que genera tenerle a él como vicepresidente de una nación moderna y democrática, sumida en una profunda crisis y que tiene que negociar condicione de ayuda con la Comunidad Europea.

Pero ambos tienen una cose en común: su cinismo. El primero por decir que va a proponer una reforma de la Constitución que elimine la inviolabilidad del Rey y el segundo por decir que va a proponer un referéndum para cambiar la forma del Estado.

En ambos casos mienten como bellacos porque saben que cambiar determinados artículos de la Constitución requiere un mecanismo muy complejo que fijaron sus redactores. Y no lo hicieron para que fuera intocable, sino para evitar que personajes de poco juicio o con extraños intereses destruyeran la forma de Estado y nuestra convivencia por uno o varios platos de lentejas.

Es decir, se aseguraron de que si se hacían cambios constitucionales fuera la gran mayoría de los españoles, y no el gobierno de turno quien lo decidiera.

Y este mecanismo es:

Artículo 168

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Es decir: que para cambiar la forma de estado en el Título preliminar, donde se define la forma de Estado, o el Título II, que enmarca las obligaciones y garantías de la Corona, se debe:

  • Aprobar por mayoría de dos tercios de cada Cámara
  • Disolver las cortes
  • Convocar elecciones
  • Que las Cámaras recién elegidas ratifiquen la propuesta de cambio y preparen el nuevo texto.
  • Que se convoque un referéndum para su ratificación.

¿A qué viene pues ese intento de engañar a la ciudadanía de Pedro Sánchez cuando dice que va a proponer suprimir la inviolabilidad del Rey como si fuera algo de rutina, como cambiar el nombre de una calle?

¿A qué viene la prepotencia de Iglesias cuando dice que va a proponer un referéndum para cambiar el modelo de Estado como si las convocatorias del referéndum lo pudieran aprobar directamente las Cámaras sin más trámites?

Ambos saben muy bien que esas cosas solo ocurren en estados bananeros en los que se saltan las leyes y las constituciones cuando les viene en gana a sus presidentes, pero España, mal que les pese, es una nación en la que los gobiernos están sujetos al dominio de la ley y sus posibilidades de decretar leyes son, exactamente, las que les marca la Constitución.

Y que los gobiernos, salvo estados de guerra, de alarma, de excepción o de sitio, deben someter sus decisiones a la aprobación de las Cámaras. La excepción la regula el artículo 86 que acepta como legal el “decreto ley”, por el que los gobiernos pueden dictar disposiciones que posteriormente deberán aprobar las Cámaras.

Procedimiento del que han abusado todos los gobiernos para tomar decisiones por la via del atajo y muy especialmente el actual que, en algunos casos, ha aprovechado el estado de alarma decretado con motivo de la pandemia para tomar decisiones políticas o publicar nombramientos que nada tenían que ver con la salud de los españoles.

Lo que demuestra un intento continuado de los políticos que nos gobiernan o nos han gobernado para buscar rendijas legales que les permitan tomar decisiones de dudosa oportunidad y para su beneficio personal o político.

¿Y cómo queda todo esto? Pues muy mal. Es cierto que ni el presidente ni el vicepresidente pueden hacer “lo que dicen que van a hacer”, pero mientras, siembran falsas expectativas en los menos y alarma en los más. Naturalmente ni TVE, controlada por la muy puro independiente Rosa María Mateo ni los medios afines van a decir lo que estoy diciendo yo. Solo lo hará la oposición, los medios de comunicación independientes y los periodistas libres, que quedan muchos y que, posiblemente por eso, están en el punto de mira del poder.

Y cuatro románticos como yo que nos creemos en la obligación moral de ser didácticos exponiendo a nuestros seguidores cual es nuestra forma de Estado y cuales son nuestras garantías constitucionales y en denunciar las trampas y miserias de algunos políticos, sean de la ideología que sean.

A los que se les ve el plumero por mucha tinta que lancen para camuflarse.

Ya ha ocurrido en otros tiempos y otros lugares: ¡Quememos libros, derribemos estatuas!

Por mucho que parezca que no es así, la humanidad está rebajando los niveles de cultura a una velocidad muy alarmante. Tenemos más “conocimiento”, eso sí, y somos capaces de hacer aterrizar a un mini satélite en una roca que viaja a una velocidad endiablada y a muchos miles de kilómetros de la tierra. Y seremos capaces de descubrir una vacuna contra el COVID19 en tiempo record, pero  es muy posible que muchos de los que son capaces de conseguir estas maravillas de la tecnología no sepan contestar a preguntas elementales sobre la historia de la humanidad o sobre conceptos básicos de lo que antes se consideraba como “humanismo” que en su segunda acepción, la RAE define como:

“Movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos xiv y xv que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras redescubrió y estudió”.

Que perdemos cultura es un hecho, esa cultura que define la RAE como:

  1. Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.
  2. Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc…

Y, a eso me refiero. Hemos conseguido enormes avance en lo específico, pero hemos perdido muchísimo en lo genérico y eso, en mi opinión en malo, muy malo. Ya no se estudia filosofía y se pasa de puntillas por la historia, sino se imparte tergiversada y manipulada, como ocurre con la ética y otras materias que deberían ser soporte del conocimiento. No hay tiempo para todo y “hay que priorizar”.

La falta de cultura debilita muchísimo a las personas porque la ignorancia las pone en manos de dictadores fanáticos, como fue Hitler, o de líderes populistas de causas sin fundamento.

Y viene a cuento de lo que está pasando en los Estados Unido y no solo allí, que comenzó con una protesta contra la brutalidad de un policía, no muy desconocida por esos lares, que se agravó con el hecho de que la víctima fuera de raza negra y que, como tercera derivada, despertó el movimiento antirracista en esa gran nación. Protesta, muy especialmente, centrada en la discriminación racial de los negros, más formal que legal en este momento, pero que continúa siendo un problema evidente.

Y siguiendo la estela de las primeras manifestaciones, grupos de personas de allí y del resto del mundo se han dedicado a derribar estatuas de personajes históricos partiendo, supongo, del principio de que todos “los de antes” eran racistas o esclavistas.

Teoría que lo mismo sirve para un roto que para un descosido y que iguala a personas como Fray Junípero Serra, gran defensor de los muy masacrados indígenas americanos, prácticamente desaparecidos, con otros que efectivamente eran esclavitas de profesión o de disfrute.

Y aquí se muestran los dos niveles de la incultura: El primero es querer juzgar hechos del pasado con la mentalidad de ahora. Pasado en el que era aceptable lo que ahora nos parecería monstruoso, pero que eran norma en la forma de vida de nuestros antepasados.

La segunda es mezclar las preñadas con las paridas y sentar un extraño precedente por el que todos fueron “igual de malos” fueran de la nación que fueran e hicieran lo que hicieran.

Y en lo que respecta a España es absolutamente falso. Es cierto que Colón llegó a América y que después de él llegaron conquistadores y comerciantes que, seguro, explotaron a riquezas y personas, pero no es menos cierto que nuestra nación reaccionó de inmediato poniendo las cosas en su sitio.

Y hago mención a dos hechos indiscutibles:

El estatus de los indígenas americanos, resultado de las grandes reservas morales de la Corona, muy especialmente de la Reina Isabel, enfrentada a dos problemas: uno era de conciencia y otro de orden práctico, pero ambos giraban en torno a la misma cuestión fundamental: los derechos y las libertades de los naturales del Nuevo Mundo.

Leyes y reglas de comportamiento que España redactó por propia iniciativa y sin ninguna presión de terceros países. Presión que prácticamente nadie podría ejercer en aquellos tiempos.

Y que constituye un caso inédito en la historia universal. Casi desde el inicio la Reina de Castilla, Isabel la Católica, defendió sin medias tintas la dignidad de los indígenas, hecho que se evidenció cuando algunos integrantes de la expedición del segundo viaje de Colón regresaron a España trayendo como única “riqueza” lograda, trescientos indígenas taínos en calidad de esclavos, argumentando que Colón les había autorizado a ello.

Y es historia que al conocer el hecho, la Reina, indignada preguntó: ¿”y quién le ha dado autoridad al Almirante para hacer esclavos a mis vasallos”?

Pero como este comentario no era suficiente, casi de inmediato, “el 20 de junio de 1500, la Reina Isabel, en el pórtico del siglo XVI, expedía una real cédula ordenando la libertad de unos naturales de América que Cristóbal Colón había enviado para vender como esclavos, de acuerdo a normas del derecho vigente en la época. Dijo entonces la reina que los indios eran vasallos de la Corona y, como tales, no podían ser esclavizados. No procede Isabel por consideraciones jurídicas ni económicas, ni siquiera oportunistas; se lo ha impuesto un deber de conciencia, es decir, uno de esos problemas que el hombre se plantea cuando es capaz de escuchar a Dios”.

O a la más elemental de las normas éticas, añadiría yo.

Y como evidencia de estas decisiones, en su testamento, dictado el doce de octubre del año 1504 en la villa de Medina del Campo, Isabel la Católica suplicaba “al Rey mi señor muy afectuosamente” y mandaba “a la princesa mi hija y al príncipe su marido” a que “no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de dichas islas y tierra firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes.”

Es decir. Los indios americanos fueron considerados desde el principio como “españoles de ultramar”

El segundo hecho histórico es que España aceptó la legalidad de los matrimonios con indígenas, concediendo a los conyugues nativos los mismos derechos y el miso estatus que tenían los españoles casados con ellos.

Parte de un artículo del diario “El Mundo”:

“Los contactos entre los conquistadores y las mujeres nativas fueron un problema y una característica de la conquista de América. La situación, aunque no siempre llegó a los extremos que narra Cuneo, estuvo llena de irregularidades y vacíos jurídicos. Fue la importancia de regularizar tales uniones lo que llevó al rey Fernando el Católico a aprobar en 1514 una real cédula que validaba cualquier matrimonio entre varones castellanos y mujeres indígenas”.

Otro hecho totalmente fuera de las normas de la época y que no se aplicó en otras naciones hasta siglos después.

Y eso es lo cierto. Las huestes de Hitler quemaban libros y figuras de autores “enemigos” por fanatismo. Las hordas de hoy derriban estatuas por ignorancia.

Malo, muy malo, es lo primero aunque tiene la ventaja de que, como ocurrió, detrás del dictador vinieron otros dirigentes y otras culturas que deshicieron sus locuras y recuperaron los valores de la ética social y política.

Veo mucho más peligroso lo que está ocurriendo ahora porque es consecuencia de la falta de cultura general de parte de las nuevas generaciones y eso es un hecho incuestionable que irá a más conforme avance la formación en tecnologías y que resultará prácticamente irrecuperable.

Y luego lo que resulta tan triste. El gobierno de la nación no está reaccionando de ninguna forma ante semejantes disparates e incluso me atrevo a decir que a parte de ellos, los de Podemos, les gusta la situación porque supone revueltas y conflictos que es el hábitat natural de sus acciones políticas. No importan las razones, importan las revueltas y los grandes movimientos de masas.

Las dos Españas eternas e irreconciliables.

Cuando Antonio Machado escribió

“Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios,

una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.”

Era el año 1912 y se sentía sobrecogido por lo que había visto y por lo que estaba sucediendo, pero estaba muy lejos de suponer que hoy, ciento ocho años después, podría volver a escribir los mismos versos y con la misma angustia.

Este hombre del que todos quieren encontrar similitudes ideológicas con sus propios pensamientos, republicano convencido, andaluz de nacimiento y castellano de vocación, fue un profundo enamorado de su España rota hasta el punto que, según la tradición, se llevó tierra española en una caja de madera para que le enterraran con ella en su destierro de Colliure. Murió en febrero de 1939, en plena guerra civil, casi al mismo tiempo que su madre, con solo tres días de diferencia, consciente él, inconsciente ella, agonizando ambos en la misma habitación.

Trágico destino para el que fue un gran hombre, admirado por muchos, odiado por nadie, de sentimientos encontrados, que todavía recibe cartas que depositan en su tumba los peregrinos que la visitan.

Hombre que pasó gran parte de su tiempo sin entender lo que ocurría ni en los cielos ni en la tierra, que se lamentó a Dios con un:

“Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería

Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.

Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.

Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar”.

Versos dolorosos, desgarradores, escritos cuando falleció su amada Leonor con solo 19 años, fallecimiento que le forzó a abandonar su Soria adoptiva porque no podía soportar la soledad.

Y viene a colación porque Antonio Machado y Ruiz parece una representación de la misma España. Su vida transcurrió en una sucesión de sobresaltos, como la pérdida de Cuba, la Guerra Mundial y grandes titulares que repetían cada día tragedias  y amenazas.  Y que culminaron en una guerra civil que ensangrentó España y le obligó a abandonar su querido país. Convulsiones que soportaba sumergiéndose en sus paisajes profundos, en esas ciudades lejanas y solas, en esos caminos que hacía al andar.

 Y ¿cuál es la razón de que hoy, en pleno siglo XXI y rodeados de democracia y bienestar sigamos en nuestras trece, quizás más divididos cada día que pasa?

Yo tengo una teoría, pero en contra de lo que suelo publicar no se basa en hechos contratados. Son impresiones entresacadas de esto y de aquello y de la experiencia de mis muchos años de vida.

Estoy convencido de que todo lo que nos ocurre se debe, casi exclusivamente, a que somos la única nación del mundo civilizado que ha tenido una guerra civil en los últimos tiempos. Porque las de los Balcanes no fueron civiles. No lucharon serbios contra serbios ni croatas contra croatas. Ni lucharon entre si los eslovenos o los macedonios. Fueron guerras entre países por los malditos nacionalismos y por la prepotencia de los fanáticos que quisieron restaurar la Gran Nación Serbia.

En España sí. En España lucharon españoles contra españoles por el fracaso de unos y la insumisión de otros y como consecuencia de semejante disparate una buena parte de la juventud española fue reclutada a la fuerza para luchar bajo una u otra bandera sin que fuera esa su decisión. No fueron a matarse los unos y los otros de forma voluntaria.

Acabó la guerra y empezó una postguerra durísima, especialmente en los primeros tiempos a causa de las represiones, muchas veces motivadas por rencores personales, y por la miseria en la que estábamos sumidos.

Pero, pasado el tiempo, un grupo de personas de mucho nivel y diferentes ideologías empezaron a trabajar planificando una transición pacífica desde la dictadura hasta la democracia.

Y se consiguió porque una gran mayoría de los españoles aceptamos con alegría la nueva situación y nos mantuvimos unidos frente a la adversidad, los asesinatos de la calle Atocha, frente a los asesinos de ETA y hasta del intento de golpe de Estado del 23 F.

Pero hace unos pocos años, personajes que ni vivieron esos tiempos ni tuvieron que reconstruir España porque se la encontraron “hecha”, siendo ya un Estado democrático y garantista, organizado, con Universidades y con una gran cobertura social, decidieron que querían ser “alguien” en la política y no encontraron mejor forma que volver a dividir a los españoles.

Y reescribieron la historia reverdeciendo rencores ya casi desaparecidos y trataron de convencernos, casi lo están consiguiendo, de que la transición fue una gran farsa y que todos los españoles que eran algo en la política de aquellos tiempos y todos nosotros en general, los auténticos protagonistas de la transición, somos una generación de ovejas crédulas y desinformadas.

Y como ese es el argumento, no se dirigieron masivamente a los que fueron protagonistas de la guerra o lo fuimos de la posguerra, de la dictadura y de la transición, porque sabían que no les  haríamos ningún caso. La gran mayoría de sus “víctimas emocionales” preferidas, su campo de cultivo, han sido los hijos o los nietos de los directamente afectados.

Porque nosotros nunca olvidamos, pero decidimos pasar página en beneficio de la convivencia y del bien común. No había olvidado Dolores Ibárruri cuando estrechó la mano de Adolfo Suarez. Ninguno de los dos. Ni tampoco Fraga cuando presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI, ni los que estuvieron en las cárceles franquistas y ocuparon escaños en el congreso.

Ninguno olvidó, pero todos miraron hacia adelante y la cosa salió bien. ¡Eso sí que fue una verdadera reconstrucción del país!

Y es por eso por lo que me siento tan frustrado y tan dolido. Porque tengo la impresión de que los que ahora reclaman derechos de sus padres y abuelos convencidos de que hay una sentencia pendiente que nadie quiso dictar en su momento, en el fondo les están engañando. Violentando su voluntad. Porque están haciendo algo que ni nosotros sin nuestros padres quisimos hacer, no por miedo, porque se había terminado la etapa de mirar hacia atrás por encima del hombro, sino por convencimiento. Porque era lo mejor.

Y a los emponzoñadores sociales, los falsarios “inventa historias” que tanto daño han hecho y están haciendo al país y a la convivencia de los ciudadanos, los que buscan confrontación y quieren reverdecer errores, lo peor para ellos. No les deseo ningún mal personal ni para ellos ni para sus familias, pero tengo la esperanza de que en algún momento la sociedad reaccione y les pondrá en su verdadero lugar: el de agitadores profesionales y malintencionados, intelectuales del tres al cuarto, manipuladores del baratillo, que nacieron cien años más tarde de lo que deberían haber nacido.

Ignorancia, falsedad o simplemente mala praxis de algunos políticos. El caso de Pablo Iglesias y los fallecidos en residencias de ancianos.

Estos días, entre otros muchos despropósitos escuchados en el parlamento o en las famosas ruedas de prensa de los miembros del gobierno, hemos podido comprobar que el punto de mira de nuestro vicepresidente Iglesias, el que nos toma por tontos de capirote, es Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Y lo hace aprovechando el hecho incuestionable de que Madrid ha sido la comunidad con más muertos en residencias. Pero, como siempre, existen matices y nuestro Señor Iglesias trata de confundir a la opinión pública manejando datos reales, sí, pero deliberadamente tendenciosos.

El desgraciado asunto de los fallecidos en las residencias es un hecho lamentable que debe provocar muchas reflexiones sobre lo que fue y lo que pudo haber sido y es muy cierto que en un momento de colapso hospitalario se han cometido bastantes errores. Pero no es menos cierto que estos errores se han producido en todas las comunidades y siendo como es un asunto tan complejo y en el que se mezclan tantos factores, muchos de ellos técnicos y sanitarios, no me considero capacitado para tirar primeras piedras en ninguna dirección.

Pero hay dos hechos evidentes. Pablo Iglesias asumió en el primer momento el control de las residencias pensado que podría obtener réditos políticos. Y es una suposición basada en que las primeras informaciones achacaban las muertes a errores directos de las residencias privadas y algunos fallos de la Comunidad de Madrid.

Pero cuando se dio cuenta de la profundidad del charco en el que se había metido, paso a un plan “B” de quitarse de en medio y ni dicto norma alguna, ni visitó ninguna residencia, ni se le vio por ninguna parte.

El segundo sucedido es que una vez amortiguado el problema, el vicepresidente se subió al atril y comenzó a fabricarse un extraño protagonismo  de redentor de los fallecidos en las residencias de Madrid, no de toda España, basado en falsedades o medias verdades.

Lo cierto es que no le considero ningún lumbreras, pero si un político de gran nivel que cada vez está cayendo con más frecuencia en el error de suponer que todos menos él somos tontos. Y lo demostró ayer mismo cuando en rueda de prensa dijo que cuando habla como  secretario de Podemos es partidario de la desmilitarización de la Guaria Civil, pero que como vicepresidente no puede pronunciarse. Olé tu gracia.

Y un ejemplo evidente de esta manipulación son las cifras oficiales que se manejan sobre los fallecidos en residencias.

Ningún pero a que el mayor número de fallecidos corresponde a la Comunidad de Madrid. Ni tengo claras las razones ni se me ocurre creerme con suficiente capacidad para entender todas las variables que han coincidido en un hecho tan lamentable. Pero Madrid fue la  gran protagonista del contagio y los fallecimientos.

Pero está claro es que esta desgracia también ha afectado a otras comunidades hasta el punto que en alguna de ellas el 90% de los fallecidos han muerto en residencia. Y este es el dato que omite: El que la comunidad madrileña ha sido la octava en tanto por ciento de fallecidos sobre el total de fallecidos, detrás de otras como Aragón, Navarra, Extremadura, Castilla la Macha, Castilla y León, Cataluña y Asturias.

¿Y por qué lo hace? Por mantener viva una moderna “batalla de Madrid” esta vez incruenta, en la que se enfrentan dos modelos antagónicos de gestión: el social-proteccionismo y el liberal. Y por eso Iglesias centra sus críticas en esta comunidad. No importa que otras gobernadas por el PSOE o por el PP tengan peores datos objetivos. Ayuso y su modelo de gestión es el enemigo a batir y cualquier argumento es bueno

Ocultación de datos  tan falaz como cuando se ocultaba, se sigue ocultando, que el tanto por ciento de fallecidos sobre el total de población española es el más alto del mundo al mismo tiempo que presumen de resultados bastante discutibles en los que se adjudican méritos que no les corresponden.

Decía que nunca he considerado a nuestro vicepresidente ni un intelectual ni un “lumbreras” porque no lo es. Es cierto que está licenciado en Ciencias Políticas, pero no es un referente en la materia ni se le conocen más actividades que la docencia y  liderar movimientos de mini-masas. Ninguna en gestión ni en organización aunque, eso sí, es un político de primer nivel y con mucha escuela, especialmente capacitado para sacar partido a todo lo malo de nuestra sociedad.

Pero estoy seguro de que sus conocimientos y los de sus asesores le llegan para hacer cuatro números, como he hecho yo, partiendo de algunos datos oficiales.  

¿Hasta cuando tan mal rollo y tanta desfachatez?

*Datos he obtenido de TVE que cita como fuentes “Elaboración propia, Ministerio de Sanidad, Consejerías de las CC.AA.” en un artículo titulado “Radiografía del coronavirus en residencias de ancianos: más de 19.400 muertos con Covid-19 o síntomas compatibles”

Honores y honores. El del que fue juez Marlasca y el de la Guardia Civil.

La cartilla del Guardia Civil, publicada el 20 de diciembre de 1845, dice en su primer artículo: El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás.

Desconozco el texto de su juramento, pero en una intervención con motivo de la toma de posesión de una promoción de jueces, el vocal del CGPJ Félix Azón, reclamó que la carrera judicial fuera “un referente del liderazgo social” en estos momentos de crisis que atraviesa España.

Y que las virtudes esperadas son: prudencia, imparcialidad, capaz de transmitir de forma diligente y clara sus resoluciones, respetuosos con el ordenamiento jurídico, laboriosos, serenos, valientes para atreverse a resolver los conflictos que le planteen y humildes. “No olvidemos que somos servidores públicos”, sentenció.

Desgraciadamente y como he comentado en otras ocasiones, estamos en manos de un gobierno que ha perdido todo respeto a la verdad y que pasó de jugar con dobles interpretaciones y eufemismos a mentir descaradamente. Mentiras dichas con toda rotundidad y desmentidas a tramos en muchas ocasiones, como ocurrió con el famoso caso de José Luis Ábalos y la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodrígez, que empezó con un no ceñudo de hombre ofendido, que pronto paso a  ser un no “a según qué” y que a golpes de información periodística, acabo siendo un sí con muchos agravantes.

Barrera, la de la mentira en sede parlamentaria, en la casa de la democracia,  que ha sido infranqueable en la actuación de los gobierno de la nación, los que hicieron dimitir al ministro Soria, no por tener negocios familiares en países extranjeros como pedía la oposición porque era una situación legal, sino por negar tener conocimiento de los hechos cuando era imposible ignorarlos. Es decir, por mentir

O este mismo gobierno que destituyó a Màxim Huerta todavía no se sabe muy bien porqué, posiblemente para proyectar una imagen de pureza extrema y a la ministra Montón por el escándalo de su master. Listón que se rebajó hasta el suelo cuando aparecieron los plagios del presidente y otras irregularidades que le afectaban a él o a algunos miembros de su guardia pretoriana.

Dicho lo cual, y con estos antecedentes, paso a expresar mi opinión sobre lo que está ocurriendo con el ministro de Interior Fernando Grande Marlasca, juez de trayectoria brillante, ahora juguete roto, como consecuencia de sus mentiras y salidas por la tangente a raíz del cese del Coronel Pérez de los Cobos.

Y, sinceramente, es lamentable ver cómo puede cerrar su biografía un hombre recto en su trayectoria profesional, por haberse intoxicado por la política rastrera de los últimos tiempos, desde que entró a formar parte y parte importante, del gobierno de Pedro Sánchez.

Primero afirmó que había cesado al coronel por “falta de confianza”, situación que según doctrina de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, con fecha del 19 de septiembre de 2019 debe motivarse.

Los puntos 1, 2 y 3 de esta resolución dicen textualmente:

  1. Como el acto de nombramiento, también el de cese debe ajustarse a exigencias formales obvias como, por ejemplo, que lo acuerde el órgano competente o la adecuada formación -en su caso- de la voluntad si es un órgano colegiado y a tales exigencias formales cabe añadir la motivación si bien con la debida modulación.
  • Esta motivación ciertamente debe ir más allá de lo previsto en el artículo 58.1, párrafo segundo, del RGPPT, según el cual ” la motivación de esta resolución se referirá a la competencia para adoptarla “. Por tanto, al funcionario cesado debe dársele razón de por qué las razones de oportunidad, basadas en la confianza e idoneidad apreciada para el puesto y que llevaron a su elección, ya no concurren o si concurren qué otra circunstancia objetiva determina la pertinencia del cese.
  • La razón o razones del cese no serán enjuiciables en lo que tiene de libre apreciación; ahora bien, es exigible que se explicite evitándose expresiones opacas, estandarizadas, que puedan encubrir una intención patológica por falsa, caprichosa o ajena a los requerimientos del puesto o a las exigencias de idoneidad profesional que llevaron a la elección. Esta exigencia de motivación se cualifica cuando se trata del cese de quien ejerce funciones de representación sindical.

Motivación que no quiso dar cuando se le preguntaron las razones, porque era vox pópuli que el hecho se había producido cuando el coronel Jefe de la Comandancia de Madrid se negó a entregarle un informe que había elaborado una unidad a su cargo que actuaba como Policía Judicial a las órdenes de la jueza Carmen Rodríguez Medel, que se encontraba instruyendo una causa sobre la autorización de las manifestaciones del 8 de marzo.

Negativa que estaba plenamente justificada porque según la ley, cuando un equipo de las Fuerzas de Seguridad del estado actúa como Policía Judicial dependen directamente de la juez que instruye y solo deben informar a ella o a la fiscalía.

Después dijo que era una “renovación de cargos” de la Guardia Civil, explicación impropia de la inteligencia de un ex juez, cuando el cese se produjo un domingo por la noche y sin tener sustituto para el puesto.

Luego vino la dimisión del director adjunto operativo de la Guardia Civil, Laurentino Ceña, el número dos del cuerpo, que había estado dando la cara durante la pandemia, como  manifestación de su desacuerdo con el cese del coronel Pérez delos Cobos. Dimisión que  trataron de minimizar alegando que “estaba a punto de jubilarse”. ¿Quién en su sano juicio, puede pensar que un general de su trayectoria iba a renunciar a esos últimos días en el cuerpo en los que recibiría, sin duda, el reconocimiento de los miembros de su equipo y de la totalidad del cuerpo?

Y el cese del general Fernando Santafé, número tres del cuerpo, al parecer por discrepancias con el nombramiento del sucesor de Laurentino Ceña. Y a partir de ese momento,  los medios se llenad de rumores sobre si este llamó o no llamó a aquel o sobre el malestar evidente de la Guardia Civil, manifestado por todas las asociaciones del Instituto Armado.

Y en medio de esta tormenta, el ministro Marlasca insiste en que se trata de una renovación del cuerpo.

Posteriormente aparece el documento del cese que dice textualmente: “por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo y de policía judicial, con fines de conocimiento”.

Es decir: El ministerio quiere que le entreguen un documento emitido por el equipo de la Guardia Civil que actúa como Policía Judicial para enterarse del desarrollo y la actuación del equipo “con fines de conocimiento”. Y la razón evidente es que la investigación afecta a altos cargos del gobierno.

El documento de cese sí cumple el requisito de motivar la falta de confianza, pero descubre el pastel de que la verdadera razón es que el coronel Pérez de los Cobos se negó a obedecer una orden claramente ilegal.

Entonces empiezan las dudas y los balbuceos y el ministro Marlasca se mantiene en su papel de “renovador” añadiendo que “él no ha pedido nada” y que desconoce del contenido del informe de marras.

Y, en ese ambiente, llegamos a la sesión plenaria sobre la renovación del régimen de alarma y, durante su transcurso, en el que apenas se habló de salud pública, se produce la apoteosis final. El presidente, prepotente y trasgresor, desautoriza indirectamente la investigación de la juez con su grito de “viva el 8 M” y sube un peldaño en la confusión y la indignidad al afirmar que el buen ministro estaba desmontando la “policía patriótica” montada, como no, por el PP. Ya no hay ilegalidad en la petición, ya no se incumple la ley porque el “bien mayor” es desmontar las famosas cloacas del estado. Frase patentada, por cierto, por su vicepresidente Iglesias.

Magnífico. Ahora resulta que el Coronel López de los Cobos ya no es un insubordinado infiel. Es una rata de las cloacas del Estado. Y, por extensión, también parecen serlo todos aquellos que no estén de acuerdo con las órdenes del gobierno, sean legales o no. Y ahora se habla de la Guardia Civil, pero no se tardará en saber “cosas” de la Policía Nacional.

Y saca a colación que se ha filtrado el informe de la policía Judicial, informe que llegó a manos en primer lugar, que casualidad, a dos medios afines, muy afines al gobierno actual.

Y para más abundamiento, ahora resulta que no ha sido él quien ha cesado al coronel. Lo hizo  la Directora de la Guardia Civil, una perfecta desconocida figurante en toda esta farsa, siguiendo instrucciones del Secretario de Estado de Seguridad. “A ellos y no a mí es a quién deberían pedir explicaciones”, parece decir.

Y hasta aquí mi comentario porque ni se más que lo que he visto ni puedo entrar en rumores de lo que pudo ser o de lo que será. No puedo ser imparcial porque soy “hijo del cuerpo”, pero solo he expuesto hechos contrastados, tratando de aparcar las emociones que provocan las injusticias. En este caso en particular y en cualquier otro en general.

Me imagino que el coronel López de los Cobos se verá en la obligación de defender su honor interponiendo algún tipo de querella contra el ministro del Interior, ahora extensiva al propio presidente por sus desafortunadísimas insinuaciones, No se si lo hará o no o si para hacerlo tiene que pedir la baja en el Instituto Armado, pero esa será su decisión y a ella le han forzado porque un ministro inmoral ha insinuado a la oposición que no insistan para “no perjudicar la imagen del coronel”.

Declaración sorprendente y paternalista porque si sabe algo ilegal de este funcionario de alto grado tiene la obligación de denunciarlo. Y si es falso se trata de una insinuación muy miserable.

Como decía anteriormente, que lamentable cierre de currículum de un hombre que escribió una autobiografía titulada “ ni pena ni miedo”, lema que lleva tatuado en su muñeca y que no se refería, naturalmente, a su desgraciada intervención en el ministerio. Leído en internet: “La sinopsis de la autobiografía de Fernando Grande Marlaska dice que » Ni pena ni miedo es un lema de resistencia que significa que el miedo a las consecuencias de nuestros actos no debe paralizar nuestras decisiones futuras, que hay que ser consecuente con lo que creemos y defendemos«. Como diría un castizo, ¡quién te ha visto y quién te ve!

Y, sin insinuar nada, porque me niego en rotundo a insinuarlo, resulta que el teniente coronel David Blanes González, nuevo jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Madrid, era el jefe de la Unidad Fiscal y Aeroportuaria la noche en que el avión de la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, aterrizó en Barajas y fue a su encuentro el ministro José Luis Ábalos”. Para mí ambos hechos son casuales porque, entre otras cosas, lo ocurrido en Barajas se supo gracias a la Guardia Civil de Aduanas. Si fuera el PP el que recibió a la ministra venezolana y el que hubiera promovido este nombramiento, no habrías suficiente espacio en la sexta para “sacar conclusiones irrefutables”.

En cuanto a  la Guardia Civil como institución, ¡que voy a decir! Que es un cuerpo con honor, que trabaja incansablemente a la luz o en las sombra al servicio del Estado y a las órdenes del gobierno de turno y para proteger a  la ciudadanía. Día y noche. Por tierra, mar y aire, desde las montañas pirenaicas hasta las costas y fronteras. En nuestras carreteras y aduanas, en nuestras zonas rurales, persiguiendo delitos de todo tipo cuando actúa como Policía Judicial, y honrando el verde de sus uniformes en todos los servicios y misiones que les son encomendadas. Sin desfallecer en una catástrofe ni lamentarse por tener que trabajar con riesgo de sus vidas luchando contra la delincuencia o rescatando a insensatos de los lugares más inverosímiles.

Ni una línea más para defender lo que no necesita defensa. El honor de la guardia Civil. ¿Qué de vez en cuando aparece alguna manzana podrida entre sus filas? Naturalmente. Como ocurre con todos los colectivos, pero esas minorías no empañan de ninguna manera la extraordinaria labor de este instituto por muchos titulares sensacionalistas que merezcan.

No quiero pensar que detrás de esta extraña situación se esconda un intento deliberado de socavar el prestigio de la Guardia Civil o recuperar la vieja idea de desmilitarizar el cuerpo. Es cierto que es lo que quisieran todos los que apoyan al gobierno y una buena parte de sus miembros, pero no sería bueno para los intereses del presidente, que no son otros que mantenerse en la Moncloa.

El ministro Marlasca pasará, como también lo hará el presidente Sánchez. Afortunadamente y por muchas zancadillas que le pongan gente interesada, la Guardia Civil continuará haciendo lo que hace habitualmente. Protegernos.

En ocasiones resulta muy duro ser demócrata y tolerante. El caso de Pablo Iglesias y otros “revienta convivencias”.

Ayer me sentí realmente avergonzado al conocer el cruce de palabras entre el ¡Vicepresidente del gobierno! y el portavoz de VOX. Si algo me ha enseñado la vida y el haber tenido que lidiar en muchas plazas es que la actitud de Iglesias, le apeo el “señor”, era claramente provocadora, de chulo de bar que trató de desquiciar al portavoz de esa formación. No lo consiguió, pero sí que abandonara esa comisión para una supuesta recuperación que ni ha funcionado ni funcionará. Imposible con esos mimbres.

Actitud de matón de barrio, de chulo de barra de bar, acompañada con esa sonrisa de macarra perdonavidas, ese echarse hacia delante tan estudiado para aparentar autoridad y superioridad,  y ese lenguaje personal de ser “más que el que más” entre los mortales.

Permitida, como no podía ser de otra forma, por un “presidente florero” como Patxi López, político acomodaticio y cobarde, incapaz de controlar la situación y frenar ese desastre de intervención como era su obligación. Luego sí. Luego pidió disculpas y hasta se mostró autoritario con alguien de Podemos, pero para entonces el bicho ya no estaba en la plaza y el amonestado era apenas un becerrito sin fuerza ni poder. Así cualquiera es valiente.

El caso es que Iglesias dejó en ridículo al presidente de la comisión abusando de la impunidad que le da un Estado como el nuestro, ese que tanto desprecia, que ampara a los ciudadanos  aunque sean de la catadura moral de este señor o de Otegui, pongo por caso. Me gustaría verlo en Corea del Norte defendiendo la libertad de los norcoreanos y su derecho a un estado democrático.

Y lo hizo después de que el presidente de la comisión, el citado señor López, quisiera disculparle con ese gesticulante “ha dicho parece” al recibir la protesta del portavoz de VOX que se sintió ofendido por la manifestación de Iglesias sobre las intenciones golpistas de su partido.  Incluso acusó al Señor Espinosa de los Monteros de tener “la piel muy fina”.

Pero Iglesias, lejos de disculparse, paso de un “parece” a un “ustedes darían un golpe de estado si pudieran y tuvieran valor”, lo que provocó el abandono de la sala del ofendido.

Hecho que alegró evidentemente al gran provocador y destructor de convivencias que es el vicepresidente, que rubricó su histrionismo ofensivo con ese humillante “cuando salga cierre la puerta” destinado a su granero de votos, pero que me ofendió a mí y, supongo, a la ciudadanía más educada y tolerante de este país.

Y no estoy defendiendo al Señor Espinosa de los Monteros por ser del partido que es, que lo mismo protestaré el día que un portavoz de VOX tenga un comportamiento tan deleznable  con uno de Podemos, si es que lo hace.

La realidad es que ese tal Pablo Iglesias, que no es más que un personaje de ficción tras el que no hay más que  ignorancia y fanatismo, necesita un enemigo fascista, franquista o lo que sea para poder ejercer de salvador en tiempo de paz y orden y, como decía antes, en un estado que le protege. Y como no los hay, se los tiene que inventar para construir esa ficción de luchador suicida contra la opresión que daría la vida por el pueblo. ¡Anda ya! A otro perro con ese hueso.

Y puestos a analizar más fríamente lo afirmado por el gran héroe de pacotilla, he consultado a la Real Academia que, citando textos del Consejo General del Poder Judicial, define golpe de Estado con estas dos acepciones:

1.- Destitución repentina y sustitución, por la fuerza u otros medios inconstitucionales, de quién ostenta el poder político.

2.- Desmantelamiento de las instituciones constitucionales sin seguir el procedimiento establecido. Puede ser autor de un golpe de estado el propio presidente del Ejecutivo si, por ejemplo, disuelve el parlamento fuera de lo supuestos previstos en la Constitución.

No hay ninguna duda, porque así se ha comportado públicamente en muchas ocasiones, que  Iglesias es un señor que trata abiertamente de desprestigiar la monarquía, que odia la Constitución por mucho que de vez en cuando cite con voz susurrante y aspecto de telepredicador algún artículo concreto interpretándolo en su favor, que ha manifestado su deseo de que se suspendieran las Fuerzas Armadas, que ha tratado de opresores a las Fuerzas de Orden Público, las mismas que ahora protegen su casa y a las que han ordenado cerrar su calle para que no les acosen, que jamás ha usado otra bandera que la republicana, que ha defendido y sigue defendiendo la democracia asamblearia frente a la representativa, que afirma que hay que nacionalizar empresas al más puro estilo comunista, que no Chavista como se dice porque el comunismo es muy anterior y mucho más opresor que lo fue el propio Chaves, que defiende la dictadura del proletariado y que aspira a ser la reencarnación de Lenin, entra claramente en la segunda acepción de la definición, al menos en intenciones.

¿Alguien en este país duda de que si tuviera la más mínima oportunidad daría un golpe de estado para derrocar el régimen actual?   Y no se confundan. No permitiría una República como la que nosotros conocemos por muchas banderas que exhiba, porque no deja de ser otra forma de Estado tan democrática como la Monarquía Representativa. Su ideal no es la república a secas, es la “república democrática soviética”, eufemismo inventado por los comunistas, como la propia definición de “dictadura del proletariado”,  que tratan de enmascarar la dictadura de una casta superior que dirige, controla y organiza la vida de los ciudadanos sin que estos intervengan para nada en la organización del estado ni en sus propios destinos.

Es el comunismo histórico que acabó con tantas vidas en Rusia y en otros países y que terminó arrinconado por las ansias de libertad de sus ciudadanos, que acabaron derribando los muros vallas y alambradas que les separaban del mundo libre.

Y este buen señor se permite, porque es parte de su estrategia de provocación y desestabilización, acusar a los demás de lo que él haría mañana mismo si tuviera ocasión: Dar un golpe de estado.

Personaje que, inexplicablemente, está siendo imagen de España en medios de comunicación extranjeros donde dice, por ejemplo, que el PP está fomentando una sublevación de la Guardia Civil contra el gobierno y lindezas semejantes.

Pero sigo pensando que este “mil homens” no es más que una impostura porque no ha llegado a donde está por su gran cultura o sus grandes conocimientos de cualquier otra materia que no sea la agitación y la propaganda. No, él no es el responsable de sus fantochadas  y del grave desprestigio que está ocasionando a la nación.

Lo es, sin ninguna duda, el Presidente del Gobierno que debería haber provocado una crisis de gobierno y cambiar a esta banda de agitadores impresentables que tiene en la mesa de consejos por gente de más solvencia, del nivel de la Ministra Calviño, de Margarita Robles, o Reyes Maroto, la Ministra de Industria, Comercio y Turismo.

Buscando de paso una respetable jubilación a las representantes del “socialismo moderado”, como la Ministra de Hacienda, la de Educación o la vicepresidenta Carmen Calvo, que no han sido capaces de influir en lo más mínimo para evitar esta deriva social y política del “todo vale” en la que estamos inmersos en un momento tan delicado para el país.

Porque el gobierno, tal como está configurado, ya no es el camarote de los hermanos Marx. Es el Titanic poco antes de colisionar con el iceberg. Todavía puede corregir el rumbo, pero le queda muy poco tiempo.

Nunca he estado en la política activa porque no he militado en ningún partido. Peo si tuviera la más mínima influencia sobre los líderes de VOX, del PP y de Ciudadanos, les aconsejaría que no respondan a Iglesias diga lo que diga. Que no le interpelen. Que le contesten con el más absoluto de los silencios, porque es lo que se merece este personaje: Ignorarle, mirar hacia otro lado cuando se dirija a ellos.

Insisto: que difícil es en algunas ocasiones respetar las reglas de la democracia cuando te cruzas con personajes que se aprovechan de nuestras libertades para subvertirla. Porque personajes más radicales que Iglesias he conocido, pero más villanos no.

Y de nuevo acudo a la RAE que en su tercera acepción define villano como “ruin, indigno o indecoroso”, porque la segunda “rústico o descortés” creo que se le queda corta.

Y para que quede meridianamente claro, no cuestiono el derecho de Iglesias a defender sus ideas políticas, sino la forma de hacerlo.

La inexistente policía judicial y la interferencia del Ejecutivo en la Judicatura

Ya he aclarado en comentarios anteriores que en España, a diferencia de algunos países, no existe la policía judicial. Y si fuéramos un país como Dios manda y no una caja de sorpresas tampoco debería de hacer falta porque los jueces tienen libertad para pedir investigadores a los cuerpos que estime más conveniente, Guardia Civil, Policía Nacional, o policías autonómicas, dependiendo del tipo de investigación, de la zona a investigar o, simplemente, con quién se sienta más cómodo.

El procedimiento es muy sencillo: El juez requiere ayuda al mando que estime oportuno, si se trata de la Guardia Civil al Coronel Jefe de la Comandancia y este decide los efectivos que va a poner a las órdenes del Juez. Efectivos que desde ese momento actúan como policía judicial, estando obligados a ejecutar todas las órdenes del juez instructor del caso, del que pasan a tener dependencia orgánica con la obligación de mantener secreto absoluto sobre el caso y no proporcionar información a nadie, salvo al propio juez.

Es cierto que siendo guardias civiles, como en el ejemplo, siguen teniendo una doble línea de dependencia: la inmediata mientras dure la situación, que es el juez, y su cadena de mando. Pero la cadena de mando conoce perfectamente la situación y no interviene en los operativos hasta que el juez ordena detenciones o se necesitan actuaciones especiales.

Es decir: lo correcto y habitual es que su Comandante no tenga más conocimiento de las investigaciones  que las necesarias para adjudicar recursos o decidir apoyos a los designados como policía judicial temporal. Y si los tiene está obligado a mantener el mismo grado de confidencialidad que el juez haya ordenado a su operativo.

Todo lo cual viene regulado en el artículo 126 de la Constitución  y con leyes orgánicas promulgadas como desarrollo de este artículo.

La gran mayoría de los españoles desconocen estos procedimientos, tampoco es necesario que lo sepan,  pero lo que es absolutamente cierto, sin ningún género de duda, que el otrora juez Marlasca lo sabe perfectamente porque ha sido su forma de actuar cuando ejercía como tal.

Y, pese a ello, abusando en su favor del poder temporal que le confiere el ser ministro de la nación, poder que no le autoriza a este tipo de iniciativas,  ha promovido una acción totalmente antinatural, anticonstitucional y, probablemente merecedora de una protesta del Poder Judicial y una  investigación por parte de la Judicatura.

Y lo ha hecho cuando ordenó a la Directora de la Guardia Civil, una desconocida para el gran público apellidada Gámez Gámez, que cesara al Coronel  Pérez de Cobos por “falta de confianza”, lo que, paradójicamente, nos hace suponer que es un hombre muy digno de confianza porque la verdadera razón  del cese es que se negó a entregar la información sobre una investigación judicial

La abierta sobre la oportunidad de autorizar la manifestación del 8 de marzo, desconozco si la de algún otro acto, cuando ya se disponía de información suficiente sobre la amenaza del COVID19.

Y digo que el Coronel Pérez de Cobos es de toda confianza porque se limitó a cumplir con su deber, a sabiendas de que le costaría un serio disgusto. Porque “no obedecer” a este gobierno con aires absolutista es mucho arriesgar en lo personal.

Con el agravante, muy importante, de que el Juez Marlasca es parte interesada porque los investigados son funcionarios del Estado que ocupan cargos de mucha responsabilidad. Es decir, el en otrora Juez Marlasca ha sobrepasado muchas líneas rojas al pretender que un funcionario del Estado, un Coronel de la Guardia Civil, cumpliera una orden claramente incostitucional, vulnerado la autoridad y la independencia de la juez instructora, y metiendo su  zarpa política en el campo y las responsabilidades del Poder Judicial. Para nota.

¿Qué le ha pasado a este señor que en otro tiempo fue un juez distinguido que se molestó con razón cuando alguien que no debía filtró informaciones al entorno de ETA en la “operación Faisán” que el instruía? La historia de los últimos tres años demuestra que el presidente Sánchez es claramente tóxico para los que le rodean, pero es que en los últimos tiempos esa toxicidad, que era más bien sobre las personas,  ha encontrado el  catalizador perfecto para ampliar sus efectos hasta las estructuras del Estado: Sus aliados de Podemos.

Es el síndrome de los que alcanzan un cierto poder sin tener experiencia de gestión y desconociendo o minusvalorando los condicionantes de un Estado de derecho y de los límites que marca la Constitución y su desarrollo. Personas que se hinchan de poder y creen estar por encima del bien y del mal. Que son los elegidos, no por el poder de los votos sino por la providencia, para acaudillar al pueblo y hacer lo que les viene en gana.

O lo que es peor, si que conocen los límites, y este es el caso del Ministro de Interior, pero se lo salta porque sí, “porque lo digo yo”.

Ministros y gobernantes domingueros que nunca han asumido que su función es buscar nuestro bienestar y dejar una España mejor de la que se encontraron. Ministros y presidentes figurones y aprovechados que utilizan el poder provisional que les ha sido dado para medrar personalmente y/o para imponer sus ideas políticas con todos los trucos posibles.

Es el eterno dilema. Una vez, en una conversación privada con uno de los que fueron mis directores, que estaba molesto conmigo porque le había cuestionado una decisión, le tuve que aclarar y lo entendió, que mis fidelidades como dirigente en una multinacional eran dos: a la empresa y a mis clientes. Y que, por supuesto, mi obligación era atender las indicaciones de los directores de cada momento porque asumía que querían lo mismo que yo pero con más responsabilidades y que entendía que una de mis obligaciones era manifestarles mi opinión o mis dudas sobre cualquier tema, si es que las tenía. Porque una cosa es la “obediencia debida” y otra las responsabilidades de cada cual.  Lo que en el ámbito empresarial se denominan “misiones y funciones”

¿A cuántos  presidentes y ministros habrá conocido el Coronel? Y con todos ellos habrá practicado sin conflictos la obediencia debida porque estoy seguro de que ninguno de sus superiores “políticos” le habrá creado problemas de conciencia.

Lo que ocurre en este momento es que la coletilla “del Estado” se está tratando de convertir por hechos consumados en “del gobierno”. Y me refiero a las Fuerzas de seguridad del Estado, a la Abogacía del Estado y a tantos organismos que no se fundaron para obedecer ciegamente al gobierno de turno sino  para proteger al propio estado, incluso de las posibles trapacerías de algún Ejecutivo. Y así lo define la Constitución.

Por lo que, muy a pesar del gobierno,  el buen Coronel ha salido muy reforzado en su imagen de servidor de la ley, mientras la Directora de la Guardia Civil y su superior político, el Ministro de Justicia han demostrado de que pasta están hechos y cual es su concepto del honor y del servicio.

De momento, ¡cómo no! la máquina de propaganda del gobierno ha salido en tropel tratando de mezclar lo superficial con lo fundamental.

No se trata de que el informe esté bien o mal, ni de que la jueza se llame María o Juana o sea de Madrid o de Albacete. Ni siquiera si la juez estuviera incoando una causa sin contenido. Lo fundamental, lo único que importa, lo grave, es que un miembro del Ejecutivo ha interferido en el Judicial. Hasta tal punto que el informe, que debería ser confidencial por orden de la jueza de instrucción, está en la calle. Y convendría saber quién es el filtrador.

Es como si yo robara en el Banco de España y mis propagandistas trataran de distraer el hecho diciendo que los cristales estaban sucios o las paredes con desconchones.

Pero insisto, como siempre, en que España es un país fuerte que no podrán desmantelar y a los hechos me remito: una juez de instrucción ha mandado un requerimiento a un ”todopoderoso”, como cree ser el ministro Marlasca, indicándole que la policía judicial solo debe informarla a ella, y  otro juzgado ha retirado la condición de “víctima” al muy plenipotenciario Señor Iglesias. El que se manifestó víctima de “las cloacas del Estado”, esas de las que ahora forma parte, en el juicio por el famoso móvil robado a su asesora, a la que ha nombrado directora de su panfleto digital, porque se ha demostrado que mentía como un bellaco, y que las “cloacas del Estado” que utilizaban la información podía ser él mismo.

Y en estas reflexiones no quiero comentar la metedura de pata que se ha cometido al aplicar el tercer tramo de la subida de salarios de las fuerzas del orden aprobado por el gobierno de Rajoy. Si cree que con eso va a acallar las críticas de los miembros de la Guardia Civil es que no conoce la mentalidad de los componentes de eses Instituto.  

Lo dicho. El Estado tiene muchas defensas, la principal la Constitución y las leyes, y por mucho que lo intenten no conseguirán hacer tambalear sus cimientos. Y así es gracias a que anteriores generaciones, las que ahora están desapareciendo, lo hicieron muy bien.

Por cierto: Entiendo la alegría de los independentistas porque el Coronel era presa codiciada por ellos, pero que tampoco se pasen. Las defensas del estado también les bloquean a ellos. Totalmente.