El huevo o la gallina – De políticos representantes a caudillos todopoderosos poco de fiar.

El gobierno ha aprobado con urgencia una ley de educación sin consultar con ninguno de los estamentos o colectivos expertos o afectados, otra ley que aprueba la eutanasia sin escuchar ni a médicos, ni a sicólogos, ni a bioéticos, ni a nadie medianamente experto en tema tan delicado y está intentando sacar adelante otra que limitaría las funciones y competencias del Consejo Superior del Poder Judicial a partir de la prórroga en la renovación de sus vocales, sin atender a las muy fundadas razones de la Judicatura cuando dice que es un tema que deben resolver los políticos y no ellos, víctimas de la inoperancia de los responsables de nombrarlos.

Y este hecho, la ausencia de asesoramientos profesionales en su gestión, permiten afirmar que son leyes aprobadas por criterios puramente políticos o ideológicos

Es cierto que todas llevan el nombre de los ministros que las han impulsado o defendido en el Congreso, pero sabemos que teniendo un gobierno tan sujeto al líder, es el propio presidente el que está detrás de cada una de ellas. Porque nadie en la  Moncloa, ni siquiera los que aparecen más independientes, osarían levantar una ceja sin su permiso.

Por lo que podemos suponer que Pedro Sánchez, licenciado en Ciencias Económicas y con la única experiencia fuera de la política de haber dado clases en la Universidad Camilo José Cela, seguramente empujado por Pablo Iglesias, licenciado en Ciencias Políticas y profesor interino de la Complutense y siempre asesorado por Iván redondo, el Rasputín de la Moncloa, licenciado en Humanidades y Comunicación por la Universidad de Deusto y con un grado de especialización en Información Económica por la Universidad Complutense de Madrid, han alcanzado el culmen de la sabiduría, si no el don de la ciencia infusa y saben más que docentes, padres, sicólogos, médicos, juristas, bioéticos y que cualquier experto en las mil materias que influyen en el normal desarrollo de una sociedad.

Y nos encontramos con la rocambolesca situación de que siendo como eran en un principio nuestros “representantes”, los que actuarían según la voluntad “del pueblo”, se han convertido en dirigentes de hecho, en líderes sociales que se pasan el día dándonos instrucciones o dictando leyes que condicionan nuestra vida y, en muchos casos, nuestros derechos y libertades.

Me dirán que el gobierno ha obtenido una mayoría de votos en estas propuestas, pero tener mayoría de escaños a favor no supone tener mayoría de votos populares y, por otro lado, es evidente que esta circunstancia no les faculta para tomar decisiones fuera de la lógica parlamentaria o, en muchos casos, de dudosa constitucionalidad. Mayoría, grandes mayorías, tuvieron Hitler y otros grandes genocidas o farsantes de la historia reciente.

Como el hecho de que hayan decretado el estado de alarma durante seis meses, sin necesidad de renovarlo cada quince días como manda la Constitución, situación que permite al gobierno evadir la gran mayoría de controles a los que está sujeto por ley.

Ni tampoco es de recibo que leyes de tanto calado no se consensuen con la otra mitad de los congresistas y salgan adelante con el apoyo de un montón de partidos de ideologías diversas y confusas, a las que solo les une el interés mutuo de mantener a Sánchez en la Moncloa por propia conveniencia y deshacer lo conseguido en lo que ellos llaman “régimen del 78”.

Sigamos así. Con un gobierno que  ha manejado y sigue manejando la pandemia con criterios políticos, como si formara parte de un prolongado proceso electoral. Y que ha mentido cuando anunció un comité de expertos inexistente, o ha creado polémicas innecesarias enfrentándose con algunas comunidades, especialmente con la de Madrid.

Y que se mantiene a la espera de recoger los posibles éxitos sobre la maldita plaga, que los habrá, culpando a las autonomías de todo lo que salga mal. Menos a la catalana y a la vasca, porque necesita su apoyo parlamentario.

Al paso que vamos, el problema de la atención primaria se solucionará poniendo a un político en cada consulta, será un político el que de clases a nuestros hijos o nietos en los centros de enseñanza y será un político, como no, quien nos juzgue en los tribunales españoles. Porque el siguiente paso será que la sabiduría alcanzada por los grandes urdidores de la actualidad nacional se adquirirá con solo formar parte de una lista electoral

Y desde ese momento, todo será vino y rosas. Especialmente para los políticos.

La Transición fue una maravilla de maniobra política estudiada y aplaudida en el resto del mundo. Me temo que dentro de muy poco también seremos objeto de análisis internacional, pero por todo lo contrario.

Porque las universidades y los analistas políticos del mundo occidental, (no los “politólogos” porque estos, como nos ha demostrado Iván Redondo con su trayectoria profesional, solo son mercenarios al servicio del mejor pagador), tratarán de comprender como es posible que un Estado con la Constitución más moderna del mundo occidental, con unas leyes garantistas hasta el extremo de proteger demasiado al infractor, con unos avances sociales muy importantes y con una descentralización única en estados no confederales, por ejemplo, sea capaz de retroceder en la historia derivando hacia el comunismo trasnochado y deshaga nuestros logros democráticos avanzando hacia un gobierno autoritario que intenta controlar al resto de los poderes del Estado.

Porque los pretextos aducidos, república versus monarquía por ejemplo, solo son cortinas de humo. Si estuviéramos en una república y controlaran el poder los tres mencionados, Sánchez, Iglesias y Redondo, pueden estar seguros de que la ciudadanía estaría exactamente igual de secuestrada legalmente que lo está ahora y que los susodichos seguirían utilizando brechas en las leyes y retorciendo normas y buenas prácticas de gobierno para conseguir un poder absoluto con fachada de democracia, como ocurre en Venezuela, por ejemplo.

Como acabo casi siempre en los últimos tiempos y en espera de esa Ley Electoral moderna que no verán mis ojos, siempre nos quedará Europa

La triste historia del Sahara Occidental y el intrusismo de Trump, «el caducado»:

No trato de relatar la muy compleja situación que se vivió en la España del tardo franquismo, con Franco enfermo y el entonces príncipe Juan Carlos en funciones de Jefe del Estado, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas puso en marcha el proceso de descolonización de territorios que afectó, entre otros muchos, a nuestras posesiones de Ifni y del Sahara Occidental.

Y Marruecos aprovechó la ocasión para tratar de integrar ambos territorios como parte de su país, lo que le enfrentó con España que se negó a cederles la soberanía.

El tema de Ifni, que no es el que me ocupa en este momento, se resolvió tras algunos episodios de lucha en los años 1957 y 1958, la llamada “guerra de Ifni”, que terminaron con la cesión de este territorio al Reino de Marruecos, por lo que esta parte del Sahara, en la que había muchos partidarios de esta unión, se integró en este estado.

Pero no ocurrió lo  mismo con el Sahara Occidental que quiso declararse estado independiente, a lo que se opuso Marruecos y con el apoyo de la gran mayoría de la población saharaui.

La descolonización no preveía anexiones forzadas porque se suponía que cada antigua colonia pasaría a ser nuevo estado, como ocurrió en la gran mayoría de los casos, por lo que la posición de Marruecos reclamando que el Sahara Occidental era una prolongación natural de su territorio y la de la antigua colonia, luego provincia española, terminó generando un conflicto que provocó la intervención de la ONU.

Para resolverlo de forma imparcial y atendiendo la negativa de los saharauis a las pretensiones de Marruecos, este organismo decidió que se convocara un referéndum y que mientras se organizaba, España actuaría como administradora del territorio. Referéndum que todavía sigue pendiente por las muchas trabas que Marruecos ha puesto a su celebración.

Como he dicho antes hay que aclarar que en aquel momento y para el estado español, el Sahara Occidental ya no tenía el estatus de territorio colonizado porque se les había convertido en provincia española, como lo eran Valencia o Albacete, pongo por caso. De hecho tenían representantes en las Cortes Españolas, a las que daban un aire exótico porque acudían con sus vestiduras tradicionales.

Quiero añadir, como curiosidad, que yo visité el Aaiún, su capital, estando embarcado en el destructor Lepanto cuando todavía era provincia española.

Y esta continúa siendo la situación actual: Un territorio ambicionado por Marruecos contra la voluntad mayoritaria de los saharauis y en espera del referéndum que les confirme como nación soberana.

Pues bien. La semana pasada aparece el muy moderado Trump y decide que los Estados Unidos reconocen al Sahara Occidental como territorio marroquí y pone en un brete a la ONU y al gobierno español, su administrador.

¿Cuál es el problema? Desde el punto de vista legal ninguno porque este territorio sigue siendo independiente en espera del referéndum, pero desde el punto de vista político supone una interferencia inadmisible sobre la soberanía de un territorio no perteneciente a los Estados Unidos y bajo la tutela de la ONU. Mucho más grave que cuando decidió considerar a Jerusalén capital de Israel en lugar de Tel Aviv.

Es evidente que ni Estados Unidos ni ninguna otra nación pueden decidir por su cuenta que el Sahara Occidental pertenece a Marruecos o a Mauritania, su vecina del sur.  Y no tiene ninguna validez legal porque Trump, por mucho que él crea lo contrario, no es el amo del mundo ni señor de horca y cuchillo.

Podría, eso sí, presentar una propuesta en la ONU, pero entonces se tendría que someter a la decisión de la mayoría y no parece probable que consiguiera cambiar la situación geo estratégica de la zona. Y semejante dislate, sin un organismo que ampare esta voluntad de caudillo imperialista, solo puede tener un final infeliz para todas las partes.

¿Cuál ha sido la razón? ¿Qué tiene de especial Marruecos para Estados Unidos? Hubo un tiempo, siendo presidente Zapatero y gracias a sus torpezas con la diplomacia estadounidense, que se rumoreó que Estados Unidos estaba tanteando la posibilidad de considerar a Marruecos como un aliado preferente y montar en ese país parte de su logística estratégica. Pero al final triunfó el sentido común y se decidió dejar las cosas como estaban y continuar con las instalaciones de Rota. Porque España, al margen de quién la gobierne en cada momento, es una nación fiable, con una estabilidad garantizada y miembro activo de la OTAN.

Marruecos es una de las naciones más estables del mundo árabe, pero es un estado musulmán y esta condición genera un cierto riesgo de inestabilidad provocado por los fundamentalismos. Como está ocurriendo en Turquía o como ocurrió en Egipto o Túnez, donde la carga cultural de sus tradiciones no ha soportado una occidentalización creciente de sus costumbres y el florecimiento de una nueva cultura que en muchas ocasiones contraviene preceptos del Islam.

Y, por otra parte, con armas tan sofisticadas como las actuales y su largo alcance, ya no hacen tan necesarias las bases militares en otros países, excepto como apoyo logístico o para descanso de sus buques o aviones y de sus dotaciones.

¿Qué otra razón puede haber? Una que parece muy evidente es que el lobby judío estadounidense sigue teniendo el mismo poder de siempre, porque en ambos casos, declarar Jerusalén como capital de Israel y al Sahara como territorio marroquí, ha tenido como condición un cambio de las relaciones diplomáticas  de Israel con países árabes. En este caso el “precio” ha sido que Marruecos estableciera relaciones diplomáticas con la nación judía.

Aunque no estoy muy seguro si el apoyo a este lobby es por intereses de los Estados Unidos, por los suyos propios, o por ambos. No olvidemos que Trump, el supermillonario y gran empresario con declaraciones negativas a hacienda, deja de ser presidente y le conviene tener buenas relaciones con el mundo de los negocios y las finanzas.

Sea por lo que sea, no deja de ser una maniobra realizada con desprecio de los que deben ser su aliados naturales, España entre ellos, y a espaldas de la ONU, con la que ha tenido enfrentamientos continuados porque no le han permitido actuar como cacique de ordeno y mando en muchas de las decisiones que ha intentado imponer durante su mandato.

El siguiente paso, muy interesante, será conocer la reacción de la ONU, especialmente de los países con derecho a veto, que son los que importan y cuál será la actitud al respecto de Joe Biden, el nuevo presidente.

La última del gobierno: ¿Igualar en «su memoria histórica» a Doña Emilia Pardo Bazán con Francisco Franco?

De la cadena SER

“El Pazo de Meirás se convertirá en un lugar para la recuperación de la memoria histórica en su reapertura al público ya bajo tutela del Estado. También será un lugar de homenaje a la intelectual y escritora Emilia Pardo Bazán. Así lo ha confirmado la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, tras la reunión convocada por el Gobierno con el resto de administraciones implicadas en la recuperación para el patrimonio público del Pazo. Los usos generan fricciones con la Xunta de Galicia, que prefiere centrar el futuro del inmueble en la figura de Pardo Bazán”

No valoro, porque me da casi-igual, que el pazo pase a ser propiedad de Patrimonio Nacional o de la Junta de Galicia, aunque utilizando la lógica de antaño, la anterior a las posverdades y a todos estos usos y costumbres de los nuevos tiempos políticos, parece más  de recibo que se revierta al pueblo gallego, el que lo financió a modo de “regalo”, tanto más cuanto parece que la aportación popular no fue tan espontánea como se hizo ver.

Pero insisto en que este es un tema menor para mí. Lo que me maravilla es que el gobierno, en otro ejemplo de osadía histórica-política,  quiera mezclar churras con merinas haciendo que sirva para recuperar la “memoria histórica” y también para homenajear a Emilia Pardo Bazán.

¿Memoria histórica, Franco y el pazo de Meirás? Seguramente será muy ilustrativa porque se podrá enseñar la butaca donde se sentaba Franco, el baño donde hacía sus necesidades Franco y cosas similares, porque el edificio y sus jardines, en sí, no tienen más valor de recuperación de “su” memoria histórica, la de la izquierda reivindicativa,  que cualquier hotel, parador, o casa particular en la que haya estado en algún momento de su vida lejos de su estancia habitual en el Palacio del Pardo.

Y semejante ocurrencia no haría sino mantener vivo a Franco, que es lo que parece pretender este gobierno a toda costa porque necesita munición con que distraer a la masa.

Sin embargo, el dedicarlo a la memoria de Doña Emilia Pardo Bazán, que fue su propietaria durante muchos años, sí que sería recuperar “nuestra” memoria histórica. La de verdad. La de una escritora que fue y sigue siendo gloria de las letras gallegas en particular y de las españolas en general. Una gallega ya fallecida, como Franco, pero a la        que no se debe olvidar porque al margen de su calidad como escritora, fue una auténtica apisonadora revindicando derechos de la mujer cuando la mujer todavía pintaba poco y levantó ampollas en temas muy vetados incluso para los hombres.

Y si alguien tiene dudas, puede acceder a su biografía en la Real Academia de la Historia:

http://dbe.rah.es/biografias/7979/emilia-pardo-bazan-de-la-rua-figueroa

Yo no me metería en estos laberintos, señora Calvo, porque conociendo el carácter de esta mujer genial, como intenten marearla o mezclar lo que hizo con las cosas de Franco, puede sentarle muy mal. Y si ya en vida era de armas tomar, ni me imagino como sería si sale de su tumba cabreada por la absurda idea del gobierno.

No jueguen con fuego porque “haberlas hailas” y me temo que ni Usted, ni Pedro Sánchez, ni todo el consejo de ministros podrían aguantar sus arrebatos. Incluso puede que ni su mirada.

Y es que no hay manera de convencer a estos re-escribidores de la historia de que Franco ha muerto.

Y no será porque no se lo digamos casi cada día o porque falten pruebas documentales. Ya nos lo anunció un lloroso Carlos Arias Navarro y lo destacaron todas las publicaciones españolas de ese mismo día.

Y, por mucho que insistan en lo contrario, muerto Franco murió el franquismo. Entre otras cosas porque nunca tuvo ideología propia por lo que tuvo que montar una sobre la marcha aunando los fundamentos de la Falange Española, de la Comunión Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista. La famosa Falange Española Tradicionalista y de las JONS

Podrán haber personas con ideologías de ultra derecha, muy pocas a juzgar por su casi nula presencia en los medios sociales o en las calles, pero franquistas, lo que se dice franquistas, casi podrían comer juntos el día de Navidad sin romper las normas sanitarias contra el coronavirus a juzgar por la muy escasa presencia de visitantes a su tumba en el cementerio de Mingorrubio.

Fachas sí. Fachas los hay a montones si atendemos, como siempre hago, a la definición de la RAE:

[facha]

NOMBRE FEMENINO

coloquial

Aspecto o apariencia exterior de una persona, animal o cosa, en especial cuando son ridículos o desagradables.

coloquial

Persona o cosa muy fea, ridícula o extravagante.

Que, curiosamente, cuadra mucho más con el aspecto de Pablo Iglesias que con el de Casado o el de Abascal, pongo por caso.

Y volviendo al tema que me ocupa, propiedad del Patrimonio sí que serán la mayoría de los objetos allí trasladados desde otros lugares  durante la época en la que lo ocupó Franco y su familia. Objetos que deben ser restituidos a donde corresponda para dejar las estancias como estaban antes de la ocupación. Las estancias y su extraordinaria biblioteca. Como las dejó Doña Emilia.

Pero ¿el edificio y sus jardines? Si nunca pertenecieron a Patrimonio, ¿qué razón hay para que se incaute de ellos?

Estos son propiedad, o de la familia Franco, que parece que no, o del pueblo gallego que, en mi opinión, parece lo más procedente.

Y si me apuran, para redondear la jugada se deberían trasladar los restos de Doña Emilia a este lugar que siempre fue donde quería que la enterraran.

Leído en la prensa el “03/05/2018 21:50 “

“La escritora Emilia Pardo Bazán está enterrada en Madrid, algo muy sorprendente y que no todo el mundo sabe, ya que ella siempre se pronunció sobre su deseo de ser enterrada en el Pazo de Meirás. Pero, ¿por qué está enterrada en la Basílica de la Concepción de Madrid y no en su Galicia natal? El motivo tiene que ver con un dramático episodio familiar.”

Episodio que ni conozco ni me importa. Como tampoco me importa la ideología política de Doña Emilia, ni su aspecto físico. Era una gloria de las letras que no puede ni debe compartir honores con Franco.

10/12/20

La televenta y una Ley de Protección de Datos que no nos protege en absoluto.

La causa-raíz de que estemos sufriendo esta lamentable invasión de llamadas telefónicas con ofertas de todo tipo que no podemos evitar, es la muy deficiente Ley de protección de Datos, confusa en sus planteamientos e imposible de aplicar. Y me explico.

En España tenemos la obligación de contratar servicios con empresas suministradoras que en el texto de los contratos, donde figuran nuestros datos personales, incluye la posibilidad de ceder estos datos a terceros, según una serie de supuestos casi imposibles de descifrar.

Y como no es posible contratar sin dar nuestros datos de localización y aceptar las condiciones de los suministradores, la realidad es que tu entregas tu intimidad a empresas que no sabes que harán con ella. Y desde este momento la empresa madre, con la que has contratado, puede ceder la información a otras de su mismo grupo o encontrar por el camino a algún indeseable que vende bases de datos a quién quiera comprarlas.

Por lo que entre el marketing telefónico asumible, el de tu contratante, y el de las televendedoras de todo tipo y condición hay una diferencia fundamental. En el primer caso lo has aceptado, en el segundo es fruto de algún tipo de traición en la cadena de “autorizados”.

Y para esta pandemia evitable que nos martiriza continuamente y nos sobresalta por lo inoportuno de los horarios, solo hay una solución y no está en nuestras manos:

El gobierno debe mejorar la Ley de Protección de Datos de forma que el primer contratante tenga prohibido ceder tus datos a ninguna otra empresa, aunque sean de su mismo grupo.

Solo así se evitará este bombardeo casi inhumano de los muchos ofertantes de telefonía, televisión y otros productos similares, además de los muchos timadores profesionales que circulan por las redes.

Cosa muy diferente son las ofertas por internet porque en este caso somos nosotros mismos los que descubrimos nuestra dirección IP cuando “aceptamos” las condiciones para consultar ciertas páginas. También se utiliza el truco de “espiar” que estás consultando para mandarte ofertas, pero en este caso sí que puedes controlar si las abres o no y cuando las abres.

Se trata del precio que tienes que pagar por disponer de una herramienta tan potente como son los buscadores de internet.

Por lo que, insisto, hay una gran diferencia. Las llamadas por teléfono son consecuencia de un abuso de tus contratantes, mientras que el marketing por internet es un tributo exigido a cambio de un servicio.

En resumen. ¡Modificación de la Ley de Protección de Datos para evitar abusos, ya!

Las verdaderas razones del bloqueo en la elección de vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ):

Continua existiendo un estancamiento total en la elección de los vocales del CGPJ y sufrimos un continuo bombardeo de noticias falsas y de titulares engañosos, apoyados fervorosamente por medios de comunicación y tertulianos afines al gobierno actual, buscando una desinformación de libro que haga aparecer como los malos de la película a los partidos “de la derecha cerril e inconstitucional”

Pero la verdad de lo que está ocurriendo es la siguiente:

PSOE y Podemos proponen la fórmula en vigor: un reparto proporcional a los escaños actuales del congreso, con un último añadido de Podemos en el que aseguran que Bildu está legitimado para elegir vocales, pero no el PP por ser un partido anticonstitucional.

Y lo hacen amparados en la Ley Orgánica 6/1985 que se aprobó siendo presidente Felipe González, consensuada con la oposición, en la que se desarrollaba el texto constitucional con el artículo 567, que decía:  

 “Los veinte Vocales del Consejo General del Poder Judicial serán designados por las Cortes Generales del modo establecido en la Constitución y en la presente Ley Orgánica, atendiendo al principio de presencia paritaria entre hombres y mujeres.”

Repartiendo esta facultad de la siguiente forma (artículo 567):

“Cada una de las Cámaras elegirá, por mayoría de tres quintos de sus miembros “Cada una de las Cámaras elegirá, por mayoría de tres quintos de sus miembros, a diez Vocales, cuatro entre juristas de reconocida competencia con más de quince años de ejercicio en su profesión y seis correspondientes al turno judicial, conforme a lo previsto en el Capítulo II del presente Título”.

Y ¿en que se amparaban? En que la Constitución no indica  explícitamente quién debía elegir a los doce vocales “entre jueces y magistrados”, pero se entendía que eran ellos quienes debían hacerlo, como así se hizo los diez primeros años desde que se aprobó la Constitución.

Pero claro, en 1985 los políticos ya “se habían espabilado” y pensaron que lo mejor era hacer alguna trampa para que “ganara la casa”.

Majaderías al margen y en resumen, lo que el gobierno y sus partidos afines pretenden es una mayoría que favorezca al gobierno y a los partidos que le apoyan en este momento, mientras que el PP, VOX y Ciudadanos proponen recuperar la fórmula inicial por la que los doce integrantes de la carrera judicial sean elegidos por jueces y magistrados, dejando sin efecto la Ley Orgánica 6/1985, alegando como ejemplo de disparate político que partidos manifiestamente anti españoles, como Bildu o ERC puedan tener voz y voto en la judicatura.

Dos posturas totalmente contradictorias.

Y como al gobierno se le pasa el arroz y ve que el tema se le puede ir de las manos, amenaza con cambiar la ley para que a estos vocales se les pueda elegir por mayoría simple y no por los tres quintos establecidos en la actualidad. Amenaza que no podrán cumplir por las reiteradas advertencias de la Unión Europea sobre el compromiso comunitario de no tocar las reglas de juego con los poderes judiciales de cada nación si no es para mejorar su independencia. Y para ello han creado órganos de control que pueden incluso dificultar las ayudas económicas a los países que incumplan esta norma.

Afortunadamente, porque no se si los españoles se dan cuenta de que si se eligieran a los vocales por mayoría simple todos los vocales podían ser del PSOE, del PNV de ERC, de IU y de Bildu. Absolutamente todos, sin ningún sillón para el PP, VOX o Ciudadanos, a los que ofrecerían alguna vocalía por razones de imagen, pero es de suponer que estos partidos no aceptarían porque no tendrían ninguna posibilidad de intervenir en las decisiones y solo servirían como coartada al gobierno.

Y aunque el CGPJ no juzga, sí que asigna plazas de jueces y tiene competencias sobre la organización, lo que supone una influencia indirecta que podría beneficiar a sus propias causas pendientes o perjudicar a las de la oposición. Que es de lo que se trata.

¿Alguien cree que de ahí podría salir una justicia independiente o algo que se le pareciera remotamente? Pues eso es lo que están buscando los chavistas españoles. Sumisión total de la justicia que empieza por el nombramiento del Fiscal General, que ya lo tienen, y por los vocales del CGPJ.

Y luego las florituras: Pedro Sánchez propuso en algún momento que a los vocales se les eligiera por “concurso público” y Pablo Iglesias que los “eligieran los ciudadanos”. Términos ambos que no se sabe muy bien lo que quieren decir pero que, si se tienen en cuenta el nombre de los proponentes, seguro que se prestan mucho a la manipulación por el bombardeo de la información.

De la misma forma que Pedro Sánchez consiguió en su día el invento de las primarias y que fueran los afiliados y no los compromisarios los que eligieran a los candidatos a la secretaría del PSOE, fórmula que ha permitido el actual secuestro del PSOE por el propio Pedro Sánchez y su corte de honor. Es decir, por Pedro Sánchez.

Pues bien. A poco que me conozcan sabrán que mi postura es totalmente favorable a devolver a Dios lo que es de Dios y apoyo sin ninguna reserva que se vuelva a los orígenes y se libere de influencias políticas la elección de los vocales por jueces y magistrados, dejando que sean ellos mismos quienes los elijan.

Por mucho que algunos políticos digan que los jueces “no son de fiar”, lo que no deja de ser una afirmación digna de un monologuista al uso.

En un comentario anterior en mi blog decía

“Cosa (la posibilidad de que los jueces elijan a los vocales)  que ha levantado ampollas en el ejecutivo con reacciones y declaraciones absurdas de derecho y fuera de toda razón. La última, la que he escuchado hoy al ministro Ábalos, de aurora boreal, afirmando que no se podía dejar en manos del “corporativismo” de los jueces esa responsabilidad.

¿Corporativismo de los jueces? No se si lo habrá, pero seguro que es mucho mayor, rozando en lo anticonstitucional, el intento del Ejecutivo de controlar al Judicial. Como en algunos países falsamente democráticos de América del Sur, que parecen tomarse como ejemplo y los intentos de los ultraderechistas de dos naciones de nuestra querida Europa”

La suerte no está echada, se está echando, pero espero que en este asunto florezca la razón y  ganen los buenos que, en este caso y siempre según mi opinión personal, son los malvados de la “ultra derecha de la Plaza de América”. Y me alegro de que hayan coincidido los tres en este asunto porque, como he dicho otras veces, hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día.

Aunque, dicho lo dicho, tampoco soy tan ingenuo que crea firmemente lo que están diciendo los “constitucionalistas”. Porque me temo que si les pusieran en la mesa una lista de nombres que gustaran a cada partido, es muy probable que se taparan la nariz y aplazaran “sus principios” para mejor ocasión. Es lo que hay

¿Para cuando un cambio de Ley Electoral?

(7/12/2020)

Sobre el caos político actual. ¿A modo de despedida?

Estos días, días horribles de un año horrible por muchas circunstancias, estoy considerando si es acertado que continúe con mis comentarios sobre actualidad política o sobre las decisiones equivocadas de los políticos. Comentarios que siempre tienen una carga de subjetividad, por mucho que trate de evitarlo, porque reflejan mi modo de entender de lo que debería ser una política liberal y respetuosas con las formas y los contenidos.

Y estoy llegando a la conclusión de que no tienen ningún valor. Ni pedagógico, ni de contraste de opiniones, ni de nada de nada. Que son simples pensamientos en voz alta, mejor en letra alta, tan inútiles como innecesarios más allá de que me supongan un desahogo personal ante lo que está pasando.

Porque cuando publico comentarios sobre temas puntuales apenas hay debate y si lo hay se modula de la forma más conveniente para que no llegue a dañar amistades ni buenos rollos, cosa que resulta casi inevitable cuando se participa en una tertulia y aparecen las visceralidades de cada uno de los participantes.

Por lo que estoy cuestionándome la conveniencia de dejar de escribir para el público, aunque sea tan menguado como el mío y puede que este sea el último comentario que publico.

Porque en lo individual hemos llegado a una situación, muy propiciada por el gobierno, en la que los ciudadanos no podemos hacer absolutamente nada. En su momento dimos nuestro voto a unos partidos que en algunos casos los han retorcido de tal forma que la situación real no se parece ni remotamente a lo que todos esperábamos, los constitucionalistas porque queríamos más y los independentistas y antisistema porque no esperaban tanto.

Situación que solo podrá romper la bancada socialista si alguna vez todos o algunos se dan cuenta del daño que se está haciendo a la nación y a nuestra convivencia. Pero eso no lo verán mis ojos. Ni tampoco que se cambie la ley electoral, razón real de nuestras desdichas.

Y como muestra de la penosa situación en la que nos encontramos, basta recordar algunas declaraciones recientes de líderes significativos de partidos políticos:

  • Bildu, por boca de Otegui, ha pedido el voto afirmativo a sus bases para apoyar los presupuestos del estado con el argumento de que será el principio de “la república vasca”. Y ya anteriormente había manifestado que la presencia activa de su partido en la política nacional tenía como objeto conseguir la “democracia y las libertades en España”
  • Rufián, de ERC, ha manifestado públicamente que su apoyo a los presupuestos está condicionado a que el gobierno obligue a la Comunidad de Madrid a subir los impuestos porque es un “paraíso fiscal”. Es decir, el partido que se mantiene firme en el “no me toquen” al gobierno en su territorio, pretende ser el que marque las reglas de juego de otra autonomía, sino de la totalidad del Estado español.

Condición que el gobierno ha aceptado por lo que se desprende de las últimas declaraciones de nuestro presidente al día siguiente de estas exigencias del parlamentario independentista.

  • Pere Aragonés,  presidente provisional de Cataluña y también de ERC, afirma en rueda de prensa que van a conseguir todas las competencias, incluidas las fiscales, para su comunidad.
  • El PNV ha continuado con su estrategia del silencio mientras consigue cosas y, al margen de apuntarse algún éxito menor como la subida de impuestos al diésel, es un hecho que se están acercando presos de ETA y que les han regalado el cuartel de Loyola en San Sebastián, propiedad de Defensa y considerado de importancia estratégica y, especialmente, simbólica.

Y parece que está negociando cosas tan serias como la transferencia de la justicia al País Vasco. Y sabiendo lo que está pasando en Cataluña no es descabellado pensar que eso puede suponer una salida masiva de etarras de las cárceles, se hayan arrepentido o no de sus crímenes.

Se rumorea que el gobierno está trabajando para conseguir una prolongación de la alarma sanitaria hasta 2022, desconozco si es cierto y si el plazo es hasta el principio o al final del año. Es decir, que de ser así, España pasaría prácticamente toda la legislatura en estado de excepción, con un gobierno sin control parlamentario y que puede gobernar a base de decretos ley sin necesidad de que los aprueben las Cortes Generales.

Es muy difícil de creer que se llegue a tal extremo y espero que sea un bulo interesado porque, de darse el caso, Pedro Sánchez estaría en condiciones de conseguirlo con sus “apoyadores” tradicionales. Sin ninguna duda.

Y recuerdo que con estados de excepción semejantes es como empezaron la mayoría de los gobiernos «democráticos desviados» de buena parte del mundo.

Y les llamo “desviados” utilizando el mismo calificativo que escuché a José Maria Fidalgo, personaje lúcido y nada sospechoso de tener o defender intereses personales o políticos en sus afirmaciones, cuando definía la actitud del gobierno a la luz de algunas de sus decisiones.  Gobiernos supuestamente democráticos pero con actitudes peligrosas y tendencias absolutistas o poco claras.

Fenómeno cada vez más frecuente, como denunciaba en mi artículo “los abundantes enemigos de la democracia” al que se accede con este enlace

www.jlmartinezangel.com/2020/11/17/el-rincon-de-pensar-los-abundantes-enemigos-de-la-democracia/

Estamos en manos de un gobierno montado para ensalzar las virtudes de Pedro Sánchez, el que aparece en primera fila cuando hay buenas noticias, con guiones y puestas en escena preparados por la factoría Redondo y desaparece cuando de verdad hay de dar la cara.

Y, naturalmente, para mantenerlo en el poder cueste lo que cueste. Cueste lo que cueste a la nación, porque a él no le cuesta nada y cuando se vaya, lo hará sin asumir ni incurrir en ninguna responsabilidad.

El mismo que no visitó un hospital durante la época dura del COVI19, ni una morgue, ni apoyó a pie de obra a los sanitarios, a las fuerzas de Orden Público ni a nadie que se jugara el tipo aquellos días.

El que ha ocultado el número de fallecidos por el COV19 para mejorar estadísticas y que ahora, pasado el peligro y con signos de recuperación, aparece con bata blanca en los hospitales o visita plantas de envasado de vacunas como si fuera el mismísimo descubridor y el que nos las va a inyectar personalmente. Porque, naturalmente, el que de verdad entiende de vacunas y vacunaciones es el gobierno central y no las sanidades autonómicas que son las que está vacunando a millones de nosotros desde hace treinta años.

¡Gloria al líder!, proclama la propaganda “redondista”. “Ya suenan los claros clarines”, repetiría Rubén Darío anunciando la llegada del que intenta pasar a la historia como Pedro Sánchez “el vacunador”. “El salvador”, el que nos salvó de la pandemia.

Solo me queda la curiosidad de ver que hará Pedro Sánchez, el que barrió sin piedad a los antiguos líderes del socialismo y ha montado una política de tierra quemada con los antiguos organismos de control del partido, cuando no necesite a Pablo Iglesias.

Será todo un espectáculo y no le arriendo la ganancia al otro supuesto paladín de la justicia y las libertades que cada vez está consiguiendo una España más injusta y con menos libertad.

Hay otra posibilidad nada desdeñable. Que Sánchez “el mentiroso” incumpla todos los pactos acordados con los partidos que lo soportan, como ha incumplido el acuerdo firmado con Bildu sobre la derogación de la reforma laboral de Rajoy, o los que firmó con Albert Rivera, o la última promesa de conseguir la elección de los vocales del Poder Judicial por mayoría simple a Pablo Iglesias. Que de eso sabe y entiende más que nadie

Así que, volviendo al título de este comentario, es muy probable que deje de pensar en voz alta delante del ordenador y vuelva al intimismo de una buena lectura, a escribir fantasías y a escuchar buena música.

Y, por lo demás, que sea lo que Dios quiera. Eso sí, bajo la protección de todos los Santos y de la Comunidad Europea.

La charla de nuestro presidente y la información sobre la vacunación

Ayer la factoría Redondo decidió que era imprescindible contraprogramar las manifestaciones contra la ley Celaá y, otra vez, nos deleitó con la presencia de nuestro presidente en cuerpo mortal en las pantallas de televisión para erogarse triunfos que no son suyos y no tratar ninguno de los temas que competen a su gestión de gobierno. Como es habitual.

Sánchez, que no había aparecido en público desde hace tiempo para no verse obligado a  comentar nada sobre los acuerdos con Bildu, sobre las negociaciones de la ley de educación, ni sobre lo que está  ocurriendo con la entrada masiva de inmigrantes en Canarias, o sobre las declaraciones continuas y provocadoras de su vicepresidente, entre otros asuntos, se puso sus mejores galas para anunciar que tenemos vacunas, cosa que ya sabíamos, que se vacunará en 13.000 puntos, exactamente los mismos en los que nos han vacunado de la gripe porque son los centros de atención primaria de España y que era líder de la programación de la vacuna en Europa, aunque tuvo la deferencia de añadir “junto a Alemania”.

Vacunas que no ha descubierto él, aunque lo parezca, y que tampoco nos inoculará aunque no descarto alguna imagen suya junto a algún “vacunando”.

También nos dijo que las Navidades serán diferentes, cosa que no sabíamos, e incluso nos advirtió que la pandemia estaba teniendo un cierto aplanamiento, sin aclarar que era gracias a las gestiones de las autonomías, algunas de ellas luchando titánicamente contra la postura contraria de un ministerio de sanidad, que casi se ha convertido en un holograma con la misión de proporcionar estadísticas, no muy acertadas por cierto y de decir “no” a la mayoría de las propuestas autonómicas.

Y es una actitud que a mí personalmente me irrita porque evidencia que solo se trata de conseguir protagonismo sin aportar absolutamente nada. Porque, hablando concretamente sobre las vacunas y dando por sentado que las que están en fase tres serán autorizadas por la Agencia Española de Medicamento, autorización que por lo que pareces sí que se concederá, pero no antes de las fechas anunciadas por el presidente. Lo que es posible desde el punto de vista operativo si se apela a un estado de excepción sanitaria.

Leo en el Economista:

“En diciembre habrá dosis bajo una autorización de emergencia pandémica”

 “…Este miércoles se reunirá el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y se comenzará a trabajar en esos grupos de población que recibirán primero la futura vacuna. Se realizará un registro y se planeará siempre y cuando la ecuación riesgo/beneficio favorezca a la segunda variable. La Agencia Española del Medicamento ha sido clara en este punto. «»Solo si la amenaza aumenta acudiríamos a esta forma excepcional, basada en la evidencia disponible hasta ese momento», decía la directora de la Agencia durante un foro organizado por Farmaindustria…”.

Todo es legal y seguramente seguro, pero lo cierto es que en las fechas anunciadas no se dispondrá de la autorización de la Agencia Nacional del Medicamento.

El segundo punto, que no se pudo comentar seguramente porque no disponía de tiempo suficiente en la intervención porque tenía dedicarlo a reforzar su postura de gran lider,  es ¿qué vacunas nos van a administrar? Porque casi todas ellas son muy diferentes en costes, efectividad y comportamiento. Por ejemplo: he escuchado, naturalmente no lo puedo certificar, que la de Oxford es menos eficaz en tanto por ciento, pero actúa mejor sobre las personas de más edad.

No hay duda de que nos van a vacunar aplicando criterios de poblaciones de riesgo pero ¿nos inocularán cualquier vacuna según vayan llegando?

Otra pregunta, no menos importante, es que ocurrirá si un porcentaje significativo de la población se niega a vacunarse. Porque sí dijo que sería “vacunación voluntaria”

Si solo se vacuna el 40 % de la población, pongo por caso y desconociendo como se desconocerá el tiempo de duración de la inmunidad, ¿qué garantías tienen los vacunados? Porque seguirá habiendo un sector de población circulante que pueden ser portadores del virus. O ¿Cómo evitar otra pandemia aunque afecte a menos población?

Es decir. Mucha puesta en escena, mucho “bla, bla, bla” y muy poca información práctica. La que realmente nos interesa. Que, por otra parte, sería preferible escucharla de personas de profesionalidad acreditada y no de los políticos ni de los figurantes del ministerio de sanidad.

Y mucho menos de uno de “nosotros, los líderes mundiales”. No he podido averiguar si Pedro Sánchez tiene abuela, pero  de tenerla, que espero que sí, le da muy poco trabajo.

Pese a todo y a las evidentes incógnitas pendientes de resolver, tengo esperanza que el tratamiento de la vacuna sea mucho más eficaz que lo fue el del COVID19.

En cualquier caso y como esto durará mucho tiempo  ¡Dios nos coja vacunados!

Las enormes dudas sobre la ley Celaá

El otro día se cerró uno de los trámites más importantes del proceso cuando el Congreso aprobó por mayoría la nueva ley de educación propuesta por la ministra Celaá.

Ley que no puedo juzgar porque tiene muchos aspectos técnicos, pero que está levantando ampollas entre algunos colectivos afectados, especialmente por tres razones.

Porque, según dicen, supone una amenaza para la enseñanza concertada y para la especial. De ser así lo que está obstaculizando es la libertad de elección del tipo de enseñanza que los padres  prefieren para los hijos y la segunda porque afecta a un colectivo que no siendo excesivamente numeroso, sí que es de muy especial sensibilidad por la naturaleza de los alumnos.

El que la concertada tiene un altísimo porcentaje de demanda en los lugares en los que convive con la pública es un hecho. Y, en mi opinión, en lugar de analizar con seriedad las razones que tienen los padres para esa elección, análisis del que podría derivarse mejoras sustanciales para la calidad dela propia enseñanza pública, se decide tratar de estrangularla, lo que no deja de ser una especie de política de tierra quemada impropia de una sociedad avanzada.

Lo fácil, lo que se usa, es decir que en la concertada se adoctrina a los niños, especialmente si se trata de colegios religiosos, pero yo conozco a muchos padres que son ateos, agnósticos o “poco de iglesia” que pelean porque sus hijos vayan a estos colegios. Por algo será, pero nadie se preocupa de averiguarlo.

El otro tópico es decir que los niños conflictivos o marginados solo van a la pública. Es cierto que ocurre en un alto porcentaje, pero, de nuevo, hay que analizar el porqué de las cosas antes de lanzar conclusiones sencillas y poco estudiadas.

Es un hecho real que hay un colectivo de niños que viven situaciones familiares difíciles por ser hijos de inmigrantes que desconocen incluso nuestra lengua  o que viven en cualquier otro entorno que dificulta cualquier apoyo familiar a su formación y que mayoritariamente van a escuelas públicas, aunque también los hay y bastantes, en las concertadas.

Pero, otra vez, lo que hace falta es que en lugar de llegar a conclusiones sencillas y casi populistas, se analice seriamente el hecho y las circunstancias para establecer planes específicos de apoyo a los alumnos más desprotegidos culturalmente en el entorno familiar. Y aplicarlos en la pública y en la concertada, naturalmente

Y, para evitar malos entendidos y pensar que estoy defendiendo especialmente la enseñanza concertada, aclaro que mis cuatro nietas han sido alumnas de la pública y en la rama de valenciano.

En cuanto a la enseñanza especial, casi no me atrevo a opinar. Es cierto que la enseñanza pública dispone de profesores especializados, pero muy posiblemente en número insuficiente. Y que además en estos casos supongo que el éxito de la educación no depende solo de la calidad del docente, sino de otros factores como el del entorno o de las propias limitaciones del alumno.

Por eso creo que es fundamental atender la opinión de los padres que, sin ninguna duda, querrán  lo mejor para sus hijos y tendrán razones fundadas para decidir si conviene que vaya a un colegio público o a uno de enseñanza especial. Atendiendo, claro está, el  necesario equilibrio entre su formación, su desarrollo personal y su integración en el mundo real en el que tendrán que vivir.

Todos sabemos que la enseñanza especial es muy cara, pero no creo que sea este un factor condicionante si tenemos en cuenta lo poco que valoran el dinero los legisladores a tenor del número de asesores y “personas de confianza”  de que disponen. Y esta sí que es una excelente causa.

Y el otro hecho que me asombra es que la ministra Celaá haya presentado la ley sin haber consultado antes con ninguno de los colectivos afectados y, a la postre, responsables de educar a nuestros niños. Ella desaparecerá tarde o temprano mientras que los educadores seguirán durante mucho tiempo, generación tras generación, esforzándose en impartir conocimiento y en imbuirles la curiosidad por el saber. Y ellos, que están a pie de aula y conocen el sentir y entender de los alumnos en cada momento de nuestra historia, momentos sumamente cambiantes por lo acelerado de los tiempos, deben ser escuchados porque tienen mucho que aportar.

Pero hemos llegado a un punto en que los políticos, sin colores por favor, se creen capacitados para liderar cualquier materia que nos afecte: medicina, educación, economía, justicia, etc., sin necesidad de recibir consejos de nadie. Este es un fenómeno que empezó hace años, que ha ido en aumento en los últimos tiempos y que en algún momento tendrá que detenerse.

Precisamente cuando la sociedad civil, las empresas punteras o las universidades de todo el mundo forman gabinetes pluridisciplinares antes de tomar decisiones. Y así, no es de extrañar que en un mismo equipo figuren matemáticos, psicólogos, arquitectos, etc.

Aquí no. Aquí les meten en una lista cerrada o les nombran ministros directamente y ya se creen con capacidad para hacer lo que sea necesario sin más apoyos que los de sus asesores personales que, normalmente, son amigos, del mismo partido político y con los mismos conocimientos que los asesorados. O menos.

Y para terminar lo del castellano. Claro que hay que potenciar los idiomas regionales, en nuestro caso el valenciano, incluso priorizar su enseñanza porque son lenguas en debilidad, pero decidir que el castellano no sea legua vehicular y evitar que comparta la enseñanza con los idiomas maternos es un gran error que a la larga no beneficiará en absoluto ni a los alumnos ni a los defensores de las lenguas minoritarias que, como siempre digo, deben convivir pacíficamente con el castellano en españa y enriquecerse mutuamente con lo aportado por cada uno de ellos a  lo largo de la historia.

Porque en una guerra cultural, los minoritarios siempre tienen las de perder y porque si a los alumnos de valenciano solo se les anima a leer a Joanot  Martorell y otros de nuestros ilustres paisanos antiguos o contemporáneos, sin ninguna referencia a nuestra extraordinaria literatura en castellano escrita en España y en todos los rincones del mundo, creo que les están entrecerrando una puerta que siempre debería estar completamente abierta.

Esto, naturalmente, es una opinión personal basada únicamente en mi deseo de mantener viva la lectura en un mundo infantil y juvenil de videojuegos y video llamadas innecesarias que no aportan ningún valor intelectual al niño espectador o participante.

Y me pareció especialmente bochornoso que una ley que se aprueba ¡por la diferencia de un voto¡ y que afecta de forma tan importante al futuro de nuestros niños se celebre entusiásticamente, como el clásico gol en el último minuto de un partido. Como si fuera, como así ha sido, una victoria sobre el enemigo que, en este caso, representa a casi la mitad de los españoles.

La última vez que recuerdo un intento serio de consensuar una ley de educación fue en tiempos en los que Ángel Gabilondo fue ministro de educación. Consenso que, nunca sabré porqué razón, se rompió cuando casi estaba cerrado. Y me duele pensar que los responsables de que fracasara aquel proyecto, que era un proyecto de calidad, estarán tan tranquilos en sus casas o en sus escaños pensando que “son cosas de la política”.

Lo que menos les importa, maldita sea,  es el interés de los alumnos.

¿Estamos locos? Corrijo: ¿están locos?

Valencia 21/12/20

El rincón de pensar. Los abundantes enemigos de la democracia.

La historia política a partir del siglo XIX nos dice que los regímenes predominantes en el mundo han sido las dictaduras, el comunismo y, como única alternativa viable, la democracia.

Hoy no existen dictaduras “oficiales” excepto en países del tercer mundo y el comunismo desapareció de la faz de la tierra después de su fracaso en todos los lugares en los que se implantó. Porque el comunismo, que siempre se aprovechó de la miseria de los ciudadanos para llegar al poder, nunca aportó soluciones válidas.

En España y en este momento tenemos un amago de comunismo con tintes revolucionarios chavistas que surgió aprovechando el impulso del 15M, se mantuvo, decayó y ha renacido gracias a la debilidad del presidente Sánchez y teniendo como caldo de cultivo la pandemia del Coronavirus. Ha conseguido entrar en el gobierno con varias carteras y se presenta como una especie de bálsamo de Fierabrás que nos salvará de todos nuestros males e incluso nos liberará de las garras de la perversa Comunidad Europea.

Pero la democracia, que surgió como respuesta a los totalitarismos comunistas y a las dictaduras de todos los colores, tiene una debilidad manifiesta: su dificultad para defenderse de sus enemigos internos, los emboscados, los que la utilizan para medrar dentro del sistema utilizando sus propios recursos.

La democracia es el único modelo político que respeta a individuos y colectivos contrarios a sus planteamientos, aunque no acepten sus compromisos éticos y morales, incluso protegiendo su derecho a disentir. Actitud impensable en las dictaduras o en los regímenes comunistas.

Aunque la democracia tampoco es un sistema perfecto. Simplemente es el menos malo. Y siendo uno de sus grandes males el buenismo de sus normas, ha permitido mantener grandes brechas por las que se han colado  muchos de sus peores enemigos: el capitalismo feroz y descontrolado, por ejemplo, o los falsos demócratas que se aprovechan de su debilidad para medrar en su propio beneficio o defendiendo ideas antidemocráticas.

Situación que empeora con el tiempo y que cada vez es más evidente. Empezó con Hitler, tirano exterminador de pueblos y de razas que ganó unas elecciones en Alemania y que aprovechó el poder para perpetuarse en el gobierno de la nación y cometer las mayores tropelías en nombre de “la patria” y de toda una serie de valores que no entran, de ninguna manera, en la esencia de la democracia.

Eso mismo ha ocurrido y está ocurriendo en muchas naciones americanas en las que gobernantes elegidos en las urnas han maniobrado cambiando leyes y costumbres para mantenerse en el poder, teniendo en común que todos ellos se autoproclaman como líderes revolucionarios de izquierda que se “sacrifican” por el pueblo mientras amasan grandes fortunas personales y crean enormes brechas sociales. Poder y control de sus respectivos países que no soltarán de ninguna manera y que trampearán de todas las formas posibles disfrazando cada trampa con mil eufemismos prefabricados.

Al principio amañaban elecciones, práctica que ahora les resulta muy complicada por la vigilancia de terceros países, pero que ahora tampoco necesitan hacerlo. Les basta con tener el control de las fuerzas de orden y de los ejércitos de sus países para que, eliminando o encarcelando líderes opositores, se llegue a elecciones “limpias” con votos condicionados.

Pero no solo en América de sur. En nuestro continente tenemos a nuestro muy democrático Putin que gana elecciones sin demasiados problemas utilizando todos los recursos, legales e ilegales, para conseguirlo. Y que ha logrado cambiar la constitución en 2020 para conseguir mantenerse en el cargo ¡hasta 2036!  Año en el que cumplirá sus 83 de vida.

Así tendrá tiempo para lograr su sueño delirante: reconstruir la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y quizás levantar muros, como el antiguo de Berlín, en Crimea o en cualquier otra nación de la gran Rusia feliz.

Y, más recientemente, nos encontramos con el último presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, también elegido democráticamente, empeñado en una especie de recuperación del Imperio Otomano haciendo añicos la extraordinaria modernización de Turquía que realizó Mustafa Kemal Atatürk quién, siendo militar de profesión, se pasó a la política y acabó aboliendo el sultanado y proclamando la república turca.

Pues bién, Tayyip Erdoğan, también elegido en las urnas y siguiendo el modelo de Putin, está empleando todos los recursos de poder para eliminar a la oposición y cambiar leyes en un país que ya era admirable por su cultura y por su historia y que había avanzado significativamente en avances políticos y en las libertades de los turcos, hasta el punto que llegó a tener muchas posibilidades de integrarse en la Comunidad Europea.

Y que ahora empieza a percibirse como una amenaza para occidente por sus planteamientos totalitarios y por sus devaneos con Putin, que ha alentado desde el primer momento la megalomanía del turco tratando de torpedear sus tradicionales buenas relaciones con los Estados Unidos y con la Comunidad Europea.

También en la misma Europa tenemos algunos escarceos en naciones como Polonia o Hungría, ambas con gobernantes autoritarios afortunadamente embridados por las normas de la Comunidad a la que pertenecen.

Y todas estas naciones tienen en común gobernantes populistas y falsarios que emplean términos ampulosos como “grandeza”, “honor”, “servicio”, “progreso” y palabras biensonantes similares con el único fin de engañas a las masas y actuar como auténticos sátrapas en sus naciones. Y todos alardean de ser grandes líderes que luchan hasta la extenuación por el bien de sus pueblos.

Pero no hay necesidad de viajar a tierras lejanas para localizar un presidente llegado al poder de forma legal, primero por una moción de censura y luego en unas elecciones generales gracias a pactos de investidura antinaturales y negados hasta la saciedad durante la campaña, que está utilizando todos los recursos de que dispone para perpetuarse en el poder.

Estoy seguro de que Pedro Sánchez, a diferencia de Zapatero, no tiene más ideología que mantenerse como presidente. Y que si le fuera necesario para conseguirlo, hasta es posible que pactara con VOX.

Tampoco es de los que se enriquece desde la presidencia y sus corruptelas no van más allá de buscar un buen acomodo para su esposa y para algunos de sus amigos, o hacer la vista gorda sobre algunos desmadres de sus socios de gobierno. Pero en cuanto a mantenerse en el cargo no hay duda de que, por él, no saldría de la Moncloa hasta cumplir los 83 años. Como Putin. Y eso nos está costando y nos costará sangre sudor y lágrimas.

También aquí se habla de pueblo y progresismo. Y probablemente tiene razón porque, perdón por el sarcasmo, no hay en España partidos más “progresistas” que los apoyadores habituales: el PNV, los independentistas catalanes y BILDU.

Es cierto que ni tiene ni tendrá en sus manos el poder de las fuerzas de seguridad ni mucho menos al ejército porque en España hay leyes y tribunales que se lo impiden, como también lo impedirían estos cuerpos si llegara el caso imposible de que tratara de utilizarlos en su provecho. Y porque pertenecemos a una Europa democrática que no le va a permitir más locuras que alguna que otra puesta en escena sabiendo que nunca llegará a mayores.

De la misma forma que el propio Sánchez está actuando con los separatistas, dándoles cuerda mientras le sean útiles y no incumplan de hecho alguna de las leyes fundamentales del Estado que siempre están amenazando con incumplir.

Pero mientras y a cambio de esta locura megalomaníaca que le invade, está haciendo un daño casi irreparable a la nación y provocando una brecha ideológica entre los españoles que nos está llevando a la esquizofrenia. Como está ocurriendo en este momento en los Estados Unidos de Trump, otro loco con delirios de grandeza que trata de mantenerse en el poder, al que ha llegado por unas lecciones, empleando toda clase de trucos y artimañas.

En este caso nuestro presidente solo tiene la fuerza de su muy potente equipo de propaganda, encabezado y coordinado por Iván Redondo al que también habrá que pedir cuentas en algún momento del futuro por lo dudoso de algunas de sus iniciativas, entre las que están aconsejar al presidente el uso de su demagogia absurda, sus frases hechas, su populismo y sus grandes y reiteradas mentiras.

Cuentas políticas sí, porque hace tiempo que dejó de ser un politólogo, un asesor de imagen o un “coucher” para convertirse en un político en activo, aunque permanezca a la sombra del presidente, e incluso legales porque alguna vez conoceremos que resortes se están utilizando para conseguir sus fines.

Estamos en un estado democrático y soy el primer en defender que la única arma posible para  cambiar el gobierno son las urnas o las mociones de censura, como mantengo que hoy por hoy es casi imposible que se produzcan algunas de las dos oportunidades porque lo tiene todo atado y bien atado con favores e intereses mutuos. La única posibilidad, absolutamente remota, sería que parte de su bancada se dé cuenta de que están participando en un proyecto pernicioso y sin futuro, pero esta no es una bancada del Partido Socialista Obrero Español, sino del Partido Sanchista, con muchas dudas de que esté defendiendo a los obreros, que no lo parece, ni a España, que tampoco.

Y detrás de todo este gran problema y del resto en los que estamos inmersos solo hay un culpable: la nefasta ley electoral que fue aprobada para la transición, pero que hemos mantenido vigente porque interesaba y sigue interesando a los políticos porque es una factoría de “siseñores” sin categoría ni personalidad, a sabiendas de que perjudica gravemente a los ciudadanos.

A mí me parece bien el sistema de elección de presidente con segunda vuelta, como el de Francia, el mismo que está vigente en el País vasco, pero me gusta mucho más el “distrito único” de la Gran Bretaña. Porque en esa nación, ejemplar por su democracia aunque últimamente se vea dañada en su prestigio por otro populista innombrable de la nueva ola, Boris Johnson, el Trump europeo que provocó el Brexit engañando a los británicos, no podría darse lo que estamos padeciendo en España.

Sería del todo imposible porque ni las leyes, ni la tradición, ni el sistema electoral de ese país tienen  fisuras que lo permitan. Que aparezcan políticos mentirosos o corruptos es inevitable en todas partes, también allí, pero los controles y las sanciones son mucho más severos que en España.

En el Reino Unido no existen las listas electorales. Cada uno de los parlamentarios británicos se presenta por propia iniciativa y, aunque se inscriban en algún partido estatal, especialmente al conservador o laborista, son elegidos individualmente en sus ciudades o barrios, en sus distritos electorales, donde son perfectamente conocidos por los electores.

¿Se imaginan que en lugar de votar a una u otra lista cerrada de nombres absolutamente desconocidos para nosotros, eligiéramos como nuestros representantes entre Pedro, Lucía, Pepita o Juan, a los que sí que conocemos porque viven en nuestro barrio o en nuestra cercanía?

El escaño es propiedad de cada uno de ellos y no están sometidos a ningún tipo de disciplina de partido ni tienen que rendir cuentas a los dirigentes de cada uno de ellos. Las cuentas las rinden en sus distritos, eso sí, en los que tienen presencia física y audiencias obligadas para someterse al juicio de sus electores.

Esa es la razón de que el Parlamento del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que es como se llama, pese a estar compuesto por 650 miembros elegidos en 650 distritos electorales, 533 en Inglaterra, 40 en País de Gales, 59 en Escocia, y 18 en Irlanda del Norte, esté casi siempre medio vació. Los parlamentarios solo acuden si se tratan asuntos muy importantes de Estado o cuando las propuestas de ley afectan a los distritos en los que han sido elegidos. Y cuando lo hacen de forma masiva, como no hay asientos suficientes, permanecen de pie, hacinados en los pasillos o en el piso superior.

Su tiempo lo emplean en hacer gestiones personales relacionadas con sus cargos y en mantener contactos con sus electores en sus respectivos distritos y no lo pierden pasando horas y horas sentados en escaños consultando sus teléfonos móviles o echando alguna cabezada de vez en cuando como ocurre en España.

Por todo ello en el Reino Unido sería inconcebible que un parlamentario de Londres votara una iniciativa de su propio partido si afecta negativamente a la ciudad y no existe ninguna posibilidad de que se pacte algo con el Sinn Féin que favorezca a las posturas de IRA, porque la inmensa mayoría de los parlamentarios de los dos grandes partidos votaría en contra.

¿Qué podemos hacer sabiendo que todos los partidos, desde VOX hasta la CUP están en contra de cambiar la ley electoral?

Tengo que confesar que no tengo ni la más remota idea. Porque incluso una iniciativa parlamentaria popular para cambiar la ley electoral y firmada por diez millones de ciudadanos sería rechazada por este congreso elegido en listas cerradas, con parlamentarios “apesebrados” y de estómagos agradecidos que nos representa.

El rincón de pensar y los Presupuestos Generales del Estado:

Esta mañana comienza la presentación de enmiendas al proyecto de presupuestos y, como era de esperar, la factoría Redondo tiene a cada cual en el sitio en el que quería tenerlo.

Cuenta con la fidelidad de sus apoyadores habituales, sus “semper fidelis” provisionales, en buena parte porque no pueden permitir una caída del gobierno que les arrastraría inexorablemente hacía terrenos desconocidos y también por las dádivas y concesiones que han obtenido, a VOX como oposición preferida para desgastar al PP como adversario político y a Ciudadanos en sus últimos planteamientos de reducción al absurdo a base de obtener pequeños premios  tratando de recuperar parte del prestigio perdido.

Hace tiempo que no me meto con Ciudadanos porque era el momento de darles espacio para reorganizarse como partido y definir cual son sus objetivos y sus prioridades, pero después de este tiempo y a los hechos me remito, se ha convertido en un grupo manejable por el poder, vulnerable como partido y sin un rumbo definido. Porque si aspiran a ser, como ahora, partido bisagra del poder, no creo que puedan sobrevivir durante mucho tiempo.

Y lo que acaban de proponer, apoyar los presupuestos a cambio de que se retire la exclusión del castellano como lengua vehicular en las comunidades que así lo quieran, es la prueba más evidente.

Supongo que ya habrán leído el borrador y que habrán encontrado muchas partidas discutibles pero, por lo que parece que han dicho, tragarán con todo a condición de que les concedan la medalla de salvadores del castellano, cuando en el fondo es algo que solucionará el Constitucional, o eso espero y que por otra parte es un tema lamentablemente superado porque, de hecho, el castellano, más que legua cooficial y vehicular, es un huésped no deseado en el País Vasco, en Cataluña y en parte de los utópicos “países catalanes”.

Pero el muy eficaz equipo del presidente Sánchez ha conseguido crear tal confusión con sus continuas y variadas propuestas, algunas de ellas deliberadamente incumplibles y otras muchas impracticables porque las frenarán las leyes españolas o la Comunidad Europea, que la oposición no puede debatirlas y la ciudadanía tiene la impresión de que el gobierno lanza muchas iniciativas cuando, de hecho, salvo nombramientos de altos cargos y cosas por el estilo, no ha hecho prácticamente nada.

Y es necesario recuperar la cordura y volver a marcar los tiempos de las cosas. Si se discuten los presupuestos se discuten las partidas y nada más. Si se discute las extrañas propuestas dela ministra Celaá, se discuten sus propuestas. Y así todo lo demás.

Sin mezclar churras con merinas. Es el momento de los presupuestos, el momento anual más importante  de cada legislatura, el que define la política real que aplicará el gobierno  y no se puede supeditar su apoyo a que se retire o no la propuesta de marginar el castellano.

Como tampoco a que el Pisuerga pase o no por Valladolid.