Primeros pasos del nuevo gobierno. El nombramiento de la Fiscal General y, ¡por fin!, la culminación de la democracia.

Dolores Delgado es la nueva Fiscal General del Estado y visto desde fuera solo tiene dos posibles interpretaciones: o es un desatino, o responde a una estrategia de nuestro presidente para avanzar en su plan de invadir competencias del Poder Judicial.

Estrategia de invasión que en una primera fase, que empezó hace algún tiempo, consistió en descalificar con más o menos sutileza decisiones judiciales,  interpretar sentencias del Tribunal Europeo de forma falaz y mentirosa como si la justicia española fuera cuestionable o estuviera cuestionada, o afirmar que este tribunal rectifica con mucha frecuencia decisiones de tribunales españoles, lo que equivale, de forma subliminal, a poner en duda la calidad democrática de nuestra judicatura. Cuando todo ello es rigurosamente falso.

Puras mentiras.  En los temas relativos al “procés” no ha entrado porque nadie se lo ha pedido hasta el momento. Ni ha habido recurso de las defensas, ni solicitudes de aclaración por parte del Tribunal Superior de Justicia español. Por mucho que digan, repitan, aireen y propaguen los independentistas, los tribunales europeos no han puesto ningún reparo a este juicio, ni mucho menos se puede afirmar como se afirma que, de hecho, “es un  juicio nulo”.

En cuanto a la tan retorcida y tergiversada sentencia sobre la impunidad de Junqueras, emitida como respuesta a una consulta de nuestro Tribunal Superior de Justicia, solo dice que cuando estaba en prisión preventiva se le debería haber dejado ir a Bruselas a acreditarse, como se le permitió ir al parlamento español para inscribirse como congresista electo, pero que una vez condenado e inhabilitado, es el tribunal español el que tiene la competencia para decidir lo que se debe hacer de acuerdo con las leyes españolas.

Y eso es lo que se ha hecho, tanto en su condición de parlamentario de España como del Parlamento Europeo. Porque, contra lo que se da a entender, las elecciones europeas no son algo que controla y regula la propia comunidad como ente autónomo. La comunidad convoca las elecciones, pero son los países miembros los encargados de formar las listas y organizar las votaciones.

No son elecciones a la comunidad dirigidas y controladas por esta institución. Son elecciones para decidir, en España, quienes van a representar a nuestro país en Europa. Es decir, son elecciones españolas, y es nuestro país el que regula el proceso.

En cuanto a la otra gran mentira, es absolutamente falso que España sea una nación muy cuestionada por el Tribunal Europeo. Todo lo contrario. España es una de las naciones que menos sentencias en contra recibe, por debajo de la mayoría delos países más democráticos de Europa. Y como prueba irrefutable, repito un gráfico comparativo que ya publiqué en un artículo dedicado a comentar la situación de nuestra justicia en comparación con el resto de justicias europeas.

Información que, como es habitual, obviarán, ocultarán o tergiversarán los que deberían ser especialmente honestos con la información y muy agresivos defendiendo las bondades de nuestro sistema en lugar de tratar de emborronarlas por puros interese electorales.

En cuanto al nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General, sería un insensato si tratara de valorar su calificación profesional, pero en mi condición de español y votante, y a título particular, tengo muchas objeciones a su nombramiento

En primer lugar, y por aclarar las cosas, no es Sánchez el que la nombra. Es el consejo de ministros, compuesto por los vicepresidentes Pablo Iglesias, Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera y los ministros Alberto Garzón, Arancha González Laya, Carolina Darrias,  Irene Montero, Isabel Celaá, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos, José Luis Escrivá, José Manuel Rodríguez Uribes, Juan Carlos Campo, Luis Planas, Margarita Robles, María Jesús Montero, Manuel Castells, Pedro Duque, Reyes Maroto,  Salvador Illa y Yolanda Díaz.

No sabemos si fue una votación unánime, pero a falta de más información, todos y cada uno de estos señores y señoras son corresponsables de la elección, y también lo será de lo que la Señora Delgado haga en el ejercicio de su cargo.

En segundo lugar, porque habiendo sido Ministra de Justicia, dispone de información privilegiada que la descalificará para tomar decisiones según en que asuntos. Dolores Delgado no intervendrá directamente en ningún juicio, pero tiene poder y autoridad para decidir las líneas de actuación de la fiscalía en cada caso y podría maniobrar para acelerar, retrasar o quitar efectividad a la acusación de varias formas. Incluso aportando información obtenida en el ministerio, como ocurrió en otro tiempo con el juez Garzón.

No digo que lo haga, pero siempre que haya casos con carga política, no podrá evitar la sospecha de dirigismo.

Porque, a diferencia de los jueces, los fiscales no pueden ser recusados por los acusados, que no tiene más opción que aceptar el fiscal asignado al caso. La única posibilidad es que alguna de las partes de un procedimiento acuda al superior jerárquico del fiscal, y será este último el que tome la decisión. Pero ese superior seguirá formando parte de una cadena jerárquica y en última instancia, si el caso llegara al Consejo Fiscal, la opinión de los miembros no es vinculante y la última decisión la tiene el Fiscal  General del Estado.

En tercer lugar porque es militante del PSOE y una militante comprometida. La he escuchado opiniones sobre la exhumación de Franco, la iglesia y otros temas que podría haberse evitado. No por la opinión en sí, que tiene derecho a expresarla, sino por la vehemencia que ha empleado.

No es el caso, por ejemplo, de Margarita Robles. No pertenece al PSOE y además se ha limitado a gestionar con eficacia lo que le han encomendado sin sacar nunca los pies del tiesto, sino más bien todo lo contrario. El que haya aplaudido en el congreso cosas poco dignas de aplauso forma parte del lógico apoyo que debe prestar a quién le ha confiado una cartera. Como ocurrió con Josep Borrell, el anterior ministro de exteriores. A estos sí que se les podría comprar un coche usado.

En cuarto lugar porque ha sido una ministra recusada tres veces en el parlamento por sus conversaciones con el comisario Villarejo y otros personajes poco recomendables, en las que apoyaba, o parecía apoyar, prácticas ilegales y reprobables para obtener información. Y en las que decía haber visto comportamientos denunciables de otros miembros de la judicatura que no denunció.

Nunca se debe juzgar la ideología ni las actitudes personales de los criticados, pero en este caso se trata de conversaciones mantenidas en un entorno público, aunque nunca debieron haber sido grabadas. Es algo que puede ocurrir cuando uno se junta con malas compañías.

Y hay un tema que me preocupa especialmente, y esto es un elucubración. Se ha comentado alguna vez que las instrucciones judiciales deberían llevarlas los fiscales y no los jueces. Los jueces serían los que presidieran los juicios orales y dictarían sentencia una vez analizadas las pruebas aportadas por los fiscales y los descargos de las defensas.

Es una práctica que funciona en otros países y que a mí me parece muy bien.

Leído en LegalToday.- El procedimiento penal español cuenta con un modelo de instrucción judicial en el que el juez de instrucción es el órgano encargado de dar inicio al proceso, de dirigir la instrucción y de resolver mediante decisión judicial los asuntos penales.

Sus funciones han estado tradicionalmente ligadas a la búsqueda de indicios sobre la realidad del hecho investigado, su eventual carácter delictivo y la identificación de posibles sujetos responsables, según establecen los artículos 299 y 777.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Él es el director de la fase de instrucción y lleva a cabo la investigación de forma abierta para las partes (ministerio fiscal, acusaciones particular y popular, y defensa), que tienen acceso a las actuaciones en todo momento, salvo cuando se hubiese decretado secreto de sumario por razones tasadas.

Sin embargo, si hacemos un análisis de cómo se tramita esta fase del procedimiento en derecho comparado, en la mayoría de los países, el Ministerio Fiscal tiene un papel fundamental y, en muchos  se le encomienda a él la propia instrucción.”

Y, dada mi mentalidad “conspiranoide” que me ha permitido escribir alguna novela, ¿Qué pasaría si algún día se aprueba en España que sean los fiscales los que llevan la instrucción siendo la fiscalía un organismo jerárquico que depende del Fiscal General, nombrado por el Gobierno?

Si la instrucción la llevan los fiscales y si se están limitando las acusaciones particulares (lo que me parece muy bien porque la mayoría solo sirven para enredar y alargar los juicios), puestos en lo peor, sería el gobierno de turno, el Ejecutivo, quién  determine a quién encausa y a quién no, y los niveles de acusación aplicados en cada caso.

No olvidemos que, por lo que yo sé,  un juez no puede incoar una causa si no hay un fiscal que acuse.

Este supuesto significaría la desaparición de la democracia España, porque una de sus señas de identidad, sin ningún paliativo,  es la separación de poderes.

Esa democracia que nuestra muy querida Carmen Calvo reinaugura cada dos por tres. Como los políticos de bajo nivel que inauguran una carretera varias veces bajo el truco de hacerlo por tramos.

Usando su propio lenguaje coloquial, “no, bonita, no”. La democracia quedó instituida sin ningún tipo de duda el día que se aprobó la Constitución, concretamente el treinta y uno de octubre de 1978. Naturalmente se necesitaba desarrollar y aprobar leyes, como se ha hecho en todos estos años y como se seguirá haciendo en el futuro.

Porque la democracia, querida vicepresidenta, necesita una actualización continuada y una adaptación a los tiempos y a las demandas de la sociedad a la que sirve. Y esa es la misión fundamental del Poder Legislativo: mantenerla “al día”.

La democracia no llegó a su totalidad, como ustedes dijeron,  con la exhumación delos restos de Franco, que no dejó de ser una pura anécdota que solo interesó, como se ha demostrado, a los que carecen de imaginación para generar propuestas constructivas. Y ayer, “bonita”, dijo más o menos, que la formación de un gobierno plural era la “culminación de la democracia”. ¡Se necesita morro! La democracia nunca está consumada. Como he dicho antes, es un ser vivo que necesita muchos cuidados y la protección de los ciudadanos. Porque siempre corre el riesgo de enfermar, incluso de morir.

Y ejemplos de democracias degeneradas y muertas los tenemos a montones en Alemania, Italia, Venezuela y tantos otros países donde los  gobiernos llegaron al poder ganando elecciones, y acabaron actuado como dictaduras.

Ya hace muchos años, querida vicepresidenta, que los españoles votamos y lo hacemos libremente. Incluso, si me apura, estas elecciones han sido un retroceso en la historia de nuestras buenas prácticas democráticas porque el ganador, el Señor Sánchez, mintió descaradamente en su campaña electoral.

Y si usted llama “culminar la democracia” nombrar a una Fiscal General claramente partidista y muy poco de fiar en cuanto a su objetividad, que venga Dios y lo vea, como diría alguno de mis antepasados.

Y, ahondando más en lo absurdo de la situación actual, la de “su” democracia, hemos sabido que Iván Redondo, el “hacedor” del último Pedro Sánchez, ha pasado a ser un super manejador de todo, en un puesto de muchísimo poder y sin ningún control parlamentario. ¡Muy democrático!

De lo que no culpo al Señor Redondo, mercenario de a sueldo de quién le pague o le haya pagado, dicho con todo respeto y sin segundas porque es un buen profesional, que jugando, jugando ha conseguido una posición inesperada y fuera de los esquemas tradicionales. Porque ya no es un asesor. Es una persona que toma decisiones de mucha relevancia. Una especie de Rasputín.

Claro que los “rasputines históricos” solo han existido cuando los que tenían el poder eran personas de poco nivel y exigua capacidad para pensar por ellos mismos. Conozco la trayectoria del Señor Redondo y es una persona muy inteligente, pero es un politólogo sin ideología. Un profesional, repito, que ha trabajado para varias formaciones políticas de derechas o de izquierdas hasta dar en la diana. Muy inteligente, pero tampoco me parece un genio.

Pero, por lo que se ve, más inteligente que su asesorado si tanto le necesita y tanto poder le ha concedido.

Y un ligero apunte sobre nuestro flamante nuevo vicepresidente, el Señor Iglesias, al que ayer escuché en la entrevista de Antena 3. Entrevista en la que se desdijo de casi todo lo que había dicho en los últimos años y en la que mostró un talante mentiroso y mitinero impropio de su nuevo cargo.

Porque afirmó, siendo totalmente falso, que el tribunal europeo había “humillado” al supremo de España y que, muy defensor de lo nuestro él, afirmó sin ninguna duda que la justicia española, de tan poca calidad, debía estar sujeta a la autoridad de las instancias europeas. Y si esta última fase no la dijo en su literalidad, lo dio por sentado y sin ninguna duda.

Sin embargo cuando se le preguntó como encajaría la Comunidad Europea los planes de suprimir la reforma laboral, afirmó con toda energía que cada país es soberano para tomar las decisiones políticas o sociales que estime conveniente.

A eso se llama coherencia.

Pero no se trata de extenderme aquí tratando de analizar la postura y las actitudes del Señor Iglesias, político de mucho nivel por cierto,  porque se merece un comentario exclusivo. Conociendo su ideología, comunista, y sus referentes, Cuba, Venezuela y naciones similares, será muy interesante observar cómo se maneja en una España con una democracia representativa consolidada, socio de una Comunidad Europea democrática, que no permitió veleidades a la Grecia de Alexis Tsipras, ni a la Italia de Matteo Salvini. Y que está parando los pies al gobierno polaco en su intento de controlar al Poder Judicial de su país.  

Espero que le resulte tan inútil como a esos competidores de fiestas populares que tratan de trepar sin ayuda postes engrasados para alcanzar el premio colocado en la parte superior. Normalmente, y espero que este sea el caso, acaban dándose un buen batacazo. Batacazo político naturalmente.

“Investidura habemus”. ¿Y ahora qué?

Estos días hemos asistido a una sesión de investidura y, como suele ser habitual, los líderes políticos han exhibido sus peores galas en un espectáculo para la galería, para sus votantes y para nosotros en general, porque para efectos del resultado y salvo que se produjera algún accidente,  el pescado ya estaba vendido.

Todo el mundo sabía quién iba a votar “sí”, quien votaría “no” y quienes se abstendrían. Incluso se daba por hecho que había un plan “B” preparado para el caso, por el que alguna de las abstenciones podría convertirse en “sí” en caso de que fallara algún voto positivo.

Y después de la votación nos encontramos con una situación casi disparatada a la que nos ha llevado Pedro Sánchez, personaje tan desconcertante que es casi imposible juzgarle en la actualidad. Es posible que, como parece, lo suyo es pura ambición, o que sea un iluminado como lo fue Zapatero que cree que con todas estas idas y venidas podrá solucionar todos los problemas de España y pasar a la historia como un genio de la política.

Aunque, por los signos externos y por la vacuidad de alguna de sus actitudes, (viajes internacionales innecesarios para promocionarse, uso impropio del Fanton y de los otros medios de transporte de la presidencia entre otros), más parece un megalómano que un estratega.

Sánchez no ha sido el que ha provocado los problemas del  independentismo, de la falta de adaptación de su partido a los cambios sociales, de la parte negativa de las medidas que se tuvieron que tomar para salir de la crisis (menor calidad de los empleos, brecha salarial, casos de corrupción de políticos, de partidos, de sindicalistas, de la cúpula de los nacionalistas, etc.), pero  los ha utilizado en su favor y en perjuicio  de los españoles, a los que ha enfrentado de forma innecesaria para buscarse coartadas para sus propuestas y contrapropuestas.

Y con sus acuerdos con el enemigo natural del socialismo, el comunismo, porque los demás son adversarios, ha acelerado un posible derrumbe de su partido, prácticamente desaparecido, y, lo más grave, está dando una imagen de debilidad de las instituciones.

Debilidad aparente porque las instituciones están ahí por mucho que se afirme que están superadas, como afirman los mentirosos interesados por boca de los independentistas, los  comunistas, o Bildu y el resto de los enemigos declarados de  la nación.

Porque por mucho que se les llene la boca de falsedades sobre la subordinación de la justicia a la política, dicho en una nación que ha encarcelado a un yerno del Rey o ha encausado a dirigentes del PP cuando estaba en el gobierno o, la versión contraria, que la justicia está entorpeciendo a la política es un auténtico freno para el “progreso”.

Mi artículo anterior, en el que decía que la vida sigue, pretendía defender la necesidad imperiosa de que los ciudadanos no entremos en ese terreno enfangado al que nos quieren arrastrar. Deberíamos mantener la calma. Criticando lo que consideremos inadecuado, pero votando en positivo, a la mejor opción según nuestra forma de pensar, y no “contra” nadie.

Es inútil, tóxico y muy peligroso. Y además ya tenemos experiencia histórica de que esa actitud, alentada por los que generan opinión en la política o los medios de comunicación, codujo a la nación a un desastre que duró años de sangre, y una dictadura.

Y no digo, ni mucho menos, que estemos en una situación pre bélica porque ese supuesto es totalmente imposible por mucho que lo rumoreen los de la derecha más radical. Hemos avanzado mucho culturalmente y somos miembros de dos bloques de integración supranacional, la Comunidad Europea y la OTAN, que facilitan el diálogo interno como facilitan el de las naciones.

Lo que quiero decir es que si en la España de 1936 no se hubiera producido una rebelión militar se hubiera evitado le guerra civil y el consecuente derramamiento de sangre, pero no la miseria, ni la violencia social, ni el afianzamiento delas “dos Españas”, ni la lucha de clases entendida como la que entonces se producía, ni el anarquismo revolucionario que nunca ha acabado bien en ninguna parte.

Es decir, que tarde o temprano alguno de los gobiernos se habría visto obligado a tomar medidas excepcionales dentro de la legalidad,  como ya había ocurrido con la dictadura de Primo de Rivera,  cuando se reprimió con tanta dureza la rebelión de Asturias, las “sanjuanadas”o las otras  rebeliones y pronunciamientos de los últimos siglos.

 Y cuando digo que necesitamos normalidad ciudadana es porque al aumento de impuestos que se avecina, los intentos de aprobar leyes “progresistas” e innecesarias, al aumento del paro inevitable y la amenaza de pérdida de inversión del capital internacional y de pérdida de calidad de la gran protección social que tenemos en España serán una realidad, pero  siendo muy grave, tiene solución como siempre la ha tenido. A gobiernos despilfarradores les siguen gobiernos austeros, que también nos haces sufrir, pero eso solo afectará a la pérdida de calidad de vida. Y estando como estamos en un país democrático, es prácticamente inevitable porque los que gobiernan lo hacen porque les hemos votado.

Lo peligroso, lo muy peligroso, son las decisiones políticas y las concesiones del gobierno central a los chantajistas de siempre: El PNV en primer lugar aunque parezcan menos peligrosos, los independentistas catalanes y los partidos minoritarios que han apoyado a esta legislatura.

Porque la experiencia dice que las concesiones transferidas por gobiernos en debilidad, como la de prisiones en Cataluña o la que se puede producir con la Guardia Civil de Tráfico en Navarra, nunca se recuperan. Las conceden  gobiernos débiles y las mantienen gobiernos cobardes.

Porque la moneda indiscutible de la política actual, el motor que mueve a los dirigentes, es el voto y su cotización las encuestas. Ni intereses de país, ni bienestar de la ciudadanía ni nada de nada.

Todo por el voto.

Y ¿qué barbaridades hará en nuevo gobierno? En mi opinión pocas y casi ninguna de calado. Simplemente porque no podrán.

Apaguemos las televisiones y las emisoras de radio por un momento. Desconectemos los móviles y los terminales que permiten el acceso a la redes. Mantengamos el silencio mediático y pensemos, una facultad de los humanos que utilizamos cada vez menos. Es más  fácil que otros “piensen por nosotros”

Y nos daremos cuenta de que cualquier loco que intente cambiar las reglas de juego que nos dimos en la transición se encontraría con los siguientes obstáculos:

La parte de la Administración Pública responsable de controlar a los gobiernos y las instituciones nacionales y autonómicas

Es una primera barrera compuesta por juristas gestores o interventores que informan de las posibles irregularidades de los gobiernos o de las cámaras legislativas. No tienen poder ejecutivo, por lo que son muy fáciles de superar porque el atenderlos depende de la voluntad de los afectados, como ocurrió en el caso de los ERE de  Andalucía, donde se evidenció que el gobierno de la junta ignoró los informes de los interventores, o en el Parlamento de Cataluña, que tomó decisiones contrarias al consejo de sus letrados.

Las leyes españolas, que se activan por denuncia de parte o por iniciativa de las fiscalías. Y tenemos un caso de ayer mismo. El Tribunal Supremo, ese que minusvaloran los independentistas, ha sentenciado que Junqueras no puede ir a Bruselas a recibir el acta de parlamentario de la Comunidad Europea.

Otra noticia de este mismo momento: la Comunidad Europea ha dado la razón al Tribunal Supremo en este asunto.

Y, con toda seguridad el Juez Instructor del “procés” presentará un suplicatorio en la Comunidad Europea, si no lo ha hecho ya, pidiendo la extradición de Puigdemónt y Comin. Y seguro que la concederán.

Y bajo su control, los muy prepotentes dirigentes de Cataluña, todopoderosos en su autonomía, que han sido juzgados por el Tribunal Supremo se ponían de pie o se sentaban cuando el Juez  lo ordenaba. Y los testigos, algunos muy gallitos al principio, también. Y doy constancia del hecho porque pasé muchas horas siguiendo este juicio.

Es decir: la justicia prevaleció sobre los intereses políticos de la Generalitat y del propio gobierno.

La Constitución, que es el marco de la convivencia de nuestra nación. Para modificarla se necesita la aprobación de tres quintos de la cámara, y esto sería prácticamente imposible sin un consenso de los grandes partidos.

El gran error del Legislativo ha sido no desarrollarla para ajustarla a las nuevas situaciones o a las que se pueden presentar en un futuro, como ocurrió en su día con el artículo 155. Este artículo mantenía el concepto de violencia como violencia armada, cosa innecesaria en este momento porque se puede controlar una nación o una autonomía sin necesidad de la fuerza.

Cataluña, por ejemplo, no necesitaba enviar tropas a la televisión y a las emisoras porque ya las controlaba, y la presión de los grupos violentos, las actuales kale borrokas, son una de las formas de la violencia actual.

El Tribunal Constitucional, que es el que interpreta la Constitución en caso de consultas de parte, o que actúa de oficio en algunos supuestos.

La Comunidad Europea que no solo exige que los presupuestos de los países se ajuste a las normas comunitarias para evitar desmanes económicos, sino que interviene en casos de excesos de poder de los Ejecutivos. Como es el caso actual de Polonia, donde el gobierno pretende ser quién nombre a los jueces invadiendo competencias y eliminando uno de los poderes de los estados.

Pretensión que está insinuando Podemos, siguiendo el modelo de Venezuela, donde los jueces no tienen autonomía en sus sentencias. Podemos no ha llegado tan lejos como Polonia, pero ya está lanzando mensajes sobre el bloqueo a la democracia de los jueces fachas y sobre “otras formas” de nombrar a jueces. ¿Si son militantes de Podemos, por ejemplo?

El tribunal de Justicia de la Unión Europea, que es la última instancia en la cadena de recursos. En el caso del juicio del “porcés”, por ejemplo, no entrará a juzgar las leyes de cada país porque se entiende que todos ellos son democráticos, y en la práctica solo comprobará que la sentencia se ajusta a dichas leyes.

Algo parecido es lo que ocurre con el Tribunal de Derechos Humanos, que tampoco entra  juzgar las leyes de los países. Solo comprueba si se han respetado las garantías procesales de los acusados y que en los juicios no se ha coaccionado a los testigos, por ejemplo.

¿Alguien cree de verdad que el gobierno actual podrá saltar todas estas barreras? Es absolutamente imposible.

Es más, yo no creo que ni siquiera lo intente. Mi opinión es que este presidente  camaleónico y embaucador que ha engañado a casi todos los partidos en los últimos años, también engañará a sus socios. A los catalanes diciendo que “lo he intentado pero ya veis que no he podido”, y a Podemos, como ya está ocurriendo, limitando sus competencias.

Si es cierto lo que se dice, va a nombrar a Yolanda Díaz ministra de trabajo, y a José Luis Escrivá ministro de Seguridad Social. De esta forma saca del actual Ministerio de Trabajo Migraciones y Seguridad Social la parte “gorda”, la Seguridad Social, que pasa a depender de un Ministerio de Seguridad Social, asignado a un socialista, y otro de Trabajo para Podemos.

Y hoy se ha sabido que crea una cuarta vicepresidencia, lo que resta protagonismo a Iglesias. Es evidente que está dejando sin contenido a las carteras de Podemos.

Y que, manteniendo a algunos de los ministros con más capacidad de gestión y de su entera confianza en las carteras económicas, creará un auténtico cortafuego que evite veleidades en España y sanciones de la Comunidad Europea.

No sé lo que le durará el invento, pero tiene es muy de Sánchez intentarlo. Y no me extrañaría que dentro de unos meses esté llamando a la puerta del PP y de Ciudadanos para negociar un pacto que “salve a España de comunistas e independentistas”.

Que cuajo, tiene.

Esta es mi opinión e insisto que nosotros, la ciudadanía, debemos estar tranquilos porque en nuestra situación actual nadie puede romper la fortaleza de las instituciones que nos hemos dado y que tan bien han funcionado hasta ahora. Nos va a costar dinero y sacrificios personales, eso sí, pero si todo esto sirve para reconducir las malas prácticas democráticas de los políticos que dirigen el país y para que los electores nos preocupemos un poco más de la política real en lugar de perseguir quimeras y apoyar a los que nos piden el voto si no explican claramente para que lo utilizarán, habrá valido la pena.

Necesitamos una catarsis que no se producirá si no entendemos la magnitud de la amenaza y de la crisis política y social a la que nos enfrentamos.

Investidura habemus, repito, aunque la fumata no ha sido blanca. Ha salido un humo multicolor que puede confundir a muchos españoles pensando que es  un signo positivo: progresismo, ecologismo, alegría, esperanza. ..

Pero no nos confundamos. Es un humo confuso que esconde peligros desconocidos, y que camufla a grupos tan peligrosos como Bildu, el PNV y los independentistas catalanes.Gracias a los que me habéis entendido y también a los que me “habéis reñido” por el artículo anterior. Eso quiere decir que leéis lo que publico. ¡Tengo seguidores!

Sorpresa. Hemos tenido una investidura y la gente ha salido a la calle para seguir con su vida normal

Terminó la investidura, y los medios de comunicación audiovisuales, la prensa, las tertulias y las redes sociales han comenzado a bombardearme/nos  con mensajes sumamente alarmantes: “la izquierda dice que la derecha quiere dar un golpe de estado”, “la derecha dice que la izquierda ha dado un golpe de estado”, “hoy empieza una etapa de miseria, paro y de retroceso económico”,  “los independentistas catalanes fuerzan la ruptura de España”, y así muchos otros a cual más catastrofista.

Pero me he asomado a la ventana y veo que los padres o los abuelos llevan a los niños a una guardería que tengo enfrente de mi casa como hacen cada día, y que la gente camina por las aceras como caminaba ayer.

He ido a comprar unas medicinas en la farmacia, a la panadería, y a una tienda de Mercadona y he podido comprobar que la gente retiraba sus artículos de las estanterías como si nada pasara. Unos iban a lo suyo, otros sonreían y se saludaban  y yo mismo he hablado con las cajeras y con algunos clientes que conocía.

He almorzado en un bar, como tengo por costumbre, y lo único sobresaliente eran los titulares del periódico que suelo leer mientras me comía el “bocata” acompañado por una cerveza y unas aceitunas.

A la hora del café he intercambiado algunos comentarios sobre política y sobre el partido de futbol  de ayer con el dueño del bar y con otros clientes. Cuando digo política me refiero más bien a la forma de hacer política y de algunas previsiones de futuro, con mejor o peor cara según la ideología de los que participábamos en los comentarios. Más enfáticas que otros días, por supuesto, pero dentro de la normalidad. Como cuando  juega el Valencia contra el Real Madrid, o contra el Levante, por ejemplo.

En mi caso y como siempre que hay elecciones, opino y bastante, antes de la votación o, según resultado, antes de la investidura. Pero una vez investido el presidente, sea o no de mi agrado, siempre he acatado los resultados y considerado que los gobiernos de turno, hayan sido elegidos de la forma que fuere, son legales y no admiten discusión.

Y, siguiendo el argumento de los párrafos anteriores, esta situación y salvando las distancias, me ha recordado los tiempos de la famosa “Radio España Independiente, la Pirinaíca”, que nos relataba que las calles de Valencia ardían en manifestaciones antifranquistas y a favor de la democracia, cuando el único ruido que se escuchaba en la mía era el de los pocos coches de entonces y el traquetear delos tranvías de la época.

Volvemos a sufrir el eterno contraste entre el mundo real y el Matrix de la información interesada.

Porque todos los que he citado, los de la guardería, los de la farmacia, los de Mercadona o los del bar, hemos votado a formaciones diferentes, pero no nos señalamos con el dedo cuando nos encontramos cara a cara, ni lloramos por las esquinas, ni tenemos nada que temer los unos de los otros. Todo lo contrario, tengo la seguridad de que si necesitara ayuda de alguno de ellos me la prestaría sin reparos, como yo  la prestaría a cualquiera de los que me la solicitara sin preguntarle previamente a quién había votado.

Aunque no deja de ser un hecho que estamos muy divididos y, quizás, bastante desconcertados y carentes de formación “en política real”.

En las últimas elecciones hemos votado 23.375.705 españoles y, de ellos,  10.297.472, el 44,05 %,  lo hemos hecho a partidos de lo que se llama derecha, 9.903.641, el 42,37 %,  a partidos de izquierda, 2.415.602, el 10,33 %,  a partidos independentistas, y otros 758.990, el 3,25  %,  a otros partidos de distinta ideología.

Y que si en lugar de ordenar el resultado por bloques de ideología los agrupamos  por constitucionalistas y anti constitucionalistas, la inmensa mayoría se incluirían en el primer bloque. No digo que el resultado sea el 86,42 % (44,05+42,37), porque en el bloque de la izquierda hay partidos que no los son, o no lo son la totalidad de sus votantes, pero sí una mayoría muy significativa.

Y no hay la más mínima posibilidad, señores pregoneros de la desgracia,  de que 10.297.472 españoles, prácticamente la mitad de los electores, seamos fachas o queramos dar golpes de estado, o defendamos el capitalismo, la banca, el recorte de la sanidad o de las pensiones, seamos racistas, xenófobos, antifeministas y no sé cuantas cosas más, por mucho que lo repita la minoría del “otro bando”, entre los que cuento con grandes amigos.

Ni tampoco que  9.903.641 quieran romper España, abrir las puertas del país a los migrantes sin ningún tipo de control, romper la Constitución, salirse de Europa, no controlar el déficit,  o proclamar la república.

Sobre los 2.415.602 independentistas vascos y catalanes no opino porque ya lo he hecho  en repetidas ocasiones.

Y si todos sabemos que todo lo que nos cuentan tiene mucho de ficción, de falsa realidad montada por voceros enfervorizados o por los interesados en crispar y dividir.  ¿Por qué muchos españoles creen en la veracidad de lo que pregonan? No se entiende muy bien porque, a  poco que se les atienda, se evidencia la falsedad, la exageración o la falta de consistencia de lo que dicen o de los datos que aportan.

La mayor amenaza para la convivencia de los españoles y el ejemplo más paradigmático es la sociedad catalana, lo crean los políticos “que mandan”, por intereses personales o partidistas. También  los medios de comunicación buscando sus intereses económicos en forma de audiencias, la única forma clara de captar publicidad. Sus  otras fuentes de ingresos, más oscuras en muchas ocasiones, son las  subvenciones y la propaganda institucional que, en demasiadas ocasiones y muy especialmente en las autonomías, suelen generar afinidades indeseadas y compromisos poco transparentes.

Y, en menor medida, los forofos intransigentes que existen en todas las formaciones. Una exigua minoría en tanto por ciento sobre el total de la población, pero que hacen mucho ruido por la cantidad de mensajes que lanzan cada día.

Eso si no son máquinas repetidoras de mensajes políticos desde Rusia, China o de cualquier otro lugar del mundo

Y cuando hablo de “políticos” me refiero exclusivamente a las cúpulas de los partidos y a los que forman gobiernos nacionales o autonómicos. En ningún caso quiero aludir a los muchos  miles de alcaldes y concejales de ciudades medianas o pequeñas que están trabajando día a día por sus municipios, o por los que lo hacen desde otros estamentos con el mismo desinterés personal o económico.

Políticos, los del primer grupo,  que ya no se conforman con que les votemos por su oferta de gobierno, que se supone que “es la mejor”.   Buscan anclar, fidelizar nuestro voto y para ello, repito, no es suficiente presentarnos una oferta, que suele ser escasa, muy confusa y con poco sustento presupuestario.

Necesitan despertar entre nosotros la necesidad de que  “nos protejamos” de las maldades de “los otros”. Otra vez el enemigo exterior. El “yo o el caos” que tapa tantas mentiras y crea tanta división entre los españoles. Si atendemos al resultado de la investidura, exactamente la mitad de los españoles contra la otra mitad.

Vamos en retroceso porque una parte delos votantes españoles, como ocurre en la mayor parte de los países europeos, se regían más por razones sociológicas que ideológicas, bajo la fórmula de que si el gobierno lo ha hecho bien le repiten el voto, y si lo hace mal votan a la oposición. Queda, como no, voto por ideología, pero cada vez es menos escaso.

Y digo que hemos retrocedido porque nunca como hasta ahora y desde la transición, había reaparecido con tanta fuerza la idea de  las dos Españas. Las que reflejaba tan sentidamente Antonio Machado cuando decía

“Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón”.

Es lo que pretenden y están consiguiendo algunos dirigentes de partidos, auxiliados muy eficazmente en esta nefasta misión por sus asesores, tan revalorizados, influyentes y responsables de lo que ocurre, esperando que nosotros  entremos al trapo convirtiendo lo que debería ser el apoyo a una determinada oferta política o social, en una protección contra los monstruos que podrían gobernar si no les cerramos el paso.

Lo que significa cambiar decisiones objetivas por forofismo puro y duro. Cuando hasta en el futbol está en decadencia.

Con todo lo anterior  pretendo demostrar que, en mi opinión, los ciudadanos de a pie tenemos mucho más asumido el concepto de lo que es una democracia que nuestros propios representantes. Los que no ven más allá de sus intereses y que han olvidado que una de sus obligaciones es ejercer una pedagogía que facilite las decisiones de los votantes en lugar de enredar y confundir.

Nosotros no hacemos ni trucos ni trampas. Simplemente depositamos una papeleta en una urna.

No es que la hayan olvidado. Es que la han sustituido por actitudes y estrategias revolucionarias tan antiguas como dañinas. Y esto debe acabar.

Pedro Sánchez es el  presidente de un gobierno coaligado con Podemos y con el apoyo en su investidura por independentistas y extremistas. Es lo que hemos decidido los votantes, aunque sea de forma indirecta porque no hemos sabido toda la verdad, y es un gobierno legal. Sin ninguna duda.

Y me queda la esperanza, casi la seguridad, de que los hechos acaecidos en los últimos años servirán de lección a los políticos honestos, que también los hay, y para nosotros, los votantes, últimos responsables del desgobierno y la paralización que hemos sufrido hasta este momento.

Los que son “mayoría silenciosa” o los que prefieren, como ocurría en la dictadura, no mojarse, no “entender de política”. Y con esto no sugiero que actuando de esta forma ganará la derecha. Digo que, gane quien gane, lo hará porque los votantes han decidido su voto conociendo las consecuencias, buenas o malas, de la decisión.

El discurso del Rey. Del Rey de todos los españoles.

No se trata tanto de comentar el discurso del Rey, que me pareció muy correcto y adecuado al momento político, como  de analizar las reacciones de los partidos políticos.

Sobre la opinión del los independentistas catalanes no vale la pena perder tiempo. Han dicho lo esperado dado sus intereses y el nivel intelectual de los opinantes.

Lo indignante para mí fue el comentario de Aitor Esteban Bravo, portavoz del PNV, respaldado por sus siete apellidos vascos y con esa cara de mala leche que reserva para ocasiones especiales. Se quejó de que no mencionara al País Vasco. ¿Acaso hablo de Valencia, de Aragón o de Galicia? Habló de todos los españoles citando expresamente a los solidarios, a los ciudadanos y sus aspiraciones, y a la necesaria convivencia. Pero claro, se trata de seguir insistiendo en esa especie de superioridad de raza, tan inventada como absurda, para ver si cuela. En ese eterno ponerse de puntillas para simular que se es más alto que nadie.

Y se atrevió a decir, tan puesto en razón él, que “el mensaje fue un mero enunciado, un baño de autoestima que exhibe un estado inseguro, en crisis”. Dicho por personas, como él, que ni necesita abuela para resaltar sus valores, ni tienen ningún empacho en inventar la historia menos creíble de toda España en cuanto a reinos históricos  o nacionalidades se refiere. Inventos que ofenden la inteligencia de los españoles, menos la de los poco documentados que se creen todo lo que dicen personajes interesados en cambiar la historia, como el que nos ocupa.

Porque lo que ahora es País Vasco empezó a conocerse como tal en el siglo XIX. Hasta entonces, la zona confusa de los montes y las tierras altas de lo que ahora es país vasco y parte de Navarra, estaban pobladas por aldeas o parroquias, y caseríos aislados, sin ninguna sensación de ser “un pueblo”, como ocurrió anteriormente con la cultura celta.

(Algunos párrafos de mi artículo “La historia que no estudió el lendakari Ibarretxe”, publicado el pasado mes de junio. https://jlmartinezangel.com/2019/06/11/la-historia-que-no-estudio-el-lendakari-ibarretxe/

“Y, en cuanto a la escritura en euskera, el  Instituto Vasco Etxepare, dice que: “El euskera es una lengua genéticamente aislada: es decir, no pertenece a ninguna familia lingüística conocida. Tampoco el origen de esta lengua está muy claro. Los primeros textos escritos en euskera datan del siglo XVI, aunque ya en el siglo X se conocen cantares, expresiones o vocablos escritos que aparecen insertados en otras lenguas. Aun así, el primer libro escrito en euskera es Linguae Vasconum Primitiae, escrito por Bernard Dechepare en 1545.”

¡En 1545! Unos cincuenta años antes de que Miguel de Cervantes escribiera el Quijote.  En pleno Siglo XVI, el del Renacimiento español.

En el que se dan más detalles de lo insostenible de sus teorías de raza superior y territorio histórico. Fue una cultura singular y respetable, muy respetable, de agricultores y ganaderos)

Que este señor, representante de una autonomía que no retrasmite el discurso del Rey de España en “su” televisión pública y que dedica horas a potenciar los comentarios de todos los disidentes,  reclame para sí y para los suyos un trato preferencial, es sencillamente indignante.

Porque, como ocurre con todos los nacionalistas radicales, no representa a todos “los vascos”, sino a los pertenecientes a ese grupo de visionarios sin base y parásitos insolidarios que es el PNV, encubridor de ETA en otros tiempos y chantajistas profesionales en la actualidad. Envolviéndose, eso sí, en la bandera de su autonomía, lo mismo que hacen los independentistas catalanes. Como si ellos fueran los únicos vascos con autoridad, los ciudadanos, los “aristos” de las tierras vascas.

Vengo diciendo mucho tiempo que el gran peligro no es el independentismo catalán, que dará mucha guerra y nos causará mucho dolor durante bastante tiempo, pero que está políticamente muerto aunque parezca renacer de sus cenizas por la necesidad de apoyos de nuestro ilustre aspirante a la jefatura de gobierno.

El peligro es el PNV. Partido hegemónico en su comunidad, beneficiada en nuestra Constitución con ese cupo que pagan tarde y mal, si lo pagan, y la aceptación tácita de permitir que Navarra se integre en ella si así lo deciden los navarros. Ambos puntos asumidos por razones políticas del momento y no por supuestos derechos históricos que no existen y que, en todo caso, serían comunes a otras autonomías.

Y consiguiendo más transferencias cada vez que se les requiere para ayudar al “gobierno de la nación”. Y así nos tienen, incumpliendo pagos y  trabajando en la integración de Navarra con la ayuda de Bildu y la inanición política del PSOE de Sánchez. El Partido Sanchista Obrero Español.

Y lo digo desde una cierta autoridad, pequeña, que me otorga el que mis abuelos maternos fueran de Irún y Rentería y de que mi madre naciera en Arrigorriaga. Ningún apellido vasco, como el propio señor Esteban, pero un gran apego y un razonable conocimiento de la situación política del País Vasco.

¡Pobre nación la nuestra que cediendo terreno a los políticos ha llegado a semejante nivel de confusión y mediocridad!

Añadido el 31 de diciembre: Este artículo lo escribí hace dos días y ayer tuve ocasión de conocer parte de lo que el PNV ha “cobrado” por apoyar a la eminencia que aspira a ser presidente nos cueste lo que nos cueste.

Que se sepa, porque habrá mucho oculto,  la autorización a tener selecciones deportivas autonómicas vascas, que no deja de ser una forma de ir creando la imagen de “nación”, impulsar las transferencias, entre ellas parece que han hablado de las de prisiones, “dar cauce al reconocimiento de las identidades territoriales del País Vasco y Cataluña”, y ¡asombroso!, que la guardia civil de tráfico deje de operar en Navarra. Es decir, que un partido de una autonomía, País Vasco, negocie la organización y las competencias de otra, Navarra.

Francamente no entiendo como los sensatos de este país, incluida una gran parte del casi difunto PSOE “de toda la vida”, consienten que este hombre se salte a la torera normas y costumbres pactando con los enemigos de  la Constitución y de la propia España, con el único objeto de seguir habitando en la Moncloa.

En cuanto al PNV, eso es precisamente lo que esperaba de semejantes chantajistas. Y, lamentablemente, no me equivocaba

Los cambalaches del Botánic. Legales, por supuesto.

Leído mientras almuerzo: “El Botánico cambia a patronos por políticos en el consejo del Puerto y pelea por sus sillas

Y continúa: “Los socios del Botánico han roto la tradición de incluir empresarios en los puestos del consejo de administración de la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) y se disputan su reparto entre altos cargos y responsables públicos. El primero en ser relevado será el naviero y presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), Vicente Boluda, que ya no revalida, y le seguirá el presidente de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), Salvador Navarro, aunque no tiene que enfrentarse con el relevo hasta 2021.

Sus sillas entran en el lote de otras dos ocupadas hasta ahora por la eurodiputada Inmaculada Rodríguez-Piñero (PSPV) y el alto comisionado del Corredor Mediterráneo y ex secretario autonómico de la Vertebración del Territorio de la Conselleria de Obras Públicas, Vicent Boira (Compromís)

¡Bien hecho, si señor!

Lo que sigue ya no es de mi cosecha, son algunos párrafos del libro “Devuélveme el poder”, de Miriam González Durántez.

“..Cuando se critica públicamente el número de puestos de libre designación y de interinos y eventuales, se suelen hacer por el coste que representan para las arcas públicas, pero no por el efecto distorsionador del poder que esta lamentable anomalía administrativa tiene en nuestro sistema.

A todo ese enorme número de funcionarios politizados hay que añadirle los que trabajan en el ingente entramado de empresas y fundaciones públicas, tanto estatales como autonómicas o de las diputaciones provinciales, de España. Un auténtico coladero de influencia política, pues los partidos políticos utilizan esas empresas y fundaciones públicas para nombrar agente afín a sus partidos en sus estructuras de Gobierno y así poder controlarlas. Se estima que tenemos más de 500 empresas y fundaciones públicas, más o menos la mitad a nivel estatal y la otra mitad en comunidades autónomas, pero a éstas hay que añadir las de diputaciones y las locales. De nuevo, no hay informes recientes con el número exacto, pero el último inventario publicado por el Ministerio de Hacienda es de 2013 y recoge nada menos que 2.986 empresas públicas y fundaciones a nivel estatal, autonómico y local. Huelga decir que buena parte de ellas son deficitarias. Pero el problema no es el número, ni siquiera el coste, sino la opacidad, porque la falta de transparencia de este tipo de organizaciones es tal que hasta el Tribunal de Cuentas indica en sus informes anuales que no tiene acceso a la información contable de todas estas fundaciones y empresas. Y no hay transparencia porque muchas de estas organizaciones se utilizan para que los políticos canalicen subvenciones y contratos sin el control administrativo que se les aplicaría si las subvenciones y los contratos se gestionasen directamente desde la Administración. No hace falta más que ver los objetivos de muchísimas de estas empresas y fundaciones fantasmas, que no están ahí porque cumplan una misión que no se podría hacer desde la Administración pública. Lo mejor que nos podría ocurrir a los españoles con respecto a esas fundaciones y empresas es que se sometieran al control administrativo ordinario o que simplemente se cerraran.

Poco más puedo añadir.

No llores por mí, Argentina. Mejor lloremos por España.

He de confesar que tengo a los argentinos por inteligentes, dotados de una excelente oratoria, y educados con un vocabulario muy rico. Pero no los entiendo. No entiendo que, después de tantos años, sigan insistiendo en el peronismo, movimiento político-sindicalista que, excepto en su primera fase, los años de Perón, no ha aportado nada positivo a la nación.

Es cierto que Alberto González tampoco tiene enfrente nada que valga especialmente la pena, pero  en todo este tiempo ¿no han sido capaces de encontrar una tercera via  que gobierne y reorganice el país?

Y si algo no puedo entender es que el actual gobierno haya recuperado a Cristina Fernández de Kirchner, una mujer con una gran mochila cargada de corrupción y de otros hechos poco edificantes, y de multitud de sospechas sobre sus manejos y sus chanchullos, incluido algún posible delito especialmente grave.

Pero les agradezco que hayan recuperado para su causa a Pablo Gentili, el que ha sido asesor de Pablo Iglesias y ahora lo será de Cristina, la nueva vicepresidenta que abronca a los jueces en los juzgados cuando la citan para que aclare sus actividades al frente del gobierno.

Personaje controvertido, Gentili,  que en su carta de despedida dice entre otras cosas, que “vuelvo a la Argentina después de casi 30 años. Es extraño volver al lugar del que no te has ido nunca. Pero necesito regresar a una América Latina donde renace el futuro”.

Si Argentina entiende que “renacer el futuro” es retroceder a como estaban hace treinta años, o más, no me extraña su historia reciente en la que pasan de dictaduras militares a gobiernos peronistas, en un trágico bucle del que no pueden salir. Es como un eterno “día de la marmota”.

Pero, bien pensado, es  exactamente lo mismo que pretenden hacer en nuestro país. Un “renacer” de la nación liderado por un aspirante a presidente confuso en sus mensajes, incluso contradictorio,  aunque firme, muy firme, en su objetivo de ser presidente cueste lo que cueste. Aspirante que por no tener ninguna ideología ha adoptado como suya la de Zapatero.

Cogobernando con Podemos, partido absolutista en el sentido de que practica que sea una cúpula la que dirige el partido, aunque lo disfracen con falsa democracia y referéndums amañados. Lo mismo que implantarían en España si algún día gobernaran, cosa imposible. Un poder, el ejecutivo, que controle y domine a todos los demás. Como era costumbre en las dictaduras comunistas, felizmente desaparecidas

Y con el aplauso y la colaboración necesaria de formaciones tan “modernas” como los independentistas catalanes, que reclaman derechos de 1714, derechos de los poderosos por supuesto y no de la ciudadanía, como si fuera el único de los territorios de España que ha sufrido agravios e injusticias históricas, y también de Bildu, del muy peligroso PNV, y de otros partidos de este tipo.

¿En que estaría yo pensando cuando criticaba a los argentinos que han votado peronismo? Al menos el peronismo cree en la nación argentina, y siempre ha actuado como aglutinante de otras fuerzas políticas.

“Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras, dicen que dijo don  Don Quijote. Pero, como tantas otras cosas que nos hacen creer, tampoco es cierto que esta frase la pronunciara nuestro caballero andante. Caballero que, según su autor, tenía el cerebro seco de tanto leer.

Aquí hay muy pocos con el cerebro seco de tanto leer, más bien hay demasiados que lo tienen adormilado por leer tan poco.

Un fenómeno a estudiar es que a una parte importante de los españoles, se les ha atrofiado el hipocampo, lugar donde se almacena la memoria a largo plazo, y tienen hinchada la corteza prefontal, el lugar donde se almacenan los recuerdos más recientes, la famosa “memoria histórica”, por ejemplo. Aunque también manifiestan un cierto caos cerebral cuando afirman que la dictadura fue cosa “de ayer mismo”, mientras que lo de ETA es “cosa pasada”.

“Memoria histórica” que sirve, sobre todo, para llenar de piedras el camino y frenar así el avance hacia el futuro mientras discutimos “si son galgos o podencos”.

Y valga como ejemplo la última maldad que ha dejado caer nuestra preclara portavoz del gobierno cuando ha afirmado con toda la solemnidad posible y con esa voz suya grave y pausada,  tan de  profesora reñidora, que el problema de Cataluña no es responsabilidad de los independentistas que proclamaron la república, que montaron el referéndum, que bloquearon y bloquean aeropuertos, estaciones, calles y carreteras, y que queman contenedores.

Es herencia de Mariano Rajoy.  Como diría Federico Trillo, “¡manda huevos!¨. A eso se llama simplificar y tener las ideas claras.

Quizás convenga recordar, por si sirviera de algo, el final de la fábula de Tomás de Iriarte, como escrita para los españoles de hoy, y muy especialmente  para los políticos que han fomentado tantas discusiones inútiles y dañinas que solo sirven para dividir a los españoles.

“Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.”
”Son galgos, te digo.”
”Digo que podencos.”

En esta disputa,
llegando los perros
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.  

Según versiones, la frase más parecida a la atribuida a Don Quijote es ”Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”, que dicen que le dijo Alfonso VI a Rodrigo Díaz de Vivar en un momento de desavenencias.

Frase que resulta más del momento si sustituimos la palabra “Cid” por “Sánchez”.

¡No llores por mí, Argentina. Mejor llora por España

«Devuélveme el poder», de Miriam González Durántez

Sería buen, muy bueno, que los españoles adquiriéramos más cultura política. Y la cultura se adquiere y se aumenta leyendo o escuchando a personas que aportan datos y argumentos, aunque defiendan posiciones políticas diferentes. A unos y a otros, de todas las tendencias.

No a los políticos, ni a las cadenas de televisión, ni a una buena parte de los tertulianos, que siempre son parciales y torticeros. Muy parciales y muy torticeros.

Estoy leyendo, y recomiendo muy especialmente, el libro  “Devuélveme el poder”, de Miriam González Durántez. Miriam, a la que no conocía, tiene una gran experiencia política, conoce a fondo la organización y el funcionamiento de las cámaras y las democracias europeas y es experta en Derecho Político de la Unión Europea. Actualmente reside en los Estados Unidos.

Este libro defiende el liberalismo entendido como debe ser, no como se define en las múltiples versiones españolas, casi todas interesadas, y reclama, casi suplica, que los políticos devuelvan el poder a la ciudadanía que es donde realmente reside.

Y que se desmonte esta estructura política de nuestro país, tan antinatural. Desmontaje que, en mi opinión, solo podemos realizar los españoles denunciando situaciones  de abuso o mal uso, y con nuestros votos:

En uno de los párrafos del libro dice:

Los partidos políticos en España lo pueden todo, lo manejan todo, lo controlan todo, y nada se les escapa: puestos altos, puestos medios, puestos bajos, puestos nimios, contratos públicos relevantes, contratos públicos irrelevantes, gestión de empresas públicas, reglamentación de empresas privadas, organismos supervisores, universidades, televisión, encuesta, subvenciones… no hay palo que no toquen.  Y lo hacen prácticamente sin control ni límites. Hay pocas democracias consolidadas donde los ciudadanos les hayan cedido a los políticos tanto poder como en la nuestra.

La característica dominante del sistema político español no es la centralización ni la descentralización, no es su sesgo hacia la colectividad ni a la individualidad, no es la monarquía, ni siquiera el parlamentarismo: el rasgo más marcado de nuestro sistema político es, de lejos,  su carácter partitocrático e iliberal. Si una sociedad liberal es aquella en la que el poder reside en cada ciudadano, la sociedad española es justo lo contrario: el poder que por derecho propio corresponde a cada ciudadano español y que a través del contrato social que constituye nuestra norma más básica, la Constitución, se debería haber cedido a los estamentos políticos de forma limitada, trasparente y con garantías ha sido copado por una clase política omnipotente y omnipresente, que se ha hecho con ese poder como si fuera suyo y lo ha expandido a áreas que no deberían tener nada que ver con la política.”

Y más adelante:

Una de las cosas que más llama la atención de nuestro sistema político es la enorme cantidad de puestos políticos que tenemos en España, muchísimos más que en prácticamente todo resto de los países comparables con el nuestro. No hay cifras públicas centralizadas (lo cual ya da una idea del oscurantismo de nuestro sistema), pero se estima que tenemos entre 300.000 y 400.000 políticos para gestionar un país de 46.530.000 habitantes. Para entender lo absurdo de esta cifra no hace falta más que compararla con el número de personas que ejercen otras profesiones en España: tenemos más del doble de políticos que de científicos y cuatro veces más políticos que miembros del Cuerpo Nacional de Policía. Cubrimos toda las necesidades médicas de todos los habitantes de nuestro país (los sanos, los enfermos  ocasionales, los que padecen enfermedades leves y enfermedades largas y complicadas, los enfermos crónicos y los terminales) con la mitad de las personas que tenemos dedicadas a tomar decisiones políticas. Es simplemente imposible que toda esta enorme cantidad de políticos que tenemos en España tengan suficiente trabajo para estar ocupados.

Hasta Alemania que tiene una estructura política federal compleja y que nos dobla por ejemplo en población tiene menos políticos que nosotros”.

El “cambio climático”. Mejor fabricar iconos que tomar decisiones.

Que estamos sufriendo un calentamiento de las temperaturas es un hecho. También es un hecho que los humanos tenemos una parte de culpa. No se cuanta, pero alguna.

Desconozco se si es un ciclo, como otros que ha tenido la tierra, o es un “cambio climático”, pero para todos los efectos es exactamente igual. En cualquiera de los dos supuestos suben las temperaturas y algo hay que hacer. Con urgencia.

A mí no me gusta que se hable de “cambio climático” porque, a su reclamo, Al Gore y otros muchos han ganado mucho dinero dando consejos y conferencias mientras viajaban de un lado para otro con sus muy contaminantes aviones privados. Hablar de “ciclo” tendría mucho menos tirón.

Pero llegados a este punto, ¿qué hacemos? Por lo que estoy viendo, las naciones se tiran los trastos a la cabeza, unos con más razón que otros, y se dividen en  tres bloques principales:

  • Los desarrollados que están tomando algunas medidas, como la Unión Europea
  • Los desarrollados que no quieren saber nada de asunto porque se niegan a frenar la locomotora de lo que ellos llaman “progreso”. Especialmente Estados Unidos.
  • Y los menos industrializados, especialmente la India y China, que argumentan, con razón, que no pueden pedirles que paren la industrialización cuando están tan retrasados con el mundo occidental y desarrollado.

De Rusia, ni sé ni donde está ni lo que está haciendo.

Con el segundo bloque, encabezado por EEUU, poco se puede hacer, salvo esperar un cambio de administración, y que Dios reparta suerte. Porque en este momento tienen el poder, la prepotencia y la inconsciencia. Y es utópico que Europa, más concienciada, trate de penalizarlos si no rebajan la contaminación. Seguro que a Trump se le pondría el dedo tieso.

Y el tercero necesita paciencia y ayudas para que avancen más rápidamente en el cambio de consumibles fósiles por energías renovables o menos contaminantes.

Pero, incluso en Europa, no todos los gobiernos tiran del carro con la misma fuerza. En España, por ejemplo, la consigna es muy clara: populismo, frases bonitas y, como se dice en Valencia, “de forment, ni un gra[1]. Postura bastante parecida a la de otros gobiernos que permanecen subidos a la escalera del miedo a las decisiones, agarrándose a la brocha delos símbolos, los iconos o cualquier otra causa que les permita ganar tiempo y esperar a que otros más concienciados, como los países nórdicos, compensen su falta de acciones efectivas.

Por lo que ahora, ¡que descanso! aplauden rabiosamente a una niña sueca que, muy cabreada,  riñe a mandatarios de la tierra, algunos con botón rojo nuclear, porque, gracias a ella, descubren que “algo hay que hacer”, y además “con urgencia”.

Supongo que no tendrá una intervención directa ante las delegaciones de esta cumbre, pero seguro que recibirá mucha pleitesía por parte de personalidades y autoridades.

¿Se ha visto un cinismo mayor? Es cierto que los ciudadanos necesitamos símbolos visibles, referencias que nos visualicen determinada campaña o determinado proyecto: Iconos, lazos, carteles, pins, banderines, etc.

Pero ¿los gobiernos? ¡Anda ya! A otro perro con ese hueso. Se trata de ganar tiempo y conseguir fotos. Hoy nuestro “en funciones” y parte de sus ministros han ido a IFEMA en coches poco contaminantes, pero ¿a Segovia, a Albacete, o a un concierto en Castellón? ¡Por favor, “que soy el presidente”, tengo mucho que hacer y poco tiempo para hacerlo! Y para eso están “mi” helicóptero y “mi” Falcon.

Y en eso no se diferenciará mucho de otros jefes de gobierno “anti cambio climático”. Los muchos miles de asistentes a este foro, por ejemplo, habrán contaminado en estos días más que muchas industrias en años.

Consigamos titulares y distraigamos al personal. ¡Ni Franco! Aprended del ejemplo. ¡La “niña” cruzando el Atlántico en catamarán! Hay que ofrecerle trenes, coches eléctricos, o alfombras voladoras para que llegue a Madrid como Cleopatra al encuentro de Cesar en la película de la 20th-Century-Fox. ¡Que viene “ella”!

Sigo pensando que los niños y los jóvenes, donde mejor están es en los colegios o los institutos. Y, eso sí, hay que mentalizarlos y educarlos en la protección y el disfrute del medio ambiente. Con la ayuda de los profesores y el ejemplo de los padres.

Y me parece bien que esta niña o cualquier otra persona consiga concienciar a cuantos más mejor. Y que vaya a manifestaciones, como la de esta tarde en Madrid, dé charlas o publique libros. O  que se presente en los botellones afeando a los presentes la suciedad que están provocando.

Y no se trata de criticar a la niña o a su entorno porque no tengo razones para hacerlo. Me falta información, Lo que me parece impresentable es que los responsables de cada gobierno finjan que acuden a su convocatoria para escucharla con aspecto de que van a descubrir cosas,  y de que tomarán nota para hacer algo.

¿Y las soluciones? He leído un artículo de prensa con este titular “las redes sociales son el campo de batalla donde se ganará esta lucha”, contra la contaminación, naturalmente.

Es decir, parece que la batalla se ganará educando, mentalizando, debatiendo. Me temo que con el mismo éxito que se está consiguiendo para erradicar el sexismo, el machismo, el odio al diferente, la violencia doméstica, los botellones invasores y tantas otras anomalías sociales que cada vez tienen más practicantes.

Naturalmente hay que insistir en la mentalización y la educación, pero si los gobiernos no legislan y reprimen infracciones, poco se conseguirá.

Pero, claro, legislar “contra” los usos ciudadanos resulta impopular y hace perder votos.

Un ejemplo de ciencia ficción:

El gobierno español redacta un anteproyecto por el que los plásticos en general, y todo lo no reciclable sea ilegal en un plazo de dos años. Como primera medida, todos los alimentos deberán estar envasados en papel, cartón,  cristal, o metal.

Esta medida se discutirá  en el parlamento y, de aprobarse, que se aprobará porque todos los grupos parlamentarios son “super , super, ecologistas”, entrará en vigor tres meses después de publicarse en el BOE, y se desarrollará en un faseado de implantación que finalizará dos años después de la fecha de inicio.

Naturalmente este decreto obligaría a un reciclado de las industrias de envasados plásticos hacia otros tipos de materiales, y a que las tiendas y las grandes superficies empaqueten las compras de los clientes que no lleven sus propias bolsas, en las que les proporcione cada establecimiento.

Bolsas que deberían cobrar a un precio realmente disuasorio porque la fabricación de papel también es altamente contaminante y deforesta la tierra.

Como es inevitable, esta medida hará que los precios finales de alimentos o materiales envasados suban de precio. Y notablemente, pero será una medida realmente efectiva. Que se podría acompañar incentivando la venta a granel de productos como legumbres, etc., de la misma forma que se hacía hace cuarenta años, cuando se presentaban en sacos de arpillera o en recipientes de madera.

¿A que sería eficaz?

Pero  no soñemos. Pocos gobiernos se atreverán a tomar medidas como esta porque sabe que  nosotros, los compradores ecologistas que vamos a las manifestaciones y nos indignamos cuando vemos imágenes de plásticos en los ríos o en los mares,  o envolviendo a los pobres animales marinos, encajaríamos muy mal el sobrecoste de la decisión.

Y porque las decisiones de algunos gobiernos, el de España muy especialmente, están menos condicionadas por el bienestar de los españoles que por la opinión de los Iván Redondo o de los otros asesores de turno.

Porque estamos en una cultura de los gestos y no de los compromisos y los sacrificios. En una sociedad que reclama derechos y no acepta las obligaciones, que se presentan como “limitaciones”. Recoger plásticos en las playas, sí. Queda bonito. Aceptar  que no se utilicen a cambio de perder “calidad” de vida, no. Y cuando digo calidad de vida, me refiero a la calidad del ocio, no a la verdadera calidad de vida.

Y esto será así hasta que todos entendemos que la calidad ambiental tiene un coste y exige sacrificios. Tendríamos que renunciar a alguna que otra cerveza, a recortar las vacaciones anuales, a no gastar tanto en caprichos varios, etc.

Pero tomar decisiones como las del ejemplo es lo que se le llama gobernar. Sin necesidad de niñas reñidoras que nos cubran las espaldas políticas. Como hizo un gobierno que, hace años,  decidió la muy controvertida ley que prohibía fumar en los bares y sitios oficiales que suscitó una reacción furibunda de los fumadores, pero que terminó imponiéndose.

Ley que se aprobó en el año 2010, siendo presidente del gobierno Rodríguez Zapatero. Presidente que cometió bastantes errores, pero que nunca se movió por intereses personales, sino por su ideología política que superponía a cualquier otro condicionante.

Desconozco cuantos seguidores o “amigos” tiene Greta en las redes sociales, pero seguro que son muchos millones.  Y, esto, que seguramente no utilizará más que para defender sus campañas a favor de la ecología, quiere decir que se ha convertido en una “influencer” muy potente. Puede que la más potente del mundo. Y que si mañana aparece en las redes con un jersey  naranja con cuadros verdes, seguro que los fabricantes de moda juvenil queman las hilaturas fabricando ese modelo.

Insisto. No digo, ni siquiera insinúo que Greta o sus padres estén dedicados a esta lucha por interés, pero puede que más de uno estará ganado dinero a su costa, quizás algunos de los que están soportando económicamente su campaña, que alguien, o muchos, lo están haciendo.

Y, tal como están las cosas, irán apareciendo “niñas símbolo” (digo niñas por la cosa del feminismo) de toda clase y condición.

No tiene que ver con el caso que nos ocupa, que tiene otro color, pero hemos tenido niñas “gravísimas” que han supuesto un gran negocio para sus padres.

Que en todos estos asuntos, y al margen de la nobleza de cada causa, siempre aparece  alguien que, en algún momento, percibe el olor del dinero.

Mi conclusión: que teniendo como tenemos un problema grave, es de exigir a los gobiernos que tomen decisiones aunque sean dolorosas para sus administrados. Y que no pierdan tiempo esperando posibles mentalizaciones de los ciudadanos con mensajes bonitos o potentes campañas de marketing. Y si necesitan a alguien que les riña, que convoquen a los científicos y a los técnicos que, ellos sí, les dimensionarán el problema y les sugerirán soluciones.

Y nosotros, los que podemos hacer algo práctico, menos actos multitudinarios  y más evitar consumos de materiales y combustibles contaminantes, y más obedecer a los gobiernos cuando dictan leyes o recomiendan comportamientos “limpios”.

Y todos, ellos y nosotros, sin hacer política con la ecología.


[1] “Ni un grano de trigo” equivale a mucho hablar y poco resolver.

El “conflicto político” del PSOE.

Pedro Sánchez hizo una campaña afirmando rotundamente, muy especialmente en los últimos días, que no pactaría con los nacionalistas y que no podía dormir pensado en la posibilidad de que Podemos entrara a formar parte de su gobierno.

Y con estos mensajes, lanzados con ese lenguaje corporal estudiado de apretar las mandíbulas hasta hacer que se destaquen claramente sus maseteros, obtuvo 6.752.983 votos.

Pero al día siguiente de las elecciones anunció que habían empezado las negociaciones con Podemos y, como consecuencia natural porque necesitaría más votos, con partidos independentistas. Y lo decidió como primera opción, porque no se había puesto en contacto ni con el PP ni con Ciudadanos.

Lo que le cataloga como mentiroso  profesional con premeditación, nocturnidad y alevosía. No cabe la menor duda de que la suya era una decisión meditada previamente, y  no consecuencia de un fracaso de negociación con los que él llama extrema derecha porque, según aseguran desde los partidos constitucionales, ni siquiera les llamó.

O, mejor aún, actuando como un auténtico trilero de la política que escondía la bolita en un cubilete diferente al esperado.

Pero la cosa no queda ahí y, como necesita los votos de Esquerra, no ha tenido ningún reparo en cambiar su definición de los disturbios de Cataluña, a los que llamaba “problemas de convivencia” por “conflicto político”, definición que muy probablemente tendrá importantes consecuencias de cara a la imagen internacional de lo que está ocurriendo en esa comunidad.

Pero, como buen trilero, también necesitaba comparsas y cómplices, conscientes o inconscientes, para dar una apariencia de normalidad y honorabilidad al timo.

En este caso los comparsas fueron los ministros que afirmaron, unos con más convencimiento, otros más forzados, lo mismo que decía su presidente en funciones. Que de ninguna manera se iba a pactar con Podemos, y menos con los independentistas o los pro etarras.

Los cómplices, la coartada, fueron los 95.421 militantes del PSOE que dieron carta blanca a su decisión de cambiar las reglas de juego y convertir a los que hasta entonces eran indeseables políticos en la única alternativa para formar un gobierno “progresista”. Y digo cómplices necesarios porque estos, los militantes que votaron “sí”, ya conocían la nueva estrategia de su líder.

Que, como he dicho,  nunca se ha planteado otra alternativa porque sabe que, por muchos problemas que tenga para conseguir la investidura y para gobernar, si la consigue,  sus aliados en potencia son los únicos que pueden mantenerle en la Moncloa porque le necesitan mucho más a él, que él a ellos.

Sánchez, aunque fuera actuando contra su voluntad, sabe que podría conseguir el respaldo o la abstención del PP y Ciudadanos si formalizara un pacto de legislatura con los cuatro o cinco puntos más urgentes para los ciudadanos. Podemos y los independentistas saben que sin el PSOE perderían cualquier posible influencia en la política española. Y también el PNV.

Por lo que su tesitura, la de sus “socios preferentes”,  es mantener a Pedro Sánchez cueste lo que cueste. En el fondo Rufián dijo la verdad cuando hablaba de un Sánchez derrotado, pero se equivoca al suponer que lo tienen en sus manos. Sánchez es un superviviente nato y tiene recursos suficientes para salir de situaciones complicadas, como ya ha demostrado en varias ocasiones.

En cuanto a la gobernabilidad, que para cualquier otro resultaría imposible, sería cuestión de ir “comerciando” con “los suyos” cada iniciativa parlamentaria. España es rica en recursos, las leyes se pueden retorcer, y todavía quedan muchas competencias que se pueden transferir.

Y si no, conociendo su mentalidad tan poco democrática y su demostrado desprecio por las reglas del juego, podía pasarse toda una legislatura utilizando repetidamente y con todo descaro el recurso extraordinario del decreto ley. Ya lo ha hecho.

Y con una buena imagen pública, que para eso ha colocado a personas de toda confianza en los medios de comunicación. Para explicarnos cada día lo malos que son “los otros” y lo poco que quieren a España porque no apoyan sus iniciativas.

El problema será, de nuevo, aprobar los presupuestos, pero ¡ya inventará algo!

Y el resultado de toda esta estrategia tan complicada es que 95.421 militantes, el 1,45 % del total de votantes al PSOE, han blanqueado la decisión de este candidato tan poco de fiar.

Pero una cosa es ser militante y otra muy diferente ser votante. Seguro que a una buena parte de los 6.657.562 votantes “no militantes” que le votaron en las elecciones generales se les habrá quedado cara de bobo, pero lo cierto es que ellos se quedan con su cara, y Sánchez con la posibilidad de formar gobierno en unas condiciones diametralmente opuestas a las anunciadas.

Y, mientras y como siempre, el PNV continúa recogiendo las nueces que otros han hecho caer sacudiendo los árboles. Sin ningún sufrimiento en propia carne. Sin despeinarse. En tiempos fue ETA, ahora son los independentistas catalanes los que les están haciendo el trabajo sucio.  

Yo he conocido, desde la distancia claro, a todos los presidente de gobierno que hemos tenido desde la transición, y todos,  ideologías al margen, han tenido muchas luces y algunas sombras. Y todos, a su manera, han trabajado por España y han aportado nuevas protecciones, nuevas ventajas sociales, más libertades.

Hasta que en un determinado momento apareció Zapatero y fue el único verso suelto porque en lugar de seguir avanzando en el camino de la modernización del país, intentó retroceder en la historia y, como consecuencia, descompensó la economía, hizo subir el paro, y provocó un inicio de división de los españoles con su memoria histórica y leyes similares.

Pero Zapatero era un iluminado que creía lo que decía y no era consciente de los daños que causaba. Incluso ahora, que trata de hacernos creer que Otegi fue el gran conseguidor de lo que él llama “el final de ETA”. Y para ello no puede  usar el término real, “la derrota de ETA”, conseguida por las Fuerzas de Orden Público con la colaboración de Francia y otros países,  y por la valentía y el sacrificio de tantos políticos, personal de la judicatura, o simples civiles.

Decir “el final” suena a ambiguo. Derrota es mucho más real, porque ETA no decidió su final por propia iniciativa. Se disolvió cuando perdió toda su capacidad operativa y gran parte del apoyo ciudadano.

La versión del ex presidente es mucho más simple y pretende dar un cierto aire romántico a lo que solo fueron actos criminales realizados por asesinos.

Nosotros, los que vivimos esa época, sabemos la verdad absoluta: que ETA ejecutó a más de ochocientos cincuenta españoles de toda condición, realizó un montón de secuestros y provocó ni se sabe cuantos heridos,

Y que parte de todos estos hechos luctuosos, terribles, fueron posibles gracias a la colaboración del propio Otegui.

Pues bien, según la versión más simple de  Zapatero, da la impresión de que una mañana cualquiera, estando ETA en su total plenitud,  el “hombre de paz” se levantó y decidió que aquello se había acabado.

Pues bien. Doy fe de que muchos españoles de hoy, lo escuchan y se lo creen.

Entre ellos el propio Zapatero que, como digo, es un iluminado que actúa como Don Quijote, porque cree ver gigantes donde solo hay molinos. O quizás como Sancho que solo veía molinos cuando le decían que habían gigantes.

Sánchez no. Sánchez es un hombre de gran ambición, con muy poca ideología política, y con un ego desmesurado, que ha aprovechado todas las oportunidades que se le han brindado para medrar a costa de quien fuere y de lo que fuere.

Y utilizo la segunda acepción del diccionario de la RAE que dice “Dicho de una persona: Mejorar de fortuna aumentando sus bienes, reputación, etc., especialmente cuando lo hace con artimañas o aprovechándose de las circunstancias.”  

Lo que en la empresa privada se conoce como un escalador, un “trepa”. Que no tiene nada que ver con las personas que tienen interés en promocionar dentro de sus empresas, y lo hacen con buenas artes, preparándose para ello y actuando con honradez.

Lo trágico de esta historia es que el PSOE poco puede hacer para  renovarse porque el comité ejecutivo actual es un auténtico fortín que impide cualquier asalto. Ni siquiera una escaramuza. Nunca un Secretario General del PSOE tuvo tanto poder como lo tiene él. Nunca el PSOE tuvo menos democracia, por mucho que se trate de dar una falsa visión de consultas a militantes con preguntas dirigidas.

Sánchez, con la ayuda de unos pocos incondicionales de rango menor, hicieron una especie de OPA hostil al partido, al PSOE, y la ganó. Y llegados a este punto no puedo evitar que la ejecutiva actual, que es tanto como decir todo el partido, me recuerde bastante al antiguo sindicato vertical del franquismo. Algunas frases rimbombantes, pequeñas discrepancias, pero en lo que se refiere a la toma de decisiones, y como su propio nombre indicaba, total verticalidad. De arriba abajo, naturalmente.

El PSOE de “antes”, cuando era partido democrático, tuvo y mantuvo familias como Izquierda Democrática, la Unidad Socialista de Tierno Galván, o Izquierda Socialista, posiblemente el ala más radical. Y un montón, legión, de militantes con fuerza y criterio como Alfonso Guerra, Ramón Rubial, Felipe González, Pablo Castellanos, Luis Gómez Llorente, el mencionado Tierno Galván, Francisco Fernández Ordoñez, Eduardo Sotillos, Solana, Barrionuevo, Boyer, Solchaga, Barón, Moscoso, Felix Pons, Leguina,  de la Cuadra-Salcedo, Ernets Lluch, Nicolás Redondo, o más recientemente, Rubalcaba, Maria Teresa Fernández de la Vega, o Carmen Chacón. 

Y esta relación de nombres solo es una pequeña muestra de la gran cantidad de grandes políticos que colaboraron en la transición, engrandecieron el partido y trabajaron para la nación.

Pues bien, en este momento, todos ellos juntos serían incapaces de poder convocar un Congreso Extraordinario abierto para valorar los nuevos tiempos y las nuevas estrategias, que es lo que está necesitando el partido, porque el PSOE actual es Pedro Sánchez, solo Pedro Sánchez,  y nunca lo permitiría.

Y todos los citados anteriormente tenían en común, pisotones, zancadillas y algún que otro navajazo al margen, que eran, ante todo, socialistas, y que les unía un proyecto superior a sus propios intereses.

Un PSOE que se adaptó  a los nuevos tiempos y que en su XXVIII Congreso renunció a que el marxismo fuera su ideología oficial. Me refiero, ¡que añoranza! a un PSOE presidido por Felipe González, y con cuadros de ministros y representantes de mucha calidad.

Por lo que, al margen de quejarnos, escribir, advertir y rebelarnos, poco podemos hacer. El PSOE está encallado en un fondo  muy rocoso, y la única forma de regeneración posible es que Sánchez fracase y tenga que retirarse.

Y es una solución que me da pánico que se produzca, porque para llegar a ese punto tendría que dejar tras de sí tal cantidad de brechas  en nuestro sistema político, económico y social, que costaría mucho tiempo repararlas. Y la peor de todas, la más dolorosa, la división que está creando a los españoles.

Por lo que creo que es el PSOE de Pedro Sánchez y no Cataluña quien tiene un verdadero “conflicto político”

Las medias verdades de la Ministra Celaá y del Conseller Marzá

Los dobladores de películas del oeste de mi infancia y mi juventud, aquellos que hacían que los indios americanos hablaran siempre en infinitivo, afirmaban en sus traducciones que los pobres indígenas, eternamente traicionados por los invasores de sus territorios, afirmaran que “hombre blanco hablar con lengua partida”, comparándolos con las muy traicioneras serpientes, las de las lenguas bífidas.

Pues bien, lo mismo podríamos decir de una buena parte de los políticos en ejercicio, por su talante mentiroso, su afición a “interpretar” la verdad a su acomodo, o por su habilidad para decir “verdades a medias”.

Y últimamente escucho muchas relacionadas con la Constitución Española, cuando se debería de esperar todo lo contrario de nuestros representantes. Iluso nací, iluso crecí, e iluso moriré, pero creo que una de sus obligaciones es cumplir las leyes, cambiarlas o ajustarlas a los tiempos cuando fuere necesario,  y ejercer una labor didáctica entre nosotros, sus electores o sus posibles electores.

Me explico: El otro día comentaba mi opinión sobre la curiosa afirmación de la Ministra Isabel Celaá cuando negaba “la constitucionalidad de la elección de enseñanza religiosa.”

Afirmación que, según leí en la prensa, repitió nuestro Conseller d’Educació,  Vicent Marzá. Conseller que, curiosamente, parece poco amigo de moverse en el terreno de la legalidad institucional a juzgar por las varias sentencias judiciales que condenan algunas de sus decisiones.

En ambos casos solo es una verdad a medias, que parece verdad si leemos el texto constitucional, y no consideramos ni los cambios sociales, ni los desarrollos legales de la propia Constitución.

La Constitución sí dice que el estado protegerá la “enseñanza religiosa”, pero, efectivamente, no habla para nada de los centros concertados, ni privados ni religiosos. Y muy probablemente es en lo que se apoyan, con lengua partida, nuestra ministra y nuestro conseller.

Porque la Constitución, y ahí está la trampa de sus afirmaciones, se desarrolló o debió ser desarrollada en muchos puntos. Y si no se hizo fue porque no se consideró necesario, y porque se redactó partiendo del principio de la buena fe y del pacto.

Y pongo un ejemplo. La decisión que tomó Felipe Gonzales sobre la enseñanza concertada fue posterior a la redacción del texto constitucional, pero no lo contradecía en absoluto. Este es el texto:

5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.

6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la Ley establezca.

Es decir, garantía de educación, y libertad de creación de centros “en los términos que la Ley establezca”.

Una ley posterior estableció la enseñanza concertada, por lo que la unión de los dos mandatos, protección de enseñanza religiosa y libertad de centros, y la ley posterior que autoriza la enseñanza concertada, es lo que ampara, sin ninguna duda, la constitucionalidad de los centros concertados religiosos.

Y si no fuera sí, y utilizando sus propios argumentos, ambos, la Ministra Celaá y el Conseller Marzá, son inconstitucionales, ya que su nombramiento no aparece en el texto constitucional. Pero si que lo son porque sus cargos forman parte de los previstos para la administración del estado, y sus nombramientos aparecen en los respectivos Boletines Oficiales.

Evidentemente esta nota no va dirigida a los dos protagonistas porque ellos saben, mejor que yo, la falsedad de lo que afirmaron. La Constitución es un marco de actuación que si se desarrolla llega a los detalles, aunque en otros casos, no pocos,  solo establece límites. Es decir: lo que afirma o niega textualmente es innegociable, y lo que está sujeto a desarrollo es interpretable.

Por ejemplo, el artículo 2 establece que, la integridad de la nación española es innegociable,

Sin embargo, “la organización territorial del estado”, que se describe en los siguientes artículos, tiene una mezcla de imposiciones e interpretaciones:

Artículo 137.

El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.

Artículo 138.

1. El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.

2. Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.

Artículo 139.

1. Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado.

2. Ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la libre circulación de bienes en todo el territorio español.

Es evidente que el artículo 137 está pendiente de interpretación y desarrollo, que el 138 obliga al equilibrio solidario, lo que permite desarrollos, pero no interpretaciones, y que el 139 tampoco admite interpretaciones.

Es decir, que en este momento se podría retocar el estado de las autonomías, dando o quitando competencias, sin necesidad de retocar la Constitución, pero no permitiría suprimirlas, a no ser de forma provisional y según lo enmarcado en el famoso artículo 155:

 1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Lo cierto es que, cuando es oyes, parece que sean de otro planeta, que pisen otras calles o que vivan en un mundo irreal. O que, eso seguro, tengan completamente confundidas sus prioridades.